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jueves, 17 de noviembre de 2022

Hacer un superman

(este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 Minutos el día 14 de noviembre de 2022)

Han pasado más de ochenta años desde que se publicó el primer cómic de Superman por lo que conviene repasar, aunque sea fugazmente, su biografía para entender el título de este artículo. Este superhéroe que vive en Metrópolis, una ciudad que recuerda a Nueva York, se oculta tras el personaje de un tímido, engominado y elegante periodista -de nombre Clark Kent- para poder pasar inadvertido. Eso sí, cuando un delito requiere su presencia, se las arregla para bien en una cabina telefónica, bien en el baño de la oficina, cambiar el traje por un colorido disfraz con superpoderes, para luchar enérgicamente contra el mal. Lois Lane, la novia del aburrido y formal Clark, suspira por el atrevido Superman sin saber que en realidad son la misma persona.

Casi un siglo después, la vestimenta en las oficinas ha cambiado mucho, la corbata casi ha desaparecido y los tacones van camino de ello. Si los autores del cómic se dieran una vuelta por la calle Serrano de Madrid o por la Diagonal de Barcelona, no darían crédito. Consejeros de compañías descamisados, altas ejecutivas en zapatillas por no hablar de esos nuevos fichajes de las grandes empresas con un atuendo más parecido a pijamas de superhéroes que a los impecables trajes de Clark y Lois.

Pero la comodidad en el vestir que ha triunfado en las altas esferas empresariales tiene un punto débil. (Otro día hablaremos de a quién le favorece de verdad esta moda de no arreglarse, porque me cuesta encontrar a alguien más allá de los modelos publicitarios que -por otro lado- todo les queda bien). Esas zapatillas tan confortables a la par que vistosas o esos vaqueros sin chaqueta ni corbata, no sirven para una inauguración, un estreno o una cena formal. Es más, quedan fatal. Es entonces cuando esos profesionales han de buscar un baño (ya no hay cabinas de teléfono) para ponerse una corbata o calzarse unos tacones, peinarse o darse maquillaje. En Nueva York se ha bautizado esta práctica como “hacer un Superman”. Por eso en los bolsos y cajones de los despachos es habitual encontrarse además de cargadores de móvil y algún bolígrafo, zapatos de recambio, algo de gomina y una corbata oscura. En resumen, que está bien eso del confort en el vestir, pero sin convertirlo en religión, porque cuando la ocasión lo merece, hay que volver a lo clásico.

En esta parte del mundo este "efecto Superman" también ha llegado y la zona cero es el actual gobierno de España. Sea por apuntarse a la moda de ahorrar energía o por parecer del pueblo llano, los ministros se quitan y ponen la corbata en el coche oficial y las ministras pasan de la camiseta reivindicativa y la cara lavada a ir de largo a las cenas de gala. Cambiar de indumentaria para que Lois Lane caiga rendida a tus pies. Todo lo que sea necesario para, como Superman, ser admirado por la ciudadanía. Dejo para la reflexión del lector si esos políticos además de cambiarse de ropa, que no deja de ser poca cosa, están también cambiando de principios para así no abandonar el poder.

Iñaki Ortega es profesor en la Universidad de Internet (UNIR) y LLYC

lunes, 16 de noviembre de 2020

La mediana edad no es la edad de moda

(este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 Minutos el día 16 de noviembre de 2020)


Esta semana he leído en un estudio que los nativos digitales están entrando en la mediana edad, aunque no se hayan dado cuenta. Me hizo reír porque es verdad que la conocida como generación millennial -los jóvenes que cumplían los 18 años en el cambio del milenio- hoy están a punto de cumplir 40 años a pesar de que ellos se ven muy lejos de ser mayores. A la vez empecé a pensar en eso de la mediana edad. La mediana edad se ha entendido como sinónimo de madurez o que dejabas de ser joven. Es aquel momento en el cual se supone has formado una familia, tienes trabajo y has comprado una casa. Eso, en nuestra cultura, pasaba cuando entrabas en la cuarentena.

El informe del economista de Dartmouth College afirma, además, que la edad en la que eres menos feliz es precisamente cuando estás en la década de los cuarenta años. En concreto y después de analizar 500.000 personas de 132 países, concluyó que hoy cuando más infeliz eres es a los 47 años. Si has nacido en 1973 tus hijos siguen dependiendo de ti, el trabajo no es lo suficientemente estable, no has terminado de pagar la hipoteca y el futuro -con la pandemia y la crisis- es más impredecible que nunca,

En esas estaba cuando la etimología de mediana edad me llevó a recordar mis años de profesor de estadística cuando explicamos en clase la diferencia entre mediana, media y moda. Para calcular la mediana de una serie de valores numéricos tenías que ordenarlos de mayor a menor; el número que estaba en el medio era la mediana. En cambio, la media era el promedio y surgía de sumar todos los datos y dividirlos entre el total. Por último, la moda es el dato que más se repetía en una serie. Si ahora esto lo llevamos a la población española podríamos concluir que la edad mediana es 43 años; si estás en esa cifra, hay tantos mayores como menores de tu edad en tu país. La edad promedio por estos lares es un poco más, 44 años o lo que es lo mismo, es la media aritmética de la población.  Pero la moda es dónde está el grupo de edad más numeroso, y en nuestro país está en 40 y 44 años. Cojas la ratio que cojas de la estadística, los cuarenta años te pillan en el medio de todo. Tan cerca de la vejez como de la niñez, de ser un moderno que de ser un supuesto antiguo y, además, cada día, los que integran esa cohorte se acercan -sin prisa, pero sin pausa- a esos 47 años tan infelices.

Visto lo visto, ahora se entiende porque esos millennials no quieren cumplir años y quieren quedarse en los treinta, pero me temo que, aunque manejen tan bien la tecnología, todavía no son capaces de parar el tiempo con sus móviles de última generación.

 

NOTA: Tengo 48 años y he superado los 47 sin problemas.

 

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR


domingo, 24 de diciembre de 2017

Bienvenida la moda de emprender

(este artículo se publicó originalmente en la revista Corresponsables en el mes de diciembre de 2017)

El informe Global Entrepreneurship Monitor -la red de investigadores del fenómeno emprendedor más potente del mundo-, constata en su informe para España que los emprendedores se están configurándose como una palanca de empleo, desarrollo y prosperidad. Frente a los que durante demasiados años sugerían que los emprendedores retardaban la actividad económica porque eran menos eficientes y estaban fuera de la actividad innovadora por falta de recursos, hoy nadie duda de los beneficios que reportan a la sociedad los emprendedores. Ha hecho falta quizás la irrupción en la agenda mundial de disruptivas startups en sectores  como el turismo, el trasporte o la automoción. Pero en nuestros días, en España, es una realidad que la iniciativa emprendedora es el vehículo por el cual las ideas más innovadoras son implementadas. La explicación de este auge tiene su base en la globalización que ha hecho migrar la ventaja competitiva hacia actividades basadas en el conocimiento.  También los cambios tecnológicos han reducido el papel de las economías de escala, aumentado la competencia en los mercados y mejorando la capacitación de los agentes económicos, lo que ha beneficiado a la pequeña iniciativa empresarial. Y por último, las nuevas generaciones de millennials que no están dispuestos a malgastar su vida trabajando para otros en proyectos que no les ilusionan, han encontrado en el emprendimiento su válvula de escape.
La literatura económica ha incorporado el concepto de ecosistema desde la biología para explicar las características de los territorios más dinámicos. Los países con ecosistemas emprendedores egresan continuamente nuevas empresas con capacidad de crecer y crear empleos, innovando en bienes, servicios y modelos de negocio. Y lo hacen porque los gobiernos, instituciones de conocimiento y grandes empresas orquestan sus actuaciones para conseguir más actividad emprendedora en el país.
Pero para que en nuestro país no se quede este fenómeno en una efímera  moda es preciso tener en cuenta  las siguientes cuestiones. Los poderes públicos en España tienen todavía una magna tarea por delante para avanzar en la transición hacia una auténtica economía emprendedora. Lo cual pasa no tanto por crear más programas públicos como por conseguir alinearlos en sus objetivos y coordinarlos en su ejecución. Se necesitan programas integrales, público-privados e insistentes frente a la provisión de servicios concretos o las ayudas coyunturales. Por ello disponer de mecanismos de evaluación para conocer el retorno de las políticas y su comparación con las mejores prácticas internacionales se hace indispensable. Las grandes empresas y la sociedad en su conjunto también deben hacer su parte; a las primeras les corresponde integrar este colectivo no solo dentro de sus planes de responsabilidad social, sino también en el seno de su misma estrategia corporativa a través de fórmulas innovación abierta. La sociedad, por su parte, debe desterrar definitivamente viejos estereotipos que aún pesan sobre los empresarios y otorgar al emprendedor una consideración social acorde al importante papel que desempeña en la economía.
A su vez cualquier programa de fomento en materia de emprendimiento ha de fortalecer el ecosistema y no romper el equilibrio entre sus agentes. Actuar buscando el rédito a corto plazo y el protagonismo unilateral es síntoma de que no se está respetando ese equilibrio, lo que conduce al error de sustituir el ecosistema por un egosistema.
La persistencia y creación de grandes infraestructuras para la innovación desconectadas‎ de los emprendedores y sus necesidades. La sobreactuación gubernamental sin el mínimo análisis previo motivada por la agenda política o económica. El autismo de las grandes empresas a la hora de colaborar en sus programas de emprendimiento corporativo. La inexistencia de una gran fundación público-privada de ámbito nacional que permita que los jóvenes más brillantes  aspiren a emprender globalmente. La utopía de disponer de una auténtica unidad de mercado es también otro ejemplo de actuaciones en contra del ecosistema, como todos los anteriores.
Porque las personas con ideas están cada vez más presentes en las agendas de las instituciones y los medios de comunicación he querido titular este artículo Bienvenida la moda de emprender. Ciertamente la visibilización del fenómeno y de sus conexiones con el desarrollo económico y social es la primera condición para impulsar este talento en la buena dirección. Sin embargo, de todos depende que esta política pública no quede en algo pasajero como la primera acepción de la palabra moda lleva implícito, sino, muy al contrario, que perduren y se generalicen las mejores prácticas en este terreno. No en vano, la cuarta acepción de moda en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, esa que procede de la estadística y las ciencias sociales, se refiere al “valor que aparece con mayor frecuencia en una serie de medidas”.


Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la Universidad Internacional de La Rioja –UNIR-