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miércoles, 3 de marzo de 2021

La nueva aritmética vital

(este artículo fue publicado originalmente el día 25 de febrero de 2021 en el diario Cinco Días) 

Los recientes datos de la EPA han confirmado que el año de la pandemia, 2020, ha sido maldito, no sólo para la salud de los mayores de 55 años, sino también para su empleo. El número de desempleados de esta cohorte de edad ha crecido el año pasado hasta alcanzar la cifra total de 936.200 personas. Y, además, el 43% de ellos lleva sin ocupación dos o más años, según el INE.

No hay nada peor que triunfe una idea sencilla pero falaz. Y parece que la vinculación de cambio tecnológico y ausencia de preparación de las personas de más edad ha calado en la sociedad. Sin embargo, la ciencia nos confirma que las neuronas no dejan de regenerarse a lo largo de la vida. A su vez, economistas como Acemoglu y Restrepo defienden hasta una relación positiva entre implantación de la robótica y trabajadores longevos. Está demostrado que los seres humanos somos capaces de seguir aprendiendo y creando durante la mayor parte de nuestra vida. Basta con repasar la edad de los fundadores de empresas como Swatch o Natura Bissé o de las más brillantes obras de Beethoven o Cervantes. Por lo tanto, las razones del descrédito de las personas de más edad han de buscarse no en la naturaleza, sino en los prejuicios (propios y ajenos).  Grandes empresas que aligeran plantillas mirando la fecha de nacimiento y no el nivel de desempeño. O séniors que a medida que cumplen años –y perciben la losa del ostracismo-ven la salida anticipada como una liberación.

Frente a los sesgos engañosos nosotros defendemos aportar la luz de los datos de una nueva aritmética vital. Modigliani fue galardonado con el premio Nobel de Economía por su teoría del ciclo vital, escrita en 1966. Explicaba que los ingresos a lo largo de su vida tienen forma de campana, bajos al inicio, altos en la edad central y de nuevo bajos tras la jubilación. Por tanto, hay solo tres fases vitales: la previa al inicio la vida laboral, la etapa de actividad laboral y la del retiro. En la primera de ellas, el nivel de ingreso es inferior a las necesidades de consumo, las cuales se financian a través de crédito o transferencias familiares (des-ahorro). En la segunda, llamada de vida laboral, el ingreso permite cubrir las necesidades de consumo y mantener un excedente bajo la forma de ahorro. Y en la etapa de retiro se presenta un proceso de des-ahorro mediante el cual el individuo emplea el ahorro generado para satisfacer las necesidades de consumo que de otra forma sus nuevos niveles de ingreso le impedirían alcanzar.

La esperanza de vida se está acercando sin darnos cuenta a los 90 años (86 años las mujeres al día de hoy). Cuando el economista Modigliani empezó a escribir su teoría de los tres ciclos estaba por debajo de los 70 años. Más de quince años ganados a la vida lo que exige reajustar los diferentes hitos de esta nueva vida. Partiendo del cada vez más largo periodo de formación hasta los 25 años, se abrirá otro de vida profesional y recualificación hasta por lo menos los 70 años. Permaneceremos activos aproximadamente 45 años, es decir, la mitad de nuestra existencia. Estos 45 años de vida activa no se pueden considerar como uniformes, ya que atravesarán situaciones muy diversas del ciclo personal y profesional. Por ello tendremos que dividir, a su vez, en tres tercios la vida laboral total. A saber, de los 25 a los 40 años; de los 40 a los 55 y de los 55 a los 70. El primer tercio se caracteriza por ser un periodo de capacitación ligada al itinerario laboral escogido y a la acumulación de las experiencias laborales diversas. El segundo, de los 40 a los 55 abarca quizás el segmento más fructífero con hitos relevantes para una trayectoria profesional siempre ligada a la formación continua fruto de una inquietud permanente. El último tercio, comprendido entre los 55 y los 70, lejos de ser, como en la actualidad, el periodo de salida acelerada de la vida activa, se convertirá en una etapa fecunda en el que capitalizar la experiencia acumulada y la ambición por seguir siendo útil. Esta última etapa vital, a la que denominamos “activos de gran experiencia”, actualmente afecta solamente a unos pocos empleados y emprendedores, pero afirmamos con rotundidad que con el desarrollo de un marco legal adecuado y flexible, guiado por un imperativo cambio cultural, podría implicar a una gran mayoría.

Esta nueva aritmética vital exige una transformación radical de la manera de entender la vida laboral por parte de los individuos, pero también para las empresas. La buena noticia de la disrupción de la demografía nos impide seguir poniendo excusas, bien como empleadores, bien como empleados. Y por si fuera poco las evidencias se acumulan en todo el mundo sobre el dividendo económico que ello puede suponer, que se ha bautizado como economía plateada. Un futuro cercano en el que viviremos hasta alcanzar la centuria y además no será una maldición sino un regalo. Lynda Gratton y Andrew Scott, profesores de London Business School, nos recuerdan que “Quienquiera que seamos, dondequiera que vivamos y tengamos la edad que tengamos, necesitamos comenzar a pensar ahora sobre las decisiones que debemos tomar para poder sacar provecho de esta vida más larga. Lo mismo sucede a las empresas para las que trabajamos y a la sociedad en la que vivimos”. dibuja un futuro cercano en el que viviremos hasta alcanzar la centuria y además no será una maldición sino un regalo

Tomás Arrieta es presidente de la Fundación Activos de Gran Experiencia

Iñaki Ortega es profesor de Deusto Business School

viernes, 26 de febrero de 2021

Visibilizar un nuevo empleo

 (este artículo se publicó originalmente el día 25 de febrero de 2021 en el blog VidaSilver de IFEMA)



La demografía demuestra, con el imparable crecimiento de la conocida como esperanza de vida sana (healthspan), que las personas entre los 55 y 75 años gozan de buena salud y que pueden permanecer activos con todas las garantías. Otra ciencia, la de la vida, nos confirma que las neuronas no dejan de regenerarse a lo largo de nuestra existencia. A su vez, un economista como Daron Acemoglu ha descubierto la positiva relación entre implantación de la inteligencia artificial y la presencia de trabajadores longevos. Existen incontables evidencias, por ejemplo, en la Historia del Arte, sobre la capacidad de los seres humanos para seguir aprendiendo y creando durante la mayor parte de la vida.

Con esto, la ciencia de la población lo tiene tan claro que ha acuñado el concepto de “dividendo de longevidad”. Se trata de una cohorte de personas entre los 50 y los 70 años que constituyen una fuerza de trabajo potencial y que, en un momento determinado, puede hacerse efectiva mejorando con ello la producción de bienes y servicios.

Un artículo de 2006 en la revista The Scientist, escrito por cuatro experimentados investigadores de universidades americanas, llamó urgentemente a ralentizar el envejecimiento, ya que terminaría creando riqueza. Este nuevo concepto resumía los beneficios que suponen para una sociedad los aumentos alcanzados en la esperanza de vida; en concreto, defiende que “la gente se mantendrá más tiempo en el mercado laboral, los ahorros personales aumentarán, bajará el absentismo y habrá menor presión para el sistema de salud”.

A pesar de lo anterior, en nuestra sociedad ha calado la percepción de que es una anomalía el empleo silver. Por eso conviene recordar que muchos cientos de miles de mayores de 55 años siguen trabajando por cuenta ajena, que otros ya son contratados puntualmente para trabajos esporádicos en la gig economy, también conocida como economía de los pequeños encargos. Cada vez más mayores se convierten en emprendedores sin que la edad sea un impedimento para iniciar una nueva actividad (de hecho, ya hay más emprendedores de más de 50 años que de menos de 30 años). Otro grupo importante desarrolla tareas de voluntariado, bien en el seno de sus propias familias o en instituciones de proyección social; y muchos desearían seguir realizando un trabajo formal, quizá a tiempo parcial, en el mismo o en otro sector de la actividad empresarial y con un salario redefinido.

Pero como explica el experto Valentín Bote, en nuestra mente sólo existen dos posibilidades, como si de computación se tratase, el 0 y el 1, donde 0 es no trabajar y 1 es tener trabajo a jornada completa con horario fijo. Tenemos que pasar página de ese anacronismo porque en una larga vida tendremos varias carreras y, por lo tanto, nuestra relación laboral será variada, con modalidades de trabajo semipresencial, teletrabajo o para varios clientes. No seremos asalariados, sino que venderemos nuestros servicios profesionales a varias compañías. En consecuencia, hay opciones más allá del contrato a tiempo completo.

Desgraciadamente, este deseo, tan loable como necesario, no encuentra en la sociedad, la empresa y los gobiernos la suficiente sensibilidad. El dividendo demográfico que suponen los trabajadores sénior no podrá serlo mientras no se eliminen algunos estereotipos respecto a los trabajadores mayores, que un estudio de la Fundación Laboral San Prudencio puede ayudar a echar por tierra.

Los sénior no son más absentistas, pero sí son más disciplinados, no tienen resistencia a aprender cosas nuevas, ni son menos productivos ni tienen más accidentes. En cambio, sí son más leales y tienen más experiencia y ética en el trabajo. Por ello se necesita luchar contra ese mantra que minusvalora el talento sénior, precisamente difundiendo lo contrario. Empresas de todo el mundo contratan y promocionan a personas mayores y han de conocerse esas buenas prácticas para que otros las sigan: Carrefour en Francia, Mercedes-Benz en Alemania, Ikea en Suecia, ISS en Dinamarca, Metlife en Estados Unidos, Hyundai en Corea o Toyota en Japón, pero también Cuatrecasas y MAPFRE en España.

Esta tarea nos ha de implicar a todos y, además, no tiene porqué ser aburrida. En nuestra mano está por ejemplo promocionar el talento sénior y divertirnos con películas como El Becario (2015), con Robert de Niro salvando una empresa con más de 70 años. Ojalá surjan más largometrajes como The company men (2010), en la que Tommy Lee Jones reinventa con éxito su carrera profesional tras ser despedido por su edad; o Sully (2016) con Tom Hanks aterrizando de emergencia un avión repleto de pasajeros en el río Hudson el mismo día que le jubilaban, a pesar de estar en plenas facultades. En España hace un par de años Carlos Iglesias puso a los emprendedores sénior en la agenda con @buelos (2019). Un paso más en la buena dirección de visibilizar el empleo silver

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR