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domingo, 28 de abril de 2024

El último baile del país vasco

(este artículo se publicó en el Informe sobre las elecciones vascas de LLYC publicado el día 22 de abril de 2024)

El aurresku es una danza típica vasca. Se baila para dar solemnidad a un acontecimiento, bien unas fiestas patronales, una visita de postín o un homenaje a una personalidad. En los últimos años se han convertido en habituales y es difícil un acto en Álava, Vizcaya o Guipúzcoa sin esta tradición. Los aurreskus son protagonizados por dos personas, el bailarín y el músico. El danzarín sube la pierna, realiza varios saltos y mientras su acompañante toca una flauta vasca -txistu- y un tamboril. Dos hombres y toda la atención del público.

Las elecciones al parlamento vasco celebradas el 21 de abril han sido como un aurresku. Un juego de dos personas. PNV y Bildu. Nadie más. Y todo el resto atendiendo. Finalmente ha ganado Imanol Pradales, el candidato a lehendakari del PNV, en votos y porcentaje a Pello Otxandiano de EH Bildu. Igual número de escaños, 27 cada uno, pero como en la danza vasca, aunque salgan dos personas al escenario, todas las miradas son para el bailarín, y este, tras una noche electoral de infarto, es Pradales. La danza ha sido entre los dos, sin embargo, el empate en parlamentarios supone una victoria para el de Santurce, ya que los socialistas apoyarán la continuidad en Ajuria Enea del PNV, con la tranquilidad de que están respetando el veredicto de las urnas (y de los pactos que mantienen en las tres diputaciones vascas y en los principales municipios). 

Pradales y Otxandiano, dos auténticos desconocidos para los vascos han protagonizado una lucha cerrada en estas elecciones en la que el resto de los candidatos, solo les cabía gestionar sus miserias. El PSE con Eneko Andueza, sabiendo que pactaría con el PNV porque así lo exige su pacto en Madrid, aspiraba a aportar unos escaños a los 38 de la mayoría absoluta jeltzale. El PP vasco a subir algún parlamentario, con la esperanza de que no le diesen los números al PNV más el PSE y que Vox no repitiese escaño. Sumar, Vox y Elkarrekin Podemos a tener representación, aunque no aporte nada a la gobernabilidad vasca, pero sí a sus arcas. Al final todos contentos menos los de Pablo Iglesias. Los socialistas vascos seguirán siendo socios del PNV en Vitoria y en Madrid; los populares continúan creciendo con Feijóo, aunque tímidamente; Yolanda Diaz tiene su primera alegría tras la fundación de su partido y Vox -sin que nadie diera un duro por ellos- suben en votos y mantiene el asiento de Amaia Martínez. Podemos da un paso más hacia su desaparición. 

Mientras tanto en la Carrera de San Jerónimo los resultados de las elecciones vascas refuerzan la presidencia de Pedro Sánchez. El PSOE respira porque mejora sus resultados y sobre todo porque amarran el voto del PNV para el resto de la legislatura. Bildu seguirá apoyando al presidente del gobierno porque a la vista de su crecimiento electoral en los tres territorios históricos vascos, es muy rentable en las urnas. Sumar coge resuello para las elecciones catalanas y europeas que lo usará con más hiperactividad aún de sus ministros. Los nacionalistas catalanes se miran en el espejo vasco, con la ilusión de que su electorado también premie los pactos de Madrid que seguirán vigentes estas semanas antes de las elecciones al Parlament. Para el PP estas elecciones, sin ser buenas, les permite mantener el discurso de que Sánchez pacta con los más radicales. Sus portavoces se encargarán de recordar en toda España las declaraciones de los socialistas los días previos a los comicios vascos alertando que Bildu no condenaba el terrorismo.

El 25 julio de 2015 en un pueblo de Vizcaya un joven ingeniero bailó un aurresku en un homenaje a un miembro de la banda ETA. Frente a una foto de la terrorista que formó parte del cruel comando Donosti, el bailarín le rindió honores y terminó inclinándose ante la imagen de la etarra. Ese dantzari era Pello Otxandiano. No sabemos si esto le ha costado o no ganar las elecciones vascas de este domingo. Lo que está claro es que una parte importante de la sociedad vasca ya lo ha olvidado. Las miles de víctimas del terrorismo y los cientos de miles de exiliados jamás podrán hacerlo.

lunes, 30 de octubre de 2023

No es lo mismo

(este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 Minutos el día 30 de octubre de 2023)

Por mucho que en los últimos tiempos tengamos la sensación de que ha cambiado la forma de pensar del mundo y de nuestros paisanos, conviene recordar algunas cuestiones obvias y por eso mismo inmutables.

Un secuestrador no será nunca lo mismo que un secuestrado. No es lo mismo ser Hitler que Roosevelt. Un empleo no es únicamente una anotación en la estadística oficial. Solamente los resultados empresariales no hacen mejor a la compañía. Una enfermera acosada por usar el castellano no merece el mismo respeto que el político que la persigue. La amnistía no es lo mismo que el indulto. No es igual ganar una plaza por oposición que sin ella. No da igual que las empresas atiendan bien a sus clientes o no. Putin y Zelenski no son lo mismo. Las deudas tienen que pagarse. Fichar a los mejores no es lo mismo que no hacerlo. Lo que nos une con los otros, nos hace mejores que lo que nos divide. Sin bancos no tendríamos casas en propiedad. Leer periódicos es mejor que no hacerlo. Un directivo tóxico lo seguirá siendo por muy rentable que sea su compañía. Un etarra y un policía nunca estarán en el mismo plano moral. Comprar a los árbitros no es defendible.  Esforzarse tiene más réditos que no hacerlo.  La inflación no afecta a todos de la misma manera, siempre se ceba en los que menos tienen. Un dictador no es igual que un primer ministro elegido en las urnas. Los terroristas son muy diferentes a los militares. Hoy todavía hay menos mujeres en puestos de responsabilidad. La educación no supone lo mismo que la barbarie. Los empleos los crean las empresas. No son mejores los musulmanes que los judíos, ni al revés. No son lo mismo el que respeta la cola que el que se la salta. La mentira no es un cambio de opinión. Los que atacan no representan lo mismo que los que se defienden. Aprobar es mejor que no hacerlo. No es idéntico un atleta dopado que el que está limpio. Un régimen teocrático no puede permitirse dar lecciones a una democracia. Trabajar, no es igual que cobrar un subsidio. Innovar no tiene las mismas consecuencias que no hacerlo. Cumplir las leyes hace mejores a los países. Ser puntual es mejor que llegar siempre tarde. Los jóvenes no emprenden más que los mayores.

Hoy posicionarse ante determinados mantras supone un esfuerzo tremendo. Se han instalado en la opinión pública apoyados por un relativismo moral que lo impregna todo y que lleva a proscribir lo que no solo es éticamente defendible, sino que está en las bases de nuestra civilización y nuestra prosperidad. Defender lo obvio se ha convertido en una de las grandes batallas para los próximos tiempos. No es lo mismo la verdad que la mentira. No es lo mismo unir que romper. No es lo mismo madrugar que holgazanear. No es lo mismo apoyar al que crea empleo que atacarle. No es lo mismo, pero qué difícil defenderlo.

Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLY

domingo, 27 de agosto de 2023

La casa de Babel

(este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 Minutos el 21 de agosto de 2023)


No es una errata. No quiero escribir de la serie española más vista en todo el mundo, aunque el juego de palabras me tiente. Te voy a hablar en estas líneas de otra casa, la casa del pueblo que es el Congreso de los Diputados porque es el lugar donde está representado el pueblo español  que ostenta la soberania nacional según reza la Constitución. Efectivamente, podría haber titulado este artículo como la exitosa saga televisiva, “La casa de Papel”, pero hubiera sido un error. Por mucho que, durante un día, el 17 de agosto, todos los ojos estuvieron en el viejo caserón de la Carrera de San Jerónimo y las votaciones fuesen un éxito de audiencia en pleno descanso vacacional. Pero es que todo el mundo no compartiría que en el pleno de constitución del parlamento, como en el serial, han sido muchos los protagonistas pero todos ellos con un objetivo poco loable. Además en la serie una docena de personas son reclutadas por un profesor para robar la casa de la moneda. Y quizás tampoco sería asumido unánimemente que en el congreso también otra docena, esta vez de partidos, como PNV, Bildu, ERC, Junts, BNG y los incluidos en Sumar fueron convocados, a instancias del presidente en funciones, para asaltar el estado de derecho español.

Por eso nada de Casa de Papel y mejor titular la Casa de Babel. En lugar de la serie más vista de la television mejor acudir al libro más visto de la historia, la Biblia y así resumir lo acontecido en el Congreso. Espero que te parezca más certero aunque nos tengamos que remontar al siglo VI a.C.. En el libro del Génesis se cuenta que tras el diluvio universal, los descendientes de Noé se pusieron a construir en la localidad de Babel, en Mesopotamia, una torre altísima para sobrevivir a futuras inundaciones y de paso alcanzar el cielo. Dios se enfadó por la osadía de la familia de Noé; de alguna manera suponía retar su voluntad así que por ello les condenó a hablar en diferentes idiomas. A partir de ese momento, sin posibilidad de comunicarse entre los gremios, el desgobierno se instauró en la construccion de la torre y no hubo ladrillo ni cemento en su sitio. En unos pocos días la increíble estructura de la torre de Babel se derrumbó.

La nueva presidenta socialista del Congreso en sus primeras palabras tras ser elegida anunció en esa casa podrá usarse el catalán, el euskera y el gallego. Fruto de una exigencia de los partidos nacionalistas, el PSOE ha tenido que asumir una reivindicación que en el pasado siempre había rechazado porque "buscaba mezquinamente el separatismo".

Veremos en breve a diputados y ministros que necesitarán traducción, debates que serán ininteligibles para la mayoría de los españoles y las Cortes Generales se convertirán en la sede de lo absurdo al despreciar la mayor herramienta que disponemos los 48 millones de españoles para hacernos entender que es nuestro idioma común, el castellano.

Los partidos que apoyan este acuerdo dicen que buscan apuntalar el armazón institucional para que sea "plurinacional y progresista". El propósito a primera vista parece bienintecionado pero como en la torre de Babel, la consecuencia de no hablar el mismo idioma, de no saber comunicarse y en este caso de deslegitimar para una mayoría de españoles las instituciones, seŕa justo lo que estos socios nacionalistas (y podemitas) llevan años defendiendo que no es otra cosa que la destrucción de la España democrática que nació con la Transición.

Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR Y LLYC

lunes, 24 de julio de 2023

No hemos terminado


(este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 Minutos el 23 de julio de 2023)

Ya han pasado las elecciones. Pero en el cuerpo de algunos seguirán muy presentes. A los más de 180.000 españoles que estuvieron en las mesas electorales durante casi 12 horas les durará el cansancio unos días. 4.892 candidatos que optaban a un puesto en el Senado o en el Congreso de los Diputados, el alegrón o el cabreo les acompañará unas horitas más. Unos miles de militantes acérrimos de la derecha y la izquierda -que los hay en ese número- se han levantado con una jaqueca que no se quitará tan rápido, porque los excesos de la noche electoral se pagan. La mayoría de españoles seguimos sin saber qué pasará y quién gobernará. Y los verdaderos protagonistas de las elecciones, Feijóo y Sánchez saben que esto no ha hecho más que empezar. A ellos dos las votaciones de ayer, les ha marcado de por vida, pero saben que estos días todavía les toca tomar muchas decisiones.

Así es. Las elecciones no terminan hoy, aunque te vayas de vacaciones o ya no te pidan el voto desde la megafonía de una furgoneta. Por mucho que anoche te acostaste pensando que esta pesadilla de dos campañas electorales seguidas se había terminado, la política no se irá tan rápido de tu vida. Igual que los carteles electorales permanecen con las caras de los candidatos unos meses hasta que el viento se los lleve o un diligente ayuntamiento haga su trabajo, los políticos seguirán muy presentes en tu vida.

Por delante les toca tomar muchas decisiones para el futuro de España, pero también para el suyo personal y el de su partido. La democracia es así y hemos depositado en un puñado de personas la capacidad para ello, al mismo tiempo son los partidos la herramienta clave para soportar nuestro régimen constitucional.

Ahora es el tiempo de pensar en nuevas elecciones o bien armar los pactos necesarios, nombrar un nuevo gobierno, elaborar un nuevo presupuesto y actuar. Sobre todo, actuar. Los problemas no esperan y nuestro país no puede perder tiempo en resacas poselectorales. En realidad, todo empieza ahora.

La inflación de la cesta de la compra seguirá machacando la economía familiar, los tipos de interés continuarán haciendo la vida imposible al que tiene una hipoteca, la precariedad de sueldos y el desempleo de larga duración no se solucionarán por arte de magia. Mayores y jóvenes seguirán viendo como el mercado laboral se ha secado para ellos. La guerra en Ucrania traerá tensiones en los precios de la energía, pero también en otros bienes básicos; Europa seguirá exigiendo a España que deje de gastar sin límite y los peajes volverán a nuestro país y quién sabe si la “fiesta” de los fondos europeos tocará a su fin. Violadores, okupas y otros delincuentes no dejarán las calles por mucho que ya haya finalizado el recuento de votos. Las tensiones territoriales abandonarán la tregua de estos meses porque los que las que promueven saben que sin ellas están acabados. Los pequeños negocios abrirán la persiana, aunque sus agobios no han desaparecido; los enfermos continuarán el mismo puesto de la lista de espera y España seguirá siendo un gran país, con no pocos problemas por delante.

Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC 

viernes, 30 de junio de 2023

A saltar la hoguera


(este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 Minutos el día 26 de junio de 2033)

Las hogueras han tomado España en la noche de San Juan. Una tradición que se pierde en la historia para conmemorar al mismo tiempo el inicio del verano y el milagroso nacimiento del hijo de una pareja de ancianos, Zacarías e Isabel. Este solsticio es la noche más corta del año y se celebra con verbenas y juergas en las que nunca falta el fuego. En las plazas y en las playas se encienden hogueras alrededor de las cuales se arremolinan los paisanos. El cristianismo nos cuenta que un fuego similar fue hecho por los padres de San Juan Bautista para dar gracias a Dios por el inesperado nacimiento de su hijo cuando ya lo había dado por debido dada su avanzada edad.

El fuego también recupera esa noche un significado purificador y además de dar gracias porque llega una estación luminosa y buen tiempo, aprovechamos para quemar imaginariamente lo peor del frio invierno y del último año. Nuestra mirada fija en las llamas hace que surja el milagro de que los malos recuerdos se calcinen en la lumbre hasta desaparecer de nuestra memoria. Se queman en la pira para afrontar un verano sin lastre alguno.

Pero hay algunos que optan por algo más audaz que es saltar por encima del fuego. Una tradición que protagonizan jóvenes desafiando a la gravedad y a las brasas al rojo vivo.  Porque de padres a hijos se ha trasladado que, si eres capaz de saltar las llamas, tendrás un año por delante de buena suerte. Todos los veranos miles de valientes lo logran, aunque al mismo tiempo unos cientos acaban en urgencias con quemaduras de primer grado en las plantas de sus pies.

Nadie ha visto a los candidatos a presidente del gobierno saltando una de estas fogatas. O por lo menos yo no lo he leído. Pero dejad que mi imaginación fluya. Un vigoroso Pedro Sánchez que ha entrenado durante toda la semana, reclama que todos los candidatos asuman el compromiso de superar la prueba del fuego. Por su parte él brinca con espléndida técnica y la mejor de sus sonrisas mirando a la cámara. Alberto Núñez-Feijóo salta -como haríamos cualquiera de nosotros- con algo de cara de susto sobre una discreta hoguera humeante. Santiago Abascal. nadie sabe cómo pero camina con determinación por encima de las brasas sin mostrar dolor alguno. Yolanda Diaz opta por una hoguera de leds que no contamina y además le permite una estética declaración sin riesgo de quemaduras.

Todos nuestros candidatos logran el objetivo de este imaginario salto y quiero pensar que les queda la duda de si funcionará el embrujo de la primera noche del verano ¿serán los llamados a la gloria o acabarán en la enfermería? ¿serán decapitados como Juan El Bautista o pasarán a la historia como ese mismo santo? Me temo que por mucha fe que tengan en su partido o nosotros en las encuestas, no sabe nadie qué pasará. La buena noticia para todos es que ya queda menos y en cuatro semanas votaremos, si el calor no lo impide, de una manera democrática y afrontaremos un nuevo destino para nuestro país que esperemos que sea tan luminoso como estos días de junio. Lo necesitamos.


Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC

sábado, 3 de diciembre de 2022

Pan y circo

(este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 Minutos el día 28 de noviembre de 2022)

La semana pasada han sido aprobados por amplia mayoría los Presupuestos Generales del Estado y al mismo tiempo ha comenzado el Mundial de Futbol de Catar. La política y el balompié han opacado cualquier otro asunto. Unos presupuestos repletos de ayudas, subsidios, subvenciones y privilegios para funcionarios, jubilados, desempleados y otros colectivos “vulnerables” que suponen cerca de diez millones de españoles.  Y la televisión pública, la misma que en verano estuvo una semana con el logo del orgullo, ha transmitido la copa del mundo catarí sin sonrojarse, eso sí con audiencias que superaban los nueve millones en nuestro país. “Pan y circo” dos milenios después.

Allá por el año 100 antes de Cristo, un afamado poeta latino de nombre Juvenal acuñó la frase panem et circenses para describir la estrategia de Roma de regalar trigo y organizar fastuosos juegos circenses con carreras de cuadrigas y gladiadores. El pueblo -sin hambre y entretenido- caía rendido ante la generosidad de sus gobernantes. “Pan y circo”, por tanto, fue la vía para mantenerse en el poder haciendo desaparecer el histórico espíritu crítico de los romanos. Una forma como otra cualquiera de populismo. Hoy, aunque parezca mentira por el tiempo que ha pasado, parece que sigue vigente.

En Roma, las hogazas de pan repartidas en las casas y el acceso libre al Circo Máximo, silenciaron los muertos en las legiones y la miseria de las calles. En España -no iré tan lejos- los presupuestos y el Mundial permitirán llegar al gobierno hasta las elecciones municipales de mayo sin grandes sobresaltos. Aumentos del salario mínimo interprofesional, cheques gasolina por doquier, empleados sin trabajar y cobrando al estar en ERTE, nuevas ofertas públicas de empleo, funcionarios y pensionistas con subidas de rentas garantizadas por el BOE, generosas subvenciones a los amigos y campañas de publicidad, todas las habidas y por haber, hasta convertir al Gobierno en el primer anunciante de España. Y fútbol, mucho fútbol.

La economía, como esos atletas dopados que aguantan la carrera gracias a la química, resistirá unos meses, pero llegará un momento que no soportará más inyecciones de deuda y se parará. Al igual que el mundial de fútbol terminará, las empresas y las familias no podrán soportar más meses de presión fiscal, aumento de precios y caída de pedidos del resto del mundo. Por supuesto habrá intentos de seguir con el circo, algunos políticos lo intentarán desde la Carrera de San Jerónimo y otros desempolvarán pancartas en vano. Pax Romana era la expresión latina que resumía todos esos años de estabilidad y prosperidad que vivió esta ciudad. Pero no duró siempre. Y tras este periodo llegó la caída del imperio romano…

Pero aquí no hemos venido a hablar de historia clásica,  así que las palomitas que no falten para seguir viendo en las pantallas el mundial de futbol o los pactos y los exabruptos en el parlamento. Que ya no se sabe qué es más espectáculo, si lo uno o lo otro.

Iñaki Ortega es doctor en economía en la Universidad de Internet (UNIR) y LLYC


viernes, 15 de julio de 2022

Quién fue y qué significó Miguel Ángel Blanco

(este artículo se publicó originalmente el día 14 de julio de 2022 en los periódicos del grupo Prensa Ibérica como El Levante, La Opinión, El Faro de Vigo y El Periódico entre otros)



Piensa en tu compañero de pupitre en el colegio, en el vecino del tercero o en esos primos que nunca ves. Quizás en la chica que va contigo en el metro a la universidad, en el nuevo colega que ha entrado en la oficina o por qué no en ti mismo. Alguien así era Miguel Ángel, un chico de veintitantos que vivió en España hace 25 años.

Miguel Ángel Blanco era hijo de un albañil y una ama de casa gallegos que se fueron al País Vaso en busca de un futuro mejor. Se instalaron en una ciudad industrial, como tantas que hay en el entorno metropolitano de Madrid o Barcelona. Nuestro protagonista se crio en plena democracia en Ermua, cerca de Bilbao dónde estudió su carrera. Al mismo tiempo su pasión por la batería, le llevó a enrolarse en un grupo de música que amenizaba las bodas de sus vecinos y las verbenas de los pueblos cercanos. Al terminar la carrera y para ganar unas perrillas su padre le llevó a trabajar con él en la construcción, hasta que consiguió un trabajo como economista en Éibar, a una parada de tren de su casa. Tenía una novia con la que hacía planes y un préstamo para un coche que le permitiese ir a la playa en verano. Al mismo tiempo Miguel Ángel estaba preocupado por las carencias de su ciudad, le sacaba de sus casillas que no hubiese un polideportivo.

Hasta aquí todo normal y nada diferente a lo que le sucede hoy a un joven español de menos de 30 años. Pero Miguel Ángel vivió en la España de hace tres décadas en la que una banda terrorista que había nacido en la dictadura se había resistido a dejar las armas, a pesar de disfrutar de una amnistía con la llegada de la democracia. Los terroristas de ETA mataban policías y militares, de vez en cuando a algún político y empresarios. Contaban con acólitos que jaleaban sus crímenes y hasta se presentaban a las elecciones sin pudor alguno. Miguel Ángel lo sabía y no le gustaba, pero le pudo más defender sus ideas y cuando le ofrecieron ser concejal de Ermua, aceptó encantado. Aunque estaba muy reciente el asesinato de un político muy conocido, al que él mismo había seguido por su claridad de ideas, pensó que quién iba a hacerle daño a él que era un chaval que solo quería unas instalaciones deportivas dignas.

Esos mismo días uno de esos que celebraban los atentados se dio cuenta que Miguel Ángel iba en tren a la misma hora y sabiendo que era concejal pasó esa información a los terroristas, que decidieron secuestrarle. Le metieron en el maletero de un coche a punta de pistola, le maniataron, le encerraron en un sótano sin agua y luz para después de dos días llevarle a un descampado y pegarle dos tiros mortales a quemarropa. Sin él saberlo España entera salió a la calle a pedir su liberación y durante esos días los amigos de los terroristas fueron acorralados por lo que se llamó el Espíritu de Ermua que consiguió, una década después, que los terroristas dejasen las armas.

Ahora que los que le mataron y ayudaron a matarle, quieren que nadie se acuerde de estas cosas o incluso que parezca que su lucha fue justa, cuéntale a todo el mundo quién fue Miguel Ángel Blanco. Así, no volverá a pasar

Iñaki Ortega es doctor en economía y profesor de universidad en UNIR y LLYC. En 1997 era presidente de Nuevas Generaciones del PP en el País Vasco

martes, 12 de julio de 2022

Carta desde el cielo

 (este artículo se publicó originalmente en el periódico ABC el día 12 de julio de 2022)

Aquí los días pasan rápido. Más desde que mis padres están conmigo. Tenía tantas ganas de que dejarán de sufrir y por fin hace dos años que estamos juntos. Miguel, mi padre, era fuerte como un toro, curtido en andamios y zanjas, pero en Ermua los meses siguientes a mi muerte se le atragantaron, no podía soportar las risotadas de los batasunos. Cuando encontró trabajo en Vitoria las cosas cambiaron y no volvió a sentir ese odio irrefrenable. Mi madre, Chelo, nunca dejó de estar rota por dentro, pero cuidar de mi padre y hacer más fácil la vida de mi hermana, la confortaron. Desde aquellos días de julio, no volví a sentir a mis padres, a Marimar y Roberto como habían sido siempre: alegres, vigorosos y optimistas. Solamente cuando jugaban con mis sobrinas, recordaba cómo eran antes de que hace 25 años cogiese un tren que, en lugar de llevarme a Éibar, me trajo donde estoy.

Ahora soy feliz, pero tengo muy presentes esos días que pasaron desde el subidón de la liberación de Ortega-Lara hasta que ya no pude luchar más en la Clínica de San Sebastián. Recuerdo la ilusión de comprarme, por fin, un coche nuevo; la gozada de ver jugar a Bakero con el Barca; lo contento que estaba con mi trabajo tras los años de carrera en Sarriko que se me hicieron muy largos. La música, los amigos y los planes de futuro con Marimar (cómo me alegra que haya rehecho su vida con Joan) ocupaban mis horas esos días, pero, tengo que reconocer, un temor que no se me quitaba de mi cabeza “Qué harán ahora estos locos de ETA para vengarse”. La imagen de José Antonio saliendo del zulo, como si fuese un judío de un campo de concentración, rondaba mis pensamientos. La inhumanidad de los etarras que en la nave industrial no fueron capaces de colaborar con el juez Garzón, sabiendo que con ello estaban matando a un ser humano, martilleaba mi cabeza esos días. El colmo fue ver en el kiosko de la estación de Ermua la portada del periódico Egin “Ortega vuelve a la cárcel”. Pero, yo ya había decidido dejar de ser concejal y dedicarme a mi trabajo que para eso era el primero de mi familia con carrera. En mi partido había una buena cantera que estaban dando la batalla, con Iñaki, Borja, Gonzalo o Esther y tampoco se notaría mi falta. Guardo buen recuerdo de los plenos del ayuntamiento y del alegrón de ver a Aznar en la Moncloa, aunque el asesinato de Goyo, con lo valiente que era y lo que había significado para Nuevas Generaciones, seguía suponiendo un gran vacío.

Y en esas estaba cuando comenzó mi calvario. No me apetece mucho recordarlo. La oscuridad, el pánico, esos ojos inyectados de odio, las dos deflagraciones, rodar por el terraplén, las máquinas y cables del hospital y por fin, sentir la mano de mi madre…He perdonado, pero no he olvidado. Me duele pensar en la impunidad de los que colaboraron en mi secuestro o en los que celebraron mi asesinato, hoy, interlocutores de las instituciones. Termino, que no quiero aburriros, no me olvidéis por favor, porque si eso pasa me temo que otros chicos como yo, antes que tarde, volverán a ser descerrajados por un terrorista

Iñaki Ortega es profesor de universidad y en 1997 era presidente de NNGG del País Vasco.