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domingo, 27 de junio de 2021

3, …, 1, 0 ¿la cuenta atrás para las empresas españolas?

(este artículo se publicó originalmente el día 19 de junio en el diario El Economista)


No hay equivocación en el título de este artículo. No se ha borrado el número “2” de esta particular cuenta. Lo entenderán si se animan a seguir leyendo y de paso para conocerán la mayor startup de finanzas en el planeta.

Ant Group es su nombre. Y ha llegado a esta posición gracias a ser la plataforma de pago y de servicios de Alibaba, el gigante chino del comercio electrónico. Sus resultados del año 2020 impresionan, unos ingresos de 71.985 millones de dólares que suponen un crecimiento del 62% frente al ejercicio anterior y un beneficio neto de 21.080 millones de dólares que mejora en un 85% el de 2019. Ant Group, con sede en Hangzhou, conocida como el Silicon Valley chino, controla el 70% del mercado de pagos móviles en su país China y da servicio a un total de 960 millones de clientes, en el que dos de cada diez ya están fuera de China.

La ambición de convertirse en un supermercado financiero le ha llevado a abrirse camino internacionalmente a golpe de talonario. En 2018 pagó 880 millones de euros por MoneyGram, el líder americano de las remesas. También ha invertido en la india Paytm, la tailandesa Ascent Money y la surcoreana Kakao Pay. La guinda de esta estrategia corporativa iba a ser la salida a Bolsa a finales del pasado año, la más grande de la historia con un importe total de 270.000 millones de euros, pero se canceló por el gobierno chino que no veía con buenos ojos tanto poder en una única empresa. Abrumadoras cifras e intervenciones estatales aparte, es evidente que Ant Group es un buen ejemplo de la innovación que está sufriendo las finanzas con las conocidas como fintech, empresas de nueva creación en este sector que se apalancan sobre la tecnología.

Los pagos a través de Alipay son el negocio fundamental de Ant Group, sin embargo, la empresa está creciendo rápidamente con nuevos servicios que van desde la gestión de activos hasta los préstamos y seguros. Servicios como Ant Fortune (plataforma de gestión de patrimonio), Zhima Credit (sistema de calificación de riesgos o scoring financiero además de un programa de fidelización) o Ant Forest (aplicación que busca concienciar a los ciudadanos de llevar una vida más saludable y respetuosa con el medio ambiente) son una muestra de esta diversificación.

Pero para lo que nos ocupa aquí tenemos que destacar su servicio MyBank, un banco exclusivamente digital, muy enfocado a los autónomos y a las PYMES chinas que desde su creación en 2015 ha concedido más de 290 billones de dólares en préstamos bajo el modelo 3-1-0. Una oferta imbatible que se resumen en “3 minutos para solicitar el préstamo, 1 segundo para su aprobación y 0 intervención humana”. En todo el proceso no precisan de personal alguno pues el big data y la inteligencia artificial hacen todo el trabajo. Además, lLa cantidad de información que Ant Group posee de sus clientes hace además posible tenerle permite además hacer gala del el menor nivel de impagados del sector, un 1%. Por eso nos preguntamos si el slogan 3-1-0 puede ser la cuenta atrás para la desaparición de las entidades que no sean capaces de digitalizarse a la velocidad china.

A principios de este año Jack Ma, el fundador de este grupo, aseguró que los bancos tradicionales son dirigidos como “viejas casas de empeño”. Más allá del exabrupto contra uno de sus competidores, es una realidad la debilidad de las empresas europeas de finanzas pero también del retail, y lo que es peor el desplome de sus valores bursátiles. Si las empresas incumbentes de esta parte del mundo quieren defender su cuota de mercado están obligados a innovar y prestar una atención excelente al cliente, dos áreas en las que destacan las fintech exitosas,

Por todo lo anterior se requiere una transformación completa y “enseñar a bailar a los elefantes como gacelas” que así como resumieron los investigadores de CISE en su reciente informe sobre intraemprendimiento. En la búsqueda de mantener vivo el espíritu de innovación las grandes empresas se sienten torpes, su estructura paquidérmica les impide ser ágiles como las fintechs. Pero la música está sonando, y la pista de baile se está poblando con infinidad de gacelas bailonas, de hecho, se estima que actualmente hay ya más de 20.000 fintechs operando en los mercados financieros.

Este momento recuerda a un agujero negro, donde las leyes convencionales de espacio y tiempo no resultan aplicables. Las corporaciones tienen que “desaprender” la cultura de gran empresa para volver a sentir el ansia de innovación. Esperemos que la amenaza china del “3, …, 1, 0” junto con la oportunidad del emprendimiento corporativo lleven a muchas grandes empresas a aprender a bailar como estas gacelas fintech y así salvarse.

Por todo lo anterior se requiere una transformación completa y “enseñar a bailar a los elefantes como gacelas” que así como resumieron los investigadores de CISE en su reciente informe sobre intraemprendimiento. En la búsqueda de mantener vivo el espíritu de innovación las grandes empresas se sienten torpes, su estructura paquidérmica les impide ser ágiles como las fintechs. Pero la música está sonando, y la pista de baile se está poblando con infinidad de gacelas bailonas, de hecho, se estima que actualmente hay ya más de 20.000 fintechs operando en los mercados financieros.

Este momento recuerda a un agujero negro, donde las leyes convencionales de espacio y tiempo no resultan aplicables. Las corporaciones tienen que “desaprender” la cultura de gran empresa para volver a sentir el ansia de innovación. Esperemos que la amenaza china del “3, …, 1, 0” junto con la oportunidad del emprendimiento corporativo lleven a muchas grandes empresas a aprender a bailar como estas gacelas fintech y así salvarse.

 

IÑAKI ORTEGA CACHÓN, PhD. Profesor en Universidad Internacional de la Rioja UNIR

JOAQUIN SANZ BERRIOATEGORTUA, PhD. Socio en Kereon venture capital

lunes, 18 de noviembre de 2019

Los unicornios

(este artículo apareció publicado originalmente el 18 de noviembre de 2019 en el diario 20 minutos)

Es habitual que los economistas nos inspiremos en animales para conseguir analogías que expliquen sucesos complejos. Los cisnes negros (animales que predicen una catástrofe) han sido mencionados estos días ante la posibilidad de un acuerdo político en España que nos lleve al populismo. Los dragones asiáticos en los años 90 del siglo pasado eran los emergentes países del sudeste asiático que competían sin complejos con las potencias occidentales. Hoy te quiero hablar de un animal menos siniestro pero que tienes que conocer, te interese o no la economía, porque puede que acabes trabajando para ellos.

Un unicornio es un animal mitológico que se representa generalmente con cuerpo de joven caballo blanco además de con un gran y afilado cuerno que sale de su cabeza en la que también caben unos hermosos ojos azules. En ocasiones se le menciona con patas de antílope, cola de león y cabeza de chivo, pero siempre tiene un único cuerno que le da sus poderes porque le permite ser inmortal e invencible en la lucha. Desde antes de Cristo se ha documento el carácter milagroso de su cornamenta y los poderosos de todas las épocas han buscado beber pociones hechas con ese cuerno para alcanzar la vida eterna.

Pero hoy, en el mundo empresarial, un unicornio es una compañía muy poco común que consigue en los tres primeros años de vida una capitalización global superior a mil millones de dólares. Seguro que conoces a la americana Dropbox que te ayuda a colgar tus archivos en la nube o la alemana Zalando con la que compras moda por internet, ambas son unicornios como también lo es AirBnB para conseguir hacer turismo sin pagar caros hoteles. No es algo tan ajeno a ti porque en España también tenemos unicornios que superan la valoración de un billón, usando la terminología americana. Cabify en el trasporte de personas en las ciudades o Glovo en la comida a domicilio, engrosan la lista de estos nuevos “seres fantásticos”.

Estas empresas son el objeto de deseo de todas las grandes corporaciones como lo era el cuerno del unicornio en la Edad Media para los reyes ansiosos de alcanzar la inmortalidad. La explicación es sencilla, las empresas y los humanos seguimos tendencias contrarias.  Me explico: las niñas que están naciendo en nuestro país vivirán más de 100 años, en cambio la edad media de las empresas no ha dejado de caer en el último siglo. La vida media de las empresas más importantes del mundo ha pasado de 65 años en 1955 a apenas 15 años hoy día. Éste será un proceso de regeneración increíble de la población de las grandes empresas, en el que sólo sobrevivirán unas pocas que practiquen un nuevo liderazgo y una nueva capacitación que sí poseen los unicornios.

Por eso te decía que trabajarás para estas “mitológicas empresas” y aunque pienses que esos “poderosos” les encontrarán antes que tú, no olvides que los unicornios, tal y como nos ha llegado a nuestros días en sucesivas leyendas, solo se aparecen ante personas puras.

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR



miércoles, 2 de octubre de 2019

De Elcano a Cabify. España emprendedora

(este artículo se publicó originalmente en el diario La Información en la sección serendipia el día 1 de octubre de 2019)

El éxito de España en el siglo XVI ha inspirado a muchos economistas, no solo patrios, para explicar conceptos como el emprendimiento, la inversión, la innovación e incluso las multinacionales. Todavía con la resaca del 500 aniversario de la primera vuelta al mundo liderada por Juan Sebastián Elcano, se acerca la efemérides del 12 de octubre lo que me lleva a recordar que el descubrimiento de América es considerado uno de los primeros grandes emprendimientos de éxito de la Humanidad. Si definimos al emprendedor como aquella persona que acomete con resolución una empresa dificultosa o azarosa, pocas tareas son tan hercúleas como las que lideraron Cristóbal Colón o Elcano con la ayuda de Magallanes.
Los economistas sitúan el antecedente de las primeras empresas multinacionales en las compañías de indias europeas pero también en la “empresa” de los Reyes Católicos y Colón que permitió atravesar el Océano Atlántico y crear “delegaciones” de España en numerosos territorios americanos, que se han mantenido cinco siglos después gracias al legado del idioma castellano. En el II informe sobre el estado del emprendimiento corporativo en España que en breve verá la luz, los investigadores de Deusto Business School situamos también el germen de las hoy muy codiciadas startups globales en las expediciones españolas del siglo XV. Solamente se explica, dice el estudio promovido por el Centro Internacional Santander Emprendimiento (CISE),  la aparición del emprendedor global por la globalización y el auge del emprendimiento, Las nuevas empresas globales nacen como tal también gracias a la disrupción de internet (los expertos lo sitúan en el año 1994 con el código abierto de la red de redes) que democratiza el acceso a la tecnología y permite la desaparición de las barreras de entrada en una gran mayoría de industrias y países del mundo. Los emprendedores globales se apoyan en las startups (empresas nacientes con alto componente tecnológico) que fundan para “seducir” en sectores tradicionales a los clientes a lo largo y ancho del mundo. Efectivamente se empieza a hablar de estas empresas a finales del siglo pasado pero el pinchazo de la burbuja de las puntocom -unos pocos años después- ralentiza el fenómeno por la desconfianza en su solvencia. Pero conforme avanza el siglo y comienzan a aparecer referentes de esta nueva tipología como UBER en Estados Unidos o Spotify en Europa, las startups globales se convierten en el objeto de deseo de las grandes corporaciones. Términos como born global o unicornios, se usan también también para referirse a estas empresas. Una empresa born global es aquella que nace con el objetivo de internacionalizarse, de convertirse en global desde su nacimiento y para ello se diseñan, es decir que nacen con un plan de negocio, una plantilla y una localización social que lo facilite. Un unicornio, inspirándose en el tan buscado animal mitológico, es una empresa muy poco común que consigue en los tres primeros años de vida una capitalización global superior a mil millones de dólares. Airbnb, Dropbox o la española Cabify en la industria del turismo, la tecnología o el trasporte respectivamente, son ejemplo de startups globales a la vez que unicornios. A la vista de lo anterior podemos concluir que las hazañas españolas de hace cinco siglos tenían mucho de unicornios y sin duda eran empresas globales. Juan Sebastián Elcano, Francisco Pizarro o Cristóbal Colon y Juan de Antonio, el fundador de Cabify, a pesar de que les separaron 500 años, no eran tan diferentes.
El reciente informe dirigido por el economista jefe de Arcano, “España. Nación Emprendedora” comienza explicando cómo el éxito de la nao Victoria, al ser el primer barco que dio la vuelta al mundo, es una buena práctica de innovación. Ignacio de la Torre argumenta que la hazaña de Elcano se basó en tres pilares que al día de hoy se mantienen para cualquier gran innovación. A saber, ecosistema de conocimiento, financiación abundante y recursos humanos emprendedores. Este mismo informe recuerda la frase del CEO de Intel cuando fue cuestionado por la rentabilidad de sus disruptivos planes. “¿Alguién se hubiera atrevido a preguntar a Cristobal Colón por la rentabilidad de descubrir América”. Pero 500 después, el ecosistema español tiene unas carencias que leyendo las recomendaciones de Arcano hay que trabajar intensamente no para volver a ser referentes sino simplemente para sobrevivir. Facilitar la inversión en startups con cambios regulatorios e incentivos fiscales; fomentar la unidad de mercado y las ayudas públicas a la I+D+i; adaptar el sistema educativo a la cuarta revolución industrial y acercar las Fuerzas Armadas al mundo educativo y empresarial, entre otras cuestiones.
Por ello, tampoco a nadie debe sorprenderle que en 2012 en el contexto de un ambicioso paquete de medidas de apoyo al emprendimiento en España, el gobierno promoviese una herramienta financiera para ayudar a las empresas nacientes con el nombre de la reina que financió las innovaciones españolas de su siglo de oro.  Desde entonces el Fondo Isabel La Católica proporciona capital a business angels y otros inversores no institucionales con el objetivo de financiar empresas innovadoras a través de coinversiones. El fondo está gestionado por el FEI -Fondo Europeo de Inversiones- y representa el capítulo español de una iniciativa paneuropea -el European Angels Fund- que tiene como propósito promocionar y apoyar la colaboración internacional entre los llamados ángeles inversores y los vehículos patrimoniales de ahorro e inversión (family offices) contribuyendo a que estos inversores no institucionales se conviertan en una verdadera alternativa de capital para emprendedores y empresas de carácter innovador. El Fondo Isabel La Católica, por tanto, trabaja conjuntamente con los business angels ampliando su capacidad inversora en España invirtiendo con ellos pero sin interferir en la toma de decisión ni en la gestión de las inversiones.
Estos días hemos conocido que el Presidente Sánchez con motivo de su discurso en la Asamblea de Naciones Unidas «ha hecho las Américas». Reunido con los más importantes fondos de inversión del planeta les manifestó las ventajas de invertir en nuestro país. Buena noticia si los pactos postelectorales no lo impiden. Hasta entonces quedémonos con algunos nuevos «descubridores españoles» que con sus startups están encadilando a inversores y grandes empresas. Gas2Move desde Madrid en el trasporte ecológico de última milla, los bilbainos de Ubikare en los servicios médicos a domicilio para el envejecimiento y los hispano-filipinos de Ringteacher con la enseñanza online de idiomas.

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

domingo, 24 de diciembre de 2017

Bienvenida la moda de emprender

(este artículo se publicó originalmente en la revista Corresponsables en el mes de diciembre de 2017)

El informe Global Entrepreneurship Monitor -la red de investigadores del fenómeno emprendedor más potente del mundo-, constata en su informe para España que los emprendedores se están configurándose como una palanca de empleo, desarrollo y prosperidad. Frente a los que durante demasiados años sugerían que los emprendedores retardaban la actividad económica porque eran menos eficientes y estaban fuera de la actividad innovadora por falta de recursos, hoy nadie duda de los beneficios que reportan a la sociedad los emprendedores. Ha hecho falta quizás la irrupción en la agenda mundial de disruptivas startups en sectores  como el turismo, el trasporte o la automoción. Pero en nuestros días, en España, es una realidad que la iniciativa emprendedora es el vehículo por el cual las ideas más innovadoras son implementadas. La explicación de este auge tiene su base en la globalización que ha hecho migrar la ventaja competitiva hacia actividades basadas en el conocimiento.  También los cambios tecnológicos han reducido el papel de las economías de escala, aumentado la competencia en los mercados y mejorando la capacitación de los agentes económicos, lo que ha beneficiado a la pequeña iniciativa empresarial. Y por último, las nuevas generaciones de millennials que no están dispuestos a malgastar su vida trabajando para otros en proyectos que no les ilusionan, han encontrado en el emprendimiento su válvula de escape.
La literatura económica ha incorporado el concepto de ecosistema desde la biología para explicar las características de los territorios más dinámicos. Los países con ecosistemas emprendedores egresan continuamente nuevas empresas con capacidad de crecer y crear empleos, innovando en bienes, servicios y modelos de negocio. Y lo hacen porque los gobiernos, instituciones de conocimiento y grandes empresas orquestan sus actuaciones para conseguir más actividad emprendedora en el país.
Pero para que en nuestro país no se quede este fenómeno en una efímera  moda es preciso tener en cuenta  las siguientes cuestiones. Los poderes públicos en España tienen todavía una magna tarea por delante para avanzar en la transición hacia una auténtica economía emprendedora. Lo cual pasa no tanto por crear más programas públicos como por conseguir alinearlos en sus objetivos y coordinarlos en su ejecución. Se necesitan programas integrales, público-privados e insistentes frente a la provisión de servicios concretos o las ayudas coyunturales. Por ello disponer de mecanismos de evaluación para conocer el retorno de las políticas y su comparación con las mejores prácticas internacionales se hace indispensable. Las grandes empresas y la sociedad en su conjunto también deben hacer su parte; a las primeras les corresponde integrar este colectivo no solo dentro de sus planes de responsabilidad social, sino también en el seno de su misma estrategia corporativa a través de fórmulas innovación abierta. La sociedad, por su parte, debe desterrar definitivamente viejos estereotipos que aún pesan sobre los empresarios y otorgar al emprendedor una consideración social acorde al importante papel que desempeña en la economía.
A su vez cualquier programa de fomento en materia de emprendimiento ha de fortalecer el ecosistema y no romper el equilibrio entre sus agentes. Actuar buscando el rédito a corto plazo y el protagonismo unilateral es síntoma de que no se está respetando ese equilibrio, lo que conduce al error de sustituir el ecosistema por un egosistema.
La persistencia y creación de grandes infraestructuras para la innovación desconectadas‎ de los emprendedores y sus necesidades. La sobreactuación gubernamental sin el mínimo análisis previo motivada por la agenda política o económica. El autismo de las grandes empresas a la hora de colaborar en sus programas de emprendimiento corporativo. La inexistencia de una gran fundación público-privada de ámbito nacional que permita que los jóvenes más brillantes  aspiren a emprender globalmente. La utopía de disponer de una auténtica unidad de mercado es también otro ejemplo de actuaciones en contra del ecosistema, como todos los anteriores.
Porque las personas con ideas están cada vez más presentes en las agendas de las instituciones y los medios de comunicación he querido titular este artículo Bienvenida la moda de emprender. Ciertamente la visibilización del fenómeno y de sus conexiones con el desarrollo económico y social es la primera condición para impulsar este talento en la buena dirección. Sin embargo, de todos depende que esta política pública no quede en algo pasajero como la primera acepción de la palabra moda lleva implícito, sino, muy al contrario, que perduren y se generalicen las mejores prácticas en este terreno. No en vano, la cuarta acepción de moda en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, esa que procede de la estadística y las ciencias sociales, se refiere al “valor que aparece con mayor frecuencia en una serie de medidas”.


Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la Universidad Internacional de La Rioja –UNIR-

jueves, 16 de marzo de 2017

La empresa humanista

(este artículo fue publicado originalmente el día 16 de marzo de 2017 en el diario El Correo)

Las dos palabras que titulan este artículo han llegado a ser consideradas como un oxímoron. El fin último del humanismo, el bienestar del ser humano, ha estado muy lejos del comportamiento de algunos casos judiciales que nos vienen a la cabeza, lo que convirtió en antagónicas esas palabras. Pero si repasamos la obra de un humanista como Alfred Marshall autor en 1890 del que se considera el primer manual de economía, veremos que esas malas praxis empresariales son la excepción que confirma la regla. Para Marshall la economía de mercado conseguía maximizar el bienestar siempre que se cumpliesen fielmente algunas condiciones como disponer de muchos demandantes y oferentes, igualdad de información de esos agentes y la no existencia de barreras de entrada y salida a los mercados. En caso de que no se observen sabemos, por desgracia, lo que puede ocurrir.

Los economistas han investigado profusamente las consecuencias de la actividad empresarial, por ello hoy no hay duda de que las empresas son las responsables de la creación de empleo, la riqueza, la competitividad, la innovación y hasta la cohesión social. Estas externalidades positivas que tanto bien han causado a la humanidad, sin embargo hoy se enfrentan a un mundo donde los problemas crecen a mayor rapidez que las soluciones. El terrorismo, la pobreza o la exclusión social nos lo recuerdan a diario. 

Pero la buena noticia es que hoy disfrutamos de un auge de las llamadas empresas humanistas. El surgimiento del cuarto sector y la llamada revolución de emprendimiento lo están haciendo posible. Pero esto solamente podría haber sucedido en un momento histórico en el que han coincidido dos hechos muy relevantes. En primer lugar la mayor crisis económica de los últimos 75 años y en segundo término la disrupción de la tecnología que ha popularizado el acceso a herramientas maduras que facilitan la desaparición de barreras de entradas a la mayoría de los mercados. 

El cuarto sector, aquellos agentes económicos que no son públicos, ni empresas privadas al uso, pero tampoco ONG, son empresas que buscan conciliar sus fines sociales con la disciplina mercantil. Desde que en los años 60, Bill Drayton fundador de Ashoka, hablase de los emprendedores sociales son muchas las empresas que han puesto en práctica ese nuevo humanismo empresarial. La ONCE o Ecoembes pero también el grupo Mondragón en el País Vasco o la marca de alimentación La Fageda en Cataluña, entre muchos otros, han demostrado que se puede ayudar a colectivos en riesgo de exclusión, cuidar el medio ambiente o promover el desarrollo del territorio siendo competitivo.

La revolución de las startups basada en la resolución de viejos problemas con innovadoras soluciones apoyadas en la tecnología ha conseguido no sólo democratizar el acceso al mundo de la empresa y atraer el mejor talento al emprendimiento sino, lo que es más importante, conseguir un consenso político al respecto de esta figura y su apoyo por las instituciones públicas. 

Por todo lo anterior es muy probable que la próxima vez que alguien junte los vocablos empresa y humanismo ya no recurra a un recurso literario como el oxímoron para definir esa unión, sino a las ciencias naturales y aquel fenómeno mediante el cual dos especies se necesitan para sobrevivir, también conocido como simbiosis.


Iñaki Ortega y Jordi Albareda son profesores de Deusto Business School

jueves, 31 de marzo de 2016

El legado para los emprendedores

(este artículo se publicó en el periódico Cinco Días el día 30 de marzo de 2016)  
Los miembros de la llamada Generación Z, los chicos y chicas que están tomando el relevo a los millennials, son aquellos que nacieron en el entorno del año 2000. Están ahora mismo en los colegios y universidades y solo han visto como presidente de Telefónica a César Alierta. Cuando los Z nacieron, la compañía de telefonía española era lo más parecido a un ministerio y por tanto muy lejana de los valores emprendedores que encarna esta nueva generación.

Los 16 años durante los que César Alierta ha ostentado el cargo de presidente de Telefónica han coincidido también con una intensa transformación no solo del entorno empresarial en el mundo, sino también de la propia empresa que ha presidido y que durante ese tiempo ha pasado de ser una operadora de telefonía a convertirse en un gigante digital. Precisamente en este contexto de cambio permanente es en el que se enmarca el anuncio de la sustitución de Alierta en la presidencia de la compañía por su consejero delegado, José María Álvarez-Pallete, al que la operadora considera, según el comunicado remitido ayer a la CNMV como “el directivo más preparado para afrontar con éxito los retos que impone la revolución digital”.
Pero junto con la aportación de Telefónica y de César Alierta a la cabeza a la revolución digital que estamos viviendo, también ha sido notable la aportación realizada a otra de las revoluciones que aún se encuentran en marcha: la del radical cambio hacia una gran empresa con filosofía startup. Telefónica, que pasó de ser una empresa nacional para convertirse en una multinacional, ha sido protagonista del impulso del llamado ecosistema emprendedor, y no solo en España. Su contribución en otras partes del mundo y especialmente en Latinoamérica ha sido más que notable.



Bajo el mandato de César Alierta la operadora ha sido una de las empresas a nivel mundial que antes y más decididamente han apostado por apoyar a las startups como estrategia para afianzarse en la vanguardia de la economía digital y al mismo tiempo contribuir al desarrollo del ecosistema emprendedor en el que opera. El desafío tecnológico al que se han tenido que enfrentar las compañías de telecomunicaciones desde el cambio de Milenio ha sido mayúsculo, y la virtud de Alierta ha sido entender enseguida que los cambios que tenían que acontecer dentro de estas empresas, no ya para liderar sino para sobrevivir a la transformación digital, pasaban por hacerlas permeables al talento emprendedor. Con el paraguas de Telefónica Open Future, la multinacional ha sabido apoyar durante estos años a las nuevas empresas tecnológicas con generosidad y con inteligencia, creando oportunidades para ellas dentro y fuera de su organización. Los espacios de crowdworking, las incubadoras Wayra, las becas talentum, los fondos Amerigo y Telefónica Ventures… son iniciativas que han ido mucho más allá de las fronteras de la responsabilidad social corporativa, convirtiéndose en un pilar fundamental de la empresa para captar talento y generar innovación extramuros. Junto a las impresionantes cifras vinculadas a la matriz que deja Alierta, hay otras de las que probablemente no se hablará tanto estos días, pero que no pueden obviarse; son las más de 850 startups aceleradas, las cerca 600 compañías invertidas y los más de 350 millones de euros comprometidos en su lanzamiento.



Alfred Marshall, allá por el 1890, situó a los emprendedores como el cuarto factor de producción por encima del capital, la tierra y el trabajo. Para este economista la actividad del empresario era clave como proveedor de bienes para la sociedad pero también como fuente de innovación y progreso. El austroamericano Schumpeter dos décadas después consideró a los emprendedores vehículos de innovación puesto que generan nuevos productos, nuevos métodos de producción, nuevos mercados y nuevas formas de organización. Gracias a estos dos autores hoy sabemos que no existe capitalismo sin los emprendedores ya que son el vehículo en que las ideas se implementan y por ello, los agentes más importantes en la creación de nuevos empleos,  lo que les ha convertido en el motor del desarrollo económico-social y del progreso en la nueva economía. 
Aun siendo cierto que los cambios empiezan desde abajo y que los emprendedores no han dejado de ser los protagonistas de la actividad económica por su capacidad para prever el futuro, también lo es que para asegurar su crecimiento y el arraigo de su actividad los emprendedores necesitan un ecosistema adecuado y Telefónica, bajo el mandato de Alierta ha sido junto con muchas otras compañías punteras en España, uno de los agentes que han favorecido, y lo siguen haciendo, el ecosistema adecuado para el emprendimiento. Si tenemos en cuenta que la economía digital se está construyendo con ese cambio de enfoque desde lo grande a lo pequeño sin duda el trabajo con los emprendedores constituye el legado más valioso de Cesar Alierta. La presidencia de Telefónica queda ahora en manos de José María Álvarez-Pallete, precisamente la persona que ha implementado e inspirado la estrategia startup de la compañía. Buena señal, buen legado.



Iñaki Ortega es doctor en economía y Director de Deusto Business School

miércoles, 10 de febrero de 2016

Inconformismo

(este artículo se publicó en el periódico El Economista el día 10 de febrero de 2016)

Vivimos tiempos exponenciales. Todo va cada vez más rápido, la Humanidad atesora más y más conocimiento, la información fluye con una velocidad inimaginable hace apenas unos pocos años. A finales de los años sesenta, en California, varios científicos lograron conectar la primera red de computadoras en tres universidades, dando origen al internet que hoy conocemos. Casi al mismo tiempo y en la misma localización un joven tecnólogo llamado Gordon Moore formuló una ley que no ha dejado de cumplirse desde entonces. Su augurio, la conocida “ley de Moore”, alertaba que cada año la capacidad de los microprocesadores se doblaría, a su vez anualmente el precio de esos chips sería la mitad. Internet y tecnología “buena, bonita y barata” son las claves del momento que está permitiendo universalizar el acceso al conocimiento y al capital como nunca antes. Por primera vez en la historia los emprendedores tienen en sus manos las armas para cambiar el mundo.

Pero a pesar de lo anterior los problemas a nuestro alrededor son más grandes que nunca. El desempleo, la exclusión social, el terrorismo o la violencia de género por citar solo algunos. Y aunque en los últimos meses en España parece que solo atendemos a la crisis política, en una suerte de tregua mediática sobre la recesión económica, pocos expertos dudan que todavía queda mucho camino de esfuerzos y reformas por delante, para recuperar los niveles de bienestar de hace diez años.

Revelarse contra las injusticias, sin duda, está en las motivaciones de los llamados emprendedores sociales. En un reciente informe de Ashoka, se pone de manifiesto como la innovación social de estas personas es capaz de cambiar políticas nacionales y resolver problemas que parecían insalvables. Satyarthi en  la India luchando contra el trabajo infantil, Weetgens entrenando a ratas para detectar tuberculosis o minas antipersona. Jimmy Wales con Wikipedia, democratizando la información y abriendo las puertas al conocimiento colaborativo. Son todos ejemplos de cómo el inconformismo acompañado de talento, hoy, permite un mundo mejor.

De hecho, en los últimos años la llamada generación Y, los nacidos entre finales de los años setenta y finales de los ochenta, han ido cambiando todas las industrias con sus startups. Las finanzas, los medios de comunicación, el ocio o el trasporte están mejorando gracias a sus ideas disruptivas. Los millennials no quieren trabajar en grandes compañías, prefieren probar fortuna y crear ellos mismos las empresas de éxito del futuro, lo que está aportando una gran cantidad de nuevos emprendedores que están refundando los negocios hacia la llamada economía digital. En un mundo en el que muchas cosas son gratis o muy baratas, el tiempo y coste de transformar una idea en una realidad se ha reducido enormemente, lo cual permite a los emprendedores testar rápidamente en el mercado sus productos o servicios con prototipos de bajo coste sin hipotecar el resto de su vida. El salto al vacío que supone lanzar cualquier empresa se suaviza con el paracaídas de la tecnología que permite emprender en pequeño pero pensando a lo grande y sin grandes desembolsos. Esta nueva manera de ver las cosas, basadas en el inconformismo e inmediatez, está igualmente transformando la forma en la que las corporaciones  buscan crear valor, a través de la llamada innovación abierta que ha acelerado procesos de cambio en todo los sectores de la economía.

Ese inconformismo que se percibe en la sociedad y la economía proviene de personas que se salen fuera de la dinámica de la comodidad y que prefieren buscar nuevas formas de pensar y hacer. En un estudio reciente de la Universidad de Deusto sobre la generación z, llamada así porque son aquellos jóvenes que  van detrás de los millennials, nacidos entre mediados de los noventa y la primera década del nuevo siglo, son el grupo con mayores posibilidades de informarse y de transmitir información, de desarrollar proyectos de toda índole gracias a su conectividad global, de expresar su creatividad y de colaborar en proyectos sin que las distancias supongan una barrera.

Y es en el tratamiento de la información en lo que encontramos una de las mayores diferencias intergeneracionales. La Generación Z no ha sido entrenada para reconocer el principio de autoridad de los emisores de información. Han crecido en un entorno igualitario en el que todo tipo de voces discordantes tienen igual altavoz. Dan igual jerarquía a todos los emisores. Y a la vez, entienden la información como algo modificable y fusionable, y no conocen límites a la hora de transmitir información de forma masiva. Todo ello, unido a la masiva cantidad de información que reciben puede paradójicamente llevarles a ser una generación más desinformada en términos objetivos que la anterior.

Pero, en definitiva, estamos ante una generación que, con las oportunidades adecuadas, está en disposición de mejorar el mundo y sacar lo mejor del imparable desarrollo tecnológico. Están más preparados para trabajar globalmente en equipo, para aportar y trabajar en entornos diversos, para innovar y emprender desde su propia experiencia. Son tolerantes y más éticos y generosos por naturaleza, más abiertos a compartir el conocimiento y defensores del acceso generalizado a la información. Son conscientes de que deberán estar aprendiendo toda su vida, y de que es posible aprender de todo y de todos. El mundo, muy pronto, estará en sus manos. Su inconformismo hará posible un mundo mejor.

Iñaki Ortega es profesor, director de Deusto Business School


Pedro Irujo es consultor, Vicepresidente de Neoris

miércoles, 16 de diciembre de 2015

COP21. Empezar es la mitad del camino

(este artículo se publicó en el Diario Cinco Días el día 16 de diciembre de 2015)

‎Horacio, es considerado el principal poeta de la Roma clásica. Su influencia desde el año 35 a.C. ha llegado hasta nuestros días, de modo y manera, que una de las expresiones que este lírico latino acuñó, puede resumir las conclusiones de la conferencia del cambio climático de París. «Empezar es la mitad del camino».

El acuerdo que han firmado este sábado 195 países de todo el mundo, sitúa en el 2020 el inicio de los compromisos para frenar la emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera. Pero gracias a la atención generada en los meses previos y a los debates celebrados en la capital francesa desde el 30 de noviembre, en la llamada conferencia de participes (COP21), gran parte del camino está ya andado, aunque todavía falten cuatro años para la fecha de implementación  del nuevo pacto climático.

París nos ha hecho abrir los ojos ‎y ya nadie duda, ni en la ciencia ni en la ciudadanía, de que tenemos un problema, causado por la propia acción humana. La eyección de dióxido de carbono fruto de los combustibles fósiles captan la radiación infrarroja produciendo calentamiento global. Si no hacemos nada por parar este uso, cuando termine el siglo XXI la temperatura del planeta habrá aumentado cuatro grados con efectos devastadores para la humanidad. Aun ejecutando planes como el de París, bajar a dos grados el aumento del calentamiento global, traería desequilibrios que harían desaparecer miles de poblaciones costeras y bosques en medio mundo.

Ahora, parar esa tendencia esta en nuestra mano y ya no podemos escudarnos en la falta de acuerdo de los Estados, la inoperancia de los políticos o la codicia del capitalismo de las multinacionales. El acuerdo de la cumbre de París junto con las oportunidades que hoy ofrece la tecnología, son las palancas sobre las que impulsar un nuevo activismo ciudadano, que no responde a ideologías, y que empieza por nosotros mismos, en nuestras casas y en nuestras ciudades.

El cambio climático no está causado solo por las chimeneas de grandes industrias en China o India, sino que tiene su base en nuestro desaforado consumismo, nuestra indolencia para reciclar o nuestro complejo cuando no egoísmo para usar más el transporte público‎. De hecho el 50% de las emisiones de gases de efecto invernadero se producen en nuestra actividad diaria.  Tenemos al alcance de nuestra mano el poder de contribuir a su freno a través de pequeños gestos cotidianos pero a la vez poderosos como, por ejemplo, los 15 millones de toneladas de CO2 no emitidas gracias al reciclado de los envases del contenedor amarillo y azul en España. En 2030 seremos nueve mil millones de habitantes en el planeta, por ello es imprescindible repensar, como nos recuerda el Papa Francisco en su encíclica “Laudato si” sobre el cuidado de la casa común, la forma que tenemos de producir y consumir cuando los recursos serán cada vez más escasos. El ecodiseño, la economía circular, el reciclado y el consumo responsable sin olvidar la acción de los emprendedores, en un momento en el que se ha democratizado el acceso al capital y al conocimiento, son las heramientas que tendremos que usar. El ya mítico emprendedor en serie, Elon Musk, con Tesla, está acercando, por fin, el coche eléctrico a los consumidores gracias a sus nuevas baterías que harán posible también un menor consumo en nuestros hogares. También, desde España, estamos ayudando con los disruptivos contadores eléctricos de los emprendedores de Green Momit, catalogados como una de las 50 startups de mayor impacto en Europa, puesto que con sus dispositivos smart, alineamos compromiso mediombiental y ahorro en la factura de la luz.

Es también el momento de las energías limpias y la movilidad sostenible. En París unos de los temas recurrentes en las sesiones ha sido el papel de las ciudades como agentes del cambio para alcanzar una economía baja en carbono. Ya existen buenas prácticas para seguir, el caso de Islandia, por ejemplo, con el 100% de su energía de origen renovable a través de la geotermia. Adelaida desde Australia explicó cómo una ciudad puede apostar por las energías limpias y por la innovación para conseguir que el 40% de su energía proceda de fuentes renovables, recortando sus emisiones un 20% mientras que ha incrementado su PIB en un 28% y todo ello con un incremento de población de un 27%. Bristol en el Reino Unido ha pasado de ser una de las ciudades más industrializadas del planeta a convertirse en un modelo de sostenibilidad como ha puesto de manifiesto su titulo este año de European Green Capital, cogiendo el testigo de las modélicas Vitoria en España y Copenhague en Dinamarca. 

Convivimos con alertas por contaminación que pensábamos que  no nos afectaban porque estábamos lejos de Beijing, Delhi o México DF pero ya no sólo Madrid sino hasta Oviedo sufren protocolos anti-polución. El problema está aquí pero la solución también está en nuestras manos. En el MIT hablaron hace unos años del Gran Desacople, una coyuntura diabólica en la cual los problemas crecían rápidamente y en cambio las soluciones iban muchísimo más despacio. Hoy, en cambio, conocemos bien los problemas que causa el cambio climático pero también, con una economía digital en que los ciudadanos en todo el mundo se están empoderando frente a las injusticias, tenemos las soluciones en nuestras casas y en nuestros propios hábitos. Por ello, comencemos  a cambiar, porque si lo hacemos, ya sabemos desde hace 2000 años, que «empezar es la mitad del camino».


Iñaki Ortega es director de Deusto Business School.
Oscar Martin es consejero delegado de Ecoembes.


jueves, 3 de septiembre de 2015

El matemático más alto del mundo

(este artículo fue publicado originalmente en el suplemento Innovadores del periódico El Mundo el día 31 de agosto de 2015)

Hace unas semanas tuve la suerte de participar como docente en el curso de verano Xpheres College para profesionales del baloncesto. Mi sorpresa comenzó por el perfil de los participantes, jugadores  y entrenadores del deporte de la canasta, cultivados y con ansias de aprender. Nacho Llovet, 24 años, 2.02 m de altura, pívot del Juventut de Badalona e ingeniero industrial por la Politécnica de Cataluña, Pedja Savovic, ex jugador de la NBA y directivo del club Bilbo Basket con dos posgrados de la Universidad de Deusto en su haber, son solo un par de ejemplos de lo que me encontré en este curso organizado en Vitoria, cuna del baloncesto español, por Igor Crespo un representante de jugadores con dos carreras técnicas una de ellas en la Universidad de Minnesota. En Europa no es fácil encontrar deportistas con formación superior, el mundo del deporte tiene una asignatura pendiente al haber sido incapaz de lanzar ligas universitarias, al estilo de las norteamericanas, que garantizan que los deportistas de élite dispongan de una capacitación que les será muy útil para su futuro y evitaría los macabros casos de ex jugadores convertidos en “juguetes rotos” y que todos los años nos encontramos en las noticias.

Mi sesión era sobre la nueva forma de comunicarse de los millennials pero, sin duda, era la menos apasionante de las que tuve la suerte de asistir. Un concierto de guitarra trufado de consejos del propio músico, la historia de un gimnasta olímpico convertido en artista del Cirque du Soleil con espectáculo incluido, un torero hablando del control del miedo  o el director de El Mundo del País Vasco dando las claves de la gestión de información, ponen al lector en la pista de lo multidisciplinar de las materias que los jugadores y entrenadores de baloncesto disfrutaron esos días de finales de julio en la capital alavesa.

Sergio Olmos es un joven pívot alicantino de 2.13 metros de altura graduado en matemáticas por la universidad de Temple en Philadelphia, Estados Unidos. Claudia Calvelo asturiana de 23 años, también es pívot con su 192 cm de altura pero juega en la liga alemana. Los dos participaron  en el curso, son novios, jugadores de baloncesto pero muchas más cosas, además. Son la nueva camada de jóvenes que están ya empujando a los millennials. Se les ha bautizado como la generación Z, los que siguen a la generación Y, también llamada del milenio o millennials. ‎Los primeros miembros de esta Generación Z,  los nacidos entre 1994 y 2009, comienzan a salir de las universidades, a incorporarse al mundo laboral y a reclamar su sitio en el mundo. Se trata de la primera generación de verdaderos nativos digitales, nacida ya con internet presente en los hogares del mundo desarrollado y que ha crecido en estos años de crisis económica global. Entre sus principales rasgos destaca su omnipresente uso de las TIC en toda relación social, laboral o cultural; su creatividad y adaptabilidad a nuevos entornos laborales, su desconfianza en el sistema educativo tradicional, que da paso a nuevos modos de aprendizajes centrados en lo vocacional y en las experiencias, y su respeto a otras opiniones y formas de vida humanas. Y, como gran diferencia en el comportamiento  frente a generaciones anteriores, está su modo de procesar la información recibida: sin jerarquías ni principios de autoridad, reciben cantidades ingentes de información para procesar, dan el mismo valor a todas las opiniones y las almacenan mentalmente de forma muy distinta a sus antecesores.
                                               
Sergio Olmos se presentó públicamente en el curso como el matemático más alto del mundo y también podría haber dicho que es el único matemático que es profesional del baloncesto español o como un matemático  con una novia que toca la gaita… Son la generación que viene, los Z: irreverentes, multidisciplinares, globales, que saben que tendrán que estar aprendiendo toda la vida. ‎

Sin embargo, están llamados a desarrollar un nuevo modelo de innovación. Ya no basta con "pensar fuera de la caja", porque la caja -el volumen de conocimiento humano- se ha desbordado, está llena de informaciones confusas o erróneas y está cada vez más desordenada. Frente a eso, los chicos y chicas de la generación Z se preparan para construir su propia caja, desde su propia experiencia educativa y personal, y las ideas innovadoras surgirán del singular modo en que combinarán información procedente de fuentes de lo más diverso.

Iñaki Ortega es profesor de la Universidad de Deusto y director del programa de liderazgo en innovación deportiva (PLID) de Deusto Business School.

viernes, 26 de junio de 2015

Una cuestión de Estado

(este artículo fue publicado originalmente en el suplemento Innovadores del periódico El Mundo el día 23 de junio de 2015)

Si hoy, en España, pensamos en una industria que genera una riqueza todos los años de más de 25.000 millones de euros, con 19.000 empresas operando, que emplea a 160.000 personas y supone un gasto público de 2.600 millones de euros, parece simplemente de sentido común apoyar ese sector.

Si además ‎esa actividad está detrás de 9,5 millones de los viajes de turismo a nuestro país, implica directamente a más de 20 millones de españoles y genera 165.000 eventos anuales, se antoja que su decidido impulso tiene importantes réditos sociales.

Pero si incluimos en la ecuación que esa industria tiene un efecto beneficioso sobre la salud, genera importantes ahorros para el sistema público sanitario, garantiza un mejor futuro y está detrás de los intangibles más valorados de nuestro marca país, nadie dudaría de la necesidad de convertir ese sector en una cuestión de Estado.

El deporte es todo lo anterior, aunque se conozca más los resultados de nuestros futbolistas o ciclistas,  pero además es una demostración palpable de las nuevas tendencias económicas que han llegado para quedarse y que tan bien conocen los emprendedores.

La economía colaborativa. Ahora que todo el mundo habla de las empresas P2P (peer to peer,de  igual a igual), el deporte con sus más de 65.000 clubes auto gestionados sin apenas ayudas, sus más de 3.500.000 de federados que dan sentido a más de 176.000 instalaciones deportivas, demuestra ‎que la sociedad civil actúa por buenas causas y es capaz de organizarse para buscar soluciones, más allá del individualismo.

Competitividad. El ranking de los medalleros olímpicos pone de manifiesto que no hay casualidades sino causalidades. Detrás de los éxitos deportivos hay inversión, estrategia y excelencia. En este sentido y al respecto de los malos resultados en la atracción de grandes eventos deportivos a nuestro país, como los Juegos Olímpicos y la Copa del Mundo de Fútbol, han de ser un acicate para mejorar la gestión, en general, en toda la actividad deportiva y en particular conseguir los mejores y más formados profesionales del management deportivo.

Ejemplaridad. ‎La investigación de la fiscalía americana sobre la FIFA o los recientes escándalos sobre los amaños de partidos, sin olvidar los recurrentes casos de dopaje o violencia en el deporte, nos exigen no bajar la guardia. Como en la economía actual e incluso en los asuntos públicos, la ética se ha convertido en ‎un aspecto imprescindible para triunfar. 

La civilización griega está detrás de la noción que hoy tenemos del Estado. Como se recordará su forma de organización política era la ciudad, la polis, con una activa y pionera participación  de la población en los asuntos públicos. Esta corresponsabilidad en lo público concernía a todos los ciudadanos que llegaban incluso a ocuparse de la defensa de su territorio. Precisamente de esta última tarea viene el término que en nuestros días llamamos «cuestión de Estado». Hoy, en España, también, gobiernos, empresas y ciudadanos tenemos que implicarnos en conseguir que el deporte, sea una cuestión de Estado, porque nos afecta a todos, para que aporte todo su potencial en beneficio de nuestro país.

Iñaki Ortega es doctor en economía y director de Deusto Business School en Madrid.


Raúl Chapado ha sido atleta profesional y es profesor del PLID (Programa de Liderazgo en Innovación Deportiva) de Deusto Business School

viernes, 6 de febrero de 2015

Internet cruje

(este artículo fue publicado originalmente el 6 de febrero de 2015 en el diario El Economista)

El sonido del mundo es hoy un crujido. Son las estructuras de lo que ha sido nuestra sociedad y economía durante muchos años que se resienten por la grandes cambios que estamos viviendo.  Los investigadores del MIT lo llamaron hace ya unos años «el gran desacople». La intensidad del cambio tecnológico está provocando que las soluciones no surjan a la misma velocidad que los problemas.

Estos días hemos escuchado ese crujido en España con el ciberataque a los espacios web de Unidad Editorial. Lo ocurrido se refiere bajo el acrónimo “DoS”, Denial of Service, o denegación de servicio y consiste en bloquear intencionadamente un servidor dejándolo más o menos tiempo fuera de servicio, dependiendo en gran medida el restablecimiento, de las herramientas del agredido para repeler el ataque. Nuestro país, a la vez, es de los que más concienciados están con la seguridad digital, de hecho la consultora Deloitte, del selecto grupo de las “big four”, ha creado su centro mundial de expertise sobre seguridad en el uso de las TIC en Madrid. La multinacional española Indra, líder global en tecnologías para la seguridad,  hace ya unos meses puso en marcha Ciber Security Operations Centre, un laboratorio especializado en ciberdefensa con más de cien profesionales al servicio de la causa.

Que nadie caiga en el error de pensar que internet ya es un entorno maduro. Hoy en día es cierto que se pueden realizar y ofrecer una pluralidad de operaciones y servicios pero esto  no ha hecho más que empezar.  No olvidemos que hay campos acelerándose a ritmos frenéticos como son la robótica  y en general la inteligencia artificial, todas dependientes del entorno digital. El desarrollo tecnológico conforme a la Ley de Moore ha sido implacable:  ¿se imagina usted si su vehículo cada año necesitase la mitad de combustible  y así prolongado en el tiempo durante décadas…? Eso es lo que ha hecho posible que un smartphone tenga tecnología que supere los supercomputadores de hace apenas una década. 

Así, el acceso a internet hoy en día es un estándar de derechos humanos, a más restricciones de acceso por las autoridades, menos derechos humanos. Del mismo modo es un medidor de desarrollo país: a mayor capacidad de desplegar e integrar megas de fibra en las viviendas a un menor precio, más desarrollo económico.

Sin embargo internet y toda esta gran tecnología no deja de ser una gran puerta al exterior que las empresas deben de saber gestionar. Esos flujos de entrada y salida en un entorno digital, pero real y parte del mundo en el que vivimos.  Prácticamente todos los tipos delictivos tienen su reflejo en el mundo digital y con una ventaja añadida, para los infractores, y es que en el mundo del cibercrimen es difícil encontrar no solo a los autores sino localizar de dónde parte el ataque. Y así, la sofisticación de la vileza va a más cada día.  

El diccionario define disruptivo,  término etimológico de las ciencias físicas, a aquello que produce una ruptura brusca. Ojalá que estemos preparados, en la seguridad en la red, para afrontar esas disrupciones, esas rupturas que hacen que cruja el Mundo. Para ello las empresas, los profesionales y las instituciones habrán de saber usar las herramientas de la nueva época que nos ha tocado vivir: la ley, la propia tecnología y el apoyo a  los emprendedores como vehículo de las innovaciones.
  
Iñaki Ortega es profesor de Deusto Business School.

Rafael Chelala es abogado penalista experto en delito cibernético.