jueves, 19 de junio de 2014

Madrid Emprende


Innovar , validar y pivotar. Esa misma filosofía lean que practican las startups a las que  dirige su actividad es la que mejor explica la evolución de Madrid Emprende a lo largo de sus nueve años de andadura.

Lo que empezó  siendo una pequeña agencia del Ayuntamiento de Madrid centrada en la construcción de infraestructuras empresariales, se ha convertido, gracias al aprendizaje y la iteración continuas, en un referente a nivel nacional e internacional en materia de emprendedores.
En 2005, cuando empezamos a poner en marcha Madrid Emprende, éramos conscientes de que otras ciudades nos sacaban una gran ventaja en el terreno de la promoción económica;  Nueva York, Londres y París ya contaban desde hacía tiempo con agencias de desarrollo similares –Barcelona Activa, sin ir más lejos, se había creado a finales de los 80-, y, de hecho, elaboramos nuestra estrategia aprendiendo de su experiencia.

Sin embargo, desde el principio tuvimos muy claro en Madrid Emprende dos cosas: que los emprendedores serían nuestra prioridad y que su apoyo debía ser un campo abierto a la innovación. Ese doble convencimiento  ha dado como resultado un modelo propio, basado en la generación de ecosistemas emprendedores, que el Banco Interamericano de Desarrollo ha tomado como buena práctica y está ayudando a exportar a América Latina.

Fruto de los esfuerzos volcados en las primeras etapas, en el momento en que la  crisis económica sacudió a España, Madrid se había convertido ya en  una de las ciudades de la Unión Europea con más espacios dedicados a los nuevos empresarios.  De la eficacia de la Red de Viveros de la Ciudad, da cuenta la tasa de supervivencia del 90% que las empresas instaladas presentan; y respecto de su eficiencia, cabe señalar que cada euro invertido en las incubadoras se ha recuperado multiplicado por dos en impuestos y contribuciones a la seguridad social.

El que la iniciativa privada tomara el relevo en la creación de espacios de coworking y aceleración en la capital, marcó un punto de inflexión en Madrid Emprende. La ausencia de una oferta especializada en este campo dejó de ser un problema acuciante y se empezó, entonces, a explorar nuevas vías para impulsar el emprendimiento, abriendo en algunos un camino que otras administraciones han acabado siguiendo.

El enfoque se hizo mucho más global, más acorde con la visión ecosistémica con la que se viene estudiando el fenómeno empresarial en lugares como Silicon Valley, Israel o los Países Bajos. El eje de acción dejó de ser exclusivamente la oferta servicios directos a los emprendedores, y se puso el foco en la mejora de las condiciones en las que prende y se desarrolla la iniciativa empresarial.

Así, redujimos a la mitad las cuotas a la seguridad social para jóvenes autónomos, anticipándonos en un año a  la ‘tarifa plana’ del Estado; convertimos un pequeño servicio de asesoramiento a inversores extranjeros en Madrid International Lab, una incubadora de proyectos internacionales única en su especie;  potenciamos la industria del venture capital, constituyendo un fondo de inversión público privada, y nos convertimos en una suerte de lobby dentro del Ayuntamiento, que ha impulsado importantes cambios normativos en beneficio de la actividad empresarial.

Recientemente, el carácter lean de Madrid Emprende ha quedado patente de nuevo en la iniciativa Madrid Tax Free; lo que se concibió como un pequeño incentivo para las industrias culturales y creativas del centro de la capital, ha ido escalando hasta convertirse en un completo programa de estímulo fiscal del que se puede beneficiar cualquier pyme de reciente creación.

Un ecosistema es la suma de muchos, y en nuestro caso han sido cerca de 150 entidades públicas y privadas las que han hecho posible que Madrid Emprende ya se esté asomando a la década de vida, habiendo apoyado a más de 150.000 emprendedores y empresarios.

Hemos procurado en todo momento que la colaboración mantenida con grandes empresas, universidades y otras administraciones fuese de ida y de vuelta, y que se tradujera no sólo en actuaciones concretas, sino también en la asunción de enfoques estratégicos; no en vano, Madrid Emprende  ha contribuido al diseño de programas de innovación abierta como los de Telefónica-Wayra o la Fundación Repsol, así como al de las iniciativas universitarias Compluemprende, Cunef Emprende y las incubadoras de la URJC.

Al hacer balance de estos años, uno se da cuenta de que Madrid Emprende se contagió enseguida del espíritu que guía a los destinatarios de cada una de sus actuaciones. Los intraemprendedores también pueden aparecer en el sector público si se dan las condiciones apropiadas; por este motivo, cuando echo la vista atrás, no puedo sino expresar todo mi reconocimiento hacia todos los que en el Ayuntamiento de Madrid han ayudado, desde arriba o desde abajo, a hacer posible este proyecto.


Iñaki Ortega es doctor en economía y ha sido director general de Madrid Emprende desde el año de su fundación 2005 hasta junio de 2014.

domingo, 18 de mayo de 2014

Smart en madrileño significa libertad

La libertad es el principal atributo de Madrid. El día 15 de mayo asistí a la ceremonia de entrega de las Medallas de Oro de la Ciudad, en la que la alcaldesa defendió esta idea. No puedo estar más de acuerdo; la libertad está detrás de que la capital de España haya alumbrado en los últimos tiempos tantas personalidades y organizaciones merecedoras de reconocimiento y admiración. Se trata de una libertad de ida y vuelta, porque la actividad de estos significados exponentes ha sido uno de los factores que más ha contribuido a hacer más libres al resto de los madrileños.

Los galardonados por el Ayuntamiento de Madrid en la festividad de San Isidro proporcionan un buen ejemplo de ello: la libertad permitió a Cáritas acometer durante mucho tiempo su excelsa labor, sin apenas ayudas, en beneficio de quienes pasan penuria; libres hace el doctor Matesanz a quienes se benefician del sistema de transplantes que puso en marcha hace 25 años. La libertad es también la base de los estudios de Marañón y Ortega, de cuyo compromiso con el progreso es continuadora la fundación que lleva sus apellidos, y Vicente del Bosque no ha dejado nunca de ser un espíritu libre, mal que le pesase en su día a algún futbolista de gran fama.

La estrategia de smart city de la ciudad de Madrid tiene mucho que ver con la libertad porque busca, precisamente, cultivar talento y ayudarle a desarrollar su potencial en beneficio de todos. Los emprendedores hacen posible un nuevo modelo de gestión urbana que se caracteriza no sólo por desplegarse de abajo arriba, sino también por facilitar que los ciudadanos encuentren en el medio urbano menos restricciones y más oportunidades a la hora de llevar su vida.

Una ciudad smart trasciende de este modo la noción de un ayuntamiento inteligente. La iniciativa municipal puede y debe ciertamente mejorar los servicios públicos, pero las posibilidades que abre el espíritu emprendedor, cuando se orienta hacia la mejora del espacio urbano, van mucho más allá. Las soluciones tecnológicas que ayudan a los urbanitas con actos tan cotidianos como hacer la compra, buscar un taxi o encontrar una farmacia no son más que el principio de un nuevo proceso que está llamado a revolucionar las principales áreas metropolitanas del mundo.

Aun en estas etapas tempranas, podemos atisbar la capacidad que las startups tienen para transformar las ciudades delo siglo XXI. Basta con pensar en un ejemplo tan prosaico como el del sector de los cupones de descuento; Groupon, una empresa nacida en Chicago en 2008, es capaz de llenar un restaurante en la calle más escondida de Bangalore o de multiplicar las ventas de una pequeña tienda en Vallecas. O el caso de Airbnb, que gestiona muchos más alojamientos turísticos en destinos urbanos que cualquier inmobiliaria o cadena hotelera.

Esto es sólo el comienzo de una era en la que la relación del habitante con el medio urbano será cada vez más eficiente. Lo que equivale a decir más libre porque las innovaciones que introducen los emprendedores suponen un ahorro de tiempo, dinero o esfuerzos, que se pueden dedicar a cualquier otra cosa.

Madrid quiere sacar partido de su pujante ecosistema emprendedor para detectar necesidades emergentes y oportunidades de mejora en la gestión urbana. Para ello, Madrid Emprende está creando una serie de mecanismos dirigidos a ayudar a las startups a explotar nichos hasta ahora desconocidos o que eran patrimonio del Ayuntamiento y las grandes empresas.

La capital ya goza de reconocimiento internacional en la puesta en marcha de servicios smart por iniciativa de la administración municipal en el terreno de la movilidad y el transporte público (EMT), la seguridad y las emergencias (CISEM), los servicios sociales, la eficiencia energética de edificios y el telecontrol de infraestructuras. Pero ahora, sin renunciar a las metas alcanzadas y por alcanzar en la provisión de los servicios públicos, toca ceder el liderazgo en la construcción de la ciudad inteligente a favor de los emprendedores.

Así, a la actuación del Ayuntamiento se une ahora la fuerza multiplicadora de la actividad emprendedora en beneficio de una noción de smart city muy diferente de la que se ha venido manejando hasta la fecha. Y es que la administración local puede y debe ayudar a mejorar la vida de los vecinos en tanto que responsable de la gestión urbana. Sin embargo, no hay que olvidar que las nuevas condiciones hacen posible que este cometido no dependa exclusivamente de las instituciones. La administración local tiene capacidad de orquestar el ecosistema emprendedor para que sean las ideas de la propia ciudadanía las que resuelvan las necesidades que ésta detecta en su día a día.

De nuevo, la ciudad de Madrid y la libertad.

Iñaki Ortega

Doctor en economía

Director de Madrid Emprende

lunes, 7 de abril de 2014

Los coreanos

(Artículo publicado originalmente en el periódico ABC el día 7 de abril de 2014)

En el Bilbao de los años 50,  según me contó mi madre, ‘coreanos’ era el apelativo que recibían las personas que se trasladaban a la ciudad procedentes de otras regiones de España para trabajar en la pujante industria vasca. Y es que Corea fue hasta mediados del siglo pasado uno de los países más pobres del mundo,  lo que  empujaba a una parte importante de su población a emigrar a China y Japón para sobrevivir. Hoy, a los coreanos – a los del sur del paralelo 38- ya no se les identifica con mano de obra fabril:  Ban Ki Moon y Jim Yong Kim, los máximos responsables de la ONU y el Banco Mundial, proceden de este rincón de Asia;  igual que el cantante que, al son del ‘gangnam style’, ha protagonizado el vídeo musical más visto de la historia; y coreano es, también, el gigante tecnológico Samsung.

Corea ha pasado de ser más pobre que Ghana o Mozambique a ser uno de los 12 países  más ricos del mundo, estando un puesto por delante de Canadá y dos de España. Además, lo ha conseguido manteniéndose como uno de los países donde las desigualdades sociales son menos pronunciadas.

La clave de este espectacular desarrollo es que este tigre asiático nunca, ni en épocas de bonanza ni en las de  turbulencias, ha perdido el hábito de pisar el embrague y maniobrar para adaptarse a  un mundo en rápida transformación. Son varias las transiciones económicas que ha venido acometiendo a lo largo de las últimas décadas: de la agricultura a la industrialización, de un modelo de sustitución de importaciones a otro basado en la exportación, de un sistema dirigista a otro más descentralizado, y de una competitividad de costes a otra centrada en la innovación.

Es esta capacidad para cambiar de marcha la que puede ser una fuente de inspiración para España en este momento en que vemos ya la recesión en el espejo retrovisor sin que el camino que tenemos por delante aparezca todavía bien trazado. No es que reencontrar la senda que conduce al éxito económico nos resulte algo nuevo en absoluto. Lo que pasa es que ahora nos cuesta más porque durante años nos habíamos acostumbrado a avanzar con la quinta puesta y sin plantearnos rutas alternativas.
Las herramientas que han permitido a Corea ser puntero en una variedad de sectores desde el automóvil a la telefonía inteligente son básicamente tres: inversión constante en I+D+i, que representa el 4% del PIB; la creación de un entorno favorable para la iniciativa empresarial, no en vano es la séptima economía por facilidad para hacer negocios; y la inversión en educación, lo que les hace  figurar sistemáticamente en los primeros puestos de las clasificaciones que hace PISA. A esta triada se une un intangible tanto o más valioso a la hora de afrontar los retos que como nación se le plantean en los momentos difíciles: la alineación de empresas, instituciones y ciudadanos en el esfuerzo colectivo –baste señalar que durante crisis de 1997 más de cuatro millones de coreanos donaron oro por valor de 2000 millones de dólares a su gobierno para ayudarle a pagar la deuda extranjera-.

Corea  desmonta la idea cada vez más extendida de que en una economía globalizada no importan las decisiones que se toman dentro de un Estado.  Por ello, y  porque España  demostró en el pasado que también es capaz de reinventarse en coyunturas complicadas, las lecciones a extraer de Corea del Sur pueden resultarnos muy  útiles para estar seguros de que emprendemos la recuperación por una vía rápida. Si tenemos éxito, recordaremos con orgullo cómo superamos esos años en los que nos llamaban PIGS, exactamente igual que lo hacen en la actualidad los coreanos al mirar atrás.


Iñaki Ortega es doctor en economía y profesor de la UNIR

domingo, 23 de febrero de 2014

¿Smart cities o startup cities?

(Este post fue publicado originalmente el 20-2-14 en el blog pasionie de Accenture y IE Business School)

El agua siempre empieza a hervir por abajo. Este principio de la física también se está empezando a aplicar a las ciudades. La revolución silenciosa que están protagonizando los emprendedores en todo el mundo ha empezado en las urbes, que se asemejan cada vez más a grandes calderos con agua en el punto de ebullición. Esas miles de ideas que se forman en la base y que empiezan a emerger con rapidez son a menudo el producto de la experiencia cotidiana del emprendedor con el entorno en el que vive.


 Son los emprendedores los que están volviendo más smart a los urbanitas. Gracias al binomio talento-tecnología, hoy día el cliente de un restaurante tiene el poder de contribuir a su éxito –o fracaso- comunicando su opinión a todos sus conocidos de una forma instantánea y sin levantarse siquiera de la mesa. De igual manera, una persona que necesite volver a casa puede saber de antemano si le compensa la diferencia de coste y tiempo entre coger el autobús o el taxi. Incluso un amante al deporte puede convertir cualquier parque en un punto de encuentro habitual para cientos de personas que comparten su afición.

 Y es que una startup puede tener una repercusión en la vida de las ciudades totalmente desconocida y por desgracia todavía no suficientemente utilizada por las administraciones públicas. Si no, solo hay que pensar en el sector de los cupones de descuento;  con Groupon, una empresa nacida en Chicago en 2008, capaz de llenar un restaurante en la calle más escondida de Bangalore o de multiplicar las ventas de una pequeña tienda en Vallecas.

 En Madrid Emprende, de hecho, no hemos dejado de recibir a miles de emprendedores con ganas de aprovechar las oportunidades que existen para crear nuevas formas de interactuar en el paisaje urbano.  Con su talento están ayudando a hacer más atractiva las ciudades en las que vivimos. Luis Paris es un emprendedor venezolano que ha utilizado el  Madrid International Lab para lanzar Parclick una aplicación de reserva de plazas de aparcamiento que permite mejorar el tráfico en las ciudades. Pedro Rincón es un sevillano que dejó su puesto de director de sucursal bancaria para sacar adelante un proyecto de emprendimiento social llamado Tarifas Blancas, con está ayudando  a los desempleados a encontrar los mejores descuentos y ofertas de su localidad, todo ello con la ayuda de la incubadora social madrileña UEIA. O el caso de Jorge Rodelgo,  CEO de Iphonedroid, quien acudió a la Red de Viveros de la Ciudad de Madrid para hacer de su hobby una de las primeras empresas de nuestro país dedicadas al desarrollo de aplicaciones, que está detrás de la plataforma digital que utiliza uno de los principales periódicos de nuestro país y que está inspirando a las administraciones públicas en su estrategia de gobierno electrónico.

Este torrente de creatividad que nace y desemboca en la ciudad desborda la noción de smart city que se ha venido manejando hasta la fecha. La administración local puede ciertamente ayudar a mejorar la vida de los vecinos en tanto que responsable de la gestión urbana, pero cada vez somos más los que pensamos que su fortaleza yace aun más en su capacidad para orquestar el ecosistema donde prende la iniciativa empresarial.  Después de todo, la verdadera ciudad inteligente se está construyendo de abajo arriba, a partir de las soluciones que los emprendedores dan a sus necesidades del día a día.
 
Iñaki Ortega
@InakiOrtega

domingo, 5 de enero de 2014

La economía emprendedora

(Artículo publicado originalmente en el periódico ABC el día 5 de enero de 2014)


El país más pobre de Asia a mediados del siglo pasado es hoy el líder mundial en alta tecnología. Donde hace un siglo en la costa mediterránea había un desierto, hoy se sitúa la mayor concentración de innovación y talento del planeta. La nación sudamericana con la dictadura más extractiva en los años setenta se ha convertido en la referencia global de políticas gubernamentales inclusivas a favor de las startups. El estado europeo con más impuestos a los emprendedores hacia el año 1990 goza estos días de la tasa de actividad más alta gracias a la eliminación de trabas a la creación de nuevas empresas. En una granja cerca de la costa californiana, a finales del siglo XIX, quince profesores crearon una universidad que gracias a la iniciativa emprendedora de sus alumnos, docentes y con la ayuda de los diferentes gobiernos se ha convertido en el lugar donde han nacido y siguen naciendo las mejores empresas.


Los casos de Corea, Israel, Chile, Holanda y Silicon Valley demuestran que en economía el estado de las cosas puede cambiarse y no hay determinismos basados en la geografía, la cultura o la tradición política. El conocimiento se ha convertido en el factor de producción decisivo que está reconfigurando la estructura económica mundial. Y los emprendedores son el vehículo imprescindible para que ese conocimiento se trasforme en prosperidad. Por ello los países han de garantizar un entorno, orquestado desde lo público y lo privado, con un alto grado de libertad económica que incentive la iniciativa empresarial. La literatura económica ha definido esta tarea como la búsqueda de una “economía emprendedora”.



La presidenta de Corea lo ha llamado “economía creativa” y fundamenta su modelo en una educación de excelencia como motor de desarrollo e innovación empresarial. Lo que le ha permitido a esta nación asiática multiplicar un 400% su riqueza en apenas cincuenta años. Simón Peres bautizó a Israel como “la nación emprendedora” para lo cual trasformaron las granjas en incubadoras tecnológicas y los agricultores en científicos. Chile se cansó en 2010 de que los mejores se fuesen de su territorio y unió la fuerza de un programa gubernamental de atracción de emprendedores con fortísimos incentivos a un entorno institucional y territorial atractivo para crear “Startup Chile” que ha inspirado a los gobiernos del Reino Unido o Canadá a replicarlo en sus países. Holanda veía como se desincentivaba la iniciativa emprendedora con inasumibles cargas de seguridad social a empresas que apenas facturaban. Ante esta situación, el país acometió a finales del siglo pasado varias reformas inspiradas en el aforismo “pensar primero en pequeña escala”, que supusieron la eliminación de trámites y la rebaja de cargas fiscales y de seguridad social, especialmente para los emprendedores. Hoy, los Países Bajos se sitúan como una de las naciones con menor desempleo en Europa. Francia, por cierto, en 2008 emprendió una estrategia similar basada en reducir los costes de seguridad social para los emprendedores desde la aprobación del “estatuto del autoemprendedor” y logró escalar veinte puestos en el ranking del Banco Mundial sobre facilidad para hacer negocios. En Estados Unidos, hacia 1892, el fundador de la Universidad de Stanford, el corazón de Silicon Valley, cogió como lema “sopla el viento de la libertad”. Desde entonces, ese viento ha sido generado por el talento que ha egresado de esa institución, pero también por los sucesivos gobiernos federales con sus programas públicos de financiación a pymes, por los municipios del “Valle” con sus zonas libres de impuestos para emprendedores, con las actuaciones estatales que facilitaban la inversión de las grandes empresas y con el capital financiero más inteligente que por todo lo anterior se situó allí.


Son diferentes expresiones para una misma misión que Melchor de Jovellanos, hace ya más de 200 años, exigía a las leyes “remover estorbos que impiden la libre acción de la actividad económica”. En economía los milagros no existen, y solo propiciando las mejores condiciones para que el talento emprendedor nazca y crezca conseguiremos que España esté en la lista de esas “economías emprendedoras”. La buena noticia de la aprobación de la ley de emprendedores solo será recordada como el punto de inflexión hacia esa nueva economía si se consiguen políticas públicas eficientes en este terreno y se alinean con los valiosos programas de innovación abierta de las grandes compañías españolas y con una educación que promueva actitudes emprendedoras.



Iñaki Ortega es director de Madrid Emprende y profesor de la UNIR (Universidad Internacional de La Rioja)




domingo, 29 de diciembre de 2013

Ideas

(Artículo publicado el 18 de noviembre en el periódico ABC)


Las ideas de quienes crean, montan negocios, generan valor añadido no entienden ni de nacionalidad ni de ideología. Lo que hace que unas tengan más éxito que otras son las facilidades que determinados territorios dan a las personas con talento para que pongan en marcha sus iniciativas.

La ciencia económica viene prestando en las últimas décadas mucha atención a las interrelaciones entre la iniciativa empresarial y las instituciones sociales y políticas para explicar el crecimiento económico. Para una mayoría de entendidos, el progreso a largo plazo sólo puede lograrse cuando en un territorio se dan las condiciones de libertad y estímulo para que sus empresas e individuos desarrollen actividades económicas.

Bajo este prisma, lo público -en su doble faceta de garante de los derechos fundamentales y ordenador de la economía- importa, y mucho. Mientras que en Estados Unidos los gobiernos han tenido siempre una gran sensibilidad por la labor que desarrollan los pequeños empresarios, en España sólo en los últimos tiempos se ha empezado hacer una política realmente consecuente con ellos.

Con la llegada de la democracia, el País Vasco ha tratado de ir por delante en el impulso del clima empresarial, articulando actuaciones que van desde la creación de la SPRI y de las primeras incubadoras por las diputaciones forales hasta la pionera ley vasca de la actividad emprendedora. Y todo eso a pesar del enorme lastre de la violencia de ETA, del ambiente de coacción que vivía una parte de la sociedad vasca y que, en el caso de los empresarios, con frecuencia, se convertía en extorsión, cuando no en asesinato.

Dos conocidos economistas, Acemoglu y Robinson, han puesto de relieve en el libro Why nations fail que a largo plazo sólo pueden prosperar los territorios inclusivos en los que el marco institucional es realmente participativo y no constriñe la iniciativa individual. Los países que fallan son aquéllos con instituciones que no fomentan la libertad, la igualdad de oportunidad o desincentivan la actividad empresarial con subidas de impuestos.

Ciertamente, en este terreno, hemos mejorado mucho y en relativamente poco tiempo, tanto en España como en el País Vasco; somos una sociedad democrática, plural, tolerante y cada vez más emprendedora. Pero no podemos bajar la guardia ante la magnitud del reto que tenemos por delante, que es acelerar la salida del país de la que ha sido la peor crisis económica de nuestra historia democrática.

Cuanto más grandes son las dificultades más necesitamos sumar esfuerzos. Así pues, tomemos nota de las fórmulas que están siguiendo las naciones más inclusivas para volver a crecer. Fomentar la innovación, el emprendimiento, la internacionalización y, en definitiva, todo aquello que puede ayudar a llevar lejos el potencial que reside entre nosotros es el camino a seguir. No hacerlo es no tener “ni idea” de lo que han practicado los países más dinámicos en todo el mundo.

Hoy se hace imprescindible alinear los esfuerzos de las instituciones vascas con el prestigio y fortaleza de herramientas estatales como por ejemplo el ICEX para que las pymes vascas afronten con garantías su expansión internacional. Todos los esfuerzos serán pocos.

De nada servirá que el País Vasco sea un país lleno de ideas si éstas no encuentran salida porque, como opinaba Santiago Ramón y Cajal -en un tiempo, por cierto, no menos complicado que el actual- o se hace algo con ellas pronto o pierden su valor.

Iñaki Ortega. Doctor en economía
Arantza Quiroga. Presidenta PP vasco

viernes, 27 de diciembre de 2013

Mi ranking del 2013

Estos días en los que es imposible no encontrar en internet, en un periódico, programa de radio o televisión listas de todo tipo: por ejemplo de las noticias del año, de los tipos más influyentes del 2013, de los 100 personajes mas ricos del planeta, hasta de las mayores meteduras de pata...a mi me gustaría no ser menos y hacer mi ranking particular de los cinco libros que mas me han influido los últimos 12 meses.

Allá va:



1. Por qué fracasan los países. D. Acemoglu y. J.Robinson. Editorial Deusto

Más información sobre el libro


2. El fin del poder. M. Naim. Editorial Debate

Más información sobre el libro


3. Israel.Startup Nation. S. Singer y D. Senor . Editorial Council of Foreign Relations

Más información sobre el libro


4. Crónicas de un emprendedor. G. García-Brusilovsky

Más información sobre el libro

5.Aprenda a hablar sin miedo. G. Davies. Editorial Conecta

Más información sobre el libro


6. Políticas publicas para los emprendedores. I. Ortega. Editorial Euroeditiones.

Más información sobre el libro


NOTA: Sí ya se que he dicho cinco libros y he puesto seis!!! y sí el último libro lo he escrito yo!! Pero después de pasarme todo el 2013 presentándolo por media España como para que no me haya marcado...