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domingo, 20 de junio de 2021

El color del dinero

 (este artículo se publicó el 20 de junio de 2021 en el blog del centro de investigación ageingnomics de la Fundación MAPFRE)

No es nuevo teñir de color el dinero. A lo largo de la historia el dorado ha sido asociado a la riqueza ya que las reservas de oro de los países permitían emitir moneda de curso legal. Con la llegada del papel moneda, el verde de los dólares triunfo en el mundo ya que esta moneda se convirtió en el patrón monetario de la economía. Pronto apareció el dinero negro para referirnos a aquel que no se declara, aunque también es el que procede de actividades ilegales. Así surgió el blanquear el dinero cuando quiere lavarse, quitar el color negro de este dinero obtenido ilícitamente y así incluirlo en el flujo legal de la economía.

Pero hay otras historias que merecen la pena ser contadas sobre el color del dinero. Los anglosajones llaman «libra morada», a los beneficios de incorporar a tantas mujeres como hombres a la actividad económica. Con ello no solo se reduce el desempleo femenino, sino que además se ceba la economía con más consumo. El color morado de este dividendo demográfico de las mujeres se remonta a hace más de 100 años en Nueva York cuando una fábrica textil se incendia y mueren quemadas cientos de trabajadoras ya que las puertas estaban bloqueadas para evitar el absentismo. De la factoría en llamas unas columnas de humo morado pudieron verse a cientos de kilómetros de Manhattan; en la combustión se habían mezclado los tejidos rojos que fabricaban esas mujeres con el hollín de las chimeneas.

El dólar rosa, también conocido como dólar arcoíris, se acuña para explicar el nicho económico que ha ido creciendo desde los años 80 del siglo pasado vinculado al consumo del colectivo LGBTI (Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersexuales) en sectores como el turismo, ocio, tecnología o moda. El color arcoíris del movimiento gay parece que proviene de la canción de la película el Mago de Oz que la musa de ese colectivo Judy Garland interpretó.

Pero también existe la economía naranja o la vinculada a las industrias culturales y creativas con subsectores como la arquitectura, artes visuales y escénicas, artesanías, cine, diseño, editorial, investigación y desarrollo, juegos y juguetes, moda, audiovisual, música, publicidad, software y videojuegos; según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), «si la economía naranja fuera un país, sería la cuarta potencia económica del mundo, un 20 por ciento más grande que Alemania. Ocuparía el noveno lugar entre los diez mayores exportadores, duplicando el valor de las exportaciones de petróleo de Arabia Saudí”

Y ahora la economía plateada o silver economy por su termino en inglés. Siguiendo a los profesores Aracil y Roch de la Universidad de Comillas el envejecimiento demográfico, entendido como un gran desafío, promueve también importantes cambios socioeconómicos radicales. Los cambios socioeconómicos radicales presentan implicaciones a largo plazo e influyen en los desarrollos organizativos e institucionales. Así, el envejecimiento de la población promueve un nuevo paradigma socioeconómico conocido como economía plateada que incorpora cambios socioeconómicos e influye en el comportamiento organizativo e institucional. En palabras de la Comisión Europea podemos hablar de un euro plateado "el rápido envejecimiento demográfico no solo es un desafío social importante en términos de presupuestos públicos, mano de obra, competitividad y calidad de vida, sino también una gran oportunidad para nuevos empleos y crecimiento". Como resultado, en 2018 la Comisión Europea definió la economía plateada como "la suma de toda la actividad económica que satisface las necesidades de las personas de 50 años o más, incluidos los productos y servicios que compran directamente y la actividad económica adicional. Además de la anterior, existen varios intentos de definir la economía plateada, promovidos especialmente por instituciones supranacionales. Por ejemplo, para la OCDE es "un entorno en el que los mayores de 60 años interactúan y prosperan en el lugar de trabajo, participan en empresas innovadoras, ayudan a impulsar el mercado como consumidores y llevan una vida saludable, activa y productiva". Otras definiciones de la economía plateada como la de la OMS se sostienen sobre las mismas características principales, como, por ejemplo, "la economía plateada es un concepto que intenta capturar los efectos económicos y las oportunidades resultantes del envejecimiento de la población". No caben en este breve artículo más definiciones a la vista de un reciente análisis bibliométrico encargado por el centro de investigación ageingnomics de Fundación MAPFRE que tasó en 1968 documentos científicos publicados entre 1975 hasta octubre de 2020 sobre el particular. Por ello nos quedamos con que este nuevo color plateado del dinero fruto de esta silver economy se refiere a las oportunidades para gobiernos, empresas, sociedades e individuos que surgen al adaptar y crear políticas, productos y procesos a las necesidades del envejecimiento de la población.

 

Si quiere leer el informe sobre la economía plateada del BID

Si quiere leer el informe sobre la silver economy de la Comisión Europea

Si quiere leer el informe sobre la silver economy de la OCDE

Si quiere leer el informe España 2050 donde se menciona la economía plateada

 

Iñaki Ortega es doctor en economía y profesor de la Universidad Internacional de La Rioja UNIR

domingo, 30 de junio de 2019

La ciudad de las canas

(este artículo se publicó originalmente en el periódico ABC el 28 de junio de 2019)



La mitad de las niñas que han nacido este año en nuestro país vivirán hasta los 100 años. No es ciencia ficción, simplemente hay que escuchar las previsiones de los demógrafos. En muy poco tiempo hemos pasado de tener una esperanza de vida a partir de cumplir 65 años de apenas un lustro a superar los 20 años. La cohorte de edad más numerosa en España en 2050 serán los mayores de 65, en concreto un 30% de la población. Si prefieren les traduzco estas cifras: prácticamente la mitad de nuestra vida la pasaremos con más de 45 años. Además, si el mercado laboral no cambia radicalmente, una gran mayoría de españoles estará cerca de 60 años de su vida sin trabajar (y por tanto sin ingresar).

Como han podido deducir este panorama de la longevidad nos abre múltiples retos. En nuestro país los gastos pensionarios se han convertido en un tema de máximo interés para la opinión pública, al mismo tiempo que las plazas españolas se convertían en la “zona cero” mundial de las reivindicaciones de los jubilados. En cambio, hay otras derivadas del fenómeno del envejecimiento que no han despertado tanta atención y no por ello son menos importantes.

Algunos datos nos ayudarán a verlo más nítido. El mundo es urbanita. Por primera vez en la historia viven más personas en la ciudad que en el campo y España no es una excepción. Pero sí tenemos una particularidad, somos un país de propietarios; 9 de cada 10 jubilados son dueños de la vivienda en la que residen. Y, además, una mayoría aplastante de esas personas aspira a residir en ella hasta el último día de su vida. Por otro lado, todos los estudios sobre calidad de vida en la vejez confirman que la socialización es garantía de salud. Pasar tiempo con tus amigos, vecinos o comerciantes de siempre, así como con tu familia asegura más y mejores años de vida. Por ello hibridar envejecimiento y urbanismo o conectar longevidad y arquitectura urbana, se antoja imprescindible.

En muy poco tiempo las ciudades tendrán a los mayores como principal grupo de población y deberán adaptarse con más espacios verdes y plazas acogedoras para el asueto y el encuentro, más baños públicos, menos barreras arquitectónicas, más facilidades para las nuevas modalidades de trasporte o más comercio de proximidad. Los mayores de 55 años ya disponen de más del 70% de la renta y protagonizan el 50% de todo el consumo. Por tanto, ¿qué ciudad por no ser amistosa con ellos puede permitirse el lujo de prescindir de ese caudal de riqueza?

Las casas de los mayores, dos de cada tres, no están adaptadas para la dependencia, Y con vidas tan largas como se pronostica todos acabaremos con cierto grado de dependencia. Habrá que preparar las viviendas para la vejez con baños adaptados, anchos pasillos o espacio para robots en los dormitorios y en los aseos. La tecnología, con las smart homes, entrará en los hogares de los seniors con sensores y leds que ayudarán a prevenir caídas, y la sanidad digital evitará desplazamientos y hasta ingresos hospitalarios. Las casas inteligentes no sólo dispondrán de tecnología, sino que serán hogares preparados para vivir muchos años: pisos manejables, fáciles de limpiar, también de calentar o refrigerar, pero con servicios comunes de limpieza, lavandería y enfermería. Estas experiencias de cohousing que son habituales en Suecia o en Alemania además harán factibles nuevas fórmulas financieras que garanticen ingresos en la vejez con cargo a los ahorros en ladrillo de toda una vida.

El concepto smart city ha calado como sinónimo de ciudad inteligente en la última década, aunque la demografía nos indica que queda mucho para alcanzar esa inteligencia al servicio de los ciudadanos que les permitan una «buena vida», como dejó escrito Aristóteles refiriéndose a la polis hace más de 2.000 años.

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School. En 2018 publicó junto a Antonio Huertas el libro La Revolución de las Canas