miércoles, 18 de abril de 2018

Por qué los españoles, y no solo Cifuentes, no entendemos la palabra chutzpah


(este artículo se publicó originalmente el 16 de abril de 2018 en el diario La Información en la columna semanal ·serendipia)

En la lengua hebrea clásica la palabra chutzpah se usaba con un carácter peyorativo como sinónimo de descaro, insolencia o desfachatez. Con el paso del tiempo el significado ha migrado hacia lo que tiene la cualidad de ser audaz. En esta evolución de chutzpah desde la chulería a la audacia, sin duda algo habrá tenido que ver el popular bestseller “La nación startup. La historia del milagro económico de Israel” escrito por los periodistas Dan Senor y Saúl Singer. En ese libro se explica el llamado efecto chutzpah que no es otra cosa que la irreverencia con la que los estudiantes se dirigen a sus profesores en la universidad,  cómo los empleados desafían a sus jefes, cuando los sargentos cuestionan las órdenes de sus generales o los funcionarios ponen en duda los mandatos del Ministro de turno.  En algún momento de su vida, un israelí aprende en la escuela, en casa o en el ejército que lo normal es tener confianza en uno mismo y cuestionar las órdenes en base a tus conocimientos. Eso te hace crecer a ti y a tu sociedad. Para Senor y Singer el secreto de que Israel sea uno de los países más innovadores del mundo con miles de patentes, cientos de startups de éxito y decenas de premios nobeles a pesar de su situación geográfica y política, está, entre otras cuestiones que analizan, en esa irreverencia que hace que los israelís pongan en cuestión lo que dicen  sus padres, jefes o profesores. De ese modo, la ciencia y la economía ha podido avanzar increíblemente en dicho territorio al no dar por irresoluble ningún problema a pesar de lo que generaciones anteriores les hayan trasmitido.

Frente a esa chutzpah, por estas latitudes estábamos más acostumbrados al principio de autoridad. Como nos explica la epistemología el principio de autoridad es el procedimiento por el que una proposición científica se acepta por el solo hecho de estar afirmada en un texto considerado como cierto.  Este principio ha tenido no pocos cuestionamientos en nuestro país por ejemplo en la Ilustración o con el darwinismo, pero un inane máster lo ha acabado por enterrar definitivamente estos días.

El principio de autoridad era lo que argumentaba nuestro padre al negarnos algo sin razonar y decía “cuando seas padre, comerás huevos”. En el mundo de la innovación se ha rebautizado semejante principio como el síndrome de NIH, acrónimo del inglés “not invented here” puesto que es lo que aducen los veteranos directivos de una empresa para echar por tierra las mejoras propuestas por los novatos. El aforismo que resume a la perfección el principio de autoridad es “magister dixit”. Esta expresión tan vieja ha muerto estos días con la actitud irreverente de los medios de comunicación al poner en cuestión la versión de Cristina Cifuentes por mucha presidenta de una comunidad que fuese o le apoyasen rectores y catedráticos. Detrás de “el maestro lo dijo” desde la época de Pitágoras, pasando por los escolásticos en la Edad Media y por los sucesivos Papas de la Iglesia, subyacía la idea de que el conocimiento y la autoridad solo podían proceder de los llamados maestros y de la enseñanza tradicional. El corpus intelectual, de hecho, debía considerarse inamovible y por tanto contradecir al maestro, al Papa o al padre era casi como contradecir a Dios. Era la garantía del mantenimiento de un orden que no podía ponerse en cuestión por muchas dudas que cupiesen. Pero hoy la autoridad y el conocimiento se han repartido conformando millones de micropoderes, como los ha bautizado el genial escritor venezolano Moisés Naim. El orden ya no podrá basarse en el miedo sino que conforme más micropoderes haya más residirá en la verdad.

Pero estas semanas también nos han servido para comprobar cómo hay quienes entienden mal esa chutzpah y creen que ser audaz, en estas latitudes, consiste en practicar el aforismo “sostenella y no enmendalla” trufado de chulapismo de zarzuela. La irreverencia hebrea no es chulería madrileña y no se puede llevar la contraria a todo el mundo si no tienes la razón de tu parte. De hecho estos días con menos dosis de costumbrismo de la Villa y Corte pero con más humildad las consecuencias hubieran sido otras.

Por último y para esos que hoy usan esa valentía para escudriñar expedientes académicos falseados, les pido que ellos también interpreten bien el significado de la palabra chutzpah, que no es otro que atreverse a poner en cuestión todo, no solo lo que se odia sino también lo que ama. La tarea será ingente porque como nos recuerdan recientes informes más del 70% de currículos de los candidatos a cualquier puesto contiene falsedades.




domingo, 15 de abril de 2018

Basuraleza y otros neologismos necesarios

(este artículo se publicón originamente el día 9 de abril de 2018 en el diario La Información en la columna semanal #serendipias)

Los neologismos son palabras nuevas o de reciente creación que se incorporan a un idioma. Aunque también se consideran neologismos aquellas palabras ya existentes pero que adquieren nuevos significados, así como las palabras procedentes de otras lenguas, los llamados préstamos léxicos. Hoy quiero escribir de los primeros.
Un ejemplo de neologismo es la voz aporofobia que fue cuñada por la filósofa española Adela Cortina en varios artículos de prensa en los que llamó la atención sobre el hecho de que solemos llamar xenofobia o racismo al rechazo a inmigrantes o refugiados, cuando en realidad esa aversión no se produce por  su condición de extranjeros, sino porque son pobres.

Este término se incorporó el año pasado al diccionario de la lengua española y también la Fundación del Español Urgente, Fundéu, la consideró, hace unos meses,  la palabra del año 2017 porque «pone nombre a una realidad, a un sentimiento que, a diferencia de otros, como la homofobia, y aun estando muy presente en nuestra sociedad, nadie había bautizado». La aporofobia, efectivamente, protagonizó la actualidad informativa de 2017, con el drama de los migrantes y la irrupción, a causa de la crisis, del empobrecimiento en extensas capas de la sociedad.
No todos los neologismos  son admitidos por la Real Academia de la Lengua (RAE), de hecho históricamente solo aquellos “necesarios”, es decir los que se referían a nuevos conceptos o realidades que antes no existían, se incorporaban al diccionario enriqueciendo así nuestra  lengua. Pero en lo últimos tiempos algunas palabras procedentes de otros idiomas que en teoría son innecesarias, porque ya existe una palabra para designar esa realidad, han pasado a formar parte de la oficialidad. La RAE ha optado por un criterio social y está aceptando los nuevos términos  si se ha extendido su uso en la sociedad. Un ejemplo es hacker por pirata informático.
Basuraleza espera su turno para ser reconocida por la RAE, como vaticinó hace unos días el escritor y académico Antonio Muñoz Molina en la presentación de su último libro en Bilbao. Para el novelista la nueva palabra es “extraordinaria” y hacía falta para sustituir el anglicismo littering con el que designa a los desechos abandonados. Basuraleza es, por tanto,  la invasión de basura abandonada por el ser humano en la naturaleza. Surge de la contracción de dos términos que por desgracia se han juntado no sólo en la nueva palabra sino en nuestra realidad: basura y naturaleza. Acuñada por dos entidades medioambientales y ecologistas como son Ecoembes y SEO/Birdlife fruto de un arduo trabajo con expertos en biodiversidad, la idea original era sencilla "generar concienciación”. Y para ello había que idear un término entendible que sustituyera a la voz inglesa littering, que designaba hasta ahora el problema y que, según el grupo de trabajo encargado de la búsqueda del nuevo término, complicaba las labores divulgativas.

Porque detrás del neologismo basuraleza hay una realidad lacerante. Como recordaba esta semana el consejero delegado de Ecoembes, Oscar Martín, en el año 2050 la población mundial rondará los 9.100 millones y en ese momento harán falta 3 planetas para tener los recursos naturales necesarios para mantener el modo de vida actual. Hace ya dos años la Cumbre de París reivindicó que el crecimiento será sostenible o simplemente no será. Solo en Europa, por ejemplo, cada año generamos 25 millones de toneladas de residuos plásticos y apenas reciclamos un 30%, el resto (17,5 millones de toneladas) va a vertedero o incineradora lo que quiere decir que estamos enterrando y quemando materias primas. Si hablamos ahora del total de residuos europeos, se generan cada año 2502 millones de toneladas y tan solo se recicla 900 millones de toneladas.

Pero si pensamos en los residuos abandonados al aire libre, en la basuraleza, diversos estudios estiman en más  1.400 especies marinas y acuáticas afectadas por este fenómeno. La incidencia es especialmente grave en la fauna y flora amenazada.  Es el caso, por ejemplo, de la tortuga boba o del oso marino ártico, ambas catalogadas en situación vulnerable. Las aves marinas, como la pardela cenicienta o la pardela balear, tampoco se escapan a la catástrofe ambiental que supone la basuraleza. Un reciente estudio calcula que el 90% de las aves marinas han ingerido plástico y que, de seguir así, el número llegará al 99% en 2050. Ya existen análisis que sugieren que el impacto de la basuraleza terrestre podría ser mayor que la de los océanos. No en vano, la mayor parte de los residuos que acaban en el océano provienen de  tierra firme.

Si pensamos que esto es un drama pero poco podemos hacer, no está de más recordar que la literatura científica apunta el negativo impacto de otros restos como las toallitas desechables o las colillas. De los casi 6 billones que se producen al año, 4,5 billones acaban formando parte de la basuraleza. Cada papel de aluminio o envase que abandonamos en la naturaleza es una fuente de contaminación potencial tan grave como las escombreras ilegales que vemos por televisión en otros continentes.
Volviendo  a los neologismos, los lingüistas sitúan su interés por la capacidad de estos nuevos términos para designar realidades palpables, pero a menudo invisibles. A las cosas hay que ponerles nombre para hacerlas visibles. Si no lo tienen, esas realidades no existen o quedan difuminadas. No se pueden defender ni denunciar. Recoger una lata del campo para llevarla a una papelera puede tener un efecto mínimo ante la catástrofe medioambiental que se nos viene encima. Escribir un artículo como este para defender el uso del neologismo basuraleza tampoco cambiará nada. Pero si todos lo hacemos, incluida la RAE, estaremos más cerca de la solución.
Para terminar les animo a que piensan en situaciones de estos días que les indignan y cuál sería la nueva palabra que mejor las resumiría. A los problemas, como decíamos, hay que ponerles nombre y apellidos para arreglarlos.


martes, 3 de abril de 2018

Justin Bieber contra Trump. La generación z se moviliza contra las armas en los colegio

(este artículo se publicó originalmente en el diario La Información en la columna #serendipia el 2 de abril de 2018)


Piensa qué edad tenías en 1994. Ese año no sucedió nada especialmente relevante que nos marcase de por vida. Pero hubo un hecho que pasó desapercibido y es clave para entender el mundo actual. En 1994 comenzó el llamado internet moderno, gracias al primer navegador de uso abierto y público. A partir de entonces se acelera el despegue del uso de la red de redes por todo el mundo hasta llegar a nuestros días donde no se entiende la vida cotidiana sin internet. De hecho, por lo anterior, las personas que nacieron a partir de esa fecha son tan diferentes respecto a las que les precedieron que se les ha puesto un nombre, la generación z. Son casi 8 millones según la estadística española y suponen algo más que el 25% de la población mundial o lo que es lo mismo más de 2.000 millones.

Pero también pasó otra cosa, en el año 1994 nació el cantante Justin Bieber que se ha convertido en una estrella global gracias a las herramientas que internet puso a su disposición (y a la de su madre que colgó sus primeros videos en youtube y así pudo ser descubierto).  Los asiduos a esta columna pensarán que es una simple serendipia porque  no hay nada especial en el éxito de un cantante adolescente. La generación de la posguerra española creció con los gorgoritos de la película “El Pequeño Ruiseñor” que protagonizó el niño cantante Joselito en los años 50; a los  babyboomers les acompañó en su niñez y juventud, de 1960 a 1980 un fenómeno musical como fue Marisol, con canciones como “Tómbola”. La generación de la EGB en España no se entiende sin las canciones de los grupos de música de niños como Parchís y su célebre “Cumpleaños Feliz” o Enrique y Ana recordando la muerte del naturista Félix Rodríguez de la Fuente con su “Amigo Félix”. Todos esos niños arrastraron también detrás multitud de seguidores en nuestro país pero jamás hubieran soñado con ser figuras mundiales y escuchadas en el rincón más recóndito del planeta de la noche a la mañana. Hasta el “rey del pop”, Michael Jackson, que empezó a actuar con apenas 8 años necesito más de quince años de carrera musical para empezar a ser una estrella con su mítico “Thriller”. Por eso que en 20 meses, Justin Bieber, hijo de madre soltera en un pueblecito de Canadá, pasase de ser un anónimo niño a en 2010 la celebridad más buscada en google, el video de su canción,  el más visto en youtube; tener el mayor porcentaje de tráfico en twitter por no comentar que varias estudios le situaban con mayor un grado de conocimiento en el mundo que el propio presidente de los Estados Unidos, nos indica cómo de rápido pasan las cosas en la generación z. Pero a la velocidad del cambio hay que sumarle la democratización del acceso a las oportunidades. Por primera vez en la historia, con la generación z, ya no importa quién es tu familia, dónde has nacido sino la clave es el talento, cosa que pocos le niegan a Bieber. Su madre ya era consciente en el año 2007 que colgando un video en youtube, red social que apenas había nacido hacía dos años, estaba dando una oportunidad para que el mundo conociese a su hijo (y también, como así fue, los productores musicales le descubrieran). Desde ese momento Bieber no ha dejado de colgar videos musicales en las redes sociales y no se entiende su éxito sin ese acceso universal y gratuito a su obra, también inédito en la música hasta la llegada de su generación.


Si todavía no ves la relación entre un ídolo de adolescentes y el presidente Donald Trump más allá del carácter repulsivo de ambos, es hora de recordar que la pasada semana se celebró la multitudinaria “Marcha por nuestras vidas” en Washington. Entre las celebridades que apoyaron la protesta estaba Justin Bieber que animó desde twitter no solo a asistir sino a firmar una petición para presionar al inquilino de la Casa Blanca. La manifestación fue convocada para pedir leyes más estrictas en la venta y posesión de armas en Estados Unidos de América. Promovida por los estudiantes supervivientes de la matanza del 14 de febrero de este año en la escuela de secundaria de Parkland (Florida) paralizó la capital americana con millones de chicos y chicas de la generación z indignados por la inacción de los gobernantes. Como recordó desde la tribuna Emma González, una chica de 14 años que compartió escuela con los 17 asesinados “si activamente no hacemos nada la gente seguirá muriendo, así que es hora de empezar a hacer algo”. Ese algo ha sido que miles de jóvenes de la generación z se han inscrito estos días como votantes. Los medios de comunicación de medio mundo han conocido gracias a esta marcha quienes son la generación z y cómo no están dispuestos a dejar de usar las oportunidades que les ha dado el mundo en el que han crecido. Gina Montaner nos recuerda que de poco servirá la movilización a pesar de que los datos les dan la razón, por ejemplo el estudio de Health Affairs fija el índice de homicidios con armas de fuego como 49 veces más alto en Estados Unidos que en otros países o incluso la reciente encuesta de Associated Press constata que siete de cada 10 adultos en Estados Unidos está a favor de que haya mayores restricciones para portar armas. Pero aunque nadie, a pesar de las cíclicas matanzas, haya podido parar la influencia de Asociación Nacional del Rifle, la generación z ha emergido estos días en Estados Unidos para enfrentarse al mismísimo Donald Trump y al todopoderoso lobby armamentístico, si aun así tienes dudas te animo a que sigas el hashtag #MarchForOurLives o entre en su web www.marchforourlives.com

Internet y Justin Bieber. Tecnología y jóvenes son un binomio, inédito en la historia de la civilización, ya que nunca antes el poder del conocimiento y la tecnología estuvo en manos de los de menor edad. Esa unión de juventud y conocimiento ya no puede disociarse y es la que da sentido a una cohorte de edad muy especial, los nacidos del año 1994 al 2010, que se conoce como la generación z y que han marchado la semana pasado en más de 800 ciudades de todo el mundo por conseguir que los legisladores paren la violencia en las escuelas.

sábado, 31 de marzo de 2018

Facebook no solo tiene la culpa

(este artículo se publicó originalmente en el diario La Información en la columna #serendipia el 26 de marzo de 2018)

Que los usuarios hemos perdido el control de nuestros datos es algo que no deberíamos haber tardado tanto tiempo en enterarnos. Pero la semana pasada emergió el caso Facebook a raíz de una investigación a la consultora Cambridge Analytica destapándose que se usan datos de las redes sociales sin  autorización. De repente, gracias a esa noticia, se nos ha caído la venda de los ojos que nos impedía darnos cuenta que nuestra información personal ya no está solo en nuestras manos.
Chivo expiatorio es una antigua expresión, que ya aparecía en la Biblia, que se usa para denominar a aquel que paga las culpas de otra persona, librándole de las consecuencias. Su origen está en la costumbre de los judíos de sacrificar un joven macho de cabra, chivo, como ofrenda a Dios para expiar los pecados.
Ahora parece que todos queremos convertir a la empresa de Mark Zuckenberg en el perfecto chivo expiatorio del uso de datos personales para fines espurios. Nos viene bien no enfrentarnos a una realidad mucho más compleja en la que, por supuesto, las grandes plataformas tecnológicas como Facebook tienen su responsabilidad pero compartida con los gobiernos del mundo que no han estado a la altura y sin olvidarnos de los propios usuarios que hemos actuado con demasiada inmadurez. Facebook no solo tiene la culpa sino que si somos justos una parte alícuota nos corresponde a nosotros mismos y otra a la miopía de lo público ante una nueva realidad.
Los llamados GAFA (Google, Amazon, Facebook y Apple) obtienen masivamente datos de sus usuarios que en muchos casos se han convertido en ciegos seguidores. Gran parte de la información que queda en sus manos son datos personales muy sensibles. Es cierto que todas estas compañías piden permiso a sus usuarios para obtenerlos, pero damos nuestro visto bueno porque de otro modo quedaríamos privados de usar esas plataformas, lo que hoy significaría casi nuestra muerte social. Se tarda algo más de cuarenta minutos de media en leer los “términos y condiciones de uso” que se nos exigen cuando nos damos de alta en los GAFA, sin embargo, y también de promedio, los usuarios damos el OK en tan solo ocho segundos. Por no mencionar las famosas cookies que aparecen cuando navegamos por internet y las aceptamos sin saber que a partir de ese click estaremos ya tan balizados como el coche que llevó a Puigdemont de Finlandia a Alemania.
Esas plataformas son ya más poderosas que la mayoría de los gobiernos del mundo y saben más de nuestra vida que nosotros mismos, o por lo menos tienen esos datos y no se les olvidan tan fácilmente como a los humanos. Pero en una mezcla de miedo a ofender al poderoso, ignorancia tecnológica ante una inédita situación de abusos o simplemente ausencia de armas para luchar en esta nueva guerra, los gobiernos no han sabido defendernos.
Estos días algunos analistas muy cercanos a esas corporaciones han querido quitar importancia al asunto porque no es la primera vez que surgen histerias colectivas en referencia a los datos y la tecnología. Sus argumentos te hacían sentir como un ludita queriendo romper los telares en los albores de la revolución industrial inglesa. Para ellos es algo parecido a los que pasó en los años 60 con la publicidad subliminar en las películas o a finales de los 90 con la cámaras en las ciudades. Puesto que ni esas películas nos hacían comprar lo que no queríamos, ni nuestras vidas se convirtieron en un Gran Hermano ni ahora nadie comercializará peligrosamente con nuestros datos. Pero es cuestión de tiempo que aparezcan más casos como el de los datos de 50 millones de usuarios “robados” por la consultora británica, como también es cuestión de tiempo que ya no se pueda ocultar mucho más los miles de chantajes en la red que sufren cada día anónimos ciudadanos o rentables corporaciones por descuidar su seguridad informática.
Por eso, es importante retomar el control de la situación. Para  ello se antoja imprescindible concienciarnos, como usuarios, del problema y actuar con responsabilidad; debemos ser capaces de disfrutar de los beneficios de la tecnología, pero eso no debe ser incompatible con que gestionemos nuestros datos. Apelo también a la conciencia de los fundadores de esas grandes plataformas para que no olviden que con sus pioneros emprendimientos situaban a los usuarios en el centro frente al beneficio o las ventas. Por último los gobiernos han de ser audaces y con la ayuda de los organismos supranacionales han de usar el derecho internacional  como límite al abuso en la gestión de la tecnología.

miércoles, 21 de marzo de 2018

Derechos fundamentales en la era digital

(este artículo se publicó originalmente en el diario El País el dia 19 de marzo de 2018 firmado por Eloy Velasco e Iñaki Ortega)

¿Estamos seguros de que el único precio que pagamos por utilizar un teléfono móvil es la tarifa plana? España es, junto con Singapur, uno de los países donde hay más teléfonos móviles por persona. El 92% de los ciudadanos españoles tiene uno y hay 120 líneas por cada 100 usuarios. Nos situamos por tanto, incluso por encima de Estados Unidos, donde solo el 90% de la población tiene un móvil.

Precisamente en ese país, un juez de Michigan ha condenado a 110 años de prisión a una persona, apellidada Carpenter, porque se le involucró en cuatro atracos a cuatro centros comerciales por los datos de ubicación sacados de su teléfono móvil, aunque se obtuvieron sin orden judicial. A pesar de que su abogado alegó ante el Tribunal Superior que, según la cuarta enmienda de la Constitución americana se estaban violando sus derechos, el tribunal de apelación desestimó la alegación asegurando que nadie está obligado a llevar un teléfono móvil y que si alguien no desea que le geolocalicen, es mejor que no lo tenga.

La tecnología es el presente, y no debe alarmarnos, pero sí es preocupante cómo un uso indebido de la cantidad de datos recolectados gracias a ella puede lesionar la privacidad, la reputación e incluso la dignidad del ser humano.

Los usuarios hemos perdido el control de nuestros datos y es importante retomarlo. Proponemos para ello el Derecho, para que actúe como límite a la explotación desordenada, al desequilibrio y al abuso en la gestión de la tecnología. Debemos ser capaces de disfrutar de los beneficios de la tecnología, pero eso no debe ser incompatible con que gestionemos nuestros datos.

No son pocos los investigadores que hablan de una cuarta generación de derechos humanos que nos permita poder desconectar o que las máquinas nos olviden, incluso que la Red sea neutral. La primera generación de derechos humanos, con la libertad y la igualdad, nos protegió frente al poder de los Estados gracias a la Revolución Francesa. La segunda generación, con el derecho al empleo y la sanidad, permitió un Estado que nos defendiese. La tercera generación de derechos fundamentales fue coherente con la globalización y consagró el pacifismo. Ahora el Derecho tiene que volver a ser el límite a la explotación y al abuso, esta vez en la gestión de la tecnología que muchas plataformas están haciendo. Se necesita por tanto una cuarta generación, la de los derechos fundamentales en la era digital. El derecho al olvido, el derecho a la muerte digital, el derecho a la neutralidad de la Red o el mencionado derecho a gestionar tus datos, son solo algunos campos donde merece la pena profundizar.

En estos momentos, las cinco empresas que se sitúan a la cabeza de la facturación mundial ya no son constructoras o compañías de hidrocarburos, sino que son plataformas que están relacionadas con las telecomunicaciones y la tecnología. Si se nos permite el juego de palabras, el nuevo petróleo son los datos que estas empresas obtienen masivamente de sus usuarios, en ocasiones de manera inconsciente. Es cierto que todas estas compañías sí piden formalmente permiso a los usuarios para obtenerlos, pero el consentimiento que prestamos se da, más para no quedar aislados tecnológicamente del mundo, que por otras razones. Se tardan unos 40 minutos de promedio en leer los “términos y condiciones de uso” que se nos exigen cuando damos de alta un aparato o nos inscribimos en una red social. Sin embargo, y también de promedio, los usuarios prestamos nuestro consentimiento en tan solo ocho segundos.

En 2020 se calcula que habrá 50.000 millones de dispositivos conectados a Internet en el llamado IoT (Internet de las cosas). De modo que a las fuentes habituales de captación de datos deberemos añadir en breve la aportación de los procesadores, los sensores y el tratamiento masivo de esos big data. Y conviene también tener en cuenta que esas máquinas además de captar datos, pueden tratar, ordenar e incluso llegar más allá de lo que normalmente podemos hacer los humanos con nuestras limitadas capacidades.

Mucha de la información que queda en manos de estas empresas son datos personales que incluyen salud, ocio, ideario político o religioso del presente, del pasado e incluso de futuro —a través de nuestra agenda—. Eso incluye también, para nuestra desgracia, los datos borrados y enviados a la papelera o cortes de voz, o imágenes familiares íntimas, por no hablar de los datos de geolocalización. Así, al final, algunas de esas plataformas, que ya son más poderosas que la mayoría de los Gobiernos del mundo, saben más de nuestra vida que nosotros mismos.

A lo largo de la historia cada impulso relevante en la defensa de los derechos humanos ha surgido como respuesta de la sociedad civil a manifiestos abusos del poder. Ante la monarquía absolutista, la declaración de derechos de Virginia del año 1776. Ante el auge de los totalitarismos la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la Asamblea de Naciones Unidas del año 1948. Ahora, ante el auge exponencial de tantas violaciones de derechos en el mundo digital, a qué esperamos para actualizar esa lista, e incluso para incluir nuevos derechos.

Es evidente que la transformación digital ha traído muchas ventajas, algunas irrenunciables y casi todas irreversibles. Por tanto, la solución no es poner pie en pared frente a la tecnología. La solución es humanizarla.



Eloy Velasco Núñez es Magistrado-Juez de la Audiencia Nacional e Iñaki Ortega es `profesor y director de Deusto Business School

lunes, 19 de marzo de 2018

Trabajo Permanente Revisable

(este artículo se publicó originalmente el 19 de marzo en el diario La Información en columna semanal serendipias)

En muchas ocasiones nos quejamos que los debates en el Congreso de los Diputados están muy alejados de las preocupaciones de la ciudadanía así que cuando pasa lo contrario hay que reconocerlo. Esta semana los partidos políticos debatieron en Cortes Generales dos asuntos que a una mayoría nos quitan el sueño y que afectan al futuro de los más débiles. El bienestar de las personas mayores con la sostenibilidad de las pensiones y la seguridad de nuestros hijos con la prisión permanente revisable. La Carrera de San Jerónimo se ha hecho eco de las discusiones y cuitas que los españoles hemos tenido esta semana en nuestras casas pero también en la calle. Buena noticia.

Los dos asuntos están pegados a la actualidad pero más allá de la coyuntura que nadie dude que serán estructurales en los próximos años. Me explicaré. Los demógrafos nos recuerdan que cada año ganamos tres meses de esperanza de vida, de modo y manera que si hoy en España alcanzamos de media los 84 años, será una realidad que los que nacimos en los años 70 vivamos hasta los 95 años. Una vida tan larga no estaba prevista por nuestro sistema de previsión social, diseñado cuando pocas personas (y pocos años) sobrevivían a la jubilación. Tampoco el código penal se diseñó pensando en vidas casi centenarias. Cumplir condenas de muchos años de cárcel suponía un tercio de la vida en el siglo pasado y de facto una cadena perpetua; hoy es muy diferente y por las buenas noticia de los avances médicos y la mejora de la calidad de las instituciones penitenciarias, ponerse al día con la justicia no es incompatible con tener largos años posteriores de vida en libertad. 

Dejando de un lado las connotaciones éticas del debate,  me centraré en esta reflexión semanal en otras consecuencias económicas que tiene el alargamiento de la vida. Porque no sólo afectará al sistema de la seguridad social, que parece evidente, sino que como acabamos de ver hay más asuntos sobre los que impactará que no son tan previsibles. La salud, el ocio y el consumo pueden estar en ese primer bloque de asuntos que tenemos en la cabeza porque como reza un reciente informe de BNP Paribas en el año 2020 el 40% del consumo mundial vendrá de los mayores de 65 años pero también hay que recordar que la tasa de dependencia será en España en 2040 de un 79% frente al 53 % actual. Por ello entre los asuntos que se verán afectados por el alargamiento de la vida y quizás no tenemos todavía en la cabeza estarán la formación y los empleos. En el mundo, nos dice la ONU, hay 900 millones de personas que superan los 65 años pero en 2050 serán 2100 millones. Solamente en España hoy son el doble los mayores de 50 años que los menores de 18 años.

La longevidad exigirá más años de vida laboral –porque nos lo podremos permitir por salud y nos lo exigirá nuestro bolsillo- lo que unido a la velocidad de los cambios tecnológicos hará imposible trabajar sin actualizar la formación recibida en la universidad. De hecho volveremos cada pocos años de nuevo a las aulas incluso siendo sexagenarios porque será la única vía para seguir en el mercado laboral. Surgirán nuevos empleos para adaptar las ciudades a una población envejecida por ejemplo con casas inteligentes, coches autónomos y hasta exoesqueletos. Las administraciones no tendrán otro remedio que penalizar las jubilaciones anticipadas e incentivar que los más mayores sigan en activo con empleos por cuenta propia o a tiempo parcial. El informe GEM atestigua que los mayores de 65 años tienen ya una tasa de emprendimiento del 13% superior al 11% de los jóvenes españoles de menos de 29 años. Las empresas, especialmente en nuestro país con apenas un 29% de ellas con planes de retención del talento sénior frente al 52% de la media europea, pondrán en valor  la experiencia acumulada, la ética y la capacidad de solucionar problemas de la generación de las canas –como ha sido bautizada por la OCDE-

Una persona mayor trabajando será algo a cuidar e incentivar porque no solo garantizará más ingresos para su familia y conforme cada vez más estudios confirman mayor felicidad, sino que además apuntalará el estado de bienestar. Pronto este debate también debería llegará al Congreso. Porque trabajar más años, en diferentes empleos y con diferentes regímenes no será una condena sino que será la salvación.

NOTA: Este artículo se inspiró en la charla TEDx del secretario general del Círculo de Empresarios, Jesus Sainz

Lecciones de pensiones y feminismo (Isidoro y María José no solo compartieron apellido)

(este artículo se publicó originalmente el 11 de marzo en el diario La Información en columna semanal serendipias)



No le sorprenda si los datos que a continuación voy a contar no los conocía. Estas semanas ha habido poco espacio en los medios de comunicación para algo que no fuesen las protestas de los pensionistas y las movilizaciones de las mujeres con motivo del 8 de marzo. No acuso a los mass media de parcialidad, simplemente atestiguo que informes con conclusiones relevantes no han encontrado su espacio.

“Panorama de las pensiones”, es un informe que todos los años realiza la OCDE en el cual se estudian exhaustivamente las pensiones de los países más desarrollados del mundo. Este año las conclusiones para España eran las siguientes. Uno: tras la jubilación, la protección social española garantiza que los niveles de pobreza caen a mínimos, situándose en línea con los países con mejores sistemas de protección, como Finlandia, Francia o Noruega. Dos: Los niveles de pobreza relativa de los mayores españoles se sitúan entre los más bajos de los países desarrollados. El mejor dato de todos es el de Dinamarca, uno de los países del mundo con un estado del bienestar más avanzado. Su riesgo de pobreza para los jubilados es del 3,2%, esto es, apenas dos puntos mejor que España.

Además coincidiendo con la semana de las movilizaciones del 8 de marzo, se conoció un informe de la prestigiosa Universidad de Georgetown que sitúa España como quinto país en el bienestar para las mujeres. Se trata del Índice Global de Paz y Seguridad de las Mujeres, elaborado por el Instituto de Georgetown para las Mujeres, Paz y Seguridad y el Instituto de Seguridad y el Instituto de Investigación de la Paz de Oslo. El estudio compara 11 indicadores relacionados con la inclusión, la justicia y la seguridad y analizan desde los años de escolarización, la inclusión financiera, el empleo femenino, el uso de móviles  o la violencia en el seno de la pareja. El reporte de Georgetown utiliza esos indicadores para situar a España en la quinta posición de la clasificación general, con una puntuación de 0.860 puntos sobre 1. El listado lo encabeza Islandia, le siguen Noruega, Suiza y Eslovenia.

El convulso momento político actual nos exige poner en valor las grandes cosas que los españoles hemos conseguido en campos en los que tradicionalmente recurrimos a ejemplos de fuera de nuestras fronteras. El estado de bienestar y la igualdad son ejemplos de los que podemos sentirnos orgullosos, pero también la historia de muchas empresas con sus emprendedores.

La vida de Isidoro Álvarez directivo de El Corte Inglés durante cuarenta años o la de María José Álvarez presidenta de la empresa que más personas emplea en nuestro país, Eulen,  son buena prueba de ello. Isidoro lideró El Corte Inglés convirtiéndolo en una de las mayores historias de éxito empresarial en España. Bajo su mandato se crearon cientos de miles de puestos de trabajo y favoreció la creación de un tejido económico que floreció gracias a la generosidad y el efecto multiplicador de los grandes almacenes.  Hoy el grupo es ejemplo para otros grandes almacenes europeos, da trabajo a más de 90.000 empleados y aporta al PIB español cerca de 4.000 millones al año.

María José Álvarez es la presidenta y principal accionista del grupo Eulen. Apenas se la conoce cuando los datos de su empresa y su trayectoria de lealtad y coraje personal, reclaman lo contrario. Emplea más de 95.000 trabajadores con presencia en 14 países,  tiene de clientes a las empresas más importantes del mundo y ofrece servicios en ámbitos tan diversos como el trabajo temporal, el telemarketing, la salud, la seguridad, la limpieza, el mantenimiento o el medio ambiente. Nadie es profeta en su tierra y hace unas semanas reconocieron en Nueva York a María José como la líder empresarial del año.  

En nuestros días, cuando la digitalización amenaza el empleo en cualquier industria o el populismo campa por sus respetos en medio mundo, no es complicado  acordarse del pensador  Nassim Taleb y su parábola de los cisnes negros. Qué pensarían aquellos expedicionarios holandeses, dirigidos por el explorador Willem de Vlaminghen cuando llegaron a Australia Occidental en el siglo XVI y vieron por primera vez un cisne que no era blanco. El negro de sus plumas les hizo pensar en multitud de sombríos augurios que vendrían a continuación. Nada más lejos de la realidad, el mundo no ha dejado de prosperar desde entonces.

Los sencillos datos de esos informes o las historias de estos directivos son una llamada a perseverar en los principios y valores que han permitido que hoy seamos uno de los mejores países para vivir.  España, con ciudadanos informados y líderes honrados, sacará provecho de la adversidad y seguirá siendo referente en el mundo.