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domingo, 29 de mayo de 2022

Las pilas se han gastado

(este artículo se publicó originalmente en el diario 20 Minutos el 16 de mayo de 2022)


Agotados. Así se sienten ocho de cada diez trabajadores del mundo. Una abrumadora mayoría de empleados (81%) están exhaustos tras dos años de pandemia, teletrabajo e incertidumbre laboral. Los datos surgen de una encuesta que elabora una prestigiosa firma de recursos humanos en la que se pone de manifiesto el deterioro de las fuerzas de los asalariados respecto al año anterior. De hecho, en Europa, cerca de la mitad, afirman sin rubor alguno, que no están satisfechos con su empleo.

Si hacemos un cálculo rápido, un adulto pasa por lo menos un cuarto de su vida activa trabajando.  Al mismo tiempo, los científicos de la salud nos llevan avisando con estudios longitudinales que ese descontento deriva en estrés laboral con gravísimas consecuencias para la salud. Está claro que estos razonamientos han pesado en los más de 50 millones de empleados en los Estados Unidos que desde hace un año presentan su renuncia para buscar un mejor trabajo.

Pero por favor, no quiero que ahora te precipites y pidas la cuenta a tu superior. Estamos en España y nuestro mercado laboral no es tan dinámico como el americano. Al mismo tiempo, tienes que saber que, aunque te sientas como si las pilas se te hubieran gastado, igual no tiene del todo la culpa tu empleador. Esa sensación de cansancio, falta de fuerzas y fatiga al afrontar cada día de trabajo, en el mes de mayo, se llama astenia primaveral. Y se pasa sin necesidad de decirle al jefe que no le soportas ni un minuto más.

Este año la astenia ha encontrado un aliado para inocularse en la fuerza laboral: el agotamiento pandémico. Son dos años muy largos de crisis que para colmo la guerra de Ucrania los ha alargado con mayor incertidumbre si cabe. Cientos de miles de españoles van cada día a trabajar pensando que pueden ser despedidos, otros tantos que no saben si la semana siguiente el ERTE se acabará. Por no hablar de los teletrabajadores que, tras tanto tiempo sin ver a colegas de oficina, están perdiendo la conexión emocional con sus compañías. Jóvenes precarios que ven pasar reformas laborales, pero siguen sin un horizonte de promoción por el maldito virus. Familias que asisten atónitas a que los colegios sigan con horarios que exigen malabares a los padres para conciliar trabajo e hijos.

La primavera pasará y también el virus y la guerra, pero tu no puedes quedarte sin pilas. Hay que recargar las baterías para afrontar nuevas crisis y nuevas astenias que seguramente vendrán. Cuando las pilas se gastan hay que cambiarlas, si la batería flaquea urge buscar un enchufe. A ti te toca saber qué es lo que te hace que tú energía suba y se acerque al 100% y así evitar que el cansancio te confunda y acabes tomando decisiones equivocadas. Mientras lo piensas, las vacaciones de verano ya no están muy lejos, por suerte.

Iñaki Ortega es doctor en economía en la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) y en LLYC

domingo, 31 de octubre de 2021

No es la pandemia, es el futuro (upskilling & reskilling)

(este artículo se publicó originalmente en el periódico La Información el día 29 de octubre de 2021)

 

El teléfono tardó 75 años en alcanzar los 100 millones de usuarios, para que el móvil consiguiera esos datos apenas se necesitaron 16 años. Internet logró esos usuarios en siete años y Facebook solamente precisó de cuatro años. Instagram lo hizo en dos, pero la aplicación de videos Tik Tok lo ha hecho posible en solo uno. Esa rapidez para crecer tiene otra cara menos amable que es la increíble velocidad también para desaparecer. De las cinco primeras empresas del mundo en 2005, hoy solo queda una en ese listado. En 1964 el promedio de vida de las empresas del índice S&P500 era de 33 años, hoy es de 22 años y si nada cambia está previsto que en el 2027 sea de 12 años.

Charles Darwin, con su teoría de la evolución, demostró que solo sobreviven los animales más dotados para afrontar el complicado día a día. La época tecnológica que nos ha tocado vivir está tristemente protagonizada no sólo por el cierre de empresas sino también por la destrucción de empleos y lo que es peor por la dificultad para crear nuevos puestos de trabajo. Mientras no asumamos que el mercado laboral, como las especies de Darwin, está en plena evolución, no conseguiremos solucionar el problema de nuestro siglo.

La economía, fruto de la disrupción tecnológica, está viviendo el proceso más profundo y rápido de cambios de la historia reciente. Eso ha supuesto que los empleos estén cambiando vertiginosamente. Miles de trabajos que desaparecen, nuevas relaciones laborales, nuevas profesiones, cientos de oficios amortizados, nuevos nichos de empleo, nuevas capacitaciones, necesidades inéditas que hacen que la oferta y la demanda del mercado laboral no casen. Convivimos con alarmantes tasas de desempleo, pero al mismo tiempo las vacantes no dejan de crecer.

No podemos dejar de recordarlo ahora que los debates para mantener el escudo de los ERTEs versan sobre condicionar estos beneficios a recibir o no una formación. La pandemia no ha hecho más que acelerar un proceso en el mercado laboral que estará protagonizado por la recualificación, conocida como reskilling y upskilling en su terminología anglosajona. No es opinable, sin formación a lo largo de la vida no habrá espacio en el mercado de trabajo.

Para los que no ven progreso en la formación de los trabajadores, estén o no en ERTE, estemos o no en pandemia, los animamos a que sigan leyendo estas líneas. Estudios del Foro de Davos defienden que la mitad de los empleados tendrán que reciclarse antes de 2030 y que eso les supondrá de media seis meses de estudio. CoDir´21 es una reciente encuesta internacional a directivos promovida por la prestigiosa firma Alexander Hughes cuyo resumen es que el 80% de los comités de dirección de las compañías líderes ha de mejorar en capacidades, organización y funcionamiento.

Cultura sólida, habilidades digitales, innovación estratégica, visión compartida y desarrollo sostenido son los aspectos que han de reforzarse en la fuerza laboral para los consejeros delegados de las grandes empresas, según me confirma Ignacio Pascual uno de los expertos de referencia en España en capital humano. Llámese como quiera, upskilling o reskilling. El primero pretende enseñar a un directivo nuevas competencias para optimizar su desempeño; el segundo entendido como reciclaje profesional, aspira a formar a un empleado para adaptarlo a un nuevo puesto en la empresa. Lo importante es saber que se necesitarán trabajadores más especializados -upskilling- y empleados más versátiles -reskilling-. Una fuerza laboral que en el primer supuesto crezca verticalmente y en el segundo horizontalmente. Ambos conceptos comparten que luchan contra la brecha digital en el seno de la empresa y la hacen más competitiva; mejoran los procesos de selección y, en consecuencia, los periodos de adaptación; ayudan a fidelizar y a retener el talento.

Tampoco puede obviarse la necesidad de recualificarse para así entender al otro, formarse para dejarse contagiar de la corriente intergeneracional ¿Acaso no somos cada vez más, como los nativos digitales, impacientes? ¿O quién no aspira a tener la resiliencia de los seniors que acumulan crisis en sus espaldas sin rendirse?

Estos procesos de desarrollo a lo largo de la vida profesional además mejoran la reputación corporativa puesto que siguen los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, concretamente los numerados como 8, 9 y 10. Así mismo promueven una cultura de empresa dinámica adaptada a un entorno en constante evolución. El World Economic Forum ha tasado en un aumento del PIB español de 6,7% de aquí al 2030 y una nada despreciable cifra de 230.000 nuevos trabajos si se mejorasen las competencias digitales.

Para terminar, que nadie piense que esta tarea sólo atañe a los emprendedores, directivos y trabajadores. La foto de Darwin debería estar en los despachos de todos los rectores universitarios. Que nadie lo olvide en un sector como el de la educación superior, que aun con más de 700 años de vida, puede desaparecer de un plumazo si deja de ser útil para los imprescindibles y urgentes procesos de upskilling y resikilling que acabamos de describir.

 

Iñaki Ortega es doctor en economía y profesor de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)