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sábado, 27 de mayo de 2023

¿Puede presentarse Biden a la reelección?


(este artículo se publicó originalmente en el Periódico de Cataluña el día 17 de mayo de 2023)

A finales de abril el presidente Biden anunció su intención de presentarse a la reelección. Inmediatamente se abrieron las compuertas de un edadismo embalsado en nuestra sociedad que ha arrasado a su paso con cualquier otro argumento. “El presidente más anciano que ha ocupado la Casa Blanca”, “el mandatario con achaques” y hasta “el político con demencia” han opacado la carrera impecable de servicio público de Biden. Edadismo o discriminación por la edad es un término que la RAE ha reconocido hace menos de un año. De alguna manera al incluirlo en el diccionario se ha constatado la marginación que sufren los seniors en nuestros días. A partir de una edad son invisibles para los contratadores y para los publicistas. En los peores momentos de la pandemia se les aplicó el triaje y ahora -visto lo visto- tampoco van a poder ejercer sus derechos civiles como presentarse a unas elecciones.

Churchill selló la paz de Yalta con más de 71 años, Adenauer siendo octogenario estampó su firma en el acta fundacional de la Comunidad Europea y la premio nobel Teresa de Calcuta con 82 años seguía cuidando enfermos y liderando las Misioneras de la Paz. Todos ellos vivieron en el siglo pasado cuando las tasas de esperanza de vida eran por lo menos veinte años menores que la actualidad lo que nos llevaría a colegir que la edad biológica de Churchill en ese momento serían como los 90 años de hoy y más de 100 la de Adenauer y Teresa de Calcuta.

Y es que los científicos diferencian la edad cronológica de la biológica. La primera es la suma de años que han transcurrido desde el nacimiento. En cambio, la biológica es la edad que tienen los sistemas, tejidos y células de un organismo con relación a su normal funcionamiento, muy influida por el momento histórico en el que se viva. La escritora española Pardo Bazán muere con 69 años en 1921 pero la esperanza de vida entonces era de 40 años, de modo y manera que su edad biológica sería muy superior a la cronológica de entonces y si hubiese vivido hoy posiblemente alcanzaría los 100 años.

 

La Sociedad Geriátrica de Japón ha puesto sobre la mesa nuevos datos que cuestionan el umbral fijo de la ancianidad y ofrecen argumentos a quienes desde la economía abogamos por redefinir el concepto de vejez. Los gerontólogos nipones han analizado datos objetivos sobre el estado físico de las personas mayores y han comprobado que las de 75-79 años presentan la misma velocidad de marcha y la misma fuerza de agarre en la mano que las de 65-69 años de veinte años antes, por lo que no ven apropiado considerar como ancianos a los septuagenarios actuales. Por eso, en ese país, un comité ha propuesto reclasificar la vejez en tres grupos: la prevejez, referida a las personas entre los 65 y los 74 años; la vejez, para quienes están entre los 75 y los 90, y la supervejez, para el grupo de supermayores, los que cuentan con más de 90 años. Antonio Abellán, investigador del CSIC suscribe la tesis de que la entrada en la vejez esté marcada por un umbral móvil vinculado a la esperanza de vida, de modo que ser mayor no depende de la edad del DNI sino de la edad prospectiva, de los años que teóricamente a uno le queden por vivir. Abellán sostiene que, según las tablas de mortalidad oficiales, a los españoles de 65 años, por ejemplo, les quedaban 21 años de vida en 2015, exactamente los mismos que a quienes tenían 58 en 1976, que eran personas a las que nadie osaba considerar como «viejas».

 

Los septuagenarios de hoy están mejor que nunca. ¿Alguien se atreve a dudar de la fuerza de Josep Borrell que con 76 años ha parado los pies  desde Europa al tirano ruso Putin? Carmen Martín Gaite escribió sus mejores novelas con más de setenta años.


En la Encuesta Nacional de Salud quienes ahora están en los 74-75 años reportan niveles de salud como los de 65 de hace nueve años. Hemos ganado dos décadas de vida en apenas medio siglo. "La cuestión es si esos años ganados se los queremos añadir a la vejez o a la madurez». Yo lo tengo claro viendo a septuagenarios en activo como el psiquiatra Rojas Marcos o la catedrática Adela Cortina. ¿Acaso alguien ha dejado de ir a la consulta del doctor Guillen por mucho que supere los ochenta años? 

 

Es profundamente edadista, hablar solo de la edad de Biden y no de sus logros en este mandato. Poner el acento en sus arrugas y no en su experiencia. Fijarnos en su cojera y no en su resiliencia vital. Llamar la atención de sus equivocaciones, olvidando todos sus aciertos. La pregunta que tendríamos que hacernos no es si la edad incapacita al presidente sino si el mundo sería mejor sin Biden.

Todos los que defienden que los 80 años inhabilitan han de saber que con ese argumento Platón no hubiera enseñado a discípulos como Aristóteles, Miguel Ángel no habría terminado la Basílica de San Pedro, Saturno devora a sus hijos de Goya no existiría y muchas obras de Picasso o de Tapies no hubieran visto la luz. ¿De verdad queremos perdernos todo ese talento?

 

Iñaki Ortega es doctor en economía en La Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) y LLYC

lunes, 24 de abril de 2023

Las canas olvidadas

(este artículo se publicó originalmente en El Periódico de Cataluña el día 22 de abril de 2023)

El FMI ha actualizado las previsiones macroeconómicas para España elevando unas décimas el crecimiento del PIB y dejando a la mitad la inflación. Buenas noticias que han ocultado la mención del organismo a nuestro mercado laboral. Según Georgieva seguiremos este año y el siguiente con una tasa desempleo que no bajará del 12% liderando las cifras de paro en Europa. Triste estadística que comparten los jóvenes españoles y los mayores de 55 años, ya que, en ambos, el paro juvenil y el paro senior, es de los más altos del continente.

A la vez que desde Washington se presentaba este informe, en Valencia la empresa Ford, los sindicatos y los gobiernos autonómico y estatal, daban el visto bueno a prejubilar con 53 años a 1124 trabajadores de la compañía de automoción. Fruto de un pacto tripartito, más de mil trabajadores pasarán los siguientes quince años sin trabajar, pero cobrando de la empresa y de la administración hasta que llegue la pensión pública. O lo que es lo mismo, treinta años por delante de ingresos asegurados sin trabajar. En la mayoría de los casos los trabajadores estarán muchos más años cobrando de lo público que años empleados. El caso de esos mil seniors es sintomático de lo que sucede en España con un colectivo de 6.588.873 personas (población entre 55 y 65 años) en el que apenas 3.600.000 están trabajando.

Esta penosa situación, empero, ayuda a poner foco en el camino que nos queda por recorrer. Por ejemplo, alcanzar las cifras de los suecos en tasa de empleo senior del 85% frente al 65% de los españoles, lo que supondría ganancias medidas por el PIB de entre cinco y diez puntos, conforme a estudios citados por el centro de investigación ageingnomics de la Fundación Mapfre. El discurso del ministro Escrivá de alargar la vida laboral, convertido ahora en papel mojado tras el acuerdo de Ford que él mismo ha defendido, pone de actualidad la apuesta de un grupo de docentes -entre los que me encuentro- por el talento senior. Con una legislación que contemple el retiro como un derecho no como un deber, facilite el trabajo -al menos voluntario- por encima de la edad de jubilación, mejore la fórmula para compatibilizar pensión y trabajo, acerque la edad real de salida del trabajo a la edad legal y penalice las jubilaciones anticipadas y las prejubilaciones.

En una suerte de acuerdo colusorio, la empresa y el sindicato UGT con la bendición del Estado han olvidado que la generación de las canas no se agota con los mil prejubilados de Ford, sino que millones de españoles padecen tener una carrera laboral más corta, hasta ocho años, que los suecos o los alemanes. Menos años trabajando es sinónimo de pobreza en la vejez y una mayor probabilidad de morir por el efecto de la soledad.

Para luchar contra el olvido de las canas urge el establecimiento de un gran pacto de país para el fomento del empleo senior que corte de raíz el derroche de talento de los mayores españoles. Este pacto, cuyo compromiso superaría los cinco años, debería firmarse públicamente por los principales representantes políticos, de trabajadores y empresarios. El acuerdo se incorporaría a los programas de gobierno, planes estratégicos empresariales e institucionales de los firmantes.

El gran reto laboral no es retirar con 53 años a empleados con plenas facultades sino trabajar más años, lo cual es posible en todas aquellas ocupaciones focalizadas en el sector terciario o en la servindustria que no demanden un gran esfuerzo físico. 

Al mismo tiempo el trabajo autónomo y el emprendimiento de los seniors ha de fomentarse desde los poderes públicos con atractivas bonificaciones fiscales, ayudas públicas y reducciones de las cuotas de autónomos. Las empresas siguiendo el ejemplo de compañías pioneras de otros lares han de propiciar esta fórmula como vía para alargar la vida laboral de sus antiguos empleados y hacer real “segundas carreras”.

La formación a lo largo de la vida de los trabajadores seniors españoles es una asignatura pendiente que las administraciones, pero también las empresas han de superar. Los datos del Banco de España sobre la distancia de los empleados mayores españoles respecto a sus pares europeos en actividades formativas realizadas, exige una actuación concertada para fomentar con instrumentos públicos nuevos programas de recualificación profesional (reskilling y upskilling)

La prolongación de la actividad exige cambios también culturales. Una nueva mentalidad por parte de todos los actores del mercado laboral para comprender que, en una próxima vida muy cercana a los cien años, la prolongación del trabajo se va a convertir en una necesidad ineludible. En especial los propios mayores han de concienciarse de que por muy atractivo que parezca adelantarse a la edad oficial del retiro, es inviable económicamente y perjudicial para su salud física y emocional, dejar de trabajar con más de treinta años por delante de vida. 

Por último, los seniors se han convertido en el más importante grupo en el campo económico (consumo y patrimonio) y político (censo electoral) pero esta realidad no es conocida por la opinión pública. Una suerte de activismo senior en España inspirado en la exitosa asociación americana de retirados (AARP) promovida desde la sociedad civil, no solo visibilizaría el colectivo, sino que haría inviables actuaciones flagrantemente edadistas. Un reciente experimento del Gobierno Vasco lo ha constatado al mandar a reclutadores idénticos currículos de mayores de 50 años y de menores de esas edades y obtenerse la mitad de entrevistas para los seniors. Propiciar la presencia en la opinión pública de españoles que superan los cincuenta años y siguen aportando a la sociedad con su trabajo en campos como la ciencia, el funcionariado, la docencia o el emprendimiento, ayudaría a desterrar esta discriminación. 

En definitiva, por mucha giga factoría de baterías que cree Ford y que la acabe inaugurando el presidente del Gobierno, es infinitamente más rentable económicamente para el país no olvidar las canas.

 

Iñaki es doctor en economía en La Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) y LLYC

domingo, 5 de septiembre de 2021

La economía de la soledad

 (este artículo se publicó originalmente en el diario La Información el 30 de agosto de 2021)


En estas semanas en las que hemos visto ciudades como Madrid vacías por el verano he recordado que en París la mitad de la población vive sola durante todo el año, en Estocolmo son seis de cada diez los que residen sin compañía. Reino Unido ha visto como la proporción de personas que viven solas se ha doblado desde 1960 hasta alcanzar el 31 por ciento. Son datos que leí en un informe del World Economic Forum que empezó a estudiar este fenómeno hace un par de años por sus implicaciones económicas.

En España, según un informe de la Universidad Pompeu Fabra son casi cuatro millones de personas los mayores de 65 años que viven sin compañía o lo que es lo mismo, el 43 por ciento de todos los que superan esa edad. Entre las mujeres de esa cohorte la proporción sube hasta el 55 por ciento.

Vivir solo o con alguien podría ser un mero dato estadístico si no supusiese un hecho añadido que aporta el catedrático de economía Guillem López Casasnovas: aproximadamente el 70 por ciento de las personas que viven solas también se sienten solas. Y cuando ese sentimiento aparece los especialistas de la salud defienden que es causa generadora de enfermedad, muchas de ellas mentales. Está demostrado que la soledad es uno de los factores de riesgo de mortalidad prematura, hasta se ha constatado una relación positiva entre soledad y deterioro del funcionamiento del sistema cardiovascular.

Los profesionales del sector del cuidado lo conocen de primera mano. En España, un 26% de las personas atendidas por Cruz Roja se sienten solas, para Sanitas es un 30 por ciento de sus pacientes. En el resto de Europa, el relato es muy parecido. Alemania tiene dos tercios de la población que consideran la soledad como un problema grave. Casi un tercio de los ciudadanos holandeses admitió sentirse solo, y uno de cada diez lo estaba gravemente. En Suecia, hasta una cuarta parte de la población dijo que con frecuencia se sentía sola. En Suiza, dos de cada cinco personas informaron que a veces, a menudo o siempre se sienten así. Pero no es una cuestión de edad, aunque la soledad se cebe con los adultos mayores, por ejemplo, uno de cada cuatro adultos en el Reino Unido ha experimentado soledad excesiva durante el confinamiento, especialmente entre los 18 y 29 años; uno de cada ocho dijo no tener ningún amigo. La escritora superventas Noreena Hertz cuenta estos datos en su último libro The Lonely Century en el que califica como la nueva pandemia a la soledad no solo por los problemas de salud que ocasiona sino porque está detrás del auge de los populismos. La economista defiende su tesis usando datos demoscópicos recientes y basándose en estudios sociológicos pretéritos que vinculan la falta de interacciones sociales con la propensión a rendirse ante ideologías intolerantes que aportan una sensación de pertenencia.

En cualquier caso, los costes económicos de la soledad son enormes. En Reino Unido se calcula que, para las personas de más de 75 años, la soledad incrementa los costes sanitarios en 6.000 libras por persona, precisamente porque la mitad de ellas viven solas, y muchas de ellas no han hablado con un pariente o amigo en más de un mes. El profesor Moreno-Ibáñez de la Universidad de Navarra defiende que la soledad es tan tóxica como fumar unos 15 cigarrillos al día.

Pero lo que es un hecho es que en los próximos años la soledad no va a dejar de aumentar en sus diferentes acepciones, desde vivir solo pasando por la soledad elegida o por el conocido como aislamiento social. Uno de cada cuatro ciudadanos de la Unión Europea declaró sentirse solo el año pasado, el doble con respecto a 2016. Las causas son conocidas pero me permito recordarlas: la población del mundo envejece alcanzándose edades extremas; la sociedad se transforma de la mano de nuevos hábitos y estilos de vida que rompen con la tradicional vida en familia; la tecnología y la inteligencia artificial han irrumpido haciendo innecesarias muchas interacciones sociales como ir a la compra, conocer a los vecinos o quedar con amigos y pandemias como la covid19 exigirán distancia social en ocasiones y han consolidado el teletrabajo evitando un espacio clásico de socialización.

Pero ante estas amenazas es cuando surge con fuerza la economía de la soledad. Una oportunidad para ofrecer nuevos bienes y servicios, desde la iniciativa privada con el impulso de lo público, que luchen contra esa soledad no deseada. Una buena noticia porque siguiendo esta vez a Renee Mouborgne de la prestigiosa escuela de negocios INSEAD, el mercado de la soledad es una océano azul -apenas hay operadores que han visto esta oportunidad - y los pioneros se beneficiarán de ello.

La economista-jefe de Singular Bank, Alicia Coronil, me ha recordado este verano que, según McKinsey, el consumo global aumentará aproximadamente en 19 billones de dólares en los próximos diez años, una cifra equivalente a un 22 por ciento del PIB mundial de 2020. No obstante, la mitad de este avance se concentrará en Asia apoyado en el incremento del peso de la clase media. De hecho, uno de cada dos hogares de ingresos medio-altos estará en el continente asiático, frente al 33 por ciento del total mundial en 2010. Pero lo más relevante de lo que me contó la profesora Coronil es que de aquí a 2030 los patrones de consumo estarán mediatizados no solo por la economía plateada (silver economy) sino por el crecimiento del número de hogares unipersonales, que representan actualmente un 35 por ciento del total en las economías avanzadas asiáticas y en el caso de China un 15 por ciento Una tendencia que también se observa en India, donde el tamaño medio de familias ha retrocedido un 15 por ciento en los últimos 10 años. Este hecho, para Mckinsey, está impulsando la economía de la soledad (lonely economy) asociada no sólo a una adaptación del tamaño de los envases de los productos y al aumento de uso de servicios a domicilio, compra de bienes y servicios online de entretenimiento digital o de salud, sino también a cambios en el urbanismo ante el incremento de la demanda de viviendas de menor tamaño.

En Estados Unidos, aunque suene a broma hay empresas que alquilan amigos (rent a friend), en Corea discotecas especializadas para senior solteros (colatecs). Es más seria la contribución económica que aportan las plataformas de citas entre solteros que alcanza los mil millones de euros en España según Ourtime. Las compañías que ofrecen paquetes turísticos para personas que viajan solas se han multiplicado en todo el mundo siendo el único colectivo que crece a dos dígitos y el auge de los espacios de trabajo colectivo, los conocidos como coworking, no se entiende sin explicar la necesidad que cada vez más profesionales autónomos tienen de salir de la soledad de su casa.

En España la plataforma Soul Auto se ha especializado en este público subastando coches de coleccionista usando tecnologías disruptivas; en el mundo Harley Davidson, la empresa líder en venta de motocicletas en Estados Unidos, tiene como uno de sus principales públicos objetivo a las personas que viven solas y tienen ingresos por ello.

Para finalizar no pido desde estas líneas lo que hizo en 2018 Theresa May, la primera ministra británica que creó un ministerio de la soledad sino simplemente que en la economía resolver problemas siempre tiene premio.

Iñaki Ortega es doctor en economía y profesor de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)

miércoles, 4 de agosto de 2021

A las neuronas les sienta bien el paso del tiempo

 (este artículo se publicó originalmente en el blog de IFEMA de la Feria Vida Silver el día 1 de agosto de 2021)

Los mayores de 55 años en España tienen una tremenda capacidad para aportar al mercado laboral y la economía. Así lo demuestran los datos, aunque se conozcan muy poco. Más de cuatro millones de séniors forman parte de la población activa; casi un millón de séniors son autónomos, y, por lo menos, 100.000 séniors son emprendedores. Desde 2008 a nuestros días se han perdido 2,8 millones de efectivos del colectivo de jóvenes (16 a 34 años), y, en cambio, en el tramo de los mayores (55 y más), han crecido con 2,9 millones de nuevos integrantes.

El talento sénior, por tanto, está muy presente en la economía española, y no solo en términos absolutos, como acabamos de ver, sino también en comparación con el conjunto de la población. Uno de cada cinco ocupados en España son séniors, y uno de cada tres autónomos españoles tienen más de 55 años. Y su tasa de participación en la población activa total ha pasado en apenas diez años del 11 % al 18,3 %. Pero todavía queda mucho camino por recorrer para aprovechar en España todo el talento sénior. De hecho, estamos lejos de los países más avanzados. Más de medio millón de séniors queriendo trabajar no pueden hacerlo. A su vez, la mitad de los desempleados sénior llevan más de dos años sin trabajar. Las cifras de parados mayores casi se han triplicado desde 2008. También las tasas de emprendimiento del colectivo están por debajo de las de otras cohortes de edad.

Asimismo, en los séniors españoles pervive una cultura de no prolongar su trayectoria laboral, en algunos casos puede llegar a producirse a una edad tan anticipada como los cincuenta y pocos años, lo cual alarga el periodo de retiro a más de 30 años, un tiempo equivalente o incluso más largo al de la actividad. Además, el trabajo por cuenta propia en algunos tramos de edad de los séniors es casi la única opción para seguir enganchado al mundo del empleo, por la sequía de ofertas de trabajo. Por eso, y a pesar de los datos expresado en los primeros párrafos, en España corre el peligro de que se instale la idea de que superar los cincuenta años es no tener futuro laboral. De ahí que sea imprescindible luchar contra los prejuicios culturales con la edad. Hoy, la esperanza de vida supera los 80 años, y la calidad de vida es muy alta en el periodo de los 50 a los 70 años.

Un estudio publicado en New England Journal of Medicine afirma que el cerebro de una persona mayor es mucho más plástico de lo que se cree. A esta edad, la interacción de los hemisferios derecho e izquierdo del cerebro se vuelve armoniosa, lo que amplía las posibilidades creativas. Esta afirmación se basa en que con el paso del tiempo el cerebro gana en flexibilidad ya que aumenta la cantidad de mielina en el cerebro, sustancia que facilita el paso rápido de señales entre neuronas. Para la Universidad de Montreal “el cerebro de una persona mayor elige el camino que consume menos energía, corta lo innecesario y deja solo las opciones correctas para resolver los problemas ante los que se encuentra”. La realidad apoya este razonamiento, puesto que, si repasamos algunos de los grandes creadores de la historia, comprobaremos que sus obras cumbre fueron siendo adultos mayores.

Las tres etapas más productivas coinciden con las décadas que componen la llamada generación de las canas; es decir, las personas que tienen entre 50 y 75 años. La edad media de los premios Nobel es poco más de los 60 años; Miguel de Cervantes escribió la segunda parte de El Quijote con 68 años, y Beethoven con 54 años su novena sinfonía; Steve Jobs con 56 años convirtió Apple en la empresa de mayor capitalización del mundo. La bioquímica Margarita Salas a los 69 años fue la primera mujer española en formar parte de la Academia de Ciencias Estadounidense. Goethe publicó su ‘Fausto’ superando con mucho los 70 años. Las tres personas más ricas del planeta tienen más de 54 años.

Los prejuicios sobre el talento sénior suponen para la economía española una pérdida de oportunidades en términos de riqueza que diferentes estudios internacionales han tasado en varios puntos del PIB. Además, las ventajas de la conocida como economía plateada o economía sénior no son aprovechadas suficientemente por las empresas españolas. Conviene recordar que España tiene las mejores circunstancias para ser el país de referencia en la silver economy por su liderazgo en longevidad, sistema sanitario y de dependencia y apertura al exterior. No obstante, esta oportunidad se alejará, si los séniors no están presentes en el mercado laboral trabajando, pero también aportando una nueva perspectiva de diversidad en las compañías.

No hay excusas para no tomar decisiones urgentes que permitan que el talento sénior aporte más y mejor a la economía española. Pero esta llamada de atención no afecta solamente al sector público que establece el marco del mercado laboral sino también a las empresas, a los representantes de los trabajadores y a los propios séniors. Todos tenemos que asimilar que a las neuronas les sienta bien el paso del tiempo.

 

Iñaki Ortega es doctor en economía y profesor de la UNIR


domingo, 25 de julio de 2021

La vivienda se “silveriza”

 (este artículo se publicó originalmenteel día 13 de julio de 2021 en Idealista News)

El reto demográfico se ha convertido en una de las macrotendencias a tener en cuenta para la agenda de cualquier economía del planeta. Por ejemplo, en España, en apenas un siglo hemos ganado a la vida 40 años, es decir que se ha doblado la esperanza de vida de los 41 años de 1920 a algo más de 81 en la actualidad.  A principios del siglo pasado solo un español de cada cien superaba los 65 años, hoy es el 99%. El resultado es que en la actualidad 15 millones de españoles son seniors, es decir que una de cada tres personas que viven en nuestro país tienen más de 55 años.

Este cambio ha sido tan rápido -no puede olvidarse que durante miles de años la esperanza de vida no superaba los 30 años, y en los últimos siglos estábamos anclados en los 40 años- que no ha dado tiempo a adaptarse. Las instituciones en sentido amplio -empresas y administraciones- pero tampoco las personas hemos asimilado que viviremos más allá de los 80 años. Eso explica muchos de los retos que tenemos por delante. Por ejemplo, las carreras profesionales serán mucho más largas porque tenemos mejor salud y además viviremos más años, pero nos empeñamos en acortarlas con salidas tempranas del mercado laboral sin darnos cuenta de que es inviable estar más años cobrando una pensión que trabajando. Otra demostración de la falta de adecuación a la nueva demografía es el surgimiento de una nueva edad a caballo entre la ancianidad y la edad adulta, pero la oferta de bienes y servicios sigue anclada en modelos obsoletos que ven a los seniors como personas frágiles y analógicas. A su vez la aportación de los adultos mayores al bienestar de las familias con el trabajo no remunerado -voluntariado- no ha dejado de aumentar, pero seguimos anclados en una visión paternalista y asistencial de los mayores cuando la realidad es que son un grupo de edad resiliente y muy activo.

Por todo lo anterior ha surgido el concepto de la silver economy o economía plateada. Son el conjunto de oportunidades para los territorios, empresas y ciudadanos vinculadas a una nueva cohorte de edad con el pelo plateado y necesidades insatisfechas. Los seniors necesitan productos a su medida y además tienen una posición económica más sólida que otros grupos de edad (en España la pensión media es más alta que el sueldo medio). Al mismo tiempo las empresas necesitan conocer mejor a esta nueva clientela y una adecuada gestión de la diversidad en sus plantillas, de la mano del talento senior; les puede ayudar. Por último, también es economía plateada cuando los territorios fomentan las mejores condiciones para retener ya atraer personas mayores con políticas amables con este colectivo. Las personas, empresas y naciones que abracen la silver economy recogerán los réditos en términos de creación de empleo y generación de riqueza.

La silver economy supone explorar nuevos ámbitos en la industria de ocio -los mayores son el colectivo que más crece como usuarios de gimnasios o plataformas para citas-, en las finanzas -con nuevos productos de ahorro o para hacer líquido el patrimonio inmobiliario-, en los bienes de consumo -coches para mayores, móviles para mayores o ropa a su medida-, pero también en la vivienda.

Todos los estudios indican que una gran mayoría de personas queremos permanecer en nuestra casa hasta el final de nuestra vida. Pero el paso de los años lleva a que las circunstancias que rodean a las personas cambien. Los hijos se independizan, puede surgir la soledad o la dependencia en diferentes grados es probable que aparezca. Pero también con el paso de los años hay una mayor libertad para viajar o desaparecen servidumbres como la cercanía al lugar de trabajo. Es en este contexto dónde han aparecido oportunidades en la industria de la vivienda para renovar inmuebles para la dependencia, adaptar las casas a los largos cuidados o explorar nuevos modelos de convivencia como el coliving. También surgirá un nuevo mercado para los seniors que quieran adaptar su nueva vida con una casa a su medida. Las soluciones residenciales aceleradas por la pandemia migrarán a un modelo más parecido al hogar y aparecerán casas tuteladas o con servicios especializados y para todo lo anterior no solo se necesitará adaptar la oferta sino también nuevas empresas que entiendan que hay pocos mercados donde la demanda esté asegurada que aumente dos dígitos en los próximos años.

Un mercado silver para la vivienda que tiene otra ventaja y es su capacidad de autofinanciarse. En España por primera vez en la historia y según datos del barómetro de consumo senior de la Fundación MAPFRE, una mayoría de los seniors tienen vivienda en propiedad. Fórmulas, hasta ahora inéditas en nuestro país para hacer líquido ese patrimonio inmobiliario, aparecerán como la vivienda inversa, la nuda propiedad y la hipoteca inversa, para permitir que los silvers vivan a su manera.

El profesor de ESIC, Juan Carlos Alcaide, ha acuñado el término de silverizar la economía en el sentido de adaptar la producción a una realidad demográfica en la que predominan las canas. El sector de la vivienda no será una excepción y también se está silverizando a marchas forzadas para adaptarse a las nuevas necesidades de la cohorte plateada. La buena noticia es que siguiendo esta vez a Renee Mouborgne de INSEAD, el mercado es una océano azul -apenas hay operadores que han visto la oportunidad del envejecimiento en la industria de real estate- y los pioneros se beneficiarán de ello. España está en la mejor posición: la mayor esperanza de vida, altos estándares del sistema de protección socio-sanitari, agentes en el mercado de calidad, tradición inversora en la industria y territorios además de instituciones financieras buscando nuevas palancas de desarrollo. ¿A qué esperamos para silverizar la vivienda española?

 

Iñaki Ortega es profesor de la Universidad Internacional de La Rioja UNIR

Luis de Ulibarri es vicepresidente de Almagro Capital

domingo, 20 de junio de 2021

El color del dinero

 (este artículo se publicó el 20 de junio de 2021 en el blog del centro de investigación ageingnomics de la Fundación MAPFRE)

No es nuevo teñir de color el dinero. A lo largo de la historia el dorado ha sido asociado a la riqueza ya que las reservas de oro de los países permitían emitir moneda de curso legal. Con la llegada del papel moneda, el verde de los dólares triunfo en el mundo ya que esta moneda se convirtió en el patrón monetario de la economía. Pronto apareció el dinero negro para referirnos a aquel que no se declara, aunque también es el que procede de actividades ilegales. Así surgió el blanquear el dinero cuando quiere lavarse, quitar el color negro de este dinero obtenido ilícitamente y así incluirlo en el flujo legal de la economía.

Pero hay otras historias que merecen la pena ser contadas sobre el color del dinero. Los anglosajones llaman «libra morada», a los beneficios de incorporar a tantas mujeres como hombres a la actividad económica. Con ello no solo se reduce el desempleo femenino, sino que además se ceba la economía con más consumo. El color morado de este dividendo demográfico de las mujeres se remonta a hace más de 100 años en Nueva York cuando una fábrica textil se incendia y mueren quemadas cientos de trabajadoras ya que las puertas estaban bloqueadas para evitar el absentismo. De la factoría en llamas unas columnas de humo morado pudieron verse a cientos de kilómetros de Manhattan; en la combustión se habían mezclado los tejidos rojos que fabricaban esas mujeres con el hollín de las chimeneas.

El dólar rosa, también conocido como dólar arcoíris, se acuña para explicar el nicho económico que ha ido creciendo desde los años 80 del siglo pasado vinculado al consumo del colectivo LGBTI (Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersexuales) en sectores como el turismo, ocio, tecnología o moda. El color arcoíris del movimiento gay parece que proviene de la canción de la película el Mago de Oz que la musa de ese colectivo Judy Garland interpretó.

Pero también existe la economía naranja o la vinculada a las industrias culturales y creativas con subsectores como la arquitectura, artes visuales y escénicas, artesanías, cine, diseño, editorial, investigación y desarrollo, juegos y juguetes, moda, audiovisual, música, publicidad, software y videojuegos; según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), «si la economía naranja fuera un país, sería la cuarta potencia económica del mundo, un 20 por ciento más grande que Alemania. Ocuparía el noveno lugar entre los diez mayores exportadores, duplicando el valor de las exportaciones de petróleo de Arabia Saudí”

Y ahora la economía plateada o silver economy por su termino en inglés. Siguiendo a los profesores Aracil y Roch de la Universidad de Comillas el envejecimiento demográfico, entendido como un gran desafío, promueve también importantes cambios socioeconómicos radicales. Los cambios socioeconómicos radicales presentan implicaciones a largo plazo e influyen en los desarrollos organizativos e institucionales. Así, el envejecimiento de la población promueve un nuevo paradigma socioeconómico conocido como economía plateada que incorpora cambios socioeconómicos e influye en el comportamiento organizativo e institucional. En palabras de la Comisión Europea podemos hablar de un euro plateado "el rápido envejecimiento demográfico no solo es un desafío social importante en términos de presupuestos públicos, mano de obra, competitividad y calidad de vida, sino también una gran oportunidad para nuevos empleos y crecimiento". Como resultado, en 2018 la Comisión Europea definió la economía plateada como "la suma de toda la actividad económica que satisface las necesidades de las personas de 50 años o más, incluidos los productos y servicios que compran directamente y la actividad económica adicional. Además de la anterior, existen varios intentos de definir la economía plateada, promovidos especialmente por instituciones supranacionales. Por ejemplo, para la OCDE es "un entorno en el que los mayores de 60 años interactúan y prosperan en el lugar de trabajo, participan en empresas innovadoras, ayudan a impulsar el mercado como consumidores y llevan una vida saludable, activa y productiva". Otras definiciones de la economía plateada como la de la OMS se sostienen sobre las mismas características principales, como, por ejemplo, "la economía plateada es un concepto que intenta capturar los efectos económicos y las oportunidades resultantes del envejecimiento de la población". No caben en este breve artículo más definiciones a la vista de un reciente análisis bibliométrico encargado por el centro de investigación ageingnomics de Fundación MAPFRE que tasó en 1968 documentos científicos publicados entre 1975 hasta octubre de 2020 sobre el particular. Por ello nos quedamos con que este nuevo color plateado del dinero fruto de esta silver economy se refiere a las oportunidades para gobiernos, empresas, sociedades e individuos que surgen al adaptar y crear políticas, productos y procesos a las necesidades del envejecimiento de la población.

 

Si quiere leer el informe sobre la economía plateada del BID

Si quiere leer el informe sobre la silver economy de la Comisión Europea

Si quiere leer el informe sobre la silver economy de la OCDE

Si quiere leer el informe España 2050 donde se menciona la economía plateada

 

Iñaki Ortega es doctor en economía y profesor de la Universidad Internacional de La Rioja UNIR

miércoles, 19 de mayo de 2021

La oportunidad de la silver economy

 (este artículo se publicó originalmente el dia 17 de mayo de 2021 en el blog del centro de investigación ageingnomics de la Fundación MAPFRE)


El físico y matemático William Thomson ha pasado a la historia como unos de los científicos británicos más importantes. Ejerció en la Universidad de Glasgow durante más de cincuenta años y está enterrado con el nombre de Lord Kelvin, junto a Isaac Newton en la Abadía de Westminster. Pero no solo han llegado hasta nuestros días sus descubrimientos sobre la termodinámica sino una frase que repetía a sus discípulos desde el estrado: “lo que no se define no se puede medir; lo que no se mide, no se puede mejorar; lo que no se mejora, se degrada siempre”.

 

Este mes de mayo el Banco de España en su memoria anual incluyó el envejecimiento poblacional, como uno de los mayores desafíos a los que se enfrentan las economías desarrolladas y, de manera singular, la economía española. “La extraordinaria envergadura de este reto viene determinada por las numerosas implicaciones que estos cambios tienen en términos de la capacidad de crecimiento de la economía, del mercado laboral y de la política fiscal, entre otras dimensiones”. Pero la buena noticia es que por primera vez el supervisor bancario -en boca de su gobernador Pablo Hernández de Cos- menciona las oportunidades que el reto demográfico ofrece para el desarrollo de algunos sectores en el medio plazo, entre los que cabe destacar los sectores de la salud, el ocio, el turismo, el inmobiliario y el financiero. “España cuenta con una situación de partida privilegiada para competir en la provisión de servicios destinados a la población en tramos de edad avanzados —lo que se ha denominado silver economy-, tanto por nuestras especiales condiciones geográficas y culturales como por el patrón de especialización sectorial que hemos desarrollado en los últimos años. Aprovechar las nuevas oportunidades que se nos plantean exigirá ser ágiles - y perseguir continuas mejoras de calidad y eficiencia en la provisión de los bienes y servicios que una sociedad más envejecida demanda”.

 

Siguiendo a Lord Kelvin, España ha conseguido definir la economía de las canas, pero ahora toca para mejorar, medir esta nueva realidad.  Por esa razón el Centro de Investigación Ageingnomics de la Fundación MAPFRE encargó en 2020 a un grupo de investigadores del Instituto de Investigación Tecnológica de la Universidad Pontificia de Comillas una metodología técnica para la elaboración de un indicador sobre el progreso de la Economía Plateada.

 

Para los profesores Aracil y Roch “la cuarta revolución industrial que estamos viviendo se sustenta, en otros pilares, en los datos y la necesidad de medir. Tan es así, que los datos se han equiparado al ‘petróleo’ del S. XXI, debido a su relevancia en la toma de decisiones y en la construcción de la agenda política, social y organizacional”.  Los docentes de ICADE sostienen que el principio psicológico de Heisenberg hace que el acto de medir puede influir en el sistema que se mide. Es decir, si una sociedad mide el avance hacia una economía plateada, se centrará cada vez más en la economía plateada y sus impulsores. Los beneficios pueden incluir cambios de política e iniciativas organizativas que afecten positivamente a la sociedad en todos los niveles. Por tanto, es imperativo proporcionar una metodología rigurosa para medir el progreso en la economía plateada y el éxito de una nación en satisfacer las necesidades económicas y sociales de sus ciudadanos en un contexto de envejecimiento de la población.

 

Iñaki Ortega es doctor en economía y profesor de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)

 

 

 

 

jueves, 22 de abril de 2021

Mayores empoderados

(este artículo se publicó originalmente en el blog del centro de investigaciónAgeingnomics el día 22 de abril de 2021)

La palabra empoderamiento existe en castellano como un calco del inglés empowerment. “Hacer poderoso o fuerte a un individuo o grupo social desfavorecido” reza el diccionario. Aunque su significado es unívoco se ha usado indistintamente por los movimientos de derechos civiles, por los manuales de gestión empresarial y hasta por los organismos internacionales. En el siglo pasado el término adquirió relevancia con el feminismo que lo usó para referirse a la necesidad de que las mujeres reforzaran sus capacidades y protagonismo para vencer las desventajas estructurales. Pronto migró a la economía y así explicar “una herramienta que consiste en delegar, otorgar o transmitir poder, autoridad, autonomía y responsabilidad a los trabajadores o equipos de trabajo de una empresa para que puedan tomar decisiones, resolver problemas o ejecutar tareas sin necesidad de consultar u obtener la aprobación de sus superiores”. Hasta la ONU comenzó a hablar de empoderar como “un proceso de reducción de la vulnerabilidad y de incremento de las propias capacidades de países pobres y marginados para promover entre ellos un desarrollo humano y sostenible”. En nuestros días de nuevo la palabra se ha convertido en un fetiche, esta vez, para los que protestaban en París con chalecos amarillos.

Empoderarse para acabar con situaciones no deseadas. Unas veces la discriminación racial, otras la pobreza y siempre la desigualdad. Por eso, ahora que la pandemia ha demostrado que no ha habido un grupo etario que haya sufrido tanto como los que superan los 60 años, ha llegado el momento de empoderar a los mayores.

Un reciente informe promovido por el investigador del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) Marco Stampini ha recomendado para luchar con esta discriminación una serie de medidas entre las que se incluye “mejorar los ambientes urbanos, la accesibilidad, la movilidad y la vivienda para aumentar la autonomía de las personas mayores”. Este consejo apunta a fomentar la “amigabilidad” en los territorios para integrar a las personas mayores en la vida social y comunitaria. El movimiento Age Friendly Cities and Communities, promovido desde la Organización Mundial de la Salud (OMS), que actualmente aglutina a más de mil ciudades de todo el mundo, es una excelente herramienta de cohesión social en relación con la edad y también a las situaciones de dependencia. Por desgracia este enfoque ha sido obviado en los clásicos mensajes del envejecimiento saludable, donde solo la alimentación y el ejercicio físico parecía que importaban. Empoderar a los mayores es reconocerles igualdad de responsabilidades y derechos a la participación en la vida social, política y comunitaria. Las ciudades “amigables” (o simplemente “útiles”, como cataloga el profesor Benigno Lacort) con las personas mayores son aquellas que no buscan un miope envejecimiento activo sino una promoción de ciudadanía activa, entendida como un eclecticismo de actividades participativas que incluye la participación política y la acción comunitaria y voluntaria. De modo y manera que los mayores empoderados asumen compromisos, pero también toman decisiones sobre su vida. Elegirán dónde vivir, en qué ciudad, pero también de qué modo, en su casa o en otro lugar. Apostarán por las instituciones, empresas o administraciones, que tengan en cuenta sus necesidades y repudiarán a las que siguen ancladas en la discriminación por la edad.

Este fenómeno tiene diversas administraciones públicas que han comenzado a darle respuesta. Desde el Centro de Investigación Ageingnomics con la ayuda de Deusto Business School se han seleccionado tres instituciones españolas que pueden servir de ejemplo por sus políticas con las personas mayores frente al edadismo pandémico. La ciudad de Zaragoza, la Junta de Castilla y León y el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. En un seminario celebrado en la sede la Fundación MAPFRE el día 24 de marzo se conocieron las estrategias de estas tres administraciones de la mano de sus máximos responsables.

España está en disposición de liderar una estrategia mundial para que el alargamiento de la vida suponga una oportunidad económica a través de nuevos productos y servicios para los mayores. Tenemos la mayor esperanza de vida del mundo junto a Japón; una cultura de apertura gracias al turismo y un espíritu emprendedor que hemos demostrado a lo largo de nuestra historia. Solo nos falta acabar con la discriminación absurda de la vejez de la mano de territorios y empresas que sepan ver el empoderamiento de los mayores.

Para ver el contenido completo de la edición del ciclo ageingnomics dedicado a los territorios amigables con los mayores.

Para ver el informe completo del BID “Fragilidad de las instituciones de cuidado a la vejez ante el Covid19”

 

Iñaki Ortega Cachón es doctor en economía y profesor de la Universidad Internacional de La Rioja - UNIR.

viernes, 26 de febrero de 2021

Visibilizar un nuevo empleo

 (este artículo se publicó originalmente el día 25 de febrero de 2021 en el blog VidaSilver de IFEMA)



La demografía demuestra, con el imparable crecimiento de la conocida como esperanza de vida sana (healthspan), que las personas entre los 55 y 75 años gozan de buena salud y que pueden permanecer activos con todas las garantías. Otra ciencia, la de la vida, nos confirma que las neuronas no dejan de regenerarse a lo largo de nuestra existencia. A su vez, un economista como Daron Acemoglu ha descubierto la positiva relación entre implantación de la inteligencia artificial y la presencia de trabajadores longevos. Existen incontables evidencias, por ejemplo, en la Historia del Arte, sobre la capacidad de los seres humanos para seguir aprendiendo y creando durante la mayor parte de la vida.

Con esto, la ciencia de la población lo tiene tan claro que ha acuñado el concepto de “dividendo de longevidad”. Se trata de una cohorte de personas entre los 50 y los 70 años que constituyen una fuerza de trabajo potencial y que, en un momento determinado, puede hacerse efectiva mejorando con ello la producción de bienes y servicios.

Un artículo de 2006 en la revista The Scientist, escrito por cuatro experimentados investigadores de universidades americanas, llamó urgentemente a ralentizar el envejecimiento, ya que terminaría creando riqueza. Este nuevo concepto resumía los beneficios que suponen para una sociedad los aumentos alcanzados en la esperanza de vida; en concreto, defiende que “la gente se mantendrá más tiempo en el mercado laboral, los ahorros personales aumentarán, bajará el absentismo y habrá menor presión para el sistema de salud”.

A pesar de lo anterior, en nuestra sociedad ha calado la percepción de que es una anomalía el empleo silver. Por eso conviene recordar que muchos cientos de miles de mayores de 55 años siguen trabajando por cuenta ajena, que otros ya son contratados puntualmente para trabajos esporádicos en la gig economy, también conocida como economía de los pequeños encargos. Cada vez más mayores se convierten en emprendedores sin que la edad sea un impedimento para iniciar una nueva actividad (de hecho, ya hay más emprendedores de más de 50 años que de menos de 30 años). Otro grupo importante desarrolla tareas de voluntariado, bien en el seno de sus propias familias o en instituciones de proyección social; y muchos desearían seguir realizando un trabajo formal, quizá a tiempo parcial, en el mismo o en otro sector de la actividad empresarial y con un salario redefinido.

Pero como explica el experto Valentín Bote, en nuestra mente sólo existen dos posibilidades, como si de computación se tratase, el 0 y el 1, donde 0 es no trabajar y 1 es tener trabajo a jornada completa con horario fijo. Tenemos que pasar página de ese anacronismo porque en una larga vida tendremos varias carreras y, por lo tanto, nuestra relación laboral será variada, con modalidades de trabajo semipresencial, teletrabajo o para varios clientes. No seremos asalariados, sino que venderemos nuestros servicios profesionales a varias compañías. En consecuencia, hay opciones más allá del contrato a tiempo completo.

Desgraciadamente, este deseo, tan loable como necesario, no encuentra en la sociedad, la empresa y los gobiernos la suficiente sensibilidad. El dividendo demográfico que suponen los trabajadores sénior no podrá serlo mientras no se eliminen algunos estereotipos respecto a los trabajadores mayores, que un estudio de la Fundación Laboral San Prudencio puede ayudar a echar por tierra.

Los sénior no son más absentistas, pero sí son más disciplinados, no tienen resistencia a aprender cosas nuevas, ni son menos productivos ni tienen más accidentes. En cambio, sí son más leales y tienen más experiencia y ética en el trabajo. Por ello se necesita luchar contra ese mantra que minusvalora el talento sénior, precisamente difundiendo lo contrario. Empresas de todo el mundo contratan y promocionan a personas mayores y han de conocerse esas buenas prácticas para que otros las sigan: Carrefour en Francia, Mercedes-Benz en Alemania, Ikea en Suecia, ISS en Dinamarca, Metlife en Estados Unidos, Hyundai en Corea o Toyota en Japón, pero también Cuatrecasas y MAPFRE en España.

Esta tarea nos ha de implicar a todos y, además, no tiene porqué ser aburrida. En nuestra mano está por ejemplo promocionar el talento sénior y divertirnos con películas como El Becario (2015), con Robert de Niro salvando una empresa con más de 70 años. Ojalá surjan más largometrajes como The company men (2010), en la que Tommy Lee Jones reinventa con éxito su carrera profesional tras ser despedido por su edad; o Sully (2016) con Tom Hanks aterrizando de emergencia un avión repleto de pasajeros en el río Hudson el mismo día que le jubilaban, a pesar de estar en plenas facultades. En España hace un par de años Carlos Iglesias puso a los emprendedores sénior en la agenda con @buelos (2019). Un paso más en la buena dirección de visibilizar el empleo silver

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

 


domingo, 1 de noviembre de 2020

Habrá que trabajar más


(este artículo se `publicó originalmente en el blog del centro de investigación ageingnomics de la Fundación MAPFRE en el mes de noviembre de 2020)


Prácticamente cada semana un informe nos recuerda que para salvar la seguridad social de los crecientes gastos pensionarios tenemos que retrasar la edad efectiva de jubilación. La lógica es aplastante: si viviremos hasta cerca de los 85 años, no podemos dejar de trabajar a los 64, edad media de jubilación en nuestro país. Dos décadas cobrando una pensión es demasiada presión para las cuentas de sistema de seguridad social español, cuando de media sólo cotizamos para recibir pensión pública durante una docena de años.

Limitar la jubilación anticipada, incentivar la jubilación activa, promover el talento senior y los planes de pensiones de empleo son algunas de las propuestas que el Consejo General de Economistas ha formulado recientemente. En su informe «El reto del envejecimiento desde una perspectiva integral» se analiza exhaustivamente el retiro de los españoles, así como el sistema que nos hemos dotado para ello.

Entre las recomendaciones de los economistas españoles están medidas que pueden situarse en la nueva disciplina conocida como la economía plateada. Es decir, las oportunidades en términos de ganancias de productividad, riqueza y empleo que la longevidad puede acarrear.

Algunas de esas cuestiones son la posibilidad de establecer innovaciones financieras para convertir en líquidos ciertos bienes inmuebles a través de fórmulas como las rentas vitalicias, vivienda inversa o las hipotecas inversas -muy poco usadas en nuestro país- que permitan sostener los gastos personales asociados a la longevidad.

No puede olvidarse también la necesidad de dotar de mayor flexibilidad al mercado laboral para que los seniors no sean expulsados de las empresas (España junto a Grecia e Italia padece las mayores pérdidas europeas de productividad por este hecho).

A su vez promover que los mayores de 60 años puedan seguir trabajando a la vez que cobran una pensión (somos el país de Europa con menor porcentaje de población entre 55 y 69 que compatibiliza trabajo y pensión es otra tarea pendiente.

Por último, incentivar desde los poderes públicos los sistemas de ahorro para la jubilación desde las empresas al estilo de los sistemas de previsión social complementaria del Reino Unido (auto-enrolment) o el sistema suizo (tres pilares del ahorro) estarían dentro de este paquete de medidas de la también conocida como ageingnomics o economía del envejecimiento.

Para ver el informe completo pulsar aquí:

 

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR


jueves, 1 de octubre de 2020

Viviremos menos, pero trabajaremos más

 

(este artículo se publicó originalmente el día 1 de octubre de 2020 en el diario económico La Información)


Entre tanta gresca política hay noticias que pasan desapercibidas. La bronca entre los partidos ha conseguido (quizás porque así lo pretendió algún estratega) que nada nos importe y que hasta los hallazgos más sorprendentes caigan en el olvido. El aumento de decibelios por las discusiones entre las administraciones con sede en Madrid ha dejado sin eco estos días el anuncio del Instituto Nacional de Estadística (INE) de que se había roto la tendencia de décadas de aumento de la vida. La pandemia, según el INE, ha provocado un aumento de 50.000 fallecidos respecto al año anterior lo que ha provocado que baje cerca de un año la esperanza de vida de los españoles. Según las estimaciones de la Organización Mundial de la Salud la esperanza de vida a nivel global ha venido creciendo desde 1950 hasta el año 2000 a un ritmo de más de tres años por cada década. A partir de entonces y hasta el 2015 se ha incrementado en una media de cinco años. Situación que se ha calcado en España. En los últimos 30 años la ganancia media en la esperanza de vida patria ha sido de casi 2 meses por año, es decir que le hemos ganado casi 4 horas cada día a la vida hasta llegar a los más de 83 años de esperanza actual. Pero esto no siempre ha sido así, en la España en 1920 no se superaban los 40 años, la misma ratio que en la Hispania romana de dos mil años antes.

Conviene recordar que la esperanza de vida calcula el promedio de años que se espera que viva una persona bajo las condiciones de mortalidad del período en cuestión, es decir que si la esperanza de vida en Turquía en 2016 es de 76 años significa que se estima que una persona nacida en Ankara en 2016 vivirá de promedio 76 años. La clave de la definición es la palabra promedio, ya que algunos vivirán 95 años y otros morirán con 57, pero conforme a la mortalidad registrada en ese periodo, la media aritmética serán esos 76 años.

Para su cálculo se parte de un instrumento de carácter estadístico-matemático que permite medir las probabilidades de muerte o de vida de una población en función de su edad. Este instrumento se denomina tabla de mortalidad o tabla de vida. La lógica de la construcción de las tablas de mortalidad se basa en el principio de la teoría de probabilidades y se parte en su elaboración de obtener las probabilidades de muerte o de vida de la población a partir de los datos reales de defunciones, nacimientos y la población. Es decir, se calculan las tasas de defunciones por edad y por un procedimiento matemático se convierten en probabilidades de muerte y a partir de éstas se derivan las otras funciones de la tabla hasta llegar a obtener este indicador demográfico. La esperanza de vida, por tanto, simplemente nos dice el promedio de edad de las personas fallecidas en un año. Es decir que este año de coronavirus los españoles nos hemos muerto, de media, un año antes. Un año de la vida de 46 millones de personas se ha esfumado, pero a nadie le ha preocupado, absortos como estamos en seguir el espectáculo de las ruedas de prensa que anuncian medidas médicas en un sentido y en el contrario. No sé ustedes, pero a mí no me gusta que nadie me robe y menos un año de mi existencia.

Y mientras pasaban estas cosas, en una destacable unanimidad, los expertos aconsejan que para salvar nuestros sistemas de pensiones tenemos que retrasar la edad efectiva de jubilación. La lógica es aplastante: si viviremos hasta cerca de los 85 años, no podemos dejar de trabajar a los 64, edad media de jubilación en nuestro país. Dos décadas cobrando la pensión es demasiada presión para las maltrechas cuentas del sistema de Seguridad Social, cuando de media solo cotizamos para una docena de años.

 

Limitar la jubilación anticipada, incentivar la jubilación activa, promover el talento senior, ampliar los años cotizados que se tienen en cuenta para calcular la pensión y los planes de pensiones de empleo son algunas de las propuestas que la AIREF y el Consejo General de Economistas proponen. En reciente informe publicado por esta última institución, titulado «El reto del envejecimiento desde una perspectiva integral (cómo abordar de forma multidisciplinar el envejecimiento)» se analiza exhaustivamente el retiro de los españoles y del sistema que nos hemos dotado. Entre las recomendaciones de los economistas están medidas que pueden situarse en la nueva disciplina conocida como la economía plateada. Es decir, las oportunidades en términos de ganancias de productividad, riqueza y empleo que la longevidad puede acarrear. La posibilidad de establecer innovaciones financieras para convertir en líquidos ciertos bienes inmuebles a través de fórmulas como las rentas vitalicias o las hipotecas inversas -muy poco usadas en nuestro país- que permitan sostener los gastos personales asociados a la longevidad; dotar de mayor flexibilidad al mercado laboral para que los seniors no sean expulsados de las empresas; promover que los mayores de 60 años puedan seguir trabajando a la vez que se cobra una pensión. Por último, también incentivar desde los poderes públicos los sistemas de ahorro para la jubilación desde las empresas al estilo de los sistemas de previsión social complementaria del Reino Unido o auto-enrolment estaría dentro de este paquete de medidas de la también conocida como ageingnomics.

Mientras la jauría seguía sin dejar oír apenas nada, también va desgranándose por parte de la Comisión Europea más detalles sobre el Fondo de Recuperación y Resiliencia. Lo relevante -como recuerda el economista Antonio Carrascosa- es que más allá de las medidas contra la pandemia se han incluido algunas recomendaciones del Consejo Europeo a España: reformas para la sostenibilidad de las pensiones y para el mejor funcionamiento del mercado de trabajo, entre otras. Si por un momento el ruido dejase de sonar, escucharíamos alto y claro lo que la estadística, la economía y nuestros socios europeos nos están diciendo que, aunque la pandemia nos está haciendo vivir menos, tendremos que trabajar muchos más años.

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

sábado, 1 de agosto de 2020

El tsunami de la segunda ola del virus

(este artículo se publicó originalmente el día 31 de julio de 2020 en el diario La Información)



Los sismólogos, tras estudiar el funcionamiento de los tsunamis, concluyeron que antes de la llegada de la gran ola que destruye todo lo que se le pone por delante, aparecen algunos indicios, como por ejemplo una bajada súbita e intensa de la marea. Aun conociendo este hecho, los expertos inciden que en ese momento es muy improbable tener tiempo para escapar de la destrucción de una ola gigante. Puedes saber lo que te espera, pero no puedes hacer nada para evitarlo. Ahora, con la covid19, no sabemos lo que nos espera, pero si podemos hacer algo para evitarlo.

Un equipo del Centro de Investigación y Políticas de Enfermedades Infecciosas (CIDRAP) de la Universidad de Minnesota en Estados Unidos ha previsto tres escenarios para una segunda ola de la pandemia en el caso de que la vacuna que nos inmunice no llegue a tiempo. El primero, muy mortífero, como pasó con la gripe española de principios del siglo pasado, será una nueva pandemia mucho peor que la actual que dejará millones de víctimas en todo el planeta. La segunda posibilidad es un fuerte rebrote, pero no al nivel del pico de la emergencia sanitaria pasada. El último, el más optimista, prevé la práctica desaparición del peligro vírico con apenas contagios y fallecidos en el futuro próximo. Pero, y aquí lo interesante, el informe concluye que, aunque no sepamos qué va a pasar “los mensajes de los gobiernos deberían incorporar que esta pandemia no terminará pronto y que la gente necesita estar preparada para posibles resurgimientos periódicos de la enfermedad en los próximos dos años con puntos calientes que irán apareciendo en diversas áreas geográficas”.

En nuestro país, la multitud de rebrotes este verano y el aumento exponencial de las tasas de contagios nos han convertido en esos puntos calientes que habla la Universidad de Minnesota y nos hacen también temer lo peor. Pero nadie puede saber a ciencia cierta si en octubre la pandemia regresará más fuerte que en marzo. Lo único que sí podemos conocer son las lecciones aprendidas de la crisis sanitaria de esta primavera e intentar aplicarlas para evitar caer en los mismos errores. Un equipo de investigadores, entre los que me incluyo, y por encargo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) hemos detectado varios aprendizajes a aplicar en los sistemas de atención a la longevidad, puesto que es la cohorte de edad con mayor letalidad por el coronavirus. Conviene recordar, en este momento, que son abrumadora mayoría, en este parte del mundo, las víctimas mortales del virus mayores de 80 años, con patologías previas y viviendo en instituciones residenciales.

Los puntos de fragilidad para la población adulta mayor conforme el análisis de lo ocurrido estos meses son los siguientes:

1. La descoordinación de los sistemas sanitarios y sociales. La sanidad española ha funcionado bien, pero en cambio los servicios sociales como residencias, centros de día o servicios de ayuda a domicilio han padecido la desconexión con el sistema sanitario lo que ha dejado desamparados a muchísimos mayores.

2. La falta de armonización de los protocolos y normativas de los sistemas de atención a la longevidad. No sólo en los diferentes niveles competenciales: estatal, autonómico, provincial o local sino también entre lo público, lo privado y lo concertado. El mando único no ha significado instrucciones y recomendaciones únicas e inmutables.

3. El no detectado impacto letal de la soledad. La distancia física ha sido aplicada para proteger a los más mayores, pero en ocasiones ha funcionado como una suerte de tortura de distancia social con dramáticas consecuencias que iremos viendo poco a poco. Muchos ancianos no han muerto por la alerta sanitaria, pero languidecen por la soledad impuesta y por el alarmismo de su entorno y los medios de comunicación.

4. La ausencia de una suficiente oferta de calidad de bienes y servicios para los adultos mayores. Un estado de emergencia o una pandemia no puede dejar sin atención a millones de mayores que precisan de ayuda domiciliaria o asistencia para la dependencia en el hogar. Nuevas empresas, pero también nuevos profesionales, centros públicos y más acciones de voluntariado han de ofrecer servicios básicos y robustos a los mayores en el marco de la conocida como economía plateada o ageingnomics.

5. La falta de concienciación y responsabilidad personal. Las crisis sanitarias serán recurrentes en el futuro, como alerta el CIDRAP, lo que exigirá estar preparados también en el plano personal. Ser precavidos significara en el futuro tener ahorros, sistemas de previsión social, hogares adaptados y seguir las recomendaciones del envejecimiento activo.

En unos meses conoceremos las conclusiones definitivas de nuestra investigación y será el momento de profundizar y matizar estos aprendizajes que ahora anticipo. Ojalá que a diferencia de lo que sucede con los tsunamis, nos dé tiempo a aplicar esas lecciones y protegernos ante una nueva destructiva ola vírica, llegue o no llegue, este otoño.

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

miércoles, 22 de julio de 2020

Cuidado con el efecto péndulo


(este artículo se publicó originalmente el 20 de julio de 2020 en el blog del Banco Interamericano de Desarrollo -BID-)

Isaac Newton ha pasado a la historia como uno de los científicos más relevantes de la humanidad, entre otros descubrimientos, por la ley de la gravedad. Se cuenta que este físico inglés encontró la inspiración durmiendo la siesta debajo de un árbol tras despertarse súbitamente por el golpe de una manzana en su cabeza. A partir de ahí estudió las fuerzas que rigen el universo y que explican desde la rotación de los planetas al porqué una manzana cae al suelo cuando su peso es demasiado para el árbol que la vio crecer. Esas mismas leyes casi 500 años después nos ayudan a entender cómo tenemos que reaccionar ante lo que está pasando con la pandemia y las personas de más edad.


El virus conocido como covid-19 se ha cebado con los adultos mayores. La gran mayoría de los fallecidos pertenecen a ese grupo de edad, si usamos la ratio de adultos mayores fallecidos sobre el total, nos daremos de bruces con que en España supera el 90%, en Brasil se sitúa en el 80% y en Perú muy cerca del 70%. Aunque las cifras varíen entre países nos permiten concluir que la cohorte de los 60 años en adelante es, con mucho, la que más han sufrido el coronavirus. En América Latina y el Caribe son más de 70 millones de personas con esa edad que han vivido en primera persona este drama y es imprescindible actuar en consecuencia.

A medida que los datos sobre la crisis sanitaria se han ido conociendo, el foco se ha puesto, especialmente en muchos países europeos, en las residencias para adultos mayores. Conforme a Fundación de Estudios de Economía Aplicada (FEDEA) en Europa los fallecimientos en residencias representan más del 50 por ciento del total. Especialmente sangrante es el caso español, para el cual dos terceras partes de las muertes derivadas del covid-19 se han producido en centros residenciales. Si ponemos la lupa veremos que hay regiones españolas donde más del 90 por ciento de los adultos mayores fallecidos vivían en residencias. Queda tiempo aún para que conozcamos otras lacerantes realidades, por ejemplo, los miles de mayores que han muerto en la soledad de sus casas por miedo al contagio en un hospital o porque no han podido acceder a la atención médica adecuada en su momento. La aplicación a los mayores del sistema de triaje en los hospitales (selección de pacientes empleado en la medicina de catástrofes) que poco a poco se va constatando con la aparición de pruebas documentales, como, por ejemplo, las instrucciones oficiales de los gobiernos competentes. ¿Debería ser la edad un criterio de selección de pacientes? La reflexión ética es contundente en su respuesta: no.

La primera ley de Newton afirma que todo cuerpo permanece en estado de reposo a no ser que sea obligado por una fuerza externa a cambiar su estado. Y precisamente la pandemia ha sido esa fuerza maligna que ha de obligarnos a movernos y revisar el sistema de cuidados que nos hemos dotado para los adultos mayores. Hemos estado parados demasiado tiempo sin darnos cuenta de que la demografía era imparable; cada año le estábamos ganando unos meses a la vida de un modo implacable hasta convertir nuestros países en sociedades envejecidas. Sin duda, un auténtico triunfo de las sociedades modernas pero que requiere procesos de adaptación y cambio. En este sentido nuestro sistema de cuidados a los mayores es el mismo que hace medio siglo. El BID nos recuerda que en el año 2050 en América Latina y el Caribe vivirán cerca de 30 millones de adultos mayores en situación de dependencia, la covid-19 nos exige a dar pasos valientes (ver Envejecer con Cuidados)

La segunda ley de Newton establece que el cambio de movimiento es proporcional a la fuerza motriz externa. Nadie duda que el mazazo de la pandemia ha sido brutal, el FMI estima que el PIB global en 2020-21 será unos 9 billones de dólares inferior al que hubiera alcanzado en ausencia del virus; una pérdida superior al tamaño conjunto de las economías de Alemania y Japón. Por ello, siguiendo al genial físico, las inversiones públicas y privadas para adecuar nuestro sistema de cuidados han de ser proporcionales al daño que nos ha causado el virus. Nuevas y ambiciosas políticas, mucho más gasto y nuevos profesionales que darán sentido a la llamada economía plateada o economía del envejecimiento.

La tercera ley de Newton reza que tras toda acción ocurre siempre una reacción igual y contraria. Es lo que explica el movimiento de los péndulos y el efecto del mismo nombre en psicología, pero también en política; cómo pasamos de una situación emocional a la contraria o de unas opciones ideológicas a las antagónicas. Ojalá que este efecto no se ponga en marcha con el sistema de cuidados ahora empecemos a promover soluciones cuasi hospitalarias para los mayores como modo de vida cotidiana. Eso supondría pasar, como peligrosamente se empieza a detectar, del modelo residencial actual al modelo hospitalario o de instituciones medicalizadas, sin darnos cuenta de que la clave reside en  los cuidados de larga duración centrados en la persona .

Desde hace décadas, el deseo de las personas es expresado con claridad cuando se investiga esta cuestión: vivir en casa, en su entorno, aun cuando necesiten ayuda. Sin embargo, los esfuerzos planificadores y presupuestarios en los modelos de protección social a la vejez se siguen focalizando en las residencias, con fuerte influencia institucional. Pero hay alternativas respaldadas por suficientes evidencias científicas que promueven modelos domésticos, agrupados en unidades de convivencia cuando no es posible continuar viviendo en el hogar habitual. Su diseño y organización facilitan un mayor control de la transmisión ante pandemias como la que padecemos: espacios pequeños, profesionales del cuidado estables, que se convierten en valedores de estas personas y una vida cotidiana familiar.

Para terminar nos gustaría citar a otro genio que ha pasado a la historia -esta vez iberoamericano- el arquitecto, profesor e inventor Francisco Javier Sáenz de Oiza dejó escrito que “el espacio íntimo en un mundo inmenso dignifica el oficio de habitar y el arte de construir (…) también facilita su humanización y la de las personas que le dan vida, desde la soledad y en ocasiones desde el sufrimiento (…) La casa, que no es solo el lugar donde vivir, es un espacio íntimo y protector”.

Avanzar en esta nueva dirección exige imaginativas políticas públicas y muy diferentes inversiones privadas, pero también la solidaridad comunitaria y una profesionalización de los cuidadores. Estamos a tiempo.



Iñaki Ortega es economista y profesor de Deusto Business School y de la UNIR.
Mayte Sancho es psicóloga y gerontóloga