miércoles, 14 de abril de 2021

Del edadismo a los territorios amables

(este artículo se publicó originalmente en el diario ABC el día 14 de abril de 2021)


El coronavirus no solo está afectando a la salud, especialmente de los mayores, sino que ha hecho aflorar un latente edadismo en la sociedad y en el sistema sociosanitario que ha lesionado los derechos de las personas mayores, incluso con un tratamiento poco digno en ocasiones. Aunque el concepto de edadismo fue acuñado por Robert Buttler en 1969 para definir la discriminación contra las personas de más edad, han tenido que pasar más de cincuenta años para verlo en su máxima expresión.

Esta actitud se tradujo en los peores momentos de la pandemia, en triaje en hospitales, cierre de servicios esenciales para la salud de los mayores, mala gestión del final de la vida, infravaloración del impacto de las medidas de aislamiento en la salud emocional, no aplicación de la desescalada en las residencias,  ausencia de participación de este colectivo en la toma de decisiones, alarmismo en los medios de comunicación y en general un desequilibrio entre seguridad y derechos de los mayores.

La vejez no fue tratada como un grupo de población de alto riesgo durante la pandemia. Por encontrar alguna explicación a este hecho puede ser que esta cohorte etaria cuenta aún hoy con escasa percepción de valor social, siempre rodeada de estereotipos negativos, sin voz y en ocasiones relegada en el acceso a recursos esenciales como es la atención hospitalaria. Se observó también en los peores momentos de la alarma sanitaria la necesidad de mejorar la gestión de la información que transmiten los medios de comunicación y los propios profesionales sanitarios y sociales, a través de mensajes claros, evitando culpabilizar a los diferentes grupos de edad en relación con su capacidad de contagio. Luchar contra la discriminación y estereotipos por razón de edad sigue siendo una tarea de máxima relevancia si queremos avanzar hacia una sociedad justa.

Este edadismo que ha constatado un reciente informe promovido por la división de protección social y salud del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), está siendo avalado por numerosos expertos en todo el mundo. El investigador del BID Marco Stampini ha recomendado para luchar con esta discriminación una serie de medidas entre las que se incluye “mejorar los ambientes urbanos, la accesibilidad, la movilidad y la vivienda para aumentar la autonomía de las personas mayores”. Este consejo apunta a fomentar la “amigabilidad” en los territorios para integrar a las personas mayores en la vida social y comunitaria. El movimiento Age Friendly Cities and Communities, promovido desde la Organización Mundial de la Salud (OMS), que actualmente aglutina a más de mil ciudades de todo el mundo, es una excelente herramienta de cohesión social en relación con la edad y también a las situaciones de dependencia. Por desgracia este enfoque ha sido obviado en los clásicos mensajes del envejecimiento saludable, donde solo la alimentación y el ejercicio físico parecía que importaban en detrimento de un reconocimiento de la igualdad de responsabilidades y derechos a la participación en la vida social, política y comunitaria. Ciudades amables con las personas mayores son aquellas que no buscan un miope envejecimiento activo sino una promoción de ciudadanía activa, entendida como un eclecticismo de actividades participativas que incluye la participación política y la acción comunitaria y voluntaria. De modo y manera que territorios amables con los mayores son aquellos que buscan que las personas que envejecen lo hagan integradas en su entorno, jubiladas o no, que mantienen una vida cotidiana activa, asumiendo compromisos y responsabilidades e incorporando conductas saludables.

Por suerte en España esta búsqueda de “la amabilidad” tiene diversas administraciones públicas que han comenzado a darle respuesta. Desde el Centro de Investigación Ageingnomics con la ayuda de Deusto Business School hemos seleccionado tres instituciones que pueden servir de ejemplo por sus políticas de amabilidad con las personas mayores frente al edadismo pandémico. La ciudad de Zaragoza, la Junta de Castilla y León y el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. La capital de Aragón fue la primera ciudad española en sumarse a la iniciativa de la OMS de una Red Mundial de Comunidades y Ciudades Amigables. Además, está implementado un plan de inversiones para mejorar la vida urbana de los mayores, así como una modificación de la ordenanza de accesibilidad que permita que muchos mayores sigan viviendo en la ciudad. Por su parte la Junta de Castilla y León, la comunidad autónoma más extensa y con menos densidad de población del país y también una de las regiones europeas con un número más alto de mayores de 65 años, está aplicando un discurso que huye del paternalismo en beneficio de un trato para la vejez como ciudadanos de pleno derecho y con criterio. Destacan sus actuaciones, como la teleasistencia universal y gratuita, que permitirán que una gran mayoría de mayores puedan permanecer en sus hogares, tal y como es su deseo y recomiendan cada vez más expertos geriatras. Por último, este mes de marzo hemos recibido la buena noticia desde el Gobierno de España de un Plan de medidas ante el Reto Demográfico que contempla una inversión superior a los 10.000 millones y que está destinado a combatir la despoblación y garantizar la cohesión económica y social de millones de adultos mayores que no solo necesitan atención sanitaria, sino también cultura, ocio, movilidad, vivienda y tecnología.

España está en disposición de liderar una estrategia mundial para que el alargamiento de la vida suponga una oportunidad económica a través de nuevos productos y servicios para los mayores. Tenemos la mayor esperanza de vida del mundo junto a Japón; una cultura de apertura gracias al turismo y un espíritu emprendedor que hemos demostrado a lo largo de nuestra historia. Solo nos falta acabar con la discriminación absurda de la vejez (edadismo) usando territorios que apuesten por “políticas amables”, usando la terminología de la OMS, en atraer y retener a las personas mayores.

 

Clara Bazán e Iñaki Ortega. Centro de Investigación Ageingnomics de la Fundación MAPFRE.


jueves, 8 de abril de 2021

Territorios para la economía sénior

(este artículo se publicó originalmente el día 7 de abril de 2021 en el periódico El Heraldo de Aragón)

 

Hace un año la comunidad autónoma española de Aragón parecía el peor lugar de España para vivir si eras una persona mayor. Coincidiendo con la primera ola del coronavirus, los datos de residentes fallecidos a causa de la pandemia situaron a este territorio a la cabeza de las estadísticas. Cientos de miles de familias sufrieron, no solo el temor a morir por el virus, sino la angustia de pensar que vivir en Aragón era un demérito.

Hace un año también, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), encargó a un grupo multidisciplinar de investigadores entre los que me encuentro, un informe para analizar cómo evitar situaciones similares en los cuidados a las personas mayores. El informe que acaba de ver la luz fue promovido por la división de protección social y salud de este banco de desarrollo. Tras analizar una ingente cantidad de información sus conclusiones permiten tranquilizar a los aragoneses con familiares en las residencias. No obstante, deja claro que la cohorte de edad que más ha padecido el Covid-19 en términos de mortalidad ha sido la de los adultos mayores. Además, una gran mayoría de los fallecidos de esa edad, aquí pero también a lo largo y ancho del mundo, vivían en contextos institucionales. El impacto de la pandemia ha puesto de manifiesto, a su vez, una preocupante discriminación (edadismo) en la gestión de la alarma sanitaria y una fragilidad de los sistemas de cuidados. Además, se han identificado los principales elementos a mejorar en la gestión de este tipo de crisis, así como una serie de buenas prácticas en cuatro áreas: servicios residenciales, recursos humanos, apoyo emocional y actuaciones en el ámbito comunitario y cooperativo. Por último, se han sistematizado recomendaciones para avanzar hacia un sistema de cuidados centrado en la persona.

Entre estas últimas hay una en la que la capital de Aragón, Zaragoza, se sitúa a la cabeza de España y que conviene que se conozca. A saber, el informe del organismo internacional habla de “mejorar los ambientes urbanos, la accesibilidad, la movilidad y la vivienda para aumentar la autonomía de las personas mayores”. Este consejo apunta a fomentar la “amigabilidad” en los municipios para integrar a las personas mayores en la vida social y comunitaria. El movimiento Age Friendly Cities and Communities, promovido desde la Organización Mundial de la Salud, que actualmente aglutina a más de 1.000 ciudades de todo el mundo, es una excelente herramienta de cohesión social en relación con la edad y la dependencia, que durante demasiado tiempo han estado al margen de los mensajes de promoción del envejecimiento saludable.

Aunque no se sepa suficientemente, Zaragoza fue pionera en España a la hora de intregrarse en esa red internacional y lo que es más importante en comprometerse con actuaciones concretas para ser amigable con los mayores. Hace unas semanas así lo reconoció el Centro de Investigación Ageingnomics que seleccionó a Zaragoza como el municipio español de referencia en sus políticas para con los adultos mayores. En esta decisión, avalada por Deusto Business School y la Fundación MAPFRE se tuvieron en cuenta algunas actuaciones que el alcalde Jorge Azcón ha promovido en su mandato. En primer lugar, inversiones para la rehabilitación urbana pensando en la diversidad generacional que incluyen mejoras en los barrios y ayudas para rehabilitar viviendas que harán posible el anhelo de los mayores, creciente tras la pandemia, de seguir viviendo en sus casas. En segundo lugar, la adaptación de la ordenanza de accesibilidad como herramienta para que las personas mayores puedan desplazarse con mayor autonomía y seguridad. Aceras más anchas, mejor transporte público, más zonas de sombra, pero también menos trabas para que la dependencia –a la que todos llegaremos- para no renunciar a vivir en tu ciudad. Por último, cada vez más estudios demuestran que el distanciamiento físico necesario para reducir el contagio en la pandemia se convirtió en distanciamiento social y consecuentemente en soledad para muchas personas mayores, con graves efectos en la salud mental y el deterioro cognitivo. Esa soledad no deseada dificulta que dispongan de un ocio activo y que puedan participar en iniciativas colaborativas, como es el voluntariado. El alcalde anunció en su conferencia que se van a promover prestaciones mayores con programas como la extensión del servicio de comedor y las actividades de ocio activo para los usuarios de los centros de mayores.

Zaragoza y Aragón despiertan de la pesadilla de la pandemia con un reto en el horizonte. Los servicios para las personas mayores son una fuente ingente de generación de empleo y una oportunidad económica para los territorios que tomen las decisiones adecuadas desde el ámbito público y privado. Todas las previsiones indican que el número de adultos mayores aumentará considerablemente en los próximos años y con ello se multiplicarán necesidades inéditas que han de obtener respuestas con nuevos bienes y servicios, en el ámbito de la conocida como la economía sénior


Iñaki Ortega es profesor de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR). Ha dirigido el informe “Fragilidad de las instituciones de cuidado a la vejez ante el Covid 19” promovido por el BID.


lunes, 5 de abril de 2021

Atascado

(este artículo se publicó originalmente en el diario 20 Minutos el día 5 de abril de 2021)


La imagen del enorme barco encallado en el canal de Suez ha dado la vuelta al mundo. Durante una semana la ruta que une Oriente con Occidente ha estado bloqueada, dejando a 400 cargueros sin cruzar el canal. El mega buque Evergreen trasladaba más de 20.000 contenedores de China a Europa y quedó varado en las arenas del canal por una fuerte ráfaga de viento. A pesar de su tecnología punta, una simple tormenta ha provocado decenas millones de dólares de pérdidas cada día de colapso, a causa de la paralización de la cadena de suministro de las empresas multinacionales.

Ahora te pido que reflexiones si no te has sentido alguna vez como ese carguero. Atascado. Sin poder avanzar ni retroceder. Hundido. En un problema que no te deja reaccionar. Bloqueado. Porque no puedes o no sabes salir de una situación que te deja sin capacidad de reacción. Superado. Por el peso de una persona tóxica o unos jefes ausentes. Encallado. Sabiendo que cada semana que pasas sin poder salir, estás perdiendo tú y los tuyos. Atorado. Porque te has empeñado en salvar un empleo o una relación que no lo merecía.

La vida, como a los barcos, nos lleva a navegar con el viento a favor y por aguas placenteras. Pero en ocasiones, los vientos rolan y la corriente te arrastra. El barco Evergreen estaba diseñado para todo ello, pero aun así encalló. En lo laboral pero también en lo personal, nos preparamos durante años para no fallar. Incluso sin cometer error alguno, en ocasiones factores exógenos, como la tormenta de arena de marzo en Suez, te dejan varado. Es literalmente imposible gestionar todas las eventualidades, por eso es mejor centrarte en tener un buen desempeño, no dejar de capacitarte y hacer el bien a tu alrededor porque eso te protegerá para cuando vengan malas.

En una larga carrera laboral, como las que viviremos los nacidos después de 1970, habrá tiempo para fracasos, pero también para éxitos; para velocidad de crucero de la mano de buenas empresas y naufragios promovidos por decisiones miopes. Steve Jobs al agradecer el doctorado honoris causa por la Universidad de Stanford, resumió su exitosa carrera en la frase “conectar los puntos”. Para el fundador de Apple en una vida hay sucesos que te marcan para bien o para mal que no lo sabes cuando te suceden. Solamente cuando pasan unos años y miras para atrás, te das cuenta de que todo cobra sentido y tu realidad es la que es gracias a esos sucesos pasados.

Ahora, cuando encalles en el futuro, que lo harás, recuerda cómo ha sido liberado el buque del canal egipcio. Primero eliminando el exceso de peso de la cubierta que le impedía maniobrar con agilidad, segundo con la ayuda de muchos pequeños remolcadores que lograron enderezar el rumbo y tercero gracias a sus propios medios ya que la tripulación y el propio buque disponían de la mejor preparación.

Iñaki Ortega es doctor en economía y profesor de la Universidad Internacional de La Rioja-UNIR-


miércoles, 24 de marzo de 2021

Pandenomics

(este artículo se publicó originalmente en el periódico La Información el día 23 de marzo de 2021)

El cambio del milenio trajo la vana ilusión de conseguir alinear empresa y sociedad. En la agenda, súbitamente, en 1999, apareció la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) y los objetivos del milenio (ODM) de Naciones Unidas. También, ese año, nació el índice Dow Jones Sustainability y Global Compact, el pacto mundial por la sostenibilidad. Michael Porter comienza entonces a formular desde lo que llamó filantropía corporativa, su teoría del valor compartido. Básicamente el profesor de la Universidad de Harvard defendía alinear el éxito de la empresa con el éxito de la comunidad en la que se opera, para ello hay que retribuir a la sociedad con parte de los beneficios de la compañía. La realidad es más tozuda y este intento de socializar el capitalismo se quedó en estético y la RSC en una cortina de humo. La brecha entre empresa y sociedad lejos de reducirse se agrandó. No es fácil. Son muchos siglos en los que la economía y el humanismo han sido dos ríos que nunca llegaban a juntarse.

La economía, desde que existe como tal, defiende la existencia de ventajas competitivas. Adam Smith en el siglo XVIII matizó en su libro “La Riqueza de las Naciones” esa ventaja por la existencia de una mano invisible (el mercado) que llevaba al bien común. En el siglo XX, para Schumpèter, esa ventaja reside en la fuerza creativa de los emprendedores y para Keynes es el Estado en que garantiza que el ventajismo no genere desigualdad. Pero Milton Friedman en 1970 acuña su célebre frase que aún permanece en la mente de muchos directivos, “la única responsabilidad social de los empresarios es incrementar sus ganancias”. Aunque en 1993 el nobel Douglas North postuló la importancia de las instituciones, entre ellas las empresas, para evitar las injusticias económicas, la corriente de la escuela de Chicago de Friedman siguió ganando adeptos en las corporaciones durante todo el siglo XX. 

Ya desde Aristóteles, la filosofía ha reflexionado sobre el humanismo. Tomás de Aquino postulando por la dignidad del ser humano; Rousseau con su “contrato social “que inspiró la Revolución Francesa frente al absolutismo o la defensa de las libertades civiles en el nacimiento de los Estados Unidos de América frente al dogmatismo de la metrópoli, permitieron el surgimiento en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 1948 de Declaración Universal de los Derechos Humanos. Pero por más que en 1999 se intentó seguir esa línea con los objetivos de desarrollo del milenio y en 2015 los ODS (objetivos de desarrollo sostenible), todavía la economía y la sociedad seguían caminos diferentes.

Pasaron los años y el tercer milenio avanzó inexorablemente hasta la crisis del 2008 que agrandó la brecha entre la empresa y la gente. El mejor caldo de cultivo para un populismo que comenzó a hacerse notar en el mundo y también en nuestro país. El Brexit, la era Trump o el auge de los movimientos antisistema como los chalecos amarillos en Francia o el 15-M en España alertó a muchos directivos a retomar una agenda del cambio. De modo y manera que en 2019 la patronal American Business Round Table pide redefinir las reglas del capitalismo; el periódico Financial Times exige al mismo tiempo reinventar el capitalismo y en el foro de Davos de ese año solo se habla de un nuevo capitalismo del propósito. Los acontecimientos se precipitan y el primer ejecutivo del mayor fondo de inversión del mundo, BlackRock, amenaza con dejar de invertir en empresas que no sean sociales y en España se traspone la directiva comunitaria que exige, por ley, dar información sobre la labor social de las empresas (ley 11/18 de información no financiera y diversidad). Nace el acrónimo ESG (sostenibilidad en materia medio ambiental, social y de gobierno corporativo) como mantra que han de seguir las empresas que quieran sobrevivir en la nueva economía. Hasta la CNMV en la modificación de su código de buen gobierno en 2020 decide sustituir la RSC por la sostenibilidad de la ESG. 

Y de repente la pandemia. La economía de la pandemia o pandenomics ha venido para quedarse. En Argentina el catedrático Javier Milei idéntica pandenomics con mega recesión, inflación y crisis global. En España, la economista jefe de Singular Bank, Alicia Coronil usa pandenomics como sinónimo de inestabilidad ante el auge de China y la desaparición de Abe en Japón y Merkel en Alemania. Yo prefiero una visión más optimista. La economía de la pandemia permitirá el milagro de que los dos ríos condenados a no juntarse nunca -la economía y la sociedad- finalmente lo hagan. La emergencia sanitaria logró que en la fábrica de SEAT de Martorell los motores de los parabrisas se convirtieran en respiradores. El confinamiento permitió comprobar lo sencillo que era tener ciudades con el aire respirable, si conducimos menos. Los fondos públicos bien usados, como en España con los ERTEs y los ICOs salvan a empresas que así mantienen los empleos. Los tenedores de grandes locales comerciales rebajaron los alquileres a los comercios sin actividad. Al mismo tiempo, sin trabas públicas ni organizativas, pudo diseñarse en tiempo récord una vacuna que salva millones de vidas todos los días. Se concilió vida profesional y laboral, con los niños y padres en videoconferencias. Nadie se quedó sin luz o conexión telefónica y de datos. 

Pero lo mejor está por llegar en pandenomics. Europa con el plan de su presidenta Úrsula Von der Leyen, Green New Deal o pacto verde, para hacer que Europa sea climáticamente neutral en 2050. O los fondos Next Generation que ayudarán a que empresas de la mano de la administración modernicen nuestra economía. El capital privado de todo el mundo movilizado para invertir en tecnologías que frenen el cibercrimen, mejoren la salud global o eliminen la huella de carbono. Tecnológicas y startups con nuevos marcos amistosos promovidos por los gobiernos, conseguirán una economía competitiva que genere empleo de calidad y no deje a nadie atrás. Llámenme iluso. Pero la economía de la pandemia puede obrar el milagro. El dolor de este año nos ha hecho descubrir que solo desde la unión de lo público y lo privado, lo económico y los social, se conseguirá vencer al coronavirus pero sobre todo construir un mundo mejor.

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

lunes, 22 de marzo de 2021

Hasta aquí hemos llegado

(Este artículo se publicó originalmente el día 22 de marzo de 2021 en el diario 20 Minutos)


La noticia saltó a la opinión pública esta semana. Un grupo de jóvenes analistas del banco americano Goldman Sachs había demandado a su empleador por largas jornadas laborales de hasta 95 horas semanales.  Todos los días, incluidos viernes y domingos salían de la oficina más allá de la media noche. Históricamente los jóvenes más brillantes tras estudiar en las mejores universidades comienzan su carrera profesional en este tipo de entidades: grandes consultoras o banca privada. Era y sigue siendo el primer escalón hacia el éxito, pero a cambio -como si vendieran su alma al diablo- tienen que soportar dos o tres años de jornadas interminables, presión salvaje por los resultados y niveles de desempeño más que exigentes. Bajo la supervisión de profesionales del sector “dopados” por estratosféricas nóminas que se multiplican en función de los éxitos anuales, aprenden que la mera presencialidad y la total disponibilidad es tan importante como su capacitación. Tres generaciones llevan soportando esta presión sin aparentes quejas, de hecho, pasan los años y los directivos que en su día fueron analistas de primer año explotados, acaban por reproducir esos mismos hábitos.

De vez en cuando aparece un renglón torcido, nos escandalizamos, pero pronto se olvida y todo vuelve a ser igual. En 2013, en Londres, un becario de Bank of America con 21 años perdió la vida tras trabajar 72 horas sin descanso. Clientes exigentes, directivos implacables, jóvenes hipermotivados e incentivo económico desorbitados han persistido hasta nuestros días. Este modelo de negocio enfermizo no se ha debilitado por la covid19 sino al contrario, ya que las peores perspectivas para el empleo juvenil han cebado la competencia entre los recién egresados por llegar a estas posiciones.

Pero detrás de esos jóvenes de Nueva York que han documentado las enfermizas prácticas laborales de la banca de inversión, no solo está su valentía sino una irreverencia que caracteriza a la generación nacida a partir de 1994. La conocida como generación z (porque son el grupo etario posterior a los millennials o generación y), son la primera generación en la historia que se ha educado y socializado con internet en sus casas. Algo más de ocho millones de jóvenes en España y 2.000 millones de personas en el mundo que han forjado su personalidad con acceso libre de modo inmediato a un conocimiento casi infinito.  Precisamente por eso los z son irreverentes por naturaleza y se lo cuestionan todo. El mayor reto que tienen las empresas y las universidades es saber escucharlos. Un directivo no los escuchó y hoy gracias a twitter pero también a Financial Times, este banco de inversión tiene un problema. “Hasta aquí hemos llegado” han gritado esos brillantes jóvenes desde sus oficinas en Manhattan.

Pero esto no ha hecho más que empezar y como ha recordado el filósofo coreano Byung-Chul Han en el teletrabajo y “zoom” está una de las más potentes explotaciones contemporáneas. Esa es la siguiente batalla de los z. Al tiempo.

 

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

viernes, 19 de marzo de 2021

¿Los seniors emprenden por necesidad o por oportunidad?


El principal estudio de medición del fenómeno emprendedor, el GEM (Global Entrepreneurship Monitor) distingue entre el emprendimiento de oportunidad y el de necesidad. El primero es aquel que se realiza para cubrir una situación perentoria, generalmente la necesidad de entrada de nuevos ingresos de manera rápida; frente al emprendimiento por oportunidad que busca capitalizar una idea innovadora en el mercado. Los territorios más dinámicos del mundo acumulan emprendimientos del segundo tipo con altos impactos en el empleo y la riqueza patria. 

Para España el aumento de la esperanza de vida ofrece una ventana de oportunidad única para convertir la nueva longevidad en empleo y actividad económica en sectores como la salud y el turismo, las finanzas, el urbanismo, la educación o la vivienda. Pero, además hay otra buena noticia, la tecnología y los nuevos empleos permiten alargar las carreras profesionales. Tímidamente ya se están dando pasos para que la oferta de bienes y servicios para los mayores se sofistique y los seniors son los que mejor conocen las necesidades de su grupo etario. Miles de negocios se crean todos los años por emprendedores mayores de 55 años que son conscientes del gran mercado que se ha abierto. Emprendimiento de oportunidad. 

Pero no sucede lo mismo con la demanda de trabajadores seniors. El mercado laboral, por desgracia, prácticamente se ha cerrado para los que superan los cincuenta años y las empresas han emprendido una triste carrera por anticipar la jubilación con lo ello supone de pérdida de talento. Solamente dos de cada 10 seniors trabajando, más de medio millón de desempleados en España que superar los 55 años y la mitad de ellos lleva más de un año buscando trabajo. Por ello, el trabajo por cuenta propia se ha convertido -para una gran mayoría de adultos mayores- en la única opción para que el talento sénior pueda seguir aportando a la economía. Emprendimiento de necesidad. 

Al mismo tiempo hay que decir alto y claro que el número de mayores que trabajan por cuenta propia en el mundo supera al de los jóvenes de entre 18 y 29 años, conforme a los datos del Informe Especial GEM sobre emprendimiento sénior. En Estados Unidos de América, las personas entre 55 y 65 están ahora un 65 por ciento más dispuestas a iniciar compañías que los de 20-34, según la Fundación Kauffman. En el Reino Unido, el 40 por ciento de los nuevos fundadores de empresas tienen más de 50 años, y casi el 60 por ciento de los mayores de 70 que aún trabajan, están autoempleados. España, con los datos de 2020, confirma que los seniors son la cohorte de edad que más creció en el régimen de autónomos. A su vez cada vez son más las investigaciones académicas que demuestran que la productividad no se pierde con la edad y con la disrupción tecnológica. Acemoğlu y Restrepo defendieron en 2018 una relación positiva entre implantación de la robótica y trabajadores longevos. En 2019 investigadores del MIT consiguieron demostrar que la edad de los fundadores de las empresas de más alto crecimiento en USA está más cerca de los 55 que de los 25 años. 

Por todo lo anterior no es casual que uno de los primeros trabajos del Centro de Investigación Ageingnomics sea un manual para fomentar el emprendimiento senior. La guía, elaborada por un equipo de docentes de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) busca movilizar el talento de las personas mayores a través del trabajo por cuenta propia. De modo divulgativo, sin renunciar al rigor, Fundación MAPFRE con esta guía, pretender incentivar a que cada vez más seniors encuentren en el emprendimiento una vía para poder seguir aportando su talento a la sociedad a la vez que encuentran una alternativa para obtener ingresos. Si es de necesidad o de oportunidad el emprendimiento, será algo a estudiar, pero ahora lo importante es apoyar que cuando los seniors emprenden eso es bueno para ellos y para la sociedad.

Puede ver el contenido completo de la Guía de Emprendimiento Senior en este enlace: https://ageingnomics.fundacionmapfre.org/publicaciones/guia-emprendimiento-senior/

 

Iñaki Ortega, director de Deusto Business School y profesor de la UNIR


domingo, 14 de marzo de 2021

Economía Sénior. El reto de financiar la longevidad

(este artículo se publicó originalmente en la Revista Capital en el número de marzo de 2021



Qué buen momento para recordar que la palabra sénior no procede del inglés, sino que es una voz latina, del comparativo senior, más viejo. La pandemia nos exige dignificar la posición de los más mayores que han sido golpeados dos veces por el virus. Primero, por ser el 92% de todos los fallecidos y segundo, al haber padecido una inaceptable discriminación en los peores momentos de la crisis sanitaria.

Sénior se opone a júnior y su origen es también romance, de iunior, más joven.  Ambas palabras se han revitalizado por influjo anglosajón, de hecho, en las ofertas de empleo es habitual esta clasificación. Se añade júnior o sénior a un puesto para hacer referencia al nivel de conocimiento o los años de experiencia de candidato. Un trabajador júnior es un principiante con un nivel de autonomía bajo. Un empleo catalogado como sénior es para un experto que anticipa problemas para resolverlos a tiempo.

Fruto de lo anterior ha surgido el concepto de economía sénior. El conjunto de las oportunidades que derivan del impacto de las actividades realizadas y demandadas por las personas con experiencia acumulada. Actualmente ya representa el 25% del PIB en territorios como Europa, pero esto no ha hecho más que empezar, ya que en 2025 la previsión es que el peso de las personas que superen los 55 años en la economía de la Unión Europea sea del 31,5% del PIB y del 37,8% del empleo. En Francia, la cohorte de edad por encima de los 55 años representa más de la mitad del consumo nacional. En España, conforme el barómetro de consumo sénior, una aplastante mayoría dispone de una casa en propiedad que además está ya pagada. Si a ese dato se une que en gran parte de esos hogares hay dos fuentes de ingresos, resulta coherente -siguiendo ese estudio- que los propios seniors son optimistas con su futuro y creen que van a gastar y viajar más.

Hoy son más de quince millones los españoles en ese segmento de edad. Esos séniors cada vez viven más y mejor. Si hace un siglo en nuestro país apenas se sobrevivía unos pocos años a la jubilación hoy se superan las dos décadas de esperanza de vida a partir de los 65 años.  Pero tanta buena noticia no puede ocultar que nuestro sistema de previsión social en breve será incapaz de sostener las pensiones de un grupo tan amplio -20% de la población- y durante tanto tiempo -más de 20 años-. Además, los gastos asociados a una larga vida no disminuyen precisamente con la edad. Conforme nos acerquemos a los setenta y cinco años (ver estadística del INE de esperanza de vida con buena salud) es muy probable acabar siendo dependiente y por tanto necesitar (y pagar) cuidados durante el resto de la vida.

Por eso, para financiar nuestra longevidad tendremos que recurrir a pilares diferentes que la seguridad social. Ahorrar será imprescindible para compensar la insuficiencia de las pensiones públicas, bien sea con productos financieros (planes privados de pensiones) o propiciado por las empresas que nos emplean (EPSV de empleo también llamados planes de empleo) Pero por alguna razón, hacer líquido el ahorro inmobiliario de toda una vida no se usa en España. Siendo un país de propietarios apenas se ha movilizado la vivienda como complemento de la pensión. Siguiendo al profesor José Antonio Herce, los activos inmobiliarios pueden ser la base de un flujo de rentas o servicios previsionales vitalicios. Más allá de la hipoteca inversa (préstamo vitalicio que se otorga al dueño de una casa utilizando como garantía de devolución el valor de mercado de la vivienda) hay muchas otras figuras posibles. La renta vitalicia, la nuda propiedad o el alquiler vitalicio (también conocido como vivienda inversa que permite recibir una mayor renta ya que solo se descuenta el valor actualizado de un alquiler vitalicio) son otras fórmulas que han de florecer en España en beneficio de una mayor calidad de vida de las personas adultas mayores. De nuevo la colaboración público-privada mediante un nuevo marco que de garantías a la vez que incentive y con agentes valientes y honestos que comiencen a operar, será la fórmula de éxito. Economía senior para la economía de los seniors.

NOTA: Mi enhorabuena al directivo y emprendedor Benigno Lacort por haber sido pionero en promover la visibilidad del concepto de economía senior con sus encuentros de economía senior en Madrid.

Iñaki Ortega es profesor de la Universidad de Deusto y autor del libro “La Revolución de las Canas” (editorial Planeta, 2018)

martes, 9 de marzo de 2021

No funciona la centrifugadora

 

(este artículo se publicó originalmente en el diario 20 Minutos el día 9 de marzo de 2021)


Igual todavía te acuerdas de cuando estudiábamos la fuerza centrípeta. Las leyes de Newton demostraban que existía una fuerza hacía el centro en la trayectoria circular de un objeto. La pandemia no ha hecho más que consolidar una potente tendencia socioeconómica de situar todo el protagonismo en las cohortes centrales de edad, es decir entre los 25 y los 55 años. Una fuerza centrípeta imparable que deja fuera del foco a los jóvenes de la generación z y a los seniors. Me explicaré.

Acaban de conocerse los datos de desempleo juvenil y España lidera esta estadística en Europa con más de un 40%, casi triplicando la media de los países desarrollados (14% en la OCDE). Somos el peor país de nuestro continente para encontrar trabajo entre los 16 y 24 años. Al mismo tiempo 2020 terminó como uno de los peores de la historia para el talento senior. Trabajar y tener más de 55 años es casi ya una utopía en nuestro país con la tasa de actividad en esta cohorte de edad más baja de Europa.

La crisis social que ha traído la covid19 también ha seguido fielmente esta fuerza centrípeta. La población que está en la edad central, por debajo de los 50 años, asiste cómodamente al espectáculo de criticar todos los fines de semana a los inconscientes jóvenes que hacen lo que todos hicimos a su edad. De la misma forma que con un miope paternalismo defienden medidas más estrictas para los que superan los 55 años y así protegerles del virus. Simple y llanamente edadismo o discriminación por edad lo han bautizado los expertos.

¿Cómo es posible que la mitad de la población quede fuera de las prioridades de nuestras autoridades y de la lógica de la economía? No se entiende, pero así es. Más de 25 millones de españoles que no están en esa franja de edad central, de entre los 25 y los 55 años, y por tanto no diseñan las políticas públicas, no elaboran los presupuestos ni tampoco las campañas de publicidad y por supuesto no participan de las estrategias empresariales.

Junto a la fuerza centrípeta en el colegio nos enseñaban la centrífuga. La fuerza centrífuga como su etimología indica -huir del centro- es la tendencia a alejarse del eje sobre el cual gira. Las aplicaciones de esta fuerza son muchas, pero la que más usamos es la función de su mismo nombre en las lavadoras. Las rápidas vueltas del tambor permiten eliminar la humedad y por tanto secar la ropa.

A la luz de los tristes datos económicos y sociales de los más jóvenes y los adultos mayores, tenemos que gritar que la centrifugadora en España no funciona. No hay planes, políticas ni actuaciones público-privadas para luchar con esa fuerza que prioriza las edades centrales y que discrimina a la generación z y a los conocidos como silvers. No nos queda otra que arreglar la centrifugadora en nuestro país, lograr una fuerza que nos saque de la inercia y así tener en cuenta a los jóvenes y los seniors.

 

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

sábado, 6 de marzo de 2021

¡La pyme ha muerto! ¡Viva la pyme!

 

(este artículo se publicó originalmente en el diario La Información el día 28 de febrero de 2021)


La expresión ¡El Rey ha muerto! ¡Viva el Rey! simboliza la continuidad de esa institución y se utiliza en casi todas las realezas. La frase aparentemente contradictoria busca llamar la atención anunciando al mismo tiempo la muerte del monarca y asegurando la continuidad vitoreando al nuevo. Nace en el idioma de la nobleza, el francés, Le roi est mort, vive le roi, para luego traducirse al inglés con The King is dead, Long Live the KIng y llegar a nuestros días en castellano con el popular Rey muerto, rey puesto. Su origen se remonta a la Francia del siglo XIII en la que al fallecer Enrique III se quiso evitar un periodo sin claro sucesor por la inestabilidad que ello podría causar.

La figura literaria usada en este ritual, epanadiplosis o repetición de una palabra al principio y final de una oración nos sirve para describir la situación actual de la economía española. Si las pequeñas y medianas empresas en nuestro país mueren supondrá -como con los reyes en la Francia de las Cruzadas- una amenaza real de inestabilidad. Es imprescindible recordar que las pymes representan el 99% del tejido productivo y el 66% del empleo en España. Son todas esas empresas con menos de 250 trabajadores y una facturación anual inferior a 50 millones de euros. Pero si ponemos la lupa veremos que algo más, 9 de cada 10 pymes son micropymes, es decir que tienen menos de nueve trabajadores. Es decir, casi todos los negocios que conocemos son de un tamaño mínimo.  España, de hecho, es uno de los países de la Unión Europea con menor dimensión empresarial, nuestro tejido está formada principalmente por microempresas como demuestra el dato que el empleo medio por empresas son dos trabajadores. Antes de que nos comencemos a fustigar por ello, hay que destacar que su contribución a la generación de empleo empresarial está en la línea de la media comunitaria. Las cifras económicas, tan frías, nos impiden ver que detrás de ellas hay una mujer o un hombre que vive de ello a la vez que forma parte del principal puntal del desarrollo económico español. En cualquier actividad que se desarrolle en nuestro país encontramos un pequeño empresario o un trabajador autónomo. Vertebran el país porque están en todos los sectores, en cada pueblo, ciudad y comunidad autónoma. Sin ellos nada hubiera sido posible en España y nada lo será en el futuro. Pero por alguna razón en el imaginario popular sigue estando que solo eres un gran país si tienes grandes empresas cuando la realidad es que la fuerza sistémica de cientos de miles de pymes ha construido y construirá las grandes economías del mundo.

2020, con la crisis de la covid19, ha sido el peor año que se recuerda en la historia reciente para un pequeño empresario. Por suerte desde marzo del año no han sido pocas las herramientas para salvar el tejido económico, desde el plan europeo SURE que ha hecho posible financiar los ERTEs y la financiación del ICO, pasando por las rebajas fiscales que han promovido administraciones con visión de futuro. Tras meses de peticiones agónicas y casi en la antesala de la muerte de muchas miles de empresas, el presidente del Gobierno ha anunciado estos días un plan de ayudas, que por desgracia no ha sabido concretar la vicepresidenta del ramo, Nadia Calviño.  En cualquier caso, se precisa un nuevo marco para que las pymes puedan sobrevivir y como recientemente ha afirmado el Rey Felipe VI en la entrega de los premios de la pyme española “serán más fuertes y sólidas, y con una mayor capacidad para crecer y ganar posiciones en mercados altamente competitivos, lo que a su vez permitirá crear empleo estable y de mayor cualificación. De este modo, también podrán aumentar sus exportaciones e invertir más en innovación, ser más productivas y estables y afrontar mejor las variaciones del ciclo económico. En definitiva, unas empresas que ganarán el futuro con los valores y el espíritu de superación que siempre las han caracterizado”

Con la frase ¡El Rey ha muerto! ¡Viva el Rey!  Se pretendía evitar la peligrosa situación política de los interregnos, pero también expresar la confianza en la continuidad del papel de esa institución. Por eso hoy debemos gritar lo mismo para las pymes. CEPYME en su barómetro nos alerte de que la mitad de las pequeñas empresas ve en riesgo su supervivencia fruto de la pandemia lo que nos llevaría a la peor de las catástrofes. A la vez hemos de dar vivas por ellas. Pedir todas las ayudas, los mejores planes, el mayor consenso para que las pymes vivan y de paso también sobreviva nuestra sociedad del bienestar.

 

Iñaki Ortega es director Deusto Business School y profesor de la UNIR

jueves, 4 de marzo de 2021

Empresas mutantes

 

(este artículo se publicó originalmente en la revista Actualidad Económica de El Mundo el día 28 de febrero de 2021)


La epigenética explica cómo afecta a los genes el ambiente que nos rodea hasta conseguir que muten. El término se atribuye a Conrad Waddington que en 1942 lo acuñó para analizar las interacciones causales entre los genes y su entorno dando lugar al fenotipo. Es decir que un fenotipo son los genes típicos de un determinado ambiente. Los rasgos fenotípicos no solo son físicos como grupo sanguíneo, estatura o pigmentación sino también conductuales. Popularmente se asocia fenotipo con raza o rasgos de los habitantes de un continente, pero la epigenética implica mucho más ya que se ocupa de las modificaciones químicas que sufre el ADN inducidas por mecanismos asociados a los hábitos de vida, tales como el ejercicio físico, la nutrición, el estrés o fármacos.

Por lo tanto, nuestro destino no solo depende del código genético con el que nacemos, sino que éste puede modificarse por el entorno. De hecho, muchas enfermedades graves se desarrollan por el efecto de una mala alimentación, el sedentarismo o la contaminación. La epigenética afirma que el nuevo fenotipo resultante de esos influjos externos no solo puede provocar la muerte sino también la de sus hijos ya que es hereditario.

Si eso pasa en el ser humano, qué puede suceder en una obra del hombre cómo son las empresas. Por ello se habla también de las empresas mutantes. De compañías que cambian su legado y su objetivo social fruto del ambiente en el que se desenvuelven. El investigador de Deusto Business School, Jon Mikel Zabala explica estas dinámicas del siguiente modo: “cuando las empresas están sometidas a entornos en los que los cambios ocurren con una frecuencia e intensidad cada vez mayor, su ADN tiene que mutar de una manera mucho más rápida para poder adaptarse». Ahora pensemos en la coyuntura que nos ha tocado vivir, con todas las certezas de antaño saltando por los aires. Los estándares de la deuda, las exportaciones, los mercados, los tipos de interés, la productividad y hasta la fiscalidad han cambiado radicalmente. La mortalidad de las empresas se ha disparado y ya no hay barrera que pueda parar la disrupción de los nuevos entrantes. La epigenética empresarial nos lleva a pensar que las deprimentes tasas de crecimiento, empleo y consumo acabarán impactando en el ADN de las compañías para hacerlas frágiles y moribundas. Por desgracia, esto no está tan lejos de la realidad que viven las pymes del sector turismo y hostelería en países como España.

Pero en biología la epigenética puede tener también consecuencias positivas sobre la salud del expuesto y en la de sus descendientes. Ésta es la idea que sostiene Jörg Blech, bioquímico, autor del libro El destino no está escrito en los genes, al afirmar que «cuando damos un paseo o salimos a caminar, no sólo quemamos calorías, también modificamos la actividad de los genes en el hipotálamo y desactivamos el efecto de aquel que nos abre el apetito». En 2005, el escritor americano Dan Buettner publicó en la revista National Geographic un reportaje titulado Los secretos de una vida larga. Con rapidez el número se convirtió en uno de los más vendidos de la historia del magazine. Identificó las llamadas «zonas azules» para referirse a aquellos lugares del mundo en los cuales las personas son más longevas. En estos lugares, en los que sus habitantes viven más que en el resto del mundo, las personas llegan a los 100 años a un ritmo diez veces mayor que, por ejemplo, en Estados Unidos. Y lo consiguen gracias a modificar su genética con hábitos saludables como hacer ejercicio, huir del estrés, cuidar la alimentación o tener un propósito de vida diario.

En la actividad económica también puede aprovecharse el entorno para bien. Jamás hemos vivido un momento en el que la tecnología sea tan accesible y potente. Nunca hasta hoy la transformación digital ha estado en todas las agendas públicas. Por primera vez la desintermediación y la competencia perfecta son sueños a nuestro alcance. Del auge de las criptomonedas y el nuevo activismo digital de los foreros de GameStop en la Bolsa puede aparecer una epigenética buena para las empresas. La clave, siguiendo al profesor Zabala, es la innovación, pero entendida como un proceso de búsqueda sistémica y sistemática. Sistémica porque las empresas tienen que analizar no solo su sector, sino otros que tienen una cierta distancia con respecto al suyo, pero que debido al uso de la tecnología pueden ser una amenaza en un futuro próximo. Y sistemática porque ha de ser continua, apoyada en herramientas como la prospectiva tecnológica, el emprendimiento corporativo o el benchmarking de patentes que ayudan a identificar hacia dónde se están moviendo los mercados. Empresas que mutarán con la innovación pero que lo harán para bien.

 

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

miércoles, 3 de marzo de 2021

La nueva aritmética vital

(este artículo fue publicado originalmente el día 25 de febrero de 2021 en el diario Cinco Días

Los recientes datos de la EPA han confirmado que el año de la pandemia, 2020, ha sido maldito, no sólo para la salud de los mayores de 55 años, sino también para su empleo. El número de desempleados de esta cohorte de edad ha crecido el año pasado hasta alcanzar la cifra total de 936.200 personas. Y, además, el 43% de ellos lleva sin ocupación dos o más años, según el INE.

No hay nada peor que triunfe una idea sencilla pero falaz. Y parece que la vinculación de cambio tecnológico y ausencia de preparación de las personas de más edad ha calado en la sociedad. Sin embargo, la ciencia nos confirma que las neuronas no dejan de regenerarse a lo largo de la vida. A su vez, economistas como Acemoglu y Restrepo defienden hasta una relación positiva entre implantación de la robótica y trabajadores longevos. Está demostrado que los seres humanos somos capaces de seguir aprendiendo y creando durante la mayor parte de nuestra vida. Basta con repasar la edad de los fundadores de empresas como Swatch o Natura Bissé o de las más brillantes obras de Beethoven o Cervantes. Por lo tanto, las razones del descrédito de las personas de más edad han de buscarse no en la naturaleza, sino en los prejuicios (propios y ajenos).  Grandes empresas que aligeran plantillas mirando la fecha de nacimiento y no el nivel de desempeño. O séniors que a medida que cumplen años –y perciben la losa del ostracismo-ven la salida anticipada como una liberación.

Frente a los sesgos engañosos nosotros defendemos aportar la luz de los datos de una nueva aritmética vital. Modigliani fue galardonado con el premio Nobel de Economía por su teoría del ciclo vital, escrita en 1966. Explicaba que los ingresos a lo largo de su vida tienen forma de campana, bajos al inicio, altos en la edad central y de nuevo bajos tras la jubilación. Por tanto, hay solo tres fases vitales: la previa al inicio la vida laboral, la etapa de actividad laboral y la del retiro. En la primera de ellas, el nivel de ingreso es inferior a las necesidades de consumo, las cuales se financian a través de crédito o transferencias familiares (des-ahorro). En la segunda, llamada de vida laboral, el ingreso permite cubrir las necesidades de consumo y mantener un excedente bajo la forma de ahorro. Y en la etapa de retiro se presenta un proceso de des-ahorro mediante el cual el individuo emplea el ahorro generado para satisfacer las necesidades de consumo que de otra forma sus nuevos niveles de ingreso le impedirían alcanzar.

La esperanza de vida se está acercando sin darnos cuenta a los 90 años (86 años las mujeres al día de hoy). Cuando el economista Modigliani empezó a escribir su teoría de los tres ciclos estaba por debajo de los 70 años. Más de quince años ganados a la vida lo que exige reajustar los diferentes hitos de esta nueva vida. Partiendo del cada vez más largo periodo de formación hasta los 25 años, se abrirá otro de vida profesional y recualificación hasta por lo menos los 70 años. Permaneceremos activos aproximadamente 45 años, es decir, la mitad de nuestra existencia. Estos 45 años de vida activa no se pueden considerar como uniformes, ya que atravesarán situaciones muy diversas del ciclo personal y profesional. Por ello tendremos que dividir, a su vez, en tres tercios la vida laboral total. A saber, de los 25 a los 40 años; de los 40 a los 55 y de los 55 a los 70. El primer tercio se caracteriza por ser un periodo de capacitación ligada al itinerario laboral escogido y a la acumulación de las experiencias laborales diversas. El segundo, de los 40 a los 55 abarca quizás el segmento más fructífero con hitos relevantes para una trayectoria profesional siempre ligada a la formación continua fruto de una inquietud permanente. El último tercio, comprendido entre los 55 y los 70, lejos de ser, como en la actualidad, el periodo de salida acelerada de la vida activa, se convertirá en una etapa fecunda en el que capitalizar la experiencia acumulada y la ambición por seguir siendo útil. Esta última etapa vital, a la que denominamos “activos de gran experiencia”, actualmente afecta solamente a unos pocos empleados y emprendedores, pero afirmamos con rotundidad que con el desarrollo de un marco legal adecuado y flexible, guiado por un imperativo cambio cultural, podría implicar a una gran mayoría.

Esta nueva aritmética vital exige una transformación radical de la manera de entender la vida laboral por parte de los individuos, pero también para las empresas. La buena noticia de la disrupción de la demografía nos impide seguir poniendo excusas, bien como empleadores, bien como empleados. Y por si fuera poco las evidencias se acumulan en todo el mundo sobre el dividendo económico que ello puede suponer, que se ha bautizado como economía plateada. Un futuro cercano en el que viviremos hasta alcanzar la centuria y además no será una maldición sino un regalo. Lynda Gratton y Andrew Scott, profesores de London Business School, nos recuerdan que “Quienquiera que seamos, dondequiera que vivamos y tengamos la edad que tengamos, necesitamos comenzar a pensar ahora sobre las decisiones que debemos tomar para poder sacar provecho de esta vida más larga. Lo mismo sucede a las empresas para las que trabajamos y a la sociedad en la que vivimos”. dibuja un futuro cercano en el que viviremos hasta alcanzar la centuria y además no será una maldición sino un regalo

Tomás Arrieta es presidente de la Fundación Activos de Gran Experiencia

Iñaki Ortega es profesor de Deusto Business School

domingo, 28 de febrero de 2021

La plata cotizará más que el oro. Bienvenidos a la década de la silver economy

 (este artículo se publicó originalmente en el diario Expansión el dia 25 de febrero de 2021)


El oro ha vuelto a ser el activo refugio por excelencia en 2020, la pandemia ha permitido que la cotización del metal precioso haya aumentado un 25%, siendo la más alta en diez años. Los inversores desde hace siglos, ante la incertidumbre, buscan la seguridad del oro frente a la volatilidad del resto de activos.

Pero su liderazgo está amenazado. Hay algo que otorga más certezas que el oro: el envejecimiento de la población. Nadie puede dudar que el mundo vive un cambio demográfico radical. Cada año, en cualquier parte del planeta, se vive más años y con más calidad. Hace un siglo la esperanza de vida mundial no alcanzaba los 40 años y ahora supera los 70 años. Este año por primera vez en la historia de la humanidad hay más personas mayores que niños; la población global de sesenta y cinco años en adelante es un 10% (un 20% en Europa) pero se espera, según la ONU, que esta cifra se duplique en 2050 y se cuadruplique en 2100. España es el corazón de esta nueva certeza, somos junto a Japón el país más longevo y las previsiones dicen que le superaremos en el 2030. Más de 15 millones de españoles tienen hoy más de 55 años y conforme a los datos del I Barómetro del Consumidor Senior la mayoría consideran que tienen buena calidad de vida, apenas van al médico, se cuidan y son optimistas con su futuro.

Esta revolución poblacional además de ser una realidad incontestable es ya una fuente de riqueza que no tiene el color del oro sino plateado. Platas son los cabellos canosos de los mayores de 50 años por eso se ha definido la economía plateada (silver economy) como las oportunidades vinculadas a las nuevas necesidades no satisfechas de la cada vez más numerosa y saludable población adulta mayor. La Comisión Europea estima que, en cuatro años, uno de cada tres euros de la riqueza continental, tendrán su origen en la cohorte plateada.

En España los datos demuestran una ingente oportunidad que todavía no se ha aprovechado.  Empresas y administraciones se han quedado ancladas en un viejo “patrón oro” que no les deje ver las bondades de la economía plateada. Siguen pensando, como en el siglo pasado, que la vida se acaba a los sesenta años o diseñan sus campañas solo para jóvenes como si viviéramos en la época del babyboom. Pero la realidad es bien distinta, el I Barómetro de Consumidor Senior demuestra que la capacidad de compra está mayoritariamente en los mayores. De hecho, un 53% tiene dos o más ingresos en el hogar, un 56% ahorra todos los meses y un 90% tiene una vivienda en propiedad que siete de cada 10 ya han pagado. Los séniors españoles desconectados tecnológicamente son una minoría, en concreto dos de cada 10. En cambio, un 58% usa la banca electrónica, un 49% compra por internet y un 41% maneja las redes sociales diariamente.

Esta generación plateada demanda nuevos productos y servicios en ámbitos como el ocio, la alimentación o la vivienda. La oferta para los mayores de 55 años es escasa y sesgada. Los agentes públicos y privados no han sido consciente de esta revolución silenciosa que ha supuesto que en apenas unas décadas hemos ganado a la vida quince años extras -por el incremento de la esperanza de vida- y pasado de sólo un 8% de mayores al 19% actual. Una gran oportunidad, por ejemplo, para atender- con nuevos operadores especializados o fórmulas novedosas basadas en la propia vivienda- el deseo mayoritario de seguir viviendo en su hogar (un 81%) cuando la mayoría de las casas, dos de cada tres, no están adaptadas para la dependencia. También para responder a sus deseos de cuidar la alimentación (80%), hacer ejercicio físico (70%) con nuevos productos antiaging o una oferta de ocio saludable a su medida. La pandemia no ha parado la cotización al alza de la economía plateada, sino que ha evidenciado lo urgente de implementar esta década nuevas fórmulas en el ámbito sociosanitario para atender los largos cuidados que irán asociados a la longevidad.

 

Juan Fernández-Palacios es el director del Centro de Investigación Ageingnomics de la Fundación MAPFRE e Iñaki Ortega es director de Deusto Business School en Madrid

viernes, 26 de febrero de 2021

Visibilizar un nuevo empleo

 (este artículo se publicó originalmente el día 25 de febrero de 2021 en el blog VidaSilver de IFEMA)



La demografía demuestra, con el imparable crecimiento de la conocida como esperanza de vida sana (healthspan), que las personas entre los 55 y 75 años gozan de buena salud y que pueden permanecer activos con todas las garantías. Otra ciencia, la de la vida, nos confirma que las neuronas no dejan de regenerarse a lo largo de nuestra existencia. A su vez, un economista como Daron Acemoglu ha descubierto la positiva relación entre implantación de la inteligencia artificial y la presencia de trabajadores longevos. Existen incontables evidencias, por ejemplo, en la Historia del Arte, sobre la capacidad de los seres humanos para seguir aprendiendo y creando durante la mayor parte de la vida.

Con esto, la ciencia de la población lo tiene tan claro que ha acuñado el concepto de “dividendo de longevidad”. Se trata de una cohorte de personas entre los 50 y los 70 años que constituyen una fuerza de trabajo potencial y que, en un momento determinado, puede hacerse efectiva mejorando con ello la producción de bienes y servicios.

Un artículo de 2006 en la revista The Scientist, escrito por cuatro experimentados investigadores de universidades americanas, llamó urgentemente a ralentizar el envejecimiento, ya que terminaría creando riqueza. Este nuevo concepto resumía los beneficios que suponen para una sociedad los aumentos alcanzados en la esperanza de vida; en concreto, defiende que “la gente se mantendrá más tiempo en el mercado laboral, los ahorros personales aumentarán, bajará el absentismo y habrá menor presión para el sistema de salud”.

A pesar de lo anterior, en nuestra sociedad ha calado la percepción de que es una anomalía el empleo silver. Por eso conviene recordar que muchos cientos de miles de mayores de 55 años siguen trabajando por cuenta ajena, que otros ya son contratados puntualmente para trabajos esporádicos en la gig economy, también conocida como economía de los pequeños encargos. Cada vez más mayores se convierten en emprendedores sin que la edad sea un impedimento para iniciar una nueva actividad (de hecho, ya hay más emprendedores de más de 50 años que de menos de 30 años). Otro grupo importante desarrolla tareas de voluntariado, bien en el seno de sus propias familias o en instituciones de proyección social; y muchos desearían seguir realizando un trabajo formal, quizá a tiempo parcial, en el mismo o en otro sector de la actividad empresarial y con un salario redefinido.

Pero como explica el experto Valentín Bote, en nuestra mente sólo existen dos posibilidades, como si de computación se tratase, el 0 y el 1, donde 0 es no trabajar y 1 es tener trabajo a jornada completa con horario fijo. Tenemos que pasar página de ese anacronismo porque en una larga vida tendremos varias carreras y, por lo tanto, nuestra relación laboral será variada, con modalidades de trabajo semipresencial, teletrabajo o para varios clientes. No seremos asalariados, sino que venderemos nuestros servicios profesionales a varias compañías. En consecuencia, hay opciones más allá del contrato a tiempo completo.

Desgraciadamente, este deseo, tan loable como necesario, no encuentra en la sociedad, la empresa y los gobiernos la suficiente sensibilidad. El dividendo demográfico que suponen los trabajadores sénior no podrá serlo mientras no se eliminen algunos estereotipos respecto a los trabajadores mayores, que un estudio de la Fundación Laboral San Prudencio puede ayudar a echar por tierra.

Los sénior no son más absentistas, pero sí son más disciplinados, no tienen resistencia a aprender cosas nuevas, ni son menos productivos ni tienen más accidentes. En cambio, sí son más leales y tienen más experiencia y ética en el trabajo. Por ello se necesita luchar contra ese mantra que minusvalora el talento sénior, precisamente difundiendo lo contrario. Empresas de todo el mundo contratan y promocionan a personas mayores y han de conocerse esas buenas prácticas para que otros las sigan: Carrefour en Francia, Mercedes-Benz en Alemania, Ikea en Suecia, ISS en Dinamarca, Metlife en Estados Unidos, Hyundai en Corea o Toyota en Japón, pero también Cuatrecasas y MAPFRE en España.

Esta tarea nos ha de implicar a todos y, además, no tiene porqué ser aburrida. En nuestra mano está por ejemplo promocionar el talento sénior y divertirnos con películas como El Becario (2015), con Robert de Niro salvando una empresa con más de 70 años. Ojalá surjan más largometrajes como The company men (2010), en la que Tommy Lee Jones reinventa con éxito su carrera profesional tras ser despedido por su edad; o Sully (2016) con Tom Hanks aterrizando de emergencia un avión repleto de pasajeros en el río Hudson el mismo día que le jubilaban, a pesar de estar en plenas facultades. En España hace un par de años Carlos Iglesias puso a los emprendedores sénior en la agenda con @buelos (2019). Un paso más en la buena dirección de visibilizar el empleo silver

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

 


lunes, 22 de febrero de 2021

Raperos, youtubers y otros opiáceos

 

(este artículo se publicó originalmente el día 22 de febrero de 2021 en el periódico 20 Minutos)



El rap como estilo musical tiene su origen en la tradición africana y se hizo popular a finales del siglo pasado gracias a cantantes afroamericanos. Hunde sus raíces en la tradición oral de contadores de historias. Todas las culturas tienen algo similar, en España los bertsolaris vascos, la jota aragonesa o el flamenco andaluz. Se cuentan historias y se expresan sentimientos con la ayuda de la música.

Súbitamente hemos tenido que ponernos a escuchar rap de igual manera que conocer los nombres de muchos youtubers. La razón es muy sencilla. En España solo se habla de raperos y youtubers. En lo que llevamos de año las noticias las protagonizan dos españolitos de nombre Hasél y Rubius. Uno cantante de rap, el otro un comentarista de videojuegos. ¿Qué está pasando en nuestro país para que todas las conversaciones versen sobre dos chicos, uno que insulta y agrede a todo el que no piensa como él y otro que se vanagloria de no pagar impuestos?


Fue el filósofo Carlos Marx quién en 1844 popularizó la expresión “el opio del pueblo”. Marx bebió las fuentes de otros pensadores que tiempo antes habían catalogado a la religión como un invento para sedar al pueblo ante sus sufrimientos. El opio se obtiene de una planta similar a la amapola y desde la antigüedad se conocen sus efectos medicinales. A lo largo de la historia se ha usado como analgésico, sedante y anestésico. La morfina es un opiáceo, pero también la codeína sustancias que se usan en la medicina con normalidad desde hace mucho tiempo. Por ello se habla de opiáceos como derivados de esta droga con efectos similares sobre el sistema nervioso central.

No quiero escandalizar a nadie, por eso la explicación anterior para justificar el título de esta columna. Acaso la omnipresencia estas semanas de un cantante condenado por agresión y amenazas no está ocultando los verdaderos males de nuestro país. La morfina hace que te olvides de tus dolores, pero sus causas siguen ahí. La anestesia te duerme para que no sientas nada mientras sufres una operación. Las noticias de youtubers evasores y la falsa polémica sobre la libertad de expresión de un agresor que se esconde detrás del rap, ocultan los verdaderos males de nuestro país. Como si de un opio se tratase nos impide ver que España ha vacunado en estos meses menos personas que Estados Unidos en un día. Estos opiáceos nos adormecen y por ello apenas nos sorprende que todos los indicadores económicos son alarmantes y están en rojo. Tanta noticia y discusión sobre si se puede decir lo que sea en una canción o si los youtubers son buenos o malos, nos impide prestar atención al drama que vive las industrias tractoras de nuestro país como son el turismo y la hostelería. Es mejor debatir sobre un tema que apenas nos atañe porque la mayoría aplastante de españoles no insultamos ni agredimos a nadie y pagamos impuestos, que poner el foco en los dramas con los que convivimos.


Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

jueves, 18 de febrero de 2021

Ya no enseñaremos el DNI

 (este artículo se publicó originalmente como post en el mes de marzo de 2021 en el blog del centro de envejecimiento AGEINGNOMICS de la Fundación Mapfre)


La edad cronológica se está convirtiendo en una rémora del pasado. Cada vez son más los expertos de todos los campos que diferencian la edad cronológica (la suma de años que han transcurrido desde el nacimiento) de la biológica (la edad que tienen los sistemas, tejidos y células de un organismo con relación a su normal funcionamiento).

Algo que, por otra parte, siempre ha estado ahí, por ejemplo, cuando nos dicen «aparentas menos edad», en realidad nos están transmitiendo que nuestro aspecto (nuestros tejidos, pero también nuestra actitud) se mantenían mejor que la norma de nuestra edad. Pero ahora el estudio de la longevidad y la irrupción de la conocida como economía senior lo están terminando de demostrar.

En el año 2010, los demógrafos Sergei Scherbov y Warren Sanderson trataron en un artículo publicado en Science de dar respuesta a cuándo se inicia la vejez. Para ello acuñaron el concepto de edad prospectiva, que mide la vejez en función de los años que nos quedan de vida y no de los que ya hemos cumplido.  La edad prospectiva se fija en las características personales, como por ejemplo la esperanza de vida restante. Estos autores proponen considerar que una persona alcanza la vejez a la edad en la que su esperanza de vida restante es de 15 años, independientemente de la edad cronológica que tenga en ese momento. Proponen medir así el envejecimiento y adaptar nuestras instituciones, por tanto, a los años que nos quedan de vida y no los que ya hemos cumplido.

La economía senior también es un fenómeno reciente, trae su nombre de la voz latina senior, más viejo. Su contrario es júnior cuyo origen es también romance, de iunior, más joven.  Ambas palabras se han revitalizado por influjo anglosajón, de hecho, en las ofertas de empleo es habitual esta clasificación. Se añade júnior o sénior a un puesto para hacer referencia al nivel de conocimiento del candidato. Un trabajador júnior es un principiante; un empleo catalogado como sénior es para un profesional que acumula experiencia. Los puestos de trabajo con esa seniority no se alcanzan hasta los cincuenta años y es por ello la edad en que comenzamos a formar parte de esa nueva economía. Un conjunto de oportunidades derivadas del impacto económico y social de las actividades realizadas y demandadas por la población mayor de 55 años.

En MAPFRE desde hace más de un lustro se lleva investigando en este campo hasta crearse en diciembre del año pasado en el seno de su fundación un centro de investigación que ha tomado por nombre “ageingnomics”. Un neologismo que surge de la unión de las palabras envejecimiento (ageing) y economía (economics) para defender que los efectos producidos por el alargamiento de la vida podrían más que compensar los negativos y propiciar un estímulo al crecimiento económico. Algunos hallazgos del nuevo centro de investigación nos ayudan ya a acabar con el mito de la edad cronológica. La mayoría de los seniors españoles compran por internet, usan banca electrónica, hacen ejercicio y apenas van al médico, a pesar de lo que dice su DNI. Por eso se acerca el día en que no nos pedirán el documento de identidad para conocer nuestra edad sino simplemente cuál es nuestra actitud ante el resto de vida que nos quede por delante.

Parte de este texto forma parte del debate DIALOGO ABIERTO. PROGRAMA PARA UNA SOCIEDAD LONGEVA promovido por el CENIE (centro internacional sobre el envejecimiento) https://cenie.eu/es/observatorio/dialogo-abierto

 

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

 


miércoles, 10 de febrero de 2021

No en mi nombre

 (este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 Minutos el día 8 de febrero de 2021)


Esta semana recibí una llamada de una redactora de un programa de televisión que me dejó pensativo. Al parece su director había leído en este periódico mi artículo sobre las pocas ganas de pagar impuestos de los youtubers y quería que les ratificase -como profesor- el leitmotiv de su siguiente tertulia. A saber, internet está echando a perder a nuestros jóvenes. La periodista me explicó que ahora hay más obesidad infantil, un preocupante déficit de atención y los influencers son unos peligrosos referentes para las nuevas generaciones. Mi mujer diría que es por mi manía de ir contra corriente, pero le dije a mi interlocutora que no estaba de acuerdo e intenté explicárselo, igual que voy a hacer ahora.

A lo largo de la civilización siempre se ha hablado de generaciones desde la Ilíada pasando por San Agustín, Hegel o Marx. Generaciones entendidas como la distancia de edad entre padre e hijo o bien como la concurrencia de una serie de circunstancias que hacen que se forje un determinado carácter. Ortega y Gasset llego a afirmar que no tenía sentido la propia historia sin las generaciones y formuló en 1914 su frase más conocida “Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo”, que resume a la perfección el elemento clave para definir una generación, sus circunstancias. Circunstancias que nunca se entienden por los que no están en tu misma cohorte de edad; ahora, cuando nosotros éramos jóvenes o cuando lo eran nuestros padres. Seguro que les parecía absurdo en mi casa que pasásemos la tarde jugando a una maquinita en un salón de videojuegos; mis abuelos considerarían un despropósito que sus vástagos se divirtiesen en locales con humo y música de locos; exactamente igual que a mí ahora me saca de mis casillas ver a mis hijos delante de Tik Tok todo el fin de semana. Si nos indignamos porque los más jóvenes sean seguidores del Rubius cuando abandona el país para pagar menos impuestos, qué pensarían nuestros hijos si supiesen que nosotros no nos perdíamos ni una serie de Imanol Arias y Ana Duato que tampoco pagaban sus impuestos; o que nuestros abuelos bebían los vientos por las canciones de Lola Flores que acabó en el banquillo por evasión fiscal. Si el youtuber The Grefg no ha terminado sus estudios y alardea de ello, qué estudios había terminado el cantante de Hombres G en mi juventud o los componentes de Los Brincos que tanto gustaban a mis padres. La realidad es que disfruté a rabiar con esas canciones al igual que mis padres y ahora nuestros hijos se ríen y lo pasan de miedo con sus amigos jugando en línea a Fortnite.

Por eso, borremos los prejuicios sobre la generación a la que no pertenecemos. Es normal no entender a quien no se educó en tu época. Detrás de tu crítica hacia ellos puede que solo haya desinformación o, peor aún, frustración.

 

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

sábado, 30 de enero de 2021

El teflón pasa de las sartenes al liderazgo


(este artículo se publicó originalmente el día 30 de enero de 2021 en el periódico La Información)


En lo que llevamos de año dos primeros ministros europeos han dimitido. Los mandatarios de Holanda e Italia se unen al consejero delegado de la tecnológica Intel que también ha dejado su puesto en este mes de enero.

La imagen del primer ministro de los Países Bajos, el liberal Mark Rutte, abandonando el palacio de gobierno en bicicleta ha dado la vuelta al mundo. Rutte es la cara pública de los conocidos como países frugales que se han opuesto a las ayudas europeas no condicionadas a los países mediterráneos. En un guiño del destino, dos semanas después, su homólogo italiano, Giussepe Conte, fue inmortalizado tras su dimisión en un flamante coche oficial. A uno le ha costado el puesto el exceso de celo de los inspectores de Hacienda de su país. Al otro, un ataque de celos de su socio Mateo Renzi, le ha dejado sin mayoría para gobernar. Qué ironías. Los ricos del Norte dimiten por querer recaudar más y se marchan del gabinete con lo puesto, en bicicleta y comiendo una manzana. Los pobres del Sur, en cambio, en una batalla de egos que no de programas, dimiten en un palacio para irse a otro en coche oficial.  Mientras tanto en Estados Unidos, el líder en microprocesadores, Intel, anunciaba que su máximo ejecutivo Bob Swan había presentado su dimisión, en pleno declive de la enseña azul ante sus competidores.

¿Qué tienen en común un flamenco liberal, un profesor italiano y el financiero de Nueva York? El teflón. Este material es la marca comercial de un polímero de nombre politetrafluoroetileno que posee unas increíbles propiedades. Tiene gran impermeabilidad además de ser un poderoso aislante eléctrico y sumamente flexible. Por ello, desde su descubrimiento el siglo pasado, los usos del teflón son múltiples, aunque la mayoría lo asociamos a utensilios de cocina, como sartenes y ollas por su capacidad muy baja de rozamiento y fácil limpieza. Como Rutte, Conte y Swan. La suciedad les cae encima y nunca se les pega. Los tres han desempañado largas carreras con la sombra de sospecha en su desempeño, pero han sobrevivido incólumes.  Camaleones que se mimetizan para salir indemnes de polémicas varias. Rutte arrastra gobiernos fallidos, promesas incumplidas y amistades ultras. Conte carga con títulos académicos falseados, ministros racistas y padrinos populistas. Swan ha lidiado con compras fallidas, retrasos imperdonables e inoportunas compras de acciones. Pero los chaparrones nunca les calan. Son impermeables. De hecho, hoy y a pesar de sus anunciados ceses a bombo y platillo, siguen en sus puestos disfrutando de las prebendas de sus magistraturas. Este liderazgo del teflón podríamos definirlo de igual manera que el material aislante, una forma de gobernar una institución sin rozamiento alguno y nunca mojándose por nada. Hombres y mujeres que basan sus carreras en puestos directivos en criticar a sus antecesores pero que no arriesgan a la hora de gestionar y su único legado es sobrevivir hasta el siguiente ascenso.

De estos líderes que no saben trabajar sobre un folio en blanco, sino que necesitan corregir lo que alguien ha escrito, también habla el filósofo libanés Nassim Taleb. En su último libro “Jugarse la piel” habla de esas élites que opinan con autosuficiencia en la escena pública. Individuos que no se juegan nada a la hora de trasladar sus opiniones porque el resultado de sus equivocaciones siempre es pagado por otros que no tienen su poder. Líderes con opiniones y teorías inconsistentes, que pocos se atreven a poner en entredicho, porque simplemente ocupan un puesto relevante. Altos directivos que no asumen la responsabilidad de sus palabras porque jamás las han puesto en práctica. Banqueros, académicos y burócratas frívolos que toman decisiones sobre nuestras vidas a sabiendas de que si se equivocan jamás se verán afectados.

Frente al liderazgo del teflón que acuñó el analista Diederik Brink y nos ha tocado sufrir a todos en algún momento de nuestra carrera profesional, pensemos en el directivo que se juega la piel. Ese jefe que empatiza, que da ejemplo, que sufre con las malas decisiones y se alegra con los éxitos de los demás. El líder que se juega el pan y la sal en su gestión; que si no acierta le afectará personalmente frente al burócrata que irá a otro puesto sin que se le mueva un pelo del flequillo. Un gestor que da la cara, aunque sepa que se la pueden partir. Por eso, hay que buscar líderes que "se juegan el pellejo" en sus decisiones ya que de ese modo se garantiza, dice Taleb, la simetría entre actores, se reduce la ocultación de información y sobre todo se desincentiva la transferencia de problemas a futuro. Ahora mira a tu alrededor, en tu empresa, en tu gobierno o en tu casa y reflexiona si ves teflón o jirones de piel.

 “Nunca confíes en nadie que no se juegue la piel. De lo contrario, los tontos y los ladrones saldrán beneficiados, y sus errores nunca los perseguirán” Nassim Taleb

 

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR