lunes, 4 de diciembre de 2017

La lechuza que desde León llegó a todo el mundo pasando por Bilbao



(este artículo se publicó originalmente el día 4 de diciembre de 2017 en el diario La Información dentro de la columna #serendipias)


Esta semana El Heraldo publicó una noticia haciéndose eco de la ley de autónomos aprobada este otoño por el Congreso de los Diputados. Las nuevas ayudas para los emprendedores, repasadas en el artículo del periódico, llevaron a concluir al redactor que la nueva  norma coadyuvará a consolidar la tendencia al alza del emprendimiento en nuestro país. El diario aragonés, para ello, citaba el capítulo español del informe Global Entrepreneurship Monitor, conocido por sus siglas GEM, que con datos de 2016 reflejaba que la mitad de los españoles consideran emprender como una buena opción profesional.

El GEM utiliza un indicador propio para medir el emprendimiento en un territorio y poder comparar la capacidad de emprender de unos países con otros. Así, la tasa TEA, refleja el número de personas involucradas en un determinado año en actividades de emprendimiento. A su vez define el emprendimiento, a efectos de facilitar su medición, como el proceso de 42 meses desde que una persona tiene una idea, la pone en marcha y lanza una nueva empresa. En España el TEA es de algo más de 5 puntos, es decir que cinco de cada 100 personas en edad de trabajar están implicadas en la creación de startups. La bondad del GEM es que nos permite la comparación, por ejemplo,  con territorios de alta tradición emprendedora como Estados Unidos que está en el grupo de cabeza del ranking global con una TEA de 13. La distancia que aún nos separa del país de Silicon Valley no ha de desanimarnos sino al contrario servirnos de inspiración, por ejemplo alguna de las cuestiones que el propio informe cita como claves para generar un ecosistema emprendedor dinámico. El economista Paul Reynolds, padre del GEM, ha escrito mucho sobre la importancia de una cultura nacional que propicie las nuevas vocaciones empresariales. Situar en la cúspide de los valores patrios a los empresarios y su capacidad de arriesgar e innovar se consigue de muchas maneras pero sin duda una de ellas es conociendo y difundiendo las historias personales que hay detrás de los fundadores de empresas de éxito

Es difícil encontrar un ciudadano americano que no conozca la biografía de Steve Jobs o Mark Zuckerberg porque en la televisión, cine y hasta en los colegios los creadores de Apple y Facebook, como en su día los fundadores de Ford o Coca-Cola, son paradigmas a imitar. Por desgracia, como nos recuerda un reciente informe del Círculo de Empresarios, en nuestro país la imagen de los empresarios en los libros de texto es francamente mejorable y son pocos los ejemplos de emprendedores nacionales citados en las aulas.

También esta semana tuve el honor de compartir en Deusto Business School un largo café de tres horas con la presidenta de Eulen, María José Álvarez que tuvo como hilo conductor la trayectoria vital de su padre, fundador de la empresa familiar. La historia de David Álvarez es de esas biografías que solo de escucharlas en un colegio generarían cientos de vocaciones empresariales. Cualquiera puede imaginarse el efecto multiplicador que se lograría, en términos de nuevos emprendedores, si además la televisión, la literatura, el cine o la redes sociales se hiciesen eco de la vida de este español nacido una aldea de León que tras crear una pequeña empresa en Bilbao consiguió construir lo que es hoy Eulen: una corporación global del sector de la externalización de servicios que ofrece sus servicios en más de 30 países.
Crémenes es un pequeño pueblo de la parte leonesa de los Picos de Europa que vio nacer a David Álvarez en el año 1927. Pronto sus padres emigraron al industrial Bilbao en busca de las oportunidades que la localidad leonesa, gran parte del año aislada por la nieve, les negaba. Pero ya en la capital vizcaína el joven David tuvo que abandonar sus estudios de ingeniería para traer dinero a casa. Y en lugar de colocarse en cualquier taller, aprovechando sus estudios comenzó a dar clases particulares a jóvenes que preparaban los exámenes de reválida en Valladolid para hacer regularizar sus estudios universitarios todavía no oficiales en Bilbao. La fama de buen profesor le llevó a crear la Academia Minerva que hizo posible durante diez años que cientos de estudiantes oficializaran sus títulos y de paso que David Álvarez ganase la amistad de los influyentes padres de esos jóvenes cachorros de los industriales vascos. Pero en los años 60, Bilbao logró ser distrito universitario y con ello el servicio que prestaba dejó de tener sentido lo que llevaba inexorablemente a la quiebra a la academia. Un día pensando en voz alta qué hacer con su vida, David Álvarez recibió por casualidad un consejo de la empleada que limpiaba de madrugada su academia que le cambió la vida. La señora le explico que solo había una empresa que limpiaba todas las oficinas del pujante tejido empresarial vizcaíno. Ni corto ni perezoso abandonó corriendo la academia para recorrerse uno a uno los comercios de la Gran Vía ofreciéndoles la limpieza de los castigados escaparates por el sirimiri vasco. La imbatible oferta junto a las dotes comerciales del leonés le llevaron a tener como clientes ese día a todos las tiendas de la arteria comercial del Bocho. Nació entonces Central de Limpieza El Sol. De ahí a limpiar con la ayuda de sus amigos las oficinas de Iberduero, el gigante de la energía. Abrir delegaciones con la llegada de la democracia en 15 comunidades autónomas fue el siguiente paso sin olvidar conseguir ser el pionero en los servicios de vigilancia con la nueva ley de seguridad privada. 20 años después del fortuito consejo de la limpiadora, la empresa pasó a llamarse Eulen, marca ideada por encargo a una empresa de marketing que no significaba nada pero que tenía buena sonoridad para ser recordada. La nueva empresa mantuvo la imagen de la lechuza que también estaba presente en la academia por ser el símbolo con el que se representaba a la diosa de la templanza. 

Hoy Eulen está presente en 14 países, da empleo a más de 70.000 personas, tiene de clientes a las empresas más importantes del mundo y ofrece servicios en ámbitos tan diversos como el trabajo temporal, el telemarketing, la salud, la seguridad, la limpieza, el mantenimiento o el medio ambiente.

Detrás de la historia de éxito de Eulen hay un emprendedor que construyó su empresa sobre los valores del esfuerzo y el sacrificio pero también pensando mas allá de los resultados. El padre de la actual presidenta de Eulen defendió que las personas eran siempre más importantes que los beneficios cuestión esta que sus empleados disfrutaron durante los más de 50 años que estuvo al frente de la compañía.

Ninguno de estos valores descritos fueron casualidad pero en esta columna siempre ponemos el acento en la serendipia y el texto de hoy no será la excepción. María José Álvarez apuró su último cigarro en la puerta de Deusto explicándome la cara de sorpresa que se les quedó a todo el clan familiar hace unos pocos años cuando un amigo les contó que Eulen en alemán es el plural de Búho. Ese mismo viejo búho que dibujó David Álvarez en el cartel de la humilde Academia Minerva porque ya entonces sabía que solo la prudencia y la sabiduría, que representa la lechuza, eran las claves del éxito.

martes, 28 de noviembre de 2017

¿Cuántos trillones tiene un zettabyte?

(este artículo se publicó originalmente el día 27 de noviembre de 2017 en el diario La Información dentro de la columna #serendipias)

La información digital que existe en el mundo es muchísima, casi infinita. De hecho, se habla de que cada año generaramos más contenidos que todos los que se habían creado hasta ese momento en toda la historia. Recientemente, unos científicos se atrevieron a poner negro sobre blanco cuánta información hay disponible. Para estos expertos son varios zettabytes. Si no sabes qué es un zettabyte no pasa nada, simplemente quédate con que es sinónimo de alta capacidad. La serendipia aparece porque el prefijo de los zettabytes -zetta- coincide con el nombre con el que se conoce a la cohorte de chicos y chicas educados con internet en sus hogares. Es decir la llamada generación z, los nacidos a partir de 1994, fecha consensuada por los informáticos como el inicio del internet moderno. 

Se les llame «generación z» también por pura casualidad, no porque haya un sesudo análisis detrás. Lisa y llanamente porque son el grupo de edad que siguió a los «millennials» o «generación y», los que nacen en los años 80. Y se les conoce así porque antes hubo otro grupo de edad, los que ven la luz en los años 70, que tenían un comportamiento  tan incomprensible que un escritor canadiense, Douglas Coupland, les bautizó en un libro como la «generación x», precisamente por ser toda una incógnita para sus coetáneos. 

Un bit es un dígito del sistema de numeración binario, es decir un 1 o un 0,  sobre el que se basa lo que hoy conocemos como computación. Pronto los bits dejaron de usarse por el crecimiento de las capacidades de los ordenadores y fueron sustituidos por los bytes que son combinaciones de ocho bits.  Lo anterior nos permite llegar a definir un zettabyte que no es más que 1 byte seguido de 21 ceros. Está demostrado  que a partir de cierta cantidad de ceros nuestra mente es incapaz de poner en perspectiva una cifra tan elevada. Si no entendemos los zettabytes pero en cambio sí dominamos la ciencia, estaremos en disposición de entender a estos otros zetas, la generación z.

«Nunca consideres el estudio como una obligación, sino como una oportunidad para entrar en el mundo del saber.» La frase, atribuida al científico alemán Albert Einstein, no fue nunca tan cierta como con la generación que ha dejado antiguos a los famosos millennials. Los chicos y chicas que hoy tienen veinte años no han considerado la tecnología como una asignatura, a diferencia de los que superamos la treintena. Para ellos, los conocimientos técnicos en programación, por citar un ejemplo, no suponen una obligación, sino una expresión del mundo en el que se desenvuelven desde que tienen uso de razón. Sin entender esas cuestiones no podrían moverse con la soltura con la que lo hacen en el mundo digital. 

Si quieres entenderlos has de hablar su idioma, y su idioma es la tecnología o, lo que es lo mismo, la ciencia. Porque, como nos recuerda el dirigente español de IBM, Juan Antonio Zufiría, hoy viven el 99% de todos los científicos de la historia de la humanidad o tiene más tecnología un coche fabricado en 2015 para que conduzcan jovencitos con su carnet recién sacado que el propio Apolo 11, que consiguió alunizar en 1969. Por no mencionar que cualquier chico de la generación z tiene en su smartphone más capacidad de computación que todos los ordenadores que permitieron a los rusos lanzar el satélite Sputnik al espacio.

Los tecnólogos insisten en que entre 2030 y 2050 la ficción se hará realidad y la inteligencia artificial superará al ser humano. Como nos recuerda Shushanik Papanyan, la automatización está penetrando en actividades tan humanas como el razonamiento o la percepción, desplazándose, por tanto, desde el sector manufacturero al de servicios. El blockchain dejará sin trabajo a los notarios. Los chatbots están ya vaciando de personal los departamentos de atención al público. La impresión aditiva cambiará la vida de las factorías y el hacking exige jubilar a muchos policías y jueces para hacer frente con garantías al cibercrimen. El big data reinventará el marketing y la forma de fidelizar a clientes.

Por ello quédate con que zettabytes es una medida para almacenar datos y que además sus primeras letras son el apelativo con el que se conoce a una nueva generación. Ambos, esa medida y esos jóvenes, son sinónimos de altas capacidades y no se explican sin la importancia de la ciencia. Así que nada de tirar esos viejos manuales de álgebra que acumulan polvo en tu armario porque son más necesarios que nunca. 


martes, 21 de noviembre de 2017

Gafas a 20 euros, zapatillas a 40 euros y bancos a un euro.

(este artículo se publicó originalmente el día 13 de noviembre de 2017 en el diario La Información dentro de la columna #serendipias)



Esta semana nos hemos enterado de que varias entidades financieras rechazaron la compra del Banco Popular tras analizar en detalle los balances de la entidad entonces presidida por Emilio Saracho. De hecho, se ha conocido que en la reunión del Consejo de Administración del Banco Popular de 6 de junio de este año fueron comunicadas unas pérdidas de más de 4.000 millones lo que finalmente llevó a aprobar por unanimidad “la consideración legal de entidad inviable y el traslado de este hecho al Banco Central Europeo”. Los analistas de los bancos que cortejaban a Popular constataron que la entidad había perdido la solvencia por el deterioro de sus activos y sospechaban del agravamiento del ratio de liquidez por las fugas de depósitos paralelas a rumores y decisiones de las agencias de rating. Además los más que previsibles litigios con accionistas por la última ampliación de capital fueron la puntilla al proceso abierto por el propio Popular para encontrar un salvador . Pero aún así, lo que no quisieron BBVA, Sabadell o Bankia, el Banco Santander sí. Y finalmente compró por un euro al Mecanismo Único de Resolución Europeo la histórica entidad madrileña.



Este otoño también han vuelto a la actualidad las teorías económicas de la llamada “racionalidad limitada” con motivo del nuevo Nobel. No todo es matemática sino que en ocasiones los sentimientos nos llevan a tomar decisiones alejadas del sentido común, afirman los laureados profesores americanos Khaneman y Thaler. Puede parecer que la ausencia de lógica y la preponderancia de las emociones nos lleva inexorablemente a equivocarnos. Veamos algunas serendipias en el mundo empresarial para darnos cuenta de que no siempre la racionalidad es el camino del triunfo.

La mítica marca Levis nació como una empresa que fabricaba un material para las tiendas de campaña de los mineros pero la casualidad de que un operario  se quedase sin pantalones y tuviese que usar ese tejido permitió describir las bondades del denim que hoy sigue arrasando. También la Coca Cola comenzó fracasando ya que la bebida era un jarabe para los males de estómago hasta que unos clientes de la farmacia de John Pemberton en Atlanta decidieron llevarla de la botica a los bares. 

Pero no hay que irse a Estados Unidos para encontrar ejemplos de cómo las casualidades ayudan a triunfar. El Ganso es una marca de moda española de éxito fundada por dos hermanos en 2004. Clemente Cebrián me contó un día paseando por la playa de Hendaya que en un viaje con sus padres a Praga descubrió por azar una vieja tienda de zapatillas del ejército checo. Les gustó tanto que encargaron a este establecimiento la primera colección de sus famosas zapatillas blancas con rayas rojas y azules convertidas hoy en un clásico que se venden a 40 euros en medio mundo. 

En septiembre, Félix Ruiz, el fundador de la red social Tuenti e inversor de referencia en Job&Talent,  estuvo en Deusto Business School. Se sinceró con la audiencia explicando la preocupación que le invadió cuando vio que los números no salían en la startup de búsqueda de empleo que él había conseguido fondear con varios socios capitalistas. Por ello, decidió buscar una empresa para recomendar a esos mismos inversores que metieran dinero y obtuviesen así retorno inmediatamente. Con tan poco tiempo solamente se le ocurrió la marca de un par de gafas de sol que tenía junto a su ordenador. Hawkers con un modelo de negocio muy sencillo, gafas de moda a 20 euros, empezaba a dar buenos números. La inversión promovida,  permitió que la empresa óptica de Elche sea hoy líder mundial y pueda contratar como modelo al mismísimo Leo Messi. Pero lo más importante para nuestro amigo Félix Ruiz, es que él ha mantenido su prestigio.

No es fácil acertar en los negocios, por ello solamente el tiempo nos dirá si la decisión de la señora Botín de comprar un banco por un euro fue lógica, un error o pura serendipia.


Iñaki Ortega es doctor en economía y director de Deusto Business School

jueves, 16 de noviembre de 2017

Tres hermanos

(este artículo se publicó originalmente el día 13 de noviembre de 2017 en el diario La Información dentro de la columna #serendipias)




En el año 2014 la Real Academia de la Lengua Española admitió como correcto el neologismo serendipia incorporándose, por tanto, al diccionario. Ahora en esta nueva etapa de lainformacion.com  esos "hallazgos valiosos que se producen de forma accidental" serán el título de mi colaboración periódica. 

Esta palabra no es un anglicismo, como muchos creen, sino que proviene del persa «serendip», que es el nombre en ese idioma de Sri Lanka.  Pero para entender por qué esa isla, conocida hasta hace poco como Ceilán, se convirtió en paradigma de la casualidad hay que recurrir a un cuento que data del año 1300, «Los tres príncipes de Serendip». Tres hijos de un Rey educados exquisitamente adquieren habilidades para de la casualidad conseguir resultados increíbles. Su aventura con un robo de camellos y el modo en que solucionan el entuerto salvándose milagrosamente en el último momento, han divertido tanto que hasta el cine contemporáneo, además de la propia RAE, se han inspirado en el lugar de nacimiento de esos tres príncipes. 

Me gusta la palabra serendipia porque son muchas las veces que de modo casual conseguimos cosas fantásticas.  En la ciencia se ha documentado mucho el fenómeno, de hecho el doctor Fleming descubrió la penicilina debido a que un cultivo, por un descuido, se infectó con un hongo. Incluso detrás del descubrimiento de América hay casualidad porque Colon creía que inauguraba una nueva ruta para llegar a las Indias.  Pero en economía y política poco se ha explotado las poderosas consecuencias de las casualidades y en esta columna abundaré en ello con una pretensión más lúdica que científica. 

Empecemos con un aperitivo para siguientes serendipias.

Esta semana Estados Unidos se despertó con el enésimo ataque de un perturbado con armas de fuego. En la iglesia de una pequeña localidad de Texas un joven expulsado hace años del Ejército asesinó a sangre fría a una veintena de feligreses. Casi al mismo tiempo en España conocimos que el ciclismo es el deporte más practicado en nuestro país. Precisamente surge la serendipia porque aparentemente poco tiene que ver un loco con pistola en Texas con que dos de cada tres españoles tengan una bici. Pero si siguen leyendo encontrarán el vínculo. En España sabemos también de rifles e incluso tenemos una “ciudad armera”, es Éibar, aunque hoy la fabricación de pistolas y escopetas ha sido prácticamente sustituida por otras industrias. Todo empezó tras la primera guerra mundial, momento en el que las ventas de armas de desplomaron. Según se cuenta por aquellos lares, un empresario enfadado al ver tanto perfil de hierro sin usar porque no había pedidos, lo intentó romper de rabia con su rodilla pero solo logró doblarlo. La forma en la que la barra de hierro quedo torcida se asemejaba muchísimo a un cuadro de una bicicleta. Esa casualidad hizo que todo un sector armero se reconvirtiese a fabricar bicicletas, liderado también por tres hermanos, en esta ocasión por los Beistegui con la mítica marca que cogió sus iniciales, BH.

domingo, 29 de octubre de 2017

La fábula del elefante y la gacela que quieren bailar juntos

(este artículo fue publicado originalmente el domingo día 29 de octubre de 2017 en el periódico El Mundo)

Un joven elefante que vivía en la sabana africana observaba con admiración todos los días la agilidad con la que la gacela sorteaba obstáculos e incluso ataques de los temidos leones.  Los acrobáticos saltos de la gacela se le asemejaban a los pasos de un baile de salón amenizado por los acordes de Chopin. El paquidermo decidió dedicar  varias semanas a practicar giros y pasos de baile hasta que una mañana le propuso ansiosamente al antílope bailar juntos. La gacela dudó porque los cinco mil kilos de su amigo  frente a sus solo cincuenta eran demasiada diferencia, pero el entusiasmo del joven elefante terminó por convencerla. Los dos animales comenzaron a bailar como si de un vals se tratase y en el primer giro de la danza la pata del elefante se posó por error, pero con toda la fuerza de sus cinco toneladas de peso, en la frágil columna de la gacela, que murió aplastada en el acto.

Esta fábula ha servido para ilustrar el informe que tres universidades españolas hemos realizado por encargo del Centro Internacional Santander Emprendedores (CISE) con el apoyo de NEORIS, sobre el estado del emprendimiento corporativo en España. Este  fenómeno  ha pasado en unos pocos años de ser una realidad desconocida en las grandes empresas a convertirse en uno de los ámbitos de actuación más recurrentes en cualquier plan estratégico. Ante un escenario cada vez más cambiante y competitivo las organizaciones ven en el emprendimiento corporativo una vía para adoptar los exitosos modelos de innovación disruptiva de las startups, ya sea tendiendo puentes de colaboración con éstas mediante fórmulas de innovación abierta o promoviendo el espíritu emprendedor de sus propios trabajadores. Nuevo concepto que sin embargo está siendo ya usado por la mayoría de las grandes empresas con sede en España.

La investigación, que ha llevado por subtítulo elefantes y gacelas bailan sin pisarse, permite aportar algunas claves para facilitar que las empresas incumbentes y las emergentes trabajen juntas a fin de que las primeras innoven y sean más competitivas y las segundas logren alcanzar unas altas cotas de escalabilidad. Así, tras dos años de estudio, hemos formulado nueve aprendizajes,  recomendaciones basadas en experiencias exitosas de colaboración entre startups y corporaciones. 

La primera es la imprescindible implicación de la alta dirección en el impulso del emprendimiento corporativo. El alineamiento con los objetivos de la compañía es la segunda. El siguiente consejo es que el emprendimiento corporativo solo es una apuesta segura a largo plazo. Aprender de otros, pero desarrollar una política de emprendimiento corporativo adaptada a la propia organización y dotar a la organización de personas con conocimientos y competencias que les permitan acompañar y entender a startups e intraemprendedores, son la cuarta y la quinta. Buscar sinergias en el ecosistema emprendedor local así como hacer un esfuerzo por evangelizar a toda la organización también se hace necesario.  Como octava lección se recomienda  apoyar a los intraemprendedores con recursos, tiempo y garantías de carrera profesional. Una última reflexión para las empresas que operan en industrias de alta tecnología: al hilo de la velocidad a la que avanzan el cambio en modelos de negocio así como las fórmulas de innovación abierta, la figura del Chief Entrepreneur Executive no tardará en extenderse entre todas aquellas que aspiren a mantenerse líderes.

El sentido común nos dice que difícilmente dos especies tan distintas podrían ensayar una danza, al menos no sin que la gacela corra un alto riesgo de ser apisonada por la envergadura del elefante. Pero lo que en principio solo podría ocurrir en una fábula, sí puede convertirse en una realidad en el ecosistema empresarial. El propósito que ha llevado a los autores de esta investigación ha sido precisamente demostrar con datos empíricos y casos reales que grandes empresas y emprendedores han empezado a bailar en España al son del mismo compás y que, a pesar de algunos pisotones inevitables, todo apunta a que formarán un gran tándem.

Como recordaba recientemente el Foro Económico Mundial, del grado de desarrollo del ecosistema de emprendimiento corporativo dependerá cada vez más la competitividad de los países. Por ello y si queremos que nuestra fábula además de tener final feliz nos ayude a afrontar el futuro europeo con más garantías tendremos que escribir un nuevo final en el que nuestro elefante aprenda a bailar sin prisas con la gacela para que sus torpezas no pongan en peligro la vida del antílope. De modo y manera que un día ambos animales nos deleiten bailando sin pisarse ni hacerse daño.

Iñaki Ortega es doctor en economía y profesor universitario


martes, 24 de octubre de 2017

Ageingnomics. La economía del envejecimiento

(este artículo se publicó originalmente en el diario ABC el domingo 22 de octubre de 2017)

En castellano pero también en la lengua inglesa, conseguir una nueva palabra a partir de la unión de dos o más palabras ya existentes, es un procedimiento morfológico muy común. Si coordinamos dos lexemas para crear un neologismo estaremos usando la técnica de composición lingüística. Gracias a esa técnica los idiomas se enriquecen ya que incorporan vocablos que explican fenómenos inéditos. 

En economía las palabras compuestas han sido usadas profusamente por teóricos y divulgadores para explicar situaciones excepcionales y nuevas con importantes consecuencias para esa ciencia social. Tras décadas de estancamiento económico, Japón, emprendió en el año 2012 coincidiendo con el segundo mandato del primer ministro Shinzo Abe una nueva política económica basada en tres pilares: estímulos fiscales, reformas estructurales y política monetaria expansiva. Los buenos resultados conseguidos por Abe llevaron a acuñar el término Abenomics para explicar su apuesta por el crecimiento. La hetedorodoxa actuación en clave económica del presidente Trump lesionando el libre comercio y apoyando rebajas fiscales ha llevado también a que cada vez más se use el neologismo Trumpnomics. Pero el fenómeno no es reciente. El siglo pasado en la crisis de los dragones asiáticos, no fueron pocos los analistas que coincidieron en denunciar la obscena acumulación de riqueza de empresarios cercanos, por familia o amistad, a los oligarcas de Taiwán o Malasia. La llamada economía de los amiguetes dio lugar al término en inglés cronynomics, síntoma de la corrupción económica también en países como Rusia o Argentina. De hecho la revista The Economist pública habitualmente un índice sobre este “capitalismo de amigos” a lo largo y ancho del mundo.

En mayo de este año con motivo de la celebración de la conferencia TEDx en la sede de la Universidad de Deusto en Madrid, expertos directivos y académicos, disertaron sobre los retos del envejecimiento para la sociedad, en aspectos tan diferentes como las prestaciones sociales, los nuevos nichos de empleo o la tecnología. El Presidente de Mapfre, Antonio Huertas, presente en ese acto, y seguramente inspirado por lo escuchado, publicó en agosto un artículo en El País con el sugerente título de La economía del envejecimiento. En las líneas que desarrollaban su reflexión mencionó la nueva palabra ageingnomics como resumen de una nueva economía que estaba por llegar en la que aparecerían muchas y nuevas oportunidades fruto del alargamiento de la vida siempre que nos prepararemos para ello, en caso contrario las expectativas no sería muy halagüeñas.

Según las estimaciones de la Organización Mundial de la Salud, la esperanza de vida al nacer a nivel global ha venido creciendo desde 1950 a un ritmo de más de tres años por cada década. A partir del año 2000 se ha incrementado en una media de cinco años. La mayor esperanza de vida en el mundo la tiene Japón con 83,7 años siendo España es el segundo país más longevo de Europa con 82,8 años.  Junto con el aumento de la esperanza de vida, se observa que cada vez un mayor número de personas alcanzan edades extremas. Las distintas líneas de investigación abiertas en el terreno de la genética y de la biotecnología podrían derivar en un cambio disruptivo que prolongue la vida humana más allá de los límites concebibles en estos momentos. Esto es algo que nadie puede descartar y que induce un alto grado de incertidumbre en toda esta situación. 

El aumento de la esperanza de vida implica, sin duda, buenas noticias para el género humano. Sin embargo no son pocos expertos los que creen que estos nuevos  patrones tienen efectos en el funcionamiento económico y, en última instancia, en la dinámica de crecimiento de la economía. Las consecuencias pueden ser buenas, por ejemplo porque se ampliará no solo el tiempo promedio de vida de los individuos, sino que extenderá igualmente su capacidad creadora y, con ella, la posibilidad de contribuir al desarrollo de la sociedad. Pero por otro lado la velocidad en la que se materializan las mejoras en la esperanza de vida es mayor que la velocidad con la que la estructura económica se modifica y adapta. Ello significa que ante un escenario de rápido aumento de la longevidad, sus consecuencias  puedan ser difícilmente internalizadas por el sistema económico con las consecuencias que ello pueden tener sobre los patrones de ingreso, consumo y ahorro, primero a nivel microeconómico y, en última instancia, en el plano macroeconómico.

Ageingnomics resume una forma de afrontar el reto del envejecimiento según la cual los efectos producidos por el alargamiento de la vida podrían más que compensar los efectos negativos y propiciar un estímulo al crecimiento económico. Son cuatro las fuerzas que podrían hacer que la mayor esperanza de vida pueda llegar a convertirse en un factor positivo para el desempeño de la actividad económica.  A saber, el envejecimiento poblacional implicaría necesariamente una ampliación del período de vida laboral y, con este, un aumento en la inversión en capital humano. A partir de esa premisa, los patrones de consumo e inversión conllevarían un incremento de esas variables generando, por una parte, un mayor retorno de los ahorros (durante el período de retiro) y, por la otra, un efecto positivo sobre la productividad de la economía y el nivel total de producto. De igual forma, la mayor inversión en capital humano produciría un incremento del volumen de trabajo efectivo en la economía, incidiendo positivamente sobre el nivel del producto. Además la extensión de la vida laboral debiera producir una mayor satisfacción personal y, con ella, una mayor transferencia de la experiencia laboral acumulada, afectando positivamente a la productividad. Sin olvidar, por último, que la aparición de un nuevo modelo social, con personas cada vez más longevas, propiciará la aparición de nuevas industrias vinculadas al ocio y la salud, que bien aprovechadas por emprendedores pueden generar importantes oportunidades económicas para los territorios que apuesten por ello. Esta visión tan optimista es imprevisible al igual que esos negros augurios que en demasiados ocasiones leemos. Todos ellos son hechos inéditos como el propio término ageingnomics pero, sin duda,  merecen la pena ser escuchados y estudiados.

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School


Fernando Mata es director general de Mapfre

sábado, 21 de octubre de 2017

Un cisne negro en Moncloa

(este artículo se publicó originalmente en Heraldo de Aragón, La Rioja, La Verdad de Murcia, Ideal de Granada, Ideal de Almeria, Ideal de Jaen, Diario Montañés, La Verdad de Cartagena, Diario Sur, Diario Hoy de Extremadura y Norte de Castilla el día 22 de octubre de 2017)

El 9 de octubre Magnus Johannenson firmaba la concesión del Nobel de economía de 2017; esa tarde Carles Puigdemont terminaba de escribir el discurso en el que proclamaría la independencia de Catalunya ante los miembros del Parlament. Para entender lo que unió ese día a Estocolmo con Barcelona basta con seguir leyendo la razón por la que la academia sueca de ciencias premió a Richard Thaler. La teoría de la racionalidad limitada. Las investigaciones de este economista americano demuestran que las decisiones no siempre obedecen a criterios racionales, sino que también entran en juego variables psicológicas que las desvían de un comportamiento económico racional. A la luz de lo sucedido desde este septiembre en Cataluña, solo aplicando la teoría de Thaler  al presidente de la Generalitat puede entenderse tanta irracionalidad. Miles de empresas que abandonan sus sedes históricas, millones de inversiones paralizadas, cientos de miles de puestos de trabajo en entredicho y varios puntos del PIB perdidos. Pero el nuevo Nobel también ofrece una solución para que el bienestar a largo plazo no pueda verse influido por la falta de autocontrol. El profesor defiende que las instituciones den a los individuos estímulos hacia la dirección correcta. Aplicando la psicología al mundo de la economía aprenderemos que todo no es predecible conforme a modelos matemáticos y que en ocasiones hay que actuar con “mano izquierda” para que vuelva el sentido común y el interés general. Thaler lo llama nudge, del inglés “empujoncito”. Esos estímulos nos harán por ejemplo dejar de fumar, ahorrar más para la pensión o donar más órganos.

Los acuerdos del Consejo de Ministros de este sábado son ese incentivo imprescindible para que Cataluña abandone la irracionalidad.  Imprescindibles medidas como el cese de todas las personas que han suplantado la ley y la convocatoria de unas elecciones con garantías. Nadie duda, en todo mundo, que España ha gozado del mayor periodo de bienestar y democracia de su historia gracias a la Constitución de 1978. Los ministros reunidos en el Palacio de la Moncloa antes “unas circunstancias excepcionales” recurrieron de nuevo a la Carta Magna,  a su artículo 155, para de un modo inteligente reconducir a la racionalidad a las instituciones catalanas.

Nassim Taleb, es un colega libanés de otro premio Nobel, Khaneman, íntimo de Richard Thaler con el que compartieron muchos artículos.  Pero no ha sido conocido por sus amistades sino por acuñar la expresión los Cisnes Negros. Con esta metáfora nos referimos a sucesos extraños que nunca pensábamos que iban a suceder y que aparentemente traen consecuencias irreparables. Los seres humanos, a pesar de la incapacidad de predecirlos, pero fruto del fenómeno psicológico de la retrospección acabamos pensando que estaba claro que iba a suceder (como nos recuerda el intelectual español Gabriel Albiac el golpe de estado del nacionalismo catalán no fue nunca previsto porque era virtual y las herramientas de predicción han quedado anacrónicas).  El empobrecimiento moral y económico de Cataluña fruto del nacionalismo sin duda es un Cisne Negro para España pero si seguimos leyendo a Taleb nos daremos cuenta que esos cisnes, a lo largo de la Historia, han podido convertirse en una oportunidad porque nos hacen más fuertes. La recuperación de la calles por los millones de catalanes que se sienten españoles, la unión del PP, PSOE y Cs en la respuesta constitucional de ayer o la fuga de empresas que han vacunado a otros nacionalismos para que se desborden en el futuro, son la demostración que la sinrazón puede hacer fuerte al Estado de Derecho.


Iñaki Ortega es doctor en economía y director de Deusto Business School