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miércoles, 13 de septiembre de 2023

Alerta Roja

(este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 Minutos el día 4 de septiembre de 2023)


Es la primera vez en la historia que se han usado los móviles para alertar a los ciudadanos de una emergencia. A las dos y media de la tarde de ayer en Madrid y Toledo, por arte de magia, una sirena sonó en todos los teléfonos avisando de una situación de alerta por inundaciones. Con una penetración del 100% de la telefonía móvil en comunidades como la madrileña -conforme a datos oficiales del ONTSI- habrá sido prácticamente imposible no enterarse del aviso del temporal extremo.

Las cosas cambian y lo que cuando yo era un niño era la gota fría de final del verano, ahora es una DANA, un acrónimo que surge del término exacto para referirse a estas tormentas, a saber: depresión aislada a niveles altos. Antes la radio -a duras penas- te iba informando de las catástrofes y hoy la tecnología hace posible las alertas tempranas que llegan directamente a todos y cada uno de los ciudadanos para evitar males mayores. Los alcaldes publicaban bandos que la policía municipal explicaba por las calles y ahora dinámicos regidores usan las redes sociales para que todo el mundo se ponga a buen resguardo frente a las inclemencias atmosféricas. Los meteorólogos eran “los hombres del tiempo” que fallaban más que una escopeta de feria; hoy, muchas de ellas mujeres tecnólogas, tienen a su disposición potentes innovaciones basadas en la ciencia de datos que permiten adelantar decisiones que salvan vidas.

La alerta roja que recibimos ayer en el teléfono los que vivimos en esta parte de España es una buena forma para recordar que la tecnología lo está cambiando todo y la mayoría de las veces para bien. José Ortega y Gasset dejó escrito el siglo pasado que “el único instrumento que el hombre tiene para transformar este mundo es la técnica”. Lo estamos haciendo. No lo hemos dejado de hacer a lo largo de la historia de la civilización. Desde la rueda a la imprenta pasando por las vacunas. Ahora la diferencia es que se ha acelerado ese cambio gracias a tecnologías disruptivas como la inteligencia artificial generativa. El famoso ChatGPT es la punta del iceberg de lo que hay debajo y es la capacidad para utilizar miles de millones de datos para predecir el futuro -como esta DANA- y mejorar la vida de las personas en términos de bienestar.

La alerta roja por el temporal recibida en el móvil debería servir de alguna manera como un aviso -también extremo- para que profesionales y empresas sepan que sin la tecnología no habrá empleo que mantener ni compañía que ofrezca servicio alguno. Da igual los años que tengas, el sector en el que se sitúe tu compañía, el departamento en el que trabajes o seas directivo o empleado si no usas las novedades tecnológicas te quedarás a la intemperie. No lo digo yo sino todos los días informes de los mejores institutos de investigación. Si no estás al día de las innovaciones tecnológicas no tendrás refugio alguno y riadas, como las de ayer, se llevarán por delante tu puesto de trabajo y tu empresa. No podrás decir que no estabas avisado.

Iñaki Ortega es doctor en economía en LLYC y UNIR

martes, 4 de julio de 2023

Fortaleza y agilidad confluyen: cada vez más, grandes empresas y startups trabajan en conjunto

(este artículo se publicó originalmente en The Conversation el día 3 julio 2023)


La colaboración entre startups y grandes empresas ha dejado de ser algo excepcional en España. Al contrario, es una actividad ya presente en el 80 % de las cotizadas en el IBEX 35 y en el 76 % de los 50 mayores grupos empresariales del país. Esta colaboración se conoce como emprendimiento corporativo o innovación abierta (corporate venturing).

Las grandes corporaciones, pesadas como elefantes, pero también fuertes y robustas, ya son capaces de seguir el ritmo de innovación de las startups, ligeras y ágiles como gacelas. Hasta ahora, ese baile acababa perjudicando a los emprendedores, que se veían aplastados por las normas y la cultura corporativa de las grandes empresas.

Una investigación dirigida por la UNIR y auspiciada por el CISE muestra cómo ha mejorado la visión que tienen las grandes empresas españolas sobre las startups: ahora las consideran catalizadoras de la innovación corporativa.

El 76,4 % de las empresas analizadas tienen programas de innovación abierta y el 70,5 % de intraemprendimiento. La mitad de las entidades de la muestra (52,9 %) compatibilizan ambas actividades.

Nuestro estudio constata que el arraigo del emprendimiento corporativo se manifiesta también en la antigüedad de los programas. Casi el 70 % de las organizaciones tienen ya más de cinco años de experiencia en esta actividad. En el informe de 2020 dicho porcentaje estaba 25 puntos por debajo.

También es relevante señalar la fortaleza de las relaciones de colaboración con empresas del mismo sector, incluso potencialmente competidoras: llega al 91,4 % entre las entidades encuestadas.

No obstante, la actividad innovadora no siempre tiene la ambición que se le presupone al emprendimiento corporativo. Si un 86,6 % de las organizaciones la enfoca a la mejora continua de bienes y servicios que ya se comercializan, la cifra baja al 68,6 % en cuanto a innovación disruptiva, aquella que busca competir contra la tecnología dominante mediante una renovación radical de los productos o servicios.

Un campo de mejora pendiente es la escasa presencia de los directivos del área de innovación en los órganos de decisión de la empresa.

En menos de la mitad de las organizaciones analizadas el responsable del emprendimiento corporativo forma parte del máximo órgano de dirección de la empresa. Además, solo en el 17,9 % de los casos esos directivos se dedican de forma exclusiva al área de innovación.

Aunque, en términos generales, los datos obtenidos son positivos, los aspectos relativos al aprendizaje de nuevas tecnologías y a la imagen corporativa están sensiblemente mejor valorados que aquellos que pueden tener un impacto más directo o evidente en la cuenta de resultados.

Que el objetivo de rentabilidad financiera no sea prioritario favorece la función exploratoria del emprendimiento corporativo centrándolo en el negocio futuro. Sin embargo, su lejanía del centro de la actividad empresarial presente hace que los programas de innovación sean especialmente vulnerables a los cambios o reestructuraciones que la alta dirección pueda llegar a adoptar en un momento dado.

Este estudio ha querido mencionar cinco buenas prácticas empresariales en España que pueden inspirar a otras empresas a seguir este camino de colaboración entre pequeñas y grandes unidades empresariales. Los programas seleccionados de MAPFRE, Ecoembes, Soltec, Mercadona y Cofares son la constatación de que España va por el buen camino para lograr que startups y grandes empresas trabajen juntas y la sociedad en su conjunto se pueda beneficiar de ello en términos de generación de empleo y riqueza.


Iñaki Ortega Cachón. Profesor de Dirección de Empresas, UNIR - Universidad Internacional de La Rioja


jueves, 21 de abril de 2022

Emprendedor o depredador

 

(este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 Minutos el día 18 de abril de 2022)


En primero de carrera, a los economistas nos enseñan el concepto de destrucción creativa. Fue formulado el siglo pasado por Schumpeter, austriaco de nacimiento que se mudó a la Universidad de Harvard para ejercer como profesor. La teoría defiende como los auténticos emprendedores a aquellos que con sus innovaciones destruyen la competencia porque consiguen una mejora imbatible. El ejemplo que explico en mis clases es el de la industria de la música: los suecos de Spotify han arruinado a las discográficas americanas pero los usuarios estamos encantados porque la música es más accesible que nunca. También si piensas en cómo ha evolucionado la fotografía o la industria del cine, encontrarás el mismo concepto y cómo hemos ganado con las innovaciones de pioneros emprendedores.

Otros investigadores han complementado los rasgos del empresario y han incluido el riesgo y también el estar alerta. Eso sí, en todas esas definiciones encontraremos el elemento común de Schumpeter: la creación de valor. Y no solo para los que ejercen la actividad empresarial sino también para la sociedad a la que sirven. En la era de la pandemia es un buen ejemplo el de los emprendedores turco-alemanes -inventores de la vacuna de Pfizer- que les ha hecho ganar dinero, pero además ha salvado millones de vidas.

Por desgracia, la pandemia nos ha traído contraejemplos que ocupan estos días las noticias de supuestos empresarios que ni han innovado, ni creado valor, pero que se han lucrado en plena tragedia. En marzo de 2020 cuando morían miles de personas cada día, los gobiernos necesitaban conseguir mascarillas y pagaron lo que fuese por conseguirlas. En Madrid por supuesto, como nos cuenta la fiscalía anticorrupción, pero en otras muchas administraciones de España pasó exactamente lo mismo. Aunque no ocupe los titulares, en cada localidad española un pícaro creyó que era su momento, haciendo gala de que el Lazarillo de Tormes es antepasado de todos nosotros. Llamar al primo del alcalde, al hermano de la presidenta, pero seguro que también al cuñado sindicalista o al camarada del partido que trabaja en la Moncloa, para ofrecer mascarillas fue lo habitual en plena emergencia sanitaria

Alguien dirá que los hoy investigados aprovecharon una oportunidad y que no hay culpa en ello, por eso desde aquí animo a que repasen los manuales de economía porque no crearon valor para nadie, más que para ellos mismos. No son emprendedores sino ventajistas, que el diccionario dice que son aquellos que tratan de obtener beneficio en todos sus asuntos, aunque tengan que recurrir al engaño. Ese ardid funcionó -ni tenían experiencia en China ni en productos sanitarios y el material fue defectuoso- aun así, cobraron millones por las mascarillas. Pero no deberían librarse de la justicia tampoco aquellos que inflaron los precios para lucrarse en plena tragedia, aunque las mascarillas no se rompiesen tras su primer uso. Cada euro de sobreprecio impedía que una protección llegase a un enfermo. En la conciencia de todos esos supuestos emprendedores quedará si actuaron como tales o simplemente como depredadores que saquearon a los de su misma especie.

Iñaki Ortega es doctor en economía en La Universidad de Internet UNIR y LLYC 

domingo, 6 de junio de 2021

Castillos de arena frente a tsunamis

 

(este artículo se publicó originalmente el día 6 de junio de 2021 en el suplemento Actualidad Económica del periódico El Mundo)

Alipay es la plataforma de pagos de Alibaba, el gigante chino del comercio electrónico, pero también es la punta de lanza de más de 20.000 fintechs que están poniendo en jaque a las entidades financieras. Un auténtico tsunami en el que las finanzas occidentales han de optar entre quedarse en sus “playas” jugando a castillos de arena con los famosos sandboxes o surfear la “ola gigante” de la disrupción.

Siguiendo al especialista en venture capital, Joaquín Sanz-Berrioategortúa, los resultados anuales de Alibaba en el año fiscal 2020 impresionan. Obtuvo 71.985 millones de dólares de ingresos y un beneficio neto de 21.080 millones de dólares, con un aumento anual del 62% en el primer caso y del 86% en el segundo. Su plataforma de pagos, Alipay controla el 70% del mercado de pagos móviles en China. Su ambición de convertirse en un gigante financiero le ha llevado a abrirse camino internacionalmente a golpe de talonario. En enero del 2018 pagó 880 millones de euros por MoneyGram, el líder de las remesas en Estados Unidos. También ha invertido en la fintech india Paytm, la tailandesa Ascent Money y la surcoreana Kakao Pay. La guinda de toda esta estrategia corporativa iba a ser la salida a bolsa, la más grande de la historia, con un importe total de 270.000 millones de euros, pero el estado chino ha paralizado esta operación además de propiciar un relevo del CEO. La decisión sólo se explica por el temor del gobierno chino a perder el control ante el gigante.

Alibaba junto a Baidu, Tencent, conocidas como las BAT por sus siglas, son un buen ejemplo de la innovación financiera con origen en China. Estamos acostumbrados a tener a Occidente como referente mundial, pero para entender esta revolución hemos de comenzar mirando hacia el Este. Su laxa regulación favorece la incursión de las grandes tecnológicas chinas en los servicios financieros mientras que en Europa celebramos que hemos empezado a jugar a “castillos de arena” con los sandboxes promovidos por las autoridades nacionales.

Volviendo a Alibaba, los pagos a través de Alipay son su negocio fundamental en esta industria, pero al mismo tiempo está creciendo rápidamente en áreas que van desde la gestión de activos hasta los préstamos pasando por los seguros puesto que conforme afirma el doctor en economía Sanz-Berrioategortúa cuenta con una base inmejorable de 960 millones de usuarios y 225 millones de operaciones que realiza diariamente. De hecho, hoy en el grupo financiero de Alibaba nos encontramos plataformas de servicios a través de la cual sus usuarios pueden desde pedir un taxi o gestionar su patrimonio pero también servicios de inversión personalizados y hasta sistemas de calificación de riesgos, seguros médicos, bancos digitales para autónomos que conceden préstamos en tres minutos o créditos sin intereses para jóvenes.

Resulta apabullante el vendaval de servicios de Alibabá, sin embargo, este gigante chino no es más que la punta del iceberg de la nueva industria fintech. El término fintech procede de las palabras en inglés finance y technology, y hace referencia a todas aquellas actividades que implican el empleo de la innovación y los desarrollos tecnológicos para el diseño, oferta y prestación de productos y servicios financieros. Las fintechs han llegado para quedarse. Actualmente representan alrededor del 5% del negocio bancario, pero su crecimiento está siendo muy rápido (49% anual según Morgan Stanley). Estas nuevas empresas aportan innovación, movilidad y una mejor experiencia de usuario.  Son muchas las expresiones de este nuevo sector desde el asesoramiento y gestión patrimonial, pasando por las finanzas personales y por supuesto las criptomonedas.

A principios de 2021 Jack Ma, el fundador de Alibaba tachó las normativas financieras de obsoletas y demasiado reacias a tomar riesgos. Se atrevió a tildar los acuerdos de supervisión bancaria de Basilea como “obra de un club de viejos”. El primer aviso de un tsunami con origen chino. No es la primera alerta, hace diez años Bill Gates definió la banca de consumo como un “dinosaurio” que iba a sufrir indefectiblemente ante las soluciones nativas. Hasta Harvard en una reciente encuesta a directivos ha constatado que el 65% de éstos consideran que las fintechs pasarán a ser un muy serio competidor en el cercano 2022. 

Para hacer frente a este tsunami, las instituciones financieras tradicionales se han puesto manos a la obra con nuevos CEOs tecnólogos, fusiones y cierres de oficinas para adelgazar. También con sofisticadas herramientas de inversión e incubación de emprendedores. Al mismo tiempo promoviendo espacios libres de regulación para innovar de la mano de sus reguladores: “areneros» se les ha llamado por su nombre en inglés sandboxes. Toda una ironía jugar con la arena en las “playas” de la regulación europea mientras el tsunami financiero avanza sin que nadie le pare.

 

Iñaki Ortega es doctor en economía y profesor de la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR)

sábado, 6 de marzo de 2021

¡La pyme ha muerto! ¡Viva la pyme!

 

(este artículo se publicó originalmente en el diario La Información el día 28 de febrero de 2021)


La expresión ¡El Rey ha muerto! ¡Viva el Rey! simboliza la continuidad de esa institución y se utiliza en casi todas las realezas. La frase aparentemente contradictoria busca llamar la atención anunciando al mismo tiempo la muerte del monarca y asegurando la continuidad vitoreando al nuevo. Nace en el idioma de la nobleza, el francés, Le roi est mort, vive le roi, para luego traducirse al inglés con The King is dead, Long Live the KIng y llegar a nuestros días en castellano con el popular Rey muerto, rey puesto. Su origen se remonta a la Francia del siglo XIII en la que al fallecer Enrique III se quiso evitar un periodo sin claro sucesor por la inestabilidad que ello podría causar.

La figura literaria usada en este ritual, epanadiplosis o repetición de una palabra al principio y final de una oración nos sirve para describir la situación actual de la economía española. Si las pequeñas y medianas empresas en nuestro país mueren supondrá -como con los reyes en la Francia de las Cruzadas- una amenaza real de inestabilidad. Es imprescindible recordar que las pymes representan el 99% del tejido productivo y el 66% del empleo en España. Son todas esas empresas con menos de 250 trabajadores y una facturación anual inferior a 50 millones de euros. Pero si ponemos la lupa veremos que algo más, 9 de cada 10 pymes son micropymes, es decir que tienen menos de nueve trabajadores. Es decir, casi todos los negocios que conocemos son de un tamaño mínimo.  España, de hecho, es uno de los países de la Unión Europea con menor dimensión empresarial, nuestro tejido está formada principalmente por microempresas como demuestra el dato que el empleo medio por empresas son dos trabajadores. Antes de que nos comencemos a fustigar por ello, hay que destacar que su contribución a la generación de empleo empresarial está en la línea de la media comunitaria. Las cifras económicas, tan frías, nos impiden ver que detrás de ellas hay una mujer o un hombre que vive de ello a la vez que forma parte del principal puntal del desarrollo económico español. En cualquier actividad que se desarrolle en nuestro país encontramos un pequeño empresario o un trabajador autónomo. Vertebran el país porque están en todos los sectores, en cada pueblo, ciudad y comunidad autónoma. Sin ellos nada hubiera sido posible en España y nada lo será en el futuro. Pero por alguna razón en el imaginario popular sigue estando que solo eres un gran país si tienes grandes empresas cuando la realidad es que la fuerza sistémica de cientos de miles de pymes ha construido y construirá las grandes economías del mundo.

2020, con la crisis de la covid19, ha sido el peor año que se recuerda en la historia reciente para un pequeño empresario. Por suerte desde marzo del año no han sido pocas las herramientas para salvar el tejido económico, desde el plan europeo SURE que ha hecho posible financiar los ERTEs y la financiación del ICO, pasando por las rebajas fiscales que han promovido administraciones con visión de futuro. Tras meses de peticiones agónicas y casi en la antesala de la muerte de muchas miles de empresas, el presidente del Gobierno ha anunciado estos días un plan de ayudas, que por desgracia no ha sabido concretar la vicepresidenta del ramo, Nadia Calviño.  En cualquier caso, se precisa un nuevo marco para que las pymes puedan sobrevivir y como recientemente ha afirmado el Rey Felipe VI en la entrega de los premios de la pyme española “serán más fuertes y sólidas, y con una mayor capacidad para crecer y ganar posiciones en mercados altamente competitivos, lo que a su vez permitirá crear empleo estable y de mayor cualificación. De este modo, también podrán aumentar sus exportaciones e invertir más en innovación, ser más productivas y estables y afrontar mejor las variaciones del ciclo económico. En definitiva, unas empresas que ganarán el futuro con los valores y el espíritu de superación que siempre las han caracterizado”

Con la frase ¡El Rey ha muerto! ¡Viva el Rey!  Se pretendía evitar la peligrosa situación política de los interregnos, pero también expresar la confianza en la continuidad del papel de esa institución. Por eso hoy debemos gritar lo mismo para las pymes. CEPYME en su barómetro nos alerte de que la mitad de las pequeñas empresas ve en riesgo su supervivencia fruto de la pandemia lo que nos llevaría a la peor de las catástrofes. A la vez hemos de dar vivas por ellas. Pedir todas las ayudas, los mejores planes, el mayor consenso para que las pymes vivan y de paso también sobreviva nuestra sociedad del bienestar.

 

Iñaki Ortega es director Deusto Business School y profesor de la UNIR

jueves, 4 de marzo de 2021

Empresas mutantes

 

(este artículo se publicó originalmente en la revista Actualidad Económica de El Mundo el día 28 de febrero de 2021)


La epigenética explica cómo afecta a los genes el ambiente que nos rodea hasta conseguir que muten. El término se atribuye a Conrad Waddington que en 1942 lo acuñó para analizar las interacciones causales entre los genes y su entorno dando lugar al fenotipo. Es decir que un fenotipo son los genes típicos de un determinado ambiente. Los rasgos fenotípicos no solo son físicos como grupo sanguíneo, estatura o pigmentación sino también conductuales. Popularmente se asocia fenotipo con raza o rasgos de los habitantes de un continente, pero la epigenética implica mucho más ya que se ocupa de las modificaciones químicas que sufre el ADN inducidas por mecanismos asociados a los hábitos de vida, tales como el ejercicio físico, la nutrición, el estrés o fármacos.

Por lo tanto, nuestro destino no solo depende del código genético con el que nacemos, sino que éste puede modificarse por el entorno. De hecho, muchas enfermedades graves se desarrollan por el efecto de una mala alimentación, el sedentarismo o la contaminación. La epigenética afirma que el nuevo fenotipo resultante de esos influjos externos no solo puede provocar la muerte sino también la de sus hijos ya que es hereditario.

Si eso pasa en el ser humano, qué puede suceder en una obra del hombre cómo son las empresas. Por ello se habla también de las empresas mutantes. De compañías que cambian su legado y su objetivo social fruto del ambiente en el que se desenvuelven. El investigador de Deusto Business School, Jon Mikel Zabala explica estas dinámicas del siguiente modo: “cuando las empresas están sometidas a entornos en los que los cambios ocurren con una frecuencia e intensidad cada vez mayor, su ADN tiene que mutar de una manera mucho más rápida para poder adaptarse». Ahora pensemos en la coyuntura que nos ha tocado vivir, con todas las certezas de antaño saltando por los aires. Los estándares de la deuda, las exportaciones, los mercados, los tipos de interés, la productividad y hasta la fiscalidad han cambiado radicalmente. La mortalidad de las empresas se ha disparado y ya no hay barrera que pueda parar la disrupción de los nuevos entrantes. La epigenética empresarial nos lleva a pensar que las deprimentes tasas de crecimiento, empleo y consumo acabarán impactando en el ADN de las compañías para hacerlas frágiles y moribundas. Por desgracia, esto no está tan lejos de la realidad que viven las pymes del sector turismo y hostelería en países como España.

Pero en biología la epigenética puede tener también consecuencias positivas sobre la salud del expuesto y en la de sus descendientes. Ésta es la idea que sostiene Jörg Blech, bioquímico, autor del libro El destino no está escrito en los genes, al afirmar que «cuando damos un paseo o salimos a caminar, no sólo quemamos calorías, también modificamos la actividad de los genes en el hipotálamo y desactivamos el efecto de aquel que nos abre el apetito». En 2005, el escritor americano Dan Buettner publicó en la revista National Geographic un reportaje titulado Los secretos de una vida larga. Con rapidez el número se convirtió en uno de los más vendidos de la historia del magazine. Identificó las llamadas «zonas azules» para referirse a aquellos lugares del mundo en los cuales las personas son más longevas. En estos lugares, en los que sus habitantes viven más que en el resto del mundo, las personas llegan a los 100 años a un ritmo diez veces mayor que, por ejemplo, en Estados Unidos. Y lo consiguen gracias a modificar su genética con hábitos saludables como hacer ejercicio, huir del estrés, cuidar la alimentación o tener un propósito de vida diario.

En la actividad económica también puede aprovecharse el entorno para bien. Jamás hemos vivido un momento en el que la tecnología sea tan accesible y potente. Nunca hasta hoy la transformación digital ha estado en todas las agendas públicas. Por primera vez la desintermediación y la competencia perfecta son sueños a nuestro alcance. Del auge de las criptomonedas y el nuevo activismo digital de los foreros de GameStop en la Bolsa puede aparecer una epigenética buena para las empresas. La clave, siguiendo al profesor Zabala, es la innovación, pero entendida como un proceso de búsqueda sistémica y sistemática. Sistémica porque las empresas tienen que analizar no solo su sector, sino otros que tienen una cierta distancia con respecto al suyo, pero que debido al uso de la tecnología pueden ser una amenaza en un futuro próximo. Y sistemática porque ha de ser continua, apoyada en herramientas como la prospectiva tecnológica, el emprendimiento corporativo o el benchmarking de patentes que ayudan a identificar hacia dónde se están moviendo los mercados. Empresas que mutarán con la innovación pero que lo harán para bien.

 

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

lunes, 2 de noviembre de 2020

Que emprendan ellos

(este artículo se publicó originalmente el dia 2 de noviembre de 2020 en el diario 20 Minutos)


En los últimos doce meses han desaparecido más de 800.000 puestos de trabajo en las empresas españolas, pero al mismo tiempo el empleo público aumentó para 108.500 personas. Estos datos oficiales de la pasada semana se unen a los que conocimos hace menos de un mes que certificaban que la covid19 se había llevado por delante 21.900 puestos de dirección del sector privado a la vez que -inopinadamente- crecían los directivos públicos en 6.100 posiciones, en una gran mayoría nombramientos políticos. Pero por si este mazazo para los valientes que deciden cada año emprender no fuese suficiente, el presupuesto del gobierno para 2021 prevé, en plena crisis, una mayor presión fiscal para empresas y autónomos; en cambio los sueldos de los funcionarios se beneficiarán de una subida y habrá recursos para nuevas ofertas públicas de empleo.

Hace un siglo, en un momento en el que España también se encontraba en una encrucijada, Miguel de Unamuno escribió la lapidaria frase “que inventen ellos”. El escritor estaba inmerso en una polémica con Ortega y Gasset sobre la necesidad de mejorar el sistema de ciencia patrio y dejó claro con esa expresión que por estos lares no estábamos por la labor de investigar y conseguir patentes como nuestros vecinos franceses, italianos o alemanes. El triste argumento de Unamuno fue que ya nos beneficiaremos del esfuerzo de otros porque los inventos acaban llegando siempre.

Ahora, si actualizamos ese debate, parece que España está lanzando el mensaje a sus ciudadanos “que emprendan otros”. Si en plena recesión solo crecen los empleos públicos, los funcionarios ven que sus remuneraciones suben, pero los empleo privados se destruyen por cientos de miles y los autoempleados pagaran más impuestos por emprender, el mensaje es atronador “todos funcionarios” que ya emprenderán los chicos de Silicon Valley.

Si el adagio de Unamuno fue coherente con el retraso español del siglo pasado me temo que estos mensajes desincentivadores para las personas emprendedoras no traerán nada bueno para nuestro país. Los emprendedores son algo más que unos soñadores que quieren desafiar lo establecido con sus nuevas empresas. Conviene recordar el informe GEM -firmado por reputados investigadores- que sitúa en el emprendimiento la palanca del desarrollo de las sociedades. Aquellos países que fomentan las vocaciones innovadoras se benefician de la trasferencia de conocimiento de estas personas emprendedoras lo que a la postre permite el crecimiento de tejido empresarial y un más eficiente entorno competitivo. También permite ciudadanos más preparados para afrontar situaciones adversas a las que inevitablemente estamos abocados.

El economista Daniel Lacalle en su último libro lo ha definido como capitalismo social frente al capitalismo de amiguetes en el que para medrar has de estar cerca del poder. El emprendimiento es una expresión de ese capitalismo social en el que se tiene en cuenta la responsabilidad, el mérito y la recompensa; donde no todo lo resuelve el Estado, sino que el impulso individual en sana competencia provoca bienestar y cohesión social. Así que, por favor y a pesar de los pesares, sigamos emprendiendo.

 

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

lunes, 27 de julio de 2020

Renovarse o morir

(este artículo se publicó originalmente el día 27 de julio de 2020 en el diario 20 Minutos)

En la semana en la que nos hemos dado de bruces con la crisis del turismo y las previsiones de destrucción de empleo, sólo queda acordarse de Miguel de Unamuno y su genial afirmación «el progreso consiste en renovarse». La decisión del gobierno británico de exigir una cuarentena a los turistas que viajen a España ha asestado un duro golpe a los ya maltrechos datos de nuestra primera industria nacional. Canarias o Baleares sufrirán caídas de dos dígitos en su PIB, o lo que es lo mismo ,cientos de negocios cerrarán y miles de trabajadores serán despedidos. A partir de ahora todos los esfuerzos irán orientados a sostener esta fuente tan importante de riqueza y vendrá financiación a espuertas y millonarios planes de ayudas.
Pero hace un siglo Unamuno, sin saber que una pandemia castigaría a su país, adelantó la solución. Su llamada a renovarse se ha convertido en el popular dicho «renovarse o morir». Pero antes de que nos empecemos a lamentar de ser españoles y nuestro mísero destino conviene recordar que en todo el mundo renovarse e incluso reinventarse está detrás del éxito de empresas, países y profesionales. Compañías suecas, americanas, francesas o japonesas lo ha probado con éxito: IKEA empezó vendiendo bolígrafos y hoy es la referencia mundial en mobiliario, Coca-Cola era un jarabe medicinal antes de ser la bebida refrescante por excelencia, Peugeot ofrecía molinillos de café y ahora vende coches en los cinco continentes y Nintendo fabricaba barajas de cartas antes de liderar el negocio de las consolas de videojuegos. El milagro de países como Corea o Israel tiene su base es saber renovarse y aprovechar las crisis como acicate. Corea pasó de ser más pobre que Ghana a uno de los diez países más ricos del mundo.  La clave de este espectacular desarrollo es el continuo cambio; de la agricultura a la industrialización, de un modelo de importaciones a otro basado en la exportación y de una competitividad de costes a otra centrada en la innovación. “La historia del milagro económico de Israel” escrito por los periodistas Senor y Singer explica el éxito de una economía emprendedora que en apenas unas décadas pasó de ser un país agrario a una potencia tecnológica. ¿Cómo es posible conseguir ser el principal inversor del mundo en investigación y desarrollo por habitante siendo un territorio en guerra y sin recursos naturales? La respuesta es la innovación y el emprendimiento. Israel crea anualmente miles de empresas de alto potencial gracias a un perfecto ecosistema de sector público, universidades y talento con un denominador común: poner en cuestión lo establecido.
Pablo Isla abandonó una brillante carrera de abogado del estado para probar fortuna en la empresa y hace pocos meses fue nombrado el mejor CEO del mundo por su trabajo en Inditex. Letizia Ortiz cumplió su sueño de presentar el informativo de referencia, pero lo dejo todo por ser la Reina de su país. Ricardo Fisas fue despedido con cincuenta años, pero eso le llevó a crear la empresa Natura Bisse, referencia mundial en cosmética. Si Peugeot, o IKEA no hubieran cambiado estarían hoy cerradas. Sin una reinvención radical Corea o Israel no serían las economías que hoy admiramos. Quizás también nos hubiéramos perdido el liderazgo de Isla, Fisas o la Reina Letizia ¿A que esperamos a hacer caso a Unamuno?

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

jueves, 12 de diciembre de 2019

Un futuro de oportunidades

(este artículo se publicó originalmente en el diario Expansión el día 11 de diciembre de 2019)

“En tres tiempos se divide la vida: presente, pasado y futuro. De éstos, el presente es brevísimo, el futuro dudoso y el pasado cierto”. La reflexión de Séneca, a pesar de haber sido formulada hace 2.000 años, es más actual que nunca para nuestras vidas, pero también para la de nuestro país, España.

Vivimos un mundo cambiante, marcado por grandes disrupciones socioeconómicas, geopolíticas, tecnológicas, demográficas y medioambientales a las que habrá que dar respuesta. Todo ello en un entorno marcado por la desaceleración económica sincronizada, el debilitamiento del orden multilateral, la crisis de liderazgo, las consecuencias del Brexit y las crecientes tensiones políticas y sociales en Oriente Medio, América Latina y Hong Kong, entre otros factores. Un presente al que España no es ajeno ya que, si bien nuestro país continúa liderando el crecimiento entre las grandes economías europeas, la OCDE ha advertido de que nuestra coyuntura se deteriora a mayor ritmo que en el conjunto de la unión monetaria y también del riesgo creciente que conlleva la actual inestabilidad política. Una incertidumbre que no parece que vaya a despejarse ante el previsible Gobierno de coalición PSOE-Unidas Podemos, forjado con un acuerdo programático en torno a tres ideas fuerza: más gasto público, apoyado en una mayor carga impositiva sobre las empresas y las familias; más intervencionismo en detrimento de la necesaria libertad de empresa; y más fragmentación frente a la ansiada y necesaria unidad de mercado económica y equilibrio interterritorial. Un conjunto de medidas que impactarán negativamente no solo sobre el crecimiento económico, sino también sobre la sostenibilidad del Estado de Bienestar, la igualdad de oportunidades de los españoles y el futuro de las próximas generaciones. 

Y a pesar de que Séneca nos alertó de que lo único cierto es el pasado, no recordamos apenas datos de nuestra historia reciente que ponen de manifiesto que España y su democracia son un caso de éxito. Desde 1978, se ha multiplicado por 14 el gasto en educación, por 13 el gasto social y por 15 el PIB per cápita, en un contexto en el que se ha duplicado la población activa, principalmente por la incorporación de siete millones de mujeres al mercado laboral. A su vez, el modelo productivo se ha terciarizado, como en el resto de las economías avanzadas, concentrando el sector servicios el 75% del empleo (42% en 1978). Las exportaciones, por su parte, han aumentado de un 13,3% a un 34,3% del PIB, destacando el papel de las multinacionales españolas líderes a nivel mundial. Además, en la actualidad, nuestro país lidera el ranking de Competitividad de Turismo del WEF, y ha sido clasificado como la nación más saludable del mundo por Bloomberg que, a su vez, sitúa nuestro sistema sanitario en tercera posición a nivel global en función de su eficiencia, entre otros hechos relevantes. Todo ello, sin olvidar que la integración al proyecto europeo ha impulsado la atracción de inversión extranjera y dotado a nuestra economía de una mayor estabilidad de precios y de tipos de interés. Y sumado a estos datos económicos, en el plano social, los españoles hemos sorprendido al mundo por nuestra capacidad para trabajar en equipo, por nuestro talento y creatividad; bien sea para coordinar la mejor red de trasplantes de órganos del planeta, o bien por ser el país más longevo de la Tierra.

Pero el futuro es una duda, no solo porque lo afirmara el filósofo cordobés, sino porque la recuperación española no ha sido suficiente para resolver los problemas estructurales que hoy persisten. A los elevados niveles de paro, especialmente el de larga duración y el juvenil, de endeudamiento público y de economía sumergida, se unen la ineficiencia de nuestro sistema educativo, el aumento de la desigualdad, el reto demográfico y el deterioro de la calidad institucional. Circunstancias que, coincidentes en el tiempo con un cambio de coyuntura internacional, nos hacen pensar que el futuro será incierto, pero no por ello ingestionable. En demasiadas ocasiones se nos olvida que la incertidumbre no solo forma parte de nuestras vidas, sino también de la historia de los países. Así, cada generación de españoles ha tenido que superar momentos decisivos, como fue el de la transición de una dictadura hacia un sistema democrático, en la que prevaleció una visión generosa, vertebradora y de largo plazo. En estos días, marcados por la incertidumbre que genera el escenario político español en el que los líderes políticos se cierran a debatir y consensuar con sus oponentes ideológicos las reformas que nuestro país necesita, es urgente recordar que, si bien el futuro siempre es una duda que abre oportunidades, las épocas de progreso en España han estado vinculadas a proteger nuestro legado común.



Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y Alicia Coronil es directora de Economía del Círculo de Empresarios

martes, 3 de diciembre de 2019

Escape Room

(este artículo se publicó originalmente el 2 de diciembre de 2019 en el diario 20 minutos)

Se ha puesto de moda. Todo el mundo lo practica. Un «escape room» es un juego de escape que sirve tanto para celebrar un cumpleaños de un niño de 12 años,  como para una despedida de soltera o incluso para inculcar sentimiento de equipo entre altos directivos de grandes empresas. Básicamente es una actividad lúdica que consiste en que un grupo de personas puedan «escapar de un encierro» resolviendo un enigma a través de varias pistas.

Los «escape rooms» nacen hace una década en Japón y desde entonces se han extendido hasta al último rincón del mundo, aunque donde realmente arrasan es en el sudeste asiático. Hay muchas variedades del juego pero en todas ellas los participantes, una media docena, se enfrentan en un local cerrado durante algo más de una hora y con la presencia de un árbitro o «game master» al reto de «escaparse». El juego ha enganchado a personas de toda edad y condición porque para poder ganar hay que esforzarse, no físicamente, sino mentalmente  -en grupo y a título individual- para encontrar la solución a un difícil acertijo. De hecho, equipos de alto rendimiento del mundo del deporte pero también de las corporaciones empresariales juegan a ser escapistas para mejorar el desempeño grupal, ya que penaliza los individualismos y premia el trabajo cooperativo. Pero también muchas cuadrillas de amigos, sin más motivación que pasar un buen rato, colapsan los locales de «escape room» todos los fines de semana en cientos de ciudades de todo el planeta. En Madrid y Barcelona, el montado por la empresa Atresmedia, inspirado en la serie de televisión "La casa de papel" sigue teniendo el cartel de "no hay entradas" tras decenas de miles de visitantes de todas las edades.

Incluso se habla ya en ciencias sociales como la educación de la gamificación del aprendizaje. Una nueva disciplina pedagógica que usa este tipo de juegos para lograr increíbles resultados. Por eso, si funciona para directivos, estudiantes y equipos deportivos que habían probado otras soluciones sin éxito, por qué no aplicarlo para el principal problema de nuestro país. El desgobierno que vivimos tras cuatro años con cuatro elecciones quizás se solucionaría con una buena dosis de «escape room» para nuestra clase politica. Por qué no animar a Pedro Sánchez, Pablo Casado, Santiago Abascal, Pablo Iglesias e Inés Arrimadas a entrar en una de estas «salas de escape» con la condición de no salir hasta que resuelvan el mayor enigma hoy de España que no es otro que cómo conseguir un acuerdo estable de gobierno que represente a una mayoría de españoles. Si lo piensas no es tan descabellado y de algún modo en la historia reciente algunos acuerdos relevantes se consiguieron así, forzando un encierro para lograr un acuerdo. De esta manera nació el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio, con los principales líderes y pensadores del mundo acantonados en Bretton Woods. O la Constitución española con sus «padres» alojados en el Parador de Gredos aislados por la nieve. Y todos los acuerdo europeos sólo se consigue a altas horas de la madrugada tras agotadoras reuniones en Bruselas que no pueden finalizar sin acuerdo. Cualquier cosa antes que otras elecciones, ¿no crees?

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

lunes, 3 de junio de 2019

Anticuerpos para todas las empresas

(este artículo se publicó originalmente el día 3 de junio de 2019 en el diario 20 minutos en la sección de opinión)


Ahora que los movimientos antivacunas, con la ayuda de internet y las noticias falsas, se han convertido en globales me gustaría hablarte de estas medicinas. La vacuna toma su nombre precisamente de la palabra latina vacca, ya que antiguamente los que se contagiaban de la viruela animal por el contacto con vacas quedaban inmunizados frente a la mortífera viruela humana. Inspirado en estas prácticas el científico francés, Louis Pasteur, a finales del siglo XIX desarrolló con éxito la primera vacuna para uso humano. A partir de entonces la vacunación se convirtió en una obligación en medio mundo logrando, según la OMS, acabar con más de veinte peligrosas enfermedades. El funcionamiento de la vacuna es muy sencillo, simplemente se trata de inocular en un organismo una cantidad mínima de agentes infecciosos para activar el sistema inmunitario e inhabilitar la amenaza.  A la vez se consigue el efecto más importante, que no es otro que crear en el cuerpo un recuerdo, los anticuerpos, una suerte de aprendizaje para cuando el ataque no sea tan débil pueda responderse con garantías. Dos siglos aplicando vacunas han permitido la erradicación de la viruela, varicela, tétanos o poliomielitis, pero últimamente ha surgido una insumisión a este proceso con graves consecuencias, por ejemplo, el sarampión ha vuelto fortísimo como enfermedad infecciosa. Los antivacunación se han apoyado en bulos como la supuesta vinculación con el autismo o la imbatibilidad de la medicina alternativa cuando no las acusaciones de una conspiración del capitalismo contra el indefenso pueblo.

Como puedes comprobar mis conocimientos médicos son escasos y lo que pretendo es encontrar un paralelismo de las vacunas con el mundo de los negocios. Llevamos un tiempo en que las grandes empresas de cualquier sector ven amenazadas su primacía por la irrupción de nuevos operadores que usando la tecnología compiten en precio y calidad. Las empresas más dinámicas han puesto en marcha procesos de innovación abierta para captar ese talento externo; se trata de incorporar a la empresa nuevos perfiles, más innovadores y diversos, de trabajadores o incluso fichar emprendedores de la propia competencia. Inoculando nuevos valores en la compañía, como si de una vacuna se tratase, consiguen generar un aprendizaje, unos anticuerpos, que les permitirán ser más fuertes para enfrentarse a los nuevos operadores cuando se conviertan en gigantes. Telefónica creó hace años un departamento para ello y hoy todas las grandes compañías tienen las llamadas “aceleradoras”, es decir un sistema para introducir pequeñas dosis de emprendedores disruptivos, para aprender y conseguir extender -sin riesgos- a toda la compañía el espíritu innovador de esos nuevos operadores. Si las grandes empresas quieren sobrevivir al nuevo mundo de los negocios solo podrán hacerlo con los anticuerpos que provoca un emprendedor dentro de sus viejas estructuras. Pero si en tu empresa todavía queda algún jefe que despotrica de los emprendedores y minusvalora la nueva economía, te pido que le metas en el mismo grupo que los antivacunas, es decir nostálgicos en contra del progreso que solamente provocan desgracias.

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

martes, 30 de octubre de 2018

De Madrid a Davos en Cabify

(este artículo se publicó originalemente el 29 de octubre de 2018 en el periódico La Información en la columna #serendipias)


Klaus Martin Schwab es un octogenario alemán desconocido para el gran público. El 2 de octubre visitó Madrid y los más importantes líderes de nuestro país le recibieron a pesar de que nadie le reconociese en el aeropuerto ni un sus paseos madrileños. Pero hasta el presidente del Gobierno Pedro Sánchez y los presidentes del PP y Ciudadanos, Pablo Casado y Albert Rivera se entrevistaron con él además de los más altos responsables de las principales empresas españolas. Schwab es tratado como un alto mandatario cada vez que visita un país aunque solamente sea un profesor basado en Suiza. La explicación reside en que este anciano a finales de los años sesenta, entonces recién doctorado como economista, promovió una serie de encuentros empresariales que dieron lugar, en 1971, a la creación del Foro Económico Mundial, WEF (World Economic Forum), por sus siglas en inglés. Desde entonces todos los años en la localidad suiza de Davos convocados por el viejo profesor acuden los personajes más poderosos pero también los más inspiradores del planeta. Schwab no solo creó un evento anual sino una organización que es capaz de atraer el mejor talento para producir documentos informes e índices de alta calidad sobre la economía, la empresa y las instituciones. El propio profesor ha dejado por escrito trascendentes reflexiones en el libro “La cuarta revolución industrial” (Editorial debate, 2016) que conviene releer estos días que tanto nos preocupa la coyuntura económica y el impacto de la tecnología en el futuro de nuestro país.

El profesor Schwab aprovechó su visita a Madrid para reunirse en la sede de Deusto Business School en Madrid con un grupo de jóvenes talentos que él mismo apadrina y que son conocidos en el WEF como global shapers. Tuve el honor de saludarle y escuchar cómo contaba a estos emprendedores millennials la historia del nacimiento del foro de Davos. Después de graduarse como ingeniero en Zúrich y economista en Friburgo fue contratado por la asociación de empresas alemanas de maquinaria e instalaciones para elaborar un informe. Los industriales alemanes querían saber en aquellos años sesenta qué estrategias debían acometer para mejorar su competitividad. El profesor puso negro sobre blanco en aquel informe que la respuesta no se la daría él sino los “agentes interesados” en sus empresas. Con ese concepto de agentes involucrados o interesados se refería a que los empresarios debían pensar más allá de sus intereses y los de sus accionistas para tener en cuenta la opinión de sus clientes, proveedores, competidores, trabajadores, medios de comunicación e instituciones públicas. La conclusión de su estudio para ese cluster alemán fue que era preciso organizar unas jornadas para juntar a todos esos “interesados”. Años más tarde este concepto se popularizó por el americano Freeman con el vocablo anglosajón stakeholders. Precisamente porque Schwab no buscó un interés académico sino uno más práctico optó por volcar todo su talento no en escribir la teoría de los “agentes interesados” sino en conseguir que los más importantes agentes pudiesen encontrarse y compartir experiencias una vez al año.

La tesis del fundador del Foro Económico Mundial sobre la trascendencia del momento actual se apoya en la conocida como cuarta revolución industrial que no se define solamente por un conjunto de tecnologías emergentes como el big data, la inteligencia artificial o el internet de las cosas. Va más allá porque impone una velocidad de cambio, alcance e impacto inédito en la historia de la civilización que modificará nuestra forma de vivir, trabajar y relacionarnos. Pero nada de esto sería posible si no hubiera habido una primera revolución industrial entre 1760 y 1830 con la introducción de las máquinas en la cadena de montaje. O una segunda, a
mediados del siglo XIX que con la electricidad hizo posible la manufactura en masa. Finalmente la tercera, ya avanzado el siglo XX, permitió con las tecnologías de la información y comunicación, la llamada globalización. Schwab cree que esta revolución es radicalmente
diferente a cualquiera sucedida hasta ahora por tres razones. La primera es la exponencialidad frente al crecimiento lineal de las anteriores. La segunda por su alcance global “weltangchauung” en alemán y por último por las tensiones cada vez mayores que aparecerán causadas por los populistas nacionalistas. Poco halagüeño el panorama que nos espera sino seguimos los consejos que periódicamente el WEF nos traslada en sus informes y que se pueden resumir en más libertad y democracia para que la innovación y el emprendimiento aporten todo su potencial a los territorios que los promuevan.

El fundador de Davos invitó a su reunión aquella tarde del 2 de octubre en Madrid a la empresa Cabify presente en más de 14 países y primer “unicornio” español, con una valoración que supera los 1.400 millones de dólares. El economista alemán se congratuló que desde España surgiesen iniciativas de este tipo que aprovechan las nuevas tendencias de la movilidad y los puso como ejemplo del camino a seguir. Nunca pudo imaginarse que el mismo presidente del Gobierno que unas horas antes le había recibido tan calurosamente en el Palacio de la Moncloa, unos pocos días antes había firmado un decreto para impedir la libre competencia, que tanto defiende Schwab e impedirá que otros Cabify surjan en nuestro país. Pero quedémonos con la buena noticia de que todavía hoy puede viajarse de Madrid a Davos en Cabify.

Iñaki Ortega es profesor de Duesto Business School y la UNIR

viernes, 2 de marzo de 2018

Sandbox. Una caja de arena para la innovación corporativa


(este artículo se publicó originalmente el día 26 de febrero de 2018, su versión corta, en el periódico lainformacion.com dentro de la columna semanal #serendipias)


Un arenero es un espacio lleno de arena que suele situarse en parques y patios de colegios para que los niños jueguen. La arena de estos espacios mantiene a los niños entretenidos haciendo carreteras y castillos pero también les evita consecuencias mayores ante golpes o accidentes y protege a los más pequeños de los juegos más violentos de los mayores. 


En la pirotecnia las cajas de arena se usan para explotar fuegos artificiales que ya no pueden lanzarse y de ese modo amortiguar el sonido y otras consecuencias de la deflagración.

 Por último, en el ámbito de los desarrollos informáticos, el término se utiliza para referirse a un entorno de pruebas aislado que evita la eventual afección a las partes claves del sistema en funcionamiento. En ciberseguridad es habitual usar estas cajas de arena o sandbox para estudiar la evolución de un software potencialmente malicioso sin que afecte de manera real a los sistemas. 

Aunque como directivo de una empresa no te ocupen los virus informáticos, no tengas niños pequeños y lo más cerca que hayas visto fuegos artificiales sea en las fiestas de tu ciudad, me temo que cada día más a menudo oirás hablar de las sandbox. El nuevo uso del término sigue manteniendo el significado original, un lugar donde jugar, hacer pruebas o experimentar sin consecuencias irreparables. En el ámbito legal anglosajón se utiliza la expresión sandbox cuando un regulador o supervisor público permite desarrollar una determinada actividad al amparo de una autorización administrativa sin aplicar la regulación vigente en ese ámbito. Es, como recuerda el abogado Francisco Uría, un espacio de prueba en el que un determinado producto, servicio o tecnología puede chequearse en relación con un número determinado de clientes, con la seguridad de que no existirán consecuencias sancionadoras por parte de los supervisores. 

Un sandbox está concebido por tanto, para promover las mejores condiciones que favorezcan el desarrollo de nuevos modelos de negocio en el contexto de mercados regulados que se encuentran sometidos a la irrupción de la tecnología. Su objetivo es evitar que ideas innovadoras, susceptibles de repercutir en un beneficio para los consumidores, sean desechadas por las complicaciones regulatorias que impiden ponerlas en marcha. Esta técnica regulatoria se está utilizando ya en Reino Unido, Singapur, Malasia o Australia para facilitar la innovación tecnológica y la trasformación digital en ámbitos de los servicios financieros como son el fintech o el insurtech. Según Lupicinio Abogados hasta veinte países han anunciado al día de hoy la implantación de alguna forma de regulatory sandbox, dentro de una estrategia más amplia para atraer el talento internacional emprendedor. En España la CNMV ha incluido en su plan de actividades de 2018 el estudio de este fenómeno y no son pocas las voces que reclamaban su implantación inmediata de cara a mejorar el ecosistema de innovación en el sector financiero español. 

Es tal su utilidad, que los sandbox están desbordando el ámbito regulatorio para introducirse en el corazón de las grandes corporaciones coincidiendo con la disrupción tecnológica. Ante un escenario cada vez más cambiante y competitivo, las organizaciones han visto en el emprendimiento corporativo una vía para adoptar los exitosos modelos de innovación disruptiva de las startups, ya sea tendiendo puentes de colaboración con estas mediante fórmulas de innovación abierta o promoviendo el espíritu emprendedor de sus propios trabajadores. Pero es sabido que los procesos y procedimientos matan muchas nuevas ideas en las grandes empresas, más aún si hablamos de emprendimiento corporativo donde habitualmente el elefante -la multinacional- acaba pisando a la gacela -el intraemprendedor-. Por eso para evitar que la burocracia, el status quo o las jerarquías puedan convertirse en un freno para la innovación tecnológica, las empresas pioneras en innovación abierta implantaron en su día fast tracks, inspirados en esos servicios de las compañías aéreas que permiten que los clientes VIPS no esperen largas colas y embarquen directamente. De modo y manera que los emprendedores disponían de un camino expedito para innovar en las compañías. El siguiente paso en esta estrategia facilitadora, son los sandbox. Esta caja de arena garantiza el mejor ambiente para emprender dentro de una organización. Un ambiente que es algo más que espacios abiertos de trabajo o financiación para crecer, es un ecosistema dentro de la corporación que blinde a las startups y que les permita trascender los procedimientos corporativos y hasta las políticas basadas en la tradición y la cultura de la empresa, que lastran su velocidad de crecimiento. 

¿Se nos ocurre otra forma de promover en las empresas el uso de una tecnología como el blockchain, con sus derivadas en criptomonedas, ICOs o smart contracts, que no sea aislándola en nuestro “arenero”? ¿Acaso alguien cree que pasaría el estricto control de la asesoría jurídica de turno? La otra opción es dejar escapar el tren de las innovaciones disruptivas. Un sandbox es el único camino para compatibilizar la velocidad de los emprendedores con los objetivos corporativos al facilitar un ambiente controlado de prueba y error. Además, permite una estrecha colaboración entre startups y corporaciones donde ambos aprenden y puede funcionar la innovación abierta. Es una herramienta indispensable para que los intraemprendedores, muchas veces directivos, no lastren ellos mismos sus proyectos por miedo a traicionar el legacy de sus empresas. Todo sea por proteger el emprendimiento de la tediosa e improductiva lentitud de las multinacionales. El último libro del ideólogo de la filosofía lean startup, Eric Ries "The Startup Way: How Entrepreneurial Management Transforms Culture and Drives Growth" nos avisa de que la única forma de sobrevivir a los cambios que se avecinan es que “todos los empleados tendrán que tener la oportunidad de ser emprendedores y sus ideas serán respetadas e impulsadas”. Los sandbox van en esa dirección.

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

jueves, 16 de noviembre de 2017

Tres hermanos

(este artículo se publicó originalmente el día 13 de noviembre de 2017 en el diario La Información dentro de la columna #serendipias)




En el año 2014 la Real Academia de la Lengua Española admitió como correcto el neologismo serendipia incorporándose, por tanto, al diccionario. Ahora en esta nueva etapa de lainformacion.com  esos "hallazgos valiosos que se producen de forma accidental" serán el título de mi colaboración periódica. 

Esta palabra no es un anglicismo, como muchos creen, sino que proviene del persa «serendip», que es el nombre en ese idioma de Sri Lanka.  Pero para entender por qué esa isla, conocida hasta hace poco como Ceilán, se convirtió en paradigma de la casualidad hay que recurrir a un cuento que data del año 1300, «Los tres príncipes de Serendip». Tres hijos de un Rey educados exquisitamente adquieren habilidades para de la casualidad conseguir resultados increíbles. Su aventura con un robo de camellos y el modo en que solucionan el entuerto salvándose milagrosamente en el último momento, han divertido tanto que hasta el cine contemporáneo, además de la propia RAE, se han inspirado en el lugar de nacimiento de esos tres príncipes. 

Me gusta la palabra serendipia porque son muchas las veces que de modo casual conseguimos cosas fantásticas.  En la ciencia se ha documentado mucho el fenómeno, de hecho el doctor Fleming descubrió la penicilina debido a que un cultivo, por un descuido, se infectó con un hongo. Incluso detrás del descubrimiento de América hay casualidad porque Colon creía que inauguraba una nueva ruta para llegar a las Indias.  Pero en economía y política poco se ha explotado las poderosas consecuencias de las casualidades y en esta columna abundaré en ello con una pretensión más lúdica que científica. 

Empecemos con un aperitivo para siguientes serendipias.

Esta semana Estados Unidos se despertó con el enésimo ataque de un perturbado con armas de fuego. En la iglesia de una pequeña localidad de Texas un joven expulsado hace años del Ejército asesinó a sangre fría a una veintena de feligreses. Casi al mismo tiempo en España conocimos que el ciclismo es el deporte más practicado en nuestro país. Precisamente surge la serendipia porque aparentemente poco tiene que ver un loco con pistola en Texas con que dos de cada tres españoles tengan una bici. Pero si siguen leyendo encontrarán el vínculo. En España sabemos también de rifles e incluso tenemos una “ciudad armera”, es Éibar, aunque hoy la fabricación de pistolas y escopetas ha sido prácticamente sustituida por otras industrias. Todo empezó tras la primera guerra mundial, momento en el que las ventas de armas de desplomaron. Según se cuenta por aquellos lares, un empresario enfadado al ver tanto perfil de hierro sin usar porque no había pedidos, lo intentó romper de rabia con su rodilla pero solo logró doblarlo. La forma en la que la barra de hierro quedo torcida se asemejaba muchísimo a un cuadro de una bicicleta. Esa casualidad hizo que todo un sector armero se reconvirtiese a fabricar bicicletas, liderado también por tres hermanos, en esta ocasión por los Beistegui con la mítica marca que cogió sus iniciales, BH.

domingo, 4 de junio de 2017

Análisis de una nueva política pública al servicio del desarrollo económico: los programas de atracción del talento emprendedor extranjero (PATEX)

(este artículo académico fue publicado originalmente en el número de mayo de 2017 del Boletín de Información Comercial Española -BICE-)

 INTRODUCCIÓN

El apoyo a los emprendedores se ha convertido con el cambio de siglo en una de las políticas públicas más extendidas para promover el desarrollo de los territorios. Son conocidos los pioneros casos de éxito de California en los Estados Unidos de América o el estado de Israel que han propiciado las mejores condiciones para que florezca el emprendimiento de alto impacto.

Por otro lado es sabido que la movilidad de científicos es consustancial a las universidades desde su creación en la Edad Media. En la considerada universidad más antigua del mundo, la italiana de Bolonia, estudiaron ya en el siglo XV ilustres extranjeros como el polaco Nicolás Copérnico o Erasmo de Rotterdam. Esa circulación de cerebros se aceleró exponencialmente con las políticas implementadas en el siglo XX a favor del movimiento de personas auspiciada por la expansión del libre comercio en todo el mundo.

Con la llegada de la llamada nueva economía en la cual la ventaja competitiva migra hacia las actividades basadas en el conocimiento gracias al cambio tecnológico, ambos fenómenos descritos en los párrafos anteriores se están hibridando. Emprendimiento y libre circulación de talento son dos expresiones de esa nueva realidad económica que vivimos y que los gobiernos de todo el mundo han empezado a aplicar en sus actuaciones.

Este artículo pretende explicar las nuevas políticas públicas de atracción de talento emprendedor que se han ido poniendo en marcha desde 2010 y multiplicado en los últimos años. Para ello en primer lugar se explicita el marco teórico que sustenta la intervención pública tanto a favor de los emprendedores como en beneficio de la atracción de talento. A continuación serán explicadas esas nuevas políticas con sus principales programas a lo largo y ancho del mundo, para terminar con una serie de lecciones aprendidas de su estudio.

DESARROLLO

1.      Marco teórico de las políticas públicas de atracción de talento emprendedor

Estudiaremos a continuación el estado del arte, los antecedentes de las políticas públicas así como las últimas actuaciones públicas para los dos elementos claves que dan sentido a las nuevas acciones a favor de la atracción del talento emprendedor. Todo ello se resume en la Tabla 1.

1.1. La importancia de los emprendedores

Estado del arte. Cantillon (1755) es el primero que habla de los emprendedores, para el economista irlandés son empresarios que asumen riesgos en su intento de crear riqueza en un entorno de incertidumbre. Un siglo después Marshall (1890) en Principles of Economics destaca la actividad del empresario como proveedor de bienes para la sociedad, pero también de innovación y progreso. Afirmó que la capacidad organizativa “era el cuarto factor productivo” detrás de la tierra, el capital físico y la mano de obra. El emprendedor, para Schumpeter (1911) es el factor más importante del desarrollo económico, porque en su búsqueda de beneficios introduce cambios e innovaciones que rompen el equilibrio y mueven el flujo circular de la economía hacia un estadio superior. Para el autor austriaco el emprendedor no ha de ser necesariamente el empresario, sino que es aquella persona que en la empresa, no acomodándose a la situación establecida, introduce las innovaciones que finalmente a través del proceso que denomina “destrucción creativa”, provoca desarrollo económico.

Pero quien hace posible la explosión de la investigación científica en este terreno es Birch, con la publicación en 1979 de The job generation process. La presentación de este informe en el Congreso de los Estados Unidos en el que se ponía de manifiesto que la mitad de los nuevos puestos de trabajo en ese país fueron creados por nuevas empresas, tuvo un enorme eco entre políticos de todos los colores.
La base teórica que permite establecer la relación entre emprendimiento y crecimiento económico es provista por las nuevas teorías de la evolución de la industria de Jovanovic (1982). Frente a los que sugerían que los emprendedores retardaban la actividad económica (eran menos eficientes y estaban fuera de la actividad innovadora por falta de recursos), Jovanovic sugiere exactamente lo contrario: el emprendimiento estimula y genera crecimiento. La iniciativa emprendedora se convierte, por tanto, en el vehículo por el cual las ideas, en muchas ocasiones, son implementadas (Audretsch, 2002). La explicación que dan a este empoderamiento del entrepreneurship tiene su base en la globalización que ha hecho migrar la ventaja competitiva hacia actividades basadas en el conocimiento. Los cambios tecnológicos han reducido el papel de las economías de escala, aumentado la competencia en los mercados y mejorado la capacitación de los agentes económicos, lo que ha beneficiado a las nuevas empresas.
 Las políticas públicas. La demostración de la positiva relación de la actividad emprendedora con el empleo, el crecimiento, la productividad, la innovación y la cohesión social ha hecho que gobiernos de toda ideología impulsaran esta figura con diferentes políticas. Las primeras actuaciones se sitúan en los Estados Unidos de América con las leyes anti trust que no estuvieron motivadas únicamente por la preocupación del gobierno federal de evitar comportamientos abusivos de la gran empresa sobre los consumidores, sino también sobre los pequeños negocios. En este sentido, la ley Sherman de 1890, que prohibía la concentración empresarial bajo la forma de trust, es considerada la primera norma a favor de los emprendedores.
Aunque son muchas las actuaciones públicas que se desarrollan a partir de ese momento en todo el mundo, especialmente después de la segunda guerra mundial, hay un hito en la política pública de estímulo empresarial al crearse en Estados Unidos en 1982 un nuevo instrumento que facilitaría específicamente el surgimiento de empresas tecnológicas: Small Business Innovation Research Program (SBIR). Este programa obligaba a las principales agencias federales de I+D a destinar una parte de su presupuesto de investigación a la financiación de pequeñas empresas innovadoras. Tuvo un gran éxito en la financiación de proyectos innovadores, estando detrás del surgimiento de empresas como Intel, Apple o Compaq.
Otra política pública que merece ser mencionada es el Programa Yozma (1993) de Israel. Esta iniciativa tenía por objetivo desarrollar un sector del capital riesgo orientado hacia startups de alto componente tecnológico. A tal efecto, la administración destinó cien millones de dólares para la constitución de diez fondos de capital riesgo en los que participarían también inversores privados, ascendiendo su aportación hasta el 60% de la cuantía total. El programa logró atraer a importantes vehículos financieros internacionales, interesados no solo por la posibilidad de invertir en proyectos de gran potencial, sino también por la opción de adquirir, al término de cinco años, la participación pública en los mismos a un precio fijado de antemano.
La crisis global de 2008 marca un impulso en esta intervención pública, vista por los gobiernos como una eficaz estrategia de estímulo. En el campo de la eliminación de trabas fiscales y administrativas, destaca la Ley del Autoemprendedor de Francia de 2008, que crea una nueva forma mercantil con un régimen de IVA y de seguridad social específicos para las nuevas empresas. En cuanto a España se han multiplicado las iniciativas que se dirigen a los nuevos empresarios, destacándose la Ley de apoyo a los emprendedores del año 2013. Latinoamérica no se ha quedado atrás y numerosos países han impulsado en los dos últimos años legislaciones a favor de los emprendedores como Argentina, México, República Dominicana o Guatemala.
Conviene destacar que el apoyo a los emprendedores está desbordando lo público para llegar a las grandes empresas. El emprendimiento corporativo, también conocido como intraemprendimiento o incluso innovación abierta, se ha convertido en los últimos cinco años en una de las estrategias más habituales de las grandes empresas. Buscan adoptar el modelo de éxito de innovación de las startups y para ello han empezado a trabajar con ellas y/o convertir a los trabajadores en emprendedores (Ortega et Al., 2017).

1.2. La importancia de la atracción del talento

Estado del arte. Las políticas públicas objeto de este artículo encuentran su sustento teórico en la literatura económica en  favor del libre comercio, desde las primeras teorías (Smith,1776; Ricardo 1817) hasta las contemporáneas (Krugman, 1980; Porter; 1990). Muy cercana a esa defensa del comercio siempre ha estado la  libre circulación de personas. Desde el surgimiento de las primeras universidades, los científicos e intelectuales se han desplazado por todo el mundo. Como señalan Meyer et al. (1998), el "nomadismo científico" es un fenómeno común en la comunidad de científicos e ingenieros. Richard Florida ha actualizado este nomadismo con su teoría de las clases creativas (2002). Para el profesor estadounidense las áreas metropolitanas con alta concentración de trabajadores de tecnología punta se asocian con un nivel elevado de desarrollo económico. Florida postula que esas clases creativas urbanas fomentan un entorno personal y profesional abierto y dinámico que actúa como un polo de atracción de talento, empresas y capital. Sugiere que las políticas de fomento económico han de centrarse en  atraer y retener talentos de alta calidad.
Políticas públicas. Los acuerdos de Bretton Woods de 1944 no solo fijaron un nuevo orden económico mundial para el periodo posterior a la segunda guerra mundial con la creación del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional sino que también fueron el germen de una institución mundial que fomentase el libre comercio, organización que se creó en 1948 con el nombre de GATT. Este acuerdo se refundó en 1995 con la Organización Mundial del Comercio teniendo como misión propiciar la libertad de comercio no solo en los bienes sino también en los servicios y en la propiedad industrial y científica
Unos años antes en 1992, los países miembros de la zona de libre comercio europea denominada CEE (Comunidad Económica Europea), firman el Tratado de Maastrich en el cual el derecho de las personas a circular y residir libremente en la Unión Europea constituye la piedra angular más allá de las consideraciones clásicas de carácter comercial.
Muy cerca en el tiempo y en el espacio de la reunión de Bretton Woods, un senador americano de apellido Fullbright convenció al Departamento de Estado para proporcionar fondos para que los mejores expedientes europeos estudiasen, investigaran o ejercieran como docentes en Estados Unidos . El alcance inicial de estas ayudas que nacen en 1948 se centró en Europa para evitar nuevas contiendas por la vía de los lazos afectivos, pero hoy el programa funciona en todo el mundo con el nombre de becas Fullbright. Este sistema ha sido implantado por multitud de países buscando la atracción de los mejores profesionales generalmente en el ámbito científico y universitario (especialmente para luchar contra la conocida "fuga de cerebros" bautizada así en 1963 por la Royal Society ante la emigración de profesionales ingleses hacia América).
………………………………………………………………………………………….
Por último, la madurez y democratización del acceso a la tecnología han hecho posibles nuevas y eficaces políticas que hibridan los dos conceptos descritos anteriormente, emprendimiento y circulación de talento. Esas nuevas políticas se caracterizan por tener en cuenta la movilidad internacional del talento emprendedor, estar dirigidas a proyectos empresariales de fuerte componente innovador y tender puentes de colaboración con el sector privado. Esta reinvención de las actuaciones de apoyo a los emprendedores se explica en  detalle en el apartado 2.

Jovanovic (1982)

Startup Chile (2010)



Tabla 1: Comparación entre emprendimiento y libre circulación de talento

Emprendimiento
Circulación  de talento

Primeros autores

Cantillon (1755)
Marshall (1890)

Smith (1776)
Ricardo (1817)

Autores modernos

Baumol (1968)
Birch (1979)

Porter (1990)
Florida (2002)

Antecedentes de las políticas

Leyes anti trust (s.XIX)

Libertad de cátedra universitaria (s.XIV)

Primeras políticas

Small Business Act (1953)

Becas Fullbright (1948)

Políticas más importantes

SBIR (1982)

Tratado de Maastrich (1992)

Base conceptual del auge de las políticas

Políticas contemporáneas

Estatuto francés del emprendedor (2008)

Canadá VISA (2012)

Políticas atracción talento emprendedor




Fuente: Elaboración propia


2.      Las nuevas políticas de atracción del talento emprendedor
2.1. El impacto de la atracción del talento emprendedor

Existe abundante literatura económica que demuestra el impacto positivo de la atracción de emprendedores extranjeros sobre la economía y el tejido empresarial.  En particular, dicho impacto se traduce en la introducción de modelos de negocio de carácter innovador, en la generación de nuevos nichos de empleo y, con carácter general, en un aumento de las capacidades empresariales (Borgas, G. 1986; Wadhwa V. et Al, 2007; Hunt, J., 2011; Ribeiro-Soriano & Mas Verdú, 2015). Además, existe evidencia de la mayor predisposición de los extranjeros en comparación con los nacionales a llevar a cabo nuevas actividades empresariales, tal y como demuestran estudios realizados por la la OCDE (2012), qué también concluyó que los emprendedores foráneos crean entre 1,4 y 2,1 empleos más que los locales. Los emprendedores extranjeros también han probado ser un posible contrapeso contra el declive demográfico así como el económico – por su capacidad de aceleración del proceso, que como hemos visto Schumpeter bautizó como “destrucción creativa”.

En Estados Unidos es precisamente donde el impacto positivo que los emprendedores foráneos pueden ejercer sobre una economía se ha manifestado con mayor intensidad. Se estima que más de la mitad (44 de 87) de las empresas estadounidenses con una valoración superior a los 1.000 millones de dólares fueron fundadas por inmigrantes. El valor conjunto de estas compañías es de 168.000 millones de dólares, volumen superior a la capitalización bursátil de los valores cotizados en México o Rusia. Por poner algunos ejemplos destacados, el ruso Sergey Brin es uno de los fundadores de Google, el francés Pierre Omidyar de Ebay o el canadiente Garrett Camp de Uber. Otras empresas americanas que se han convertido en multinacionales líderes en sus sectores de actividad también tuvieron entre sus fundadores a no estadounidenses, como es el caso de Procter & Gamble, Dupont, Colgate o Pfizer.  El talento emprendedor extranjero fluye de forma natural hacia Estados Unidos debido a los evidentes factores de atractivo: abundancia de capital de riesgo, talento tecnológico y técnico de primer nivel, un elevado número de startups con gran potencial de crecimiento, un clima empresarial altamente business friendly y centros de educación superior y de investigación de excelencia. No en vano entre los veinte ecosistemas de emprendimiento más competitivos del mundo se sitúan siete localizaciones/ciudades estadounidenses: Silicon Valley, Nueva York, Boston, Los Ángeles, Seattle, Austin y Chicago.
2.2. El antecedente: los visados para los emprendedores
En los últimos años distintos gobiernos han incorporado la captación de talento en sus agendas y puesto en marcha iniciativas para fomentar su atracción. Una de las más extendidas ha sido el establecimiento de condiciones especiales en la concesión de visados para emprendedores que solicitan la entrada al país para llevar a cabo una actividad empresarial, lo que ha desembocado en la creación de visados específicos para la actividad emprendedora. Ya a finales de los años 60 del siglo pasado países como Canadá y Australia establecieron sus primeros programas específicos de atracción de emprendedores, pero lo novedoso es la extensión alcanzada por esta figura en los últimos años. Aunque no existen estadísticas oficiales al respecto, a finales de 2015 al menos trece países contaban con esquemas de visados específicos para emprendedores extranjeros (Australia, Canadá, Chile, Dinamarca, España, Estados Unidos, Francia, Italia, Irlanda, Nueva Zelanda, Países Bajos, Reino Unido y Singapur).

Las diferencias fundamentales en el diseño de los visados para emprendedores entre unos países y otros residen en la obligatoriedad de un volumen determinado de inversión y de creación de puestos de trabajo, y en la duración del permiso de residencia y la concesión de la residencia permanente, entre otros. Además algunos países establecen cuotas en el número de emprendedores extranjeros que buscan atraer cada año[1]. La tendencia generalizada en los últimos años a nivel internacional ha sido suavizar las condiciones exigidas a los emprendedores para la concesión del visado. No obstante, el auge del proteccionismo en Estados Unidos y en Europa podría revertir esta tendencia, como ya ha sucedido en el caso de la Administración Trump, con un  endurecimiento de las condiciones de entrada,.


2.3. Nacimiento y extensión de los Programas atracción talento emprendedor extranjero (PATEX) [2]

Aunque un emprendedor extranjero obtenga el visado para desplazarse a emprender a otro país, los obstáculos que sigue encontrando son relevantes, y superiores a los que encuentran los emprendedores nacionales. Por ejemplo, existen importantes restricciones de acceso a financiación derivadas del desconocimiento de las alternativas financieras en el país de destino o de la falta de historial crediticio o de colateral (Fairlie, RW. 2013; Vincenza, M. 2014). Otra importante barrera de entrada es la escasa familiaridad con el entorno jurídico y regulatorio local, y con los aspectos formales e informales asociados a “hacer negocios”. La ausencia de una red de contactos entre posibles proveedores, distribuidores o clientes, además del mayor riesgo percibido del emprendedor extranjero por parte de éstos, son otros obstáculos habituales.

En este contexto y con el objetivo de contribuir a reducir estas barreras, así como de incrementar la oferta-país para los emprendedores extranjeros, algunos países han ido más allá de la puesta en marcha de visados para la atracción de talento emprendedor. En concreto han diseñado programas más completos y ambiciosos basados en la provisión de un conjunto de servicios de soft landing[3] de alto valor añadido a un número determinado de emprendedores o startups extranjeras. Estos programas de atracción del talento emprendedor extranjero son conocidos también por su acrónimo PATEX.

En los PATEX, a través de un concurso público en concurrencia competitiva, a un número determinado de emprendedores o startups extranjeras ganadoras, se les ofrece servicios de tramitación/concesión de visados, provisión de espacios de trabajo, asesoramiento para el proceso de establecimiento empresarial, asesoramiento enfocado al negocio o apertura a redes de contactos en el mercado local. Además acostumbran a conceder un incentivo financiero, bien no reembolsable o a cambio de una participación en el capital de la nueva empresa constituida. Desde la perspectiva de la política pública los programas PATEX, además de las ventajas asociadas a la introducción en el tejido productivo local de empresas innovadoras y lo que ello supone en aceleración del proceso de “destrucción creativa”, cuentan con la ventaja de contribuir a la percepción de la imagen de país abierto al emprendimiento y la innovación en el exterior, además de generar deal flow[4] hacia el país promotor del programa. También permiten adaptar el programa a las necesidades o prioridades del país a través de la convocatoria. A su vez el proceso de selección puede orientarse hacia un determinado sector o tipo de empresa que favorezca incluso a un determinado colectivo.

El diseño y puesta en marcha de este tipo de programas es un fenómeno reciente y que se ha implementado en un hasta ahora reducido grupo de países, impulsado principalmente por instituciones y administraciones públicas, pero en el que también se ha involucrado el sector privado. En la Unión Europea, países como Reino Unido, Francia y España ya han puesto en marcha programas PATEX. En Reino Unido, el programa Sirius[5] es una iniciativa creada en 2013 por el Department of International Trade (DIT), antiguo UK Trade and Investment (UKTI), a la que se han sumado diversas iniciativas británica de apoyo al emprendimiento. El programa ofrece a un equipo de hasta tres miembros (uno de los cuáles debe proceder de fuera del Reino Unido) una ayuda de 35.000 libras en financiación semilla y un conjunto de servicios valorados en 20.000 libras, que incluye espacio de trabajo y asesoramiento en una de las doce incubadoras colaboradoras del programa. A cambio Sirius exige un diez por ciento de la propiedad de los proyectos ganadores. El foco del programa son los recién graduados – hasta dos años máximo desde la finalización de los estudios superiores - y los proyectos en fase principalmente embrionaria. Hasta el momento el programa ha logrado atraer 2.300 emprendedores procedentes de noventa y tres países al Reino Unido, que han creado setenta y tres nuevas empresas.

En Francia se ha puesto en marcha en 2015 el French Tech Ticket[6], el programa más ambicioso de los existentes actualmente en Europa tanto por su impacto esperado, como por su dotación presupuestaria y el número de instituciones públicas involucradas en la iniciativa (Ministerio de Economía, Industria y Sector Digital, el Ministerio de Interior, el Ministerio de Asuntos Exteriores y Desarrollo Internacional, además de diversas agencias públicas como Business France o el ayuntamiento de París). Los servicios ofrecidos en el paquete de landing a las startups ganadoras incluyen 45.000 euros por empresa, fast-track para la obtención del permiso de residencia, un programa de aceleración y doce meses de espacio de trabajo en una de las cuarenta y una incubadoras colaboradoras a lo largo de toda Francia. En la primera edición del French Tech Ticket correspondiente al periodo 2015-2016 se seleccionaron a veintitrés startups entre 722 candidatas de más de cien países, y en la segunda edición correspondiente al periodo 2017-2018 el programa se ampliará a setenta ganadoras.

Del mismo modo, en España se ha lanzado en 2016 un programa de atracción de talento emprendedor bajo el nombre de Spain Rising Startup, impulsado por la institución pública España Exportación e Inversiones (ICEX), y que cuenta con la colaboración de los ayuntamientos de Madrid y Barcelona ydel programa Open Future de Telefónica a través de su aceleradora Wayra. La iniciativa ofrece a un máximo de quince startups ganadoras servicios de tramitación de visados, espacio de trabajo en las dos ciudades mencionadas, una contribución económica no reembolsable de diez mil euros y servicios de asesoramiento adaptados a las necesidades de la empresa. El programa Spain Rising Startup está enfocado a startups que presenten cierta madurez y que tengan una respuesta del mercado positiva en su país de origen (facturación o clientes).

En América Latina, Puerto Rico ha puesto en marcha una iniciativa llamada Parallel18[7], y que tiene como objetivo atraer startups al país para que hagan de este su plataforma para operar globalmente, especialmente hacia Estados Unidos. Parallel18 ofrece cinco meses del programa de aceleración a ochenta startups ganadoras, y una contribución financiera de 40.000 dólares. El aspecto diferencial de este programa es la introducción de la obligatoriedad a los emprendedores de establecer vínculos con universidades y centros educativos locales y realizar actividades de mentorización de alumnos. Otra experiencia latinoamericana interesante es Brasil con el programa SEED[8] (Startups and Entrepreneurship Ecosystem Development), una de las escasas iniciativas PATEX puestas en marcha por gobiernos regionales[9], concretamente por el gobierno estatal de Minas Gerais, y que fue creado igualmente para atraer talento emprendedor extranjero a este estado brasileño. El programa SEED selecciona los cuarenta mejores proyectos empresariales de base innovadora, que reciben entre 68.000 y 80.000 reales (entre 20.000 y 25.000 euros) en capital semilla. Además, se ofrece un periodo de estancia de 6 meses en los que los proyectos serán apoyados para mejorar sus capacidades e impacto en el territorio.

En Asia un ejemplo destacado es Corea del Sur, país en el cual el gobierno ha puesto en marcha el programa K-Startup Grand Challenge,[10] cuyo objetivo es atraer a startups extranjeras para que utilicen el país como puerta de entrada y base operativa para abordar el mercado asiático. La iniciativa parte del Ministry of Science, ICT and Future Planning, de la National IT Industry Promotion Agency y otras instituciones públicas, y cuenta con el patrocinio de los grandes conglomerados industriales locales (chaebol) como Samsung, Hyundai o LG. El programa selecciona los veinte mejores proyectos a los que ofrece un incentivo financiero de veintisiete mil dólares, si bien a los cuatro con mejor desempeño disponen de un incentivo adicional que puede alcanzar los cien mil dólares. El K-Startup Grand Challenge ofrece servicios de visados, espacios de trabajo y aceleración, además de cubrir parte de los costes de alojamiento y vuelos derivados del desplazamiento a Corea del Sur de los emprendedores desde su país de origen. También, las startups tienen posibilidad de entrar en contacto y trabajar conjuntamente con los chaebol que patrocinan y participan en el programa. 

Por último, un elevado número de países de reducido tamaño y población no cuentan con programas específicos para atraer talento extranjero, pero en su afán de convertirse en nodos de emprendimiento global, los programas públicos de apoyo al emprendimiento – no solamente de visados sino también de financiación o de creación de empresas - tienen el foco y son muy utilizados por emprendedores extranjeros. Un ejemplo es Singapur[11], país donde el 39% de sus 5,3 millones de habitantes han nacido fuera de las sesenta y tres islas conforman el país, y que ha hecho de la atracción de talento extranjero uno de los pilares de su competitividad económica. En Singapur su competitivo entorno de negocios (ocupa la segunda posición en el informe Doing Business solamente por detrás de Nueva Zelanda), un completo sistema de incentivos y coinversiones en startups por parte del gobierno, y su cercanía a Asia actúan como catalizadores para convertirlo en un polo de atracción de emprendedores extranjeros.



2.4. Startup Chile: Un ejemplo de PATEX pionero[12]

En América Latina, el programa Startup Chile, puesto en marcha por el Gobierno de Sebastián Piñera en 2010, es actualmente el más completo que existe no solamente en su región sino en todo el mundo. El programa parte de la máxima autoridad del gobierno y está gestionado por Corfo[13] y ha evolucionado notablemente desde su creación, introduciendo mejoras y adaptaciones para maximizar el impacto de las startups participantes en la economía y el tejido empresarial chileno. En su formato actual Startup Chile ha especializado su oferta dependiendo del público objetivo y cuenta con tres programas diferenciados: The S Factory, Seed y Scale.

The S Factory está basado en proyectos en fase inicial y liderados por mujeres, y ofrece quince mil dólares en financiación y un programa de aceleración de cuatro meses. El programa Seed tiene como objetivo la aceleración de proyectos con un producto/servicio desarrollado y que estén validados por el mercado, y ofrece treinta mil dólares en financiación y un proceso de aceleración de seis meses. Por último, el Scale está dirigido a startups más maduras que estén en fase de escalamiento de su modelo empresarial, y ofrece hasta noventa mil dólares. Startup Chile va un paso por delante de otros programas PATEX, y además de los servicios de visados o asesoramiento, cuenta con otros servicios como por ejemplo un club de inversores compuesto por noventa inversores privados y fondos de venture capital para facilitar su entrada en el capital de las startups que forman parte del programa.

Startup Chile también es el programa que ha sido más evaluado – tanto interna como externamente – y que ha desarrollado diferentes métricas para medir su desempeño: a finales de 2016 las startups que habían formado parte del programa sumaban una valoración conjunta de 1.350 millones de dólares y habían levantado 420 millones de dólares de capital, multiplicando por diez lo invertido por Corfo a través del programa, y creado 1.562 puestos de trabajo en Chile.

CONCLUSIONES

Las políticas públicas para los emprendedores acumulan más de cien años de prácticas, además en lo que llevamos de siglo se han convertido en uno de los recursos más usados por gobiernos en todo el mundo para propiciar desarrollo económico. Sin la madurez de estas políticas nunca hubiera sido posible el surgimiento de una actuación tan sofisticada como los PATEX y su rápida extensión por muchos países como hemos visto en el artículo.

Estos programas no solo han hibridado las actuaciones a favor de los emprendedores y la atracción de talento sino que han incorporado la colaboración pública-privada. Los PATEX también marcan la tendencia del futuro de las políticas públicas de emprendimiento como es el caso del emprendimiento corporativo puesto en marcha por muchas grandes empresas en todo el mundo con el apoyo del ecosistema emprendedor local (en el que lo público tiene y seguirá teniendo un papel clave).

A pesar de lo anterior es preciso seguir actuando a favor de los emprendedores porque persisten muchos fallos de mercado -como la ausencia de financiación- y fallos públicos –la excesiva burocracia por ejemplo- que impiden que las nuevas empresas puedan aportar todo su potencial a favor del desarrollo económico y social de los territorios.

El momento actual caracterizado por un auge del proteccionismo amenaza con revertir el camino andado en la apertura de fronteras al talento internacional. En este contexto los PATEX cobran una mayor importancia como herramienta de política pública que puede ejercer de contrapeso a esta tendencia para continuar potenciando y ampliando la movilidad internacional del talento emprendedor.

De cara al futuro persisten importantes retos. Los policymakers necesitan poner en valor este tipo de programas tanto dentro de la Administración como ante distintos stakeholders implicados en la actividad empresarial y por ende el desarrollo económico. Además los programas deben continuar avanzando y especializándose – por ejemplo verticalizándose sectorialmente - para adaptarse a las necesidades de las startups extranjeras y optimizar el proceso de solf landing de las mismas. Por su parte, la academia deberá incorporar el análisis y la evaluación de este tipo de programas a la investigación económica, desarrollando métricas que permiten una mejor comprensión del impacto generado por los PATEX  en términos de generación de riqueza, empleo e innovación.




[1] Por ejemplo, el Gobierno canadiense concede únicamente 2.750 visados para emprendedores y el Gobierno de Nueva Zelanda solamente concede 400 Global Impact Visa por año
[2] La lista de programas de atracción de talento emprendedor extranjero (PATEX) mencionados en el artículo no es exhaustiva, sino que pretende reflejar ejemplos destacados implementados por distintos gobiernos.
[3] Anglicismo usado en el mundo de los negocios para referirse a la instalación de una empresa extranjera en un país sin apenas problemas.
[4]  Anglicismo usado en el mundo del capital riesgo para referirse a la cartera de empresas susceptibles de ser invertidas por su atractivo.
[9] En España el Gobierno Vasco lanzó en 2016 un programa para atraer emprendedores de la industria 4.0 con el nombre BIND4.0
[11] Las iniciativas públicas del Gobierno de Singapur de apoyo a las startups se engloban en el programa Startup SG, y pueden ser consultadas aquí: https://www.spring.gov.sg/Nurturing-Startups/Pages/nurturing-startups-overview.aspx
[12] Los autores agradecen los valiosos comentarios y aportaciones de Sebastián Díaz, Director de Marketing y Comunicación de Startup Chile

[13] Corporación de Fomento de la Producción (Corfo) es la agencia del Gobierno de Chile dependiente del Ministerio de Economía, Fomento y Turismo a cargo de apoyar el emprendimiento, la innovación y la competitividad.