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domingo, 15 de enero de 2023

2022 o el subempleo

(este artículo se publicó originalmente en El Periódico el día 13 de enero de 2023)

Los economistas definimos el subempleo como aquel fenómeno que sucede en el mercado laboral por el cual las personas trabajan menos horas de las que les gustaría o tienen empleos por debajo de su cualificación. Los países con subempleo tienen una población empleada que estando en disposición de trabajar más horas o en trabajos acordes a su formación, no puede hacerlo, lo que supone menores ingresos para esas personas subempleadas y una menor riqueza nacional.

Estos días estamos conociendo el cierre de las estadísticas oficiales en materia económica para el año 2022. El mercado laboral español ha creado empleo, en concreto se crearon 471.360 puestos de trabajo, lo que lleva a un total de 20.296.271 afiliados a la Seguridad Social. Al mismo tiempo se ha conseguido bajar en 268.252 el número de parados respecto hace 12 meses, lo que deja el desempleo registrado en 2.837.653 personas, una cifra que no se veía desde 2017. Buenas noticias, sin duda, pero que conviene contextualizar dado que vivimos en el país europeo con el mayor desempleo -3 millones de parados para una tasa del 12%- y pese a las cifras que acabamos de conocer, seguiremos padeciendo el doble de porcentaje de paro que nuestros vecinos continentales.

Primero hay que justificar este comportamiento positivo de un mercado laboral que crea empleo en la buena marcha de la economía. El año 2022 ha terminado con un crecimiento de la economía nacional y eso ha supuesto, en puridad, que se hayan producido más bienes y servicios y por tanto necesitado más mano de obra para ello. La actividad productiva en España, espoleada por el sector servicios y en especial por el turismo y la hostelería, ha terminado el año en positivo cerca de los cinco puntos de crecimiento del PIB. Y cuando eso sucede en nuestro país, se crea empleo. En España se cumple la conocida Ley de Okun, o correlación existente entre los cambios en la tasa de desempleo y el crecimiento de una economía. Esta teoría económica propuesta en los años sesenta por el profesor Arthur Okun mantiene que para crear empleo una economía necesita crecer cada año por encima del 3%. Nosotros lo hemos hecho y el INE ha dado la razón a Okun con la bajada del paro y consiguiendo llevar nuestra cifra de empleados por encima de los 20 millones de personas.

Por otro lado, una mirada menos superficial a los datos nos lleva a otras conclusiones. Efectivamente hemos superado las cifras del mercado laboral prepandemia. Respecto a 2019 tenemos más empleados – de 19,5 millones a 20,1 millones- y menos desempleados – de 3,1 millones a 2,8 millones- pero no producimos más que antes de que llegará el virus a nuestras vidas. La riqueza de España, medida por el PIB, no se ha recuperado de la crisis del Covid19, lo que nos lleva a preguntarnos ¿cómo es posible que tengamos más empleados que en 2019 pero generemos menos producción? La respuesta la lleva dando un tiempo Rafael Doménech, responsable de análisis económico de BBVA Research y no es otra que trabajamos menos horas que hace tres años.

Tenemos más afiliados a la seguridad social, pero fruto de diferentes cuestiones como la reforma laboral, la reducción de márgenes de las empresas o las incertidumbres económicas, se contrata a personas por menos horas con modalidad de trabajo a tiempo parcial. La ley exige que los contratos sean indefinidos y de hecho se ha conseguido que bajen en nueve millones los contratos temporales y aumenten en cinco millones los indefinidos, pero eso no quiere decir que el empleo sea de más calidad. Detrás de la cifra de esos empleados indefinidos se esconde, como FEDEA ha explicado, un preocupante número de los conocidos como fijos discontinuos -o temporeros- que en ocasiones están inactivos cobrando el desempleo, pero engrosan el dato de nuevos empleados sin serlo. El aumento del gasto en prestaciones por desempleo en 2022 cuando las estadísticas oficiales defienden la baja del paro abonaría el argumento. De modo y manera que de los nuevos cotizantes de 2022 únicamente uno de cada tres lo son con una jornada a tiempo completo, el resto subempleo. 

Hay aún más argumentos, pero abundan en el mismo concepto del empleo de baja calidad. Para muestra un botón: el crecimiento del pluriempleo -el mayor de la serie- se explica por la necesidad de complementar los bajos ingresos del subempleo ante el impacto de la inflación en los gastos familiares.

El Banco de España informe tras informe explica que la ley de Okun en España se cumple, pero para nuestro pesar no solo para bien sino también para mal. Cuando entramos en recesión o no crecemos por encima del 3%, cuestión que todos los analistas consideran que sucederá en 2023, el empleo creado en bonanza se destruye con rapidez precisamente por ser de baja calidad o subempleo.  Ojalá nos equivoquemos en este 2023 y si es así con los datos de la contabilidad nacional en la mano, en estas páginas se lo contaremos.

 

Iñaki es doctor en economía en La Universidad de Internet (UNIR) y LLYC

miércoles, 11 de enero de 2023

Todos pluriempleados

(este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 Minutos el día 9 de enero de 2023)

En la España en ruinas de los años cuarenta y cincuenta, los trabajos escaseaban y estaban mal pagados. Era plena posguerra y los españoles para poder llegar a fin de mes se acostumbraron a tener dos trabajos. Dicen que de esa época viene que tengamos unos horarios tan diferentes al resto del mundo. Comemos y cenamos más tarde porque los sueldos eran tan bajos que era imprescindible tener dos empleos, uno por la mañana y otro por la tarde. Para cumplir con ambas jornadas había que ganar tiempo al reloj y se hizo a costa de retrasar comidas y cenas.

El fenómeno del pluriempleo, por tanto, echó raíces en esos años y afectaba lo mismo a un obrero de la construcción, a una modista que a un letrado funcionario. Todos ellos por la tarde seguían trabajando para otro empleador o para sí mismos, aunque en este último caso el término correcto es pluriactividad.  Llegó el desarrollismo de los años sesenta y setenta, pero el pluriempleo no desapareció: era la vía para prosperar. Los sueldos ya no eran miserables, no obstante, los ingresos extras por tener otro empleo y sobre todo un carácter forjado en el esfuerzo, hizo posible el florecer de una nueva clase media.

En la frontera del cambio de siglo, el pluriempleo comenzó a languidecer precisamente con la llegada al mercado laboral de las generaciones que habían crecido en una España rica en la que la cultura del sacrificio y la austeridad sonaban muy viejunas. Es cuando el ocio y el trabajo empiezan a balancearse y tan importante como tener un empleo es tiempo para disfrutar; el pluriempleo empieza a estar mal visto.

Pero llegó la Gran Recesión de 2008. Muchos empleos desaparecieron también por la digitalización y las ofertas eran de baja calidad con sueldos ridículos: los famosos “mileuristas”. El pluriempleo declarado o no, de nuevo volvió a España.

Ahora, las estadísticas oficiales nos dicen que el empleo está creciendo, el paro cayendo, que estamos acabando con la precariedad porque los contratos son en su mayoría indefinidos y el salario mínimo ha subido un 40% hasta alcanzar casi los 1200 euros al mes. Y ¿qué ha pasado con el pluriempleo? Pues, inopinadamente ha subido y mucho. Es una de las noticias de estos días de balances económicos del año que ha terminado. Sí, hemos creado empleo hasta superar los 20 millones de afiliados, pero son empleos no a jornada completa. Tenemos más empleados que en 2019 pero menos producción que en ese año porque trabajamos menos horas. Si a esto le sumamos el efecto de la inflación, es decir que los precios de media han subido por lo menos un 12% y las hipotecas se han disparado estos meses, se necesitan más ingresos en la economía familiar. Y la opción para cerca de 600.000 personas es pluriemplearse. A esto hay que sumarle cerca de 200.000 autónomos en pluriactividad y la economía sumergida, es decir, los que tienen trabajos extras que no declaran. El resultado es que el número de españolitos yendo como pollos sin cabeza de un trabajo a otro tiene por lo menos seis cifras. Créanme que sé de lo que hablo porque todos los años desde hace más de 25 años una carta de la seguridad social me lo recuerda.

Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC

lunes, 14 de noviembre de 2022

Torturas en la contabilidad nacional

(este artículo se publicó originalmente en El Periódico el día 11 de noviembre de 2022)

Se atribuye al economista británico Ronald Coase la repetida frase de que «si torturas los datos por suficiente tiempo, confesarán lo que sea». A este insigne miembro de la escuela de Chicago no le concedieron el Premio Nobel de Economía en el año 1991 por su ocurrente sentencia sino por demostrar la importancia de las instituciones en las transacciones.

Pero cómo no acordarse de Coase estas semanas en las que, para un mismo dato económico, la interpretación del gobierno difiere radicalmente de la del consenso de todos los analistas.

Los precios en octubre siguen al alza con un 7,3% y aunque llevamos 13 meses con subidas que superan el 5%, los mensajes triunfalistas desde las tribunas oficiales equiparan subir menos con bajar. Para el gobierno, España no tiene un problema de precios, pero sí Alemania e Italia, obviando que las medidas para luchar contra la inflación son europeas con la política monetaria del BCE.

La economía española arrastra los pies con una escuálida subida trimestral del 0.2% y el gobierno habla de la gran fortaleza de nuestra economía. Pero, aun así, el dato no es malo para el ministerio, porque a pesar de la guerra de Ucrania “la resistencia de la actividad española es sorprendente”. Del frenazo de las exportaciones y de la caída de la inversión no se habla porque para qué estropear un buen titular.

La tasa de desempleo aumenta hasta alcanzar un 12,6% o lo que es lo mismo casi 3 millones de españoles que quieren trabajar, pero no encuentran empleo. Y desde el Gobierno lo celebran porque justifican el aumento de la tasa de paro por mor de la matemática, ya que la tasa es un cociente y no solo aumenta el denominador -los parados- sino también el numerador - “fuerte incremento de la población activa”-. Eso significa que hay más personas buscando un empleo porque ha aumentado “la confianza de los trabajadores” en el mercado de trabajo.

El premiado economista con su flema inglesa, ante esta situación, hubiese bromeado con que alguien en el Ministerio de Economía está torturando al IPC, a la EPA y al PIB. Casi estoy viendo la imagen que tanto haría reír a Coase. En un remoto despacho del Paseo de la Castellana, técnicos comerciales del estado, nombrados por la vicepresidenta Nadia Calviño, aplicando electrodos, luces cegadoras y música ensordecedora a los pobres indicadores de contabilidad nacional que exhaustos acaban firmando una declaración sobre la buena situación de la economía patria. Ese siempre riguroso IPC, después de horas sin dormir, reconoce que, en España, con un 7,3% de inflación y una subyacente del 6,2%, no tenemos problemas con los precios por mucho que se haya aprobado una agresiva subida de los tipos de interés para toda la zona euro. El viejo pero confiable PIB no tiene otro remedio que confesar, ante la amenaza de más descargas, que, aunque no hemos recuperado los niveles pre-COVID el año que viene con una aumento -que nadie se cree- del 2% estaremos ya como en 2019. Y la pobre tasa de desempleo, agotada tras el interrogatorio, tiene que asumir el papelón de minusvalorar los más de 60.000 parados de este verano y poner en cambio el foco en los miles de empleos que se han creado por el sector público.

A Coase ya no le hubiera hecho tanta gracia los cambios en la dirección de instituciones como el Instituto Nacional de Estadística (INE) que emiten los principales indicadores económicos de nuestro país. Ni tampoco que instituciones como la AIREF haya puesto en solfa los informes económicos sobre los que se diseñan los presupuestos. No en vano el premiado economista fue el fundador de la conocida como Nueva Economía Institucional que defiende el papel clave de las instituciones sociales (leyes, contratos reguladores, supervisores y administraciones públicas entre otras) en el comportamiento de los agentes económicos. Imagino su cara de desagrado al contarle que en España el responsable del organismo público CIS es un militante del partido del gobierno que emite encuestas electorales que no coinciden con las de ningún instituto demoscópico. Pero ya le hubiera indignado sobremanera, a la luz de sus estudios sobre las leyes contractuales, conocer que las instituciones españolas no son capaces de desbloquear el gobierno de los jueces que sigue dependiendo de los partidos políticos.

Torturando la contabilidad nacional, los argumentarios de los consejos de ministros están consiguiendo mantener la vana ilusión de que la economía española está libre de problemas. Igual que los martirios del señor Tezanos a las encuestas acaban generando mayorías incontestables para su jefe de partido. Pero, esos suplicios a los datos, tarde o temprano se acaban descubriendo. Las medidas aprobadas por el Banco Central acabarán congelando definitivamente la economía continental; empezarán los despidos y ya no podrán pagar las hipotecas muchas familias. Al mismo tiempo llegarán las elecciones y las urnas dirán verdades y no deseos. Y los indicadores de contabilidad nacional recuperarán su tranquilidad y su fiabilidad.

Iñaki Ortega es doctor en economía en la UNIR y LLYC

 

 

 


jueves, 14 de octubre de 2021

Cómo aprovechar el talento senior en España

 Este artículo se publicó originalmente en The Conversation España el día 14 de octubre de 2021


La población sénior en España tiene capacidad para aportar talento al mercado laboral y a la economía española. Así lo ha puesto de manifiesto el Mapa de Talento Sénior que hemos elaborado para el centro de investigación Ageingnomics de la Fundación MAPFRE.

Los séniores y el mercado laboral

Más de cuatro millones de séniores forman parte de la población activa, casi un millón son autónomos y por lo menos 100 000 son emprendedores. Los mayores activos crecieron desde 2008 en 1 600 000 efectivos. No solo hay más séniores ocupados en el mercado laboral español, sino que se mantienen empleados más años.

El talento sénior, por tanto, está muy presente en la economía española y no solo en términos absolutos, como avalan las cifras anteriores, sino también relativamente. Uno de cada cinco ocupados en España son séniores y uno de cada tres autónomos españoles tienen más de 55 años. Y su tasa de participación en la población activa total pasó del 11 % al 18,3 %.

Emprender o trabajar por cuenta propia es, en muchas ocasiones, la única vía para seguir activo siendo sénior en España. Este estudio ha demostrado que más de medio millón de séniores que quieren trabajar no pueden hacerlo. La mitad de los desempleados sénior llevan más de dos años sin trabajar y las cifras de parados casi se han triplicado desde 2008. También las tasas de emprendimiento sénior están por debajo de las de otros grupos de edad y lejos de las de sus pares europeos.

Por último, se ha detectado una consolidada tendencia de los séniores a abandonar prematuramente el mercado laboral. En algunos casos esta salida puede llegar a producirse a una edad tan anticipada como los cincuenta y pocos años, lo cual alarga el periodo de ociosidad poslaboral a más de 30 años, un tiempo equivalente (o incluso más largo) al de la actividad misma. Además, conforme mayores son los españoles, más probabilidad tienen de estar en regímenes de trabajadores por cuenta propia, ya que es la única forma de seguir trabajando.

La riqueza de la economía plateada

Todo lo anterior supone para la economía española una pérdida de oportunidades en términos de riqueza que diferentes estudios internacionales han tasado en varios puntos del PIB.

Además, las ventajas de la economía plateada no son aprovechadas suficientemente por las empresas españolas debido a que los séniores españoles tienen tasas de actividad por debajo de sus pares europeos y de la OCDE.

Conviene recordar que España tiene las mejores circunstancias para ser un país de referencia en la silver economy por su alta esperanza de vida, su sistema sanitario y de dependencia y su apertura al exterior. No obstante, esta oportunidad se alejará si los séniores no están presentes en el mercado laboral trabajando y también aportando una nueva perspectiva de diversidad en las compañías.

Se deben tomar decisiones inmediatas que permitan que el talento sénior aporte más y mejor a la economía española. Esta llamada de atención no afecta solo al sector público, que establece el marco del mercado laboral, sino también a las empresas, a los representantes de los trabajadores y a los propios séniores.

En el Mapa de Talento Sénior se ha recomendado una serie de reformas a la Administración que pasan por hacer viables para muchos séniores segundas carreras como autónomos, después de recibir un salario durante la mayoría o la totalidad de la vida laboral.

También han de desincentivarse las prejubilaciones y la jubilación anticipada, y promover una jubilación activa en la que sean compatibles el trabajo con el cobro de la pensión.

Se debe fomentar, además, que quienes lo deseen puedan trabajar más allá de la edad legal y sancionar a las empresas que abusen del despido de estos trabajadores.

Buenas prácticas internacionales

El éxito alcanzado por algunas grandes corporaciones al promover programas de talento sénior ha de ser un incentivo para el tejido empresarial español. Estas empresas han demostrado que se puede hacer pero también que es una gran oportunidad económica.

Con la nueva pirámide poblacional, los representantes de los trabajadores han de entender que alargar la vida laboral de los séniores no lesiona las perspectivas laborales de los más jóvenes.

No hay suficientes efectivos jóvenes para completar el relevo generacional y disponer de más séniores trabajando es garantía de mayores ingresos para el estado del bienestar.

Urge concienciar a los propios séniores de que, a pesar de lo atractiva que puede parecer una vida sin obligaciones, la realidad indica que una de las mejores formas de envejecer con salud es seguir siendo útil trabajando.



lunes, 4 de octubre de 2021

Un mapa para no perderse con el talento senior

 Este artículo se publicó originalmente en la revista Capital el 4 de octubre de 2021


Un reciente informe de Randstad afirma que la gran mayoría de empresas, un 64%, tienen problemas para contratar talento senior. Y al mismo tiempo otro estudio de Adecco constata que un 40% de los profesionales de recursos humanos descartan automáticamente los currículos de los mayores de 55 años.

 ¿Cómo no perderse antes estos datos aparentemente tan contradictorios? Esa es la razón por la que un grupo de investigadores aceptamos el reto de realizar un MAPA DEL TALENTO SENIOR por encargo del centro de investigación ageingnomics.

 La población senior en España tiene capacidad para aportar al mercado laboral y la economía. Más de cuatro millones de seniors forman parte de la población activa; casi un millón de seniors son autónomos y por lo menos 100.000 seniors son emprendedores. Los activos mayores crecieron desde 2008 en 1.600.000 efectivos. No solo hay más seniors ocupados en nuestro mercado laboral, sino que se mantienen empleados más años.

 El talento senior, por tanto, está muy presente en la economía española y no solo en términos absolutos sino también relativamente. Uno de cada cinco ocupados en España son seniors y uno de cada tres autónomos españoles tienen más de 55 años. Y su tasa de participación en la población activa total pasó del 11 % al 18,3 %.

Pero que los adultos mayores sigan aportando a la economía española no es motivo de satisfacción plena ya que este MAPA ha demostrado que más de medio millón de seniors queriendo trabajar no pueden hacerlo. A su vez, la mitad de los desempleados senior llevan más de dos años sin trabajar. Las cifras de parados senior casi se han triplicado desde 2008. También las tasas de emprendimiento senior están por debajo de las de otras cohortes de edad y lejos de nuestros pares europeos. Emprender o trabajar por cuenta propia en muchas ocasiones es la única vía para seguir activo siendo senior en España. Por último, se ha detectado una consolidada tendencia de los seniors a abandonar prematuramente el mercado laboral, en algunos casos puede llegar a producirse a una edad tan anticipada como los cincuenta y pocos años lo cual alarga el periodo de ociosidad a más de 30 años, un tiempo equivalente o incluso más largo al de la actividad.

 Lo anterior supone para la economía española una pérdida de oportunidades en términos de riqueza que diferentes estudios internacionales han tasado en varios puntos del PIB. Además, las ventajas de la conocida como economía plateada no son aprovechadas suficientemente por las empresas españolas. En este momento España tiene las mejores circunstancias para ser el país de referencia en la silver economy por su liderazgo en longevidad, sistema sanitario y de dependencia y apertura al exterior. No obstante, esta oportunidad se alejará, si los seniors no están presentes en el mercado laboral trabajando, pero también aportando una nueva perspectiva de diversidad en las compañías.

No hay excusas para tomar no decisiones urgentes que permitan que el talento senior aporte más y mejor a la economía española. Pero esta llamada de atención no afecta solamente al sector público que establece el marco del mercado laboral sino también a las empresas, a los representantes de los trabajadores y a los propios seniors.

En este MAPA se han recomendado una serie de reformas a la administración que pasan por hacer viables “segundas carreras” como autónomos de muchos seniors, después de recibir un salario durante la mayoría o la totalidad de la vida laboral. Pero también han de desincentivarse las prejubilaciones y la jubilación anticipada y promover la jubilación activa para que sea compatible el trabajo y la pensión.

 La experiencia de multitud de multinacionales en promover programas de talento senior ha de ser un incentivo para el tejido empresarial ya que estas grandes empresas han demostrado que puede hacerse, pero también que es una oportunidad económica.

Los representantes de los trabajadores han de entender que alargar la vida laboral de los seniors no lesiona a los más jóvenes. No hay suficientes efectivos jóvenes para el relevo generacional y disponer de más seniors trabajando es garantía de mayores ingresos para el estado del bienestar.

 Por último, urge concienciar a los propios seniors de que a pesar de lo atractivo que parece un futuro sin trabajo, la realidad indica que una de las mejores formas de envejecer con salud es seguir siendo útil trabajando. Así mismo, la disrupción demográfica hace inviable abandonar el mercado de trabajo prematuramente, por mucha confianza que nos dé el sistema de pensiones que nos hemos dotado.


Iñaki Ortega es profesor de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) y consejero asesor del centro de investigación ageingnomics de la Fundación MAPFRE

miércoles, 3 de marzo de 2021

La nueva aritmética vital

(este artículo fue publicado originalmente el día 25 de febrero de 2021 en el diario Cinco Días

Los recientes datos de la EPA han confirmado que el año de la pandemia, 2020, ha sido maldito, no sólo para la salud de los mayores de 55 años, sino también para su empleo. El número de desempleados de esta cohorte de edad ha crecido el año pasado hasta alcanzar la cifra total de 936.200 personas. Y, además, el 43% de ellos lleva sin ocupación dos o más años, según el INE.

No hay nada peor que triunfe una idea sencilla pero falaz. Y parece que la vinculación de cambio tecnológico y ausencia de preparación de las personas de más edad ha calado en la sociedad. Sin embargo, la ciencia nos confirma que las neuronas no dejan de regenerarse a lo largo de la vida. A su vez, economistas como Acemoglu y Restrepo defienden hasta una relación positiva entre implantación de la robótica y trabajadores longevos. Está demostrado que los seres humanos somos capaces de seguir aprendiendo y creando durante la mayor parte de nuestra vida. Basta con repasar la edad de los fundadores de empresas como Swatch o Natura Bissé o de las más brillantes obras de Beethoven o Cervantes. Por lo tanto, las razones del descrédito de las personas de más edad han de buscarse no en la naturaleza, sino en los prejuicios (propios y ajenos).  Grandes empresas que aligeran plantillas mirando la fecha de nacimiento y no el nivel de desempeño. O séniors que a medida que cumplen años –y perciben la losa del ostracismo-ven la salida anticipada como una liberación.

Frente a los sesgos engañosos nosotros defendemos aportar la luz de los datos de una nueva aritmética vital. Modigliani fue galardonado con el premio Nobel de Economía por su teoría del ciclo vital, escrita en 1966. Explicaba que los ingresos a lo largo de su vida tienen forma de campana, bajos al inicio, altos en la edad central y de nuevo bajos tras la jubilación. Por tanto, hay solo tres fases vitales: la previa al inicio la vida laboral, la etapa de actividad laboral y la del retiro. En la primera de ellas, el nivel de ingreso es inferior a las necesidades de consumo, las cuales se financian a través de crédito o transferencias familiares (des-ahorro). En la segunda, llamada de vida laboral, el ingreso permite cubrir las necesidades de consumo y mantener un excedente bajo la forma de ahorro. Y en la etapa de retiro se presenta un proceso de des-ahorro mediante el cual el individuo emplea el ahorro generado para satisfacer las necesidades de consumo que de otra forma sus nuevos niveles de ingreso le impedirían alcanzar.

La esperanza de vida se está acercando sin darnos cuenta a los 90 años (86 años las mujeres al día de hoy). Cuando el economista Modigliani empezó a escribir su teoría de los tres ciclos estaba por debajo de los 70 años. Más de quince años ganados a la vida lo que exige reajustar los diferentes hitos de esta nueva vida. Partiendo del cada vez más largo periodo de formación hasta los 25 años, se abrirá otro de vida profesional y recualificación hasta por lo menos los 70 años. Permaneceremos activos aproximadamente 45 años, es decir, la mitad de nuestra existencia. Estos 45 años de vida activa no se pueden considerar como uniformes, ya que atravesarán situaciones muy diversas del ciclo personal y profesional. Por ello tendremos que dividir, a su vez, en tres tercios la vida laboral total. A saber, de los 25 a los 40 años; de los 40 a los 55 y de los 55 a los 70. El primer tercio se caracteriza por ser un periodo de capacitación ligada al itinerario laboral escogido y a la acumulación de las experiencias laborales diversas. El segundo, de los 40 a los 55 abarca quizás el segmento más fructífero con hitos relevantes para una trayectoria profesional siempre ligada a la formación continua fruto de una inquietud permanente. El último tercio, comprendido entre los 55 y los 70, lejos de ser, como en la actualidad, el periodo de salida acelerada de la vida activa, se convertirá en una etapa fecunda en el que capitalizar la experiencia acumulada y la ambición por seguir siendo útil. Esta última etapa vital, a la que denominamos “activos de gran experiencia”, actualmente afecta solamente a unos pocos empleados y emprendedores, pero afirmamos con rotundidad que con el desarrollo de un marco legal adecuado y flexible, guiado por un imperativo cambio cultural, podría implicar a una gran mayoría.

Esta nueva aritmética vital exige una transformación radical de la manera de entender la vida laboral por parte de los individuos, pero también para las empresas. La buena noticia de la disrupción de la demografía nos impide seguir poniendo excusas, bien como empleadores, bien como empleados. Y por si fuera poco las evidencias se acumulan en todo el mundo sobre el dividendo económico que ello puede suponer, que se ha bautizado como economía plateada. Un futuro cercano en el que viviremos hasta alcanzar la centuria y además no será una maldición sino un regalo. Lynda Gratton y Andrew Scott, profesores de London Business School, nos recuerdan que “Quienquiera que seamos, dondequiera que vivamos y tengamos la edad que tengamos, necesitamos comenzar a pensar ahora sobre las decisiones que debemos tomar para poder sacar provecho de esta vida más larga. Lo mismo sucede a las empresas para las que trabajamos y a la sociedad en la que vivimos”. dibuja un futuro cercano en el que viviremos hasta alcanzar la centuria y además no será una maldición sino un regalo

Tomás Arrieta es presidente de la Fundación Activos de Gran Experiencia

Iñaki Ortega es profesor de Deusto Business School