domingo, 5 de septiembre de 2021

La economía de la soledad

 (este artículo se publicó originalmente en el diario La Información el 30 de agosto de 2021)


En estas semanas en las que hemos visto ciudades como Madrid vacías por el verano he recordado que en París la mitad de la población vive sola durante todo el año, en Estocolmo son seis de cada diez los que residen sin compañía. Reino Unido ha visto como la proporción de personas que viven solas se ha doblado desde 1960 hasta alcanzar el 31 por ciento. Son datos que leí en un informe del World Economic Forum que empezó a estudiar este fenómeno hace un par de años por sus implicaciones económicas.

En España, según un informe de la Universidad Pompeu Fabra son casi cuatro millones de personas los mayores de 65 años que viven sin compañía o lo que es lo mismo, el 43 por ciento de todos los que superan esa edad. Entre las mujeres de esa cohorte la proporción sube hasta el 55 por ciento.

Vivir solo o con alguien podría ser un mero dato estadístico si no supusiese un hecho añadido que aporta el catedrático de economía Guillem López Casasnovas: aproximadamente el 70 por ciento de las personas que viven solas también se sienten solas. Y cuando ese sentimiento aparece los especialistas de la salud defienden que es causa generadora de enfermedad, muchas de ellas mentales. Está demostrado que la soledad es uno de los factores de riesgo de mortalidad prematura, hasta se ha constatado una relación positiva entre soledad y deterioro del funcionamiento del sistema cardiovascular.

Los profesionales del sector del cuidado lo conocen de primera mano. En España, un 26% de las personas atendidas por Cruz Roja se sienten solas, para Sanitas es un 30 por ciento de sus pacientes. En el resto de Europa, el relato es muy parecido. Alemania tiene dos tercios de la población que consideran la soledad como un problema grave. Casi un tercio de los ciudadanos holandeses admitió sentirse solo, y uno de cada diez lo estaba gravemente. En Suecia, hasta una cuarta parte de la población dijo que con frecuencia se sentía sola. En Suiza, dos de cada cinco personas informaron que a veces, a menudo o siempre se sienten así. Pero no es una cuestión de edad, aunque la soledad se cebe con los adultos mayores, por ejemplo, uno de cada cuatro adultos en el Reino Unido ha experimentado soledad excesiva durante el confinamiento, especialmente entre los 18 y 29 años; uno de cada ocho dijo no tener ningún amigo. La escritora superventas Noreena Hertz cuenta estos datos en su último libro The Lonely Century en el que califica como la nueva pandemia a la soledad no solo por los problemas de salud que ocasiona sino porque está detrás del auge de los populismos. La economista defiende su tesis usando datos demoscópicos recientes y basándose en estudios sociológicos pretéritos que vinculan la falta de interacciones sociales con la propensión a rendirse ante ideologías intolerantes que aportan una sensación de pertenencia.

En cualquier caso, los costes económicos de la soledad son enormes. En Reino Unido se calcula que, para las personas de más de 75 años, la soledad incrementa los costes sanitarios en 6.000 libras por persona, precisamente porque la mitad de ellas viven solas, y muchas de ellas no han hablado con un pariente o amigo en más de un mes. El profesor Moreno-Ibáñez de la Universidad de Navarra defiende que la soledad es tan tóxica como fumar unos 15 cigarrillos al día.

Pero lo que es un hecho es que en los próximos años la soledad no va a dejar de aumentar en sus diferentes acepciones, desde vivir solo pasando por la soledad elegida o por el conocido como aislamiento social. Uno de cada cuatro ciudadanos de la Unión Europea declaró sentirse solo el año pasado, el doble con respecto a 2016. Las causas son conocidas pero me permito recordarlas: la población del mundo envejece alcanzándose edades extremas; la sociedad se transforma de la mano de nuevos hábitos y estilos de vida que rompen con la tradicional vida en familia; la tecnología y la inteligencia artificial han irrumpido haciendo innecesarias muchas interacciones sociales como ir a la compra, conocer a los vecinos o quedar con amigos y pandemias como la covid19 exigirán distancia social en ocasiones y han consolidado el teletrabajo evitando un espacio clásico de socialización.

Pero ante estas amenazas es cuando surge con fuerza la economía de la soledad. Una oportunidad para ofrecer nuevos bienes y servicios, desde la iniciativa privada con el impulso de lo público, que luchen contra esa soledad no deseada. Una buena noticia porque siguiendo esta vez a Renee Mouborgne de la prestigiosa escuela de negocios INSEAD, el mercado de la soledad es una océano azul -apenas hay operadores que han visto esta oportunidad - y los pioneros se beneficiarán de ello.

La economista-jefe de Singular Bank, Alicia Coronil, me ha recordado este verano que, según McKinsey, el consumo global aumentará aproximadamente en 19 billones de dólares en los próximos diez años, una cifra equivalente a un 22 por ciento del PIB mundial de 2020. No obstante, la mitad de este avance se concentrará en Asia apoyado en el incremento del peso de la clase media. De hecho, uno de cada dos hogares de ingresos medio-altos estará en el continente asiático, frente al 33 por ciento del total mundial en 2010. Pero lo más relevante de lo que me contó la profesora Coronil es que de aquí a 2030 los patrones de consumo estarán mediatizados no solo por la economía plateada (silver economy) sino por el crecimiento del número de hogares unipersonales, que representan actualmente un 35 por ciento del total en las economías avanzadas asiáticas y en el caso de China un 15 por ciento Una tendencia que también se observa en India, donde el tamaño medio de familias ha retrocedido un 15 por ciento en los últimos 10 años. Este hecho, para Mckinsey, está impulsando la economía de la soledad (lonely economy) asociada no sólo a una adaptación del tamaño de los envases de los productos y al aumento de uso de servicios a domicilio, compra de bienes y servicios online de entretenimiento digital o de salud, sino también a cambios en el urbanismo ante el incremento de la demanda de viviendas de menor tamaño.

En Estados Unidos, aunque suene a broma hay empresas que alquilan amigos (rent a friend), en Corea discotecas especializadas para senior solteros (colatecs). Es más seria la contribución económica que aportan las plataformas de citas entre solteros que alcanza los mil millones de euros en España según Ourtime. Las compañías que ofrecen paquetes turísticos para personas que viajan solas se han multiplicado en todo el mundo siendo el único colectivo que crece a dos dígitos y el auge de los espacios de trabajo colectivo, los conocidos como coworking, no se entiende sin explicar la necesidad que cada vez más profesionales autónomos tienen de salir de la soledad de su casa.

En España la plataforma Soul Auto se ha especializado en este público subastando coches de coleccionista usando tecnologías disruptivas; en el mundo Harley Davidson, la empresa líder en venta de motocicletas en Estados Unidos, tiene como uno de sus principales públicos objetivo a las personas que viven solas y tienen ingresos por ello.

Para finalizar no pido desde estas líneas lo que hizo en 2018 Theresa May, la primera ministra británica que creó un ministerio de la soledad sino simplemente que en la economía resolver problemas siempre tiene premio.

Iñaki Ortega es doctor en economía y profesor de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)

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