(este artículo se publicó originalmente en el blog de IFEMA de la Feria Vida Silver el día 1 de agosto de 2021)
Los mayores de 55 años en España
tienen una tremenda capacidad para aportar al mercado laboral y la economía.
Así lo demuestran los datos, aunque se conozcan muy poco. Más de cuatro
millones de séniors forman parte de la población activa; casi un millón de
séniors son autónomos, y, por lo menos, 100.000 séniors son emprendedores.
Desde 2008 a nuestros días se han perdido 2,8 millones de efectivos del
colectivo de jóvenes (16 a 34 años), y, en cambio, en el tramo de los mayores
(55 y más), han crecido con 2,9 millones de nuevos integrantes.
El talento sénior, por tanto,
está muy presente en la economía española, y no solo en términos absolutos,
como acabamos de ver, sino también en comparación con el conjunto de la
población. Uno de cada cinco ocupados en España son séniors, y uno de cada tres
autónomos españoles tienen más de 55 años. Y su tasa de participación en la
población activa total ha pasado en apenas diez años del 11 % al 18,3 %. Pero
todavía queda mucho camino por recorrer para aprovechar en España todo el
talento sénior. De hecho, estamos lejos de los países más avanzados. Más de
medio millón de séniors queriendo trabajar no pueden hacerlo. A su vez, la
mitad de los desempleados sénior llevan más de dos años sin trabajar. Las
cifras de parados mayores casi se han triplicado desde 2008. También las tasas
de emprendimiento del colectivo están por debajo de las de otras cohortes de
edad.
Asimismo, en los séniors
españoles pervive una cultura de no prolongar su trayectoria laboral, en
algunos casos puede llegar a producirse a una edad tan anticipada como los
cincuenta y pocos años, lo cual alarga el periodo de retiro a más de 30 años,
un tiempo equivalente o incluso más largo al de la actividad. Además, el
trabajo por cuenta propia en algunos tramos de edad de los séniors es casi la
única opción para seguir enganchado al mundo del empleo, por la sequía de
ofertas de trabajo. Por eso, y a pesar de los datos expresado en los primeros
párrafos, en España corre el peligro de que se instale la idea de que superar
los cincuenta años es no tener futuro laboral. De ahí que sea imprescindible
luchar contra los prejuicios culturales con la edad. Hoy, la esperanza de vida
supera los 80 años, y la calidad de vida es muy alta en el periodo de los 50 a
los 70 años.
Un estudio publicado en New
England Journal of Medicine afirma que el cerebro de una persona mayor es mucho
más plástico de lo que se cree. A esta edad, la interacción de los hemisferios
derecho e izquierdo del cerebro se vuelve armoniosa, lo que amplía las
posibilidades creativas. Esta afirmación se basa en que con el paso del tiempo
el cerebro gana en flexibilidad ya que aumenta la cantidad de mielina en el
cerebro, sustancia que facilita el paso rápido de señales entre neuronas. Para
la Universidad de Montreal “el cerebro de una persona mayor elige el camino que
consume menos energía, corta lo innecesario y deja solo las opciones correctas
para resolver los problemas ante los que se encuentra”. La realidad apoya este
razonamiento, puesto que, si repasamos algunos de los grandes creadores de la
historia, comprobaremos que sus obras cumbre fueron siendo adultos mayores.
Las tres etapas más productivas
coinciden con las décadas que componen la llamada generación de las canas; es
decir, las personas que tienen entre 50 y 75 años. La edad media de los premios
Nobel es poco más de los 60 años; Miguel de Cervantes escribió la segunda parte
de El Quijote con 68 años, y Beethoven con 54 años su novena sinfonía; Steve
Jobs con 56 años convirtió Apple en la empresa de mayor capitalización del
mundo. La bioquímica Margarita Salas a los 69 años fue la primera mujer
española en formar parte de la Academia de Ciencias Estadounidense. Goethe
publicó su ‘Fausto’ superando con mucho los 70 años. Las tres personas más
ricas del planeta tienen más de 54 años.
Los prejuicios sobre el talento
sénior suponen para la economía española una pérdida de oportunidades en
términos de riqueza que diferentes estudios internacionales han tasado en
varios puntos del PIB. Además, las ventajas de la conocida como economía
plateada o economía sénior no son aprovechadas suficientemente por las empresas
españolas. Conviene recordar que España tiene las mejores circunstancias para
ser el país de referencia en la silver economy por su liderazgo en longevidad,
sistema sanitario y de dependencia y apertura al exterior. No obstante, esta
oportunidad se alejará, si los séniors no están presentes en el mercado laboral
trabajando, pero también aportando una nueva perspectiva de diversidad en las
compañías.
No hay excusas para no tomar
decisiones urgentes que permitan que el talento sénior aporte más y mejor a la
economía española. Pero esta llamada de atención no afecta solamente al sector
público que establece el marco del mercado laboral sino también a las empresas,
a los representantes de los trabajadores y a los propios séniors. Todos tenemos
que asimilar que a las neuronas les sienta bien el paso del tiempo.
Iñaki Ortega es doctor en economía y profesor de la UNIR
No hay comentarios:
Publicar un comentario