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jueves, 21 de diciembre de 2023

Los seniors no roban

(este artículo se publicó originalmente en el blog del centro de investigación ageingnomics el 22 de diciembre de 2023)

La idea de que los mayores están drenando recursos de los jóvenes no es nueva, pero últimamente ha cogido fuerza a la luz de las estadísticas que demuestran la dificultad que tienen los menores de 30 años para acceder a una vivienda. La tesis de este supuesto atraco a las nuevas generaciones trae su causa en el imparable crecimiento del gasto de pensiones, como si este hecho fuese culpa de los séniors y no fruto del inevitable cambio demográfico o de decisiones políticas tomadas en años electorales.

También suelen repetirse otro viejo sofisma que no es otro que los mayores impiden que los jóvenes entren en el mercado laboral por su empeño en seguir activos y no retirarse. Esta idea se basa en una falacia muy extendida que considera que el número de empleos en una economía es fijo. El mercado laboral no es un juego de suma cero en el que si una persona encuentra empleo otra tiene que perderlo. De hecho, es más bien al contrario, un aumento de la ocupación genera su propia demanda, incrementa el PIB potencial y supone un acicate para la contratación de todos los estratos de la población. Al mismo tiempo, los datos en los países de referencia en dinamismo laboral en la OCDE indican una correlación positiva entre la evolución del empleo de los mayores y la de los jóvenes. Corea del Sur, Japón, Nueva Zelanda e Israel tienen las edades de jubilación efectiva más tardías de todos los países de la OCDE –todos por encima de los 70 años– y precisamente tienen menores tasas de desempleo juvenil. Grecia y España tienen las edades efectivas de jubilación más bajas y se encuentran, en cambio, entre los que más paro juvenil.

Los investigadores que hemos firmado la tercera edición del Mapa de talento sénior, a través de un amplio arsenal numérico, hemos contrastado la realidad laboral en España de los menores de 30 años con la de los séniores de 55 a 70 años. Pretendemos con este análisis participar en el debate público sobre la situación de ambos colectivos en España, defendiendo la necesidad de la colaboración entre las dos cohortes de edad.  Al mismo Apostamos por la economía plateada, impulsada por el creciente consumo de los sénior, el margen de crecimiento de la aportación de los séniores al mercado laboral y las transferencias de los séniores hacia los colectivos más jóvenes, como motor de riqueza (y empleo) para ambos colectivos.

Pero para conseguir lo anterior es preciso desmontar una serie de falsedades muy presentes en el imaginario social. Por ejemplo, es sencillo desmontar con datos, el mito de que apenas hay trabajadores séniors en el mercado laboral ya que la mayoría se han retirado. La realidad es que son más de 4.600.000 los séniores en activo, siendo un 20 % de la población activa y habiendo aumentado 2.000.000 desde 2008.

Otro embuste muy presente es que la mayor parte del mercado laboral la ocupan los jóvenes. Lo cierto es que los menores de 29 años son 800.000 menos que los séniores. Se han reducido en casi 2.000.000 los jóvenes activos desde 2008, y suponen un poco más de uno de cada diez activos.

Son muchas más las falsedades que se descubren con el análisis de los datos del III Mapa de Talento Senior. pero quiero terminar este artículo con la que vincula el fenómeno emprendedor con la juventud cuando la realidad es muy distinta ya que hay 1.000.000 de séniors autoempleados frente a algo más de 100.000 jóvenes. Los séniores que optan por ser autónomos son un 23 % del colectivo de mayores, en cambio los autoempleados de 25 a 29 años solamente suponen un 6%.

 

Con la verdad que aportan los datos defendemos una serie de actuaciones en materia de políticas públicas, pero también de cambio cultural en las empresas y los ciudadanos para conseguir que el cambio demográfico sea un dividendo para los jóvenes y los propios mayores. Algunas medidas urgentes a poner en marcha serían:

1. Un régimen fiscal amistoso con los séniores que atraiga tanto a profesionales como a jubilados sénior internacionales en busca de un buen entorno en el que envejecer.

2. El impulso de la economía sénior, favoreciendo la creación de empresas y la formación y empleabilidad de profesionales en las áreas de salud, cuidados, turismo, ocio, reformas y promoción inmobiliaria.

3. El fortalecimiento del talento sénior y su permanencia en el mercado laboral. En España, los séniores se forman menos y tienen tasas de actividad hasta 20 puntos por debajo de la media europea.

Iñaki Ortega es doctor en economía y consejero asesor del centro de investigación Ageingnomics de la Fundación MAPFRE.

 

miércoles, 13 de diciembre de 2023

Convivir en el mercado laboral

(este artículo se publicó originalmente en la revista The Conversation el 13 de diciembre de 2023)

En la tercera edición del Mapa de Talento Sénior de la Fundación MAPFRE, publicado a finales de 2023, hemos contrastado la realidad laboral de las personas de entre de 55 y 70 años con la de los menores de 30. Con este análisis pretendemos participar en el debate público sobre la situación de ambos colectivos, defendiendo la necesidad de que haya colaboración entre ellos.

Si la economía plateada crece impulsada por el creciente consumo de los séniores, también lo hacen sus aportes al mercado laboral y las transferencias de conocimiento hacia los colectivos más jóvenes. Un motor de riqueza (y empleo) para ambos colectivos.

El gasto en pensiones es un ítem importante dentro del presupuesto público español. Por una parte, por el inevitable cambio demográfico que se viene produciendo desde hace unos años y que se afianza ahora que ya han comenzado a jubilarse los hijos del baby boom y, por la otra, por decisiones políticas destinadas a mantener el nivel de vida de los pensionistas. Estas circunstancias, junto a las dificultades económicas que enfrentan los menores de 30 años –altos niveles de paro, bajos salarios y grandes dificultades para acceder a la vivienda– alimentan la idea de que se está drenando hacia los mayores los recursos de los jóvenes.

También se dice que los mayores impiden que los jóvenes entren en el mercado laboral por su empeño en seguir activos y no retirarse. Esta creencia se basa en la falacia de que el número de empleos en una economía es fijo. El mercado laboral no es un juego de suma cero en el que si una persona encuentra un empleo, otra tiene que perderlo. Más bien al contrario, un aumento de la ocupación genera su propia demanda, incrementa el PIB potencial y supone un acicate para la contratación en todos los estratos de la población.

Al mismo tiempo, los datos en los países de referencia en dinamismo laboral en la OCDE indican una correlación positiva entre la evolución del empleo de los mayores y la de los jóvenes. Corea del Sur, Japón, Nueva Zelanda e Israel tienen las edades de jubilación efectiva más tardías de todos los países de la OCDE –todos por encima de los 70 años– pero también tienen bajas tasas de desempleo juvenil. En cambio, España y Grecia tienen las edades efectivas de jubilación más tempranas y se encuentran entre los de mayor paro juvenil.

Existe la creencia de que apenas hay trabajadores séniores en el mercado laboral español porque la mayoría ya se han retirado. La realidad es que hay más de 4 600 000 séniores trabajando –son el 20 % de la población activa–, dos millones más de los que había en 2008.

Como contraparte, también está la falsa creencia de que el mercado laboral está compuesto mayoritariamente por jóvenes. Lo cierto es que hay 800.000 menos que séniores trabajando. Desde 2008 se han reducido en casi 2 000 000 los menores de 30 años en activo, y suponen un poco más de uno de cada diez trabajadores.

También es un error vincular el fenómeno emprendedor exclusivamente con la juventud. La realidad es muy distinta: hay 1 000 000 de séniores autoempleados frente a algo más de 100 000 jóvenes. Los séniores que optan por ser autónomos son un 23 % del colectivo de mayores. En cambio, los autoempleados de entre 25 y 29 años solamente suponen un 6 % del total de jóvenes presentes en el mercado de trabajo español.

Con los datos que aporta la tercera edición del mapa del talento sénior en España defendemos una serie de actuaciones en materia de políticas públicas, pero también de cambio cultural en las empresas y los ciudadanos. La cuestión es convertir el cambio demográfico hacia una población envejecida en un dividendo para los jóvenes y los propios mayores mediante:

1. Un régimen fiscal amistoso con los séniores que atraiga tanto a profesionales como a jubilados sénior internacionales en busca de un buen entorno en el que envejecer.

2. El impulso de la economía sénior, favoreciendo la creación de empresas y la formación y empleabilidad de profesionales en las áreas de salud, cuidados, turismo, ocio, reformas y promoción inmobiliaria.

3. El fortalecimiento del talento sénior y su permanencia en el mercado laboral. En España, los séniores se forman menos y tienen tasas de actividad hasta 20 puntos por debajo de la media europea.

Iñaki Ortega. Profesor de Dirección de Empresas, UNIR - Universidad Internacional de La Rioja

Alfonso Jiménez. Profesor asociado, Universidad Europea

Rafael Puyol. Catedrático de Geografía Humana. Presidente de UNIR, UNIR - Universidad Internacional de La Rioja


martes, 14 de junio de 2016

La Universidad en la encrucijada

(este artículo se publicó originalmente en la revista univerSIdad el 20 de junio de 2016)

Mucho se habla de los cambios que han de producirse en la universidad española para que logre adaptarse a lo que se espera de ella en el siglo XXI como centro generador de talento. Casi siempre la constante presión por revisar la educación superior se sustenta en causas que se hallan fuera del núcleo de la comunidad universitaria; en las empresas y la propia economía que demandan nuevas competencias y campos de especialización; en el avance dentro del marco asentado por Bolonia y el Espacio Europeo de Educación; en la necesidad de cerrar la brecha con los estándares de calidad internacionales, etc.

Sin embargo, no somos todavía plenamente conscientes de que buena parte de las transformaciones que deben producirse  en la universidad tienen una raíz endógena, que se corresponde con el salto generacional que está aconteciendo en las sucesivas promociones de jóvenes que ingresan en los programas de grado.

La teoría generacional nos dice que las coordenadas culturales, económicas, sociales y políticas en que los niños y jóvenes se hallan inmersos acaban condicionando la forma que tienen de percibir y entender el mundo. Se trata de unos rasgos compartidos en mayor o menor medida por quienes crecieron en un contexto particular que les une entre sí y les diferencia de quienes conocieron otras circunstancias en sus primeras etapas de la vida.

Los cambios en las sociedades modernas se producen cada vez más rápido y el tiempo que tarda en aparecer una nueva generación se acorta. Los jóvenes del Milenio ya mostraron una personalidad colectiva diferente respecto a la Generación X debido a circunstancias hasta el fin del siglo pasado inéditas; la quiebra del comunismo como alternativa a la economía de mercado, la inversión de los flujos migratorios tradicionales, la aparición de nuevos modelos de familia o la saturación del mercado de trabajo con diplomados y licenciados.

A diferencia de lo que se viene pensando, la irrupción de Internet y las nuevas tecnologías solo ha conformado de manera un tanto superficial la personalidad generacional de los llamados millennials, ya que su contacto con los dispositivos digitales ha sido más bien tardío.  Quizá por esto, y por las oportunidades que todavía brindaba la economía cuando aún estaban en su adolescencia, la absorción de estos jóvenes no supuso un gran desafío para la universidad, más allá de la sempiterna cuestión del bajo nivel de conocimientos con el que salen de los institutos.

Pero a los millennials les ha sucedido la Generación Z, que son quienes poco a poco van a obligar a revisar profundamente la enseñanza superior. Los jóvenes Z, los nacidos entre 1994 y 2010, constituye la primera generación que ha incorporado Internet en las fases más tempranas de su aprendizaje y socialización, y también aquella a la que la crisis ha marcado más directamente su personalidad.

Las nuevas tecnologías han condicionado su forma de aprender: gracias a Internet se han acostumbrado desde pequeños a no depender tanto de padres y docentes para adquirir el conocimiento; a utilizar de manera inmediata fuentes tan dispares en su naturaleza como indiferenciadas en la forma de acceder a ellas; a recibir cantidades ingentes de datos y a discriminarlos con arreglo a su propio criterio.

Lo anterior se traduce en que la capacidad para organizar y transmitir la información de estos jóvenes es extremadamente flexible, fusionable y compartida. Algo que les hace estar muy preparados para ser no solo ciudadanos en la era digital, sino también para ocupar las nuevas profesiones e integrarse en entornos de trabajo multiculturales y globales.

La Generación Z ha llegado a los referentes culturales no solo a través de libros, sino también de soportes interactivos y multimedia conectados a Internet. En consecuencia, el conocimiento para ellos pierde su carácter lineal para convertirse en una realidad nebulosa donde la información no está jerarquizada y, de estarlo, es el criterio comercial y no el académico el que prima en la ordenación de los contenidos. Una nube en la que todas las opiniones valen lo mismo, y en la que cada pieza de información puede ser alterada, adaptada o modificada por el usuario, que, a su vez puede producir información nueva y globalmente accesible.

La otra cara de la moneda es que, desaparecido el principio de autoridad e instalados en la creencia de que toda voz merece ser escuchada y tenida en cuenta, es posible que estemos ante una generación peor informada que la anterior, pese a su gran facilidad de acceso a fuentes del saber de todo tipo.

Los alumnos Z parecen tener menor capacidad para la educación teórica y demandan una enseñanza más práctica y flexible, menos formal, orientada a experiencias y habilidades que les ayuden a afrontar un futuro laboral caracterizado por la incertidumbre y el cambio, con profesiones novedosas y vinculadas a proyectos colectivos de trabajo en red con la creatividad como componente principal.
Han vivido en un contexto caleidoscópico en cuanto a culturas,  ideas y estilos de vida y con un dispositivo siempre a su alcance para estar en contacto con amigos y conocidos. Lo que les hace tener buena disposición para el trabajo en equipo y para respetar e interesarse por la opinión del otro. Serán sin duda la generación menos sexista y racista de la historia, uniéndoles además un marcado sentimiento de insatisfacción hacia la educación formal, poco preparada para formar a los profesionales del futuro.

Los jóvenes Z saben que buena parte de las profesiones a las que dedicarán su tiempo no existen todavía y que, por tanto, prepararse para ellas con un itinerario preestablecido no tiene tanto sentido como lo tuvo para las generaciones anteriores. El corolario que extraen es que es mejor tomar la educación como un camino y no como un objetivo, supliendo las limitaciones del currículo académico con aquellos aspectos vocacionales que les gustan o para los que tienen mayor talento. Su desarrollo personal no se basa tanto en la búsqueda de su lugar en la sociedad como en una vía de autoafirmación. En un mundo con certezas cada vez menos consistentes, el éxito individual no es sino ser sincero con uno mismo y aportar soluciones encaminadas a mejorar el planeta o la sociedad desde lo genuino.

Hasta la fecha, los argumentos más visibles a favor de los cambios en la universidad provienen de agentes ajenos a ella, quienes, además de manejar planteamientos sólidos,  gozan de la visibilidad y la fortaleza institucional para dominar los debates que la cuestión suscita. Sin embargo, conviene que en la agenda que debe conducir a la reinvención de las instituciones de enseñanza superior no nos olvidemos de los propios alumnos, cuyas motivaciones, aspiraciones y hábitos están cada vez más alejados de los de las promociones anteriores.

La Generación Z es ya una realidad en las aulas que debe ser tenida en cuenta a la hora de repensar todo el edificio organizativo sobre el que estas se sustentan. No hacerlo, además de dar la espalda quienes deberían ser los  principales stakeholders de la universidad, puede hacer que cualquier reforma destinada a modernizar la institución se quede solo a medio camino.

Iñaki Ortega es doctor en economía y profesor de la Universidad de Deusto

Iván Soto es investigador asociado de Deusto Business School


miércoles, 8 de abril de 2015

El futuro ya está aquí (y empieza por la C)

(este artículo fue publicado originalmente en América Economía el día 8 de abril de 2015)

En los numerosos pronósticos con los que habitualmente nos deleitan think-tanks de medio mundo hay dos elemento coincidentes. Todos las predicciones reconocen la complejidad  del escenario por los cambios que acontecerán. Por ejemplo, en la geo­estrategia  con el petróleo como protagonista,  en la política con el fin del bipartidismo o en la economía fruto de las disrupciones tecnológicas.

Complejidad y cambios que hay una generación que está más preparada que ninguna otra para afrontarlos. Son los millennials, aquellos que nacieron entre finales de los 70 y los 80, que han crecido con la crisis como compañera y que precisamente por eso saben cómo lidiar con ella. Los más reputados institutos y empresas han estudiado en todo el mundo la generación del milenio concluyendo que tres son los atributos que hemos de aprender de ellos y que casualmente empiezan por la letra “c” igual que los cambios y la complejidad que pretenden explicar:

1.      Ciencia que aporte luz y respuestas  a las incógnitas del momento. Será necesario por ello tener una sólida formación en especialidades técnicas que los anglosajones han resumido en el acrónimo STEM  (Science, Technology, Engineering y Mathematics). Cada vez son más los territorios que usan el ratio de estos titulados sobre el total de egresados para conocer el grado de inserción en la nueva economía. Israel y Corea nos sacan también en esto ventaja a los europeos.

2.      Crear empresas para emplearte y aportar riqueza a la sociedad en la que vives. Los millennials no emprenden por necesidad sino porque es la forma de ser coherentes con su forma de ser. La llamada revolución emprendedora supera lo económico y es coherente con un nuevo mundo que está naciendo en el que los cambios vendrán de abajo a arriba, de los micropoderes que llama Moises Naim; frente a lo que estábamos acostumbrados o incluso seguimos esperando y es que alguna gran institución nos ofrezca la solución mágica.

3.       Colaborar entre emprendedores para solucionar los problemas que nos rodean. No es caridad y no es solo negocio, es ser innovador para salvar el mundo a través de la economía colaborativa y los emprendedores sociales. Es una disrupción en los modelos de negocio que supera los que priorizaban el volumen (B2C) o para los que lo importante eran pocos pero buenos clientes (B2B) para llegar a la cooperación entre iguales (P2P), tal y como preconiza Jeremy Rifkin en su obra Economía de coste cero.

Esta sencilla regla de las 3c la siguen millennials como Joaquín Muñoz que le acaba de ganar desde su pequeño despacho en Madrid la demanda del derecho al olvido en Luxemburgo al todopoderoso Google; José Luis Fernández un jovencísimo ingeniero que ha seducido a Microsoft con su startup de retos fotográficos; Sergio López dirigiendo  un holding de 20 empresas tecnológicas en el que el trabajador más joven es él; Ángela Borreguero que ha dejado todo para irse a vivir a un recóndito valle y montar una empresa de ayuda domiciliaria o Pedro Rincón que con su emprendimiento social de descuentos está consiguiendo, sin abandonar su ciudad natal, una mejor vida para las personas desempleadas.

Son muchas las multinacionales de muy diferentes sectores que se sitúan en esta tendencia global. Telefónica con OPEN FUTURES, El BBVA con OPEN TALENT o Ferrovial con SMART LAB.  Por ejemplo la gestora de infraestructuras con este proyecto  trata de escalar la capacidad de los emprendedores millennials en el entorno de la innovación en los servicios urbanos contando para ello con una agencia pública como Madrid Emprende que en último término hará posible convertir la capital de España en una inmensa incubadora donde testar las innovaciones de los emprendedores.
Son los millennials, la nueva generación del milenio que están inventándose su empleo y están llamados a sacarnos de la crisis.


Iñaki Ortega es profesor de Deusto Business School y acaba de publicar su segundo libro con el título MILLENNIALS, INVENTA TU EMPLEO (UNIR ediciones)