lunes, 26 de octubre de 2026

Tiquitaca

 (este artículo se publicó originalmente en el diario 20 minutos el día 26 de octubre de 2026)

No voy a hablar de futbol. Aunque el deporte permite entender mejor qué narices está pasando en el mundo. Tanta vehemencia en cualquier cuestión hace imposible no contagiarse de la pasión con la que vivimos todo y por tanto un análisis objetivo. Esa es la razón por la que usar el fútbol ayuda, porque no se explica sin ese ímpetu.

Hace unos días, en pleno auge de disturbios en media Europa, se entregaron en Oviedo los premios Princesa de Asturias. Uno de los galardonados fue el historiador británico Timothy Garton Ash que en su académico discurso, de repente, utilizó el popular término futbolístico del tiquitaca como metáfora política sobre el futuro de Europa. Al aceptar el premio de ciencias sociales, planteó que el continente necesita tres palabras –que en inglés empiezan por la letra ‘t’– y que en español son "verdad, confianza y tiquitaca" para poder salvarse y además ser imbatible. Es así, y ya no sabemos qué es verdad con la irrupción de la Inteligencia Artificial. Vaya peligro, porque el corazón de Europa ha sido siempre la aspiración de libertad estrechamente ligada a la búsqueda de la verdad. Al mismo tiempo "la democracia atraviesa una profunda crisis de confianza en casi toda Europa, especialmente entre los más jóvenes", leyó mientras levantaba la vista para mirar a una veinteañera princesa de Asturias. Por eso, urge modernizar las instituciones, pero también un mayor compromiso de todos y cada uno de nosotros como ciudadanos. Quizás aprovechando la presencia en la ceremonia de Lionel Messi –galardonado en la categoría de deportes–, el profesor quiso terminar su argumento sobre el futuro de Europa con una tercera ‘t’, la lección que el fútbol español ofrece al mundo cada vez que gana un campeonato practicando el tiquitaca: "El éxito requiere tanto del genio individual como de un sofisticado trabajo en equipo". Delante de un abarrotado Teatro Campoamor argumentó que, tal como ocurre con el tiquitaca –ese juego de pases rápidos que popularizamos por aquí donde los jugadores parecen saber de manera milagrosa dónde están y acabarán estando sus compañeros– los países europeos deben coordinarse para alcanzar grandes metas. Si las naciones y regiones del Viejo Continente logran combinar de esa forma sus individualidades con su unidad, Europa sería imbatible. Verdad (truth) para impedir que la IA nos engañe y compromiso (trust) de los gobiernos, así como de los gobernados. Y el resumen es tiquitaca, ese estilo de juego que entrenadores españoles han llevado por el mundo como Luis Aragonés, Vicente del Bosque o Luis de la Fuente. Europa sobrevivirá si se parece más a esa forma de liderar sencilla a la vez que modesta, en la que hay un equipo ordenado y moderno; con jugadores humildes, aunque valientes cuando hay que serlo. Dudo que la princesa o el rey Felipe VI supiesen de antemano el discurso del escritor británico, pero la realidad es que, escuchando al jefe del Estado y a su heredera, uno no podía dejar de pensar la suerte que tenemos en España de que estas tres palabras "verdad, compromiso y tiquitaca" estén tan bien representadas con ellos, ahora y en el futuro.
Iñaki Ortega es doctor en economía y profesor en UNIR y CUNEF

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