jueves, 8 de abril de 2021

Territorios para la economía sénior

(este artículo se publicó originalmente el día 7 de abril de 2021 en el periódico El Heraldo de Aragón)

 

Hace un año la comunidad autónoma española de Aragón parecía el peor lugar de España para vivir si eras una persona mayor. Coincidiendo con la primera ola del coronavirus, los datos de residentes fallecidos a causa de la pandemia situaron a este territorio a la cabeza de las estadísticas. Cientos de miles de familias sufrieron, no solo el temor a morir por el virus, sino la angustia de pensar que vivir en Aragón era un demérito.

Hace un año también, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), encargó a un grupo multidisciplinar de investigadores entre los que me encuentro, un informe para analizar cómo evitar situaciones similares en los cuidados a las personas mayores. El informe que acaba de ver la luz fue promovido por la división de protección social y salud de este banco de desarrollo. Tras analizar una ingente cantidad de información sus conclusiones permiten tranquilizar a los aragoneses con familiares en las residencias. No obstante, deja claro que la cohorte de edad que más ha padecido el Covid-19 en términos de mortalidad ha sido la de los adultos mayores. Además, una gran mayoría de los fallecidos de esa edad, aquí pero también a lo largo y ancho del mundo, vivían en contextos institucionales. El impacto de la pandemia ha puesto de manifiesto, a su vez, una preocupante discriminación (edadismo) en la gestión de la alarma sanitaria y una fragilidad de los sistemas de cuidados. Además, se han identificado los principales elementos a mejorar en la gestión de este tipo de crisis, así como una serie de buenas prácticas en cuatro áreas: servicios residenciales, recursos humanos, apoyo emocional y actuaciones en el ámbito comunitario y cooperativo. Por último, se han sistematizado recomendaciones para avanzar hacia un sistema de cuidados centrado en la persona.

Entre estas últimas hay una en la que la capital de Aragón, Zaragoza, se sitúa a la cabeza de España y que conviene que se conozca. A saber, el informe del organismo internacional habla de “mejorar los ambientes urbanos, la accesibilidad, la movilidad y la vivienda para aumentar la autonomía de las personas mayores”. Este consejo apunta a fomentar la “amigabilidad” en los municipios para integrar a las personas mayores en la vida social y comunitaria. El movimiento Age Friendly Cities and Communities, promovido desde la Organización Mundial de la Salud, que actualmente aglutina a más de 1.000 ciudades de todo el mundo, es una excelente herramienta de cohesión social en relación con la edad y la dependencia, que durante demasiado tiempo han estado al margen de los mensajes de promoción del envejecimiento saludable.

Aunque no se sepa suficientemente, Zaragoza fue pionera en España a la hora de intregrarse en esa red internacional y lo que es más importante en comprometerse con actuaciones concretas para ser amigable con los mayores. Hace unas semanas así lo reconoció el Centro de Investigación Ageingnomics que seleccionó a Zaragoza como el municipio español de referencia en sus políticas para con los adultos mayores. En esta decisión, avalada por Deusto Business School y la Fundación MAPFRE se tuvieron en cuenta algunas actuaciones que el alcalde Jorge Azcón ha promovido en su mandato. En primer lugar, inversiones para la rehabilitación urbana pensando en la diversidad generacional que incluyen mejoras en los barrios y ayudas para rehabilitar viviendas que harán posible el anhelo de los mayores, creciente tras la pandemia, de seguir viviendo en sus casas. En segundo lugar, la adaptación de la ordenanza de accesibilidad como herramienta para que las personas mayores puedan desplazarse con mayor autonomía y seguridad. Aceras más anchas, mejor transporte público, más zonas de sombra, pero también menos trabas para que la dependencia –a la que todos llegaremos- para no renunciar a vivir en tu ciudad. Por último, cada vez más estudios demuestran que el distanciamiento físico necesario para reducir el contagio en la pandemia se convirtió en distanciamiento social y consecuentemente en soledad para muchas personas mayores, con graves efectos en la salud mental y el deterioro cognitivo. Esa soledad no deseada dificulta que dispongan de un ocio activo y que puedan participar en iniciativas colaborativas, como es el voluntariado. El alcalde anunció en su conferencia que se van a promover prestaciones mayores con programas como la extensión del servicio de comedor y las actividades de ocio activo para los usuarios de los centros de mayores.

Zaragoza y Aragón despiertan de la pesadilla de la pandemia con un reto en el horizonte. Los servicios para las personas mayores son una fuente ingente de generación de empleo y una oportunidad económica para los territorios que tomen las decisiones adecuadas desde el ámbito público y privado. Todas las previsiones indican que el número de adultos mayores aumentará considerablemente en los próximos años y con ello se multiplicarán necesidades inéditas que han de obtener respuestas con nuevos bienes y servicios, en el ámbito de la conocida como la economía sénior


Iñaki Ortega es profesor de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR). Ha dirigido el informe “Fragilidad de las instituciones de cuidado a la vejez ante el Covid 19” promovido por el BID.


lunes, 5 de abril de 2021

Atascado

(este artículo se publicó originalmente en el diario 20 Minutos el día 5 de abril de 2021)


La imagen del enorme barco encallado en el canal de Suez ha dado la vuelta al mundo. Durante una semana la ruta que une Oriente con Occidente ha estado bloqueada, dejando a 400 cargueros sin cruzar el canal. El mega buque Evergreen trasladaba más de 20.000 contenedores de China a Europa y quedó varado en las arenas del canal por una fuerte ráfaga de viento. A pesar de su tecnología punta, una simple tormenta ha provocado decenas millones de dólares de pérdidas cada día de colapso, a causa de la paralización de la cadena de suministro de las empresas multinacionales.

Ahora te pido que reflexiones si no te has sentido alguna vez como ese carguero. Atascado. Sin poder avanzar ni retroceder. Hundido. En un problema que no te deja reaccionar. Bloqueado. Porque no puedes o no sabes salir de una situación que te deja sin capacidad de reacción. Superado. Por el peso de una persona tóxica o unos jefes ausentes. Encallado. Sabiendo que cada semana que pasas sin poder salir, estás perdiendo tú y los tuyos. Atorado. Porque te has empeñado en salvar un empleo o una relación que no lo merecía.

La vida, como a los barcos, nos lleva a navegar con el viento a favor y por aguas placenteras. Pero en ocasiones, los vientos rolan y la corriente te arrastra. El barco Evergreen estaba diseñado para todo ello, pero aun así encalló. En lo laboral pero también en lo personal, nos preparamos durante años para no fallar. Incluso sin cometer error alguno, en ocasiones factores exógenos, como la tormenta de arena de marzo en Suez, te dejan varado. Es literalmente imposible gestionar todas las eventualidades, por eso es mejor centrarte en tener un buen desempeño, no dejar de capacitarte y hacer el bien a tu alrededor porque eso te protegerá para cuando vengan malas.

En una larga carrera laboral, como las que viviremos los nacidos después de 1970, habrá tiempo para fracasos, pero también para éxitos; para velocidad de crucero de la mano de buenas empresas y naufragios promovidos por decisiones miopes. Steve Jobs al agradecer el doctorado honoris causa por la Universidad de Stanford, resumió su exitosa carrera en la frase “conectar los puntos”. Para el fundador de Apple en una vida hay sucesos que te marcan para bien o para mal que no lo sabes cuando te suceden. Solamente cuando pasan unos años y miras para atrás, te das cuenta de que todo cobra sentido y tu realidad es la que es gracias a esos sucesos pasados.

Ahora, cuando encalles en el futuro, que lo harás, recuerda cómo ha sido liberado el buque del canal egipcio. Primero eliminando el exceso de peso de la cubierta que le impedía maniobrar con agilidad, segundo con la ayuda de muchos pequeños remolcadores que lograron enderezar el rumbo y tercero gracias a sus propios medios ya que la tripulación y el propio buque disponían de la mejor preparación.

Iñaki Ortega es doctor en economía y profesor de la Universidad Internacional de La Rioja-UNIR-


miércoles, 24 de marzo de 2021

Pandenomics

(este artículo se publicó originalmente en el periódico La Información el día 23 de marzo de 2021)

El cambio del milenio trajo la vana ilusión de conseguir alinear empresa y sociedad. En la agenda, súbitamente, en 1999, apareció la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) y los objetivos del milenio (ODM) de Naciones Unidas. También, ese año, nació el índice Dow Jones Sustainability y Global Compact, el pacto mundial por la sostenibilidad. Michael Porter comienza entonces a formular desde lo que llamó filantropía corporativa, su teoría del valor compartido. Básicamente el profesor de la Universidad de Harvard defendía alinear el éxito de la empresa con el éxito de la comunidad en la que se opera, para ello hay que retribuir a la sociedad con parte de los beneficios de la compañía. La realidad es más tozuda y este intento de socializar el capitalismo se quedó en estético y la RSC en una cortina de humo. La brecha entre empresa y sociedad lejos de reducirse se agrandó. No es fácil. Son muchos siglos en los que la economía y el humanismo han sido dos ríos que nunca llegaban a juntarse.

La economía, desde que existe como tal, defiende la existencia de ventajas competitivas. Adam Smith en el siglo XVIII matizó en su libro “La Riqueza de las Naciones” esa ventaja por la existencia de una mano invisible (el mercado) que llevaba al bien común. En el siglo XX, para Schumpèter, esa ventaja reside en la fuerza creativa de los emprendedores y para Keynes es el Estado en que garantiza que el ventajismo no genere desigualdad. Pero Milton Friedman en 1970 acuña su célebre frase que aún permanece en la mente de muchos directivos, “la única responsabilidad social de los empresarios es incrementar sus ganancias”. Aunque en 1993 el nobel Douglas North postuló la importancia de las instituciones, entre ellas las empresas, para evitar las injusticias económicas, la corriente de la escuela de Chicago de Friedman siguió ganando adeptos en las corporaciones durante todo el siglo XX. 

Ya desde Aristóteles, la filosofía ha reflexionado sobre el humanismo. Tomás de Aquino postulando por la dignidad del ser humano; Rousseau con su “contrato social “que inspiró la Revolución Francesa frente al absolutismo o la defensa de las libertades civiles en el nacimiento de los Estados Unidos de América frente al dogmatismo de la metrópoli, permitieron el surgimiento en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 1948 de Declaración Universal de los Derechos Humanos. Pero por más que en 1999 se intentó seguir esa línea con los objetivos de desarrollo del milenio y en 2015 los ODS (objetivos de desarrollo sostenible), todavía la economía y la sociedad seguían caminos diferentes.

Pasaron los años y el tercer milenio avanzó inexorablemente hasta la crisis del 2008 que agrandó la brecha entre la empresa y la gente. El mejor caldo de cultivo para un populismo que comenzó a hacerse notar en el mundo y también en nuestro país. El Brexit, la era Trump o el auge de los movimientos antisistema como los chalecos amarillos en Francia o el 15-M en España alertó a muchos directivos a retomar una agenda del cambio. De modo y manera que en 2019 la patronal American Business Round Table pide redefinir las reglas del capitalismo; el periódico Financial Times exige al mismo tiempo reinventar el capitalismo y en el foro de Davos de ese año solo se habla de un nuevo capitalismo del propósito. Los acontecimientos se precipitan y el primer ejecutivo del mayor fondo de inversión del mundo, BlackRock, amenaza con dejar de invertir en empresas que no sean sociales y en España se traspone la directiva comunitaria que exige, por ley, dar información sobre la labor social de las empresas (ley 11/18 de información no financiera y diversidad). Nace el acrónimo ESG (sostenibilidad en materia medio ambiental, social y de gobierno corporativo) como mantra que han de seguir las empresas que quieran sobrevivir en la nueva economía. Hasta la CNMV en la modificación de su código de buen gobierno en 2020 decide sustituir la RSC por la sostenibilidad de la ESG. 

Y de repente la pandemia. La economía de la pandemia o pandenomics ha venido para quedarse. En Argentina el catedrático Javier Milei idéntica pandenomics con mega recesión, inflación y crisis global. En España, la economista jefe de Singular Bank, Alicia Coronil usa pandenomics como sinónimo de inestabilidad ante el auge de China y la desaparición de Abe en Japón y Merkel en Alemania. Yo prefiero una visión más optimista. La economía de la pandemia permitirá el milagro de que los dos ríos condenados a no juntarse nunca -la economía y la sociedad- finalmente lo hagan. La emergencia sanitaria logró que en la fábrica de SEAT de Martorell los motores de los parabrisas se convirtieran en respiradores. El confinamiento permitió comprobar lo sencillo que era tener ciudades con el aire respirable, si conducimos menos. Los fondos públicos bien usados, como en España con los ERTEs y los ICOs salvan a empresas que así mantienen los empleos. Los tenedores de grandes locales comerciales rebajaron los alquileres a los comercios sin actividad. Al mismo tiempo, sin trabas públicas ni organizativas, pudo diseñarse en tiempo récord una vacuna que salva millones de vidas todos los días. Se concilió vida profesional y laboral, con los niños y padres en videoconferencias. Nadie se quedó sin luz o conexión telefónica y de datos. 

Pero lo mejor está por llegar en pandenomics. Europa con el plan de su presidenta Úrsula Von der Leyen, Green New Deal o pacto verde, para hacer que Europa sea climáticamente neutral en 2050. O los fondos Next Generation que ayudarán a que empresas de la mano de la administración modernicen nuestra economía. El capital privado de todo el mundo movilizado para invertir en tecnologías que frenen el cibercrimen, mejoren la salud global o eliminen la huella de carbono. Tecnológicas y startups con nuevos marcos amistosos promovidos por los gobiernos, conseguirán una economía competitiva que genere empleo de calidad y no deje a nadie atrás. Llámenme iluso. Pero la economía de la pandemia puede obrar el milagro. El dolor de este año nos ha hecho descubrir que solo desde la unión de lo público y lo privado, lo económico y los social, se conseguirá vencer al coronavirus pero sobre todo construir un mundo mejor.

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

lunes, 22 de marzo de 2021

Hasta aquí hemos llegado

(Este artículo se publicó originalmente el día 22 de marzo de 2021 en el diario 20 Minutos)


La noticia saltó a la opinión pública esta semana. Un grupo de jóvenes analistas del banco americano Goldman Sachs había demandado a su empleador por largas jornadas laborales de hasta 95 horas semanales.  Todos los días, incluidos viernes y domingos salían de la oficina más allá de la media noche. Históricamente los jóvenes más brillantes tras estudiar en las mejores universidades comienzan su carrera profesional en este tipo de entidades: grandes consultoras o banca privada. Era y sigue siendo el primer escalón hacia el éxito, pero a cambio -como si vendieran su alma al diablo- tienen que soportar dos o tres años de jornadas interminables, presión salvaje por los resultados y niveles de desempeño más que exigentes. Bajo la supervisión de profesionales del sector “dopados” por estratosféricas nóminas que se multiplican en función de los éxitos anuales, aprenden que la mera presencialidad y la total disponibilidad es tan importante como su capacitación. Tres generaciones llevan soportando esta presión sin aparentes quejas, de hecho, pasan los años y los directivos que en su día fueron analistas de primer año explotados, acaban por reproducir esos mismos hábitos.

De vez en cuando aparece un renglón torcido, nos escandalizamos, pero pronto se olvida y todo vuelve a ser igual. En 2013, en Londres, un becario de Bank of America con 21 años perdió la vida tras trabajar 72 horas sin descanso. Clientes exigentes, directivos implacables, jóvenes hipermotivados e incentivo económico desorbitados han persistido hasta nuestros días. Este modelo de negocio enfermizo no se ha debilitado por la covid19 sino al contrario, ya que las peores perspectivas para el empleo juvenil han cebado la competencia entre los recién egresados por llegar a estas posiciones.

Pero detrás de esos jóvenes de Nueva York que han documentado las enfermizas prácticas laborales de la banca de inversión, no solo está su valentía sino una irreverencia que caracteriza a la generación nacida a partir de 1994. La conocida como generación z (porque son el grupo etario posterior a los millennials o generación y), son la primera generación en la historia que se ha educado y socializado con internet en sus casas. Algo más de ocho millones de jóvenes en España y 2.000 millones de personas en el mundo que han forjado su personalidad con acceso libre de modo inmediato a un conocimiento casi infinito.  Precisamente por eso los z son irreverentes por naturaleza y se lo cuestionan todo. El mayor reto que tienen las empresas y las universidades es saber escucharlos. Un directivo no los escuchó y hoy gracias a twitter pero también a Financial Times, este banco de inversión tiene un problema. “Hasta aquí hemos llegado” han gritado esos brillantes jóvenes desde sus oficinas en Manhattan.

Pero esto no ha hecho más que empezar y como ha recordado el filósofo coreano Byung-Chul Han en el teletrabajo y “zoom” está una de las más potentes explotaciones contemporáneas. Esa es la siguiente batalla de los z. Al tiempo.

 

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

viernes, 19 de marzo de 2021

¿Los seniors emprenden por necesidad o por oportunidad?


El principal estudio de medición del fenómeno emprendedor, el GEM (Global Entrepreneurship Monitor) distingue entre el emprendimiento de oportunidad y el de necesidad. El primero es aquel que se realiza para cubrir una situación perentoria, generalmente la necesidad de entrada de nuevos ingresos de manera rápida; frente al emprendimiento por oportunidad que busca capitalizar una idea innovadora en el mercado. Los territorios más dinámicos del mundo acumulan emprendimientos del segundo tipo con altos impactos en el empleo y la riqueza patria. 

Para España el aumento de la esperanza de vida ofrece una ventana de oportunidad única para convertir la nueva longevidad en empleo y actividad económica en sectores como la salud y el turismo, las finanzas, el urbanismo, la educación o la vivienda. Pero, además hay otra buena noticia, la tecnología y los nuevos empleos permiten alargar las carreras profesionales. Tímidamente ya se están dando pasos para que la oferta de bienes y servicios para los mayores se sofistique y los seniors son los que mejor conocen las necesidades de su grupo etario. Miles de negocios se crean todos los años por emprendedores mayores de 55 años que son conscientes del gran mercado que se ha abierto. Emprendimiento de oportunidad. 

Pero no sucede lo mismo con la demanda de trabajadores seniors. El mercado laboral, por desgracia, prácticamente se ha cerrado para los que superan los cincuenta años y las empresas han emprendido una triste carrera por anticipar la jubilación con lo ello supone de pérdida de talento. Solamente dos de cada 10 seniors trabajando, más de medio millón de desempleados en España que superar los 55 años y la mitad de ellos lleva más de un año buscando trabajo. Por ello, el trabajo por cuenta propia se ha convertido -para una gran mayoría de adultos mayores- en la única opción para que el talento sénior pueda seguir aportando a la economía. Emprendimiento de necesidad. 

Al mismo tiempo hay que decir alto y claro que el número de mayores que trabajan por cuenta propia en el mundo supera al de los jóvenes de entre 18 y 29 años, conforme a los datos del Informe Especial GEM sobre emprendimiento sénior. En Estados Unidos de América, las personas entre 55 y 65 están ahora un 65 por ciento más dispuestas a iniciar compañías que los de 20-34, según la Fundación Kauffman. En el Reino Unido, el 40 por ciento de los nuevos fundadores de empresas tienen más de 50 años, y casi el 60 por ciento de los mayores de 70 que aún trabajan, están autoempleados. España, con los datos de 2020, confirma que los seniors son la cohorte de edad que más creció en el régimen de autónomos. A su vez cada vez son más las investigaciones académicas que demuestran que la productividad no se pierde con la edad y con la disrupción tecnológica. Acemoğlu y Restrepo defendieron en 2018 una relación positiva entre implantación de la robótica y trabajadores longevos. En 2019 investigadores del MIT consiguieron demostrar que la edad de los fundadores de las empresas de más alto crecimiento en USA está más cerca de los 55 que de los 25 años. 

Por todo lo anterior no es casual que uno de los primeros trabajos del Centro de Investigación Ageingnomics sea un manual para fomentar el emprendimiento senior. La guía, elaborada por un equipo de docentes de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) busca movilizar el talento de las personas mayores a través del trabajo por cuenta propia. De modo divulgativo, sin renunciar al rigor, Fundación MAPFRE con esta guía, pretender incentivar a que cada vez más seniors encuentren en el emprendimiento una vía para poder seguir aportando su talento a la sociedad a la vez que encuentran una alternativa para obtener ingresos. Si es de necesidad o de oportunidad el emprendimiento, será algo a estudiar, pero ahora lo importante es apoyar que cuando los seniors emprenden eso es bueno para ellos y para la sociedad.

Puede ver el contenido completo de la Guía de Emprendimiento Senior en este enlace: https://ageingnomics.fundacionmapfre.org/publicaciones/guia-emprendimiento-senior/

 

Iñaki Ortega, director de Deusto Business School y profesor de la UNIR


domingo, 14 de marzo de 2021

Economía Sénior. El reto de financiar la longevidad

(este artículo se publicó originalmente en la Revista Capital en el número de marzo de 2021



Qué buen momento para recordar que la palabra sénior no procede del inglés, sino que es una voz latina, del comparativo senior, más viejo. La pandemia nos exige dignificar la posición de los más mayores que han sido golpeados dos veces por el virus. Primero, por ser el 92% de todos los fallecidos y segundo, al haber padecido una inaceptable discriminación en los peores momentos de la crisis sanitaria.

Sénior se opone a júnior y su origen es también romance, de iunior, más joven.  Ambas palabras se han revitalizado por influjo anglosajón, de hecho, en las ofertas de empleo es habitual esta clasificación. Se añade júnior o sénior a un puesto para hacer referencia al nivel de conocimiento o los años de experiencia de candidato. Un trabajador júnior es un principiante con un nivel de autonomía bajo. Un empleo catalogado como sénior es para un experto que anticipa problemas para resolverlos a tiempo.

Fruto de lo anterior ha surgido el concepto de economía sénior. El conjunto de las oportunidades que derivan del impacto de las actividades realizadas y demandadas por las personas con experiencia acumulada. Actualmente ya representa el 25% del PIB en territorios como Europa, pero esto no ha hecho más que empezar, ya que en 2025 la previsión es que el peso de las personas que superen los 55 años en la economía de la Unión Europea sea del 31,5% del PIB y del 37,8% del empleo. En Francia, la cohorte de edad por encima de los 55 años representa más de la mitad del consumo nacional. En España, conforme el barómetro de consumo sénior, una aplastante mayoría dispone de una casa en propiedad que además está ya pagada. Si a ese dato se une que en gran parte de esos hogares hay dos fuentes de ingresos, resulta coherente -siguiendo ese estudio- que los propios seniors son optimistas con su futuro y creen que van a gastar y viajar más.

Hoy son más de quince millones los españoles en ese segmento de edad. Esos séniors cada vez viven más y mejor. Si hace un siglo en nuestro país apenas se sobrevivía unos pocos años a la jubilación hoy se superan las dos décadas de esperanza de vida a partir de los 65 años.  Pero tanta buena noticia no puede ocultar que nuestro sistema de previsión social en breve será incapaz de sostener las pensiones de un grupo tan amplio -20% de la población- y durante tanto tiempo -más de 20 años-. Además, los gastos asociados a una larga vida no disminuyen precisamente con la edad. Conforme nos acerquemos a los setenta y cinco años (ver estadística del INE de esperanza de vida con buena salud) es muy probable acabar siendo dependiente y por tanto necesitar (y pagar) cuidados durante el resto de la vida.

Por eso, para financiar nuestra longevidad tendremos que recurrir a pilares diferentes que la seguridad social. Ahorrar será imprescindible para compensar la insuficiencia de las pensiones públicas, bien sea con productos financieros (planes privados de pensiones) o propiciado por las empresas que nos emplean (EPSV de empleo también llamados planes de empleo) Pero por alguna razón, hacer líquido el ahorro inmobiliario de toda una vida no se usa en España. Siendo un país de propietarios apenas se ha movilizado la vivienda como complemento de la pensión. Siguiendo al profesor José Antonio Herce, los activos inmobiliarios pueden ser la base de un flujo de rentas o servicios previsionales vitalicios. Más allá de la hipoteca inversa (préstamo vitalicio que se otorga al dueño de una casa utilizando como garantía de devolución el valor de mercado de la vivienda) hay muchas otras figuras posibles. La renta vitalicia, la nuda propiedad o el alquiler vitalicio (también conocido como vivienda inversa que permite recibir una mayor renta ya que solo se descuenta el valor actualizado de un alquiler vitalicio) son otras fórmulas que han de florecer en España en beneficio de una mayor calidad de vida de las personas adultas mayores. De nuevo la colaboración público-privada mediante un nuevo marco que de garantías a la vez que incentive y con agentes valientes y honestos que comiencen a operar, será la fórmula de éxito. Economía senior para la economía de los seniors.

NOTA: Mi enhorabuena al directivo y emprendedor Benigno Lacort por haber sido pionero en promover la visibilidad del concepto de economía senior con sus encuentros de economía senior en Madrid.

Iñaki Ortega es profesor de la Universidad de Deusto y autor del libro “La Revolución de las Canas” (editorial Planeta, 2018)

martes, 9 de marzo de 2021

No funciona la centrifugadora

 

(este artículo se publicó originalmente en el diario 20 Minutos el día 9 de marzo de 2021)


Igual todavía te acuerdas de cuando estudiábamos la fuerza centrípeta. Las leyes de Newton demostraban que existía una fuerza hacía el centro en la trayectoria circular de un objeto. La pandemia no ha hecho más que consolidar una potente tendencia socioeconómica de situar todo el protagonismo en las cohortes centrales de edad, es decir entre los 25 y los 55 años. Una fuerza centrípeta imparable que deja fuera del foco a los jóvenes de la generación z y a los seniors. Me explicaré.

Acaban de conocerse los datos de desempleo juvenil y España lidera esta estadística en Europa con más de un 40%, casi triplicando la media de los países desarrollados (14% en la OCDE). Somos el peor país de nuestro continente para encontrar trabajo entre los 16 y 24 años. Al mismo tiempo 2020 terminó como uno de los peores de la historia para el talento senior. Trabajar y tener más de 55 años es casi ya una utopía en nuestro país con la tasa de actividad en esta cohorte de edad más baja de Europa.

La crisis social que ha traído la covid19 también ha seguido fielmente esta fuerza centrípeta. La población que está en la edad central, por debajo de los 50 años, asiste cómodamente al espectáculo de criticar todos los fines de semana a los inconscientes jóvenes que hacen lo que todos hicimos a su edad. De la misma forma que con un miope paternalismo defienden medidas más estrictas para los que superan los 55 años y así protegerles del virus. Simple y llanamente edadismo o discriminación por edad lo han bautizado los expertos.

¿Cómo es posible que la mitad de la población quede fuera de las prioridades de nuestras autoridades y de la lógica de la economía? No se entiende, pero así es. Más de 25 millones de españoles que no están en esa franja de edad central, de entre los 25 y los 55 años, y por tanto no diseñan las políticas públicas, no elaboran los presupuestos ni tampoco las campañas de publicidad y por supuesto no participan de las estrategias empresariales.

Junto a la fuerza centrípeta en el colegio nos enseñaban la centrífuga. La fuerza centrífuga como su etimología indica -huir del centro- es la tendencia a alejarse del eje sobre el cual gira. Las aplicaciones de esta fuerza son muchas, pero la que más usamos es la función de su mismo nombre en las lavadoras. Las rápidas vueltas del tambor permiten eliminar la humedad y por tanto secar la ropa.

A la luz de los tristes datos económicos y sociales de los más jóvenes y los adultos mayores, tenemos que gritar que la centrifugadora en España no funciona. No hay planes, políticas ni actuaciones público-privadas para luchar con esa fuerza que prioriza las edades centrales y que discrimina a la generación z y a los conocidos como silvers. No nos queda otra que arreglar la centrifugadora en nuestro país, lograr una fuerza que nos saque de la inercia y así tener en cuenta a los jóvenes y los seniors.

 

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR