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miércoles, 2 de mayo de 2018

Centennials, la irreverencia al poder

(este artículo se publicó originalmente en el Periodico de Cataluña en su edición en castellano y en catalán el 28 de abril de 2018)


Internet, innovación, irreverencia, inmediatez e incertidumbre son palabras que definen a la generación Z y explican el modo en que estos jóvenes, la primera generación de nativos digitales, están removiendo los cimientos de la educación, el empleo, el consumo, la sociedad y la política.
Son la primera generación en la historia que se ha educado y socializado con internet en sus casas. Algo más de ocho millones de jóvenes enEspaña y el 25% de la población mundial, es decir, 2.000 millones de personas que han forjado su personalidad con acceso libre a la red de redes. Internet ha hecho que la unidad de medida del tiempo se haya acelerado de tal manera que lo que las generaciones anteriores aspirábamos a tener en un mes ellos lo tienen en un minuto. Música, amigos, compras, lecturas, viajes se consiguen ahora casi de forma inmediata.
Nativos digitales, han dejado viejos a los ‘millennials’
Los integrantes de esta generación, también conocidos como centennials, son los nacidos entre 1994 -fecha consensuada por los informáticos como el inicio del internet moderno- y 2009. Son toda una incertidumbre para las marcas y los empleadores, pero también para sus padres y profesores. Nunca han considerado la tecnología como una asignatura, a diferencia de las generaciones que les preceden, porque no la pueden disociar de su vida.
Para los Z, los conocimientos técnicos en programación, por citar un ejemplo, no suponen una obligación sino una expresión del mundo en el que se desenvuelven desde que tienen uso de razón. Estos jóvenes son autodidactas, creativos, sobreexpuestos a la información, innovadores y emprendedores. Hacen un uso intensivo de las nuevas tecnologías de la información; el mundo digital ha conformado su personalidad de una manera más profunda de lo que lo hizo con los millennials. Probablemente, el gran cambio respecto a las generaciones precedentes es su agilidad para crear, modificar y transmitir la información, sin ni siquiera plantearse el hecho de que hace muy pocos años esto era impensable.
Cambia el concepto de autoridad
La generación Z nos obliga a cambiar el concepto de autoridad porque estos jóvenes son irreverentes por naturaleza y se lo cuestionan todo. Gracias a internet acceden de modo inmediato a un conocimiento casi infinito con el cual pueden comprobar si algo es falso o alguien está equivocado. Además, en internet no siguen a un líder o entran en una web porque jerárquicamente esa persona sea más importante, sino porque empatizan mejor y les interesa más.
Por tanto, para vincular a los Z debemos cambiar y  saber escucharles. El mayor reto que tienen las empresas y las universidades es dejarles que aporten desde el primer día, porque ellos esperan que, desde el principio, a la vez que se forman, puedan interactuar y hasta modificar la manera de funcionar de la compañía o de la universidad.
Consumidores empoderados, buscan precio e inmediatez
Las cohortes que pertenecen a la generación Z representan al nuevo consumidor, y cualquier gerente de una empresa, pymes o autónomo, tiene que saber que estos jóvenes son el espejo en el que tienen que mirarse para entender a este nuevo cliente, que es digital y muy exigente, que mira mucho el precio y se mueve por recomendaciones de amigos y redes sociales. Como consumidor el Z es infiel, no le importa tanto lo de siempre como la novedad y que los productos o servicios satisfagan sus necesidades de una manera inmediata.
La sociedad debe ser muy ágil para retener su atención, ya que están acostumbrados a moverse de forma fluida y rápida entre dispositivos. Eso significa que las empresas y marcas que pretendan ganarse a estos jóvenes deben usar todos los canales a su alcance: medios convencionales,bloggersinfluencers, redes sociales sin olvidar el propio puntos de venta. Una comunicación 360 grados que lleve el mensaje de la marca a su público donde quiera que esté, sin importar las fronteras geográficas o culturales.
¿Cómo entender a este nuevo consumidor?
La mejor forma, la más directa, es incorporar a los jóvenes Z a la empresa como trabajadores. Las organizaciones han de ser muy receptivas para aprovechar las cualidades del homo digitalisen la terminología que utiliza el ensayista español José Antonio Marina. La razón es que ahora los jóvenes lo tienen todo al alcance de un clic, y esto hace que se hayan forjado una personalidad distinta: si quieren algo, lo cogen; no esperan a que una empresa o una marca les ofrezca o resideñe un producto. Si un nativo digital no halla lo que busca, quizá lo creará por sí mismo.
La llegada de estos jóvenes a las organizaciones está generando conflictos debido a que, como empleados, ellos ponen en el mismo plano el trabajo y la vida personal. Es decir, los Z demandan flexibilidad laboral, dan por descontado el teletrabajo y exigen condiciones que les permita seguir disfrutando de su vida personal y de su espacio de ocio. Pero, en contrapartida, están dispuestos a trabajar horas extras o los fines de semana, si el proyecto profesional así lo requiere.   
Modernizan mercados obsoletos
El trabajador Z es irreverente y no duda en llevar la contraria a los jefes, como ya lo ha hecho con sus padres en casa y profesores en la universidad. Pero esa irreverencia también puede ser un elemento positivo ya que les sirve -a ellos y a la empresa- para innovar y para que surjan buenas y creativas ideas. La palabra irreverencia puede asustar, pero bien entendida te hace abrazarla porque el mayor problema de las compañías en el mundo es la resistencia al cambio (hacemos las cosas así porque siempre se han hecho) y eso es como nadar con una piedra atada al cuello. En un mundo líquido, en palabras de Bauman, donde los nuevos entrantes saltan fácilmente las barreras de los mercados clásicos con sus disrupciones, hacer las cosas por inercia es una mala estrategia.
Los jóvenes Z prefieren trabajar en red, entenderse con culturas distintas, así obtienen habilidades que les permitirán desempeñar profesiones que aún hoy no existen. En su mayoría, los empleos del futuro estarán relacionados con la creatividad y la innovación. Por este motivo, la gestión del talento joven obliga a los departamentos de Recursos Humanos a trabajar en el alineamiento de las motivaciones de las personas con la estrategia de compañía
Estos chicos y chicas de la generación Z ya están revolucionando muchas industrias, innovando con sus startups, saltándose anticuadas barreras de entrada. Los emprendedores de fintechinsurtech proptech ponen en apuros a la banca, a los seguros y a las inmobiliarias, pero porque con ello están consiguiendo modernizar mercados obsoletos y además dar mejores y más baratos servicios a los consumidores.
Durante la elaboración de nuestro libro Generación Z (Plataforma Editorial, 2017) nos hemos encontrado a socios de consultoras con 24 y 25 años; hay chicos trabajando en departamentos de cibercrimen que tienen 23-24 años y ganando más que un socio. Los expertos en blockchain, indispensable para entender el bitcoin, no superan los 30 años como se demostró este enero en el Foro Económico Mundial con un panel protagonizado por Z y millennials sobre esa nueva tecnología.
Colaboración y activismo
Para las generaciones anteriores, el fin justificaba los medios: trabajar equis horas por sacar adelante a la familia, aguantar jefes impertinentes, que la empresa invirtiera donde no debía, que las compañías no cuidaran el medio ambiente o la responsabilidad social. Ahora ya no, para los jóvenes Z los valores sociales y medioambientales importan mucho a la hora de decidir trabajar en una empresa, comprar un producto o participar en un movimiento. De hecho ya no solo las empresas investigan los currículos de los candidatos, sino que éstos escudriñan la reputación de sus posibles empleadores.
Los valores de la generación Z no son compatibles, por ejemplo, con contratar una persona por 600 euros cuando antes lo hacía por 1.200, ni contratar en verano para despedir en otoño. Habrá organizaciones que lo hagan y quizá podrán obtener beneficios en el corto plazo, pero a largo plazo esa estrategia minará su reputación en la mente de los Z., que no olvidemos son más de 8 millones en España.
Por último, han desterrado el reciente mito de la indiferencia juvenil ante las instituciones. Lo que sucede es que quieren otra forma de ostentar el poder, y de hecho están ya participando activamente en muchos círculos decisorios en think tanks y partidos políticos. En las montañas suizas de Davos todavía resuenan los ecos del panel que la generación Z protagonizó hablando de blockchain. Su irreverenciasorprendió a algunos, pero la mayoría aprendió con ellos.

Núria Vilanova, presidenta de ATREVIA
Iñaki Ortega, director de Deusto Business School
Autores del libro ‘Generación Z. Todo lo que necesitas saber sobre los jóvenes que han dejado viejos a los millennials

domingo, 21 de enero de 2018

La letra que mide la alta capacidad

(este artículo fue publicado originalmente el día 19 de enero de 2018 en la revista Claves de Comunicación)

Cada año generamos más contenidos que todos los que se habían creado en 2.000 años de civilización. Recientemente, unos científicos cuantificaron la información disponible. Para medir esa ingente cantidad de información usaron zettabytes. Si no sabes qué es un zettabyte no pasa nada, quédate con que es sinónimo de alta capacidad. El prefijo de los zettabyte coincide con el nombre con el que se conoce a la cohorte de chicos y chicas educados con internet en sus hogares. Es decir, la llamada generación z, los nacidos a partir de 1994, fecha consensuada por los informáticos como el inicio del internet moderno. Irreverentes, inmediatos, son toda una incertidumbre para las marcas y empleadores, pero también para sus padres y profesores. Un zettabyte es un 1 byte seguido de 21 ceros. Está demostrado que a partir de cierta cantidad de ceros nuestra mente es incapaz de poner en perspectiva una cifra tan elevada. Si no entiendes los zettabytes pero tampoco a tus colegas de trabajo y clientes más jóvenes te animamos a que leas nuestro nuevo libro sobre la generación z.

“Nunca consideres el estudio como una obligación, sino como una oportunidad para entrar en el mundo del saber”. La frase, atribuida a Eisntein, no fue nunca tan cierta como con la generación que ha dejado antiguos a los millennials. Los chicos y chicas que hoy tienen veinte años no han considerado la tecnología como una asignatura, a diferencia de los que superamos la treintena. Para ellos, los conocimientos técnicos en programación, por citar un ejemplo, no suponen una obligación sino una expresión del mundo en el que se desenvuelven desde que tienen uso de razón. Si quieres comunicarte con ellos has de hablar su idioma, y su idioma hoy es la tecnología. Los expertos insisten en que entre 2030 y 2050 la ficción se hará realidad y la inteligencia artificial superará al ser humano. La automatización está penetrando en actividades tan humanas como el razonamiento o la percepción, desplazándose, por tanto, desde el sector manufacturero al de servicios. El blockchain dejará sin trabajo a los notarios. Los chatbots están ya vaciando de personal los departamentos de atención al público. La impresión aditiva cambiará la vida de las factorías. Por ello y volviendo al principio de esta brve reflexión basta con que recuerdes que zettabytes es una medida para almacenar datos y que además sus primeras letras son el apelativo con el que se conoce a una nueva generación. Ambos, esa medida y esos jóvenes son sinónimos de altas capacidades y ambos no se explican sin la importancia de los cambios tecnológicos. Así que no habrá más remedio que abrazar la tecnología de la mano de la nueva generación de clientes, empleados y ciudadanos.

Nuria Vilanova es presidenta y fundadora de ATREVIA

Iñaki Ortega es profesor y director de DEUSTO BUSINESS SCHOOL

martes, 9 de enero de 2018

El nuevo horóscopo. baby boomers, millennials y otros astros

(este artículo se publicó originalmente el 8 de enero de 2018 en el diario La Información dentro de la columna #serendipias)


Recuerdo cuando era niño leer los primeros días de enero el horóscopo en una de las revistas del corazón que mi madre compraba.  También los llamados periódicos serios reservaban espacio (y reservan) a explicar lo que nos iba deparar el nuevo año en función de la constelación de tu fecha de nacimiento. Pertenezco a la llamada generación de la EGB y todos los que estábamos en esa cohorte de edad no solo conocíamos perfectamente nuestro signo del zodiaco sino también el de nuestros padres, hermanos y hasta futuras novias. Cada vez que tocaba pasar por la peluquería, pero en especial en días como estos de inicio de un año, nos sorprendíamos leyendo en una revista, no sin cierto nerviosismo, si a los aries les iría bien en el amor o a los piscis en el trabajo y hasta si los sagitario deberían cambiar de coche.

Los años han pasado y el horóscopo languidece en la prensa y revistas. De hecho los chicos y chicas de menos de 20 años que no encuentran vinculación alguna entre un bolígrafo bic y una cinta de radiocasete tampoco saben situarse en el horóscopo como capricornio o escorpios.

Pero si en los ochenta estabas obligado a conocer los signos del zodiaco para participar en las conversaciones de sobremesa, hoy las nuevas constelaciones son las generaciones. De modo que si no quieres sentirte como un marciano charlando con amigos y primos o no entender nada en la prensa económica es preciso que sepas situar a tus seres más cercanos en alguna de las siguientes clasificaciones: los niños de la posguerra, los babyboomer, la generación x, los millennials y la generación z.
Esta semana me he tenido que frotar los ojos varias veces al leer “los babyboomers en 2018 tendrá que contratar sin falta un plan de pensiones para compensar su improbable jubilación”. O un artículo en el que se afirmaba que “los millennials en el nuevo año votarían masivamente al partido ganador de las últimas elecciones catalanas”. Por no mencionar un sesudo análisis según el cual “la generación z verá como la norma francesa de no poder usarse móviles en las aulas llegará a nuestro país con el nuevo año”. El nuevo horóscopo son las generaciones. Aquí tienes una guía rápida para situarte:

Los niños de la posguerra es un fenómeno plenamente español vinculado a nuestra contienda nacional. En otros países los nacidos en la década de los años 30 son conocidos como la generación silenciosa porque padeció la gran depresión del año 1929 que les enmudeció en sentido figurado. Pero en nuestro país nos referimos a los niños nacidos entre 1930 y 1948 que crecieron en los rigores de los años posteriores a la Guerra Civil española. El pan negro, las cartillas de racionamiento, los huérfanos y la enfermedad convivieron con esos niños que les hizo labrar una personalidad austera y trabajadora. Estamos hablando de 6 millones de personas hoy en día en España que superan todos ellos los 70 años de edad.

Los babyboomers o generación de la explosión de la natalidad. Son aquellos que nacen tras la Segunda Guerra Mundial animados por una sociedad que respira tranquilidad después de años de convulsión bélica. Especialmente en el mundo anglosajón se da un inusual repunte de la natalidad de modo y manera que estos babyboomers forman parte de la cohorte más numerosa de sus países y crecen con las aulas de sus colegios a rebosar.  En España el fenómeno se da aunque en menor medida y con un retraso de cerca de diez años respecto al resto de Europa y Estados Unidos,  comenzando a principios de los cincuenta al calor de la incipiente bonanza económica, los éxitos en la reducción de la mortalidad infantil y llegando hasta finales de los años 60. El éxodo del campo a la ciudad, la alegría del nuevo desarrollismo español con crecimientos medios anuales del 7% del PIB y el nuevo consumismo del seiscientos y el turismo nacional de playa, marcan la ambición de esta generación. Para el INE  son más de 12 millones los babyboomers, han ostentado todas las magistraturas del poder económico y político y a su vez representan el triunfo de la clase media en nuestro país.

La generación x. En álgebra el signo x se utiliza para representar una cantidad desconocida. No existe consenso sobre el origen del uso de la letra x para reflejar las incógnitas en las ciencias exactas. Se habla del matemático Descartes como propulsor en el siglo XVII  ya que en la imprenta esa letra era la menos usada. También como una traducción fonética del árabe del término “incógnita” por parte de españoles que estudiaron el algebra persa. En cualquier caso la x siempre se ha asociado al misterio o lo desconocido y en el siglo XIX se usó así para bautizar cuestiones tan dispares como los rayos x, esos rayos catódicos que eran una incógnita para los investigadores porque permitían ver a través de la piel. En el siglo XX  por ejemplo el activista de los derechos de los afroamericanos Malcom X, cambio su apellido de nacimiento por la x ya que quería representar la incógnita de su verdadero apellido africano perdido en los años de la esclavitud. En 1991 un libro firmado por el escritor canadiense Coupland con el título “Generación x” definió con esa letra a las nuevas clases medias americanas absolutamente desconocidas para el gran público. El término triunfó en los medios de comunicación para referirse a los jóvenes seguidores del canal de música MTV que eran a su vez los hijos de los babyboomers. Es decir los chicos y chicas nacidos entre 1965 y 1980. Sufrieron el esplendor del consumismo y la obsesión por el triunfo a toda costa de esa época. En nuestro país a causa de la dictadura franquista comienza un poco más tarde, a finales de la década de los sesenta con la apertura política. La componen en la actualidad más de 9 millones de personas y es llamada también la generación de la EGB, acrónimo para referirse a la educación obligatoria que cursaron. Son los últimos niños que aprendieron a jugar en la calle y los primeros que empezaron a jugar con las consolas. Conocieron los primeros ordenadores personales y llegaron a familiarizarse con la informática como herramienta habitual de trabajo pero la televisión para ellos se acababa a las ocho y media de la tarde con la familia Telerín y el famoso “Vamos a la cama que hay que descansar”. Protagonistas del final de una época en España en la que comenzamos a parecernos más al resto del mundo occidental, y asumen, esta generación x, con rapidez la obsesión, casi sin límites, por el éxito profesional  de sus pares europeos y americanos.

La generación y conocidos como los millennials. Tomando como referencia las cohortes de nacidos entre 1981 y 1993, se ha estimado en aproximadamente 7 millones el número de millennials en España, 80 millones en Estados Unidos y unos 1.700 millones en todo el mundo. Son conocidos también como la generación del milenio,  jóvenes que se han hecho mayores con el nuevo siglo. Tienen entre veinte y treinta años, han sido profusamente etiquetados como ninis, individualistas, narcisistas y aburguesados. También están los que les auguran la arcadia feliz con el teletrabajo o la vuelta al campo subsistiendo con un huerto y el trueque. Y por supuesto no fallan los augurios catastrofistas que les sitúan viviendo de las pensiones de sus padres o pidiendo la paga con 50 años. La realidad es mucho más compleja pero no puede obviarse a la hora de analizarles que son los inventores de la economía colaborativa, los defensores y practicantes de la vida sana y las dietas saludables, los protagonistas de las revoluciones que demandan democracia en medio mundo o los trabajadores digitales que nos permiten trabajar menos. Lo anterior no quiere decir que no les haya afectado la coyuntura. Muy al contrario, son nativos en la crisis. Su vida, especialmente la profesional, ha estado mediatizada por las depresiones económicas que han congelado su futuro profesional y les ha provocado una frustración que demuestran en su forma de ser.

La generación z también llamados los centennials, nativos móviles o posmillennials. Son los chicos y chicas nacidos en el periodo 1994-2010 con internet desplegado masivamente. Te adelanto que dominan a la perfección las herramientas de la nueva economía y la nueva sociedad en la que vivimos, porque no han conocido otra cosa desde que nacieron. Eso les otorga el poder del conocimiento lo que les ha hecho perder el respeto y por tanto comportarse irreverentemente con padres, jefes y profesores. Además de irreverentes, son innovadores, reclaman la inmediatez son  toda una incertidumbre. En número son más que los archiconocidos millennials. Son casi 8 millones según la estadística española y suponen algo más que el 25% de la población mundial, 2.000 millones de personas en el planeta Tierra.


Ahora piensa en tu compañera de oficina, en el informático que te arregla el ordenador, en la directora de tu oficina bancaria  o en tus nietos y prueba a situarles en la anterior taxonomía. Mucha suerte.

martes, 28 de noviembre de 2017

¿Cuántos trillones tiene un zettabyte?

(este artículo se publicó originalmente el día 27 de noviembre de 2017 en el diario La Información dentro de la columna #serendipias)

La información digital que existe en el mundo es muchísima, casi infinita. De hecho, se habla de que cada año generaramos más contenidos que todos los que se habían creado hasta ese momento en toda la historia. Recientemente, unos científicos se atrevieron a poner negro sobre blanco cuánta información hay disponible. Para estos expertos son varios zettabytes. Si no sabes qué es un zettabyte no pasa nada, simplemente quédate con que es sinónimo de alta capacidad. La serendipia aparece porque el prefijo de los zettabytes -zetta- coincide con el nombre con el que se conoce a la cohorte de chicos y chicas educados con internet en sus hogares. Es decir la llamada generación z, los nacidos a partir de 1994, fecha consensuada por los informáticos como el inicio del internet moderno. 

Se les llame «generación z» también por pura casualidad, no porque haya un sesudo análisis detrás. Lisa y llanamente porque son el grupo de edad que siguió a los «millennials» o «generación y», los que nacen en los años 80. Y se les conoce así porque antes hubo otro grupo de edad, los que ven la luz en los años 70, que tenían un comportamiento  tan incomprensible que un escritor canadiense, Douglas Coupland, les bautizó en un libro como la «generación x», precisamente por ser toda una incógnita para sus coetáneos. 

Un bit es un dígito del sistema de numeración binario, es decir un 1 o un 0,  sobre el que se basa lo que hoy conocemos como computación. Pronto los bits dejaron de usarse por el crecimiento de las capacidades de los ordenadores y fueron sustituidos por los bytes que son combinaciones de ocho bits.  Lo anterior nos permite llegar a definir un zettabyte que no es más que 1 byte seguido de 21 ceros. Está demostrado  que a partir de cierta cantidad de ceros nuestra mente es incapaz de poner en perspectiva una cifra tan elevada. Si no entendemos los zettabytes pero en cambio sí dominamos la ciencia, estaremos en disposición de entender a estos otros zetas, la generación z.

«Nunca consideres el estudio como una obligación, sino como una oportunidad para entrar en el mundo del saber.» La frase, atribuida al científico alemán Albert Einstein, no fue nunca tan cierta como con la generación que ha dejado antiguos a los famosos millennials. Los chicos y chicas que hoy tienen veinte años no han considerado la tecnología como una asignatura, a diferencia de los que superamos la treintena. Para ellos, los conocimientos técnicos en programación, por citar un ejemplo, no suponen una obligación, sino una expresión del mundo en el que se desenvuelven desde que tienen uso de razón. Sin entender esas cuestiones no podrían moverse con la soltura con la que lo hacen en el mundo digital. 

Si quieres entenderlos has de hablar su idioma, y su idioma es la tecnología o, lo que es lo mismo, la ciencia. Porque, como nos recuerda el dirigente español de IBM, Juan Antonio Zufiría, hoy viven el 99% de todos los científicos de la historia de la humanidad o tiene más tecnología un coche fabricado en 2015 para que conduzcan jovencitos con su carnet recién sacado que el propio Apolo 11, que consiguió alunizar en 1969. Por no mencionar que cualquier chico de la generación z tiene en su smartphone más capacidad de computación que todos los ordenadores que permitieron a los rusos lanzar el satélite Sputnik al espacio.

Los tecnólogos insisten en que entre 2030 y 2050 la ficción se hará realidad y la inteligencia artificial superará al ser humano. Como nos recuerda Shushanik Papanyan, la automatización está penetrando en actividades tan humanas como el razonamiento o la percepción, desplazándose, por tanto, desde el sector manufacturero al de servicios. El blockchain dejará sin trabajo a los notarios. Los chatbots están ya vaciando de personal los departamentos de atención al público. La impresión aditiva cambiará la vida de las factorías y el hacking exige jubilar a muchos policías y jueces para hacer frente con garantías al cibercrimen. El big data reinventará el marketing y la forma de fidelizar a clientes.

Por ello quédate con que zettabytes es una medida para almacenar datos y que además sus primeras letras son el apelativo con el que se conoce a una nueva generación. Ambos, esa medida y esos jóvenes, son sinónimos de altas capacidades y no se explican sin la importancia de la ciencia. Así que nada de tirar esos viejos manuales de álgebra que acumulan polvo en tu armario porque son más necesarios que nunca. 


martes, 14 de junio de 2016

Los millennials se han hecho mayores

(este artículo fue publicado originalmente en la revista Bez el 13 de junio de 2016)

Cuando creías que ya lo sabías todo porque te enteraste que los millennials no son lectores empedernidos de la saga de novelas Millennium de Stieg Larsson, ha aparecido una nueva generación, la llamada generación z, que te ha vuelto a dejar anticuado.

‎Los millennials también conocidos como la "generación y" son aquellos jóvenes nacidos entre finales de los setenta y mediados de los noventa del siglo pasado; su diferente forma de comportarse como empleados y consumidores hizo sonar todas las alarmas en las grandes empresas de medio mundo. Se les ha analizado desde todos los puntos de vista: cómo viajan, qué leen, si ahorran o no, su ocio, qué estudian y hasta qué comen. Pero el tiempo pasa inexorablemente también para esos jóvenes y ya está aquí la siguiente generación, son los nacidos entre 1994 y 2010. Y de nuevo son objeto de estudio porque como reza la sexta acepción de la palabra generación en el diccionario de la Real Academia de la Lengua, son una cohorte de edad que han recibido una misma educación e influjos culturales que les ha hecho tener unos comportamientos afines.

La generación z, a diferencia de los millennials, se han educado y socializado con internet absolutamente desarrollado en sus casas y en los móviles de sus padres, con libre acceso para ellos desde que tienen uso de razón: son los verdaderos nativos digitales. En la red han encontrado respuestas a sus preguntas sin recurrir a padres o profesores y eso les ha llevado a ser autodidactas frente a la obsesión de los títulos académicos de la “generación y”.  A un clic tienen acceso a todo el conocimiento del mundo y además de la mejor forma que nunca antes se había dado: los tutoriales han jubilado las clases magistrales. Es por ello fácil de entender su irreverencia con la autoridad ya sea paterna, docente o incluso profesional. Poner en cuestión lo que dicen sus mayores ya no es un rasgo de inmadurez sino que es la forma de ser de una generación que sabe que domina las herramientas de la nueva economía y del nuevo mundo que ellos van a liderar.

Trabajar es un medio y no un fin en sí mismo, de modo y manera que a lo largo de su vida serán freelance, otras veces  trabajadores por cuenta ajena ‎y también buscarán meses sabáticos para disfrutar de un ocio cada vez más barato. Recientemente hemos conocido la encuesta a realizada a 8000 jóvenes por GAD3 con la Fundación Axa, los universitarios españoles quieren emprender cuando terminen de estudiar y por primera vez es una opción que compite con trabajar en una gran empresa o ser funcionario. Esa precocidad para el emprendimiento contrasta con los millennials que esperaban a tener experiencia y bastante más de 30 años para crear su primera empresa según nos dice el informe Global Entrepreneurship Monitor (GEM).

La inmediatez es también rasgo característico de estos adolescentes aprendida en su uso compulsivo de redes sociales y en la capacidad de las nuevas multinacionales, las llamadas GAFA (Google, Apple, Facebook y Amazon) a responder rápida y eficazmente a sus demandas.


Esta generación ha dejado obsoleto el lema de la innovación de estos años "think out the box" porque la caja del conocimiento se ha roto, se ha dispersado libremente por la red y los jóvenes que están saliendo de las universidades tendrán que construir su propia caja‎, elegir e hibridar sus conocimientos y ser polímatas, tener varias habilidades. No es ciencia ficción y hoy ya para ser periodista hay que saber de tecnología como nos recuerda la revista Forbes y los periódicos de Vocento que ya utilizan robots para muchas de sus informaciones. Los nuevos abogados y consultores además de leyes y economía tendrán que dominar el mundo del hacking y las nuevas monedas basadas en la tecnología blockchain. ‎Agricultores que aplicarán algoritmos para que sus tractores sean autónomos o banqueros que utilizan la robótica para invertir el dinero de sus clientes. Qué decir de los profesores que ya estamos cambiando la tiza por las flipped classroom y los MOOCs.

Estos cambios se notan ya en las empresas. En poco tiempo hemos pasado de grandes corporaciones exigiendo a sus empleados la trasformación digital,  a trabajadores de la “generación z” exigiendo a sus empresas herramientas para poder aplicar todo su talento de nativos digitales. En plena década del masivo desempleo juvenil uno de los grandes problemas es la atracción y retención del nuevo talento. Los estadísticos e informáticos tienen tasas de empleabilidad total y los dobles grados en matemática y física han arrasado este año entre los chavales que quieren empezar la universidad.

Vivimos tiempos ‎de cambios rápidos y profundos así que si todavía crees que estás a la última porque has aprendido a usar Facebook y estas enganchado a Whastapp… te recomiendo que hables con chicos y chicas que están estudiando en la universidad ahora mismo, así lo hemos hecho en Deusto Business School y Atrevia en nuestra reciente investigación "Generación z. La última generación". Te sorprenderá saber que para ellos Facebook es cosa de padres porque “lo que de verdad funciona es Snapchat”.


Iñaki Ortega es doctor en economía y profesor de Deusto Business School, en 2014 publicó el libro ”Millennials, inventa tu empleo” (Ediciones UNIR)

viernes, 22 de abril de 2016

Aquí hay dragones

(este artículo fue publicado originalmente en el número de abril de 2016 de la revista  Diario 16)


El primer globo terráqueo que incluyó el continente americano data de 1507, es uno de las tres representaciones más antiguas que se conservan de nuestro planeta y se conserva en la Biblioteca Pública de Nueva York. El Globo de Hunt-Lenox, que toma su nombre de los dos restauradores norteamericanos que lo descubrieron en Francia y finalmente lo exhibieron en Estados Unidos, es también el único mapa histórico que contiene literalmente la mítica expresión en latín hic svnt dracones. “Aquí hay dragones”, es una frase utilizada a lo largo de la historia para referirse a territorios inexplorados o peligrosos. Tiene su origen en la costumbre medieval de poner en los mapas criaturas mitológicas, en los territorios aún sin explorar.

Vivimos un momento en el que el progreso tecnológico se ha acelerado. Las predicciones de la ley de Moore se han ido cumpliendo fielmente desde que en 1965 las formuló el fundador de Intel. La capacidad de computación de los chips se ha duplicado y a su vez el precio de esos procesadores se ha dividido por dos,  todos los años desde la década setenta. Ya nos estamos beneficiando de todo ello y hoy es más fácil y barato que nunca acceder a la educación, viajar, comprar, financiar tu nueva empresa o denunciar las injusticias. De hecho son numerosos los expertos que auguran que estamos muy cerca de la llegada de la llamada “singularidad”. Se entiende por ese término el advenimiento de una super-inteligencia artificial que superará la capacidad intelectual de los humanos y por tanto el control que tenemos sobre ella. Los buscadores, el big data o el internet de las cosas, nos ponen en la pista de que ese momento no está tan lejano.

Por ello, parece que queda ya  poco por descubrir en nuestro mundo, ya no hay dragones que temer, ni territorios ni especialidades sin explorar. Avanzamos hacia un mundo donde nos dicen que todas las enfermedades podrán curarse y el desarrollo llegará a todos los territorios. Pero conviene recordar que solo tenemos identificados el dieciséis por ciento de los seres vivos del planeta o que de los 6300 kilómetros de radio de la tierra solo hemos penetrado en los primeros catorce. O que muy cerca de nuestras fronteras el hambre, el frio y la injusticia campa a sus anchas. En nuestras propias ciudades la violencia de género, el racismo o la relativización del terrorismo perviven por mucho smartphone que tengamos en nuestros bolsillos. Es verdad que la tecnología,  ha avanzado exponencialmente pero como acuñaron en el Massachusetts Institute of Technology nuestro mundo vive en un «gran desacople». La intensidad del cambio tecnológico está provocando que las soluciones no surjan a la misma velocidad que los problemas. Muy cerca nuestro siguen habitando dragones y tenemos que promover las armas para luchar contra ellos.

La revista The Economist hace unos meses publicó un artículo en el que hablaba de una batalla económica en este momento entre los llamados insurgentes y los incumbentes. La tesis final era que solo trabajando juntos estos últimos, es decir las viejas empresas, con los emprendedores, que se comportan como insurgentes en las industrias que operan reventando las obsoletas estructuras, conseguiremos mejores y más baratos bienes y servicios. Precisamente Deusto Business School ha presentado estos días un informe sobre los jóvenes que están saliendo de las universidades. La generación z ha tomado el relevo a los millennials y tiene esas armas para vencer a los dragones. Un carácter multicultural  a la vez que irreverente, porque pone en cuestión lo establecido. Son autodidactas, no obstante no dejarán nunca de estudiar y de preocuparse por lo que sucede a su alrededor. Son los primeros en aplicar el “pensamiento lateral”, en desafiar la ortodoxia y buscar inspiración y alianzas con especialidades aparentemente alejadas que permiten llegar mucho más lejos a la hora de solucionar problemas. Abogados tecnólogos, médicos ingenieros, químicos artistas, comerciantes expertos en computación, misioneros directivos de empresa… serán lo habitual como lo es ya que el Premio Nobel en Economía sea matemático.

Por desgracia quedan demasiados dragones viviendo en nuestro mundo, la crisis de los refugiados o el terrorismo yihadista nos lo recuerda casi cada día, la esperanza está en que esa tecnología que avanza tan rápido combinada con el carácter de las nuevas generaciones y las reformas que debemos impulsar el resto de los habitantes del planeta, nos permitan conseguir un mundo más humano.

Iñaki Ortega es doctor en economía y director de Deusto Business School en Madrid.

NOTA: Este artículo fue inspirado y pensado por Daniel Martín, investigador e innovador del Grupo Correos


martes, 15 de marzo de 2016

Revolución z

(este artículo se publicó en la revista Ipmark el día 15 de marzo de 2016)

Cuando en 1971 Klaus Schwab fundó desde su cátedra universitaria de Ginebra el Foro Económico Mundial, que cada año reúne en la estación de esquí suiza de Davos, a las instituciones y directivos más poderosos del planeta, nunca pudo imaginar cómo la tecnología lo iba a cambiar todo.

En las primeras semanas de este año, coincidiendo con una nueva edición del foro de Davos, se ha escuchado afirmar al alemán Schwab que estamos a punto de ser arrastrados por un tsunami tecnológico que cambiará el mundo en el que vivimos de forma que aún no podemos ni imaginar. La cuarta revolución industrial será la de las fábricas inteligentes y tomará el relevo de la primera revolución del siglo XIX con la máquina de vapor, de la segunda con la producción masiva y de la tercera con  la incorporación de los ordenadores. Esta industria 4.0 es la de una nueva economía de máquinas inteligentes. En opinión del viejo profesor alemán, como rezan las crónicas de los debates de estos días, en los próximos diez años vamos a ser testigos de transformaciones más profundas que las experimentadas en todo un siglo. La tecnología va a cambiar radicalmente la forma en la que hacemos negocios, compramos y producimos, pero también cómo nos relacionamos, accedemos a la información e influimos en la sociedad. Todos estos avances científicos suponen una excelente oportunidad para la creación de nuevas empresas que solucionen problemas de nuestro mundo.

El filtro por el cual ese potencial de avances tecnológicos se materializará en realidades son los emprendedores. Nunca antes en la historia las ideas de los emprendedores han sido capaces de ponerse en marcha de un modo tan rápido y sencillo. Estos innovadores atraen fondos y talento de todo el mundo y pueden conseguir un mundo mejor con sus disrupciones.

También en estos días ha visitado Madrid, invitado por la Fundación Everis, David Roberts, antiguo militar y banquero; hoy profesor, emprendedor y filántropo. Con un mensaje optimista, Roberts encara los negros augurios sobre la economía mundial, afirmando que se crearán muchas nuevas profesiones para reemplazar a las que van a destruirse, en campos como la energía, el medioambiente, inteligencia artificial, bioinformática, biología sintética… Roberts es también Vicepresidente de la universidad fundada por Google y la NASA con sede en Silicon Valley. La Singularity University toma su nombre del término científico “singularidad”. En el análisis matemático se usa para aludir a ciertas funciones que presentan comportamientos inesperados cuando se le asignan determinados valores a las variables independientes. La singularidad tecnológica se da en un hipotético punto a partir del cual una civilización sufre una aceleración del progreso técnico que provocaría la incapacidad de predecir sus consecuencias.

En España también vivimos tiempos de singularidad. En nuestro entorno pasan cosas inesperadas, y la incertidumbre se ha instalado en nuestras vidas. Pero como nos recuerdan desde Davos, Suiza y desde Silicon Valley, Estados Unidos, estamos en un momento inédito en el que lo nuevo no termina de nacer y lo viejo no acaba de morir.  Por primera vez en la historia para protagonizar la revolución que viene, ya no hace falta estar en un lugar determinado del mundo o pertenecer a un grupo social, es posible formar parte de esa vanguardia para todos gracias a la tecnología. Una reciente investigación de la Universidad de Deusto ha estudiado la generación z, llamada así porque va detrás de la generación y -los  millennials- que a su vez fueron precedidos por la conocida como la generación perdida, la x. Los z, están saliendo de la universidad en este momento, nacidos entre mediados de los noventa y la primera década del nuevo siglo, son la cohorte de edad con mayores posibilidades de informarse y de transmitir información, de desarrollar proyectos de toda índole gracias a su conectividad global, de expresar su creatividad y de colaborar en proyectos sin que las distancias supongan una barrera.

Y es en el tratamiento de la información en lo que encontramos una de las mayores diferencias intergeneracionales. La generación z no ha sido entrenada para reconocer el principio de autoridad de los emisores de información. Han crecido en un entorno igualitario en el que todo tipo de voces discordantes tienen igual altavoz. Dan igual jerarquía a todos los emisores. Y a la vez, entienden la información como algo modificable y fusionable, y no conocen límites a la hora de transmitir información de forma masiva.

En definitiva, estamos ante una generación que, con las oportunidades adecuadas, está en disposición de mejorar el mundo y sacar lo mejor del imparable desarrollo tecnológico. Están más preparados para trabajar globalmente en equipo, para aportar y trabajar en entornos diversos, para innovar desde su propia experiencia. Son tolerantes y más éticos y generosos por naturaleza, más abiertos a compartir el conocimiento y defensores del acceso generalizado a la información. Son conscientes de que deberán estar aprendiendo toda su vida, y de que es posible aprender de todo y de todos. El mundo, muy pronto, estará en sus manos y lo van a revolucionar. Esta nueva época, con ellos, abre inmensas posibilidades para conseguir un mundo mejor donde el ser humano vuelva a ser el centro de atención de la acción de los gobiernos y las empresas.

Iñaki Ortega es doctor en economía y director de Deusto Business School en Madrid.


miércoles, 10 de febrero de 2016

Inconformismo

(este artículo se publicó en el periódico El Economista el día 10 de febrero de 2016)

Vivimos tiempos exponenciales. Todo va cada vez más rápido, la Humanidad atesora más y más conocimiento, la información fluye con una velocidad inimaginable hace apenas unos pocos años. A finales de los años sesenta, en California, varios científicos lograron conectar la primera red de computadoras en tres universidades, dando origen al internet que hoy conocemos. Casi al mismo tiempo y en la misma localización un joven tecnólogo llamado Gordon Moore formuló una ley que no ha dejado de cumplirse desde entonces. Su augurio, la conocida “ley de Moore”, alertaba que cada año la capacidad de los microprocesadores se doblaría, a su vez anualmente el precio de esos chips sería la mitad. Internet y tecnología “buena, bonita y barata” son las claves del momento que está permitiendo universalizar el acceso al conocimiento y al capital como nunca antes. Por primera vez en la historia los emprendedores tienen en sus manos las armas para cambiar el mundo.

Pero a pesar de lo anterior los problemas a nuestro alrededor son más grandes que nunca. El desempleo, la exclusión social, el terrorismo o la violencia de género por citar solo algunos. Y aunque en los últimos meses en España parece que solo atendemos a la crisis política, en una suerte de tregua mediática sobre la recesión económica, pocos expertos dudan que todavía queda mucho camino de esfuerzos y reformas por delante, para recuperar los niveles de bienestar de hace diez años.

Revelarse contra las injusticias, sin duda, está en las motivaciones de los llamados emprendedores sociales. En un reciente informe de Ashoka, se pone de manifiesto como la innovación social de estas personas es capaz de cambiar políticas nacionales y resolver problemas que parecían insalvables. Satyarthi en  la India luchando contra el trabajo infantil, Weetgens entrenando a ratas para detectar tuberculosis o minas antipersona. Jimmy Wales con Wikipedia, democratizando la información y abriendo las puertas al conocimiento colaborativo. Son todos ejemplos de cómo el inconformismo acompañado de talento, hoy, permite un mundo mejor.

De hecho, en los últimos años la llamada generación Y, los nacidos entre finales de los años setenta y finales de los ochenta, han ido cambiando todas las industrias con sus startups. Las finanzas, los medios de comunicación, el ocio o el trasporte están mejorando gracias a sus ideas disruptivas. Los millennials no quieren trabajar en grandes compañías, prefieren probar fortuna y crear ellos mismos las empresas de éxito del futuro, lo que está aportando una gran cantidad de nuevos emprendedores que están refundando los negocios hacia la llamada economía digital. En un mundo en el que muchas cosas son gratis o muy baratas, el tiempo y coste de transformar una idea en una realidad se ha reducido enormemente, lo cual permite a los emprendedores testar rápidamente en el mercado sus productos o servicios con prototipos de bajo coste sin hipotecar el resto de su vida. El salto al vacío que supone lanzar cualquier empresa se suaviza con el paracaídas de la tecnología que permite emprender en pequeño pero pensando a lo grande y sin grandes desembolsos. Esta nueva manera de ver las cosas, basadas en el inconformismo e inmediatez, está igualmente transformando la forma en la que las corporaciones  buscan crear valor, a través de la llamada innovación abierta que ha acelerado procesos de cambio en todo los sectores de la economía.

Ese inconformismo que se percibe en la sociedad y la economía proviene de personas que se salen fuera de la dinámica de la comodidad y que prefieren buscar nuevas formas de pensar y hacer. En un estudio reciente de la Universidad de Deusto sobre la generación z, llamada así porque son aquellos jóvenes que  van detrás de los millennials, nacidos entre mediados de los noventa y la primera década del nuevo siglo, son el grupo con mayores posibilidades de informarse y de transmitir información, de desarrollar proyectos de toda índole gracias a su conectividad global, de expresar su creatividad y de colaborar en proyectos sin que las distancias supongan una barrera.

Y es en el tratamiento de la información en lo que encontramos una de las mayores diferencias intergeneracionales. La Generación Z no ha sido entrenada para reconocer el principio de autoridad de los emisores de información. Han crecido en un entorno igualitario en el que todo tipo de voces discordantes tienen igual altavoz. Dan igual jerarquía a todos los emisores. Y a la vez, entienden la información como algo modificable y fusionable, y no conocen límites a la hora de transmitir información de forma masiva. Todo ello, unido a la masiva cantidad de información que reciben puede paradójicamente llevarles a ser una generación más desinformada en términos objetivos que la anterior.

Pero, en definitiva, estamos ante una generación que, con las oportunidades adecuadas, está en disposición de mejorar el mundo y sacar lo mejor del imparable desarrollo tecnológico. Están más preparados para trabajar globalmente en equipo, para aportar y trabajar en entornos diversos, para innovar y emprender desde su propia experiencia. Son tolerantes y más éticos y generosos por naturaleza, más abiertos a compartir el conocimiento y defensores del acceso generalizado a la información. Son conscientes de que deberán estar aprendiendo toda su vida, y de que es posible aprender de todo y de todos. El mundo, muy pronto, estará en sus manos. Su inconformismo hará posible un mundo mejor.

Iñaki Ortega es profesor, director de Deusto Business School


Pedro Irujo es consultor, Vicepresidente de Neoris