(este artículo se publicó originalmente en la revista Business Insider el 30 de septiembre de 2026)
La forma de afrontar una crisis marca el estilo de liderazgo en la empresa y en la política. También en las relaciones más mundanas. En esos momentos en los que te la juegas, se conoce la calaña de las personas.
Conocemos esos CEO que asumen con templanza y con la sangre de horchata, por ejemplo, una abrupta caída de la cotización bursátil. O los líderes que no interrumpen su rutina gubernamental por una catástrofe y hasta los que ni sienten ni padecen ante los mayores dramas en su vida particular. Como si tuviesen una dieta rica en lexatines, estas personas conservan la tranquilidad y no pierden jamás los papeles. Siguen durmiendo a pierna suelta, encaran sin prisa la evolución de los acontecimientos para no precipitarse en la toma de decisiones.
También existen esos directivos hiperactivos que convocan reuniones de urgencia a las once de la noche ante la probabilidad de que se publique una noticia perjudicial para el futuro de la empresa. Políticos que jamás descansan porque la actualidad manda y exigen retenes interminables para sus equipos. Y por supuesto amigos que somatizan los problemas incluso antes de que aparezcan. Este grupo se caracteriza porque siempre van con las pilas cargadas, una energía arrolladora para hacer notas de prensa, videos, entrevistas o mil llamadas y consultas a toda clase de especialistas. Parece que se cayeron de niños en una marmita repleta de pócima mágica como Obelix, lo que les confiere una fuerza inagotable para afrontar cualquier inconveniente. Hoy esa elixir del druida Panoramix tiene nombre y apellidos comercial: Red Bull. A la vista de ese dinamismo infatigable parecería que esas personas han sustituido el agua por la bebida energética.
España es el país del mundo que más consume fármacos con efecto calmante que reducen los síntomas de la ansiedad y el estrés de carácter patológico. No hay territorio del mundo que tome tantas dosis diarias de Lexatín, aproximadamente uno de cada diez españoles usa diariamente este tipo de ansiolíticos. La explicación no es única, desde la tolerancia social de su consumo a la automedicación por no hablar de lo que se bautizado como la “medicalización” de los problemas cotidianos.
En cambio, Estados Unidos es el país del planeta que más consume bebidas energéticas en el mundo. El éxito de las campañas de marketing de estos refrescos patrocinando deportes extremos puede ser la causa, pero también el ritmo de vida y la cultura de productividad que marca muchos países y en especial Norteamérica. Jornadas interminables, pluriempleos o largos viajes provoca un cansancio que dificulta cumplir la agenda salvo que se use la ayuda de estas bebidas.
A la vista de estos datos podría inferirse un liderazgo tranquilo en las crisis en España y una vehemencia extrema en Estados Unidos. O algo más, que por eso mismo las empresas americanas triunfan en el mundo y las patrias algo menos. Antes de que empecemos a comprar en cajas Red Bull para lo que venga, conviene recordar los efectos secundarios de este producto. Insomnio y trastornos del sueño; ansiedad, nerviosismo e irritabilidad por no hablar de la dependencia que acaba provocando con eventuales síndromes de abstinencia. Tampoco ese otro liderazgo Lexatín es una alternativa solvente porque también hay que poner negro sobre blanco que asociado a los ansiolíticos está la fatiga, la somnolencia y los mareos.
Gestionar momentos de la verdad no es sencillo. La tentación de soluciones rápidas incluso mágicas como acabamos de ver es peligrosa. Por eso es casi mejor recurrir a la preparación exhaustiva, la escucha coral y quizás a mucha tila para no tomar decisiones precipitadas y algo de café para tener todos los sentidos alertas.
Iñaki Ortega, es doctor en economía y profesor en UNIR


