(este artículo se publicó originalmente en el diario La Información el 29 de diciembre de 2023)
viernes, 29 de diciembre de 2023
2024, el año de Asimov
viernes, 30 de junio de 2023
A saltar la hoguera
(este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 Minutos el día 26 de junio de 2033)
El fuego también recupera esa noche un significado purificador y además de dar gracias porque llega una estación luminosa y buen tiempo, aprovechamos para quemar imaginariamente lo peor del frio invierno y del último año. Nuestra mirada fija en las llamas hace que surja el milagro de que los malos recuerdos se calcinen en la lumbre hasta desaparecer de nuestra memoria. Se queman en la pira para afrontar un verano sin lastre alguno.
Pero hay algunos que optan por algo más audaz que es saltar por encima del fuego. Una tradición que protagonizan jóvenes desafiando a la gravedad y a las brasas al rojo vivo. Porque de padres a hijos se ha trasladado que, si eres capaz de saltar las llamas, tendrás un año por delante de buena suerte. Todos los veranos miles de valientes lo logran, aunque al mismo tiempo unos cientos acaban en urgencias con quemaduras de primer grado en las plantas de sus pies.
Nadie ha visto a los candidatos a presidente del gobierno saltando una de estas fogatas. O por lo menos yo no lo he leído. Pero dejad que mi imaginación fluya. Un vigoroso Pedro Sánchez que ha entrenado durante toda la semana, reclama que todos los candidatos asuman el compromiso de superar la prueba del fuego. Por su parte él brinca con espléndida técnica y la mejor de sus sonrisas mirando a la cámara. Alberto Núñez-Feijóo salta -como haríamos cualquiera de nosotros- con algo de cara de susto sobre una discreta hoguera humeante. Santiago Abascal. nadie sabe cómo pero camina con determinación por encima de las brasas sin mostrar dolor alguno. Yolanda Diaz opta por una hoguera de leds que no contamina y además le permite una estética declaración sin riesgo de quemaduras.
Todos nuestros candidatos logran el objetivo de este imaginario salto y quiero pensar que les queda la duda de si funcionará el embrujo de la primera noche del verano ¿serán los llamados a la gloria o acabarán en la enfermería? ¿serán decapitados como Juan El Bautista o pasarán a la historia como ese mismo santo? Me temo que por mucha fe que tengan en su partido o nosotros en las encuestas, no sabe nadie qué pasará. La buena noticia para todos es que ya queda menos y en cuatro semanas votaremos, si el calor no lo impide, de una manera democrática y afrontaremos un nuevo destino para nuestro país que esperemos que sea tan luminoso como estos días de junio. Lo necesitamos.
Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC
miércoles, 31 de mayo de 2023
Robot en checo significa trabajo
(este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 Minutos el día 29 de mayo de 2023)
Para empezar, tuve que descargarme la aplicación de moda, luego registrarme en ella y a continuación leerme un rápido manual de instrucciones. Ahí es dónde me di cuenta de que sólo me daría datos hasta 2021, lo cual me dejó bastante chafado porque a mis lectores les gustan los temas de actualidad. Trasteando en la red descubrí que hay un buscador de una famosa compañía tecnológica que sí tiene datos actualizados hasta 2023. Me pongo con ello. Llevo ya una hora invertida. Ahora me toca descargar este buscador, no sin problemas porque no me lo hace fácil mi ordenador que tiene otro por defecto. De nuevo, he de dar mis datos personales para registrarme y finalmente invertir unos minutos para descubrir dónde está el famoso chat y cómo narices funciona. Mi reloj dice que he invertido casi dos horas y no tengo ni una palabra del artículo. En casa todos duermen.
Ya estoy dentro del chatbot. Le pido que escriba mi artículo y le doy el tema y la extensión. Tras unos segundos de espera viene el chafe porque me responde que no es capaz de hacer eso. Le escribo que cómo es posible cuando me consta que mis alumnos lo están haciendo. Se lo piensa y me responde que en otras aplicaciones se puede pero que tenga cuidado porque puede tener errores. Me voy a la otra aplicación, que era la que tenía datos antiguos, y esta vez sí obtengo mi artículo de opinión. Pero, aunque no está mal escrito, es una fría sucesión de datos. A base de recomendaciones el artículo va cogiendo alma. Aparecen fallos y hasta falsedades, pero cuando le alertó de ello se disculpa y lo arregla. El tiempo pasa volando y me estoy divirtiendo porque siempre me responde con educación y a la vez me sorprende. Tres horas de trabajo y el artículo está hecho. Me voy a dormir.
A la mañana siguiente antes de mandar el artículo a publicar, lo releo por última vez. Ni con dos cafés bien cargados nadie aguantaría su lectura. Vaya tostón. El artículo es impecable, pero es más aburrido que una ostra. No puedo mandarlo así. A la papelera con él y a por doble dosis de cafeína para mí porque las horas robadas al sueño por la Inteligencia Artificial se empezaban a notar. Cuando los expresos empiezan a surgir efecto, el folio en blanco sigue ahí delante y vuelvo a mi método tradicional de escritura hasta obtener las líneas que estás leyendo. El título surge del comentario de un colega en una comida que me aseguró que la palabra robot tenía origen eslavo porque significa trabajo forzado. El resto es ir tejiendo un texto con palabras, datos, anécdotas personales y mis propias palabras. Oficio frente a la máquina.
La tecnología será buena o mala en función de lo que hagamos con ella. Y eso es algo que dejó escrito hace ya ochenta años Isaac Asimov en sus leyes de la robótica. Pero lo que está claro es que la etimología de robot es cierta, y los nuevos chatbots nos dan trabajo, mucho trabajo. Ahora esperemos que también creen puestos de trabajo y no solo los destruyan como parece.
Iñaki Ortega es doctor en economía y profesor en UNIR y LLYC
lunes, 20 de marzo de 2023
El canario en la mina
(este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 Minutos el día 20 de marzo de 2023)
Estos días de crisis en los bancos igual has escuchado la expresión inglesa “canario en la mina”. Es una manera de decir que algo no va bien.
En el siglo XIX los mineros europeos bajaban a las galerías de carbón acompañados de una jaula con un pájaro. El canario amenizaba con su canto el trabajo, pero sobre todo avisaba de las fugas de gas tan habituales en las minas. Al parecer los canarios son especialmente sensibles a esos gases y cuando los respiran dejan de cantar. Era ese el aviso para salir del pozo a la superficie y así no morir intoxicado o enterrado por una explosión. Desde entonces, la expresión se usa como sinónimo de advertencia de un peligro.
Yo quiero hablarte de algunos canarios que quizás han dejado de cantar en tu vida, aunque no seas minero. Te ayudará a entender lo que quiero decir esta ristra de preguntas: ¿has dejado de dar tu opinión en algún tema por temor a lo que la gente dirá? ¿en las reuniones cuando te toca hablar notas como tu pulso se acelera? ¿te espanta oír tu voz en una grabación? Algo está sucediendo, si respondes afirmativamente a estas preguntas o a estas otras: ¿miras para otro lado cuando piden voluntarios para representar a tu empresa, familia o comunidad de vecinos en algún foro?¿en alguna ocasión al tener que hablar en público has sufrido lo indecible para decir dos o tres frases? ¿escuchas con envidia a los que se expresan con confianza y fluidez?
Son claras señales de la necesidad de reforzar esas habilidades, pero solemos engañarnos con excusas como que tenía un mal día, no había preparado nada o que soy muy discreto y no me gusta el protagonismo. En realidad, el canario de la jaula ha dejado de cantar. Es una alerta temprana de falta de confianza en tu capacidad para hablar en público y si se escucha puede evitar males mayores. ¿Acaso no es clave para defender tus intereses saber comunicar con calidad tus argumentos? En el trabajo sin duda, pero también cuando compras un coche o alquilas una casa y por supuesto en las relaciones personales.
Es una habilidad social que ahora se le conoce en la empresa como habilidad blanda, es decir aquellas que permiten a una persona relacionarse de manera eficaz con su entorno. El trabajo en equipo, la creatividad, la resistencia ante la adversidad y por supuesto la que estamos dedicando estas líneas que es la persuasión o si prefieres la capacidad de convencer a los demás con la palabra. Y como las matemáticas, la informática o los idiomas, se entrenan. Nadie nace sabiendo. Todos mejoramos con la práctica.
Los canarios se convirtieron en esos años de minería en un símbolo, los primeros en darse cuenta cuando las cosas se ponían realmente difíciles. Ahora también, qué útil es encontrar esos indicios para tomar decisiones a tiempo; qué suerte cuando a base de entrenamiento acabas con tus inseguridades. Aunque tengo que decirte que la nueva ley de bienestar animal no te permitirá que sea un canario el que te acompañe a tu particular mina.
viernes, 11 de febrero de 2022
¿A qué esperas para afilar el hacha?
Un fornido joven le pide trabajo a un leñador que dirige una cuadrilla en un bosque. El capataz al ver su envergadura y pensando en la cantidad de árboles por podar antes del verano le ofrece empleo sin pensarlo mucho. El primer día trabaja duramente y corta muchos troncos. La segunda jornada se esfuerza igualmente, pero inopinadamente su producción es la mitad. Al día siguiente con renovadas energías, el meritorio se propone mejorar su producción. Desde el alba golpea el hacha con toda su furia contra los árboles hasta el anochecer, pero los kilos de madera siguen bajando. Cuando el encargado se da cuenta del menguante rendimiento del chico nuevo, le pregunta por la última vez que afiló su hacha. El joven, aun exhausto por la paliza, responde enfadado que no ha tenido tiempo porque ha estado demasiado ocupado cortando árboles.
El hacha es el apero que necesitan los leñadores para trabajar. Con el uso, la cuchilla deja de cortar, se convierte en roma y por tanto ineficaz en la tala de arboles. Parar para afilar el hacha es parte del trabajo, aunque la impaciencia e inexperiencia del aprendiz, piense que es perder el tiempo.
Esta semana hablando con la primera ejecutiva de una multinacional sobre las exigencias de la alta dirección me dijo -en inglés- “yo afilo mi hacha” todos los fines de semana. Al ver mi cara de desconcierto se sintió obligada a explicarme cómo las profesionales de su nivel o sacan tiempo para actualizarse y seguir en forma o de lo contrario, alguien que sí lo ha hecho, acabará ocupando su puesto. Cuando terminé la videoconferencia con ella, tecleé en el buscador de mi ordenador esa expresión y me encontré con el cuento con el que ha empezado este artículo.
La herramienta para nuestro trabajo somos nosotros mismos; nuestra cabeza, pero también nuestro físico. Y en los tiempos que vivimos no siempre es fácil sacar tiempo para cuidar esa herramienta. La tecnología ha cebado un estajanovismo para que no quede un mensaje sin responder y al mismo tiempo una oferta de ocio inconmensurable que lastra el descanso. Horas y horas trabajando dentro y fuera de la oficina. Horas y horas consumidas delante de la pantalla del móvil o de la televisión. Como en el cuento, golpeamos y golpeamos al árbol, pero cada vez rendimos menos. Este ritmo vertiginoso de reuniones que atender, series que ver, tareas que resolver, redes sociales que revisar y prisas para todo, impide parar. Parar para saber dónde quiero ir, parar para ponerme fuerte, parar para dormir, parar para estudiar, parar para comer bien, parar para aprender, parar para escuchar, parar para reír, parar para alzar la vista y ver si hay luz al final del túnel.
Un año de pandemia ha sido como cinco años para la digitalización de muchas tareas, según los analistas de Gartner. Y ni te cuento para la salud mental. Esto va muy deprisa…¿a qué esperas para afilar el hacha? Luego no digas que estabas demasiado ocupado.
Iñaki Ortega es doctor en economía en la Universidad en Internet UNIR y LLYC
martes, 1 de febrero de 2022
Yo tuve una Blackberry. Historia del futuro del trabajo
(este artículo se publicó originalmente en el diario La Información el día 1 de febrero de 2022)
Reconozco que
cuando en los primeros días de enero leí la noticia tuve sentimientos
enfrentados. Nostalgia, porque nunca más podré volver a usar mi mítico teléfono
con teclas que me ha acompañado las dos últimas décadas. Inopinadamente,
también alivio. Hacía apenas unos meses que había abandonado mi Blackberry ante
la incapacidad de encontrar una nueva en el mercado, el apagón de mi adorado
teléfono por su fabricante no me pilló de puro milagro.
El primer
dispositivo de la familia BlackBerry se puso a la venta por primera vez en
1999, tenía un teclado completo, lo que era inusual en ese momento, podía
enviar mensajes, acceder al correo electrónico, navegar por internet y una
práctica agenda. Tanto gustó ese teléfono que una década después tenía 80
millones de suscriptores y una cuota de mercado global de uno de cuatro
teléfonos inteligentes.
La Blackberry
marcó la primera década del siglo XXI. Fue el Iphone antes del Iphone. Un
símbolo de estatus, de modernidad laboral gracias a su movilidad, la
herramienta perfecta para seguir trabajando, aunque no se estuviera en la
oficina. Directivos y políticos de renombre como Obama o Merkel exhibían
orgullosos sus terminales. Pero la falta de respuesta ante la aparición de
innovaciones en los nuevos sistemas de mensajería como WhatsApp y las mejoras
de los Samsung y Iphone con sus pantallas táctiles, cavaron la tumba de Blackberry.
En 2012 entró en pérdidas y en tres años dejó de fabricarse.
Nada que no
haya pasado con muchas otras empresas que no supieron adaptarse a su tiempo,
siendo líderes de su mercado. Grandes compañías como Nokia, Kodak y hasta
Microsoft lo sufrieron también, pero supieron superarlo gracias a que cambiaron
de sector, de estrategia y hasta de dirigentes, pero siempre porque
consiguieron seguir innovando.
Ahora te pido
que pienses en estos otros datos que anuncian los analistas de McKinsey Global
Institute. Cinco millones de empleos en España corren el peligro de ser
desplazados a lo largo de la próxima década por distintos factores, entre los
que destaca la automatización. Lo preocupante es que este informe ha
revisado al alza anteriores estimaciones, ya que antes de la covid19 se
estimaba que en España podrían desaparecer para 2030 alrededor de 4,1 millones
de empleos. La pandemia ha apretado la soga.
Hoy de facto
la tecnología permite automatizar el 50% de las actividades de la población
laboral, son palabras de Alejandro Beltrán, responsable en España de McKinsey.
La reducción de costes por la automatización está generando incrementos de
productividad muy relevantes que para un país como España son claves para
acercarnos al PIB per cápita de los países de referencia en Europa. Pero al
mismo tiempo es una espada de Damocles para los trabajadores españoles.
Los autores
del estudio “El futuro del trabajo después de la Covid-19” calculan que en
España alrededor de 1,6 millones de trabajadores se verán empujados antes de
2030 a cambiar de ocupación, incluyendo 1,4 millones obligados a un cambio
total de ocupación y categoría. El estudio proyecta que en los percentiles
salariales más altos se crearán alrededor de medio millón de nuevos empleos
para 2030, mientras que se destruirán unos 700.000 empleos en niveles
salariales intermedios y otros 100.000 puestos de trabajo en los percentiles
salariales más bajos. Las conclusiones son claras, los trabajadores más
afectados por la obligación de cambiar de ocupación serán los empleados con
salarios bajos y medios, que deberán tratar de acceder a empleos con salarios
más altos, para lo que tendrán que adquirir nuevas competencias y
especialidades.
Al mismo
tiempo para esos 5 millones de españoles (100 millones en todo el mundo) que
han de cambiar de trabajo, se abre la oportunidad de que por cada empleo
digital que se genera, entre dos y cuatro nuevos puestos de trabajo surgen como
consecuencia. Esto tampoco es noticia, la novedad es que la pandemia lo ha
acelerado para bien y para mal. Porque está en nuestro mano cualificarnos para
ello, pero al mismo tiempo si nos retrasamos o no lo hacemos, seremos las
nuevas Blackberrys.
Las
capacidades que van a ser más demandadas serán las llamadas cognitivas
superiores, resolución de problemas complejos y habilidades sociales y
emocionales. Otra serie de habilidades serán menos demandadas como son las
cognitivas básicas, relativas a todo lo manual y con componente físico. No se
conoce que, al mismo tiempo, el 30 por ciento de la demanda laboral en España
no se satisface porque no hay trabajadores cualificados en el mercado. Un
contrasentido en un país como el nuestro en el que cerca de uno de cada dos
jóvenes está en paro. Solo cabe una solución ante este panorama, la educación.
Formarse para actualizarse y adquirir nuevas habilidades (reskilling) o mejorar
sustancialmente las que dispones (upskilling). La pobreza en España estará
vinculada más que nunca a la falta de formación para el empleo.
Por mi parte
yo no pienso tirar a la basura mi última Blackberry. Quiero no perder de vista
lo fácil que es desactualizarse. Quiero tener muy presente que mi trabajo puede
desaparecer y he de estar preparándome -siempre- para ello.
Iñaki Ortega
es doctor en economía y profesor de la Universidad Internacional de La Rioja
(UNIR)
lunes, 31 de enero de 2022
Mayores (o no) pero no idiotas
(este artículo se publicó originalmente como post en la web del centro de investigación ageingnomics de la Fundación MAPFRE el día 28 de enero de 2022)
Casi al mismo tiempo el gobierno -con un anteproyecto de ley sobre el particular- ha reclamado la inclusión financiera. Pero, como si de un boomerang se tratase este asunto en breve golpeará al sector público que tendrá que aplicar sus propias normas para ser amistoso con colectivos analógicos, ya que la pandemia ha derivado gran parte de los trámites administrativos a la red de redes.
Que un septuagenario use una plataforma digital para denunciar que con su edad no se desenvuelve bien en lo digital, parece una ironía. Pero no lo es tanto si profundizamos en algunos datos. El reciente II Barómetro de Consumo Senior del centro de investigación ageingnomics de la Fundación MAPFRE ha puesto de manifiesto que seis de cada diez seniors españoles están en internet. O lo que es lo mismo, diez millones de mayores de 55 años se les puede considerar población digital. En concreto más de nueve millones gestionan sus cuentas bancarias online, siete millones compran por internet y más de nueve están en Facebook y se comunican por Whastapp. ¿Cómo es posible entonces que tenga razón esa denuncia? La respuesta no es solo por lo heterogéneo de esta cohorte sino también reside en que gracias a que una mayoría son digitales saben lo que es sufrir una mala atención telemática. Por eso conviene poner el foco -no solo en la población que queda excluida de la atención presencial- sino también en la pésima calidad de algunas aplicaciones informáticas que no están pensadas para hacer la vida fácil al usuario, con independencia de su edad. ¿Acaso si no has llegado a los 55 años, hacer trámites en internet es una cosa placentera? No. Se sufre con muchas herramientas informáticas, no solo por la edad sino porque están mal diseñadas o por lo menos no facilitan la vida al que las usa.
Esta denuncia que sufren ahora los bancos, llegará a otros sectores y a la propia administración y hemos de alegrarnos por ello ya que supondrá una mejor atención a los ciudadanos (sean mayores o no). Pero aun así no puede eliminarse el foco de otra cuestión muy importante. Cuando el jubilado valenciano habla de que los mayores no son idiotas, puede referirse a la primera acepción de la RAE “corto de entendimiento” pero igual también a la quinta, a saber, “que carece de instrucción”. Y aquí también hay una batalla por luchar.
En un reciente seminario de la Fundación Edad y Vida se dieron algunos datos para reflexionar por boca del entonces director de economía del Banco de España, Oscar Arce. Los trabajadores españoles mayores de 55 años dedican menos horas a su formación que sus pares europeos. Al mismo tiempo el porcentaje de españoles de esa edad que reciben formación no reglada es el más bajo comparado con cualquier otra cohorte patria. Son datos de Eurostat e INE. Qué contrasentido, cuando debería ser justo lo contrario, al ser los que más riesgo tienen de obsolescencia, aunque sea solo por los años que han pasado desde su educación formal.
No conviene lamentarse, sino recordar lo que el foro de Davos ha afirmado respecto a España y la necesidad de recualificar a miles de personas. El World Economic Forum ha tasado en un aumento del PIB español de 6,7% de aquí al 2030 y una nada despreciable cifra de 230.000 nuevos trabajos si se mejorasen las competencias digitales.
Otra oportunidad, estas necesidades educativas, para la economía plateada y un nicho de actividad para emprendedores que ayuden a formar a los seniors pero también a capacitar a profesionales para que atiendan mejor la diversidad.
Si quieres leer el II Barómetro del Consumo Senior pulsa aquí
Si quieres leer el informe del World Economic Forum sobre reskilling pulsa aquí
Iñaki Ortega es doctor en economía y profesor de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)
miércoles, 26 de enero de 2022
La Gran Renuncia
(este artículo se publicó originalmente el periódico 20 Minutos el día 24 de enero de 2022)
Y lo que es más grave es que no
hay razones para creer que las cifras mejorarán durante 2022. A la vista de
estudios como el de Gallup que revela que la mitad de los trabajadores están
buscando activamente hacer un cambio, mientras que otra investigación de
McKinsey sitúa la cifra por encima aún, en un 58 %. Pero lo más increíble es
que, al parecer, uno de cada tres de trabajadores estadounidenses que han
dejado su trabajo no tenían otro donde ir.
Un mercado laboral como el
americano que goza de pleno empleo hace que 10 millones de puestos de trabajo
no se cubran por falta de ofertas, lo que puede explicar esa tranquilidad con
la que se renuncia a un empleo. No obstante, conviene conocer algunas otras
razones de este súbito fenómeno que sí pueden aplicar en nuestro país.
La pandemia ha cambiado las prioridades
de la gente. La mayor parte de nuestra vida adulta la vamos a pasar trabajando,
las carreras laborales serán de más de 45 años ya que empezaremos a trabajar con
poco más de 20 años y estaremos activos hasta el entorno de los 70. Por eso, no
queremos morir diariamente en un atasco, soportar jefes mediocres, compañeros
indolentes o estar condenados a no ascender. Tampoco instituciones que dicen
unas cosas, pero realmente actúan de otro modo. Meses de confinamiento y miedo
a morir han llevado -según el profesor Anthony Klotz que ha acuñado el término
que titula este artículo- a darnos cuenta de lo importante. Quiero atender a
mis hijos; trabajar, pero no por ello ser un infeliz; sentir que en mi compañía
valoran mi trabajo y no solo mi presencialidad.
Ahora piensa en tu vida y aunque
estés en España, cambiar para mejorar está en tu mano. La losa del alto
desempleo de nuestro mercado laboral no puede pararte. La esperanza es que junto
a “La Gran Renuncia” cada vez más analistas hablan de “El Gran Despertar” de
los trabajadores que quieren mejorar y ahí la clave sigue siendo la misma de
hace siete siglos: la educación. Reciclarte, formarte, cualificarte y volver a
estudiar es el pasaporte para encontrar la felicidad en un nuevo trabajo.
Millones de personas en Estados Unidos, en su gran mayoría entre los 30 y los
50 años lo están haciendo ya y seguro que no son tan diferentes a ti.
Iñaki Ortega es doctor en economía y profesor de la
Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)
domingo, 31 de octubre de 2021
No es la pandemia, es el futuro (upskilling & reskilling)
(este artículo se publicó originalmente en el periódico La Información el día 29 de octubre de 2021)
El teléfono tardó 75 años en
alcanzar los 100 millones de usuarios, para que el móvil consiguiera esos datos
apenas se necesitaron 16 años. Internet logró esos usuarios en siete años y
Facebook solamente precisó de cuatro años. Instagram lo hizo en dos, pero la
aplicación de videos Tik Tok lo ha hecho posible en solo uno. Esa rapidez para
crecer tiene otra cara menos amable que es la increíble velocidad también para
desaparecer. De las cinco primeras empresas del mundo en 2005, hoy solo queda
una en ese listado. En 1964 el promedio de vida de las empresas del índice
S&P500 era de 33 años, hoy es de 22 años y si nada cambia está previsto que
en el 2027 sea de 12 años.
Charles Darwin, con su teoría de
la evolución, demostró que solo sobreviven los animales más dotados para
afrontar el complicado día a día. La época tecnológica que nos ha tocado vivir
está tristemente protagonizada no sólo por el cierre de empresas sino también
por la destrucción de empleos y lo que es peor por la dificultad para crear
nuevos puestos de trabajo. Mientras no asumamos que el mercado laboral, como
las especies de Darwin, está en plena evolución, no conseguiremos solucionar el
problema de nuestro siglo.
La economía, fruto de la
disrupción tecnológica, está viviendo el proceso más profundo y rápido de
cambios de la historia reciente. Eso ha supuesto que los empleos estén
cambiando vertiginosamente. Miles de trabajos que desaparecen, nuevas
relaciones laborales, nuevas profesiones, cientos de oficios amortizados,
nuevos nichos de empleo, nuevas capacitaciones, necesidades inéditas que hacen
que la oferta y la demanda del mercado laboral no casen. Convivimos con
alarmantes tasas de desempleo, pero al mismo tiempo las vacantes no dejan de
crecer.
No podemos dejar de recordarlo
ahora que los debates para mantener el escudo de los ERTEs versan sobre
condicionar estos beneficios a recibir o no una formación. La pandemia no ha
hecho más que acelerar un proceso en el mercado laboral que estará
protagonizado por la recualificación, conocida como reskilling y upskilling en
su terminología anglosajona. No es opinable, sin formación a lo largo de la vida
no habrá espacio en el mercado de trabajo.
Para los que no ven progreso en
la formación de los trabajadores, estén o no en ERTE, estemos o no en pandemia,
los animamos a que sigan leyendo estas líneas. Estudios del Foro de Davos
defienden que la mitad de los empleados tendrán que reciclarse antes de 2030 y
que eso les supondrá de media seis meses de estudio. CoDir´21 es una reciente
encuesta internacional a directivos promovida por la prestigiosa firma
Alexander Hughes cuyo resumen es que el 80% de los comités de dirección de las
compañías líderes ha de mejorar en capacidades, organización y funcionamiento.
Cultura sólida, habilidades
digitales, innovación estratégica, visión compartida y desarrollo sostenido son
los aspectos que han de reforzarse en la fuerza laboral para los consejeros
delegados de las grandes empresas, según me confirma Ignacio Pascual uno de los
expertos de referencia en España en capital humano. Llámese como quiera,
upskilling o reskilling. El primero pretende enseñar a un directivo nuevas
competencias para optimizar su desempeño; el segundo entendido como reciclaje
profesional, aspira a formar a un empleado para adaptarlo a un nuevo puesto en
la empresa. Lo importante es saber que se necesitarán trabajadores más
especializados -upskilling- y empleados más versátiles -reskilling-. Una fuerza
laboral que en el primer supuesto crezca verticalmente y en el segundo
horizontalmente. Ambos conceptos comparten que luchan contra la brecha digital
en el seno de la empresa y la hacen más competitiva; mejoran los procesos de
selección y, en consecuencia, los periodos de adaptación; ayudan a fidelizar y
a retener el talento.
Tampoco puede obviarse la
necesidad de recualificarse para así entender al otro, formarse para dejarse
contagiar de la corriente intergeneracional ¿Acaso no somos cada vez más, como
los nativos digitales, impacientes? ¿O quién no aspira a tener la resiliencia
de los seniors que acumulan crisis en sus espaldas sin rendirse?
Estos procesos de desarrollo a lo
largo de la vida profesional además mejoran la reputación corporativa puesto
que siguen los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, concretamente los
numerados como 8, 9 y 10. Así mismo promueven una cultura de empresa dinámica
adaptada a un entorno en constante evolución. El World Economic Forum ha tasado
en un aumento del PIB español de 6,7% de aquí al 2030 y una nada despreciable
cifra de 230.000 nuevos trabajos si se mejorasen las competencias digitales.
Para terminar, que nadie piense
que esta tarea sólo atañe a los emprendedores, directivos y trabajadores. La
foto de Darwin debería estar en los despachos de todos los rectores
universitarios. Que nadie lo olvide en un sector como el de la educación
superior, que aun con más de 700 años de vida, puede desaparecer de un plumazo
si deja de ser útil para los imprescindibles y urgentes procesos de upskilling
y resikilling que acabamos de describir.
Iñaki Ortega es doctor en
economía y profesor de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)



