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lunes, 13 de mayo de 2024

La guerra de Eurovisión

(este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 Minutos el día 13 de mayo de 2024)


El festival europeo de la canción es considerado el programa de televisión más antiguo del mundo ya que se celebra desde 1956. Todos los años supone una auténtica batalla musical entre los cantantes que representan a sus respectivos países. Una encarnizada lucha por lograr los puntos otorgados por el público y por los respectivos jurados nacionales de expertos. Lo que no es tan conocido es que esos términos de batalla y lucha no son metafóricos, sino que Eurovisión ha estado, está y estará muy vinculado a las guerras.

El concurso nació precisamente en plena guerra fría para generar una conciencia europea e influir con la música en la Europa comunista del telón de acero. El espectáculo del festival creado en plena posguerra logró infundir alegría a los europeos al mismo tiempo que traspasó fronteras para exhibir la alegría y libertad de los países de esta parte del mundo. Eurovisión con sus luces, bailes y ritmos desenfrenados era la expresión de las democracias liberales a las que todos los países de la órbita soviética deberían aspirar. Y así fue, casi al mismo tiempo que caía el muro de Berlín a finales de los ochenta, el festival se fue ampliando por el Este hasta nuestros días.

La guerra fría terminó, sí, pero la guerra siguió muy presente en el concurso. En los noventa con la contienda de los Balcanes, en los 2000 con la guerra de Irak y los conflictos en Gaza y Ucrania que tuvieron sus precuelas hace diez años. De hecho, en el año 2022 la ganadora de Eurovisión fue la representante ucraniana, aupada por el masivo voto popular de rechazo a la invasión rusa. Este año Israel ha dado la campanada al lograr un ingente e inopinado voto del público, a pesar de las numerosas llamadas lanzadas para boicotear a la artista hebrea. La opinión pública hoy no necesita solamente las urnas para expresarse, sino que la soñada democracia directa cada día está más cerca y Eurovisión nos lo está demostrado

Y es que las guerras ya no son solo tanques y misiles, cada vez son más culturales y han llegado para no irse, también de Eurovisión. La batalla cultural es un viejo término que nació en la Alemania de Bismarck pero que cuajó a finales del siglo pasado en Estados Unidos y se ha extendido por todo el planeta a la vez que la polarización. Es una guerra por defender unos valores frente a los contrarios. Una batalla de propaganda en la que se manosean derechos universales para desprestigiar al rival -casi siempre- político. Cualquier asunto sirve para esta guerra si ayuda a dividir la sociedad, bien sea el clima, la religión o la sexualidad. Por supuesto que en esta guerra no hay posibilidad de ser neutral y te abocan a participar en la batalla a riesgo de parecer un colaboracionista. Da igual que no apoyes a un régimen terrorista que prohíbe la libertad política, religiosa y sexual como es Hamas, si estás con la paz del mundo tenías que ponerte un pañuelo palestino este año en Eurovisión. Hasta que llegó el televoto.

Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC

lunes, 6 de mayo de 2024

El tamaño sí que importa

(este artículo se publicó originalmente en el Periódico de Cataluña el 6 de mayo de 2024)

Enrico Letta fue primer ministro en Italia hace una década. Comenzó su carrera política en la democracia cristiana para acabar cercano al socialismo. Quizás por esa capacidad para entender a las dos grandes familias políticas, desde la Comisión Europea se le encargó un informe sobre el mercado único. El estudio del italiano fue entregado hace unos días y la principal conclusión es que el tamaño importa.

En economía y me temo que también en sexología el tamaño es un debate recurrente y nunca resuelto del todo. A los lectores de esta columna les gustará que me centré en la primera disciplina. Desde el siglo XVIII los economistas han estudiado las economías de escala. Algunas industrias son capaces de producir cada vez más productos con un menor coste. En esas compañías, cuando alcanzan un tamaño muy grande, los costes unitarios decrecen conforme aumenta la producción. Un chollo. La clave para los directivos es saber cuándo se alcanza ese nivel de fabricación en el que obra el milagro de la reducción de los costes unitarios que hace que se disparen los beneficios y los rivales desaparezcan de un plumazo incapaces de competir. El ingeniero americano Taylor, en la frontera entre el siglo XIX y el XX, propuso una organización racional del trabajo que dividía sistemáticamente tareas y procesos para así ganar productividad. El taylorismo instauró la era de la mecanización de la industria que hizo posible la creación de las grandes corporaciones empresariales.

Henry Ford fue el primero que hizo fortuna en 1908 con la aplicación práctica de los dos principios anteriores. La producción a gran escala del famoso Ford T, permitió no solo la creación de la primera industria global americana sino también la implementación del sistema de producción en cadena o en serie conocida por ello como fordismo. El éxito de esta fórmula basada en el gran tamaño rápidamente se extiende consagrando a mediados del siglo XX la figura de las multinacionales en sectores más allá de los industriales como el gran consumo o la energía. Galbraith llega a proclamar el triunfo inapelable de las grandes empresas frente a las pymes en el momento del inicio de la masiva globalización.

En nuestros días, la abundancia de mittelstand o empresas medianas es la explicación de la innovación y competitividad germana. Un estudio del Circulo de Empresarios estimó que, si España tuviera una distribución de empresas con el tamaño de las alemanas, la productividad agregada de nuestra economía sería un 13% superior. En ese país, pero también en el Reino Unido la proporción de empresas medianas es cuatro veces superior que aquí, donde la inmensa mayoría son micropymes.

No solo las empresas se han beneficiado del tamaño. China, Estados Unidos y ahora India, son naciones inmensas que precisamente por ello son también las principales economías del planeta. Con un mercado interior potente y una oferta imbatible de mano de obra han sido capaces de liderar la producción mundial.  Pero en este ranking podría estar Europa, según Letta, si el gran tamaño geográfico del continente no tuviese fronteras para la economía y sus empresas. Unir mercados, eliminar burocracia y garantizar la efectiva libertad de circulación de mercancías, servicios, personas y capitales que consagran los sucesivos tratados europeos. El ejemplo de la fragmentación del mercado de las finanzas europeo es usado como argumento en el informe para demostrar la debilidad de nuestra economía frente a la americana porque aquí los capitales, en forma de ahorros o empresas, huyen a Estados Unidos. Reteniendo con un mercado financiero único esos capitales podrían financiarse nuevas industrias medioambientales o de defensa. Pero el italiano va más lejos aún y pide una libertad de circulación más: la libertad de movimiento para la innovación y el conocimiento que incluiría los datos para no perder la carrera de la inteligencia artificial. Grandes universidades europeas y grandes proyectos de innovación transnacionales que nos permitirían competir con los gigantes de América y Asía.

Europa es un continente, del tamaño de China o Estados Unidos. Pero, ahora, somos iguales a ellos únicamente en metros cuadrados, para serlo en millones de dólares de producción e innovación, necesitamos eliminar trabas y barreras que persisten a pesar de lo que rezan los tratados. Un mercado único en el que el talento y el conocimiento fluya en la era de la tecnología de la mano de estados y leyes amistosas con las empresas. De otra manera, y que me perdonen por volver a una materia que no es la mía ni la de estas páginas, sufriremos un gatillazo. Europa querrá, pero no podrá. Su historia le dirá que sí y su realidad que no.

Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC


domingo, 5 de mayo de 2024

Mientras tanto…

(este artículo se publicó originalmente en el periódico económico La Información el 6 de mayo de 2024)


El miércoles 24 de abril a las siete de la tarde se paró el país. Durante cinco días solamente se habló del estado de ánimo del presidente del gobierno, de sus cuitas matrimoniales y de la decisión que finalmente tomaría el lunes por la mañana.

Todos los medios de comunicación durante más de cien horas intentando escudriñar la mente del presidente y buscando explicación a un suceso tan extraordinario en un estado de derecho como que su presidente interrumpa casi una semana sus obligaciones. De hecho, esta decisión de Pedro Sánchez arrastró a su gobierno y a los partidos que le apoyan a salir en tromba a la calle, medios de comunicación y redes sociales, desatendiendo sus responsabilidades de servicio público en ministerios o altos cargos de la administración.

Mientras tanto, aunque parezca mentira, el mundo no se paró y ni mucho menos la economía. La inflación, el desempleo, la deuda, la inversión o la fiscalidad no consultaron esos días manuales de psicología o de estrategia política, sino que, tozudas, siguieron con su preocupante tendencia.

España ha registrado en abril una tasa de inflación estimada del 3,4%, dos décimas más que en el mes de marzo, y ha escalado hasta ser el tercer país con la tasa de inflación más alta de la Eurozona, tras Bélgica (4,9%), Croacia (4,7%).  El Banco de España alertó la semana pasada que las subidas de tipos de interés dejan a más de un millón de hogares (el 7,2% del total) sin poder pagar los gastos básicos.

Durante el retiro espiritual del presidente también hemos conocido los resultados de la Encuesta de Población Activa (EPA) publicada por el Instituto Nacional de Estadística (INE). España ha perdido 139.700 ocupados en el primer trimestre del año, lo que supone la mayor destrucción de empleo para este periodo de enero a marzo desde el año 2020. Este dato ha ido acompañado de un incremento en el número de parados en España de 117.000, con lo que el número total de desempleados en el país se sitúa casi en los tres millones (2.977.800) y la tasa de paro ha escalado hasta situarse en el 12,3%, desde el 11,8% en que se encontraba a cierre de 2023.

Respecto a nuestro endeudamiento, estos mismos días Bruselas ha advertido que España es el país de la Unión Europea donde más aumentará el gasto en pensiones, debido al impacto de las reformas del sistema, que según la Comisión Europea supondrán un incremento del gasto de hasta 4,6 puntos porcentuales del PIB en el periodo de proyección, que abarca hasta 2070.  De hecho, según nuestro supervisor bancario, España necesitará 25 millones de inmigrantes en 2053 para mantener las pensiones.

La inversión extranjera en España es otra pieza que encaja -por desgracia- en este puzle. En 2023 cayó un 18,7% con respecto al año anterior, siendo esta más de un 50% inferior al nivel máximo alcanzado en 2018. No hace falta recordar que en una economía como la española el peso de lo público en la inversión es considerable, no solo por el esfuerzo presupuestario sino por las facilidades que puedan darse desde la regulación. Respecto a lo primero sabemos, desde la convocatoria de las elecciones catalanas, que no tendremos Presupuestos Generales del Estado este año y respecto a lo segundo hay que mencionar el papel gubernamental en la nueva regulación para la inversión extranjera. Un mecanismo puesto en marcha hace unos meses para autorizar determinadas inversiones en sectores estratégicos que está ralentizando muchas operaciones. Naturgy, Telefónica o Talgo han visto cómo los sucesos de estos días retrasaban más aún la toma de decisiones que puede hacer que huya el dinero extranjero.

Lo cierto es que mientras Sánchez meditaba, la economía sufría. Cepsa, la segunda petrolera en España, anunció esos días que había alcanzado un resultado neto negativo de ocho millones de euros en el primer trimestre de este año fruto del impuesto a los beneficios caídos del cielo que el gobierno puso en marcha en plena crisis energética. El CEO de la compañía ha explicado que al mismo tiempo en febrero pagaron más de 122 millones por el primer tramo del impuesto lo que ralentiza, sin duda, sus planes de inversión para convertir España en un hub mundial de hidrógeno. El Gobierno lleva meses planteándose cambios en este tributo para preservar estas inversiones verdes pero la agenda medioambiental, a la vista del retraso, es menos importante que la política.

Qué decir de las empresas patrias que por mucho que empatizasen con la aparente desazón del presidente no dejaron ni un minuto de mirar sus cuentas de resultados amenazadas por nuevos impuestos y contribuciones extraordinarias. No pocos accionistas hicieron caso omiso de este culebrón, porque lo que les ocupaba -y ahora más todavía- era saber si el Estado finalmente tomará el control de compañías bandera españolas, bien directamente con la SEPI o con la colaboración de Criteria. Y a la vez millones de españoles con un ojo en la televisión y el otro en la declaración de la renta en la que pagarán este año más porque se no han deflactado las tarifas.

Actuar tiene consecuencias, no actuar también.


Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC

domingo, 28 de abril de 2024

El último baile del país vasco

(este artículo se publicó en el Informe sobre las elecciones vascas de LLYC publicado el día 22 de abril de 2024)

El aurresku es una danza típica vasca. Se baila para dar solemnidad a un acontecimiento, bien unas fiestas patronales, una visita de postín o un homenaje a una personalidad. En los últimos años se han convertido en habituales y es difícil un acto en Álava, Vizcaya o Guipúzcoa sin esta tradición. Los aurreskus son protagonizados por dos personas, el bailarín y el músico. El danzarín sube la pierna, realiza varios saltos y mientras su acompañante toca una flauta vasca -txistu- y un tamboril. Dos hombres y toda la atención del público.

Las elecciones al parlamento vasco celebradas el 21 de abril han sido como un aurresku. Un juego de dos personas. PNV y Bildu. Nadie más. Y todo el resto atendiendo. Finalmente ha ganado Imanol Pradales, el candidato a lehendakari del PNV, en votos y porcentaje a Pello Otxandiano de EH Bildu. Igual número de escaños, 27 cada uno, pero como en la danza vasca, aunque salgan dos personas al escenario, todas las miradas son para el bailarín, y este, tras una noche electoral de infarto, es Pradales. La danza ha sido entre los dos, sin embargo, el empate en parlamentarios supone una victoria para el de Santurce, ya que los socialistas apoyarán la continuidad en Ajuria Enea del PNV, con la tranquilidad de que están respetando el veredicto de las urnas (y de los pactos que mantienen en las tres diputaciones vascas y en los principales municipios). 

Pradales y Otxandiano, dos auténticos desconocidos para los vascos han protagonizado una lucha cerrada en estas elecciones en la que el resto de los candidatos, solo les cabía gestionar sus miserias. El PSE con Eneko Andueza, sabiendo que pactaría con el PNV porque así lo exige su pacto en Madrid, aspiraba a aportar unos escaños a los 38 de la mayoría absoluta jeltzale. El PP vasco a subir algún parlamentario, con la esperanza de que no le diesen los números al PNV más el PSE y que Vox no repitiese escaño. Sumar, Vox y Elkarrekin Podemos a tener representación, aunque no aporte nada a la gobernabilidad vasca, pero sí a sus arcas. Al final todos contentos menos los de Pablo Iglesias. Los socialistas vascos seguirán siendo socios del PNV en Vitoria y en Madrid; los populares continúan creciendo con Feijóo, aunque tímidamente; Yolanda Diaz tiene su primera alegría tras la fundación de su partido y Vox -sin que nadie diera un duro por ellos- suben en votos y mantiene el asiento de Amaia Martínez. Podemos da un paso más hacia su desaparición. 

Mientras tanto en la Carrera de San Jerónimo los resultados de las elecciones vascas refuerzan la presidencia de Pedro Sánchez. El PSOE respira porque mejora sus resultados y sobre todo porque amarran el voto del PNV para el resto de la legislatura. Bildu seguirá apoyando al presidente del gobierno porque a la vista de su crecimiento electoral en los tres territorios históricos vascos, es muy rentable en las urnas. Sumar coge resuello para las elecciones catalanas y europeas que lo usará con más hiperactividad aún de sus ministros. Los nacionalistas catalanes se miran en el espejo vasco, con la ilusión de que su electorado también premie los pactos de Madrid que seguirán vigentes estas semanas antes de las elecciones al Parlament. Para el PP estas elecciones, sin ser buenas, les permite mantener el discurso de que Sánchez pacta con los más radicales. Sus portavoces se encargarán de recordar en toda España las declaraciones de los socialistas los días previos a los comicios vascos alertando que Bildu no condenaba el terrorismo.

El 25 julio de 2015 en un pueblo de Vizcaya un joven ingeniero bailó un aurresku en un homenaje a un miembro de la banda ETA. Frente a una foto de la terrorista que formó parte del cruel comando Donosti, el bailarín le rindió honores y terminó inclinándose ante la imagen de la etarra. Ese dantzari era Pello Otxandiano. No sabemos si esto le ha costado o no ganar las elecciones vascas de este domingo. Lo que está claro es que una parte importante de la sociedad vasca ya lo ha olvidado. Las miles de víctimas del terrorismo y los cientos de miles de exiliados jamás podrán hacerlo.

lunes, 4 de marzo de 2024

Aristóteles y Ábalos

(Este artículo se publicó originalmente en el periódico La Información el 2 de abril de 2024)

Lo sé. Parece un anatema el título de este artículo, pero con un poco de paciencia el lector encontrará la conexión entre las academias de la Antigua Grecia y las marisquerías de Valencia en nuestros días. Aristóteles además de a la filosofía, la física y la astronomía dedicó parte de su producción científica a la oratoria, en concreto a criticar a los sofistas y sus teorías de persuasión. Para el genio heleno los sofistas usaban la palabra para engañar, tejían una tela de araña con trucos retóricos en la que lo importante era cazar a la audiencia y no perseguir la verdad. A Aristóteles, pero también a Platón les indignaba el relativismo de los sofistas que solamente creían en la persuasión, es decir en una inteligencia práctica frente a la búsqueda de la sabiduría o una inteligencia ética.

Aristóteles se reveló, por tanto, contra las falacias y artimañas sofistas. Las más eficaces redes de araña o trampas mentales las resumió en tres: ethos (el comportamiento social), logos (los datos lógicos) y pathos (los sentimientos). Y es aquí donde aparece la actualidad y el caso Koldo para ayudarnos a entender a Aristóteles. José Luis Ábalos ha comparecido en el Congreso compungido y con cara de circunstancias (pathos), paseado por platós y estudios de radio para defender su honorabilidad aduciendo que no está ni imputado ni condenado (logos) y finalmente alardeando de ser un hombre normal y corriente, sin apenas recursos, aplastado por el poder (ethos).

El exministro Ábalos, convertido en un experto sofista manejando las herramientas de la persuasión que tanto le molestaban a Aristóteles. Dicho y hecho, ha salido vivo de los directos con reconocidos periodistas escabulléndose detrás de sentencias y de boletines oficiales (logos). Al mismo tiempo que interrumpía una entrevista en prime time para atender a un familiar que se le habían olvidado las llaves de casa (ethos) o ahogaba unas lágrimas de congoja por sentirse abandonado por sus amigos (pathos).

El diputado valenciano, defiende con aplomo y voz profunda que jamás tirará de la manta y traicionará a los suyos (ethos) aunque eso le suponga un gran sacrificio personal por no tener medios para vivir fuera de la política (pathos) porque no hay prueba, indicio o dictamen de la justicia que le implique en ningún delito (logos).

Aristóteles hubiese sentido lo mismo escuchando al ex vicesecretario de organización del PSOE que cuando asistía a las clases de retórica de los sofistas en Atenas. No se puede defender cualquier cosa con la palabra, es inadmisible usar trucos retóricos para engañar a la audiencia, pensaría el sabio. Hoy como ayer, un sofista es un embaucador y a la vista de las informaciones que estamos conociendo sobre los desmanes de los colaboradores cercanos del exministro, Ábalos está más cerca de la categoría de farsante que la de un ateniense que usaba la oratoria para llegar a la verdad.

Nuestro alumno aventajado de Gorgias, el más conocido de los sofistas, utiliza la calma en sosegadas respuestas como haría alguien que no miente (pathos), viste con la dignidad del traje y la corbata (logos) y conecta con una audiencia antisanchista por haberse atrevido a desafiar al todopoderoso presidente del Gobierno (ethos). Ábalos sigue a pies juntillas uno de los pronunciamientos del maestro clásico “el discurso es un amo poderoso”.

A diferencia de Aristóteles, a otro genio de la época como Sócrates lo acusaron de prácticas sofistas por lo que fue juzgado. Justo antes de ser sentenciado señaló que, de quedar libre tras el juicio, seguiría haciendo lo que había hecho hasta entonces, sabiendo que sería condenado de nuevo y por ello ejecutado. Sócrates finalmente se suicidó con cicuta precisamente por defender su verdad antes de aceptar los atajos que poderosos amigos le ofrecían. No hay quizás convicción más absoluta, más irreversible que ésta. Ábalos ha elegido las argucias cognitivas de la escuela de Sofos y así se ha despojado de su pasado y optado por vivir una nueva vida -en el grupo mixto y fuera del PSOE- que no le gusta demasiado. Veremos lo que le dura (con permiso de la justicia) pero esa propia opción y las formas con las que la ha tomado son ya todo un mensaje. En cualquier caso, la comunicación, una vez más, aparece como la palanca clave ante cualquier situación de crisis.


Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC

domingo, 3 de diciembre de 2023

La superinteligencia de la resiliencia

(este artículo se publicó originalmente el día 3 de diciembre de 2023 en el El Periódico de Cataluña)

La abreviatura IA, que son las siglas de inteligencia artificial, ha sido elegida la palabra de 2023 por el diccionario Collins. El año que ahora termina ha vivido la irrupción de este término gracias a los interminables usos de la conocida como inteligencia generativa que permite crear textos, imágenes, música, audio y vídeos. Se le llama generativa porque usa un modelo de aprendizaje automático para aprender los patrones de un conjunto inmenso de contenidos creados en su día por personas para a continuación generar ella misma materiales inéditos. ChatGPT, la aplicación más conocida, consiguió en 2023 pulverizar el récord de tiempo en alcanzar 100 millones de usuarios, apenas dos meses, superando a TikTok que necesitó nueve o Instagram que tardó dos años y medio.

La inteligencia artificial también ha dado que hablar en todo el mundo también por las amenazas que su desregulación puede provocar en la sociedad, al ser prácticamente imposible diferenciar lo que es real de lo que no. Incluso en un escenario distópico se ha llegado a plantear el fin del mundo causado por una inteligencia artificial incontrolable por el ser humano. Científicos, filósofos, pero también tecnólogos y gobernantes de toda condición han firmado manifiestos y promovido congresos y así parar esa indeseada inteligencia artificial.

La sigla AI (inteligencia artificial en inglés) no solo es la palabra del año, sino que forma parte del nombre de la empresa tecnológica de moda. OpenAI. Esta compañía es la que creó ChatGPT en noviembre de 2022 pero nació mucho antes en 2015 de la mano del emprendedor americano Sam Altman. Este joven de Chicago acumulaba ya una carrera de triunfos como inversor al haber presidido “Y Incubator” la incubadora empresarial que más iniciativas de éxito ha egresado en la historia económica. Pero es 2023 el año en el que todo el mundo conoció a Altman por el fulgurante éxito de su aplicación ChatGPT y por la increíble inversión en su empresa de 10.000 millones de dólares procedentes de Microsoft, un 49% del capital. En esas estábamos cuando todo saltó por los aires.

La historia arranca un viernes de otoño. El 17 de noviembre por la noche se comunica el despido fulminante de Sam Altman, cofundador de OpenAI. El consejo de administración no aclara el motivo exacto y se escuda en un escueto comunicado que argumenta "pérdida de confianza". Para lograr una transición tranquila, anuncian que será Mira Murati, directora de tecnología de la propia empresa, la que tomará el mando temporalmente. La noticia pilla con el pie cambiado a los principales accionistas, entre ellos Microsoft y el mismo sábado ya se habla de indignación entre varios inversores, que presionan para que restituyan a Altman. Los rumores y especulaciones se multiplican. Contra todo pronóstico, el domingo vuelve a ocurrir algo inesperado: Altman no regresará a la empresa que fundó porque Microsoft anuncia un plan para ficharlo junto a otros pesos pesados y así crear una nueva división de investigación. OpenAI, por su parte, contrataca el lunes difundiendo que Emmet Shear, cofundador de Twitch, será el nuevo CEO interino en lugar de Murati.

El lío no queda ahí. El martes 700 de los 770 empleados de OpenAI suscriben una carta en la que exigen a la junta de dirección que dimita en bloque. Si no ocurre, emprenderán el mismo camino que Altman. Lo más sorprendente de todo es que entre los firmantes se encuentra también Ilya Sutskever, científico de datos, cofundador y miembro de la junta y presunto promotor del despido. Pero el miércoles la tormenta llega a su fin con la vuelta de Sam Altman como primer ejecutivo de OpenAI y la salida de los que le despidieron. La empresa vuelve a tener a su CEO y los accionistas sus dividendos asegurados, pero han quedado muchas dudas sin solventar y las especulaciones no cesan. Al parecer la crisis estuvo causada por la peculiar estructura empresarial de la compañía. En la cúspide del grupo hay una sociedad sin ánimo de lucro controlada por un consejo de administración; no rinde cuentas a accionistas, inversores ni empleados de la compañía, sino que se debe a una misión que no es otra que la inteligencia artificial beneficie a la humanidad. Y aquí reside el quid de la cuestión. La versión más extendida para explicar el conflicto es que los independientes concluyeron que Altman se había olvidado del propósito fundacional de OpenAI y se había desbocado en su ansia de conseguir dinero para el laboratorio, de ahí su inopinado despido.

Lo cierto es que la inteligencia de Sam Altman ha ganado. Vuelve a OpenAI y lo hace con más poder que nunca. Con él vuelve también a la empresa la visión más mercantilista. Muchos analistas han recordado que también un inteligente Steve Jobs fue despedido y luego volvió triunfante a Apple. Pocos han recordado que por estos lares a Pedro Sánchez, le pasó lo mismo con el PSOE y hoy va camino de ser el presidente de gobierno más longevo de ese partido. Altman, Jobs y Sánchez con su inteligencia ganaron y con su resiliencia han hecho historia.

Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC

lunes, 27 de noviembre de 2023

Un ratón en el Congreso

(este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 Minutos el 27 de noviembre de 2023)

Ya tenemos nuevo gobierno. Como en la fábula de Esopo después de tanta expectación, el resultado ha sido pírrico. El breve cuento clásico se tituló “El parto de los montes” y decía así: “Hace mucho tiempo, en tiempos muy lejanos los montes daban señales de parir y los hombres de aquellos tiempos, esperaban ese parto con mucho miedo, y asombro por saber qué clase de monstruo iban a abortar; y al fin resultó que el temible fruto de los montes era un inofensivo ratón, lo cual causó carcajadas en los hombres”-

Desde el mes julio llevamos escuchando que se iban a reducir los ministerios y que el presidente Pedro Sánchez acometería una grandísima reforma del gabinete. Un nuevo tiempo continental, liderado por un español en la presidencia europea, exigiría dar ejemplo de austeridad y las carteras serían las imprescindibles. Los mejores perfiles formarían parte del equipo y como en las purgas maoístas desaparecerían del círculo presidencial los ministros más relevantes, para dar paso a nuevos y puros perfiles sanchistas. Al mismo tiempo los barones de Extremadura, Aragón y Valencia entrarían en el consejo de ministros en compensación por su salida de los gobiernos autonómicos a causa del voto de castigo a Sánchez en las elecciones de mayo. La antigua alcaldesa de Barcelona, otrora activista contra desahucios, sería la ministra de vivienda e ilustres funcionarios dejarían altísimas responsabilidades en organismos de prestigio internacional para acompañar a Pedro Sánchez en su insigne tarea de explicar el modelo de desarrollo económico y social español que ha parado a la derecha con sus pulsiones golpistas. Un gobierno de campanillas que deslumbraría a todos los españoles.

Pues bien, el parto gubernamental ha sido una camada con el mismo número de ministros, nada más y nada menos que 22. Muchos más que en Alemania, Francia, Bélgica o Holanda. Con la novedad de una vicepresidencia más y alguna que otra secretaría de estado extra. Al mismo tiempo ministerios que antes no tenían esa categoría por apenas disponer de competencias ahora son elevados a dicha condición para contentar a colegas o compañeros de partido. Ni rastro, por tanto, de los famosos ahorros, más bien al contrario, un mayor gasto público. Tampoco nada de la llegada de figuras de reconocido prestigio, únicamente conmilitones con la única experiencia de trienios acreditados en luchas intestinas de partido y hoja de servicios trufada de insultos al adversario político.

El español Félix María de Samaniego reescribió más de dos mil años después la fábula clásica de Esopo y quiso introducir un párrafo final para detallar la moraleja para que a nadie le cupiese duda alguna. “Hay autores que en voces misteriosas, estilo fanfarrón y campanudo nos anuncian ideas portentosas. Pero suele a menudo ser el gran parto de su pensamiento, después de tanto ruido sólo viento”. Ahora que el parlamento vuelve a abrirse y con ello la separación de poderes, clave en cualquier democracia, superará el lapso de seis meses sin control al gobierno, volveremos a escuchar esas voces fatuas que dice Samaniego. Grandilocuentes propuestas con afectadísima voz serán pronunciadas desde la tribuna de la Carrera de San Jerónimo y aunque lo intentaré, lo juro, no tendré otro remedio que acordarme del ratoncillo que parieron los montes.

Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC

lunes, 30 de octubre de 2023

No es lo mismo

(este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 Minutos el día 30 de octubre de 2023)

Por mucho que en los últimos tiempos tengamos la sensación de que ha cambiado la forma de pensar del mundo y de nuestros paisanos, conviene recordar algunas cuestiones obvias y por eso mismo inmutables.

Un secuestrador no será nunca lo mismo que un secuestrado. No es lo mismo ser Hitler que Roosevelt. Un empleo no es únicamente una anotación en la estadística oficial. Solamente los resultados empresariales no hacen mejor a la compañía. Una enfermera acosada por usar el castellano no merece el mismo respeto que el político que la persigue. La amnistía no es lo mismo que el indulto. No es igual ganar una plaza por oposición que sin ella. No da igual que las empresas atiendan bien a sus clientes o no. Putin y Zelenski no son lo mismo. Las deudas tienen que pagarse. Fichar a los mejores no es lo mismo que no hacerlo. Lo que nos une con los otros, nos hace mejores que lo que nos divide. Sin bancos no tendríamos casas en propiedad. Leer periódicos es mejor que no hacerlo. Un directivo tóxico lo seguirá siendo por muy rentable que sea su compañía. Un etarra y un policía nunca estarán en el mismo plano moral. Comprar a los árbitros no es defendible.  Esforzarse tiene más réditos que no hacerlo.  La inflación no afecta a todos de la misma manera, siempre se ceba en los que menos tienen. Un dictador no es igual que un primer ministro elegido en las urnas. Los terroristas son muy diferentes a los militares. Hoy todavía hay menos mujeres en puestos de responsabilidad. La educación no supone lo mismo que la barbarie. Los empleos los crean las empresas. No son mejores los musulmanes que los judíos, ni al revés. No son lo mismo el que respeta la cola que el que se la salta. La mentira no es un cambio de opinión. Los que atacan no representan lo mismo que los que se defienden. Aprobar es mejor que no hacerlo. No es idéntico un atleta dopado que el que está limpio. Un régimen teocrático no puede permitirse dar lecciones a una democracia. Trabajar, no es igual que cobrar un subsidio. Innovar no tiene las mismas consecuencias que no hacerlo. Cumplir las leyes hace mejores a los países. Ser puntual es mejor que llegar siempre tarde. Los jóvenes no emprenden más que los mayores.

Hoy posicionarse ante determinados mantras supone un esfuerzo tremendo. Se han instalado en la opinión pública apoyados por un relativismo moral que lo impregna todo y que lleva a proscribir lo que no solo es éticamente defendible, sino que está en las bases de nuestra civilización y nuestra prosperidad. Defender lo obvio se ha convertido en una de las grandes batallas para los próximos tiempos. No es lo mismo la verdad que la mentira. No es lo mismo unir que romper. No es lo mismo madrugar que holgazanear. No es lo mismo apoyar al que crea empleo que atacarle. No es lo mismo, pero qué difícil defenderlo.

Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLY

domingo, 29 de octubre de 2023

La propuesta desnuda

(este artículo se publicó originalmente en el periódico La Información el día 29 de octubre de 2023)

Estos días estamos conociendo los detalles del programa de gobierno entre el PSOE y Sumar. La reducción de la jornada laboral sin reducir el salario ha copado todos los titulares y sin duda habrá causado sorpresa y mucha alegría entre millones de españoles. Trabajar menos y cobrar lo mismo suena bien. Un sueño hecho realidad.  Esas mismas sensaciones seguro que sintieron en el famoso cuento de Hans Christian Andersen los súbditos del Rey cuando vieron el nuevo traje de su emperador mientras se paseaba en la carroza real. La noticia había corrido como la pólvora por el reino, un nuevo tejido tan suave y delicado que apenas se percibía; únicamente las mentes más sensibles eran capaces de verlo

La propuesta de Sánchez y Diaz que vendrá acompañada de una nueva ley de usos del tiempo para “ganar tiempo a la vida” suena increíble, igual que la nueva tela del traje del emperador. Pobre del que se atreva a poner en cuestión cualquier de las dos. ¿Qué empleado no quiere trabajar menos? ¿Qué español no quiere que su familiar esté menos horas trabajando pero que la nómina no baje? ¿Qué paisano del cuento quería pasar por un estúpido por no ver la tela? ¿Quién en pleno desfile osaría humillar al Emperador por estar desnudo?

Reputados asesores habrán participado en la propuesta de las 37 horas y media semanales. Sesudos informes habrán sido encargados, fiables encuestas de opinión realizadas además de rigurosos análisis sobre los antecedentes de esta medida en todo el mundo. Para finalizar la nómina de expertos, institutos económicos habrán glosado el impacto económico de la decisión. No pocos cientos de miles de euros invertidos. También en el cuento, dos personajes, los hermanos Guido y Luigi Farabutto juraban que poseían una combinación de materiales que les permitía fabricar la tela más suave y delicada que pudiera imaginar un ser humano. Eso sí, no eran materiales precisamente baratos y sólo un poderoso podría permitírselo. Estos “expertos” simulaban que trabajaban en la ropa, pero se quedaban con la rica materia prima que solicitaban para tal fin. También mucho dinero malgastado de las arcas reales en el engaño.

Llegó el día Sánchez y Diaz anunciaron su medida estrella. Así como el monarca decidió estrenar su traje invisible en un día de fiesta y desfile. Todos los habitantes del reino alabaron enfáticamente el traje, temerosos de que sus vecinos se dieran cuenta de que no podían verlo, al igual que estas semanas con la reducción de la jornada laboral, imposible no estar de acuerdo ante semejante utopía hecha realidad.  En el cuento finalmente, un niño dijo: «¡Pero si va desnudo!» La gente empezó a cuchichear hasta que toda la multitud gritó que el emperador iba desnudo y el engaño se deshizo. Si en las presentaciones políticas, como la de la semana pasada de PSOE y Sumar, se permitieran preguntas seguro que alguien hubiera formulado la siguiente ¿Por qué si es tan evidente las ventajas de la medida no se ha hecho antes? ¿Tendrán que ser más productivos los trabajadores o asumirán las empresas la medida? Ese imaginario periodista hubiese acabado con la mistificación.

Pero como el derecho a la información está en horas bajas y parece que las ruedas de prensa de las fuerzas políticas con preguntas son cosa del pasado, habrá que buscar ese niño que denuncie el engaño como en el relato de Andersen. Y no es complejo. Te animo a que hables con tu panadero, o con el carpintero, también con el tapicero o el dueño del bar de la esquina. Por supuesto que vale el zapatero o el amigo que se lanzó a abrir una librería o una farmacia. En realidad, cualquier pyme española es el niño del “Rey desnudo”. Te dirán que llevan meses con los costes creciendo más que las ventas, que tener un empleado cada vez es más caro y que si esto sigue así tendrán que cerrar. Y finalmente sin temor a lo que piense el mundo entero gritará, como el niño, que lo que toca ahora es trabajar más para ganar lo mismo y no al revés.

Este cuento danés como las fábulas españolas tiene moraleja. La enseñanza es que no tiene por qué ser verdad lo que todo el mundo piensa que es así. Pero también que no hay preguntas estúpidas ante afirmaciones que sí lo son. En las historias para niños lo anterior funciona y en las propuestas políticas también.


Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR Y LLYC

lunes, 18 de septiembre de 2023

Se acabó

  (este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 Minutos el día 18 de septiembre de 2023)


Alexia Putellas es de Barcelona y tiene 29 años. María Jiménez nació en Triana y acaba de morir con algo más de setenta años. Una futbolista, la otra cantante. Sin embargo ambas españolas van a estar unidas de por vida por el himno “Se Acabó”. El 7 de septiembre María Jiménez murió, pero le dio tiempo a vivir cómo su mítica canción se convirtió en una tendencia mundial gracias a un mensaje el 22 de agosto en las redes sociales de la jugadora del Barca. El penúltimo servicio de la letra de una canción escrita en 1978 para denunciar el maltrato. La racial sevillana cantó la coplilla en primera persona, porque ella padeció la violencia machista durante años. En un tiempo muy diferente al actual permitió abrir el camino para que muchas mujeres se atrevieran a denunciar y acabar con los malos tratos en pareja.

Han pasado casi cuarenta años y una joven deportista -que no había nacido cuando María Jiménez escondía las palizas con maquillaje antes de salir al escenario- encontró en la canción de la trianera la mejor forma de expresar el hartazgo del mundo del fútbol femenino frente a las formas de Rubiales y la Federación. El beso a Jenni Hermoso fue la gota que colmó el vaso de la indignación contenida ante una gestión cutre y nefasta del deporte de élite de mujeres.

Pero no nos equivoquemos pensando que nada ha cambiado cuatro décadas después. En los setenta los agresores se paseaban por los platós y en los vecindarios no es que nadie llamase a la policía después de una noche de palizas, es que ni se les quitaba el saludo. Hoy siguen muriendo mujeres a manos de sus parejas y la discriminación no se ha eliminado del mundo del trabajo, pero el caso Rubiales y el #SeAcabó de Alexia Putellas demuestra que la sociedad ha cambiado, que ya no se soporta más la chulería machista y que la dignidad vence caiga quien caiga. Los de las risitas ante el beso a Jenni Hermoso, los que lo relativizaban en el contexto de la celebración, incluso los que apoyaban a Rubiales por otras razones políticas o económicas se han visto arrollados por la marea promovida por las mujeres futbolistas. Quienes intentaron resistirse desde los despachos del poder pronto tuvieron claro que el #SeAcabó se los llevaría por delante.

Ningún filósofo, ningún escritor, tampoco un político o un profesor. Unas chicas deportistas han dado una lección moral al mundo usando la canción de una cantante analfabeta que sufrió como ellas en sus carnes la violencia y la discriminación por el mero hecho de ser mujer. Lo sucedido esos días nos debe llevar a reflexionar sobre cómo conseguir que no haya más Rubiales en nuestras casas y trabajos. La conclusión a la vista de lo anterior es sencilla. Cuántas más miradas plurales haya en las empresas, cuántos más portavoces de la sociedad civil, cuántas más visibilidad al diferente, cuánta más libertad haya para expresar lo que sientes, más cerca estaremos de entonar definitivamente el #SeAcabó.

Iñaki Ortega es doctor en economía en LLYC y UNIR

miércoles, 13 de septiembre de 2023

Soy un truhán, soy un señor

 (Este artículo se publicó originalmente en El Periódico de Cataluña el 4 de septiembre de 2023)


Corría el año 1977 y España celebraba sus primeras elecciones generales en cuarenta años. El entonces presidente del gobierno, Adolfo Suarez, había convocado esas votaciones para que los partidos políticos que salieran de las urnas elaboraran una constitución democrática. El país esperaba pegado a la televisión el resultado de estas trascendentales elecciones y alguien en Televisión Española debió pensar que había que amenizar esas horas desde el cierre de los colegios electorales hasta el recuento oficial de votos. En ese momento apareció Julio Iglesias para estrenar su canción “Soy un truhan, soy un señor”.  Las elecciones las ganó UCD, sin mayoría absoluta, con una ventaja de 47 escaños sobre el PSOE y la Carta Magna se aprobó un año después. Pero, aunque nadie se acuerde, en esa primera noche electoral de la España democrática, el cantante Julio Iglesias estrenó uno de los mayores éxitos de su carrera ante 20 millones de espectadores. Entonces, como ahora, el título de la canción representa lo que piensan los españoles de sus políticos.

Adolfo Suarez era amado y odiado a partes iguales. Un truhan o un señor. Para unos el heredero del franquismo por haber sido el secretario general del partido que apoyaba al dictador, para otros el artífice de la modélica transición española. Odiado en la izquierda y en la derecha por igual; a los socialistas no les hacía nada de gracia su amistad con el partido comunista de Carrillo y su pasado de camisa azul y para Manuel Fraga era un traidor que se había echado en brazos de la izquierda y los nacionalistas. Pero ganaba elecciones adorado y votado por millones de españoles de todas las tendencias políticas. Un "señor" por traer la democracia junto al Rey Juan Carlos y liderar el país desde la moderación; un "truhan" por ceder a las presiones y dimitir de la presidencia del gobierno además de dilapidar el primer y único partido de centro que ha gobernado nuestro país.

Han pasado casi cincuenta años desde que Julio Iglesias entretuviese una noche electoral, muerto de risa con sus gafas de pasta negra porque todavía no se sabía la letra de la canción. Jamás se hubiera imaginado que “Soy un truhan, soy un señor” sería el mejor resumen de las votaciones del 23 de julio de 2023.

Sánchez un “señor” por parar el fascismo que amenazaba las libertades españolas o por ser el político más resiliente de la historia de España que vence a los poderes fácticos de dentro y fuera de su partido.  El socialista que ha traído la mayor mejora de las condiciones laborales de los trabajadores más humildes con una subida del 47% del salario mínimo o el líder adorado y respetado en Europa que es capaz de epatar a medio mundo cuando organiza cumbres como la de la OTAN en Madrid. El artífice de la mayor creación de empleo del siglo y responsable de que la inflación española sea la envidia de Europa. El único capaz de poner de acuerdo a más de doce partidos, varios de ellos enemigos íntimos, para elegir la presidencia del Congreso de los Diputados.

Y al mismo tiempo un “truhan” con un título de doctor no exento de dudas. Que juraba que nunca pactaría con Podemos ni con Bildu, pero acabaron siendo sus socios de legislatura. El mismo político que ora apoyaba la intervención de la Generalitat con el artículo 155 ora indultaba a los condenados por golpistas contra la democracia. Un presidente incapaz de cesar a la ministra que promueve una ley que deja libres a miles de violadores. Un Pedro Sánchez que llegó para luchar contra la corrupción y acabó rebajando el delito que más les gusta a los políticos chorizos, el de cohecho.

El ángel que resurge siempre de sus cenizas y consigue lo imposible; el diablo que está dispuesto a lo que sea por seguir en el poder.

«Hoy ha sido un día de concordia para todos nosotros, cada uno ha votado por su ideal. Ojalá que de este ideal salgamos ganando todos los españoles» con estas palabras el universal cantante cerró su recital televisivo de junio de 1977. Y se cumplió.  Cinco décadas después en nuestro país se vive mejor si revisamos la estadística que queremos, hemos ganado todos. Más empleo, más riqueza, más igualdad, más pensiones, más universidades, más hospitales, más autónomos y más justicia. Ojalá que tras este otoño siga siendo así y ganemos todos los españoles y no sólo los que ahora inclinarán la balanza.

 

Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC

martes, 1 de agosto de 2023

Todos a la huelga

 (este artículo se publicó originalmente en el Periódico de España el día 30 de julio de 2023)


Corría el año 1986 y Washington alojaba la reunión anual del consejo de profesores de matemáticas y una veintena de docentes, portando pancartas, se manifestaban frente al hotel del congreso. En sus carteles frases como "cuidado: el uso prematuro de la calculadora puede ser perjudicial para la educación de su hijo" o "no a la calculadora en la enseñanza primaria hasta que el cerebro sea entrenado". Protestaban ante la recomendación de su asociación de integrar la calculadora en el temario de matemáticas de la escuela en todos los niveles y amenazaban con ir a la huelga. En las caras de los manifestantes se dibujaba el temor a perder sus trabajos, pero también el incordio de que una máquina al alcance de sus alumnos hiciese mejor los cálculos que ellos mismos.

Han pasado casi cuarenta años y hoy en Estados Unidos también se manifiestan un puñado de profesionales en contra de la tecnología. Esta vez es el sindicato de actores denunciando que gran parte de los trabajos de secundarios desaparecerán de las películas porque serán sustituidos por avatares realizados por la inteligencia artificial. Los actores se han unido a la ya convocada huelga de los guionistas. Coinciden ambos colectivos en exigir restricciones en el uso de la inteligencia artificial en las producciones porque es una amenaza "existencial". La inteligencia artificial aplicada al cine podría crear “un escenario apocalíptico en el que actores falsos y muertos podrían ser las estrellas del mañana a través de rostros y voces generados por computadora”. Los sindicatos con más representación en Hollywood alertan de un futuro de películas generadas por computadora sin la participación de un equipo humano de cámaras, actores o guionistas en el que ellos perderían su trabajo.

No es nuevo. También hacia el año 1811 hubo en Inglaterra quienes usaron los piquetes contra los avances tecnológicos. Los luditas, fue un movimiento encabezado por artesanos que atentaban contra las nuevas máquinas como los telares mecanizados introducidos durante la Revolución Industrial. La tecnología de los nuevos telares permitía fabricar sesenta centímetros de brocado de seda a la semana frente a los apenas dos de los antiguos. Por ello cientos de talleres cerraron ante la incapacidad de competir y miles de trabajadores fueron despedidos. Ned Ludd era uno de esos aprendices en Nottingham que pasó la historia por ser uno de los primeros que quemó varios telares textiles mecánicos y de paso poner nombre al movimiento en contra de esa tecnología.

Y todavía más lejos, hacia el 1500 coincidiendo con la invención de la imprenta de Gutenberg, algunas voces alertaban de esta “peste llegada de Alemania” porque la nueva tecnología que permitía producir miles de volúmenes haría que esa “abundancia de libros convirtiese en menos estudiosas a las personas”. La popularización de los libros llevó incluso a algunos a alertar de los efectos nocivos en la salud y en la economía del exceso de lectura. Libros prohibidos o bibliotecas quemadas fueron la reacción. La tecnología de la imprenta, criminalizada por poner en cuestión el orden establecido y porque algunos escribanos se quedaban sin trabajo.

Todos aquellos que en el siglo XVII y en el XIX luchaban contra el paso del tiempo usaban argumentos casi tan peregrinos como los de los profesores de matemáticas en los años ochenta y estos días los actores americanos. Leer novelas de caballeros no enloquece; los telares mecánicos no son instrumentos del mal; usar la calculadora no te convierte en un patán de por vida y la tecnología no ha acabado con la industria del cine, sino que ha provocado que se vean más películas que nunca en la historia.

Ir a la huelga para la defensa de tus intereses es un derecho, pero hacerlo porque pierdes el trabajo o la posición de ventaja de tu empresa es ir contra el progreso. Joseph Schumpeter lo dejó escrito en su teoría económica hace ya más de 100 años.  Se refería a la actividad emprendedora como “destrucción creativa” puesto que las creaciones de esos emprendedores acaban por destruir obsoletos productos o servicios que solo se mantienen por la inercia de falta de competencia. El MIT, una de las universidades con más patentes del mundo, precisamente define las innovaciones como aquellas novedades que crean valor, aunque para ello en muchas ocasiones haya que alterar el statu quo.

Ojalá que, en los próximos meses en la negociación por un nuevo gobierno de España e incluso de Cataluña no se elija el camino de los piquetes. Esta vez no será esgrimida la amenaza de la tecnología y en cambio sí la de la ideología disfrazada de supuestas libertades; también estará muy presente -como en todos los casos citados en este artículo- un puñado de empleos perdidos, aunque sea de militantes políticos. Como dijo el portavoz de los profesores que sí creían en la calculadora "en una sociedad moderna hay que usar herramientas modernas".

Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC


lunes, 24 de julio de 2023

No hemos terminado


(este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 Minutos el 23 de julio de 2023)

Ya han pasado las elecciones. Pero en el cuerpo de algunos seguirán muy presentes. A los más de 180.000 españoles que estuvieron en las mesas electorales durante casi 12 horas les durará el cansancio unos días. 4.892 candidatos que optaban a un puesto en el Senado o en el Congreso de los Diputados, el alegrón o el cabreo les acompañará unas horitas más. Unos miles de militantes acérrimos de la derecha y la izquierda -que los hay en ese número- se han levantado con una jaqueca que no se quitará tan rápido, porque los excesos de la noche electoral se pagan. La mayoría de españoles seguimos sin saber qué pasará y quién gobernará. Y los verdaderos protagonistas de las elecciones, Feijóo y Sánchez saben que esto no ha hecho más que empezar. A ellos dos las votaciones de ayer, les ha marcado de por vida, pero saben que estos días todavía les toca tomar muchas decisiones.

Así es. Las elecciones no terminan hoy, aunque te vayas de vacaciones o ya no te pidan el voto desde la megafonía de una furgoneta. Por mucho que anoche te acostaste pensando que esta pesadilla de dos campañas electorales seguidas se había terminado, la política no se irá tan rápido de tu vida. Igual que los carteles electorales permanecen con las caras de los candidatos unos meses hasta que el viento se los lleve o un diligente ayuntamiento haga su trabajo, los políticos seguirán muy presentes en tu vida.

Por delante les toca tomar muchas decisiones para el futuro de España, pero también para el suyo personal y el de su partido. La democracia es así y hemos depositado en un puñado de personas la capacidad para ello, al mismo tiempo son los partidos la herramienta clave para soportar nuestro régimen constitucional.

Ahora es el tiempo de pensar en nuevas elecciones o bien armar los pactos necesarios, nombrar un nuevo gobierno, elaborar un nuevo presupuesto y actuar. Sobre todo, actuar. Los problemas no esperan y nuestro país no puede perder tiempo en resacas poselectorales. En realidad, todo empieza ahora.

La inflación de la cesta de la compra seguirá machacando la economía familiar, los tipos de interés continuarán haciendo la vida imposible al que tiene una hipoteca, la precariedad de sueldos y el desempleo de larga duración no se solucionarán por arte de magia. Mayores y jóvenes seguirán viendo como el mercado laboral se ha secado para ellos. La guerra en Ucrania traerá tensiones en los precios de la energía, pero también en otros bienes básicos; Europa seguirá exigiendo a España que deje de gastar sin límite y los peajes volverán a nuestro país y quién sabe si la “fiesta” de los fondos europeos tocará a su fin. Violadores, okupas y otros delincuentes no dejarán las calles por mucho que ya haya finalizado el recuento de votos. Las tensiones territoriales abandonarán la tregua de estos meses porque los que las que promueven saben que sin ellas están acabados. Los pequeños negocios abrirán la persiana, aunque sus agobios no han desaparecido; los enfermos continuarán el mismo puesto de la lista de espera y España seguirá siendo un gran país, con no pocos problemas por delante.

Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC 

lunes, 10 de julio de 2023

Wagner, no solo en Rusia

 (este artículo se publicó originalmente en el periódico económico La Información el 8 de julio de 2023)

Los atajos siempre han existido, son consustanciales al ser humano. Salirse de la seguridad del camino señalizado para llegar antes, aunque eso suponga transitar por una vereda inhóspita, es habitual. La fortísima tentación de ahorrar tiempo, aun sabiendo que en ocasiones no compensa, bien porque te pierdes, bien porque llegas agotado. El peligro está cuando atajar ha funcionado en anteriores ocasiones porque nuestra mente cae en la trampa de que los éxitos pasados aseguran éxitos futuros.

Algo así le ha pasado a Putin con el ejército Wagner, pero no solo a él.  El primer atajo liderado por Prigozhin, líder de los mercenarios, fue hace ocho años para conquistar la región ucraniana de Dombás y funcionó. Luego asistieron a las fuerzas separatistas de las auto declaradas repúblicas populares de Donetsk y Lugansk y también salió bien. A partir de ahí este ejército de matones participó en guerras civiles donde Rusia tiene intereses, Siria, Libia, Centroáfrica y Malí. La trampa mental se había instalado en el Kremlin y no había razón para pensar que iba a salir mal en la operación especial de Ucrania. Pero este atajo compuesto de expresidiarios y pandilleros ha conseguido poner en jaque al oligarca ruso.

A Pablo Iglesias también le han gustado los atajos. Derrotar en una asamblea del partido a los díscolos es agotador y exige tiempo. Expulsar a los críticos es rápido y mientras Podemos estaba en auge, no tenía desgaste alguno en las elecciones. Por eso fueron cayendo uno a uno todos los fundadores del partido de Pablo Iglesias, desde Errejón a Bescansa pasando por Luis Alegre o Ramón Espinar. El siguiente atajo era cambiar la imagen de Podemos con el trampantojo de Yolanda. Este sesgo cognitivo de que lo que ha funcionado antes volverá a funcionar (y la admiración maoísta de muchos de ellos) llevó a pensar a los directivos podemitas que las purgas periódicas nunca tendrían consecuencia en votos, pero en el 28M se quedaron sin representación en media España. El Wagner de Podemos ha sido Yolanda Diaz con Sumar que se ha revuelto contra Iglesias antes de que fuese ella misma apartada. Para ello, al igual que Prigozhin ha tenido que tomar decisiones drásticas como sacar de las listas a Irene Montero. Putin no olvidará los blindados a las puertas de Moscú, Iglesias tampoco.

Todo lo que acabamos de ver tiene un término que lo resume: la heurística. Es la capacidad que tiene el ser humano para crear o inventar algo, con la finalidad de proporcionar estrategias que ayuden a la resolución de un problema. La RAE va más allá y considera que la heurística, en algunas ciencias, es la manera de buscar la solución de un problema mediante métodos no rigurosos.

En la economía moderna es habitual el uso de la heurística. En concreto en el contexto de la conocida como economía del comportamiento que analiza las razones por las cuales el ser humano no toma siempre las decisiones racionales. Después de estudiar miles de comportamientos fallidos, estos economistas concluyeron que nuestras emociones nos engañan. Y de ahí surgió la fe en la heurística entendida como una serie de reglas de la toma de decisiones rápidas que usamos para simplificar nuestras elecciones diarias y que a menudo funcionan bien, pero en ocasiones crean sesgos o trampas mentales. En otras palabras, en determinadas situaciones, la heurística nos lleva a cometer errores sistemáticos, pero si la usamos adecuadamente puede ayudarnos para bien.


Kahneman y Thaler han recibido respectivamente el premio de la academia sueca por su trabajo en este ámbito.  Existen dos tipos de cerebros, el reptiliano y el racional. El primero es rápido y el segundo es lento. Pero estamos diseñados para funcionar con el primero que es inmediato y no exige esfuerzo como el segundo y eso nos hace tomar decisiones equivocadas. Los atajos son parte de ese pensamiento reptiliano que nos hace fallar tanto. La buena noticia es que estas trampas mentales se pueden vencer e incluso utilizarlas para engañar al cerebro y permitir que se tomen buenas decisiones.

Ahora piensa si en tu empresa se usan atajos para cumplir los planes operativos. O si en tu sector a veces se utilizan métodos no rigurosos para conseguir vender más o a mejor precio situándose en los márgenes de las leyes de competencia. Incluso si en tu desarrollo profesional te has apoyado en atajos para alcanzar antes una determinada posición, aunque por el camino haya quedado una vieja amistad. Hasta el partido político que vas a votar en las próximas elecciones, sea el que sea, quizás en alguna ocasión optó por la vía rápida y sencilla de ocultar sus planes al electorado. Wagner no solo existe en Rusia.


Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR Y LLYC





domingo, 2 de julio de 2023

Menos macro y más micro

 (este artículo se publicó originalmente en El Periódico de España el día 30 de junio de 2023)

Se ha contado muchas veces, pero hay que volver a hacerlo a la vista de la estrategia de Pedro Sánchez de sacar a pasear a Nadia Calviño con el cuadro macroeconómico. La ministra y sus comparecencias con tablas Excel nos han transportado a la campaña americana de Bush contra Clinton. Corría el año 1992 y en el cuartel general de los demócratas un asesor de nombre James Carville colgó un gran cartel que inopinadamente fue clave para que Clinton ganase las presidenciales. Solo había una frase escrita, sencilla y recordable para vencer al poderoso presidente texano, una simple idea frente a los grandes éxitos en política exterior de Bush padre. Simple porque aludía a la vida cotidiana de los votantes americanos y sus necesidades más perentorias. “Es la economía, estúpido” era la sentencia puesta en ese cartel que se convirtió en un eslogan oficioso de la campaña de Clinton que le llevó a la Casa Blanca al identificarse precisamente con las preocupaciones más acuciantes de los votantes americanos. Desde entonces la frase se ha instalado en la cultura electoral de todo el mundo para poner la atención en lo esencial de determinados momentos históricos.

En España tenemos nuestra versión local de esta mítica frase. “Mas Soria y menos Siria” parece que fue dicha por el ministro Posadas a José María Aznar para reclamarle más atención a los asuntos locales que a la agenda internacional. El consejo del viejo amigo del presidente funcionó porque el PP ganó esas elecciones con una aplastante mayoría absoluta. No se si en la planta séptima de la sede de Génova 13, algún asesor ha pintado esa frase en alguna pizarra ante la obsesión por las citas en el extranjero del presidente Sánchez, pero de lo que estoy seguro es que tampoco estará la sentencia de Carville.

La economía española dispone de unas cifras macroeconómicas que Alemania envidiaría. Un PIB que crece al 2%, un empleo que no deja de crecer hasta rozar los 21 millones de cotizantes y sobre todo una inflación en el entorno del 3%. Si a esto añadimos un sector exterior pujante con exportaciones rompiendo techos históricos, los guarismos son para enmarcar. Quizás por todo lo anterior alguien ha querido resucitar esa campaña de Clinton, aunque igual antes de ponerse a imprimir carteles hay que recordar que las variables macro se complementan con los datos de déficit y deuda en los cuales estamos entre los cuatro peores países de la Unión con un 113% de deuda respecto al PIB y cerca del 5% de déficit. Lejos de las recomendaciones del 60% y el 3% respectivamente.  Aunque no lo diga el cuadro macroeconómico, en la cabeza de todos los analistas y en los bolsillos de los españoles está que seguimos sin alcanzar el nivel de PIB prepandemia o lo que es lo mismo que hemos tirado a la basura tres años de nuestra economía. El Banco de España lo acaba de contar de otra manera, pero no menos dramática: la riqueza per cápita española sigue por debajo de la europea y no hemos reducido ni un euro en los últimos tiempos la brecha con nuestros vecinos.

En primero del grado de economía enseñamos que la microeconomía estudia variables individuales, mientras la macroeconomía se centra en las variables agregadas o nacionales. A la micro lo que le interesa no es la deuda de España sino la deuda de los españoles; le ocupa no la renta del país sino la renta de los paisanos; le obsesiona no la inflación nacional sino las inflaciones sectoriales. La microeconomía analiza las decisiones de los agentes individuales, por qué se compra, por qué se busca trabajo o por qué se pide un préstamo. Y ahí es donde el balance de estos años de gobierno no se sostiene. La comida desde la pandemia ha subido un 27%, las hipotecas un 361%, el paro no ha bajado si descontamos los fijos discontinuos, el empleo creado es de menor calidad por la cantidad de horas contratadas, la presión fiscal ha subido más de un 20% y por todo lo anterior el poder adquisitivo del españolito medio ha caído más de un 5%. Si a esto sumamos que las ayudas sociales no llegan a los hogares -como ha confirmado la AIREF- y que las pymes no han ingresado nada del supuesto maná de Next Generation, el balance individual para los españoles es lamentable.

No tengo claro que el equipo de campaña de Ferraz se atreva a poner un letrero que rece “Es la microeconomía, estúpida” por temor a la reacción de la aludida y su mentor, pero en muchas agrupaciones locales del PSOE lo estarán pensando cada vez que la ministra de economía se vanagloria de su gestión. Al mismo tiempo a Nuñez-Feijóo -que entre su círculo de confianza tiene muchos aznaristas- seguro que le ronda en la cabeza la frase del ministro soriano y quizás la haya adaptado con su pragmatismo a “Menos macro y más micro”. Sea como fuere, la campaña electoral no será la de los indicadores económicos sino la de los indicadores de cabreo y en estos tampoco puede hacer un buen balance el gabinete de Sánchez ya que es difícil encontrar un colectivo a su derecha y a su izquierda, nacionalista o españolistas,  en las pymes o en las grandes empresas que no fume en pipa esta temporada.

Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC