Mostrando entradas con la etiqueta emprende. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta emprende. Mostrar todas las entradas

domingo, 24 de diciembre de 2017

Bienvenida la moda de emprender

(este artículo se publicó originalmente en la revista Corresponsables en el mes de diciembre de 2017)

El informe Global Entrepreneurship Monitor -la red de investigadores del fenómeno emprendedor más potente del mundo-, constata en su informe para España que los emprendedores se están configurándose como una palanca de empleo, desarrollo y prosperidad. Frente a los que durante demasiados años sugerían que los emprendedores retardaban la actividad económica porque eran menos eficientes y estaban fuera de la actividad innovadora por falta de recursos, hoy nadie duda de los beneficios que reportan a la sociedad los emprendedores. Ha hecho falta quizás la irrupción en la agenda mundial de disruptivas startups en sectores  como el turismo, el trasporte o la automoción. Pero en nuestros días, en España, es una realidad que la iniciativa emprendedora es el vehículo por el cual las ideas más innovadoras son implementadas. La explicación de este auge tiene su base en la globalización que ha hecho migrar la ventaja competitiva hacia actividades basadas en el conocimiento.  También los cambios tecnológicos han reducido el papel de las economías de escala, aumentado la competencia en los mercados y mejorando la capacitación de los agentes económicos, lo que ha beneficiado a la pequeña iniciativa empresarial. Y por último, las nuevas generaciones de millennials que no están dispuestos a malgastar su vida trabajando para otros en proyectos que no les ilusionan, han encontrado en el emprendimiento su válvula de escape.
La literatura económica ha incorporado el concepto de ecosistema desde la biología para explicar las características de los territorios más dinámicos. Los países con ecosistemas emprendedores egresan continuamente nuevas empresas con capacidad de crecer y crear empleos, innovando en bienes, servicios y modelos de negocio. Y lo hacen porque los gobiernos, instituciones de conocimiento y grandes empresas orquestan sus actuaciones para conseguir más actividad emprendedora en el país.
Pero para que en nuestro país no se quede este fenómeno en una efímera  moda es preciso tener en cuenta  las siguientes cuestiones. Los poderes públicos en España tienen todavía una magna tarea por delante para avanzar en la transición hacia una auténtica economía emprendedora. Lo cual pasa no tanto por crear más programas públicos como por conseguir alinearlos en sus objetivos y coordinarlos en su ejecución. Se necesitan programas integrales, público-privados e insistentes frente a la provisión de servicios concretos o las ayudas coyunturales. Por ello disponer de mecanismos de evaluación para conocer el retorno de las políticas y su comparación con las mejores prácticas internacionales se hace indispensable. Las grandes empresas y la sociedad en su conjunto también deben hacer su parte; a las primeras les corresponde integrar este colectivo no solo dentro de sus planes de responsabilidad social, sino también en el seno de su misma estrategia corporativa a través de fórmulas innovación abierta. La sociedad, por su parte, debe desterrar definitivamente viejos estereotipos que aún pesan sobre los empresarios y otorgar al emprendedor una consideración social acorde al importante papel que desempeña en la economía.
A su vez cualquier programa de fomento en materia de emprendimiento ha de fortalecer el ecosistema y no romper el equilibrio entre sus agentes. Actuar buscando el rédito a corto plazo y el protagonismo unilateral es síntoma de que no se está respetando ese equilibrio, lo que conduce al error de sustituir el ecosistema por un egosistema.
La persistencia y creación de grandes infraestructuras para la innovación desconectadas‎ de los emprendedores y sus necesidades. La sobreactuación gubernamental sin el mínimo análisis previo motivada por la agenda política o económica. El autismo de las grandes empresas a la hora de colaborar en sus programas de emprendimiento corporativo. La inexistencia de una gran fundación público-privada de ámbito nacional que permita que los jóvenes más brillantes  aspiren a emprender globalmente. La utopía de disponer de una auténtica unidad de mercado es también otro ejemplo de actuaciones en contra del ecosistema, como todos los anteriores.
Porque las personas con ideas están cada vez más presentes en las agendas de las instituciones y los medios de comunicación he querido titular este artículo Bienvenida la moda de emprender. Ciertamente la visibilización del fenómeno y de sus conexiones con el desarrollo económico y social es la primera condición para impulsar este talento en la buena dirección. Sin embargo, de todos depende que esta política pública no quede en algo pasajero como la primera acepción de la palabra moda lleva implícito, sino, muy al contrario, que perduren y se generalicen las mejores prácticas en este terreno. No en vano, la cuarta acepción de moda en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, esa que procede de la estadística y las ciencias sociales, se refiere al “valor que aparece con mayor frecuencia en una serie de medidas”.


Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la Universidad Internacional de La Rioja –UNIR-

martes, 11 de abril de 2017

La moda de emprender

(este artículo fue publicado originalmente en el Diario de Yucatán de México el 7 de abril de 2017)


En lo que va de año se han conocido dos noticias muy positivas para el dinamismo de Yucatán alineadas con un movimiento global como es el apoyo a los emprendedores. En enero el Gobernador Zapata inauguró las instalaciones del HUB, un espacio para emprendedores a la altura de los mejores del mundo, promovido por el instituto yucateco de emprendimiento (IYEM) que fue reconocido ese día con la certificación del INADEM (instituto nacional del emprendedor mexicano). Un mes después el Alcalde de Mérida presentó el nuevo centro municipal de emprendedores con una interesante oferta de servicios para las nuevas empresas.

En Guatemala también celebran estas semanas que la propuesta de ley de fortalecimiento del emprendimiento ha sido aprobada en la comisión de pequeña y mediana empresa del Congreso. En Argentina, después de su paso estos días por el Senado, la nueva ley de emprendedores se acerca a su aprobación. En París, el Gobierno de Francia ha anunciado una nueva edición del programa de atracción y retención de emprendedores French Tech Ticket. Israel ha lanzado hace unas semanas Innovation Visas en el que las autoridades conceden visados a los innovadores que quieran emprender.  Son solo algunos ejemplos de las iniciativas a favor de los emprendedores que gobiernos de todo color y latitud están promoviendo. Pero este movimiento no solo afecta a las administraciones sino que ha desbordado lo público contagiando a las empresas. Un estudio reciente del Global Entrepreneurship Monitor (GEM) pone de manifiesto que una abrumadora mayoría de las grandes empresas tienen programas de fomento de intraemprendimiento. Apoyar el emprendimiento se ha convertido en una de las estrategias corporativas más habituales para adoptar el modelo de éxito de innovación de las startups, para ello han empezado a trabajar con ellas y a convertir a sus propios trabajadores en emprendedores. Telefónica en Iberoamérica o Google en todo el mundo son ejemplos de empresas que ya lo están haciendo con éxito.

No hablamos de una moda mundial sino simplemente de la constatación de un hecho, el emprendimiento estimula y genera crecimiento económico.  Frente a los que durante demasiados años sugerían que los emprendedores retardaban la actividad económica porque eran menos eficientes y estaban fuera de la actividad innovadora por falta de recursos, hoy nadie duda de los beneficios de los emprendedores. Ha hecho falta quizás la llegada a los rankings de las llamadas empresas GAFA (Google, Amazon, Facebook y Apple) y más recientemente con disruptivas startups en sectores del turismo y transporte como son  Airbnb y Uber. Pero en nuestros días es una realidad que la iniciativa emprendedora es el vehículo por el cual las ideas son implementadas. La explicación de este auge tiene su base en la globalización que ha hecho migrar la ventaja competitiva hacia actividades basadas en el conocimiento.  También los cambios tecnológicos han reducido el papel de las economías de escala, aumentado la competencia en los mercados y mejorado la capacitación de los agentes económicos lo que ha beneficiado a las nuevas empresas. Y por último, las nuevas generaciones de millennials que no están dispuestos a malgastar su vida trabajando para otros en proyectos que no les ilusionan, han encontrado en el emprendimiento su válvula de escape.

No pueden estar, por tanto equivocados los gobiernos de esos países que hemos citado u otros como Reino Unido con su programa Startup Britain o Estados Unidos que ya en los años 50 activó políticas públicas a favor del emprendimiento que hicieron posible, por ejemplo con sus préstamos blandos, que naciesen empresas como Intel o Dell. En Yucatán se está por tanto por el buen camino y con el liderazgo del Estado de Yucatán se han incorporado a este movimiento universidades como UADY y Anáhuac Mayab o la sociedad civil a través de la “red de apoyo al emprendedor de Yucatán”. Pero para que no se quede este fenómeno en una efímera  moda es preciso tener en cuenta algunas cuestiones.
Es mucha la tarea pendiente para conseguir una auténtica economía emprendedora. Para ello, son necesarios menos programas públicos de apoyo a emprendedores pero más alineados y coordinados. La política emprendedora no puede ser un elemento retórico y en cambio se necesitan programas integrales, público-privados e insistentes frente a la provisión de servicios concretos o las ayudas coyunturales. Por ello disponer de mecanismos de evaluación para conocer el retorno de las políticas y su comparación con las mejores prácticas nacionales e internacionales se hace indispensable. También hay deberes para los empresarios, ya que han de huir de polémicas al respecto de minusvalorar el término emprendedor y su reciente auge. Frente a la errónea visión de que los emprendedores son aprendices de empresarios merece la pena aprender de los territorios más dinámicos donde esa figura goza de la mayor consideración social. De hecho el uso masivo de la palabra emprendedor facilita que se rompa con los estereotipos negativos del término empresario que tanto necesita México.


El diccionario define moda como “uso o costumbre que está en boga durante algún tiempo”. No queremos eso para el emprendimiento yucateco. Pero la cuarta acepción que la Real Academia de la Lengua Española da a la palabra moda proviene de la ciencia, más concretamente de la estadística y reza así “valor que aparece con mayor frecuencia en una serie de medidas”. Y esa moda sí se necesita, que los emprendedores aparezcan con mucha mayor frecuencia en la vida económica y social de Yucatán.

Por Iñaki Ortega, doctor en economía y director de Deusto Business School en Madrid (España)

viernes, 22 de abril de 2016

Aquí hay dragones

(este artículo fue publicado originalmente en el número de abril de 2016 de la revista  Diario 16)


El primer globo terráqueo que incluyó el continente americano data de 1507, es uno de las tres representaciones más antiguas que se conservan de nuestro planeta y se conserva en la Biblioteca Pública de Nueva York. El Globo de Hunt-Lenox, que toma su nombre de los dos restauradores norteamericanos que lo descubrieron en Francia y finalmente lo exhibieron en Estados Unidos, es también el único mapa histórico que contiene literalmente la mítica expresión en latín hic svnt dracones. “Aquí hay dragones”, es una frase utilizada a lo largo de la historia para referirse a territorios inexplorados o peligrosos. Tiene su origen en la costumbre medieval de poner en los mapas criaturas mitológicas, en los territorios aún sin explorar.

Vivimos un momento en el que el progreso tecnológico se ha acelerado. Las predicciones de la ley de Moore se han ido cumpliendo fielmente desde que en 1965 las formuló el fundador de Intel. La capacidad de computación de los chips se ha duplicado y a su vez el precio de esos procesadores se ha dividido por dos,  todos los años desde la década setenta. Ya nos estamos beneficiando de todo ello y hoy es más fácil y barato que nunca acceder a la educación, viajar, comprar, financiar tu nueva empresa o denunciar las injusticias. De hecho son numerosos los expertos que auguran que estamos muy cerca de la llegada de la llamada “singularidad”. Se entiende por ese término el advenimiento de una super-inteligencia artificial que superará la capacidad intelectual de los humanos y por tanto el control que tenemos sobre ella. Los buscadores, el big data o el internet de las cosas, nos ponen en la pista de que ese momento no está tan lejano.

Por ello, parece que queda ya  poco por descubrir en nuestro mundo, ya no hay dragones que temer, ni territorios ni especialidades sin explorar. Avanzamos hacia un mundo donde nos dicen que todas las enfermedades podrán curarse y el desarrollo llegará a todos los territorios. Pero conviene recordar que solo tenemos identificados el dieciséis por ciento de los seres vivos del planeta o que de los 6300 kilómetros de radio de la tierra solo hemos penetrado en los primeros catorce. O que muy cerca de nuestras fronteras el hambre, el frio y la injusticia campa a sus anchas. En nuestras propias ciudades la violencia de género, el racismo o la relativización del terrorismo perviven por mucho smartphone que tengamos en nuestros bolsillos. Es verdad que la tecnología,  ha avanzado exponencialmente pero como acuñaron en el Massachusetts Institute of Technology nuestro mundo vive en un «gran desacople». La intensidad del cambio tecnológico está provocando que las soluciones no surjan a la misma velocidad que los problemas. Muy cerca nuestro siguen habitando dragones y tenemos que promover las armas para luchar contra ellos.

La revista The Economist hace unos meses publicó un artículo en el que hablaba de una batalla económica en este momento entre los llamados insurgentes y los incumbentes. La tesis final era que solo trabajando juntos estos últimos, es decir las viejas empresas, con los emprendedores, que se comportan como insurgentes en las industrias que operan reventando las obsoletas estructuras, conseguiremos mejores y más baratos bienes y servicios. Precisamente Deusto Business School ha presentado estos días un informe sobre los jóvenes que están saliendo de las universidades. La generación z ha tomado el relevo a los millennials y tiene esas armas para vencer a los dragones. Un carácter multicultural  a la vez que irreverente, porque pone en cuestión lo establecido. Son autodidactas, no obstante no dejarán nunca de estudiar y de preocuparse por lo que sucede a su alrededor. Son los primeros en aplicar el “pensamiento lateral”, en desafiar la ortodoxia y buscar inspiración y alianzas con especialidades aparentemente alejadas que permiten llegar mucho más lejos a la hora de solucionar problemas. Abogados tecnólogos, médicos ingenieros, químicos artistas, comerciantes expertos en computación, misioneros directivos de empresa… serán lo habitual como lo es ya que el Premio Nobel en Economía sea matemático.

Por desgracia quedan demasiados dragones viviendo en nuestro mundo, la crisis de los refugiados o el terrorismo yihadista nos lo recuerda casi cada día, la esperanza está en que esa tecnología que avanza tan rápido combinada con el carácter de las nuevas generaciones y las reformas que debemos impulsar el resto de los habitantes del planeta, nos permitan conseguir un mundo más humano.

Iñaki Ortega es doctor en economía y director de Deusto Business School en Madrid.

NOTA: Este artículo fue inspirado y pensado por Daniel Martín, investigador e innovador del Grupo Correos


domingo, 13 de marzo de 2016

Todo el mundo puede cambiar el mundo

(este artículo se publicó en el periódico El Norte de Castilla el día 13 de marzo de 2016)


Estos días en Madrid, en cualquier estación de metro o de autobús, puede verse una campaña organizada por la red mundial de emprendedores sociales, Ashoka, con el lema “Todo el mundo puede cambiar el mundo”. Esta ONG pretende llamar la atención sobre la capacidad trasformadora de los emprendedores. Hoy, gracias a la tecnología y usando el vehículo de una nueva empresa, es más fácil que nunca encontrar soluciones a los problemas que acechan nuestras sociedades. No desaprovechar este momento es un reto que todos los territorios han de saber aprovechar haciendo posible, lo que se ha venido a llamar, un ecosistema emprendedor.

Se trata  de ‎alinear los diferentes agentes que intervienen en el proceso por el cual una idea de un emprendedor se convierte en realidad. El camino de un proyecto innovador a una empresa viable es harto complicado, por ello para que eso ocurra, se necesita que todos los elementos que acompañan ese proceso estén perfectamente orquestados. Pero Castilla y León es una región con singularidades evidentes como la dispersión poblacional, la dimensión geográfica y el envejecimiento, que lo hacen más difícil que en otros lugares. Por eso, es tan imprescindible, conseguir ese ecosistema emprendedor con todos los eslabones de la cadena funcionando perfectamente para que nadie, ninguna idea, se quede por el camino.

Por suerte Castilla y León disfruta de todos los elementos para que la capacidad innovadora de sus habitantes pueda desarrollarse en su entorno.


1. Un tejido empresarial colaborativo. Existe una cada vez mayor conciencia de cooperación para escalar nuevos proyectos innovadores entre empresas de nuestro territorio. Diez, son los clúster constituidos sobre sectores de especialización inteligente, un número importante de multinacionales que han confiado en la estabilidad y paz social que otorga Castilla y León y una
creciente clase empresarial regional con indubitable voluntad de
crecer.

2. Un sistema financiero inclusivo. La crisis del sector no ha hecho mella en la cultura ahorradora de nuestra comunidad. Y el proyecto hecho ya realidad de creación de una plataforma financiera, la Lanzadera Financiera de Castilla y León, que agrupa a dieciocho entidades financieras y a la propia Junta de Castilla y León para garantizar financiación, cobertura y capital semilla a todos los
emprendedores, es una excelente noticia.

3. Infraestructuras inteligentes. La extensión de Castilla y León demanda la
existencia de infraestructuras a disposición de las ideas surgidas de los emprendedores. Ocho universidades en Valladolid, Salamanca, León, Burgos, Segovia y Ávila que dan cobertura a todas las disciplinas universitarias de nuestra tierra. Parques científicos- tecnológicos, viveros de empresas, incubadoras y otras infraestructuras de universidades, cámaras de comercio, Junta de Castilla y León, Ayuntamientos y Diputaciones, garantizan espacios y capital inteligente para hacer crecer sus startups. En este sentido, la Junta de Castilla y León ya ha dado el primer paso de este ejercicio garantizando a los emprendedores de base tecnológica espacio gratuito en sus Parques Tecnológicos durante el primer año.

4. Instituciones volcadas con el emprendimiento. Hace unos meses el veterano inversor español, Rodolfo Carpentier, pionero en la creación de aceleradoras de startups, puso el dedo en la llaga al afirmar que en nuestro país a los políticos les ha dado por besar emprendedores en lugar de besar niños. Bonita foto. No es Castilla y León una excepción en este sentido, cada capital de provincia, cada villa o pueblo de cierta dimensión, cada diputación e institución se ha dotado de un  plan de creación de empresas. No creemos que esto sea malo per se, de hecho mejor le hubiera ido a nuestro país si en lugar de la burbuja inmobiliaria hubiéramos apostado por los emprendedores. Pero sí  echamos de menos una coordinación real, ya que una cosa es actuación en campaña electoral y otra bien distinta es una estrategia real para facilitar la creación y crecimiento de empresas, un plan que pasa por poner a trabajar en la misma dirección a los agentes que acabamos de mencionar.

Es ahí donde se sitúa la creación de la red de innovación y emprendimiento de Castilla y León que pretender agrupar a todos estos agentes para crear un verdadero ecosistema regional para
emprendedores en torno a cuatro ejes: los emprendedores de base tecnológica, los emprendedores sociales, los emprendedores rurales –vitales para la fijación poblacional en nuestros pueblos- y los emprendedores inclusivos que buscan la autogeneración de empleo por necesidad.

El emprendimiento ha representado la capacidad de cambiar las cosas a lo largo de la historia. Tiene, según el informe GEM, el potencial suficiente para reducir la brecha entre los problemas y las soluciones. Eso sí, siempre y cuando sea capaz de evolucionar desde sus formas más primarias: autoempleo y emprendimiento de necesidad, hacia proyectos empresariales basados en la innovación, como auguró el siglo pasado el economista austriaco-americano Schumpeter.

‎Por ello no vemos ningún lugar más idóneo que Villarcayo, Almazán, Babia, Guardo, Tordesillas, Toro o Sanchonuño pero también Burgos, Salamanca, Valladolid o Segovia por solo citar algunas poblaciones de esta tierra para defender el lema de los innovadores sociales que citábamos al principio de nuestro artículo: “Todo el mundo puede cambiar el mundo”.

Iñaki Ortega, es doctor en economía y Director de Deusto Business School en Madrid


Carlos Martín Tobalina, es Director General de Industria y Competitividad de la Junta de Castilla y León.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

COP21. Empezar es la mitad del camino

(este artículo se publicó en el Diario Cinco Días el día 16 de diciembre de 2015)

‎Horacio, es considerado el principal poeta de la Roma clásica. Su influencia desde el año 35 a.C. ha llegado hasta nuestros días, de modo y manera, que una de las expresiones que este lírico latino acuñó, puede resumir las conclusiones de la conferencia del cambio climático de París. «Empezar es la mitad del camino».

El acuerdo que han firmado este sábado 195 países de todo el mundo, sitúa en el 2020 el inicio de los compromisos para frenar la emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera. Pero gracias a la atención generada en los meses previos y a los debates celebrados en la capital francesa desde el 30 de noviembre, en la llamada conferencia de participes (COP21), gran parte del camino está ya andado, aunque todavía falten cuatro años para la fecha de implementación  del nuevo pacto climático.

París nos ha hecho abrir los ojos ‎y ya nadie duda, ni en la ciencia ni en la ciudadanía, de que tenemos un problema, causado por la propia acción humana. La eyección de dióxido de carbono fruto de los combustibles fósiles captan la radiación infrarroja produciendo calentamiento global. Si no hacemos nada por parar este uso, cuando termine el siglo XXI la temperatura del planeta habrá aumentado cuatro grados con efectos devastadores para la humanidad. Aun ejecutando planes como el de París, bajar a dos grados el aumento del calentamiento global, traería desequilibrios que harían desaparecer miles de poblaciones costeras y bosques en medio mundo.

Ahora, parar esa tendencia esta en nuestra mano y ya no podemos escudarnos en la falta de acuerdo de los Estados, la inoperancia de los políticos o la codicia del capitalismo de las multinacionales. El acuerdo de la cumbre de París junto con las oportunidades que hoy ofrece la tecnología, son las palancas sobre las que impulsar un nuevo activismo ciudadano, que no responde a ideologías, y que empieza por nosotros mismos, en nuestras casas y en nuestras ciudades.

El cambio climático no está causado solo por las chimeneas de grandes industrias en China o India, sino que tiene su base en nuestro desaforado consumismo, nuestra indolencia para reciclar o nuestro complejo cuando no egoísmo para usar más el transporte público‎. De hecho el 50% de las emisiones de gases de efecto invernadero se producen en nuestra actividad diaria.  Tenemos al alcance de nuestra mano el poder de contribuir a su freno a través de pequeños gestos cotidianos pero a la vez poderosos como, por ejemplo, los 15 millones de toneladas de CO2 no emitidas gracias al reciclado de los envases del contenedor amarillo y azul en España. En 2030 seremos nueve mil millones de habitantes en el planeta, por ello es imprescindible repensar, como nos recuerda el Papa Francisco en su encíclica “Laudato si” sobre el cuidado de la casa común, la forma que tenemos de producir y consumir cuando los recursos serán cada vez más escasos. El ecodiseño, la economía circular, el reciclado y el consumo responsable sin olvidar la acción de los emprendedores, en un momento en el que se ha democratizado el acceso al capital y al conocimiento, son las heramientas que tendremos que usar. El ya mítico emprendedor en serie, Elon Musk, con Tesla, está acercando, por fin, el coche eléctrico a los consumidores gracias a sus nuevas baterías que harán posible también un menor consumo en nuestros hogares. También, desde España, estamos ayudando con los disruptivos contadores eléctricos de los emprendedores de Green Momit, catalogados como una de las 50 startups de mayor impacto en Europa, puesto que con sus dispositivos smart, alineamos compromiso mediombiental y ahorro en la factura de la luz.

Es también el momento de las energías limpias y la movilidad sostenible. En París unos de los temas recurrentes en las sesiones ha sido el papel de las ciudades como agentes del cambio para alcanzar una economía baja en carbono. Ya existen buenas prácticas para seguir, el caso de Islandia, por ejemplo, con el 100% de su energía de origen renovable a través de la geotermia. Adelaida desde Australia explicó cómo una ciudad puede apostar por las energías limpias y por la innovación para conseguir que el 40% de su energía proceda de fuentes renovables, recortando sus emisiones un 20% mientras que ha incrementado su PIB en un 28% y todo ello con un incremento de población de un 27%. Bristol en el Reino Unido ha pasado de ser una de las ciudades más industrializadas del planeta a convertirse en un modelo de sostenibilidad como ha puesto de manifiesto su titulo este año de European Green Capital, cogiendo el testigo de las modélicas Vitoria en España y Copenhague en Dinamarca. 

Convivimos con alertas por contaminación que pensábamos que  no nos afectaban porque estábamos lejos de Beijing, Delhi o México DF pero ya no sólo Madrid sino hasta Oviedo sufren protocolos anti-polución. El problema está aquí pero la solución también está en nuestras manos. En el MIT hablaron hace unos años del Gran Desacople, una coyuntura diabólica en la cual los problemas crecían rápidamente y en cambio las soluciones iban muchísimo más despacio. Hoy, en cambio, conocemos bien los problemas que causa el cambio climático pero también, con una economía digital en que los ciudadanos en todo el mundo se están empoderando frente a las injusticias, tenemos las soluciones en nuestras casas y en nuestros propios hábitos. Por ello, comencemos  a cambiar, porque si lo hacemos, ya sabemos desde hace 2000 años, que «empezar es la mitad del camino».


Iñaki Ortega es director de Deusto Business School.
Oscar Martin es consejero delegado de Ecoembes.


domingo, 18 de octubre de 2015

Vivimos en un algoritmo

(este artículo fue publicado originalmente en el periódico El Mundo el domingo día 18 de octubre 2015, en el suplemento Mercados)

Un algoritmo es lo que atacaron los hacker para hacer pública la sensible información de los clientes que querían ser infieles a sus parejas usando la web Ashley Madison. El algoritmo de tratamiento de los datos de los usuarios de Facebook ha sido puesto en cuestión estos días por el Tribunal de Justicia Europeo y no podrán transferirse informaciones personales de Europa a Estados Unidos. Wikipedia, con su algoritmo de búsqueda, me ha permitido conocer que este término tiene su origen en unos de los padres del álgebra, el matemático persa Al-Juarismi. La red social Twitter y su infalible algoritmo, hizo viral la noticia de cómo un pequeño grupo de investigadores había demostrado que los motores diésel de Volkswagen estaban trucados y le costó el cargo, en apenas unas horas, al presidente de la, entonces, primera compañía de automóviles del mundo. Jan Koum, un matemático ucraniano, ideó un algoritmo para Whatsapp que enterró en la historia los caros mensajes sms y hoy hace posible, por ejemplo, que yo pueda informar a mis alumnos, casi al segundo, de las últimas novedades en materia de innovación. Amazon, me salvó de no tener un regalo para el cumpleaños de mi mujer, con su algoritmo para encontrar y entregar en casa, en menos de 48 horas,  unas zapatillas de running japonesas. El algoritmo que permite que se cuelguen millones de fotos al día en Instagram hace que conozca un poco mejor las aficiones de mi propia hija. Con Google Maps no tendré que levantar la mano y parar un taxi para llegar hoy a mi hotel sino callejear durante diez minutos y encontrar una parada de autobús, algo únicamente posible por el logaritmo que actualizan diariamente cientos de programadores en la compañía de Mountain View.


No es nueva la influencia de la matemática en nuestras vidas, de hecho un algoritmo, entendiéndolo como un conjunto de órdenes que permiten realizar una actividad mediante pasos sucesivos, es lo que hemos usado siempre para resolver problemas cotidianos apoyándonos en divisiones o multiplicaciones. El cambio reside en que internet y la disrupción tecnológica han convertido a la programación informática y las ciencias de la computación en el “patrón oro” de nuestro tiempo. El algoritmo que está detrás de Airbnb le ha convertido en la primera empresa hotelera del mundo sin tener un solo establecimiento. Uber es hoy la más importante empresa de trasporte privado del planeta por un algoritmo que funciona en los cinco continentes para moverte por las grandes ciudades. La misma situación de liderazgo que disfrutan en sus respectivos sectores empresas como Amazon o Facebook sin tener ni tiendas físicas y ni una sola línea impresa en papel.

La buena noticia es que la democratización del acceso al conocimiento y a los nuevos medios de producción está consiguiendo no solo que las empresas de los emprendedores sean las más innovadoras sino, como nos recuerda en un reciente informe la Fundación Kauffman,  las únicas que crean empleo neto en Estados Unidos. Esas startups además  tienen por empleados y fundadores fundamentalmente a jóvenes STEM, es decir científicos, tecnólogos, ingenieros y matemáticos. Ellas, en solitario, suponen ya más del 60% de toda la I+D privada de los Estados Unidos.

No está de más recordar estos datos precisamente ahora que la OCDE nos ha puesto colorados con la precariedad y debilidad del mercado laboral español entre los más jóvenes. Hace unos años la Universidad de Nueva York alertó de las consecuencias de caer en la brecha tecnológica. Una sociedad dual, sin apenas clase media, con trabajadores hipercualificados en ciencia y tecnología en la cúspide, frente a una base de la pirámide con trabajo precario y en riesgo de exclusión repleta de empleados legos en tecnología.

La clave para evitar esos negros augurios la encontramos, de nuevo, en un algoritmo, en la matemática que los desarrolla y sobre la que se apoyan los avances técnicos. La ciencia, que nunca debió de abandonarse, nos permite entender mejor el mundo en que nos ha tocado vivir y también garantizará el empleo que disfrutarán nuestros hijos.

Iñaki Ortega es doctor en economía, Director de Deusto Business School y profesor de la UNIR


lunes, 5 de octubre de 2015

Los z

(este artículo fue publicado originalmente como post en socioseinversores.com el 5 de octubre de 2015)

X, y, z no son sólo las tres últimas letras del abecedario, son además el nombre de las generaciones de los que tenemos menos de cincuenta años. Todo empezó con el fotógrafo Robert Capa que escribió, después de las grandes guerras, sobre la generación desconocida, la x.  De ahí cogió el nombre el grupo de los nacidos entre los 60 y 70. Después vinieron los y, los millennials, que se hicieron mayores con el nuevo milenio de la mano de la crisis y la tecnología. Los z están ahora saliendo de las aulas.

Hace unos días con motivo de la aparición de un informe sobre los hábitos de los estudiantes, un periódico de tirada nacional ilustró la noticia con este titular: “Efecto pavoroso de los estímulos audiovisuales en la educación”. Se lanzaba la voz de alarma sobre el abuso que hacen los adolescentes de los dispositivos electrónicos, a la luz de un estudio realizado por académicos americanos que establecía una relación inversamente proporcional entre el número de horas que los estudiantes están expuestos a las cinco pantallas (tv, móvil, tableta, consola y PC)  y su rendimiento escolar. Al parecer, transcribo literalmente, “los alumnos adoptan hábitos lúdicos que penalizan el esfuerzo que supone, por ejemplo, leer un libro”.

No es el primer informe ni el último sobre este asunto.  Unas semanas antes, investigadores universitarios destacaban que más de la mitad de los menores, de 9 a 16 años, tienen un uso compulsivo del móvil.  Con preocupación, se ponía el acento en que los niños tienen acceso a internet ya con siete años y a los ocho, su primer móvil.

También hace más de dos siglos hubo en Inglaterra quienes alertaron contra los avances tecnológicos. Los luditas, fue un movimiento encabezado por artesanos  que atentaban contra las nuevas máquinas como los telares mecanizados  introducidos durante la Revolución Industrial en el Reino Unido, ya que reemplazaba a los trabajadores menos cualificados.

Y todavía más lejos de nuestros días, Miguel de Cervantes, hace más de 300 años, quiso reírse de otros agoreros que alarmaban de los efectos nocivos del exceso de lectura, coincidiendo con la popularización de la imprenta y el papel, inventándose al hidalgo Don Quijote, enfermo por ingesta de novelas caballerescas.
El lector podrá incluso llegar a identificar esa criminalización de las pantallas, por quienes parece que les cuesta tanto usarlas, con aquellos luditas que quemaban los nuevos telares industriales porque no sabían usarlos o los que satanizaban los best sellers de caballeros porque tampoco sabían escribirlos.
Todos esos que en el siglo XVII y en el XIX luchaban contra el paso del tiempo usaban argumentos  casi tan peregrinos como los que hoy arguyen esos informes que ven tantos peligros en los nuevos soportes tecnológicos. Leer novelas de caballeros no enloquece; los telares mecánicos no son instrumentos del mal; la comunicación social hoy no se entiende sin el móvil; estudiar, jugar y leer a través de una pantalla no te convierte en un patán. Son verdades que en cada momento histórico costó comprender precisamente por aquellos que no están en el corazón de los cambios, por edad, mentalidad o capacitación.

Los chicos y chicas que ahora están en las aulas han sido bautizados como la generación z.  Ellos son el corazón de la disrupción. Son la generación que nació con internet, es decir aquellos que vieron la luz entre 1994 y 2009. Han crecido entreteniéndose con los móviles de sus padres y para ellos las tabletas y  las consolas no tienen secretos. Lo que para nosotros es una experiencia innovadora,  como ojear un periódico digital, leer un libro en un kindle o escuchar música en spotify, para ellos es el soporte natural de esos contenidos. Y ahí está la clave, la tecnología es el medio no el fin y por eso yerran los que auguran catastrofistas fracasos escolares en los estudiantes de esta generación. La lectura es clave en la educación así como el cálculo o el dibujo, y lo seguirá siendo con independencia de que se lea en papel o en una pantalla; se hagan las operaciones matemáticas en calculadora o con excel; se dibuje con rotring o en autocad.

En una serie de entrevistas que desde Deusto Business School, en colaboración con otras entidades, hemos realizado a algunos representantes de esta generación z, Meriem El Yamri, una veinteañera desarrolladora y ganadora del concurso para estudiantes emprendedores de Junior Achievement, nos contó que le resulta chocante aprender con  libros de texto escritos por analfabetos tecnológicos. Luis Iván Cuende, hacker de 19 años  y emprendedor, defiende la informática y la tecnología como elementos claves de esta época y no como simples asignaturas incoherentes con el resto del currículo educativo. Rodrigo Fernández Touza, apenas superados los veinte años y ya consultor de Mckinsey, no entiende que si trabajaremos con móviles y ordenadores, estén prohibidos en las aulas. Por último Sara Izquierdo, Premio Nacional de Bachillerato 2015, apuesta por contenidos más prácticos en la enseñanza y defiende la tecnología como elemento acelerador del esfuerzo de los estudiantes.
Los primeros z en elegir carreras universitarias están aplicando estos consejos apostando por grados con alto componente tecnológico como las ingenierías. En el País Vasco, por ejemplo,  la titulación con nota de corte más alta, este curso, ha sido ingeniería con física desbancando a la histórica líder de este ranking, como era medicina. El dato se repite en el resto de España en los últimos años con el liderazgo de estudios que se han bautizado como STEM (science, tech, engineer and maths). Son ya muchos los analistas que lo usan para medir en los territorios el grado de inserción en la nueva economía a través del porcentaje de egresados en esas especialidades sobre el total de titulados.

El periódico The Guardian quiso analizar en un momento clave de demanda de información, el atentado a la sede de Charlie Hebdo en Paris, cómo llegaban sus lectores a las noticias que escribieron esos días. El resultado no deja lugar a dudas sobre los cambios que estamos viviendo: el 80% procedían de la red social Facebook.

No todo es color de rosa. Y es ahí donde puede disculparse la vehemencia de esos informes contra las pantallas. El peligro del exceso de individualismo y los casos patológicos de jóvenes en Japón enclaustrados en casa son conocidos, aunque anecdóticos. Más ciencia hay alrededor del sedentarismo, y las consiguientes consecuencias en la salud de únicamente jugar en el sofá y con una consola (aunque los avances en la tecnología de los videojuegos están empezando a convertir los salones de las casas con niños en polideportivos…)

Los jóvenes que hoy devoran las pantallas son miembros de la última generación. No porque vayan enloquecer como Don Quijote o embrutecerse por no leer signos en papel…sino porque, los miembros de la generación z, son los últimos de una época. Una era que está  muriendo mientras comienza otra donde la tecnología lo cambiará, lo está empezando a cambiar, todo: los empleos, las relaciones sociales, los viajes, las compras y también la educación. Serán la última generación en hacer las cosas de una determinada manera para empezar a hacerlas de otra muy diferente con la tecnología como aliado. Serán la última generación, también, porque al final y al cabo, la z, es la última letra del abecedario.

Iñaki Ortega es doctor en economía, director de Deusto Business School en Madrid  y profesor de la UNIR (Universidad Internacional de La Rioja)

martes, 22 de septiembre de 2015

Los puentes de los millennials

(este artículo fue publicado originalmente en el número de Septiembre de 2015 de la revista ETHIC)

Hace unos meses visitó España el almirante con cuatro estrellas de la Marina de Estados Unidos  James G. Stavridis. El militar, ya retirado, dirigió hasta 2013 las operaciones mundiales de la OTAN como comandante supremo aliado y fue invitado por el visionario español Eugenio Galdón, para entregar los premios de emprendimiento de la Fundación Everis. A alguien le parecerá antagónico empezar esta reflexión sobre los millennials, con dos nombres propios, James y Eugenio, no solo porque son casi septuagenarios sino porque esa generación que apenas supera los 30 años comparte unos valores que aparentemente son contrarios al uso de la fuerza militar, pero si el lector tiene paciencia y aguanta hasta el final del artículo podrá quedarse tranquilo con los articulistas que elige la revista Ethic.

En Madrid, el almirante que dirigió operaciones de combate en el Golfo Pérsico durante la guerra de Iraq, habló al público convocado -entre los que estábamos profesores, directivos de empresas y  emprendedores- sobre ciberseguridad, el auge del extremismo, regímenes autoritarios y posibles pandemias. Pero más allá de estos asuntos, todos recordaremos cómo terminó su intervención con una fotografía del Pentágono, la inexpugnable sede del departamento de defensa americano en Arlington, Virginia. En ella podía verse el potente edificio, la mayor sede de oficinas del mundo en el que trabajan más de 25.000 militares,  unas horas después del ataque del 11 de septiembre de 2001, destruido totalmente por el impacto de un avión de American Airlines secuestrado por los terroristas de al-Qaeda. El laureado militar, señalando su despacho hecho cenizas, afirmó “los muros, como queda de manifiesto al ver este bunker derruido, no crean seguridad, solo los puentes, únicamente el soft power salvará al mundo”.

Durante mucho tiempo pensamos que solo las grandes actuaciones provocaban cambios. Una ley, una gran inversión, un cambio de gobierno o una alianza supranacional. Pero la nueva generación del milenio nos está demostrando que hoy los cambios ya no vienen de arriba abajo sino, como dicen los anglosajones, son bottom-up. El respetado economista venezolano Moisés Naim en su libro “El fin del poder” ha bautizado este cambio de escala de lo grande a lo pequeño como el auge de los micro poderes. Snowden o Assange poniendo en jaque a la CIA, unos inmigrantes  ucranianos con Whatsapp reventando el modelo de negocio de las “telcos”, o la economía colaborativa liderando el turismo mundial con las plataformas globales de intercambio de habitaciones son demostraciones palmarias de que hoy es posible cambiar desde abajo cualquier estructura.

Los millennials son los actores protagonistas de este nuevo paradigma donde todo es posible. Pero eso no quiere decir que sea un camino de rosas. La crisis que llegó en 2007 para no abandonarnos ha destruido las ilusiones de miles de jóvenes con sus tres jinetes del apocalipsis: el paro, la precariedad y el fracaso escolar. Sin embargo, esa situación, con el concurso de la disrupción digital, ha movido a los nacidos entre los años 80 y los 90 a buscar soluciones a la ingente cantidad de problemas. Los investigadores del MIT lo llamaron hace ya unos años «el gran desacople», la velocidad del cambio tecnológico deja atrás a demasiadas personas y está provocando que las soluciones no surjan a la misma velocidad que los problemas.

Los millennials están siendo pioneros en la irrupción de una nueva escala de valores que les lleva a no aceptar trabajar o consumir en contra de su ética. Quieren cambiar el mundo con sus startups o usando el emprendimiento social, dando soluciones nuevas a los viejos problemas de nuestra sociedad. Creen en la cooperación frente a la descarnada competencia. Su activismo les ha llevado a actualizar antiguos conceptos como la economía circular, el comercio justo o la lucha contra las corporaciones multinacionales para, con la ayuda de la tecnología y el emprendimiento, convertirlos en banderas a levantar. Hoy la defensa del medio ambiente a través del reciclaje está presente en el mundo del moda gracias a Mingo y Blanca con Madrid Fashion Show.  En Sevilla, Pedro ha reinventado el comercio justo con su red de descuentos para desempleados “tarifas blancas”Un ingeniero,  Manu, pasando por Ciudad Real, está pudiendo poner en marcha la primera impresora 3D portátil con el apoyo del programa de emprendimiento corporativo de Telefónica Open Futures.

Son los puentes que los jóvenes del milenio están construyendo para unir no solo generaciones diferentes sino hacer un planeta mejor. Un mundo millennial es un mundo donde se colabora aunque se compita, donde se acuerda aunque se discrepe, donde se crea y no destruye, donde se puede ser ecologista y emprendedor a la vez, donde el activismo toma forma de empresa, donde el poder no es absoluto y está compartido. Son esos puentes que el viejo militar norteamericano nos contó en la Casa de América en Madrid.


Iñaki Ortega es doctor en economía, profesor de la Universidad de Deusto y autor del libro “Millennials, inventa tu empleo” (ediciones UNIR)

lunes, 7 de septiembre de 2015

El político emprendedor

(este artículo fue publicado originalmente en el periódico ABC  el día 6 de septiembre de 2015)

Son muchos los tópicos que han triunfado criticando nuestro sistema económico.  Uno de los errores más comunes a la hora de referirse al capitalismo es identificar esa forma de organizar‎ la economía con un sistema dominado por grandes empresas y poderes fácticos. En cambio, si analizamos los territorios más dinámicos del mundo con eficientes economías de mercado, como Dinamarca o Canadá, veremos que  disfrutan de lo que se ha venido a llamar  capitalismo emprendedor.

Alfred Marshall. allá por el 1890. situó a los emprendedores como el cuarto factor de producción por encima del capital, la tierra y el trabajo. Para este economista la actividad del empresario era clave como proveedor de bienes para la sociedad pero también como fuente de innovación y progreso. El austroamericano Schumpeter. dos décadas después. consideró a los emprendedores vehículos de innovación puesto que generan nuevos productos, nuevos métodos de producción, nuevos mercados y nuevas formas de organización. Gracias a estos dos autores hoy sabemos que no existe capitalismo sin los emprendedores ya que son el vehículo en que las ideas se implementan y por ello, los agentes más importantes en la creación de nuevos empleos,  lo que les ha convertido en el motor del desarrollo económico-social y del progreso en la nueva economía.

De hecho, en la literatura de la política económica, se considera la primera ley de apoyo a los emprendedores, la Sherman Antitrust Act de 1890 en los Estados Unidos de América, precisamente, porque pretendía luchar contra la existencia de unas pocas grandes corporaciones que impedían con su capacidad de decisión que surgiesen y creciesen nuevas y pequeñas empresas. 

En nuestro país, el encomiable trabajo, desde su creación en 2013, de la  Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) con el profesor Marín Quemada al frente, nos recuerda con su expedientes sancionadores contra los acuerdos colusorios de las grandes empresas, caiga quien caiga, que nuestra economía aun necesitaba reformas y  actuaciones públicas que defiendan a los propios empresarios.

‎La doctrina económica explica que la situación ideal para una economía es la de competencia perfecta, puesto que maximiza el bienestar de todos los agentes implicados. Sin embargo, y está podría ser la segunda más repetida mistificación respecto al capitalismo, son los impersonales y descarnados mercados los que deciden todo en nuestra economía. Nada más lejos de la realidad, lo más democrático es el funcionamiento de la economía de mercado, donde mediante el acuerdo entre  muchísimos oferentes y demandantes, se decide la asignación de los recursos. Y esa grandeza se alcanza siempre que se respeten las cuatro condiciones de la competencia perfecta, a saber, la no existencia de barreras de entrada ni de salida, la permanencia de un número elevado de productores que ofertan y consumidores que demandan y por último que todos esos dispongan de la misma información.  

Pero no solamente lo económico está abonado para los clichés. El sistema político de España, modelo estudiado en medio mundo con la Transición como paradigma, está padeciendo en los últimos tiempos los efectos de la demagogia. Nuestra democracia ha pasado a ser, al parecer, un cúmulo de imperfecciones. No obstante,  las condiciones para alcanzar el bienestar en una economía, que acabamos de ver, nos pueden servir de guía para chequear el estado de la política patria. 



Libertad de entrada y salida. La fácil irrupción de nuevos partidos políticos en nuestro país ‎con Podemos y Ciudadanos como máximos exponentes demuestra la buena salud de un sistema que no impide nuevos actores sino, al contrario, lo favorece. A su vez la salida de aquellos que no responden a las expectativas de los electores, como el previsible caso de UPyD, también da cuenta de un sistema que fomenta la excelencia porque nadie está libre de quedarse fuera si baja la guardia.

Muchos oferentes y demandantes. El estudio de los resultados de las últimas elecciones de ámbito estatal, las europeas de 2014, donde obtuvieron representación diez partidos políticos, destierra el runrún de un supuestos bipartidismo. A su vez solo en 2014 y 2015 la convocatoria de cuatro citas electorales: europeas, andaluzas, catalanas y generales, ‎constata un sistema que no se limita a encuestar a la población cada cuatro años. 

Igualdad de información. Acceso a los medios de comunicación y en segundo lugar capacitación para interpretar las demandas de los votantes  y actuar en consecuencia, podrían ser variables que nos ayuden con este último índice de la salud de nuestra democracia. Sin necesidad de grandes análisis puede afirmarse que  cualquier residente en nuestro país ha disfrutado de pluralidad en las apariciones de los agentes políticos en los mass media en los últimos tiempos, lo cual precisamente está ayudando a los buenos resultados que se esperan de los partidos emergentes.

Por último hay que destacar que somos un país donde el sector público tiene un peso muy importante. Nuestra Constitución, definiendo España como estado social y de derecho, marcó el camino de unas políticas públicas que fomenten la igualdad de oportunidades y luchen contra la exclusión. Hoy el gasto público supone en el entorno de la mitad de toda la riqueza generada en España en un año y pone de manifiesto que gestionar esa ingente cantidad de recursos exige, además de voluntarismo, capacitación. Implementar el destino de  500.000 millones de euros hace preciso cuadros con conocimiento de las herramientas para su gestión. Dominio de las políticas públicas, manejo de los ratios de evaluación, aprendizaje de las mejores prácticas mundiales, seguimiento de las últimas tendencias,…La experiencia en el mundo privado sin duda es un ventaja para ello y también la capacidad de estudio de los profesionales que proceden de la universidad, pero no es suficiente para enfrentarse a  esa ingente cantidad de recursos y sobre todo a las altas expectativas de la ciudadanía. El sector público tiene sus propias reglas y lo que puede hacerse sin problemas en una empresa es inviable así como lo que aguanta un informe académico, en la administración no supera el primer control.

Esto no quiere decir que los asuntos públicos hayan de dejarse en manos de altos funcionarios públicos sino que tenemos que ser capaces de hibridar lo mejor de esos mundos: el activismo político, la innovación empresarial y el rigor de la función pública. Hace unos años el economista americano Holcombe introdujo el concepto económico de emprendimiento en la política y definió  el político emprendedor como aquel que está siempre alerta para captar oportunidades que le permitan conseguir la eficiencia en las actuaciones públicas y la consecución de la redistribución de la riqueza.

La propia Real Academia de la Lengua al definir la palabra competencia con dos acepciones claramente diferenciadas nos ha dado la pauta a seguir en los próximos tiempos. Tenemos que competir, rivalizar por ganar, por ser mejores y por poder poner en marcha nuestras ideas pero tenemos que hacerlo con las competencias, aptitudes y pericias adecuadas.




Iñaki Ortega es profesor de Deusto Business School y Marta Muñiz es profesora de ICADE Business School. Estas dos universidades imparten conjuntamente el PLPE, programa de liderazgo público en emprendimiento e innovación, en el que se han  matriculado políticos de los cuatro grandes partidos españoles.

jueves, 3 de septiembre de 2015

El matemático más alto del mundo

(este artículo fue publicado originalmente en el suplemento Innovadores del periódico El Mundo el día 31 de agosto de 2015)

Hace unas semanas tuve la suerte de participar como docente en el curso de verano Xpheres College para profesionales del baloncesto. Mi sorpresa comenzó por el perfil de los participantes, jugadores  y entrenadores del deporte de la canasta, cultivados y con ansias de aprender. Nacho Llovet, 24 años, 2.02 m de altura, pívot del Juventut de Badalona e ingeniero industrial por la Politécnica de Cataluña, Pedja Savovic, ex jugador de la NBA y directivo del club Bilbo Basket con dos posgrados de la Universidad de Deusto en su haber, son solo un par de ejemplos de lo que me encontré en este curso organizado en Vitoria, cuna del baloncesto español, por Igor Crespo un representante de jugadores con dos carreras técnicas una de ellas en la Universidad de Minnesota. En Europa no es fácil encontrar deportistas con formación superior, el mundo del deporte tiene una asignatura pendiente al haber sido incapaz de lanzar ligas universitarias, al estilo de las norteamericanas, que garantizan que los deportistas de élite dispongan de una capacitación que les será muy útil para su futuro y evitaría los macabros casos de ex jugadores convertidos en “juguetes rotos” y que todos los años nos encontramos en las noticias.

Mi sesión era sobre la nueva forma de comunicarse de los millennials pero, sin duda, era la menos apasionante de las que tuve la suerte de asistir. Un concierto de guitarra trufado de consejos del propio músico, la historia de un gimnasta olímpico convertido en artista del Cirque du Soleil con espectáculo incluido, un torero hablando del control del miedo  o el director de El Mundo del País Vasco dando las claves de la gestión de información, ponen al lector en la pista de lo multidisciplinar de las materias que los jugadores y entrenadores de baloncesto disfrutaron esos días de finales de julio en la capital alavesa.

Sergio Olmos es un joven pívot alicantino de 2.13 metros de altura graduado en matemáticas por la universidad de Temple en Philadelphia, Estados Unidos. Claudia Calvelo asturiana de 23 años, también es pívot con su 192 cm de altura pero juega en la liga alemana. Los dos participaron  en el curso, son novios, jugadores de baloncesto pero muchas más cosas, además. Son la nueva camada de jóvenes que están ya empujando a los millennials. Se les ha bautizado como la generación Z, los que siguen a la generación Y, también llamada del milenio o millennials. ‎Los primeros miembros de esta Generación Z,  los nacidos entre 1994 y 2009, comienzan a salir de las universidades, a incorporarse al mundo laboral y a reclamar su sitio en el mundo. Se trata de la primera generación de verdaderos nativos digitales, nacida ya con internet presente en los hogares del mundo desarrollado y que ha crecido en estos años de crisis económica global. Entre sus principales rasgos destaca su omnipresente uso de las TIC en toda relación social, laboral o cultural; su creatividad y adaptabilidad a nuevos entornos laborales, su desconfianza en el sistema educativo tradicional, que da paso a nuevos modos de aprendizajes centrados en lo vocacional y en las experiencias, y su respeto a otras opiniones y formas de vida humanas. Y, como gran diferencia en el comportamiento  frente a generaciones anteriores, está su modo de procesar la información recibida: sin jerarquías ni principios de autoridad, reciben cantidades ingentes de información para procesar, dan el mismo valor a todas las opiniones y las almacenan mentalmente de forma muy distinta a sus antecesores.
                                               
Sergio Olmos se presentó públicamente en el curso como el matemático más alto del mundo y también podría haber dicho que es el único matemático que es profesional del baloncesto español o como un matemático  con una novia que toca la gaita… Son la generación que viene, los Z: irreverentes, multidisciplinares, globales, que saben que tendrán que estar aprendiendo toda la vida. ‎

Sin embargo, están llamados a desarrollar un nuevo modelo de innovación. Ya no basta con "pensar fuera de la caja", porque la caja -el volumen de conocimiento humano- se ha desbordado, está llena de informaciones confusas o erróneas y está cada vez más desordenada. Frente a eso, los chicos y chicas de la generación Z se preparan para construir su propia caja, desde su propia experiencia educativa y personal, y las ideas innovadoras surgirán del singular modo en que combinarán información procedente de fuentes de lo más diverso.

Iñaki Ortega es profesor de la Universidad de Deusto y director del programa de liderazgo en innovación deportiva (PLID) de Deusto Business School.

domingo, 26 de julio de 2015

Galicia con Z

(este artículo fue publicado originalmente en el periódico La Voz de Galicia el día 26 de julio de 2015)


La generación Z‎ son los jóvenes nacidos entre 1994 y 2010 y representan ya el 25,9% de la población mundial. Han crecido con la crisis e internet de acompañantes. Hoy, todavía, están en las aulas del colegio o la universidad ‎pero en muy poco tiempo serán los actores principales de una nueva economía, de las nuevas profesiones y de un nuevo mundo que esta ya aquí. Aunque algunos piensen que las mega tendencias que las consultoras como Gartner se empeñan en trasladarnos son solo ciencia ficción, la movilidad, el big data o el internet de las cosas han llegado para quedarse. De hecho hoy ya hay más móviles en África que en Estados Unidos; el cibercrimen es con ventaja la mayor preocupación y ocupación de los Tribunales, y hay ya más cosas conectadas que personas en el mundo. 
  
Los hermanos mayores de los Z, la generación Y o también llamada del milenio ya están escribiendo este nuevo mundo y con sus disrupciones tecnológicas lo están haciendo posible. ‎Pero a la vez esos millennials han sufrido como nadie la funesta triada del desempleo juvenil, la precariedad y el fracaso escolar. Sin embargo y gracias a internet, quizás el invento más democratizador y generador de riqueza desde la empresa, han sido capaz de vencer a esos tres jinetes del apocalipsis con su regla de las 4 Cs. A saber: ‎ están dispuestos a cambiar de empleo o de ciudad, son más creativos y emprendedores,  tienen una propensión a la cooperación no en vano son los inventores de la economía colaborativa y por último una mayor preparación científico-técnica coherente con la complejidad de nuestra era digital. 
  
Galicia con su ecosistema de innovación ha querido ser consecuente con estos cambios. Durante los últimos años con un liderazgo compartido de la Xunta y el tejido empresarial y de conocimiento gallego, ha querido deshacerse de las viejas barreras, promover instituciones inclusivas y crear un nuevo sistema de incentivos a favor del emprendimiento y la inversión inteligente. 
  
La eliminación de las licencias, la promoción de la financiación no bancaria, la creación de Galicia Emprende o la red gallega de Viveros‎ de Empresa sin olvidar el pionero trabajo de innovación abierta con las aceleradoras de pymes como Open Future de Telefónica en la Ciudade da Cultura o la red para fomentar el emprendimiento en las universidades Iberoamericanas, RedEmprendia, de Santander Universidades, creada en la Universidad de Santiago de Compostela, son ejemplos del camino iniciado y del que ya miles de jóvenes millennials se están beneficiando y abonando el camino para la generación Z que trasformara definitivamente Galicia. 
  
Estas dos cohortes de edad comparten además una nueva escala de valores sustentada en la ética por encima del dinero, el deseo de cambiar el mundo con soluciones nuevas a problemas viejos y ‎la necesidad de cooperar frente a la feroz competencia del pasado. 
  
El futuro de Galicia está en los colegios. Hace más de un siglo  el economista austro-americano Schumpeter constató que  « la destrucción creativa de los emprendedores es la que hace que el mundo sea mejor» Hoy esos innovadores están a punto de egresarse y reescribir nuestra historia para mejor. Hagamos entre todos que eso sea posible. 

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School en Madrid


Alfredo Bermúdez de Castro es director de operaciones de RedEmprendia