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lunes, 30 de enero de 2023

Policrisis en España

(este artículo se publicó originalmente en el periódico La Información el día 29 de enero de 2023)

Las palabras se ponen de moda. Un día te encuentras en un informe un término que no recuerdas haber oído nunca y a partir de ahí empieza a aparecer en todo lo que lees. Los economistas devoramos análisis de coyuntura y mucha prospectiva. Artículos, estudios, notas técnicas de universidades, analistas o think tanks y en todos se repite estos días un neologismo: policrisis.

En otoño del pasado año, el que fue secretario del Tesoro en la administración Clinton, Larry Summers preguntado por la situación económica afirmó que no podía recordar un momento con tantas crisis superpuestas. La galopante inflación, el endurecimiento de la política monetaria, el shock energético, la invasión rusa de Ucrania, el enfriamiento de la economía china y las tensiones geopolíticas. Y suscribió la tesis del profesor de la Universidad de Columbia, Adam Tooze que en un artículo en Financial Times en octubre de 2022 hablaba de policrisis, como el concepto que mejor resume el momento que vivimos.

La sucesión de una serie de riesgos interrelacionados que pueden llegar a retroalimentarse provoca una crisis inédita o policrisis, cuyas consecuencias son además impredecibles. En esta edición de Davos ha sido la palabra más repetida en los discursos, en concreto, un informe firmado por el Foro Económico Mundial habla de una “policrisis inminente” que afectará a todo el planeta y que se producirá por la combinación de factores como el cambio climático, la inflación subyacente, la polarización, las tensiones geoeconómicas y la crisis de materias primas. La lista de riesgos interrelacionados incluye la guerra de Ucrania y el cibercrimen.

Una aplicación del buscador Google te permite conocer la popularidad que tiene una palabra o lo que es lo mismo cuánta gente la teclea para encontrarla en la red. En el caso de policrisis hoy su popularidad en el mundo tiene 100 puntos, la máxima. Lo curioso es que a lo largo de los últimos años ha estado en cero o como mucho en diez puntos, salvo los 40 puntos que alcanzó el pasado año coincidiendo con su aparición en la conocida como biblia del periodismo económico. La página web también permite obtener la información por países. En España, según Google, no hay datos porque a nadie le interesa este término.  Es decir que en todo el planeta estamos preocupados por saber qué significa policrisis, por conocer porqué vivimos un tiempo caracterizado por múltiples crisis globales que se desarrollan al mismo tiempo en una escala sin precedentes, pero en España a nadie le interesa.

Aquí vivimos una realidad paralela. Una suerte de alucinación colectiva auspiciada por el gobierno que ha trasladado que estamos en una situación económica muy favorable. Los medios oficiales lo cuentan, los ministros lo repiten y el presidente Pedro Sánchez en su intensa agenda internacional lo recita de carrerilla. Disfrutamos de los mejores precios de la energía, somos los que más energía verde tenemos, al mismo gozamos de la menor tasa de inflación de Europa, crecemos más que nadie y el empleo no deja de darnos alegrías, bien sea con los datos de la EPA o de la afiliación a la Seguridad Social.

Parecería como si un inhibidor de frecuencia situado en los Pirineos estuviera evitando que a nuestro país llegasen las malas noticias ante la cercanía de las elecciones. Pero que nadie busque policrisis en el ordenador no significa que no tengamos una policrisis española.

El encarecimiento en casi un 50% en dos años de la cesta de la compra; la factura de la luz y de la gasolina enquistada en precios inasumibles; el desempleo que no baja de los tres millones de hogares; la creación de empleo solo para puestos a tiempo parcial y fijos discontinuos; las hipotecas que han subido de media casi 200 euros al mes; la presión fiscal a los creadores de empleo en máximos; el gasto público por encima del de países ricos como Alemania o Suecia; los alquileres inalcanzables por no hablar de los cientos de miles de jóvenes y seniors que han tirado la toalla de poder trabajar algún día fuera de la economía sumergida o el medio millón de pluriempleados por la emergencia económica.

Pero los economistas no han sido los que acuñaron la palabra policrisis. Parece ser que fue usada por primera vez a fines de la década de 1990 por dos sociólogos franceses Morin y Kern, quienes lo emplearon para describir crisis sociales entrelazadas y superpuestas. Y en España algunas de esas situaciones sociales tambien tenemos aunque no se hable de ellas en los medios oficiales. La inmigración, el nacionalismo radical, la pobreza sistémica, el fracaso escolar, la deslegitimación del empresario, el populismo o la cultura del subsidio. Crisis sociales y económicas muy españolas, pero mal que le pese a alguno, también son policrisis.

Iñaki Ortega es doctor en economía en la Universidad de Internet (UNIR) y LLYC

sábado, 6 de marzo de 2021

¡La pyme ha muerto! ¡Viva la pyme!

 

(este artículo se publicó originalmente en el diario La Información el día 28 de febrero de 2021)


La expresión ¡El Rey ha muerto! ¡Viva el Rey! simboliza la continuidad de esa institución y se utiliza en casi todas las realezas. La frase aparentemente contradictoria busca llamar la atención anunciando al mismo tiempo la muerte del monarca y asegurando la continuidad vitoreando al nuevo. Nace en el idioma de la nobleza, el francés, Le roi est mort, vive le roi, para luego traducirse al inglés con The King is dead, Long Live the KIng y llegar a nuestros días en castellano con el popular Rey muerto, rey puesto. Su origen se remonta a la Francia del siglo XIII en la que al fallecer Enrique III se quiso evitar un periodo sin claro sucesor por la inestabilidad que ello podría causar.

La figura literaria usada en este ritual, epanadiplosis o repetición de una palabra al principio y final de una oración nos sirve para describir la situación actual de la economía española. Si las pequeñas y medianas empresas en nuestro país mueren supondrá -como con los reyes en la Francia de las Cruzadas- una amenaza real de inestabilidad. Es imprescindible recordar que las pymes representan el 99% del tejido productivo y el 66% del empleo en España. Son todas esas empresas con menos de 250 trabajadores y una facturación anual inferior a 50 millones de euros. Pero si ponemos la lupa veremos que algo más, 9 de cada 10 pymes son micropymes, es decir que tienen menos de nueve trabajadores. Es decir, casi todos los negocios que conocemos son de un tamaño mínimo.  España, de hecho, es uno de los países de la Unión Europea con menor dimensión empresarial, nuestro tejido está formada principalmente por microempresas como demuestra el dato que el empleo medio por empresas son dos trabajadores. Antes de que nos comencemos a fustigar por ello, hay que destacar que su contribución a la generación de empleo empresarial está en la línea de la media comunitaria. Las cifras económicas, tan frías, nos impiden ver que detrás de ellas hay una mujer o un hombre que vive de ello a la vez que forma parte del principal puntal del desarrollo económico español. En cualquier actividad que se desarrolle en nuestro país encontramos un pequeño empresario o un trabajador autónomo. Vertebran el país porque están en todos los sectores, en cada pueblo, ciudad y comunidad autónoma. Sin ellos nada hubiera sido posible en España y nada lo será en el futuro. Pero por alguna razón en el imaginario popular sigue estando que solo eres un gran país si tienes grandes empresas cuando la realidad es que la fuerza sistémica de cientos de miles de pymes ha construido y construirá las grandes economías del mundo.

2020, con la crisis de la covid19, ha sido el peor año que se recuerda en la historia reciente para un pequeño empresario. Por suerte desde marzo del año no han sido pocas las herramientas para salvar el tejido económico, desde el plan europeo SURE que ha hecho posible financiar los ERTEs y la financiación del ICO, pasando por las rebajas fiscales que han promovido administraciones con visión de futuro. Tras meses de peticiones agónicas y casi en la antesala de la muerte de muchas miles de empresas, el presidente del Gobierno ha anunciado estos días un plan de ayudas, que por desgracia no ha sabido concretar la vicepresidenta del ramo, Nadia Calviño.  En cualquier caso, se precisa un nuevo marco para que las pymes puedan sobrevivir y como recientemente ha afirmado el Rey Felipe VI en la entrega de los premios de la pyme española “serán más fuertes y sólidas, y con una mayor capacidad para crecer y ganar posiciones en mercados altamente competitivos, lo que a su vez permitirá crear empleo estable y de mayor cualificación. De este modo, también podrán aumentar sus exportaciones e invertir más en innovación, ser más productivas y estables y afrontar mejor las variaciones del ciclo económico. En definitiva, unas empresas que ganarán el futuro con los valores y el espíritu de superación que siempre las han caracterizado”

Con la frase ¡El Rey ha muerto! ¡Viva el Rey!  Se pretendía evitar la peligrosa situación política de los interregnos, pero también expresar la confianza en la continuidad del papel de esa institución. Por eso hoy debemos gritar lo mismo para las pymes. CEPYME en su barómetro nos alerte de que la mitad de las pequeñas empresas ve en riesgo su supervivencia fruto de la pandemia lo que nos llevaría a la peor de las catástrofes. A la vez hemos de dar vivas por ellas. Pedir todas las ayudas, los mejores planes, el mayor consenso para que las pymes vivan y de paso también sobreviva nuestra sociedad del bienestar.

 

Iñaki Ortega es director Deusto Business School y profesor de la UNIR