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domingo, 15 de enero de 2023

2022 o el subempleo

(este artículo se publicó originalmente en El Periódico el día 13 de enero de 2023)

Los economistas definimos el subempleo como aquel fenómeno que sucede en el mercado laboral por el cual las personas trabajan menos horas de las que les gustaría o tienen empleos por debajo de su cualificación. Los países con subempleo tienen una población empleada que estando en disposición de trabajar más horas o en trabajos acordes a su formación, no puede hacerlo, lo que supone menores ingresos para esas personas subempleadas y una menor riqueza nacional.

Estos días estamos conociendo el cierre de las estadísticas oficiales en materia económica para el año 2022. El mercado laboral español ha creado empleo, en concreto se crearon 471.360 puestos de trabajo, lo que lleva a un total de 20.296.271 afiliados a la Seguridad Social. Al mismo tiempo se ha conseguido bajar en 268.252 el número de parados respecto hace 12 meses, lo que deja el desempleo registrado en 2.837.653 personas, una cifra que no se veía desde 2017. Buenas noticias, sin duda, pero que conviene contextualizar dado que vivimos en el país europeo con el mayor desempleo -3 millones de parados para una tasa del 12%- y pese a las cifras que acabamos de conocer, seguiremos padeciendo el doble de porcentaje de paro que nuestros vecinos continentales.

Primero hay que justificar este comportamiento positivo de un mercado laboral que crea empleo en la buena marcha de la economía. El año 2022 ha terminado con un crecimiento de la economía nacional y eso ha supuesto, en puridad, que se hayan producido más bienes y servicios y por tanto necesitado más mano de obra para ello. La actividad productiva en España, espoleada por el sector servicios y en especial por el turismo y la hostelería, ha terminado el año en positivo cerca de los cinco puntos de crecimiento del PIB. Y cuando eso sucede en nuestro país, se crea empleo. En España se cumple la conocida Ley de Okun, o correlación existente entre los cambios en la tasa de desempleo y el crecimiento de una economía. Esta teoría económica propuesta en los años sesenta por el profesor Arthur Okun mantiene que para crear empleo una economía necesita crecer cada año por encima del 3%. Nosotros lo hemos hecho y el INE ha dado la razón a Okun con la bajada del paro y consiguiendo llevar nuestra cifra de empleados por encima de los 20 millones de personas.

Por otro lado, una mirada menos superficial a los datos nos lleva a otras conclusiones. Efectivamente hemos superado las cifras del mercado laboral prepandemia. Respecto a 2019 tenemos más empleados – de 19,5 millones a 20,1 millones- y menos desempleados – de 3,1 millones a 2,8 millones- pero no producimos más que antes de que llegará el virus a nuestras vidas. La riqueza de España, medida por el PIB, no se ha recuperado de la crisis del Covid19, lo que nos lleva a preguntarnos ¿cómo es posible que tengamos más empleados que en 2019 pero generemos menos producción? La respuesta la lleva dando un tiempo Rafael Doménech, responsable de análisis económico de BBVA Research y no es otra que trabajamos menos horas que hace tres años.

Tenemos más afiliados a la seguridad social, pero fruto de diferentes cuestiones como la reforma laboral, la reducción de márgenes de las empresas o las incertidumbres económicas, se contrata a personas por menos horas con modalidad de trabajo a tiempo parcial. La ley exige que los contratos sean indefinidos y de hecho se ha conseguido que bajen en nueve millones los contratos temporales y aumenten en cinco millones los indefinidos, pero eso no quiere decir que el empleo sea de más calidad. Detrás de la cifra de esos empleados indefinidos se esconde, como FEDEA ha explicado, un preocupante número de los conocidos como fijos discontinuos -o temporeros- que en ocasiones están inactivos cobrando el desempleo, pero engrosan el dato de nuevos empleados sin serlo. El aumento del gasto en prestaciones por desempleo en 2022 cuando las estadísticas oficiales defienden la baja del paro abonaría el argumento. De modo y manera que de los nuevos cotizantes de 2022 únicamente uno de cada tres lo son con una jornada a tiempo completo, el resto subempleo. 

Hay aún más argumentos, pero abundan en el mismo concepto del empleo de baja calidad. Para muestra un botón: el crecimiento del pluriempleo -el mayor de la serie- se explica por la necesidad de complementar los bajos ingresos del subempleo ante el impacto de la inflación en los gastos familiares.

El Banco de España informe tras informe explica que la ley de Okun en España se cumple, pero para nuestro pesar no solo para bien sino también para mal. Cuando entramos en recesión o no crecemos por encima del 3%, cuestión que todos los analistas consideran que sucederá en 2023, el empleo creado en bonanza se destruye con rapidez precisamente por ser de baja calidad o subempleo.  Ojalá nos equivoquemos en este 2023 y si es así con los datos de la contabilidad nacional en la mano, en estas páginas se lo contaremos.

 

Iñaki es doctor en economía en La Universidad de Internet (UNIR) y LLYC

miércoles, 11 de enero de 2023

Todos pluriempleados

(este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 Minutos el día 9 de enero de 2023)

En la España en ruinas de los años cuarenta y cincuenta, los trabajos escaseaban y estaban mal pagados. Era plena posguerra y los españoles para poder llegar a fin de mes se acostumbraron a tener dos trabajos. Dicen que de esa época viene que tengamos unos horarios tan diferentes al resto del mundo. Comemos y cenamos más tarde porque los sueldos eran tan bajos que era imprescindible tener dos empleos, uno por la mañana y otro por la tarde. Para cumplir con ambas jornadas había que ganar tiempo al reloj y se hizo a costa de retrasar comidas y cenas.

El fenómeno del pluriempleo, por tanto, echó raíces en esos años y afectaba lo mismo a un obrero de la construcción, a una modista que a un letrado funcionario. Todos ellos por la tarde seguían trabajando para otro empleador o para sí mismos, aunque en este último caso el término correcto es pluriactividad.  Llegó el desarrollismo de los años sesenta y setenta, pero el pluriempleo no desapareció: era la vía para prosperar. Los sueldos ya no eran miserables, no obstante, los ingresos extras por tener otro empleo y sobre todo un carácter forjado en el esfuerzo, hizo posible el florecer de una nueva clase media.

En la frontera del cambio de siglo, el pluriempleo comenzó a languidecer precisamente con la llegada al mercado laboral de las generaciones que habían crecido en una España rica en la que la cultura del sacrificio y la austeridad sonaban muy viejunas. Es cuando el ocio y el trabajo empiezan a balancearse y tan importante como tener un empleo es tiempo para disfrutar; el pluriempleo empieza a estar mal visto.

Pero llegó la Gran Recesión de 2008. Muchos empleos desaparecieron también por la digitalización y las ofertas eran de baja calidad con sueldos ridículos: los famosos “mileuristas”. El pluriempleo declarado o no, de nuevo volvió a España.

Ahora, las estadísticas oficiales nos dicen que el empleo está creciendo, el paro cayendo, que estamos acabando con la precariedad porque los contratos son en su mayoría indefinidos y el salario mínimo ha subido un 40% hasta alcanzar casi los 1200 euros al mes. Y ¿qué ha pasado con el pluriempleo? Pues, inopinadamente ha subido y mucho. Es una de las noticias de estos días de balances económicos del año que ha terminado. Sí, hemos creado empleo hasta superar los 20 millones de afiliados, pero son empleos no a jornada completa. Tenemos más empleados que en 2019 pero menos producción que en ese año porque trabajamos menos horas. Si a esto le sumamos el efecto de la inflación, es decir que los precios de media han subido por lo menos un 12% y las hipotecas se han disparado estos meses, se necesitan más ingresos en la economía familiar. Y la opción para cerca de 600.000 personas es pluriemplearse. A esto hay que sumarle cerca de 200.000 autónomos en pluriactividad y la economía sumergida, es decir, los que tienen trabajos extras que no declaran. El resultado es que el número de españolitos yendo como pollos sin cabeza de un trabajo a otro tiene por lo menos seis cifras. Créanme que sé de lo que hablo porque todos los años desde hace más de 25 años una carta de la seguridad social me lo recuerda.

Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC