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miércoles, 13 de diciembre de 2023

Convivir en el mercado laboral

(este artículo se publicó originalmente en la revista The Conversation el 13 de diciembre de 2023)

En la tercera edición del Mapa de Talento Sénior de la Fundación MAPFRE, publicado a finales de 2023, hemos contrastado la realidad laboral de las personas de entre de 55 y 70 años con la de los menores de 30. Con este análisis pretendemos participar en el debate público sobre la situación de ambos colectivos, defendiendo la necesidad de que haya colaboración entre ellos.

Si la economía plateada crece impulsada por el creciente consumo de los séniores, también lo hacen sus aportes al mercado laboral y las transferencias de conocimiento hacia los colectivos más jóvenes. Un motor de riqueza (y empleo) para ambos colectivos.

El gasto en pensiones es un ítem importante dentro del presupuesto público español. Por una parte, por el inevitable cambio demográfico que se viene produciendo desde hace unos años y que se afianza ahora que ya han comenzado a jubilarse los hijos del baby boom y, por la otra, por decisiones políticas destinadas a mantener el nivel de vida de los pensionistas. Estas circunstancias, junto a las dificultades económicas que enfrentan los menores de 30 años –altos niveles de paro, bajos salarios y grandes dificultades para acceder a la vivienda– alimentan la idea de que se está drenando hacia los mayores los recursos de los jóvenes.

También se dice que los mayores impiden que los jóvenes entren en el mercado laboral por su empeño en seguir activos y no retirarse. Esta creencia se basa en la falacia de que el número de empleos en una economía es fijo. El mercado laboral no es un juego de suma cero en el que si una persona encuentra un empleo, otra tiene que perderlo. Más bien al contrario, un aumento de la ocupación genera su propia demanda, incrementa el PIB potencial y supone un acicate para la contratación en todos los estratos de la población.

Al mismo tiempo, los datos en los países de referencia en dinamismo laboral en la OCDE indican una correlación positiva entre la evolución del empleo de los mayores y la de los jóvenes. Corea del Sur, Japón, Nueva Zelanda e Israel tienen las edades de jubilación efectiva más tardías de todos los países de la OCDE –todos por encima de los 70 años– pero también tienen bajas tasas de desempleo juvenil. En cambio, España y Grecia tienen las edades efectivas de jubilación más tempranas y se encuentran entre los de mayor paro juvenil.

Existe la creencia de que apenas hay trabajadores séniores en el mercado laboral español porque la mayoría ya se han retirado. La realidad es que hay más de 4 600 000 séniores trabajando –son el 20 % de la población activa–, dos millones más de los que había en 2008.

Como contraparte, también está la falsa creencia de que el mercado laboral está compuesto mayoritariamente por jóvenes. Lo cierto es que hay 800.000 menos que séniores trabajando. Desde 2008 se han reducido en casi 2 000 000 los menores de 30 años en activo, y suponen un poco más de uno de cada diez trabajadores.

También es un error vincular el fenómeno emprendedor exclusivamente con la juventud. La realidad es muy distinta: hay 1 000 000 de séniores autoempleados frente a algo más de 100 000 jóvenes. Los séniores que optan por ser autónomos son un 23 % del colectivo de mayores. En cambio, los autoempleados de entre 25 y 29 años solamente suponen un 6 % del total de jóvenes presentes en el mercado de trabajo español.

Con los datos que aporta la tercera edición del mapa del talento sénior en España defendemos una serie de actuaciones en materia de políticas públicas, pero también de cambio cultural en las empresas y los ciudadanos. La cuestión es convertir el cambio demográfico hacia una población envejecida en un dividendo para los jóvenes y los propios mayores mediante:

1. Un régimen fiscal amistoso con los séniores que atraiga tanto a profesionales como a jubilados sénior internacionales en busca de un buen entorno en el que envejecer.

2. El impulso de la economía sénior, favoreciendo la creación de empresas y la formación y empleabilidad de profesionales en las áreas de salud, cuidados, turismo, ocio, reformas y promoción inmobiliaria.

3. El fortalecimiento del talento sénior y su permanencia en el mercado laboral. En España, los séniores se forman menos y tienen tasas de actividad hasta 20 puntos por debajo de la media europea.

Iñaki Ortega. Profesor de Dirección de Empresas, UNIR - Universidad Internacional de La Rioja

Alfonso Jiménez. Profesor asociado, Universidad Europea

Rafael Puyol. Catedrático de Geografía Humana. Presidente de UNIR, UNIR - Universidad Internacional de La Rioja


lunes, 24 de abril de 2023

Las canas olvidadas

(este artículo se publicó originalmente en El Periódico de Cataluña el día 22 de abril de 2023)

El FMI ha actualizado las previsiones macroeconómicas para España elevando unas décimas el crecimiento del PIB y dejando a la mitad la inflación. Buenas noticias que han ocultado la mención del organismo a nuestro mercado laboral. Según Georgieva seguiremos este año y el siguiente con una tasa desempleo que no bajará del 12% liderando las cifras de paro en Europa. Triste estadística que comparten los jóvenes españoles y los mayores de 55 años, ya que, en ambos, el paro juvenil y el paro senior, es de los más altos del continente.

A la vez que desde Washington se presentaba este informe, en Valencia la empresa Ford, los sindicatos y los gobiernos autonómico y estatal, daban el visto bueno a prejubilar con 53 años a 1124 trabajadores de la compañía de automoción. Fruto de un pacto tripartito, más de mil trabajadores pasarán los siguientes quince años sin trabajar, pero cobrando de la empresa y de la administración hasta que llegue la pensión pública. O lo que es lo mismo, treinta años por delante de ingresos asegurados sin trabajar. En la mayoría de los casos los trabajadores estarán muchos más años cobrando de lo público que años empleados. El caso de esos mil seniors es sintomático de lo que sucede en España con un colectivo de 6.588.873 personas (población entre 55 y 65 años) en el que apenas 3.600.000 están trabajando.

Esta penosa situación, empero, ayuda a poner foco en el camino que nos queda por recorrer. Por ejemplo, alcanzar las cifras de los suecos en tasa de empleo senior del 85% frente al 65% de los españoles, lo que supondría ganancias medidas por el PIB de entre cinco y diez puntos, conforme a estudios citados por el centro de investigación ageingnomics de la Fundación Mapfre. El discurso del ministro Escrivá de alargar la vida laboral, convertido ahora en papel mojado tras el acuerdo de Ford que él mismo ha defendido, pone de actualidad la apuesta de un grupo de docentes -entre los que me encuentro- por el talento senior. Con una legislación que contemple el retiro como un derecho no como un deber, facilite el trabajo -al menos voluntario- por encima de la edad de jubilación, mejore la fórmula para compatibilizar pensión y trabajo, acerque la edad real de salida del trabajo a la edad legal y penalice las jubilaciones anticipadas y las prejubilaciones.

En una suerte de acuerdo colusorio, la empresa y el sindicato UGT con la bendición del Estado han olvidado que la generación de las canas no se agota con los mil prejubilados de Ford, sino que millones de españoles padecen tener una carrera laboral más corta, hasta ocho años, que los suecos o los alemanes. Menos años trabajando es sinónimo de pobreza en la vejez y una mayor probabilidad de morir por el efecto de la soledad.

Para luchar contra el olvido de las canas urge el establecimiento de un gran pacto de país para el fomento del empleo senior que corte de raíz el derroche de talento de los mayores españoles. Este pacto, cuyo compromiso superaría los cinco años, debería firmarse públicamente por los principales representantes políticos, de trabajadores y empresarios. El acuerdo se incorporaría a los programas de gobierno, planes estratégicos empresariales e institucionales de los firmantes.

El gran reto laboral no es retirar con 53 años a empleados con plenas facultades sino trabajar más años, lo cual es posible en todas aquellas ocupaciones focalizadas en el sector terciario o en la servindustria que no demanden un gran esfuerzo físico. 

Al mismo tiempo el trabajo autónomo y el emprendimiento de los seniors ha de fomentarse desde los poderes públicos con atractivas bonificaciones fiscales, ayudas públicas y reducciones de las cuotas de autónomos. Las empresas siguiendo el ejemplo de compañías pioneras de otros lares han de propiciar esta fórmula como vía para alargar la vida laboral de sus antiguos empleados y hacer real “segundas carreras”.

La formación a lo largo de la vida de los trabajadores seniors españoles es una asignatura pendiente que las administraciones, pero también las empresas han de superar. Los datos del Banco de España sobre la distancia de los empleados mayores españoles respecto a sus pares europeos en actividades formativas realizadas, exige una actuación concertada para fomentar con instrumentos públicos nuevos programas de recualificación profesional (reskilling y upskilling)

La prolongación de la actividad exige cambios también culturales. Una nueva mentalidad por parte de todos los actores del mercado laboral para comprender que, en una próxima vida muy cercana a los cien años, la prolongación del trabajo se va a convertir en una necesidad ineludible. En especial los propios mayores han de concienciarse de que por muy atractivo que parezca adelantarse a la edad oficial del retiro, es inviable económicamente y perjudicial para su salud física y emocional, dejar de trabajar con más de treinta años por delante de vida. 

Por último, los seniors se han convertido en el más importante grupo en el campo económico (consumo y patrimonio) y político (censo electoral) pero esta realidad no es conocida por la opinión pública. Una suerte de activismo senior en España inspirado en la exitosa asociación americana de retirados (AARP) promovida desde la sociedad civil, no solo visibilizaría el colectivo, sino que haría inviables actuaciones flagrantemente edadistas. Un reciente experimento del Gobierno Vasco lo ha constatado al mandar a reclutadores idénticos currículos de mayores de 50 años y de menores de esas edades y obtenerse la mitad de entrevistas para los seniors. Propiciar la presencia en la opinión pública de españoles que superan los cincuenta años y siguen aportando a la sociedad con su trabajo en campos como la ciencia, el funcionariado, la docencia o el emprendimiento, ayudaría a desterrar esta discriminación. 

En definitiva, por mucha giga factoría de baterías que cree Ford y que la acabe inaugurando el presidente del Gobierno, es infinitamente más rentable económicamente para el país no olvidar las canas.

 

Iñaki es doctor en economía en La Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) y LLYC

martes, 18 de octubre de 2022

Las otras pensiones

(este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 Minutos el día 17 de octubre de 2022)


Todos los días 1 de octubre se celebra el día de la persona mayor. La ONU en 1990 pensó que era bueno fijar un día al año para recordar que las personas, aunque envejezcan, siguen teniendo derechos.  La lucha contra la discriminación laboral, el mantenimiento de los servicios públicos presenciales, el trato digno en los últimos años de la vida o la denuncia de los triajes en la pandemia, han aparecido en la agenda otros años por estas fechas.

Pero en este octubre de 2022, las pensiones de los mayores han sido el monotema. No parece que el gobierno haya querido hacer coincidir la presentación de los presupuestos con el mes de los mayores, pero la realidad es que estos días se ha conocido que las pensiones subirán un 8,5%. Sea o no por lo anterior, ha surgido una polémica que en poco ayuda a defender los derechos de los mayores, a saber: los pensionistas están drenando ingresos del sistema que corresponderían a los jóvenes. Toda una batalla intergeneracional, inédita en nuestro país y que atenta contra las bases de nuestro actual bienestar, basado en la convivencia solidaria.

Lo curioso es que, al mismo tiempo, a unos pocos kilómetros, otro gobierno, el portugués, aprobaba sus presupuestos con una menor subida de las pensiones en especial para las más altas, pero con un paquete fiscal muy atractivo para que personas -mayores o no- de todo el mundo fijen su residencia en el país luso. Portugal daba un paso más para convertirse en el territorio del mundo más amable con los que vienen de fuera sobre la base de un sencillo argumento económico: si se quiere seguir creciendo, con tan bajas tasas de natalidad, ha de contarse con más mano de obra y personas que tributen en el país.

El plan busca atraer a profesionales que quieran trabajar en remoto desde Portugal ofreciendo un visado y un país estable con una presión fiscal menor que la española, por ejemplo. La medida se une a las que tomó en el pasado para atraer a retirados de todo Europa con bajos impuestos o aquella que busca que grandes patrimonios se instalen en la república portuguesa con una presión fiscal de risa comparada con la que por estos lares se quiere promover. Grecia ha seguido su estela y quiere beneficiarse de que cada vez hay más mayores de 55 años en Europa -150 millones- que tienen ahorros y ganas de ocio, mediante un plan de incentivos fiscales.

Por aquí seguimos pensando en los mayores como un grupo de edad a los que proteger en lugar de considerarlo una fuente de desarrollo económico. Ya hoy los que superan los 55 años son el 30% de la población, tienen más de la mitad del patrimonio patrio, quieren consumir y muchos -gracias a la tecnología que lo permite- seguir trabajando. Por suerte en España, no todos piensan así, esta misma semana el Gobierno de Canarias ha presentado un plan turístico enfocado solo a los seniors, mayores europeos que puedan pasar largas estancias en las islas, descansando, pero también trabajando. Su argumento es que los cincuentones son el 40% de los directivos continentales. Esos ingresos que buscan Canarias, Portugal y Grecia, pagarán las nuevas jubilaciones, pueden ser ya las otras pensiones que necesitamos.

Iñaki Ortega es doctor en economía en La Universidad de Internet (UNIR) y LLYC

viernes, 24 de diciembre de 2021

Los invisibles digitales

(este artículo se publicó originalmente en el blog del centro de investigación ageingnomics de la Fundación MAPFRE el 20 de diciembre de 2021)

 

El pasado 10 de diciembre de 2021 se presentó el II Barómetro del Consumidor Sénior elaborado con una encuesta -como la edición de 2020- pero también con la información recolectada anónimamente por Google. El objetivo al igual que el año pasado es conocer los hábitos de los más de15 millones de españoles que superan los 55 años. La realidad puesta de manifiesto en este estudio se aleja de los negativos clichés sobre esta cohorte de edad y ayuda a acabar con la preocupante discriminación -edadismo- que sufren, basada precisamente en esos falsos prejuicios.

Los sénior españoles tienen más de un ingreso en su hogar (uno de cada dos), ayudan a sus familiares (cuatro de cada diez) y tienen capacidad de ahorro (uno de cada dos). En cuanto a la vivienda, son propietarios (ocho de cada diez), no quieren cambiar de casa (seis de cada diez) pero ha aumentado la incertidumbre sobre este hecho porque hace un año eran ocho de cada diez. Son optimistas respecto al futuro (seis de cada diez) aunque creen que sus gastos de vivienda y energía aumentarán (seis de cada diez). Al mismo tiempo cuidan de su salud a través de la alimentación (siete de cada diez), viajan habitualmente (siete de cada diez) y son minoría los que visitan el médico habitualmente (uno de cada diez). La mayoría está en internet (seis de cada diez), usa el comercio electrónico (cuatro de cada diez) pero también son más de nueve millones los que están en Facebook, se mensajean por WhatsApp o utilizan YouTube. Para finalizar estos titulares del II Barómetro, los seniors españoles están informados en mayor proporción que otros grupos de edad especialmente en todo lo que tiene que ver con la sostenibilidad.

Este informe mide el estado de la población mayor de 55 años en España a través de su consumo. Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española un barómetro también se ocupa de medir un proceso y evolución. Por ello, el Barómetro del Consumidor Sénior se ha vuelto a realizar en 2021 para hacer un seguimiento de sus hábitos de consumo. Así, el este nuevo informe permite conocer los cambios en el comportamiento de los mayores españoles como consumidores y corrobora algunos datos de la primera edición. Los adultos mayores españoles mantienen su alto poder adquisitivo y su capacidad de ahorro, a pesar de la crisis pandémica. Son el motor del consumo patrio ya que uno de cada dos euros gastados parte de este grupo etario, según recientes datos de CENIE y Oxford. Como novedad el II Barómetro del Consumidor Sénior ha detectado una tendencia a corroborar que es su capacidad de apoyo económico a sus círculos más cercanos. A su vez, quizás causado por el fin del confinamiento o por cuestiones estructurales, la vivienda y la energía han desplazado a la alimentación en la predicción de mayor gasto futuro para los senior.

Por primera vez, el informe con datos suministrados por Google y Comscore ha analizado monográficamente el impacto de la tecnología en el consumo sénior. Se ha constatado la falsedad de los prejuicios que asocian a los adultos mayores con personas analógicas puesto que el número de mayores activos en internet ha aumentado en casi cuatro millones desde 2017. La pandemia, como en otros ámbitos, ha sido un acicate para su digitalización, y se ha visto cómo el número de usuarios se situaba en los 10 millones, aumentando un millón en 2020 hasta suponer el 60% de todos ellos. A pesar de estos datos para una gran mayoría de las empresas, los seniors en relación con la tecnología no existen, son invisibles.

Ahora toca difundir esta realidad en el tejido económico español de cara a que surjan nuevos bienes y servicios para los seniors que generen empleo y riqueza, pero que también resuelvan sus necesidades, todavía hoy insatisfechas. De este modo, España se beneficiará de este nuevo bono demográfico que desde las instituciones comunitarias se ha bautizado como el ‘euro plateado’. Si nos ayudas a difundir estos datos, estarás ayudando a tu país.

 

Si quiere leer el resumen ejecutivo del II Barómetro, pulse aquí

Si quiere leer el informe completo del II Barómetro, pulse aquí

 

Iñaki Ortega es doctor en economía y profesor de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)

lunes, 23 de agosto de 2021

Generación fluida

(este artículo se publicó originalmente en el periódico El Correo el 19 de agosto de 2021)


El mundo anglosajón sigue generando tendencias y una de ellas es la denominada como «gender fluid». En el año en el que el Gobierno de España ha promovido una legislación dirigida a las personas trans y LGTBI, conviene explicar el término. Para la Universidad de Harvard, la fluidez del género, en su traducción al español, se refiere al cambio a lo largo del tiempo que una persona adopta en su expresión o identidad de género. Es decir que algunas personas se sienten y comportan como hombres en unas fases de su vida y en otras como mujeres.

El término ha triunfado y por eso en esta reflexión veraniega me permito adaptarlo a una realidad que vengo estudiando desde hace años como es la teoría generacional y su impacto en la economía. Las generaciones son aquellas cohortes de edad que por nacer en un determinado contexto histórico se educan y socializan de una manera que les hace comportarse de un modo especial. La generación de los niños de la posguerra en España llevó a los nacidos esos años a forjar una personalidad austera, donde el esfuerzo era la norma. La generación del baby boom la conforman aquellos que se jubilarán en breve después de larguísimos años cotizados porque nacieron con el viento a favor del desarrollismo español de los años 50 y 60. De los millennials y la generación z se ha hablado mucho. Son los jóvenes educados en la era digital. Los primeros, de ahí su nombre, son los que cumplieron la mayoría de edad con el cambio del milenio, y a pesar de ser hijos de la tecnología, han sufrido como ninguno las precariedades de dos crisis económicas. Los segundos, la generación z, nacen después de 1997 con internet en sus casas y son los verdaderos nativos digitales, irreverentes e inmediatos. En el medio, los miembros de generación x o de la EGB nacimos en los setenta y estamos cambiando de trabajo más veces de lo que nos gustaría.

Cinco generaciones que representan la pluralidad de la sociedad española pero que conforme a los datos oficiales de estos días no se reflejan en la población ocupada española. El desempleo de los mayores de 55 años casi se ha triplicado desde el año 2008 en España y cerca de la mitad de los seniors parados llevan más de dos años en esa situación. Para una persona que está en la cincuentena prácticamente la única posibilidad de seguir activo si pierde su trabajo es autoemplearse, así lo demuestra el dato que uno de cada tres autónomos en España son seniors. Qué decir del empleo de los jóvenes. La tasa de paro entre los menores de 25 años en España es del 37,1%, la mayor de toda la Unión Europea, superando a Grecia, tradicional farolillo rojo, que nos saca varios puntos de ventaja con un 30,4%.

Pocas son las empresas que tienen cinco generaciones entre sus empleados. Paradójicamente, al mismo tiempo que la diversidad de edad se ha instalado en los discursos de los directivos, es rara avis en las plantillas, que se han vaciado de jóvenes y seniors. Lo normal es que una aplastante mayoría de los trabajadores de las grandes empresas estén en la cohorte de los cuarenta a los cincuenta años. Al mismo tiempo, si repasamos la edad de las personas que toman las principales decisiones en el sector público -que hay que recordar que moviliza cerca de la mitad del PIB español- nos encontraremos con idéntica situación.


¿Quién entiende que la mitad de la población quede fuera de la lógica de la economía y de las prioridades de las autoridades? No se explica pero así es. Más de 25 millones de españoles no están en esa franja de edad central, de entre los 25 y los 55 años, y por tanto no deciden el gasto público, no elaboran los portafolios de bienes y servicios ni tampoco las campañas de publicidad y por supuesto no participan de las estrategias empresariales.

Los científicos de datos, como los profesores vascos David Ruiz y Carlos Arciniega, aseguran que el futuro puede predecirse simplemente analizando los datos masivos que generamos. A la vista de la completa y extensa información que disponemos de nuestro mercado laboral me atrevo a defender la generación fluida como fórmula para la subsistencia de muchas instituciones. Solamente entendiendo que los clientes, los votantes y en general los usuarios son diversos, podrá servir eficazmente a la sociedad. Por ello además de incorporar jóvenes y seniors a las plantillas, cada uno de nosotros tenemos que adoptar y asumir esa fluidez generacional. Acaso no somos cada vez más, como los nativos digitales, muy impacientes. O quién no aspira a tener la resiliencia de los seniors que acumulan crisis en sus espaldas sin rendirse. Dejarnos contagiar de la corriente intergeneracional será una herramienta de progreso.

Iñaki Ortega es doctor en economía y profesor de la Universidad Internacional de La Rioja

viernes, 13 de agosto de 2021

Congelar un instante para seguir

 

(este artículo se publicó originalmente en el blog del centro de investigación ageingnomics de la Fundación Mapfre el 1 de agosto de 2021)

Un fin de semana de 1974 Nicholas saca una foto a su mujer Bebe con sus tres hermanas, la instantánea refleja el momento vital de las chicas de 15, 21, 23 y 25 años. Nicholas no queda satisfecho y un año después vuelve a fotografiar a las cuatro hermanas colocadas exactamente igual que doce meses antes. El resultado es una bella imagen de las hermanas de apellido Brown en el año 1975 y se convierte en la excusa perfecta para reencontrarse anualmente. La pose se mantiene durante 45 años, cuatro mujeres mirando a la cámara. De 1975 a 2020, nadie falla a la cita anual del fotógrafo Nicholas Nixon con sus hermanas Brown. Las circunstancias cambian, la vida trae enfermedades y muertes muy cercanas, bodas o embarazos. Algunas veces las imágenes reflejan el sol, otras el frio y el viento, pero siempre al aire libre con la luz del día. El paso del tiempo se ve reflejado en sus caras y cuerpos. Cada año, más alegres; cada fotografía, más juntas, como si la vida las hubiera unido más y reconciliado con su propia existencia. El fotógrafo Nicholas Nixon, desde el primer retrato desechado tuvo en la mente un homenaje al paso del tiempo que finalmente se convierte en una exposición. En cada fotografía, en cada edad puede encontrarse belleza y determinación. Instantes congelados para detener el tiempo pero que ayudan a seguir hasta el siguiente año. Y así más de cuarenta años, hasta la última foto en el otoño de 2020. La exposición se convierte en un éxito que ahora ha llegado a España de la mano de Fundación MAPFRE. En la sala KBr de Barcelona y hasta el 6 de septiembre puede disfrutarse de una de las más potentes investigaciones sobre el retrato y el tiempo.

 

Retratar el tiempo en el que vivimos no solo puede hacerse con una cámara sino también recopilando datos de cada momento histórico. Si las fotografías de las hermanas Brown muestran su momento vital, los informes de coyuntura expresan la realidad de una economía en un año en concreto. No podemos detener el paso del tiempo, pero si podemos inmortalizarlo. Una fotografía congela un instante, la estadística nacional retrata el estado de un país. Los años pasan, pero unas determinadas circunstancias quedan imborrables en una instantánea y también en unos indicadores económicos.

El Centro de InvestigaciónAgeingnomics nació en diciembre de 2020 por iniciativa de Fundación MAPFRE para poner en valor las oportunidades del envejecimiento. Los seniors siguen activos más allá de los 50 años; tienen gustos y necesidades que el mercado no siempre satisface y necesitan que se visibilice que cumplir años es una bendición y no una maldición. Este centro de investigación, como el fotógrafo americano, todos los años retrata la sociedad en la que se desenvuelven los seniors con rigurosos informes. “El barómetro del consumo sénior” fue el primero y puso negro sobre blanco la capacidad de ahorro de los mayores y su creciente patrimonio. “El mapa de talento sénior” verá la luz en unas semanas y demostrará que la cohorte de los 55 a 70 años cada vez tiene más dificultades para seguir trabajando. “El monitor de las empresas silver” constatará que cada vez más empresas en todos los sectores empiezan a adaptar su oferta a la cohorte de las canas. Finalmente, “El ranking de los territorios amistosos con los mayores”, usando indicadores objetivos clasificará a las comunidades autónomas. Estos cuatro informes serán una suerte de cuatro fotografías anuales de la economía plateada en España que como las de las hermanas Brown esperamos que con el paso del tiempo cada vez sean mejores.


Para visitar la exposición The Brown Sisters pulse aquí

Iñaki Ortega es doctor en economía y profesor de la Universidad Internacional de La Rioja - UNIR.

domingo, 2 de mayo de 2021

Luces y sombras en las canas

 (este artículo se publicó el día 1 de mayo en el diario La Tribuna de Valladolid, así como en la Tribuna de Salamanca y la Tribuna de Ávila)


La cohorte de edad que más ha padecido la Covid19 en términos de mortalidad ha sido la de los mayores de 60 años. Además, una gran mayoría de los fallecidos de esa edad, a lo largo y ancho del mundo, vivían en contextos institucionales. El impacto de la pandemia también ha puesto de manifiesto una preocupante discriminación de las personas adultas mayores -edadismo- en la gestión de la alarma sanitaria y una fragilidad de los sistemas de cuidados para los adultos mayores. Mediante un proceso cualitativo desarrollado en 2020 y un análisis de fuentes disponible para Europa, con especial foco en España, un equipo de investigadores, entre los que nos encontramos los firmantes de este artículo. hemos identificado los principales elementos a mejorar en la gestión de este tipo de crisis sanitarias.

Los centros residenciales, uno de los pilares del modelo de cuidados de larga duración, han evidenciado múltiples carencias. Al mismo tiempo, se observaron interrupciones en otros tipos de servicios, por ejemplo, en los centros de día, y la precariedad en la que se encuentra el empleo en el ámbito de los cuidados se ha evidenciado una vez más. El distanciamiento físico necesario para reducir el contagio se convirtió en distanciamiento social y consecuentemente en soledad para muchas personas mayores, con graves efectos en la salud mental y el deterioro cognitivo.

Así mismo se han señalado cuatro áreas de buenas prácticas que han permitido una atención a la dependencia en el contexto de la pandemia, aumentando la autonomía de las personas mayores en condiciones de seguridad para ellas y sus comunidades. A saber: la adaptación de los servicios residenciales, el potenciamiento de los recursos humanos, la adopción de servicios de apoyo al bienestar emocional de las personas mayores y la organización de iniciativas en el ámbito comunitario. Estas buenas prácticas están alineadas con tendencias de largo plazo en el sector del cuidado, hacia la creación de un modelo de atención centrado en la persona, donde los servicios se brindan en el hogar o con una personalización que apunta a replicar sus mismas en el contexto de una serie de oportunidades de creación de empleo y riqueza que se ha resumido en el concepto de economía plateada por el color del pelo de sus protagonistas.

No puede obviarse que la responsabilidad de los cuidados en el entorno familiar evoluciona sin camino de retorno: las mujeres, sostenedoras históricas de la vida doméstica, se han incorporado durante las últimas décadas a la vida laboral. Es a partir de estas circunstancias cuando los cuidados han empezado a salir del ámbito de la intimidad para convertirse en un asunto social, de responsabilidad compartida, que debe ser asumido, al menos en parte, por los poderes públicos. A su vez, el incremento de los hogares unipersonales está modificando de manera sustancial las relaciones de convivencia y también el modelo de transferencia de cuidados. Por otra parte, y relacionado directamente con la configuración de los hogares, la soledad aparece con fuerza en el grupo de población de adultos mayores, generando nuevas necesidades de intervención.

En este proceso, la pandemia de la Covid19 subraya la importancia de asegurar protocolos de atención que garanticen la seguridad y calidad en contextos residenciales, desarrollar políticas de recursos humanos que aumenten la resiliencia de los servicios, mejorar la coordinación con el sector salud, y aprovechar las tecnologías y las iniciativas comunitarias para complementar desde el punto de vista material y emocional. Estas líneas de reforma pueden aumentar la autonomía de las personas mayores durante situaciones de estrés como en esta emergencia sanitaria, y contribuir a construir mejores sistemas de servicios de atención en el mediano y largo plazo.

Algunas de estas conclusiones han sido compartidas con la Junta de Castilla y León; por ello señalamos a esta institución como una referencia en los conocidos como territorios amables con los mayores, a la luz de las palabras del vicepresidente Francisco Igea en un reciente seminario académico promovido por Deusto Business School y la Fundación MAPFRE. No nos cansaremos de insistir en que la gestión de los cuidados también son una fuente de generación de empleo y una oportunidad económica para los territorios que tomen las decisiones adecuadas desde el ámbito público y privado. Todas las previsiones indican que el número de adultos mayores aumentará considerablemente en los próximos años especialmente en las provincias castellanoleonesas y con ello se multiplicarán las situaciones de dependencia que han de obtener respuestas con nuevos bienes y servicios en el ámbito de una imprescindible economía plateada.

Iñaki Ortega es profesor de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)

Marco Stampini es investigador del Banco Interamericano de Desarrollo (BID)

jueves, 22 de abril de 2021

Mayores empoderados

(este artículo se publicó originalmente en el blog del centro de investigaciónAgeingnomics el día 22 de abril de 2021)

La palabra empoderamiento existe en castellano como un calco del inglés empowerment. “Hacer poderoso o fuerte a un individuo o grupo social desfavorecido” reza el diccionario. Aunque su significado es unívoco se ha usado indistintamente por los movimientos de derechos civiles, por los manuales de gestión empresarial y hasta por los organismos internacionales. En el siglo pasado el término adquirió relevancia con el feminismo que lo usó para referirse a la necesidad de que las mujeres reforzaran sus capacidades y protagonismo para vencer las desventajas estructurales. Pronto migró a la economía y así explicar “una herramienta que consiste en delegar, otorgar o transmitir poder, autoridad, autonomía y responsabilidad a los trabajadores o equipos de trabajo de una empresa para que puedan tomar decisiones, resolver problemas o ejecutar tareas sin necesidad de consultar u obtener la aprobación de sus superiores”. Hasta la ONU comenzó a hablar de empoderar como “un proceso de reducción de la vulnerabilidad y de incremento de las propias capacidades de países pobres y marginados para promover entre ellos un desarrollo humano y sostenible”. En nuestros días de nuevo la palabra se ha convertido en un fetiche, esta vez, para los que protestaban en París con chalecos amarillos.

Empoderarse para acabar con situaciones no deseadas. Unas veces la discriminación racial, otras la pobreza y siempre la desigualdad. Por eso, ahora que la pandemia ha demostrado que no ha habido un grupo etario que haya sufrido tanto como los que superan los 60 años, ha llegado el momento de empoderar a los mayores.

Un reciente informe promovido por el investigador del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) Marco Stampini ha recomendado para luchar con esta discriminación una serie de medidas entre las que se incluye “mejorar los ambientes urbanos, la accesibilidad, la movilidad y la vivienda para aumentar la autonomía de las personas mayores”. Este consejo apunta a fomentar la “amigabilidad” en los territorios para integrar a las personas mayores en la vida social y comunitaria. El movimiento Age Friendly Cities and Communities, promovido desde la Organización Mundial de la Salud (OMS), que actualmente aglutina a más de mil ciudades de todo el mundo, es una excelente herramienta de cohesión social en relación con la edad y también a las situaciones de dependencia. Por desgracia este enfoque ha sido obviado en los clásicos mensajes del envejecimiento saludable, donde solo la alimentación y el ejercicio físico parecía que importaban. Empoderar a los mayores es reconocerles igualdad de responsabilidades y derechos a la participación en la vida social, política y comunitaria. Las ciudades “amigables” (o simplemente “útiles”, como cataloga el profesor Benigno Lacort) con las personas mayores son aquellas que no buscan un miope envejecimiento activo sino una promoción de ciudadanía activa, entendida como un eclecticismo de actividades participativas que incluye la participación política y la acción comunitaria y voluntaria. De modo y manera que los mayores empoderados asumen compromisos, pero también toman decisiones sobre su vida. Elegirán dónde vivir, en qué ciudad, pero también de qué modo, en su casa o en otro lugar. Apostarán por las instituciones, empresas o administraciones, que tengan en cuenta sus necesidades y repudiarán a las que siguen ancladas en la discriminación por la edad.

Este fenómeno tiene diversas administraciones públicas que han comenzado a darle respuesta. Desde el Centro de Investigación Ageingnomics con la ayuda de Deusto Business School se han seleccionado tres instituciones españolas que pueden servir de ejemplo por sus políticas con las personas mayores frente al edadismo pandémico. La ciudad de Zaragoza, la Junta de Castilla y León y el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. En un seminario celebrado en la sede la Fundación MAPFRE el día 24 de marzo se conocieron las estrategias de estas tres administraciones de la mano de sus máximos responsables.

España está en disposición de liderar una estrategia mundial para que el alargamiento de la vida suponga una oportunidad económica a través de nuevos productos y servicios para los mayores. Tenemos la mayor esperanza de vida del mundo junto a Japón; una cultura de apertura gracias al turismo y un espíritu emprendedor que hemos demostrado a lo largo de nuestra historia. Solo nos falta acabar con la discriminación absurda de la vejez de la mano de territorios y empresas que sepan ver el empoderamiento de los mayores.

Para ver el contenido completo de la edición del ciclo ageingnomics dedicado a los territorios amigables con los mayores.

Para ver el informe completo del BID “Fragilidad de las instituciones de cuidado a la vejez ante el Covid19”

 

Iñaki Ortega Cachón es doctor en economía y profesor de la Universidad Internacional de La Rioja - UNIR.

viernes, 19 de marzo de 2021

¿Los seniors emprenden por necesidad o por oportunidad?


El principal estudio de medición del fenómeno emprendedor, el GEM (Global Entrepreneurship Monitor) distingue entre el emprendimiento de oportunidad y el de necesidad. El primero es aquel que se realiza para cubrir una situación perentoria, generalmente la necesidad de entrada de nuevos ingresos de manera rápida; frente al emprendimiento por oportunidad que busca capitalizar una idea innovadora en el mercado. Los territorios más dinámicos del mundo acumulan emprendimientos del segundo tipo con altos impactos en el empleo y la riqueza patria. 

Para España el aumento de la esperanza de vida ofrece una ventana de oportunidad única para convertir la nueva longevidad en empleo y actividad económica en sectores como la salud y el turismo, las finanzas, el urbanismo, la educación o la vivienda. Pero, además hay otra buena noticia, la tecnología y los nuevos empleos permiten alargar las carreras profesionales. Tímidamente ya se están dando pasos para que la oferta de bienes y servicios para los mayores se sofistique y los seniors son los que mejor conocen las necesidades de su grupo etario. Miles de negocios se crean todos los años por emprendedores mayores de 55 años que son conscientes del gran mercado que se ha abierto. Emprendimiento de oportunidad. 

Pero no sucede lo mismo con la demanda de trabajadores seniors. El mercado laboral, por desgracia, prácticamente se ha cerrado para los que superan los cincuenta años y las empresas han emprendido una triste carrera por anticipar la jubilación con lo ello supone de pérdida de talento. Solamente dos de cada 10 seniors trabajando, más de medio millón de desempleados en España que superar los 55 años y la mitad de ellos lleva más de un año buscando trabajo. Por ello, el trabajo por cuenta propia se ha convertido -para una gran mayoría de adultos mayores- en la única opción para que el talento sénior pueda seguir aportando a la economía. Emprendimiento de necesidad. 

Al mismo tiempo hay que decir alto y claro que el número de mayores que trabajan por cuenta propia en el mundo supera al de los jóvenes de entre 18 y 29 años, conforme a los datos del Informe Especial GEM sobre emprendimiento sénior. En Estados Unidos de América, las personas entre 55 y 65 están ahora un 65 por ciento más dispuestas a iniciar compañías que los de 20-34, según la Fundación Kauffman. En el Reino Unido, el 40 por ciento de los nuevos fundadores de empresas tienen más de 50 años, y casi el 60 por ciento de los mayores de 70 que aún trabajan, están autoempleados. España, con los datos de 2020, confirma que los seniors son la cohorte de edad que más creció en el régimen de autónomos. A su vez cada vez son más las investigaciones académicas que demuestran que la productividad no se pierde con la edad y con la disrupción tecnológica. Acemoğlu y Restrepo defendieron en 2018 una relación positiva entre implantación de la robótica y trabajadores longevos. En 2019 investigadores del MIT consiguieron demostrar que la edad de los fundadores de las empresas de más alto crecimiento en USA está más cerca de los 55 que de los 25 años. 

Por todo lo anterior no es casual que uno de los primeros trabajos del Centro de Investigación Ageingnomics sea un manual para fomentar el emprendimiento senior. La guía, elaborada por un equipo de docentes de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) busca movilizar el talento de las personas mayores a través del trabajo por cuenta propia. De modo divulgativo, sin renunciar al rigor, Fundación MAPFRE con esta guía, pretender incentivar a que cada vez más seniors encuentren en el emprendimiento una vía para poder seguir aportando su talento a la sociedad a la vez que encuentran una alternativa para obtener ingresos. Si es de necesidad o de oportunidad el emprendimiento, será algo a estudiar, pero ahora lo importante es apoyar que cuando los seniors emprenden eso es bueno para ellos y para la sociedad.

Puede ver el contenido completo de la Guía de Emprendimiento Senior en este enlace: https://ageingnomics.fundacionmapfre.org/publicaciones/guia-emprendimiento-senior/

 

Iñaki Ortega, director de Deusto Business School y profesor de la UNIR


viernes, 26 de febrero de 2021

Visibilizar un nuevo empleo

 (este artículo se publicó originalmente el día 25 de febrero de 2021 en el blog VidaSilver de IFEMA)



La demografía demuestra, con el imparable crecimiento de la conocida como esperanza de vida sana (healthspan), que las personas entre los 55 y 75 años gozan de buena salud y que pueden permanecer activos con todas las garantías. Otra ciencia, la de la vida, nos confirma que las neuronas no dejan de regenerarse a lo largo de nuestra existencia. A su vez, un economista como Daron Acemoglu ha descubierto la positiva relación entre implantación de la inteligencia artificial y la presencia de trabajadores longevos. Existen incontables evidencias, por ejemplo, en la Historia del Arte, sobre la capacidad de los seres humanos para seguir aprendiendo y creando durante la mayor parte de la vida.

Con esto, la ciencia de la población lo tiene tan claro que ha acuñado el concepto de “dividendo de longevidad”. Se trata de una cohorte de personas entre los 50 y los 70 años que constituyen una fuerza de trabajo potencial y que, en un momento determinado, puede hacerse efectiva mejorando con ello la producción de bienes y servicios.

Un artículo de 2006 en la revista The Scientist, escrito por cuatro experimentados investigadores de universidades americanas, llamó urgentemente a ralentizar el envejecimiento, ya que terminaría creando riqueza. Este nuevo concepto resumía los beneficios que suponen para una sociedad los aumentos alcanzados en la esperanza de vida; en concreto, defiende que “la gente se mantendrá más tiempo en el mercado laboral, los ahorros personales aumentarán, bajará el absentismo y habrá menor presión para el sistema de salud”.

A pesar de lo anterior, en nuestra sociedad ha calado la percepción de que es una anomalía el empleo silver. Por eso conviene recordar que muchos cientos de miles de mayores de 55 años siguen trabajando por cuenta ajena, que otros ya son contratados puntualmente para trabajos esporádicos en la gig economy, también conocida como economía de los pequeños encargos. Cada vez más mayores se convierten en emprendedores sin que la edad sea un impedimento para iniciar una nueva actividad (de hecho, ya hay más emprendedores de más de 50 años que de menos de 30 años). Otro grupo importante desarrolla tareas de voluntariado, bien en el seno de sus propias familias o en instituciones de proyección social; y muchos desearían seguir realizando un trabajo formal, quizá a tiempo parcial, en el mismo o en otro sector de la actividad empresarial y con un salario redefinido.

Pero como explica el experto Valentín Bote, en nuestra mente sólo existen dos posibilidades, como si de computación se tratase, el 0 y el 1, donde 0 es no trabajar y 1 es tener trabajo a jornada completa con horario fijo. Tenemos que pasar página de ese anacronismo porque en una larga vida tendremos varias carreras y, por lo tanto, nuestra relación laboral será variada, con modalidades de trabajo semipresencial, teletrabajo o para varios clientes. No seremos asalariados, sino que venderemos nuestros servicios profesionales a varias compañías. En consecuencia, hay opciones más allá del contrato a tiempo completo.

Desgraciadamente, este deseo, tan loable como necesario, no encuentra en la sociedad, la empresa y los gobiernos la suficiente sensibilidad. El dividendo demográfico que suponen los trabajadores sénior no podrá serlo mientras no se eliminen algunos estereotipos respecto a los trabajadores mayores, que un estudio de la Fundación Laboral San Prudencio puede ayudar a echar por tierra.

Los sénior no son más absentistas, pero sí son más disciplinados, no tienen resistencia a aprender cosas nuevas, ni son menos productivos ni tienen más accidentes. En cambio, sí son más leales y tienen más experiencia y ética en el trabajo. Por ello se necesita luchar contra ese mantra que minusvalora el talento sénior, precisamente difundiendo lo contrario. Empresas de todo el mundo contratan y promocionan a personas mayores y han de conocerse esas buenas prácticas para que otros las sigan: Carrefour en Francia, Mercedes-Benz en Alemania, Ikea en Suecia, ISS en Dinamarca, Metlife en Estados Unidos, Hyundai en Corea o Toyota en Japón, pero también Cuatrecasas y MAPFRE en España.

Esta tarea nos ha de implicar a todos y, además, no tiene porqué ser aburrida. En nuestra mano está por ejemplo promocionar el talento sénior y divertirnos con películas como El Becario (2015), con Robert de Niro salvando una empresa con más de 70 años. Ojalá surjan más largometrajes como The company men (2010), en la que Tommy Lee Jones reinventa con éxito su carrera profesional tras ser despedido por su edad; o Sully (2016) con Tom Hanks aterrizando de emergencia un avión repleto de pasajeros en el río Hudson el mismo día que le jubilaban, a pesar de estar en plenas facultades. En España hace un par de años Carlos Iglesias puso a los emprendedores sénior en la agenda con @buelos (2019). Un paso más en la buena dirección de visibilizar el empleo silver

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

 


jueves, 18 de febrero de 2021

Ya no enseñaremos el DNI

 (este artículo se publicó originalmente como post en el mes de marzo de 2021 en el blog del centro de envejecimiento AGEINGNOMICS de la Fundación Mapfre)


La edad cronológica se está convirtiendo en una rémora del pasado. Cada vez son más los expertos de todos los campos que diferencian la edad cronológica (la suma de años que han transcurrido desde el nacimiento) de la biológica (la edad que tienen los sistemas, tejidos y células de un organismo con relación a su normal funcionamiento).

Algo que, por otra parte, siempre ha estado ahí, por ejemplo, cuando nos dicen «aparentas menos edad», en realidad nos están transmitiendo que nuestro aspecto (nuestros tejidos, pero también nuestra actitud) se mantenían mejor que la norma de nuestra edad. Pero ahora el estudio de la longevidad y la irrupción de la conocida como economía senior lo están terminando de demostrar.

En el año 2010, los demógrafos Sergei Scherbov y Warren Sanderson trataron en un artículo publicado en Science de dar respuesta a cuándo se inicia la vejez. Para ello acuñaron el concepto de edad prospectiva, que mide la vejez en función de los años que nos quedan de vida y no de los que ya hemos cumplido.  La edad prospectiva se fija en las características personales, como por ejemplo la esperanza de vida restante. Estos autores proponen considerar que una persona alcanza la vejez a la edad en la que su esperanza de vida restante es de 15 años, independientemente de la edad cronológica que tenga en ese momento. Proponen medir así el envejecimiento y adaptar nuestras instituciones, por tanto, a los años que nos quedan de vida y no los que ya hemos cumplido.

La economía senior también es un fenómeno reciente, trae su nombre de la voz latina senior, más viejo. Su contrario es júnior cuyo origen es también romance, de iunior, más joven.  Ambas palabras se han revitalizado por influjo anglosajón, de hecho, en las ofertas de empleo es habitual esta clasificación. Se añade júnior o sénior a un puesto para hacer referencia al nivel de conocimiento del candidato. Un trabajador júnior es un principiante; un empleo catalogado como sénior es para un profesional que acumula experiencia. Los puestos de trabajo con esa seniority no se alcanzan hasta los cincuenta años y es por ello la edad en que comenzamos a formar parte de esa nueva economía. Un conjunto de oportunidades derivadas del impacto económico y social de las actividades realizadas y demandadas por la población mayor de 55 años.

En MAPFRE desde hace más de un lustro se lleva investigando en este campo hasta crearse en diciembre del año pasado en el seno de su fundación un centro de investigación que ha tomado por nombre “ageingnomics”. Un neologismo que surge de la unión de las palabras envejecimiento (ageing) y economía (economics) para defender que los efectos producidos por el alargamiento de la vida podrían más que compensar los negativos y propiciar un estímulo al crecimiento económico. Algunos hallazgos del nuevo centro de investigación nos ayudan ya a acabar con el mito de la edad cronológica. La mayoría de los seniors españoles compran por internet, usan banca electrónica, hacen ejercicio y apenas van al médico, a pesar de lo que dice su DNI. Por eso se acerca el día en que no nos pedirán el documento de identidad para conocer nuestra edad sino simplemente cuál es nuestra actitud ante el resto de vida que nos quede por delante.

Parte de este texto forma parte del debate DIALOGO ABIERTO. PROGRAMA PARA UNA SOCIEDAD LONGEVA promovido por el CENIE (centro internacional sobre el envejecimiento) https://cenie.eu/es/observatorio/dialogo-abierto

 

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

 


sábado, 1 de agosto de 2020

El tsunami de la segunda ola del virus

(este artículo se publicó originalmente el día 31 de julio de 2020 en el diario La Información)



Los sismólogos, tras estudiar el funcionamiento de los tsunamis, concluyeron que antes de la llegada de la gran ola que destruye todo lo que se le pone por delante, aparecen algunos indicios, como por ejemplo una bajada súbita e intensa de la marea. Aun conociendo este hecho, los expertos inciden que en ese momento es muy improbable tener tiempo para escapar de la destrucción de una ola gigante. Puedes saber lo que te espera, pero no puedes hacer nada para evitarlo. Ahora, con la covid19, no sabemos lo que nos espera, pero si podemos hacer algo para evitarlo.

Un equipo del Centro de Investigación y Políticas de Enfermedades Infecciosas (CIDRAP) de la Universidad de Minnesota en Estados Unidos ha previsto tres escenarios para una segunda ola de la pandemia en el caso de que la vacuna que nos inmunice no llegue a tiempo. El primero, muy mortífero, como pasó con la gripe española de principios del siglo pasado, será una nueva pandemia mucho peor que la actual que dejará millones de víctimas en todo el planeta. La segunda posibilidad es un fuerte rebrote, pero no al nivel del pico de la emergencia sanitaria pasada. El último, el más optimista, prevé la práctica desaparición del peligro vírico con apenas contagios y fallecidos en el futuro próximo. Pero, y aquí lo interesante, el informe concluye que, aunque no sepamos qué va a pasar “los mensajes de los gobiernos deberían incorporar que esta pandemia no terminará pronto y que la gente necesita estar preparada para posibles resurgimientos periódicos de la enfermedad en los próximos dos años con puntos calientes que irán apareciendo en diversas áreas geográficas”.

En nuestro país, la multitud de rebrotes este verano y el aumento exponencial de las tasas de contagios nos han convertido en esos puntos calientes que habla la Universidad de Minnesota y nos hacen también temer lo peor. Pero nadie puede saber a ciencia cierta si en octubre la pandemia regresará más fuerte que en marzo. Lo único que sí podemos conocer son las lecciones aprendidas de la crisis sanitaria de esta primavera e intentar aplicarlas para evitar caer en los mismos errores. Un equipo de investigadores, entre los que me incluyo, y por encargo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) hemos detectado varios aprendizajes a aplicar en los sistemas de atención a la longevidad, puesto que es la cohorte de edad con mayor letalidad por el coronavirus. Conviene recordar, en este momento, que son abrumadora mayoría, en este parte del mundo, las víctimas mortales del virus mayores de 80 años, con patologías previas y viviendo en instituciones residenciales.

Los puntos de fragilidad para la población adulta mayor conforme el análisis de lo ocurrido estos meses son los siguientes:

1. La descoordinación de los sistemas sanitarios y sociales. La sanidad española ha funcionado bien, pero en cambio los servicios sociales como residencias, centros de día o servicios de ayuda a domicilio han padecido la desconexión con el sistema sanitario lo que ha dejado desamparados a muchísimos mayores.

2. La falta de armonización de los protocolos y normativas de los sistemas de atención a la longevidad. No sólo en los diferentes niveles competenciales: estatal, autonómico, provincial o local sino también entre lo público, lo privado y lo concertado. El mando único no ha significado instrucciones y recomendaciones únicas e inmutables.

3. El no detectado impacto letal de la soledad. La distancia física ha sido aplicada para proteger a los más mayores, pero en ocasiones ha funcionado como una suerte de tortura de distancia social con dramáticas consecuencias que iremos viendo poco a poco. Muchos ancianos no han muerto por la alerta sanitaria, pero languidecen por la soledad impuesta y por el alarmismo de su entorno y los medios de comunicación.

4. La ausencia de una suficiente oferta de calidad de bienes y servicios para los adultos mayores. Un estado de emergencia o una pandemia no puede dejar sin atención a millones de mayores que precisan de ayuda domiciliaria o asistencia para la dependencia en el hogar. Nuevas empresas, pero también nuevos profesionales, centros públicos y más acciones de voluntariado han de ofrecer servicios básicos y robustos a los mayores en el marco de la conocida como economía plateada o ageingnomics.

5. La falta de concienciación y responsabilidad personal. Las crisis sanitarias serán recurrentes en el futuro, como alerta el CIDRAP, lo que exigirá estar preparados también en el plano personal. Ser precavidos significara en el futuro tener ahorros, sistemas de previsión social, hogares adaptados y seguir las recomendaciones del envejecimiento activo.

En unos meses conoceremos las conclusiones definitivas de nuestra investigación y será el momento de profundizar y matizar estos aprendizajes que ahora anticipo. Ojalá que a diferencia de lo que sucede con los tsunamis, nos dé tiempo a aplicar esas lecciones y protegernos ante una nueva destructiva ola vírica, llegue o no llegue, este otoño.

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

lunes, 18 de mayo de 2020

Envejecimiento, economía y senior housing. Una oportunidad en el sector inmobiliario

(este artículo se publicó originalmente en la revista Andalucia Inmobiliaria en su número del mes de mayo de 2020)



La economía plateada

La Unión Europea (inspirada en la OCDE y en el World Economic Forum) ha definido la economía plateada con el título de «silver economy» o «economía de las canas». Son el conjunto de las oportunidades derivadas del impacto económico y social de las actividades realizadas y demandadas por la población mayor de 55 años. Conforme datos oficiales supondrán en 2025 casi el 40%de los empleos europeos y uno de cada tres euros de la riqueza medida por el PIB. Sin duda será un gran revulsivo salir al encuentro de las necesidades de la población mayor.

Cada día más personas viven más tiempo en mejores condiciones, estamos ganando años y calidad de vida.  En 30 años la población de personas mayores se duplicará y, según la ONU, en 2050 España será el país más viejo del mundo, con 40% de su población mayor de 65 años. Habrá más personas mayores de 65 años que jóvenes menores de 15.

Pero ¿a qué nos referimos con los términos de tercera edad, mayores o ancianos? El umbral de envejecimiento se encuentra descontando 10 o 15 años a la esperanza de vida. Con una esperanza de 90 años el envejecimiento empezaría entre los 75 y 80 años, y en una vida de más de 100 años, como a la que nos aproximamos, esto será a partir de los 85 o 90.

Antes la vida distinguía tres etapas, juventud, madurez y ancianidad. Hoy ya es muy diferente, quizás empecemos hablar de cuatro edades, hay una nueva tercera edad de mayor realización personal y aparece una cuarta edad de vejez asistida, de dependencia.

Esta generación es la más numerosa de la historia, la mejor educada y formada profesionalmente. Tienen las cosas claras, saben lo que quieren y como lo quieren y, por supuesto, saben lo que se pueden o no permitir, con ganas de vivir plenamente. Les queda una vida repleta de tiempo, con miles de cosas por aprender y por hacer, sin prisas y liberados de responsabilidades familiares y que valoran la calidad de vida y el bienestar personal.
Después de la tradicional vida laboral resta mucho tiempo para cambiar de actividad, saborear nuevas experiencias, planificarnos y disfrutar activamente, todo ello entrañará cambios sustanciales en la organización de la sociedad en la relación entre generaciones y en la ecuación entre trabajo y ocio.
Hay una nueva generación de mayores, un nuevo modelo de sociedad, que demanda nuevas formas de vida durante esa etapa. El envejecimiento poblacional, nuevos roles familiares y el deseo de una vida independiente, de autonomía, van en la línea de “continuar” viviendo frente al concepto de “retiro”.
A esto se une el desafío de los mayores como productores y consumidores. El futuro de la economía está en los mayores, su capacidad económica y de consumo. La generación de las canas ya no quiere esperar pacientemente a la muerte sino vivir con intensidad esos años, de hecho, hoy el 40% del gasto en ocio tiene su origen en mayores de 55 años, que son los que disponen de más del 70% de la renta
La ciudad de las canas

En España, dos de cada tres viviendas no son accesibles, si a este dato le añadimos que nueve de cada diez jubilados tienen una vivienda en propiedad nos indica el ingente reto que hay que afrontar para conseguir espacios dignos donde envejecer. Los mayores de 60 años disponen, por lo tanto, de una vivienda, pero no sirve para los dependientes cuando la tendencia es permanecer en el hogar, ya que el entorno familiar es el mejor método para un envejecimiento saludable. Adaptar la vivienda, compartirla, adquirir una nueva, alquilar una adaptada o vivir en residencias para mayores o en apartamentos tutelados son algunas de las soluciones que darán una oportunidad a la industria inmobiliaria y de la construcción.

El año 2020 pasará a la historia por la pandemia del coronavirus. El Covid-19 se ha cebado con los mayores siendo 9 de cada 10 fallecidos personas de más de 65 años. Los datos han sido especialmente escalofriantes para los mayores alojados en residencia de ancianos, que se han convertido en la zona cero de la catástrofe sanitaria. No obstante, habrá que seguir construyendo y gestionando residencias de mayores. En España existen algo más de 4.000 residencias privadas con una capacidad que no llega a 300.000 personas, que representan una parte muy pequeña de la población sénior, no de mañana sino de hoy, en concreto un 3 por ciento del número de mayores de 65 años.

En este sentido, y sin duda espoleados por esta epidemia, surgirá una nueva generación de estas instalaciones con nuevos modelos de diseños arquitectónicos y fórmulas organizativas y de gestión lo más similares al hogar. Lugares de vida donde se garantice la intimidad, se personalice el cuidado y en los que se evite la continua rotación de profesionales. Por ejemplo, la cifra de alemanes jubilados que residen fuera de su país de nacimiento se estima que llega a unos 200.000; algunos de ellos residen incluso enTailandia, donde se han construido complejos hoteleros destinados especialmente al cuidado de alemanes y al tratamiento de enfermedades mentales como la demencia senil o el Alzheimer. Empieza a hacerse realidad el sueño de aquellos jubilados británicos que en la película El exótico Hotel Marigold buscaban en la India un idílico retiro.

La vejez debe tener cabida en nuestra sociedad, igual que la discapacidad, con la dignidad de una etapa más de la vida. La segregación de la vejez y su desconexión del día a día, hoy ya no tiene sentido, necesitamos una ciudad para todas las edades. No es razonable la exclusión física del espacio compartido de los mayores segregándolos en ámbitos propios. La convivencia de distintas edades, economías, intereses y formas de vida es la riqueza de la ciudad mediterránea, de su calidad de vida y sociabilidad.
La sociedad está cada vez más concienciada de las necesidades diversas de las personas. La accesibilidad no es sólo para discapacitados, sino universal. Un porcentaje de mayores experimenta problemas de movilidad, el radio de acción en su cotidianeidad de una persona mayor de 70 años es inferior a 2 km. La ciudad para todas las edades precisa de mayor densidad, atomización de servicios y equipamientos repartidos de manera homogénea en una sociedad intergeneracional.
No basta la eliminación de barreras arquitectónicas, debemos ir adaptando nuestros espacios públicos y privados a las necesidades de hoy y futuras. El diseño del entorno determina la calidad de vida en la vejez y afecta tanto a la capacidad de desarrollar su vida de forma independiente como al mantenimiento de relaciones sociales. Entornos físicos accesibles, amigables y tecnológicamente avanzados, promueven el envejecimiento activo y saludable, con buena calidad de vida sin limitar sus capacidades.
Necesitamos una ciudad con un mobiliario urbano y aseos accesibles, espacios para descansar, con vegetación y sombra. Una ciudad con servicios a la carta, con información y orientación inclusiva e integradora, sistemas de alarma, pavimentos inteligentes que se adapten a las decisiones de usuario y que sean flexibles y reversibles en sus soluciones.
La vivienda constituye un factor determinante de la calidad de vida, junto a indicadores como el bienestar físico, emocional y material, o las relaciones personales y la socialización con amigos, vecinos y familia. Una vivienda inadecuada constituye un factor agravante de la fragilidad y la dependencia. El objetivo debe ser aumentar la independencia y mejorar el desempeño de la vida diaria.
Las respuestas a las necesidades de alojamiento de los mayores no han de ser siempre las mismas. En ese sentido, cada vez más aparecerán fórmulas para compartir vivienda, en especial con carácter intergeneracional: los mayores poseen casas y los jóvenes necesitan un hogar donde vivir. También, y de forma paralela a la red de plazas residenciales tradicionales, han surgido diversas alternativas de alojamiento para personas mayores con necesidades especiales, pero con niveles de autonomía personal importantes. Estos alojamientos reciben diversas denominaciones: viviendas comunitarias, viviendas tuteladas, pisos tutelados, unidades de convivencia o alojamientos polivalentes
El parque de viviendas y el entorno de construcción no están preparados para satisfacer las necesidades de los mayores. Existen dos vertientes de actuación en las que, tanto las administraciones como la iniciativa privada, tienen un reto y oportunidad de intervención que puede resolverse con la tan deseada colaboración público-privada. La adaptación o reforma, ya comentada y la nueva oferta que llamamos senior housing.
El senior housing es un elemento de valor y un gran reto para el sector inmobiliario y la industria de la construcción, por tratarse de una oferta especializada y heterogénea para personas con necesidades diferentes o que precisan de ciertos servicios. Existe un nicho de mercado en personas mayores no dependientes o en grado muy bajo, y falta un cambio de mentalidad que desarrolle nuevas alternativas. 
Pero en definitiva hablamos de vivienda, del equilibrio entre lo íntimo y lo social, entre la función y la emoción, entre el como queremos vivir y como queremos que nos vean. La casa es motivadora de una forma de vida, conforma conductas y debemos empezar a alejarnos de patrones antiguos.
Las nuevas necesidades no solo serán cuantitativas, los aspectos cualitativos y diferenciales que aporten las nuevas viviendas senior tendrán cada vez mayor importancia. Son sustanciales los valores de diseño, calidad del espacio, flexibilidad, confort, luz y la integración natural y paisajista de vivir en armonía con la naturaleza. A ellos se unen los de funcionalidad, accesibilidad, tecnología y sostenibilidad, íntimamente unidos a la calidad de la arquitectura.
Existe una dinámica de transformación de la oferta residencial orientada a seniors en EE. UU., Canadá, Dinamarca, Holanda o Reino Unido, en modelos como viviendas asistidas, cohousing, complejos intergeneracionales, certificación senior-friendly, no son un invento nuevo y son referencia hace más de 50 años. 
Frente a las residencias de tercera edad, de carácter asistencial, los modelos de senior housing se basan en un modelo de «envejecimiento en casa». Permite conservar la autonomía y el bienestar y calidad de vida de vivir en comunidad, en un modelo equilibrado y capacitante de las personas, al maximizar las competencias y compense, con apoyo y estímulos, el proceso de envejecimiento.
Si las Senior Homes son apartamentos con servicios especializados, en el cohousing hay una reflexión previa de los residentes sobre el lugar y la actividad que quieren desarrollar, siendo ellos los creadores del entorno donde vivirán integrados y de acuerdo con sus preferencias. Está regulado con normativa de vivienda, forma jurídica y financiación específica con participación público-privada. Retoma ideas del urbanismo de ciudades-jardín, vivir en comunidad en pequeños núcleos autogestionados, con industria, servicios, y espacios públicos.
La diferencia entre cohousing y los “apartamentos con servicios” no está solamente en su arquitectura. El diseño debe asegurar la privacidad e intimidad a la vez que facilita la vida activa en comunidad, un equilibrio entre vida privada y comunitaria. Viviendas de uso privativo en torno a unas zonas comunes donde se desarrollan actividades comunitarias, que en el caso del cohousing tiene además una componente social de participación y autogestión desde la fase de diseño.
Se trata de generar un entorno favorecedor de la actividad y estimulante, basado en la flexibilidad para adaptarse a las necesidades cambiantes del proceso de envejecimiento y de cada comunidad a su contexto cultural particular. Es pues una alternativa al residencial tradicional de alta calidad y sostenible.
La economía plateada en el inmobiliario
En el último MIPIM de Cannes (sin saber la tragedia que se cernía con la pandemia) los delegados en la reunión sobre inversiones en vivienda y atención sanitaria de Real Asset Media, escucharon que los países del sur de Europa son los que tienen los mercados por desarrollar y ofrecen las mejores oportunidades a los inversores,citando a Italia y España como los países que ofrecen más oportunidades. Hay una seria falta de producto y un cambio de actitud.
Los inversores están cambiando de ofertas residenciales más tradicionales a nuevos tipos, con niveles de servicio fuertemente integrados en la oferta inmobiliaria. El senior housing es un claro ejemplo, combinando tanto el elemento de propiedad como el de gestión. Hay diferentes modelos y es demasiado pronto para decir cuál prevalecerá, pero los primeros en moverse, en un mercado potencialmente grande, estarán en una óptima posición.
El turismo residencial se enfoca a quienes vienen a vivir aquí cuando se retiran o simplemente cambian de actividad. Es la oportunidad de servicios especializados con un componente sanitario, y que sea diferencial por la capacidad de combinar actividad económica, social y cultural, de carácter intergeneracional con intereses comunes, en un país óptimo para mayores, en lugar de guetos aislados.
La costa mediterránea reúne las condiciones de clima, servicios, calidad de vida e infraestructuras de salud y comunicación para un cliente senior, nacional o internacional, de alto poder adquisitivo, conocimiento y experiencia, que seguirá trabajando y que demanda producto y servicios por desarrollar en un nuevo entorno adaptado y no aislado, sino imbricado en entornos de ciudades medias.
Andalucía cuenta con administraciones alineadas con la innovación en el ámbito local y autonómico y es objetivo prioritario de actuaciones europeas para hibridar infraestructuras y capital riesgo internacional. Hace falta un nuevo marco normativo jurídico, fiscal y urbanístico que, desde las administraciones, permita generar una oferta que responda a una nueva demanda muy diversa. Iniciativas para desarrollos innovadores en suelos con usos mixtos, dotacionales o residenciales.
Frente al monocultivo de oferta inmobiliaria en la Costa del Sol, se abre una oportunidad para el desarrollo de nuevos modelos que atiendan esa demanda. Existe un amplio campo de desarrollo, investigación e innovación, tanto en la arquitectura, tipologías de vivienda y diseño urbano, como en los formatos de explotación y gestión, régimen de uso o propiedad. Algunos ya estamos trabajando en ello.
Este inmobiliario especializado es un sector puntero para inversores internacionales. Con la certeza de una demanda consolidada, hay liquidez, capital y apetito inversor con rendimientos ajustados. Si contamos con el apoyo y la voluntad política de las administraciones, solo faltan operadores especializados con integración de servicios.
Conclusión
La mezcla de todo lo anterior y una nueva generación de las canas que, empoderada (por su cada vez mejor salud y mayores recursos económicos), tomará decisiones inteligentes que afecten a su bienestar, como, por ejemplo, en qué ciudad querrá vivir los últimos años de su vida. Es un cocktail que los gestores de las ciudades, pero también el ecosistema empresarial han de tener en cuenta para que no se convierta en molotov. Ciudades caras con deficientes provisiones de servicios para los mayores serán abandonadas en el nuevo mundo que ya ha llegado en beneficio de territorios amables con los mayores.

Autores:
José Antonio Granero es socio Fundador de CGR Arquitectos y Entreabierto
Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)