domingo, 28 de junio de 2015

Disrupción en la política

(este artículo se publicó en el periódico La Voz de Almería el día 26 de junio de 2015)


El diccionario define disruptivo como un término que viene de la física, refiriéndose a aquellos sucesos que producen una ruptura brusca. En la nueva economía se identifican como disruptivas las innovaciones de los emprendedores que más valor generan. En el siglo pasado el economista Schumpeter bautizó la actividad de esos emprendedores con la expresión «destrucción creativa». En opinión del economista austriaco para poder crear valor era necesario romper con lo anterior. Los libros de economía ponen como ejemplo de estas innovaciones la aparición del compact disc que acabó con el hasta entonces exitoso vinilo.

Tras las elecciones de mayo alguno puede caer en la tentación de  llegar a pensar que estos sucesos económicos  tienen su espejo en la actividad política. Precisamente esa ruptura brusca que pretende enterrar el pasado es lo que buscan algunos de los nuevos actores. Pero no pueden olvidarse que la nueva economía aporta también otras lecciones que merece la pena recordar.

1. Los emprendedores que triunfan no son aquellos que lo hacen solo por la novedad de su producto sino fundamentalmente porque mejoran lo existente y lo hacen solucionando los problemas de los clientes de un modo más eficiente.‎ De hecho para ser disruptivo primero hay que demostrar que tu producto funciona y que además es más barato que los incumbentes. 

2. Las startups más valoradas por el mercado no son aquellas que no tienen en cuenta los avances puestos en marcha por sus competidoras sino al contrario, los respetan de tal modo que se apalancan en ellos para ofrecer sustanciales mejoras. Es habitual que de las históricas empresas surjan ideas que luego triunfen, el ejemplo del Post-it en la empresa 3M o el neopreno en DuPont son ejemplos de lo que se ha venido a llamar como emprendimiento corporativo. Tener un ecosistema emprendedor que funcione es el denominador común de los territorios más dinámicos del mundo, en ellos las nuevas empresas colaboran con las existentes para hacer avanzar la economía.

3. La tendencia empresarial del momento se sitúa en la llamada economía colaborativa. El ocio, el turismo, la restauración hasta el transporte se están viendo afectados por esta nueva forma de entender la economía en la que prima el servicio frente la propiedad. ‎El economista Rifkin ha vaticinado que gracias a la tecnología 3D todos seremos a la vez productores y consumidores. La economía colaborativa se basa, por tanto, en solucionar problemas mediante la cooperación entre iguales, entre todos los actores económicos. 

El mensaje desde la nueva economía para los políticos que quieren romper con todo ‎es claro: la novedad solo sirve si demuestra que aporta valor, trabajar en ecosistema es la tendencia porque el individualismo excluyente no permite que las sociedades se muevan. 

Si no fuese suficiente lo anterior las recientes elecciones danesas  nos repiten el mismo mensaje. Dinamarca es el país dónde ha tomado sentido la llamada economía circular con su apuesta por la sostenibilidad, dónde la agricultura tecnificada es líder en el mundo y dónde los pactos políticos son la norma porque desde 1909 no ha habido una mayoría absoluta. Con su PIB per cápita que casi dobla el español, es también considerado una de los mejores países para vivir además del territorio menos corrupto del mundo. La tierra donde nacieron los juguetes LEGO volverá a demostrarnos con la victoria del centro derecha tras años de gobiernos del centro izquierda que los cambios políticos no alterarán lo más importante: el respeto al adversario, ‎la confianza en un sistema que ha traído prosperidad y la necesidad de ceder para avanzar.


Iñaki Ortega es doctor en economía y director de Deusto Business School.



Carmen Crespo representa a los almerienses ‎desde el año 1991 con cargos públicos en los cuatro niveles administrativos

viernes, 26 de junio de 2015

Una cuestión de Estado

(este artículo fue publicado originalmente en el suplemento Innovadores del periódico El Mundo el día 23 de junio de 2015)

Si hoy, en España, pensamos en una industria que genera una riqueza todos los años de más de 25.000 millones de euros, con 19.000 empresas operando, que emplea a 160.000 personas y supone un gasto público de 2.600 millones de euros, parece simplemente de sentido común apoyar ese sector.

Si además ‎esa actividad está detrás de 9,5 millones de los viajes de turismo a nuestro país, implica directamente a más de 20 millones de españoles y genera 165.000 eventos anuales, se antoja que su decidido impulso tiene importantes réditos sociales.

Pero si incluimos en la ecuación que esa industria tiene un efecto beneficioso sobre la salud, genera importantes ahorros para el sistema público sanitario, garantiza un mejor futuro y está detrás de los intangibles más valorados de nuestro marca país, nadie dudaría de la necesidad de convertir ese sector en una cuestión de Estado.

El deporte es todo lo anterior, aunque se conozca más los resultados de nuestros futbolistas o ciclistas,  pero además es una demostración palpable de las nuevas tendencias económicas que han llegado para quedarse y que tan bien conocen los emprendedores.

La economía colaborativa. Ahora que todo el mundo habla de las empresas P2P (peer to peer,de  igual a igual), el deporte con sus más de 65.000 clubes auto gestionados sin apenas ayudas, sus más de 3.500.000 de federados que dan sentido a más de 176.000 instalaciones deportivas, demuestra ‎que la sociedad civil actúa por buenas causas y es capaz de organizarse para buscar soluciones, más allá del individualismo.

Competitividad. El ranking de los medalleros olímpicos pone de manifiesto que no hay casualidades sino causalidades. Detrás de los éxitos deportivos hay inversión, estrategia y excelencia. En este sentido y al respecto de los malos resultados en la atracción de grandes eventos deportivos a nuestro país, como los Juegos Olímpicos y la Copa del Mundo de Fútbol, han de ser un acicate para mejorar la gestión, en general, en toda la actividad deportiva y en particular conseguir los mejores y más formados profesionales del management deportivo.

Ejemplaridad. ‎La investigación de la fiscalía americana sobre la FIFA o los recientes escándalos sobre los amaños de partidos, sin olvidar los recurrentes casos de dopaje o violencia en el deporte, nos exigen no bajar la guardia. Como en la economía actual e incluso en los asuntos públicos, la ética se ha convertido en ‎un aspecto imprescindible para triunfar. 

La civilización griega está detrás de la noción que hoy tenemos del Estado. Como se recordará su forma de organización política era la ciudad, la polis, con una activa y pionera participación  de la población en los asuntos públicos. Esta corresponsabilidad en lo público concernía a todos los ciudadanos que llegaban incluso a ocuparse de la defensa de su territorio. Precisamente de esta última tarea viene el término que en nuestros días llamamos «cuestión de Estado». Hoy, en España, también, gobiernos, empresas y ciudadanos tenemos que implicarnos en conseguir que el deporte, sea una cuestión de Estado, porque nos afecta a todos, para que aporte todo su potencial en beneficio de nuestro país.

Iñaki Ortega es doctor en economía y director de Deusto Business School en Madrid.


Raúl Chapado ha sido atleta profesional y es profesor del PLID (Programa de Liderazgo en Innovación Deportiva) de Deusto Business School

martes, 23 de junio de 2015

Más allá de la economía circular

(este artículo se publicó en el Diario Cinco Días el día 23 de junio de 2015)

A principios de los años 80 la Comisión Europea encargó a un grupo de economistas estudiar las consecuencias de la crisis energética y sugerir propuestas para la recuperación. En su informe acuñaron el término de economía circular como respuesta a una economía lineal que consumía recursos como si fuesen inagotables. Romper la tendencia insostenible de energía-producir-consumir-‎residuos-energía para producir más... a favor de un ciclo que convertía los residuos en energía o en materias primas a través del reciclaje, abrió las puertas también a las renovables y en definitiva a la hoy admitida por todos sostenibilidad.


Una década después, en Estados Unidos, la multinacional DuPont, conocida por su capacidad para generar nuevos materiales como el nylon, la licra o el neopreno, se enfrentó a una ‎situación inédita en sus 200 años de historia, las ventas estaban bajando y afectando a la continuidad de la compañía. El entonces consejero delegado Chad Holliday hizo famoso un lema para conseguir que la empresa se reinventase mirando hacia afuera. “Beyond the molecules, más allá de las moléculas” espoleó a la multinacional a no vivir de los éxitos pasados, a levantar la vista del microscopio y a implantar un modelo de innovación abierta que le permitió remontar y aun hoy se mantiene.

Hoy también hay que levantar la vista de lo “green” para darse cuenta que la economía circular está siendo practicada también por los emprendedores de la economía colaborativa. Priorizar el uso frente a la propiedad como el car sharing, las plataformas que permiten compartir casas o el auge de la segunda mano son ejemplos de ello. Por supuesto los innovadores sociales ‎que están solucionando problemas en medio mundo como Tarifas Blancas en Sevilla con su empresa de descuentos para parados, son pura economía circular. Las empresas como Danone que contratan mujeres víctimas de violencia doméstica se sitúan también en lo circular.

Dinamarca y su capital Copenhague, este año capital verde en Europa, aparecen frecuentemente como modelo de sostenibilidad. Pero más allá de los huertos urbanos o la movilidad urbana en bicicleta, los daneses con su cultura de pactos políticos entre diferentes o con su liderazgo mundial en una agricultura tecnificada y supercompetitiva demuestran, como el párrafo anterior, que la economía circular está superando lo meramente ecológico. 

La nueva economía circular es aquella que busca integrar en las estrategias corporativas, institucionales o incluso personales no sólo el medio ambiente sino a clientes, proveedores, administrados o simplemente a los vecinos. Emprendimiento corporativo, innovación social y activismo son los conceptos a seguir. Ya hay pioneros que lo están practicando como ENGIE (GDF SUEZ) ​con su estrategia de innovación abierta ​que hace posible que jóvenes con talento en todo el mundo puedan poner en marcha su idea de negocio. También ASHOKA con su red mundial de innovadores sociales que dan soluciones a los problemas del mundo a través de la creación de empresas sostenibles y sociales. ‎, o CHANGE.ORG, que canaliza en una suerte de nuevo activismo las quejas de la ciudadanía para conseguir luchar y vencer a las injusticias.

El periodista de New York Times, Thomas Friedman, postuló durante muchos años que “El mundo es plano” para poner el acento en la globalización y las posibilidades que la tecnología ofrecía para trabajar desde cualquier lugar.‎ Hoy, sin temor a equivocarnos podemos decir como Pitágoras que la tierra es redonda, que el mundo es circular. El mundo ha de ser circular, no sólo la economía. Para ello hay que conjugar cuatro conceptos que casualmente empiezan por la letra i. Intraemprendededores, innovación, inclusivo e instituciones. Intraemprender es actuar desde tu empresa u organización por cambiar las cosas. Innovar es hacerlo de un modo diferente y buscando ser inclusivo. Pero sin el apoyo de las instituciones ese reto será inalcanzable para lo cual habrá que ser capaces de alinear a lo público y lo privado.

Hace unos días y con motivo de la cumbre del clima de París el paleontólogo español Juan Luis Arsuaga, que tanto ha estudiado las consecuencias del clima a lo largo de la historia del hombre, respondió a una pregunta sobre el calentamiento global diciendo “solo el pasado está escrito, aún se puede cambiar el futuro”. La inédita combinación de la disrupción tecnológica con nuestro activismo es la nueva economía circular que cambiará el mundo para bien.

Iñaki Ortega es Director de Deusto Business School
Loreto Ordoñez es Consejera Delegada de ENGIE (GDF SUEZ) en España


domingo, 17 de mayo de 2015

De los ninis a la generación Z

(este artículo fue publicado originalmente en el Diario Montañés el día 17 de mayo de 2015)


El término "ni-ni" saltó a la opinión pública española hace más de seis años de forma paralela al estallido de la crisis económica. Muchos jóvenes estaban abocados a no poder estudiar ni trabajar. En ese contexto de rápida destrucción de empleo, y ante la perspectiva de una larga recesión, no fueron pocas las voces que alertaban del grave riesgo de perder a toda una generación de españoles que iba a tener muy difícil no sólo incorporarse al mercado laboral, sino sobre todo, avanzar hacia la madurez carentes de ilusión y sin ningún proyecto de vida.



Ha pasado mucho tiempo desde 2008 y la crisis ha cambiado nuestra economía, no sin un importante coste para las familias. Muchas de las amenazas siguen ahí, pero España exporta más que nunca -en diversas universidades europeas vuelven a hablar  del "milagro español"-, el crecimiento se consolida  y volvemos a ser atractivos para invertir.

Y sin hacer ruido, buena parte de estos indicadores positivos están directamente relacionados con el constante acceso de integrantes de la generación del milenio -milennials- a puestos y espacios de responsabilidad en la economía española. Ese conjunto de españoles nacidos en los 80 y primeros 90 forman la primera generación que ha convivido con la crisis y la disrupción tecnológica, la más emprendedora y la que mejor ha sabido entender los cambios que nuestro tejido productivo necesitaba para retomar la senda del crecimiento.

Muchos de ellos se han curtido en empleos para los que estaban sobrecualificados; otros no dudaron en inventar su propio puesto de trabajo incluso más de una vez, sin desaliento; y han obligado a las multinacionales a entender su concepto de economía colaborativa y de gestión del talento.

Hace unas semanas en un seminario sobre esta generación impartido en la Fundación Botín, se nos recordó que en su día las grandes compañías incorporaban a sus filas a los trabajadores que entendían más cualificados para hacer crecer sus cifras de negocio dentro de su sector de actividad. Hoy los más demandados son aquellos que aportan ideas para diversificar la empresa, para sumar a nuevos grupos de clientes y para renovar procesos que el propio peso de la compañía había dejado obsoletos. Y a la hora de atraer ese talento, las empresas han tenido que cambiar también determinadas actitudes: por encima del sueldo cuenta el entorno de trabajo, la sensación de pertenecer a un proyecto común y las posibilidades de seguir aprendiendo y desarrollándose.

Los milennials están llevando a cabo en todo el mundo la máxima de que el crecimiento económico actual se genera en espacios de emprendimiento pequeños en los que se unen personas de origen y cualificación diversa. Y en Cantabría, territorio de pymes, pueden ser el estímulo que necesitamos para dejar atrás definitivamente la crisis, renovando nuestra realidad productiva de abajo hacia arriba. Pymes más tecnológicas, más capaces de internacionalizarse y más resistentes a los vaivenes económicos. Los milennials están creando las empresas que darán trabajo a nuestros hijos mientras llevan a España al nivel de I+D+i que el tamaño de nuestra economía exige (el ranking Global Innovation Index nos sitúa aún en el puesto 27).

Además, la segunda mitad de esta década va a ser la de la incorporación masiva de los milennials a los puestos de responsabilidad en la política y en las empresas públicas. Veremos si los nuevos aires que ya han traído a nuestra economía se trasladan a la res pública y obtenemos como resultado un país más proclive al emprendimiento, a la innovación y a la igualdad de oportunidades en el mercado laboral, para afianzar la recuperación que ellos mismos han iniciado desde el sector privado.

Y por último, no podemos olvidar a los que llegan por detrás: la que diversos autores norteamericanos han denominado "Generación Z" (los nacidos aproximadamente entre 1994 y 2002), y cuya principal característica es la de haber llegado a un mundo en el que la World Wide Web estaba ya plenamente desarrollada. Por lo tanto, carecen del concepto -tanto mental como académico- de libros, archivos y orden bibliotecario: desde la infancia han recibido miles de estímulos informativos sin filtrar -todo cabe en Internet- y siempre en forma de ceros y unos.

Sus integrantes de más edad están accediendo ya a universidades y al mercado laboral, destacando por su facilidad para adaptarse a entornos cambiantes, su pluralidad de opiniones y su necesidad de dedicar su tiempo solamente a aquellas cosas que les interesan. Una generación que ya está siendo objeto de estudio entre analistas y universidades de todo el mundo, porque entenderla es clave para vislumbrar el futuro plenamente digital que se desarrollará a lo largo del siglo XXI.

El reto para lo público, la academia y las empresas será alinear sus estrategias para tener muchos “jóvenes z” y en cambio los “ni-nis” sean ya sólo un triste recuerdo del pasado.


Leticia Diaz es Consejera de Presidencia y Justicia del Gobierno de Cantabria
Iñaki Ortega es doctor en economía y profesor de la Universidad de Deusto.

NOTA: Este artículo se inspiró en la presentación del libro Millennials, inventa tu empleo (ediciones UNIR) en Santander en la Fundación Botín el día 24 de mayo.

sábado, 9 de mayo de 2015

Atención a los millennials

(este artículo fue publicado originalmente en los periódico El Correo y Diario Vasco el día 7 de mayo de 2015)

La generación del milenio representa las actitudes y habilidades propias del contexto del tercer milenio. Los jóvenes que tienen entre veintitantos y treinta y tantos años - los millennials – se están desarrollando profesionalmente en un contexto muy complejo y novedoso. Por una parte, la larga crisis les ha inducido a desarrollar actitudes laborales proactivas e innovadoras; por otra, la rápida evolución tecnológica en la que han crecido les han convertido en los mejor preparados para afrontarla. Un joven segmento demográfico todavía minoritario, con un importante potencial de crecimiento e influencia en el conjunto de la sociedad.

El estudio sociológico de esos jóvenes pone de manifiesto que estos tienden a cumplir la regla de las 4 Cs: están dispuestos a cambiar de empleo o de ciudad, son más creativos, propensos a la cooperación y a una mayor preparación científico-técnica. Resulta sintomático que durante éste último año el grado universitario con mayor nota de corte en España haya sido la licenciatura de física con matemáticas, unos estudios orientados al análisis cuantitativo más sofisticado. La omnipresencia de la informática, los dispositivos de telefonía, los programas y aplicaciones de interrelación social promueven el dominio de conocimientos y habilidades para aprovecharse de éste entorno. Un nivel de capacitación científico – técnico que está alcanzando a grandes capas de población en el mundo entero, y que les va a permitir una capacidad de progreso personal y dinamización socio-económica como nunca ha habido en la historia.

Los millenials están creciendo con dos clases de “héroes” en sus cabezas. Por una parte los pioneros “mayores” como Bill Gates (Microsoft) o Steve Jobs (Apple); y por otra los más jóvenes, como Larry page y Serguéi Brin (Google), Mark Zuckerberk (Facebook) y Jan Koum (WhatsApp). Ambos grupos de pioneros tienen en común una característica con un enorme potencial de ilusión y de transformación social; partieron de unas escasísimas bases de recursos financieros y humanos, multiplicando exponencialmente la inversión realizada hasta extremos nunca vistos hasta ahora en la historia del hombre sobre la tierra. Tan irresistible atractivo, apoyado por un entorno inversor extraordinariamente favorable (por los bajos tipos y los innumerables clubs de inversores e incubadoras de internet, además del crowdfunding) está convirtiendo el emprendimiento en la primera opción de un creciente segmento de la población occidental.

Por ello los nuevos yacimientos de empleo de los altamente cualificados millenials son cada vez menos accesibles para las grandes empresas, que durante el siglo XX habían venido acaparando el empleo de los segmentos de población más capacitados. Desde que el economista David Birch publicara en 1979 que el empleo lo provocan los emprendedores, los sucesivos estudios han refrendado su tesis; muchas pequeñas y medianas organizaciones son las que crean los empleos; empresas que se coordinan entre sí en complejas cadenas de valor añadido que van copando crecientes parcelas de la economía. Éste entorno les ha empujado a las grandes empresas a buscar cómo integrar en su cultura las actitudes y las capacidades de éste colectivo incorporándolos a sus plantillas; para ello están promoviendo en sus grupos el intra-emprendimiento (el I+D+I que genera nuevos negocios para diversificar); de hecho, el profesor Christiansen – de la Universidad de Harvard – ha afirmado que las empresas del siglo XXI están abocadas a fracasar si no trabajan con emprendedores. No hace falta dedicar mucho espacio a argumentar que la forma de tratar a los millenials debe de ser sustancialmente distinta a la de los empleados habituales; son personas más asertivas, independientes, e incluso rebeldes; si el entorno no les gusta mucho, se marchan. También tienen el potencial de promover y mantener procesos colectivos de innovación y progreso que creen un extraordinario valor para los accionistas de esas corporaciones.

Éste grupo social ha hecho de la necesidad virtud; son fuertes y resueltos. Y nadie puede vislumbrar todavía cual puede ser llegar a ser su influencia en los gustos del conjunto de la sociedad y en las exigencias que van a plantear a las organizaciones sociales y los partidos políticos. Conforme vaya aumentando su número y el peso de sus decisiones en el conjunto de la sociedad, podremos evaluarlo con más precisión. Ahora, en este momento, lo que es seguro que se puede proclamar ¡atención a los millenials!

Ignacio Suárez-Zuloaga, Presidente de la Fundación Zuloaga e Iñaki Ortega Cachón profesor de Deusto Business School.

lunes, 4 de mayo de 2015

Los hackers buenos

(este artículo fue publicado originalmente en los periódico El Norte e Castilla y el Hoy de Extremadura los días 3 y 4 de mayo de 2015)

Los inversores privados que con su saber hacer y capital ayudan a los emprendedores son los llamados
business angels. Toman la forma “angelical” en contraste con los tiburones financieros que en las diferentes crisis financieras con sus ansias especulativas arruinaron a ahorradores y empresas. El término hacker del inglés “piratear”, necesita también una actualización porque cada vez son más los tecnólogos que están pasando de la informalidad de piratear como diversión a la defensa cibernética activa: son los hackers angels.

Porque es ya una realidad que los ciberdelitos acechan a las empresas. Cada vez son más frecuentes las informaciones relacionadas con ataques cibernéticos que sufren grandes empresas y organismos internacionales. Esas son solo las noticias más llamativas, pero lo cierto es que la mayor parte de los ataques informáticos se dirigen a las pymes, solo en España sufrimos  más de 70.000 agresiones cibernéticas en 2014, ostentando el triste honor de ser el tercer país del mundo en esta estadísitca.  Muchas de las empresas “asaltadas” comparten una misma característica: pequeños negocios cuya actividad está en la red y su  tamaño les impide estar alerta de las herramientas que les permiten defenderse de un ataque.

Si hoy en día cualquier negocio de los llamados tradicionales está protegido por alarmas o cámaras de vigilancia, debería tener el mismo sentido que aquellas empresas con exposición digital y en cuyas bases de datos disponen de información confidencial tuvieran las barreras y la ayuda adecuada frente a las nuevas formas de delincuencia informática.

La falta de inversión en seguridad informática por parte de las empresas menos grandes, tenga de ello la culpa la crisis o no es un hecho. A día de hoy muchas empresas están desprotegidas ante acciones de piratas informáticos y de sus programas maliciosos (badwares).   Es por esto que a los conocidos nichos de negocio para los innovadores y las nuevas empresas de base tecnológica, como son el internet de las cosas, la movilidad o la robótica, hemos de incluir ahora todo lo relativo a la ciberseguridad. 

La tecnología está generado agujeros de seguridad, en una pelea permanente en la que las empresas van por detrás de los delincuentes. Es importante que las pymes sean conscientes de los graves riesgos que les acechan y que tomen las precauciones oportunas para mantener a los ciberdelincuentes a raya con los hackers “buenos” de su parte


Iñaki Ortega, es director de Deusto Business School en Madrid

jueves, 30 de abril de 2015

La lucha contra el cibercrimen

(este artículo fue publicado originalmente en el suplemento Innovadores del periódico El Mundo el día 30 de abril de 2015)

Hace unas semanas el Presidente Obama se desplazó al corazón de Silicon Valley, a la Universidad de Stanford. La recomendación partía nada menos que de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA), además de la propia CIA. El objetivo era lograr apoyos entre los emprendedores tecnológicos a favor de la ciberseguridad. La preocupación de ambas agencias nos demuestra que la cuestión no es baladí. El Presidente aseguró en su visita que desde que es inquilino de la Casa Blanca los ataques informáticos se han quintuplicado. De hecho, recientemente gigantes empresariales han sufrido las consecuencias, como es el caso de Target, Home Depot o Sony con la polémica película sobre Corea del Norte. También en España, la editora de este periódico, Unidad Editorial y entidades bancarias como el Santander han elevado la prioridad de control de los riesgos cibernéticos y actuado en consecuencia, destinando cada día más recursos a la ciberseguridad. Somos ya el tercer país del mundo con  más ataques. En 20014  sufrimos alrededor de 70.000 agresiones cibernéticas. 


Con su visita a Silicon Valley el presidente de EE UU  buscaba  sensibilizar a los emprendedores y lograr llamar su atención con el argumento de que si ayer esas otras empresas fueron atacadas, mañana cualquiera puede sufrirlo en sus propias carnes, embistiendo contra su privacidad o sus finanzas.

Los expertos en riesgos son menos laxos en sus planteamientos que el Presidente Obama y consideran que hay muchas industrias que no han invertido lo suficiente en este terreno y de hecho al día de hoy están desprotegidas ante acciones de piratas informáticos y de sus programas maliciosos (badwares).  

Es por esto que a los conocidos nichos de negocio para las nuevas empresas de base tecnológica, como son el internet de las cosas, la movilidad o la robótica, hemos de incluir ahora todo lo relativo a la ciberseguridad. 

La nueva generación del milenio, los millennials, es la primera generación nativa digital y al igual que con sus innovaciones disruptivas están dando soluciones en sectores tan variopintos como el turismo, la música, la energía o las telecomunicaciones, han de afrontar necesariamente el reto de la seguridad dentro de ésta nueva era cibernética.


Iñaki Ortega es  doctor en economía y profesor de la Universidad de Deusto

Rafael Chelala es abogado y  codirector del PIC (programa de innovación en ciberseguridad)  de Deusto Business School