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lunes, 27 de enero de 2020

Davos

(este artículo se publicó originalmente el día 27 de enero de 2020 en el periódico 20 Minutos)

Davos

Igual no sabes qué es eso de Davos. Algo habrás escuchado o leído estos días pero de ahí a saber que es una localidad alpina, hay un trecho. Davos, en los Alpes,  fue durante los dos últimos siglos una afamada ciudad-balneario gracias a un clima propicio para curar enfermedades como la tuberculosis. Hoy la comuna de Davos situada en la parte oriental de Suiza acoge durante todo el año a miles montañeros y esquiadores y dispone para ello de unas soberbias infraestructuras turísticas.

Igual tampoco sabes, aunque te puede sonar, que en enero, todos los años desde hace cinco décadas, se celebra un foro de empresarios e intelectuales propiciado por un profesor alemán, economista e ingeniero, de nombre Klaus Schwab. El encuentro ha alcanzado tal fama que las personalidades más poderosas del mundo, sin excepción, sean políticos, directivos o pensadores, han sido ponentes del foro de Davos que ha pasado a llamarse Foro Económico Mundial, WEF por sus siglas en inglés. Los informes que surgen del Foro marcan ese año la agenda mundial  por no hablar de la relevancia de los acuerdos, muchos no públicos, que se pergeñan esos días en Davos. 

Igual has estado despistado y no sabes que este año, la semana pasada, han asistido al Foro de Davos personas muy diversas y aparentemente irreconcialibles. El presidente de Estados Unidos, DonaldTrump y la niña sueca, la activista del clima más famosa del mundo, Greta Thunberg pero también los máximos ejecutivos de empresas que compiten sin miramientos como Google, Apple o MIcrosoft. Y hasta nuestro presidente Pedro Sanchez no quiso perderse la tribuna más codiciada del mundo, compartiéndola -esta vez sí- con el presidente encargado de Venezuela, Juan Guaidó, 

Igual, aunque es perdonable, no sepas que en esta edición del foro de Davos no se ha hablado de otra cosa que no sea de la llamada reinvención del capitalismo. Hace unos meses la asociación americana de empresarios (American Business Roundtable)  abogó por ua nueva forma de entender la gestión empresarial: menos afán por contentar a los accionistas con el dividendo y más por pensar en otros agentes de interés como son los trabajadores y las comunidades en las que actúan las grandes corporaciones. Aunque las estadísticas oficiales de las últimas décadas nos demuestran que la economía de mercado ha traído a los países que la han acogido, grandes avances en términos de riqueza, empleo y bienestar social, ahora se antoja imprescindible dar un paso más. La crisis del 2008 trajo una brecha social que no se cierra por más que pasen los años y los asistentes al Foro Económico Mundial han concluido que urge una actividad concertada de empresas e instituciones para evitar que nadie se quede atrás. Bajo las siglas ESG (enviroment, social and gobernance) se resume una nueva gestión empresarial que piensa en el clima, apuesta por la diversidad, lucha contra la corrupción, defiende los derechos de los trabajadores y garantizará que las empresas sigan siendo herramientas para el bien común.

Y eso aunque igual no lo sabes todavía, lo hablado en ese recóndito lugar de Suiza será bueno para ti.

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR (Universidad Internacional de La Rioja)

lunes, 28 de enero de 2019

Davos pide a gritos una nueva educación

(este artículo se publicó originalmente el día 28 de enero de 2019 en el diario La Información en la columna #serendipias)

Un enero más Davos se ha convertido por unos días en la capital del mundo. La reunión anual del Foro Económico Mundial - y ya van 28 años- ha convocado a jefes de estado, presidentes de grandes corporaciones y los expertos con las mentes más privilegiadas. El tema más comentado este año ha sido como luchar contra las crecientes desigualdades en el mundo; los objetivos de desarrollo sostenible de la ONU han estado en boca de todos los ponentes, pero también la propia organización ha querido darle todo el protagonismo con paneles y stands dedicados a los ODS en los diferentes espacios del foro. Además, los informes presentados estos días también han coincidido en señalar que la cuarta revolución industrial -tan pregonada por el fundador del WEF, el profesor Klaus Schwab- ha de venir acompañada de actuaciones para que no solo las grandes corporaciones se beneficien de ella sino también trabajadores de todo el mundo que ven amenazados sus empleos y por ende las sociedades en las que viven que asisten impertérritas al crecimiento del populismo fruto de ese descontento.

Uno de esos objetivos de Naciones Unidas es la educación de calidad que en uno de esos estudios presentados en Suiza ha sido rebautizada como re-training. Volver a educarse o formación continua será una de las claves para conseguir frenar las desigualdades y socializar las externalidades positivas de la cuarta revolución industrial.

Para el filósofo José Antonio Marina vivimos en una «sociedad del aprendizaje» regida por una ley impecable: «Para sobrevivir, las personas, las empresas y las instituciones deben aprender al menos a la misma velocidad con la que cambia el entorno; además, si quieren progresar, habrán de hacerlo a más velocidad». Es por ello por lo que muchos autores, entre ellos Jeffrey Selingo, defienden que estamos viviendo la tercera revolución de la educación. La primera ola, a principios del siglo pasado, tuvo que ver con la llegada de la enseñanza obligatoria que propició una educación masiva que brindó una capacitación para la vida a millones de personas en todo el mundo. Por ejemplo, en 1910, sólo el 9 por ciento de los jóvenes estadounidenses obtuvieron un diploma de escuela secundaria, en 1935 eran ya el 40 por ciento. La segunda revolución surgió en el último tercio del siglo XX en Estados Unidos, pero también en otros países como España (en este caso a raíz de la llegada de la democracia y la «universidad para todos»). En el año 1965 se matricularon en primer curso 75.000 personas en España, que han pasado a ser 1,5 millones en la actualidad. En 1970, en Estados Unidos había sólo 8 millones de universitarios matriculados y hoy día superan los 20 millones.

Ahora, debido al fenómeno de la longevidad, pero también a las exigencias de la evolución tecnológica y su impacto en el mundo del trabajo, estamos en la tercera gran revolución de la educación. El nivel de preparación que funcionó en las dos primeras oleadas no parece suficiente en la economía del siglo XXI. En cambio, esta tercera ola estará marcada por la formación a lo largo de la vida para poder mantenerse al día en una profesión y adquirir habilidades para los nuevos trabajos que llegarán. Gartner pronostica, por ejemplo, que la inteligencia artificial destruirá en los próximos cuatro años 1,8 millones de empleos a nivel global, pero generará 2,3 millones de nuevos puestos de trabajo. Es probable que los trabajadores consuman este aprendizaje de por vida cuando lo necesiten y a corto plazo, en lugar de durante largos períodos como lo hacen ahora, que cuesta meses o años completar certificados y títulos. También, con esta tercera ola, vendrá un cambio en cómo los trabajadores perciben la formación, que es como una maldición por la que hay que pasar por exigencias de la empresa o, peor aún, algo a lo que se recurre tras un despido. Estamos entrando en una etapa en la que el re-entrenamiento será parte de la vida cotidiana puesto que con vidas laborales tan largas y variadas, reinventarse y volver a capacitarse será muy normal. Por ello nos tenemos que ir quitando de la cabeza la idea de que la formación y el mundo del trabajo son etapas de la vida o espejos de nuestra identidad.

Hasta ahora, uno no sólo estudiaba, sino que era un estudiante. Concluir la formación superior significaba acceder a la identidad adulta, marcada por la independencia económica. En los próximos lustros, será habitual volver con cuarenta, cincuenta o sesenta años a la universidad para estudiar un grado, programa o curso completamente diferente de la primera carrera. En general, el mundo laboral y el formativo estarán mucho más conectados: cruzar del uno al otro será bastante habitual. A su vez, la incertidumbre y la velocidad de los cambios tecnológicos exigirán planes de estudios flexibles, ya que lo que podría parecer un trabajo o habilidades de gran demanda hoy día podría no serlo para cuando alguien termine de capacitarse para un nuevo trabajo. Uno de los rasgos característicos de nuestra época es la aceleración del tiempo histórico. Todo sucede tan deprisa que, a menudo, cuando aún se está desarrollando una tecnología, ya ha aparecido la siguiente, que convierte la anterior en obsoleta. En este contexto de inmediatez, la educación, que por su propia naturaleza requiere planificación y tiempo, asume un gran reto. Los grados dobles, las titulaciones mixtas, los programas executive, blended, cursos de foco y experienciales, son algunas de las herramientas para obtener una formación de calidad, muy especializada y situar a los estudiantes de todas las edades ante problemas reales para que aprendan a tomar decisiones y solucionar problemas. Al respecto de estas nuevas habilidades que se requerirán, no todo será tecnología. La capacitación laboral deberá centrarse en varias disciplinas técnicas, pero también en las habilidades clave que la complementan, como la resolución de problemas, el trabajo en equipo, la comunicación y sobre todo la empatía. En definitiva, como afirmó esta semana pasada el astrónomo español Rafael Bachiller, solo será útil Davos (y nuestros gobiernos, digo yo) en cuanto se centren en lograr que la tecnología mediante la educación nos haga más humanos.

martes, 30 de octubre de 2018

De Madrid a Davos en Cabify

(este artículo se publicó originalemente el 29 de octubre de 2018 en el periódico La Información en la columna #serendipias)


Klaus Martin Schwab es un octogenario alemán desconocido para el gran público. El 2 de octubre visitó Madrid y los más importantes líderes de nuestro país le recibieron a pesar de que nadie le reconociese en el aeropuerto ni un sus paseos madrileños. Pero hasta el presidente del Gobierno Pedro Sánchez y los presidentes del PP y Ciudadanos, Pablo Casado y Albert Rivera se entrevistaron con él además de los más altos responsables de las principales empresas españolas. Schwab es tratado como un alto mandatario cada vez que visita un país aunque solamente sea un profesor basado en Suiza. La explicación reside en que este anciano a finales de los años sesenta, entonces recién doctorado como economista, promovió una serie de encuentros empresariales que dieron lugar, en 1971, a la creación del Foro Económico Mundial, WEF (World Economic Forum), por sus siglas en inglés. Desde entonces todos los años en la localidad suiza de Davos convocados por el viejo profesor acuden los personajes más poderosos pero también los más inspiradores del planeta. Schwab no solo creó un evento anual sino una organización que es capaz de atraer el mejor talento para producir documentos informes e índices de alta calidad sobre la economía, la empresa y las instituciones. El propio profesor ha dejado por escrito trascendentes reflexiones en el libro “La cuarta revolución industrial” (Editorial debate, 2016) que conviene releer estos días que tanto nos preocupa la coyuntura económica y el impacto de la tecnología en el futuro de nuestro país.

El profesor Schwab aprovechó su visita a Madrid para reunirse en la sede de Deusto Business School en Madrid con un grupo de jóvenes talentos que él mismo apadrina y que son conocidos en el WEF como global shapers. Tuve el honor de saludarle y escuchar cómo contaba a estos emprendedores millennials la historia del nacimiento del foro de Davos. Después de graduarse como ingeniero en Zúrich y economista en Friburgo fue contratado por la asociación de empresas alemanas de maquinaria e instalaciones para elaborar un informe. Los industriales alemanes querían saber en aquellos años sesenta qué estrategias debían acometer para mejorar su competitividad. El profesor puso negro sobre blanco en aquel informe que la respuesta no se la daría él sino los “agentes interesados” en sus empresas. Con ese concepto de agentes involucrados o interesados se refería a que los empresarios debían pensar más allá de sus intereses y los de sus accionistas para tener en cuenta la opinión de sus clientes, proveedores, competidores, trabajadores, medios de comunicación e instituciones públicas. La conclusión de su estudio para ese cluster alemán fue que era preciso organizar unas jornadas para juntar a todos esos “interesados”. Años más tarde este concepto se popularizó por el americano Freeman con el vocablo anglosajón stakeholders. Precisamente porque Schwab no buscó un interés académico sino uno más práctico optó por volcar todo su talento no en escribir la teoría de los “agentes interesados” sino en conseguir que los más importantes agentes pudiesen encontrarse y compartir experiencias una vez al año.

La tesis del fundador del Foro Económico Mundial sobre la trascendencia del momento actual se apoya en la conocida como cuarta revolución industrial que no se define solamente por un conjunto de tecnologías emergentes como el big data, la inteligencia artificial o el internet de las cosas. Va más allá porque impone una velocidad de cambio, alcance e impacto inédito en la historia de la civilización que modificará nuestra forma de vivir, trabajar y relacionarnos. Pero nada de esto sería posible si no hubiera habido una primera revolución industrial entre 1760 y 1830 con la introducción de las máquinas en la cadena de montaje. O una segunda, a
mediados del siglo XIX que con la electricidad hizo posible la manufactura en masa. Finalmente la tercera, ya avanzado el siglo XX, permitió con las tecnologías de la información y comunicación, la llamada globalización. Schwab cree que esta revolución es radicalmente
diferente a cualquiera sucedida hasta ahora por tres razones. La primera es la exponencialidad frente al crecimiento lineal de las anteriores. La segunda por su alcance global “weltangchauung” en alemán y por último por las tensiones cada vez mayores que aparecerán causadas por los populistas nacionalistas. Poco halagüeño el panorama que nos espera sino seguimos los consejos que periódicamente el WEF nos traslada en sus informes y que se pueden resumir en más libertad y democracia para que la innovación y el emprendimiento aporten todo su potencial a los territorios que los promuevan.

El fundador de Davos invitó a su reunión aquella tarde del 2 de octubre en Madrid a la empresa Cabify presente en más de 14 países y primer “unicornio” español, con una valoración que supera los 1.400 millones de dólares. El economista alemán se congratuló que desde España surgiesen iniciativas de este tipo que aprovechan las nuevas tendencias de la movilidad y los puso como ejemplo del camino a seguir. Nunca pudo imaginarse que el mismo presidente del Gobierno que unas horas antes le había recibido tan calurosamente en el Palacio de la Moncloa, unos pocos días antes había firmado un decreto para impedir la libre competencia, que tanto defiende Schwab e impedirá que otros Cabify surjan en nuestro país. Pero quedémonos con la buena noticia de que todavía hoy puede viajarse de Madrid a Davos en Cabify.

Iñaki Ortega es profesor de Duesto Business School y la UNIR