martes, 3 de diciembre de 2019

Escape Room

(este artículo se publicó originalmente el 2 de diciembre de 2019 en el diario 20 minutos)

Se ha puesto de moda. Todo el mundo lo practica. Un «escape room» es un juego de escape que sirve tanto para celebrar un cumpleaños de un niño de 12 años,  como para una despedida de soltera o incluso para inculcar sentimiento de equipo entre altos directivos de grandes empresas. Básicamente es una actividad lúdica que consiste en que un grupo de personas puedan «escapar de un encierro» resolviendo un enigma a través de varias pistas.

Los «escape rooms» nacen hace una década en Japón y desde entonces se han extendido hasta al último rincón del mundo, aunque donde realmente arrasan es en el sudeste asiático. Hay muchas variedades del juego pero en todas ellas los participantes, una media docena, se enfrentan en un local cerrado durante algo más de una hora y con la presencia de un árbitro o «game master» al reto de «escaparse». El juego ha enganchado a personas de toda edad y condición porque para poder ganar hay que esforzarse, no físicamente, sino mentalmente  -en grupo y a título individual- para encontrar la solución a un difícil acertijo. De hecho, equipos de alto rendimiento del mundo del deporte pero también de las corporaciones empresariales juegan a ser escapistas para mejorar el desempeño grupal, ya que penaliza los individualismos y premia el trabajo cooperativo. Pero también muchas cuadrillas de amigos, sin más motivación que pasar un buen rato, colapsan los locales de «escape room» todos los fines de semana en cientos de ciudades de todo el planeta. En Madrid y Barcelona, el montado por la empresa Atresmedia, inspirado en la serie de televisión "La casa de papel" sigue teniendo el cartel de "no hay entradas" tras decenas de miles de visitantes de todas las edades.

Incluso se habla ya en ciencias sociales como la educación de la gamificación del aprendizaje. Una nueva disciplina pedagógica que usa este tipo de juegos para lograr increíbles resultados. Por eso, si funciona para directivos, estudiantes y equipos deportivos que habían probado otras soluciones sin éxito, por qué no aplicarlo para el principal problema de nuestro país. El desgobierno que vivimos tras cuatro años con cuatro elecciones quizás se solucionaría con una buena dosis de «escape room» para nuestra clase politica. Por qué no animar a Pedro Sánchez, Pablo Casado, Santiago Abascal, Pablo Iglesias e Inés Arrimadas a entrar en una de estas «salas de escape» con la condición de no salir hasta que resuelvan el mayor enigma hoy de España que no es otro que cómo conseguir un acuerdo estable de gobierno que represente a una mayoría de españoles. Si lo piensas no es tan descabellado y de algún modo en la historia reciente algunos acuerdos relevantes se consiguieron así, forzando un encierro para lograr un acuerdo. De esta manera nació el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio, con los principales líderes y pensadores del mundo acantonados en Bretton Woods. O la Constitución española con sus «padres» alojados en el Parador de Gredos aislados por la nieve. Y todos los acuerdo europeos sólo se consigue a altas horas de la madrugada tras agotadoras reuniones en Bruselas que no pueden finalizar sin acuerdo. Cualquier cosa antes que otras elecciones, ¿no crees?

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

domingo, 1 de diciembre de 2019

España, más fuerte que los españoles

(este artículo se publicó originalmente en el diario La Información el día 29 de noviembre de 2019)

La incertidumbre se ha instalado en España. La cercanía de un gobierno de Unidas Podemos-PSOE ha hecho saltar todas las alarmas por lo que supondría de empeoramiento de las condiciones para la actividad económica en nuestro país: más gasto público y por tanto más impuestos; más intervencionismo en detrimento de la necesaria libertad de empresa y más poder para el nacionalismo frente a la ansiada unidad de mercado. Lo peor es que llueve sobre mojado porque la crisis catalana ha trasladado al exterior la peor imagen inimaginable y a su vez, desde hace meses, no hay un organismo internacional que no presagie que la economía española se está enfriando. Si a lo anterior unimos un mundo que parece que se ha vuelto loco con el Brexit, los chalecos amarillos en Francia o los disturbios en Chile, Colombia o Bolivia pero también Hong Kong, nos acercamos a una tormenta perfecta.

Pero entre tanta mala noticia de nuevo la serendipia me ayuda a escribir este artículo y de paso ser optimista. La semana pasada tuve el placer de escuchar a un directivo honrado y discreto como es el presidente de Bankia recordar que España tiene las hipotecas más bajas de Europa o que las pymes españolas se financian de un modo más barato que las alemanas. José Ignacio Goirigolzarri ayuda a refrescar un discurso de otro directivo patrio al recoger el premio de directivo del año. José María Álvarez-Pallete explica siempre que puede y yo me empeño en replicarlo, que en los últimos 40 años, España ha multiplicado por 14 su gasto en educación, por 13 el gasto social y por 15 el PIB per cápita.  En estos pocos años de democracia, si los ponemos en relación con la larga historia de nuestra nación, se ha doblado la población activa, aumentado en siete millones las mujeres que trabajan y ocho veces el número de universitarios.

Por tanto, somos muy afortunados por vivir en España. Pero precisamente por ser españoles tenemos que convivir con la incertidumbre porque es consustancial a nuestra historia. Acaso la Transición fue un periodo tranquilo o el Siglo de Oro de nuestras letras estuve exento de conflictos. Estos días se han cumplido 200 años de la creación del Museo del Prado, una de las más importantes colecciones de arte de la humanidad. El viejo caserón del Paseo del Prado ha acogido estos dos siglos las más excelsas muestras de genialidad de españoles universales, pero a la vez vivido guerras civiles, golpes de estado, regímenes violentos y dictatoriales, magnicidios y la peor de las bandas terroristas de Europa. Pero triunfó la creatividad frente la fatalidad y hoy tenemos en Madrid las obras de Goya y Velázquez, pero ningún terrorismo vivo.

Todos los años, a pesar de los pesares, un organismo internacional certifica, por ejemplo, que nuestro país es el segundo más visitado del mundo o que disfrutamos de la red sanitaria universal con las mayores coberturas del mundo. Los españoles seguimos sorprendiendo con nuestra capacidad de trabajar en equipo bien sea para coordinar la mejor red de trasplantes de órganos del planeta o para ganar el campeonato del mundo de Baloncesto. 

Así es. La metáfora del deporte vuelve a venir al caso, hoy,  para el futuro de España. Hace unos pocos días, al mismo tiempo que medio país discutía con el otro medio por un gobierno, un puñado de españoles con humildad y superando las peores adversidades como es la muerte de un padre, nos volvieron a demostrar, esta vez ganando la Copa Davis de tenis, que España es más fuerte que los españoles. 

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

lunes, 25 de noviembre de 2019

Casandra y las pensiones


(este artículo se publicó originalmente en el diario El Correo el día 24 de noviembre de 2019 )

El síndrome de Casandra es aquella situación en la que alguien predice un hecho certero, pero nadie le cree. Se habla de ese síndrome cuando no nos atrevemos a ser sinceros por las consecuencias que puede tener. Casandra era una sacerdotisa del templo del dios Apolo. Éste, para conseguir su amor, le ofrece el don de la profecía. En el momento que recibe la capacidad de adivinar el futuro, Casandra rechaza a Apolo, lo que lleva al dios a vengarse de su amada incluyendo en el don otra característica: nadie creerá sus pronósticos. Casandra vaticinó la caída de Troya, pero nadie le dio crédito; previó su propia desgracia, pero tampoco pudo evitarla. A los autores de este artículo el mito de Casandra se nos viene a la cabeza cada vez que explicamos el futuro de las pensiones en España.

El sistema de pensiones es uno de los grandes éxitos de nuestro Estado del Bienestar porque ha conseguido que la vejez no sea sinónimo de pobreza. Las sociedades avanzadas organizaron en los últimos años del siglo XIX sistemas para garantizar que cuando las personas dejaban de trabajar a causa de la edad dispusieran de, al menos, una renta básica mensual. Entre otros aspectos se fijaron los 65 años como la edad para dejar de trabajar. Pero hoy el problema en todos los países avanzados es de fondo y se resume en cómo adaptarse a las tendencias demográficas para seguir ofreciendo pensiones adecuadas.

A principios del siglo pasado apenas 1 persona de cada 100 llegaba a los 65 años; hoy son 9 de cada 10.  En España, en 2030 el 25 por ciento de la población tendrá derecho a una pensión porque superará los 65 años, de manera que la previsión es que en 2050 cada trabajador tendría que sostener a un pensionista, exactamente un pensionista por cada 1,34 trabajadores. En la Alemania de Bismarck -el primer país que puso en marcha el actual sistema de pensiones- se estimaba como mucho una supervivencia de una década, hoy la esperanza de vida germana a los 65 años supera los 20 años. En España conforme a datos del INE, los años efectivos de percepción de la pensión superan los 23. De hecho, según BBVA, en España todas las aportaciones al sistema público de pensiones que ha hecho un trabajador que se jubile ahora mismo se agotan tras 12 años de pensión, cuando le quedarían, conforme a su esperanza de vida, otros 9 años de vida.

Como Casandra, los autores de este artículo queremos atrevernos a decir la verdad, aunque esperamos tener más predicamento que la joven helena. Las pensiones cada año serán más bajas y de una tasa de reposición menor. Es decir, en un par de décadas el porcentaje del último sueldo que cubre la pensión pasará del 80% actual a un 50% de este. Pero aún estamos a tiempo de revertir este proceso si aplicamos dos soluciones. Por una parte, incrementar la tasa de ahorro de los españoles y, por la otra, la necesidad de extender en parte el período de vida laboral. Si asumimos que las pensiones públicas irremediablemente serán más bajas, la gran mayoría de la población tendrá un serio problema ya que sólo tiene esa fuente de renta en su retiro. Pero existe una medida para garantizar el nivel de vida de las personas tras su jubilación, y es diversificar las fuentes de renta de los futuros jubilados cuando tienen capacidad de ir acumulando; es decir, mientras trabajan. En resumen, habrá que ahorrar más. En este sentido, la mayoría de los países de nuestro entorno han creado mecanismos de ahorro, más o menos obligatorios, para que grandes capas de la población vayan constituyendo un patrimonio complementario a la pensión pública. España es uno de los pocos que aún no lo ha hecho. Este retraso no es inocuo, a lo largo de toda la vida labora cada mes un español está ahorrando 100 euros menos que un sueco, alrededor de 80 menos que un británico o un holandés, o 44 euros menos, cada mes a lo largo de toda la vida, que un ciudadano que viva en Francia. No es una quimera conseguirlo. En nuestro país, en Guipúzcoa, la exitosa experiencia de GEROA, con los planes de pensiones de empleo, nos anima a defender estos pilares alternativos de ahorro. De hecho, hoy dos de cada tres trabajadores de ese territorio se benefician de una pensión complementaria a la pública que les iguala en ingresos para la vejez con sus vecinos franceses.

Trabajar más es la segunda medida que, como Casandra, nosotros nos atrevemos a reivindicar también en esta reflexión. No hablamos solamente del desplazamiento progresivo de la edad de retiro hasta los 67 años que la mayoría de los países europeos estamos implementando. Nos referimos a la necesidad de parar el edadismo, o la discriminación que sufren los mayores en el mercado laboral. Si conseguimos revertir ese proceso y acercarnos a tasas de actividad de los trabajadores mayores de 55 años equivalentes a economías como Nueva Zelanda o Suecia, no solo conseguiremos mayores ingresos para afrontar el futuro, sino una economía más grande que soporte mejor nuestro sistema del bienestar.

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y Antonio Huertas es presidentre de MAPFRE. Ambos son autores del libro LA REVOLUCIÓN DE LAS CANAS

lunes, 18 de noviembre de 2019

Los unicornios

(este artículo apareció publicado originalmente el 18 de noviembre de 2019 en el diario 20 minutos)

Es habitual que los economistas nos inspiremos en animales para conseguir analogías que expliquen sucesos complejos. Los cisnes negros (animales que predicen una catástrofe) han sido mencionados estos días ante la posibilidad de un acuerdo político en España que nos lleve al populismo. Los dragones asiáticos en los años 90 del siglo pasado eran los emergentes países del sudeste asiático que competían sin complejos con las potencias occidentales. Hoy te quiero hablar de un animal menos siniestro pero que tienes que conocer, te interese o no la economía, porque puede que acabes trabajando para ellos.

Un unicornio es un animal mitológico que se representa generalmente con cuerpo de joven caballo blanco además de con un gran y afilado cuerno que sale de su cabeza en la que también caben unos hermosos ojos azules. En ocasiones se le menciona con patas de antílope, cola de león y cabeza de chivo, pero siempre tiene un único cuerno que le da sus poderes porque le permite ser inmortal e invencible en la lucha. Desde antes de Cristo se ha documento el carácter milagroso de su cornamenta y los poderosos de todas las épocas han buscado beber pociones hechas con ese cuerno para alcanzar la vida eterna.

Pero hoy, en el mundo empresarial, un unicornio es una compañía muy poco común que consigue en los tres primeros años de vida una capitalización global superior a mil millones de dólares. Seguro que conoces a la americana Dropbox que te ayuda a colgar tus archivos en la nube o la alemana Zalando con la que compras moda por internet, ambas son unicornios como también lo es AirBnB para conseguir hacer turismo sin pagar caros hoteles. No es algo tan ajeno a ti porque en España también tenemos unicornios que superan la valoración de un billón, usando la terminología americana. Cabify en el trasporte de personas en las ciudades o Glovo en la comida a domicilio, engrosan la lista de estos nuevos “seres fantásticos”.

Estas empresas son el objeto de deseo de todas las grandes corporaciones como lo era el cuerno del unicornio en la Edad Media para los reyes ansiosos de alcanzar la inmortalidad. La explicación es sencilla, las empresas y los humanos seguimos tendencias contrarias.  Me explico: las niñas que están naciendo en nuestro país vivirán más de 100 años, en cambio la edad media de las empresas no ha dejado de caer en el último siglo. La vida media de las empresas más importantes del mundo ha pasado de 65 años en 1955 a apenas 15 años hoy día. Éste será un proceso de regeneración increíble de la población de las grandes empresas, en el que sólo sobrevivirán unas pocas que practiquen un nuevo liderazgo y una nueva capacitación que sí poseen los unicornios.

Por eso te decía que trabajarás para estas “mitológicas empresas” y aunque pienses que esos “poderosos” les encontrarán antes que tú, no olvides que los unicornios, tal y como nos ha llegado a nuestros días en sucesivas leyendas, solo se aparecen ante personas puras.

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR



miércoles, 6 de noviembre de 2019

Para gustos, los colores

(este artículo se publicó originalmente en el diario 20 minutos el 4 de noviembre de 2019)

¿No te recuerdas usando esta frase? Seguro que en tu casa, de pequeño, también la escuchaste en muchas ocasiones. Incluso, si te esfuerzas, te acordarás de cómo en el colegio algún profesor zanjaba así las discusiones. «Para gustos, los colores» es una expresión del idioma español que proviene del adagio latino “gustibus non disputadum” que subrayaba la inutilidad de pelearse sobre las preferencias de cada uno.

La tradición oral nos ha regalado esta sabía frase que usamos para poner de manifiesto que no todos tenemos los mismos gustos y que nadie puede imponer los suyos. Hay tantas opiniones como colores existen. Y ¿cuántos colores hay? Según Newton, eran siete, que son exactamente los que forman parte de un arcoiris. Pero la ciencia nos ha demostrado que son cientos de miles los que pueden surgir de las diferentes combinaciones de los llamados colores primarios: azul, rojo y verde. Por tanto si como algunos defienden hay hasta billones de colores diferentes, también hay miles de millones de opiniones sobre
el mejor color. 

Ahora que en las empresas el fenómeno de la diversidad se ha convertido en un mantra, me he acordado de esta frase para así convencer (inspirar) a los más recalcitrantes (rígidos) para que superen sus recelos.

No todos somos iguales a pesar de que nuestra mente nos lleve a pensar así equivocadamente. En psicología estas trampas han sido bautizadas como sesgos cognitivos. Nuestro cerebro ha recibido tantas veces información sobre lo que es «normal» que acaba construyendo una realidad paralela asociada a esa información, que no siempre es un fiel reflejo. 

Para superar estas jugarretas de la mente simplemente hay que poner luz sobre el mundo,sobre todo el mundo, no sólo sobre  muestro mundo. Si así lo hacemos nos daremos cuenta que no todos tenemos la misma edad, no todos los directivos son hombres, no todos tenemos las mismas capacidades, la misma raza, la misma ideología. No todos tenemos la misma sexualidad, no hemos estudiado en la misma universidad o ni siquiera todos tenemos educación superior. Tampoco será unánime la forma de entender la familia, ni nuestro credo ni tampoco las capacidades, el lugar de nacimiento o la lengua materna.

Para esos que aún en tu oficina siguen sin tenerlo claro puedes decirles que la diversidad ha de respetarse no solamente por humanidad sino también porque es fuente de competitividad. Es la única vía de poder seguir operando como empresa en el mundo incierto y sin fronteras (físicas ni mentales) que nos ha tocado vivir. Tener equipos diversos garantiza diferentes formas de pensar y nuevas soluciones para nuevos problemas. Permite ofrecer nuevos bienes y servicios para públicos hasta ahora escondidos pero que han emergido con fuerza. Hace posible que aparezcan nuevos prismas culturales, alejados de la supuesta normalidad, que sean tenidos en cuenta.

Si aún así no les convences, prueba a explicarles que diversidad tiene la misma raíz que la palabra divertirse. Que intenten ser diversos porque por lo menos se divertirán.

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR.

jueves, 31 de octubre de 2019

Polizones en la economía (y en la política)

(este artículo se publicó originalmente el 28 de octubre de 2019 en el diario La Información)

En economía se usa el término free rider para referirse a aquellos consumidores de determinados bienes y servicios que se benefician de su disfrute sin pagar contraprestación alguna. Generalmente pasa con lo que los economistas llamamos bienes públicos, es decir bienes provistos por el Estado cuyo consumo es indivisible y que puede ser consumidos por todos los miembros de una comunidad sin excluir a ninguno, el alumbrado de las calles o los parques son los típicos ejemplos que explicamos los profesores en clase de macroeconomía.

En español, al referirnos a estos consumidores, hablamos de parásitos o, en una traducción más informal, como gorrones.  Estos personajes han superado lo económico para introducirse en disciplinas como la psicología o la política con el llamado «problema del polizón». Surge cuando una persona trata de recibir un beneficio por utilizar algo sin pagar por ello. El gasto militar o la defensa sindical son paradigmáticos de lo anterior. Ninguna persona puede ser excluida de ser defendida por el Ejército de un país, y por ello siempre hay gente que se niega a ser corresponsable de ese gasto aunque finalmente disfrute de la Defensa en caso de una supuesta invasión. La solución política han sido los impuestos y en algunos países el servicio militar obligatorio. En el caso de los sindicatos, un polizón es un empleado que no paga cuota sindical, pero que sin embargo recibe los mismos beneficios conseguidos por la representación sindical para sus asociados que sí abonan su cuota. Por ello los sindicatos gozan de financiación pública para evitar depender en exclusiva de las cuotas de sus, cada vez más escasos, afiliados.

Un ejemplo más reciente de estos free riders lo encontramos en el auge del comercio electrónico. Las grandes cadenas de supermercados se esfuerzan ofreciendo una gran oferta de productos que los consumidores pueden tocar, ver y hasta probar en multitud de puntos de venta a lo largo y ancho de la geografía. Esto implica un gasto muy importante para esas empresas que incluye la contratación de vendedores. Pero hoy el auge de los compradores polizones hace que sean utilizadas estas tiendas como meros probadores para finalmente comprar, mas barato, en internet. Los nuevos compradores online se aprovechan vilmente del esfuerzo de esas grandes superficies. 

Estas semanas me he acordado de nuestros amigos los free riders escuchando a los políticos, en precampaña electoral, sus diferentes propuestas económicas. A pesar de que no existe  indicador o informe alguno que deje de alertar sobre la inminencia de una recesión, la mayoría de las propuestas inciden en gastar como si no hubiera un mañana. Pero, eso sí, con la tranquilidad de que Europa nos ayudará si hay problemas para evitar que nuestra economía, sistémica, arrastre al resto de los socios de la Unión. Ademas los pocos partidos responsables con sus medidas económicas ya que son conscientes de la gravedad de la situación, saben que el electorado no les premiará con su voto siendo pacatos. Pero, y esto es peor, les dará la confianza solamente cuando la situación de la economía se torne crítica, para volver a sacar al país de la crisis. 

Pero también veo free riders con motivo de la tensa situación en Cataluña. En las mismas localidades empapeladas con lazos amarillos que reclaman la salida de "las fuerzas de ocupación", si las circunstancias lo requieren como un grave incendio, unos montañeros despeñados o una terrible inundación, no se hace ascos a la ayuda de la Guardia Civil o el ejército. Por no hablar de esos comerciantes y vecinos de la Vía Laietana barcelonesa que financian las movilizaciones independentistas pero se benefician de la seguridad en la zona que otorga la presencia policial. 

La política económica resolvió el problema, como hemos visto, de los consumidores parásitos, vía impuestos o subvenciones. Pero es mucho pedir que las urnas castiguen a aquellas fuerzas políticas que se benefician de los esfuerzos de los demás. Otra opción sería un repentino ataque de sentido común de esos "gorrones" que a pesar de sus posiciones antiespañolas disfrutan de unas fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado (en las que incluyo a los Mossos y a la Ertzaintza) sin los cuales ni sus ideas secesionistas, podrían defenderse. Difícil pero no imposible.

Inaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

jueves, 24 de octubre de 2019

Dèja vú

(este artículo se publicó originalmente el día 21 de octubre de 2019 en el periódico 20 minutos)


En psiquiatria, tener la sensación de haber vivido en el pasado una situación que está sucediendo en el presente, se le denomina «dèja vú». El término procede del francés y se traduce literalmente como «ya visto».  Es algo que nos pasa a todos en algún ocasión y te lleva a pensar «vaya, esto me parece que ya lo he vivido hace no mucho». Fue el psicólogo Emile Boirac en el siglo XIX quien acuñó estos engaños de la memoria, que cuando son muy frecuentes, son un indicador de una patología. 

Igual piensas que tengo que ir al psiquiatra pero llevo una semana con deja vu. Y no se me pasa. Cada noche después de trabajar me siento en el sofá a ver la televisión y me encuentro con barricadas, jóvenes encapuchados lanzando piedras, contenedores ardiendo y policías acorralados. Y en mi cabeza aparecen recuerdos de hace 20 años. Yo nací en Bilbao y me crié en Vitoria aunque mis amigos estudiaban en San Sebastián y Pamplona. Y esto ya lo he vivido. Por desgracia no me engaña la memoria. Ojalá nunca España hubiese sufrido la ira del terrorismo de ETA . Autobuses quemados, policías apedreados y sabotajes del mobiliario urbano fueron habituales hasta hace muy poco en el País Vasco y Navarra. El terrorismo de ETA no consistía sólo en asesinar o secuestrar sino que los disturbios callejeros eran otra forma de meter miedo y así los fanáticos pudiesen lograr sus objetivos sin oposición. Para los que crecimos rodeados de la violencia etarra era habitual protegerse en un portal para que un cóctel molotov no te quemase o evitar algunas zonas de la ciudad convertidas en guetos del odio por miedo a que te pegasen una paliza. Viví también como chicos de mi ciudad comenzaban por polítizarse en las aulas pero también en los bares, luego un día envalentonados  por unas cervezas acaban tirando piedras a la policía de «ocupacion» tal y como la denominaba alguna televisión. Ciertos políticos le quitaban importancia a estos hechos como si fuesen pecadillos de juventud, pero la realidad es que yo mismo vi como esos chicos acabaron siendo pistoleros y destrozando familias con sus crímenes. Dèja vú.

No se si durará mucho mi dèja vú. Espero que no. En cualquier caso un vistazo a la historia reciente de España me ayudará a demostrar que no tengo ninguna trastorno de la memoria. Más bien al contrario, quienes se empeñan en relativizar la gravedad de los disturbios en Cataluña, sí que podrían ser diagnosticados con amnesia, en el mejor de los casos, al haber olvidado cuanto ha sufrido nuestro país y cuanto daño hizo a nuestra economía el terrorismo separatista. Pero me temo que no es falta de memoria es pura paranoia. Esos que miran para otro lado ante la violencia en Cataluña les ciega su supremacismo y ven otra realidad. Ojala despierten pronto de ese sueño enfermizo porque las consecuencias del nacionalismo excluyente, otro dèja vú, ya las hemos vivido aquí y en el resto de Europa.

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

domingo, 13 de octubre de 2019

El secreto de la felicidad: sumar 14 días

(este artículo se publicó originalmente el dia 7 de octubre de 2019 en el diario 20 minutos)


Antonio Gala cuenta que pocas personas fueron tan poderosas, inteligentes y atractivas como el califa Abderraman III. A punto de morir, hacia el año 961, dejó escrito lo siguiente «He reinado más de cincuenta años en Córdoba. Amado por mis súbditos, temido por mis enemigos y respetado por mis aliados. Riquezas y honores, poder y placeres, aguardaron mi llamada para acudir de inmediato. No existe terrena bendición que me haya sido esquiva. En esta situación he anotado diligentemente los días de pura y auténtica felicidad que he disfrutado: suman catorce”. Abderrahman murió con 73 años después de haber vivido entre lujo y placeres casi 27.000 días pero únicamente contabilizó 14 días plenos de felicidad. No se supo nunca como fueron esos 14 días elegidos por el cordobés. No hay rastro de escrito alguno que los describan, ni leyenda o romance que haya llegado a nuestros días con alguna pista de lo que era un día plenamente feliz para Abderraman. Por eso a la espera que un día tu me cuentes los tuyos, yo me atrevo a poner negro sobre blanco alguno de mis días felices por si te ayuda. Esa tarde de septiembre que conocí a mi mujer junto al mar, aquella mañana de julio que la Guardia Civil liberó a Ortega-Lara de su inhumano secuestro o la lluvia de un domingo de octubre en mi cara al terminar la maratón de San Sebastián.
Igual leyendo esta columna te surge la necesidad de apuntar los días felices y hasta temas que se te olvide alguno de esos días que ya han pasado y eso te impida llegar a los deseados 14 del califa. No te preocupes, tienes tiempo por delante. Mucho tiempo. Si la edad media de un español es 44 años y viviremos, conforme a los datos de esperanza de vida, hasta los 83 años. Nos quedan por delante, de media, más de 14.000 días de vida. 14.000 días y sus noches para lograr esos ansiados 14 días plenos de felicidad. Con tantos días por vivir no se antoja tan complicado ser el más feliz del mundo. No parece tan difícil que algún día de esos miles que nos quedan, tu equipo de fútbol gane por fin la Champions o que el partido política al que llevas tanto años votando pero nunca gobierna pueda hacerlo finalmente. Incluso que ese chico que nunca te hace caso cambie de opinión; que te toque la lotería de Navidad; que puedas vivir de un trabajo para el cual estudiaste; que tus padres acaben estando orgullosos de ti; que te duermas al aire libre mirando las estrellas; que se te salten las lágrimas al ver crecer sanos a tus hijos, que llegue un día de risas interminables con tus amigos o una mañana al levantarte alguien te diga "te quiero".
Iñaki Ortega es Director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

lunes, 7 de octubre de 2019

Entrenarse toda la vida

(este artículo se publicó originalmente en el blog de KUTXABANK el 30 de octubre de 2019)


Vivimos en una «sociedad del aprendizaje» regida por una ley impecable: «para sobrevivir, las personas, las empresas y las instituciones deben aprender al menos a la misma velocidad con la que cambia el entorno; además, si quieren progresar, habrán de hacerlo a más velocidad». Estas palabras del filósofo José Antonio Marina resumen a la perfección la tesis de esta artículo.

De hecho son muchos los autores, entre ellos Jeffrey Selingo, que defienden que estamos viviendo la tercera revolución de la educación. La primera ola, a principios del siglo pasado, tuvo que ver con la llegada de la enseñanza obligatoria que propició una educación masiva y brindó una capacitación para la vida a millones de personas en todo el mundo. Por ejemplo, en 1910, sólo el 9 por ciento de los jóvenes estadounidenses obtuvieron un diploma de escuela secundaria, en 1935 eran ya el 40 por ciento. La segunda revolución surgió en el último tercio del siglo XX en Estados Unidos, pero también en otros países como España (en este caso a raíz de la llegada de la democracia y la «universidad para todos»). En el año 1965 se matricularon en primer curso 75.000 personas en España, que han pasado a ser 1,5 millones en la actualidad. En 1970, en Estados Unidos había sólo 8 millones de universitarios matriculados y hoy día superan los 20 millones.

Ahora, debido al fenómeno de la longevidad, pero también a las exigencias de la evolución tecnológica y su impacto en el mundo del trabajo, estamos en la tercera gran revolución de la educación. El nivel de preparación que funcionó en las dos primeras oleadas no parece suficiente en la economía del siglo XXI. En cambio, esta tercera ola estará marcada por la formación a lo largo de la vida para poder mantenerse al día en una profesión y adquirir habilidades para los nuevos trabajos que llegarán. Gartner pronostica, por ejemplo, que la inteligencia artificial destruirá en los próximos cuatro años 1,8 millones de empleos a nivel global, pero generará 2,3 millones de nuevos puestos de trabajo.

Es probable que los trabajadores consuman este aprendizaje de por vida cuando lo necesiten y a corto plazo, en lugar de durante largos períodos como lo hacen ahora, que cuesta meses o años completar certificados y títulos. También, con esta tercera ola, vendrá un cambio en cómo los trabajadores perciben la formación, que es como una maldición por la que hay que pasar por exigencias de la empresa o, peor aún, algo a lo que se recurre tras un despido. Estamos entrando en una etapa en la que el reentrenamiento será parte de la vida cotidiana puesto que con vidas laborales tan largas y variadas, reinventarse y volver a capacitarse será muy normal. Por ello nos tenemos que ir quitando de la cabeza la idea de que la formación y el mundo del trabajo son etapas de la vida o espejos de nuestra identidad. Hasta ahora, uno no sólo estudiaba, sino que era un estudiante. Concluir la formación superior significaba acceder a la identidad adulta, marcada por la independencia económica. En los próximos lustros, será habitual volver con cuarenta, cincuenta o sesenta años a la universidad para estudiar un grado, programa o curso completamente diferente de la primera carrera. En general, el mundo laboral y el formativo estarán
mucho más conectados: cruzar del uno al otro será bastante habitual y muchos, los mejores, buscarán en ambos océanos a la vez.

Efectivamente uno de los rasgos característicos de nuestra época es la aceleración del tiempo histórico. Todo sucede tan deprisa que, a menudo, cuando aún se está desarrollando una tecnología, ya ha aparecido la siguiente, que convierte la anterior en obsoleta. En este contexto de inmediatez, la educación, que por su propia naturaleza requiere planificación y tiempo, asume un gran reto. Pero no se trata solamente de ganar flexibilidad. Los grados dobles, las titulaciones mixtas, los programas executive, blended, cursos de foco y experienciales, son otras herramientas para obtener una formación de calidad, muy especializada y situar a los participantes de todas las edades ante problemas reales para que aprendan a tomar decisiones y solucionar problemas.

Al respecto de estas nuevas habilidades que se requerirán, no todo será tecnología. La capacitación laboral deberá centrarse en varias disciplinas técnicas, pero también en las habilidades clave que la complementan, como la resolución de problemas, el trabajo en equipo, la comunicación y por supuesto la empatía. De la superespecialización pasaremos a la capacidad de entrecruzar conocimientos. Pero de nada servirá todo lo anterior si olvidamos lo más importante: con nuestro trabajo y el de nuestras empresas podemos y debemos hacer un mundo mejor, donde nadie se quede atrás.

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School en Madrid

miércoles, 2 de octubre de 2019

De Elcano a Cabify. España emprendedora

(este artículo se publicó originalmente en el diario La Información en la sección serendipia el día 1 de octubre de 2019)

El éxito de España en el siglo XVI ha inspirado a muchos economistas, no solo patrios, para explicar conceptos como el emprendimiento, la inversión, la innovación e incluso las multinacionales. Todavía con la resaca del 500 aniversario de la primera vuelta al mundo liderada por Juan Sebastián Elcano, se acerca la efemérides del 12 de octubre lo que me lleva a recordar que el descubrimiento de América es considerado uno de los primeros grandes emprendimientos de éxito de la Humanidad. Si definimos al emprendedor como aquella persona que acomete con resolución una empresa dificultosa o azarosa, pocas tareas son tan hercúleas como las que lideraron Cristóbal Colón o Elcano con la ayuda de Magallanes.
Los economistas sitúan el antecedente de las primeras empresas multinacionales en las compañías de indias europeas pero también en la “empresa” de los Reyes Católicos y Colón que permitió atravesar el Océano Atlántico y crear “delegaciones” de España en numerosos territorios americanos, que se han mantenido cinco siglos después gracias al legado del idioma castellano. En el II informe sobre el estado del emprendimiento corporativo en España que en breve verá la luz, los investigadores de Deusto Business School situamos también el germen de las hoy muy codiciadas startups globales en las expediciones españolas del siglo XV. Solamente se explica, dice el estudio promovido por el Centro Internacional Santander Emprendimiento (CISE),  la aparición del emprendedor global por la globalización y el auge del emprendimiento, Las nuevas empresas globales nacen como tal también gracias a la disrupción de internet (los expertos lo sitúan en el año 1994 con el código abierto de la red de redes) que democratiza el acceso a la tecnología y permite la desaparición de las barreras de entrada en una gran mayoría de industrias y países del mundo. Los emprendedores globales se apoyan en las startups (empresas nacientes con alto componente tecnológico) que fundan para “seducir” en sectores tradicionales a los clientes a lo largo y ancho del mundo. Efectivamente se empieza a hablar de estas empresas a finales del siglo pasado pero el pinchazo de la burbuja de las puntocom -unos pocos años después- ralentiza el fenómeno por la desconfianza en su solvencia. Pero conforme avanza el siglo y comienzan a aparecer referentes de esta nueva tipología como UBER en Estados Unidos o Spotify en Europa, las startups globales se convierten en el objeto de deseo de las grandes corporaciones. Términos como born global o unicornios, se usan también también para referirse a estas empresas. Una empresa born global es aquella que nace con el objetivo de internacionalizarse, de convertirse en global desde su nacimiento y para ello se diseñan, es decir que nacen con un plan de negocio, una plantilla y una localización social que lo facilite. Un unicornio, inspirándose en el tan buscado animal mitológico, es una empresa muy poco común que consigue en los tres primeros años de vida una capitalización global superior a mil millones de dólares. Airbnb, Dropbox o la española Cabify en la industria del turismo, la tecnología o el trasporte respectivamente, son ejemplo de startups globales a la vez que unicornios. A la vista de lo anterior podemos concluir que las hazañas españolas de hace cinco siglos tenían mucho de unicornios y sin duda eran empresas globales. Juan Sebastián Elcano, Francisco Pizarro o Cristóbal Colon y Juan de Antonio, el fundador de Cabify, a pesar de que les separaron 500 años, no eran tan diferentes.
El reciente informe dirigido por el economista jefe de Arcano, “España. Nación Emprendedora” comienza explicando cómo el éxito de la nao Victoria, al ser el primer barco que dio la vuelta al mundo, es una buena práctica de innovación. Ignacio de la Torre argumenta que la hazaña de Elcano se basó en tres pilares que al día de hoy se mantienen para cualquier gran innovación. A saber, ecosistema de conocimiento, financiación abundante y recursos humanos emprendedores. Este mismo informe recuerda la frase del CEO de Intel cuando fue cuestionado por la rentabilidad de sus disruptivos planes. “¿Alguién se hubiera atrevido a preguntar a Cristobal Colón por la rentabilidad de descubrir América”. Pero 500 después, el ecosistema español tiene unas carencias que leyendo las recomendaciones de Arcano hay que trabajar intensamente no para volver a ser referentes sino simplemente para sobrevivir. Facilitar la inversión en startups con cambios regulatorios e incentivos fiscales; fomentar la unidad de mercado y las ayudas públicas a la I+D+i; adaptar el sistema educativo a la cuarta revolución industrial y acercar las Fuerzas Armadas al mundo educativo y empresarial, entre otras cuestiones.
Por ello, tampoco a nadie debe sorprenderle que en 2012 en el contexto de un ambicioso paquete de medidas de apoyo al emprendimiento en España, el gobierno promoviese una herramienta financiera para ayudar a las empresas nacientes con el nombre de la reina que financió las innovaciones españolas de su siglo de oro.  Desde entonces el Fondo Isabel La Católica proporciona capital a business angels y otros inversores no institucionales con el objetivo de financiar empresas innovadoras a través de coinversiones. El fondo está gestionado por el FEI -Fondo Europeo de Inversiones- y representa el capítulo español de una iniciativa paneuropea -el European Angels Fund- que tiene como propósito promocionar y apoyar la colaboración internacional entre los llamados ángeles inversores y los vehículos patrimoniales de ahorro e inversión (family offices) contribuyendo a que estos inversores no institucionales se conviertan en una verdadera alternativa de capital para emprendedores y empresas de carácter innovador. El Fondo Isabel La Católica, por tanto, trabaja conjuntamente con los business angels ampliando su capacidad inversora en España invirtiendo con ellos pero sin interferir en la toma de decisión ni en la gestión de las inversiones.
Estos días hemos conocido que el Presidente Sánchez con motivo de su discurso en la Asamblea de Naciones Unidas «ha hecho las Américas». Reunido con los más importantes fondos de inversión del planeta les manifestó las ventajas de invertir en nuestro país. Buena noticia si los pactos postelectorales no lo impiden. Hasta entonces quedémonos con algunos nuevos «descubridores españoles» que con sus startups están encadilando a inversores y grandes empresas. Gas2Move desde Madrid en el trasporte ecológico de última milla, los bilbainos de Ubikare en los servicios médicos a domicilio para el envejecimiento y los hispano-filipinos de Ringteacher con la enseñanza online de idiomas.

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

lunes, 30 de septiembre de 2019

El grito de Greta


(este artículo se publicó originalmente los días 28 y 29 de septiembre de 2019 en los diarios de Vocento asi como el Diario de Navarra)

«¿Cómo se atreven? Han robado mis sueños y mi niñez con sus palabras huecas» Esta ha sido la primera frase que han escuchado los 91 jefes de estado y presidentes de grandes empresas reunidos esta semana en Nueva York en la Cumbre de la ONU sobre cambio Climático. Greta Thumberg quizás la adolescente más famosa de nuestro planeta, convertida ya en el símbolo del activismo medioambiental, comenzó así su intervención.

Más que un discurso fue el grito de Greta, dos minutos de palabras como puños emitidos desde el débil cuerpo de una tímida niña sueca. Greta que ha estado acompañada por otros 12 adolescentes de varios países, terminó diciendo: "los ojos de las futuras generaciones están puestos en ustedes. Si optan por fallarnos, nunca se lo perdonaremos". Pero aún hay más, Iris, una chica francesa de 17 años amenazó a los asistentes con no ser testigo silencioso ni cómplice de la destrucción de su propio hogar y una estadounidense de apellido Villaseñor ha defendido el derecho de los adolescentes a manifestarse en las calles para quejarse de los políticos y directivos. Estos jóvenes activistas han acusado a los adultos, en su propia cara y en la capital económica del mundo, de no haber actuado para parar la emergencia climática.

Pero, qué ha pasado para que estos niños se atrevan a decir estas cosas ante la mayor concentración de poder adulto como es la reunión de presidentes de gobiernos y de grandes empresas en la sede Naciones Unidas. El secretario general de la ONU, António Guterres, que ha convocado esta cumbre e invitó personalmente a Greta,  aportó algunas claves en su discurso. Afirmó que la naturaleza está enfadada con la generación de los hoy adultos, los conocidos como baby boomer y generación x. La crisis climática, para Guterres, ha sido causada por los nacidos antes de los años 80 pero no hay soluciones para frenar el desastre desde esas cohortes de edad.

Greta y sus amigos pertenecen a la generación z; la primera en la historia que se ha educado y socializado con internet en sus casas y han recibido una educación ambiental que les ha enseñado a ahorrar agua o a reciclar y es algo que forma ya parte de su vida de una manera natural. Son de ocho millones de jóvenes en España y el 25% de la población mundial, es decir, 2.000 millones de personas que han forjado su personalidad con acceso libre a la red. Internet, irreverencia e inmediatez son palabras que definen a la generación Z y explican el modo en que estos jóvenes, la primera generación de nativos digitales, están removiendo los cimientos del consumo y el empleo, pero también de la política.

Los integrantes de esta generación nacidos entre 1994 -fecha consensuada por los informáticos como el inicio del internet moderno- y 2009 son autodidactas, creativos, sobreexpuestos a la información y emprendedores. Internet ha hecho que la unidad de medida del tiempo se haya acelerado de tal manera que lo que las generaciones anteriores aspirábamos a tener en un mes ellos lo tienen en un minuto. Música, amigos, compras, lecturas, viajes se consiguen ahora casi de forma inmediata.
La generación Z nos obliga también a cambiar el concepto de autoridad porque estos jóvenes son irreverentes y se lo cuestionan todo. Gracias a internet acceden de modo inmediato a un conocimiento casi infinito con el cual pueden comprobar si algo es falso o alguien está equivocado.

La sociedad debe ser muy ágil para retener su atención, ya que están acostumbrados a moverse de forma rápida entre dispositivos. Eso significa que las empresas y marcas que pretendan ganarse a estos jóvenes deben usar todos los canales a su alcance. La mejor forma, la más directa, es incorporarlos a la empresa. Pero el trabajador Z es irreverente y no duda en llevar la contraria a los jefes, como lo ha hecho con sus padres en casa, profesores en la universidad y hasta en Naciones Unidas con el mismísimo Donald Trump. Pero esa irreverencia también puede ser positiva, ya que es la base para innovar. La generación Z no solo está revolucionando estos días Nueva York sino muchas industrias, innovando con sus startups, saltándose anticuadas barreras de entrada. Estos emprendedores ponen en apuros a las empresas de toda la vida, consiguiendo modernizar mercados obsoletos y dar mejores y más baratos servicios a los consumidores.

Para las generaciones anteriores, el fin justificaba los medios: jefes insoportables, largas jornadas de trabajo o empresas con “cero” conciencia social. Ahora ya no, para los jóvenes Z los valores sociales y medioambientales importan mucho a la hora de decidir trabajar en una empresa o comprar un producto. De hecho, ya no solo las empresas investigan los currículos de los candidatos, sino que éstos escudriñan la reputación de sus posibles empleadores.

En Estados Unidos se ha visto claramente estos días cómo ha saltado por los aires el mito de la indiferencia juvenil ante las instituciones. Lo que sucede es que quieren otra forma de ostentar el poder. Por eso participan ya activamente en muchos círculos decisorios no gubernamentales y en partidos políticos. En las gradas de la sede de Naciones Unidas todavía resuenan los ecos de las duras palabras de la minúscula figura de Greta, engrandecida con el apoyo de millones de adultos como el Papa Francisco y muchísimos dirigentes políticos y empresariales. Ojalá sirva para algo.

Iñaki Ortega, director de Deusto Business School y Nieves Rey, directora de comunicación de Ecoembes


lunes, 23 de septiembre de 2019

¿Quién es Greta?



(este artículo se publicó originalmente en el diario 20 minutos el día 23 de septiembre de 2019)

No exagero si te digo que hoy en el mundo existen solamente dos clases de personas, las que adoran a Greta y las que la odian. Para muchos una superheroína que salvará a nuestro planeta y para otros simplemente un producto de marketing, un juguete al servicio de los lobbys. Una valiente niña que se ha enfrentado al poder establecido por una buena causa o bien una bandera facilona que levantar para lavar conciencias de acomodados ciudadanos del primer mundo.

Si no tienes ni idea de qué estoy hablando y el nombre de Greta te suena a chino me temo que contigo aparece un tercer grupo de personas en el mundo, los que no ven la televisión, ni la prensa, ni las redes sociales. Supongo que te habrás despistado esta temporada y quiero pensar que por ello se te ha escapado el fenómeno mundial de Greta así que te voy a recordar quién es esta chica. Greta Thumberg saltó a la fama hace algo más de un año en Suecia, poco antes de las elecciones de ese país, Greta con 15 años, dejó de ir al colegio y se puso en huelga para que los políticos suecos, en campaña electoral en ese momento, hiciesen algo más para luchar contra el cambio climático. La imagen de una débil niña con una pancarta para frenar el calentamiento global se hizo icónica y pasadas las elecciones decidió seguir todos los viernes con su protesta a la que se unieron cientos de niños en su país pero también en el resto de Europa. Así nació, este pasado otono, el movimiento FFF (fridays for futuro) que se extendió como una mancha de aceite por todo el mundo convirtiendo a Greta en la niña más famosa del planeta en este momento. Asistió a la cumbre de Davos, ocupó la tribuna de oradores en el Congreso de Estados Unidos y en la Asamblea de la ONU. Se ha reunido con Barack Obama y con el presidente Macron. Hasta está nominada para el premio Nobel de la paz. Estos días ha convocado una gran huelga mundial por el clima, verás las imágenes de sus movilizaciones a lo largo y ancho del mundo. Todos nos preguntamos cómo es posible si sólo tiene 16 años y además es una niña que padece el síndrome de asperger, una especie de autismo.

Un compañero profesor que viaja habitualmente a Noruega me ha contado que el fenómeno ya ha superado a Greta y muchos nórdicos han dejado de viajar en avión por turismo. Un reciente estudio ha puesto de manifiesto que el 5% de las emisiones de CO2 tiene por origen los combustibles fósiles quemados por los vuelos comerciales; este año en Suecia por primera vez en la historia han bajado los viajeros de las compañías aéreas. La canciller Angela Merkel, esta misma semana ha aprobado un ambiciosos plan para reducir hasta en un 55% las emisiones de CO2; Alemania dedicará 54.000 millones de euros para acelerar la transición hacia una economía más sostenible. La influencia de Greta se deja sentir. Unos dicen que detrás de ella solamente hay grupos de interés para desestabilizar Occidente porque mientras tanto China sigue aprovechándose en términos de competitividad de saltarse todos los compromisos en este campo; otros que las criticas a la niña vienen bien financiadas por la industria del petróleo. 

En cualquier caso ahora que ya sabes quién es Greta puedes elegir en qué grupo quieres situarte. Yo ya lo he decidido.

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

viernes, 13 de septiembre de 2019

Historias (tristes) de verano

(este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 minutos el día 9 de septiembre de 2019)

Quizás este verano se te pasó leer las crónicas del aniversario de la matanza de la isla de Utoya. En julio de 2011 Anders Breivik asesinó a más de 70 personas en Noruega para dar a conocer al mundo su manifiesto en contra del feminismo, el Islam y por un nacionalismo europeo. Primero puso un bomba cerca de la oficina del primer ministro en Oslo que mató a 8 personas y tras sembrar el pánico en la capital, se desplazó a la cercana isla de Utoya donde todos los años se celebraba un campamento de las juventudes socialistas. Haciendose pasar por un policía congregó a todos los campistas para informales de un supuesto protocolo tras el atentado de Oslo, en ese momento y durante una hora, abrió fuego contra la multitud con un numeroso arsenal que llevaba encima. 69 chicos murieron. 

Quizás este verano la noticia pasó desapercibida para ti porque estabas siguiendo las andanzas de la niña sueca Greta Thunberg reclamando más actuaciones para frenar el cambio climático. Quizás las informaciones sobre el culebrón del verano respecto a las denuncias de acoso a Plácido Domingo te lo impidieron o te enganchaste a las negociaciones del PSOE y Unidas Podemos con la esperanza de terminar el verano con un gobierno estable para Pedro Sánchez. Quizás en estos meses de estío no prestas atención a las noticias pero hay algo que sí deberías saber y es el lugar donde más tiempo han pasado este verano mucha gente cercana a ti. Me refiero a tus hijos, sobrinos o primos.

Ese lugar es una isla muy parecida a la de Utoya, en la que también hay muchos niños y jóvenes que viajan en autobuses escolares  como los que murieron ese día en Noruega y lo que es peor, hay un Breivik que no para de disparar con todo tipo de armas a su disposición. Ese sitio es Fortnite. El videojuego de moda en todo el mundo que ha enganchado a una gran mayoría de chavales de menos de 30 años. Quizás no te has dado cuenta hasta ahora de las similitudes y quizás tampoco recuerdas que este mismo año en Nueva Zelanda un adolescente enganchado a Fortnite y admirador de Breivik y su fanatismo, causó una masacre matando a más de 50 personas en dos mezquitas. Él mismo reconoció que aprendió a disparar gracias al videojuego. Quizás ahora, sabiendo todo esto, puedas hacer algo más que dar un like a modo de solidaridad cuando llegue, que llegará, el siguiente atentado juvenil.


Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

sábado, 31 de agosto de 2019

Todo es mentira en el G7

(este artículo se publicó originalmente el 31 de agosto de 2019 en La Información en la columna #serendipias)

He tenido la suerte este verano de estar muy cerca de Biarritz antes, durante y después de la cumbre del G7. Desde el balcón todos las noches veía el faro de la ciudad elegida por Macron para su estreno como anfitrión del grupo de los países más poderosos de Occidente. En cada resplandor del faro de Biarritz, pensando en la cumbre, me venía a la cabeza una película española de los años 90 titulada «Todo es Mentira». El protagonista de la cinta, el cantante Coque Maya, se da cuenta que todo a su alrededor es una farsa y nada es como aparenta ser. 

En la primera quincena de agosto, días antes del inicio del G7, en el País Vasco  y en sur de Francia, sólo se hablaba de dónde aterrizaría el presidente Donald Trump. Los aeropuertos franceses fueron descartados así como los de San Sebastián y Bilbao por carecer de pistas de aterrizaje suficientemente largas para el tamaño del Air Force One. El aeródromo de Vitoria-Gasteiz que cumplía las características sería el elegido. Mentira. Trump finalmente aterrizó en Biarritz. 

Unos días antes de la llegada del presidente americano los rumores se aceleraron y no pocos recibimos fotos de montajes del portaaviones JFK patrullando en la ría del Bidasoa. Mentira. Trump viajó con un discreto operativo de seguridad que se redujo a un helicóptero Marine One.

Por supuesto los veraneantes de la zona asumimos que esos días, del 16 al 26 de agosto nos avisaron las autoridades, no podríamos disfrutar de las playas de la zona. Mentira. No dejamos de pasear y bañarnos con total normalidad y además el tiempo acompañó (lo cual es mucho más milagroso). 

El tráfico en la frontera de España y Francia sería un infierno conforme a todas las previsiones. Estrictos controles aduaneros volverían décadas después de la entrada de nuestra pais en la UE. Mentira. La circulación fue fluida por mar, tierra y aire. Menos colapso que cualquier operación retorno de final de vacaciones.

Pero si revisamos las crónicas de los días previos a la cumbre veremos que Trump, al parecer. tenía la intención de sabotear cualquier acuerdo de libre comercio, en especial para perjudicar a Francia y Europa. Mentira. Trump acordó con Macron pero también con el japonés Abe y el nuevo Premier británico acuerdos para mejorar el intercambio de bienes y servicios. La imagen de la primera dama americana visitando una bodega francesa es sintomática.

La prensa de esos semanas también nos informó de que el presidente español Pedro Sánchez jugaría un papel importante en el G7 por ser aliado y amigo de Emmanuel Macron. Mentira. Su presencia se redujo a asistir a una cena protocolaria junto a invitados del nivel del presidente de Australia o Sudáfrica. 

Más noticias. La contracumbre alojada en las localidades cercanas de Bayona e Irun se movilizaría a favor de un mundo más justo con expertos de todo el mundo. Mentira. La imagen de unos encapuchados tirando piedras y de una manifestación en la que compartieron pancarta el último dirigente de ETA, David Pla, y diputados de Podemos y Bildu nos abrió los ojos sobre porqué Macron no está muy contento con Pedro Sánchez y los aliados que le llevaron a La Moncloa.

El G7 agonizaría en Biarritz por los ataques de Trump a pesar de los loables intentos de Macron. Otro titular. Mentira. Trump mantuvo una intensa agenda bilateral con destacados acuerdos y hasta asumió con deportividad la jugarreta francesa de meter por la puerta de atrás a Irán en la cumbre. Incluso Estados Unidos asumió el gesto también hacia la galería (francesa) de crear un fondo económico para frenar los incendios en el Amazonas. Con lo fácil que hubiese sido para Trump defender a su amigo Bolsonaro recordando que no muy lejos de Biarritz, en España y Portugal, sufren incendios todos los veranos igualmente de destructivos sin que se aborde el asunto en el orden del día en ninguna cumbre.

El G7 mostraría la mejor imagen de Francia al mundo en el lugar donde se inventó el veraneo. Mentira. Biarritz nace como destino turístico gracias a España y a la tradición de la realeza española y de su corte de veranear en el Norte de España (San Sebastián, Santander y Lekeitio). Esto llevó a que Eugenia de Montijo casada con Napoleón III imitase esa costumbre en la localidad costera francesa. Pocos han reparado en que las primera damas del G7 fuesen agasajadas con productos tan españoles como la sangría y alpargatas como si de inventos franceses se tratasen.  Como nadie ha comentado tampoco que desde el Hotel Du Palais donde se celebró la cumbre se puede ver en la plaza de Clemenceau una enorme bandera española, al lado de  una francesa y una ikurriña. Qué pena que Sánchez no cruzase ni una palabra con Trump porque de haberlo hecho le podría haber preguntado el mandatario americano a nuestro presidente por qué en Biarritz o en San Juan de Luz siendo Francia se ven banderas españolas y en cambio en Fuenterrabia o en Zarauz es imposible. Todo mentira, como en la película.

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR