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domingo, 11 de marzo de 2018

Antifrágil. El nuevo liderazgo


(este artículo fue publicado originalmente el día 10 de marzo en el diario Expansión en la sección The War Room, firmado junto a Iván Redondo)


Ésta es una Sala de Guerra poco habitual. La palabra que les acercamos por ello hoy es doble, resultado de la conversación entre dos buenos amigos detrás de una taza de café. “¿Cuál es el liderazgo que viene?” fue la base de la disputa intelectual. No piensen en el inefable Donald Trump (sonrían), apuntemos mucho más alto. Memoria, compromiso y luces largas. Miremos más allá.

Durante mucho tiempo pensamos que tanto en la política como en la empresa había que luchar contra “la fragilidad” porque te exponía innecesariamente a demasiados riesgos. De hecho, en la mayoría de las corporaciones y partidos políticos se promovieron liderazgos robustos, precisamente porque esa rigidez era lo contrario de la “peligrosa” fragilidad. Recuerden una pregunta básica en las campañas presidenciales: ¿A quién quieres más? ¿A “papá” (derecha)? ¿O a “mamá” (izquierda)? Siempre ha sido, y sigue siéndolo, uno de los mejores medidores a la hora de determinar si estamos en un país ante un ciclo de cambio o de continuidad. Pueden hacer el ejercicio.

Pero entremos en materia: el nuevo liderazgo. El profesor Nassim Taleb, colega de Daniel Khaneman, padre de la teoría de la psicología económica, premiado con el nobel de economía, nos ha demostrado con su exhaustivo estudio de los fenómenos inauditos que muchos de los analistas están completamente equivocados. Los tiempos actuales tienen sus propios vectores. “Papá” o “mamá” quedaron atrás.

La antítesis de frágil es algo más que resiliencia o robustez en estos tiempos de cisnes negros. La base de encontrar en los sucesos aparentemente negativos oportunidades, reside en lo que él denomina “antifrágil”, que define como aquello que, a diferencia de lo rígido o de lo frágil, se beneficia de los cambios, del desorden o de la volatilidad. Lo robusto aguanta los choques y sigue igual; lo antifrágil, sin embargo, mejora. Esta propiedad se halla detrás de todo lo bueno que se ha mantenido a lo largo de la historia, desde una receta de cocina a las tecnologías o la forma de ganar una elección. Las convulsiones que atisbamos como estructurales y no coyunturales, nos llevan a concluir que también lo antifrágil ha de aplicarse al liderazgo empresarial y político.

El cambio de época en el que nos encontramos nos exige poner en valor las grandes cosas que los españoles han hecho en campos en los que tradicionalmente recurrimos a ejemplos de fuera de nuestras fronteras. Y en esta Sala de Guerra por un día dejaremos atrás a los referentes políticos. Les recordaremos para ello la contribución de dos clásicos: la historia de Isidoro Álvarez directivo y empresario de El Corte Inglés durante cuarenta años o la de Amancio Ortega que ha sido capaz de convertir Inditex en la empresa de referencia global.  

Álvarez, después de egresarse con honores en ciencias empresariales lideró El Corte Inglés hasta su muerte para convertirlo en una de las mayores historias de éxito empresarial de nuestro país. Bajo su mandato se crearon cientos de miles de puestos de trabajo y favoreció la creación de un tejido económico que floreció gracias a la generosidad y el efecto multiplicador del retailer español. Su historia personal nos permite poner negro sobre blanco algunas lecciones de ese nuevo liderazgo que Taleb nos propone y el mundo nos reclama y de paso seguir apuntalando la capacidad de hacer grandes cosas en un país como España.

Dos sencillos pilares dieron sentido a la trayectoria vital y empresarial de Isidoro Álvarez. El ejemplo y la honradez. Álvarez visitaba de incógnito sus tiendas (y también las de la competencia) ejerciendo así un liderazgo a pie de calle y de escucha; de estar justo en el lugar donde ocurren las cosas, para resolver y entender los problemas. Antifrágil. Honradez es pagar tus impuestos en tu país garantizando las mejores condiciones para tus empleados y proveedores.

Cultivó, quizás sin saberlo, esa antifragilidad. Porque con la honestidad y la ejemplaridad por bandera cualquier vendaval no solo no te hunde, sino que puede impulsarte más allá. Hoy el grupo que lideró y consolidó Isidoro Álvarez es ejemplo para otros grandes almacenes europeos. Con una cifra de negocios de 15.505 millones, da trabajo a más de 91.600 empleados, el 87% de las compras que realiza El Corte Inglés son a proveedores nacionales y el 7% a suministradores de otros países de la Unión Europea y el grupo aporta a la renta nacional más de 3.700 millones al año.

En nuestros días, cuando la trasformación digital y los nuevos operadores amenazan cualquier industria y la incertidumbre política campa como quiere en medio mundo, vuelvan a Taleb. El liderazgo “antifrágil” es una vuelta a lo básico. Amancio Ortega comienza su carrera, como saben, a la edad de catorce años en La Coruña, como mozo en unas tiendas de ropa. Tras trabajar un tiempo en Santiago de Compostela, en 1963 crea la compañía Confecciones GOA, sus iniciales en sentido inverso, dedicada a la fabricación de albornoces. Perfeccionista y autodidacta, Amancio logra que este negocio alcance un tamaño importante llegando a distribuir su producto a distintos países europeos. Su filosofía no es sólo ser vender, sino también fabricar y distribuir. Supera la primera gran crisis económica de la democracia abriendo la primera tienda Zara en una céntrica calle de La Coruña y expandiéndose por toda España.

En 1988, con la tienda en Oporto comienza su expansión internacional, la cual en plena crisis de los 90, inopinadamente triunfa en Europa, América, Asia, Oriente Medio y norte de África. En 2001 sale a  la bolsa su empresa Inditex, en una época poco propicia para ello, lo que no le impide llegar a ser el primer grupo textil del mundo. Y cuando la penúltima amenaza, la irrupción del online, parecía que iba frenar el gigante de Amancio Ortega, la brillante gestión de su ejecutivo de confianza, Pablo Isla, les ha hecho más fuertes que nunca sacando una distancia impensable a sus eternos rivales los suecos de H&M y los japoneses de Uniqlo.

Las sencillas lecciones de liderazgo de estos directivos que fueron capaces de construir empresas como El Corte Inglés o enseñas como Zara, son más que una llamada a perseverar en los principios y valores que han permitido que España pase a la historia como una de las grandes naciones. Supieron superar en diferentes etapas los marcos tradicionales situándose más allá de “papá” o “mamá”, sacando provecho de la adversidad y siendo referentes en el mundo. El liderazgo que viene es éste. ¿Pero viene o vuelve? Como decía el Luis Aragonés de General Electric, su ex CEO Jack Welch, en tantos y tantos manuales de liderazgo que devoramos en la Universidad, los líderes nunca pueden ser cerrados de mente. Hay que cambiar de "curso” cuando las “circunstancias” cambian. “Antifrágiles”. No lo olviden. En estos “días de futuro pasado”.

Iñaki Ortega, director de Deusto Business School

Ivan Redondo, consultor político y CEO Redondo & Asociados Public Affairs Firm

domingo, 11 de diciembre de 2016

El Antropoceno empresarial

(Este artículo fue publicado originalmente en la revista Forbes México de diciembre de 2016)

Hace unas semanas se anunció por parte de un grupo multidisciplinar de científicos, tras siete años de investigación coral, que la tierra iniciaba una nueva era geológica, el Antropoceno. Con este término cuya etimología griega significa "nuevo por el hombre”, bautizan una nueva época dentro del periodo Cuaternario‎. La Tierra ha entrado en una página distinta del calendario geológico porque  ‎los humanos hemos conseguido con nuestras acciones alterar el ciclo vital del planeta lo que se colige del cambio climático, la acidificación de los mares o la desaparición de cientos de especies naturales entre otros muchos ejemplos. Pero al mismo tiempo estamos venciendo a las calamidades naturales que de vez en cuando nos azotan, las pandemias están dejando de serlo y la esperanza de vida al nacer no deja de crecer.

El hombre con la tecnología ha cambiado la Tierra para bien y para mal como acabamos de ver, pero también la economía. ‎Hoy a la vez que entramos en el Antropoceno en el mundo de la empresa están sucediendo tres fenómenos que merece la pena conocer y que tienen su causa en la disrupción tecnológica.

Primero. La mayoría de las industrias de nuestra economía están reventándose  por su base. No hay sector que quede libre de la desaparición de las barreras de entrada y el talento de los emprendedores está cambiando los modelos de negocio de todos los verticales: el turismo, el transporte o las telecomunicaciones son solo ejemplos de lo que está por llegar con las fintech o la industria 4.0. Las startups con su talento y buscando mejores productos y servicios compiten sin complejos con las grandes corporaciones.

En segundo lugar, la vuelta a las bases del capitalismo original sin asimetrías de información junto a la democratización en el acceso a la tecnología están reinventado todos los empleos.‎ En pocos años, como alertó el presidente Obama, la mayoría de los actuales puestos de trabajo podrán ser sustituidos por máquinas. Ya sucede en los medios de comunicación, donde como en este mismo medio la información financiera la elabora una máquina, o en las finanzas con los llamados robadvisor que invierten el dinero de clientes usando un algoritmo  o en el mundo jurídico como la plataforma e-litigation de Ebay que resuelve disputas legales sin abogados  Para reinventarnos como profesionales solo nos quedará la hibridación. Mezclar habilidades  tecnológicas con conocimiento de tu sector es ya la clave en especialidades como la enseñanza universitaria donde los moocs campan por sus respetos o el marketing con el big data sin olvidarnos de la policía y la ciberseguridad. Seremos polímatas para poder tener empleo. 

Nada de lo anterior tendría sentido sin la tercera variable a tener en cuenta. La reivindicación de una nueva sociedad dónde los ciudadanos se han empoderado usando las nuevas formas de comunicarse para convertirse en micropoderes. Como nos recuerda el economista venezolano Moisés Naim el poder ya no es lo que era y la energía iconoclasta de los micropoderes no perdona la mentira, puede derrocar a políticos corruptos, acabar con los monopolios, apostar por la economía circular y abrir nuevas e increíbles oportunidades.
Hoy los jóvenes llamados millennials, porque se hicieron mayores con el nuevo milenio, tienen en su poder armas inéditas, para cambiar el mundo y han empezado a usarlas. La tecnología y el capital están a su disposición y por primera vez en la historia no importa donde nazcas o si dispones o no de dinero...si tienes talento puedes conseguir que tus ideas se hagan realidad. El vehículo de este fenómeno es el emprendimiento. En los años 60 si querías cambiar el mundo ibas a una manifestación hoy los jóvenes idealistas usan el emprendimiento para solucionar problemas. Esta tendencia se ha convertido en global y Iberoamérica no es una excepción. Si repasamos los mejores expedientes de los egresados en las universidades de la región veremos que se han convertido en emprendedores, algunos ya creando cientos de empleos y recibiendo inversiones millonarias. Sus ámbitos de actuación son nuevos, modelos de negocios que nadie reparó antes pero que están funcionando. La lucha contra la contaminación, el agrotech, los mapas, la segunda mano por internet, los bitcoins…son ejemplos de sus disrupciones. Por eso hoy los grandes inversores, las multinacionales y cualquiera que quiera adivinar el futuro ya no recurre a pitonisas sino que visitan las incubadoras de las startups que se han implantado por toda Latinoamérica.

Los geólogos también nos recuerdan que a pesar de los avances tecnológicos solo hemos perforado catorce kilómetros de los seis mil trescientos que tiene de radio nuestro planeta. Queda mucho por descubrir bajo nuestros pies,  queda mucho por inventar para hacer un mundo más humano y los millennials latinoamericanos pueden conseguirlo en este Antropoceno que acaba de empezar. Para ello necesitamos un efectivo ecosistema donde el dinero y las instituciones sean coherentes y conscientes de que el mundo es mejor con los emprendedores.

Iñaki Ortega Cachón,  Doctor en Economía y Director de Deusto Business School en Madrid.


miércoles, 10 de febrero de 2016

Inconformismo

(este artículo se publicó en el periódico El Economista el día 10 de febrero de 2016)

Vivimos tiempos exponenciales. Todo va cada vez más rápido, la Humanidad atesora más y más conocimiento, la información fluye con una velocidad inimaginable hace apenas unos pocos años. A finales de los años sesenta, en California, varios científicos lograron conectar la primera red de computadoras en tres universidades, dando origen al internet que hoy conocemos. Casi al mismo tiempo y en la misma localización un joven tecnólogo llamado Gordon Moore formuló una ley que no ha dejado de cumplirse desde entonces. Su augurio, la conocida “ley de Moore”, alertaba que cada año la capacidad de los microprocesadores se doblaría, a su vez anualmente el precio de esos chips sería la mitad. Internet y tecnología “buena, bonita y barata” son las claves del momento que está permitiendo universalizar el acceso al conocimiento y al capital como nunca antes. Por primera vez en la historia los emprendedores tienen en sus manos las armas para cambiar el mundo.

Pero a pesar de lo anterior los problemas a nuestro alrededor son más grandes que nunca. El desempleo, la exclusión social, el terrorismo o la violencia de género por citar solo algunos. Y aunque en los últimos meses en España parece que solo atendemos a la crisis política, en una suerte de tregua mediática sobre la recesión económica, pocos expertos dudan que todavía queda mucho camino de esfuerzos y reformas por delante, para recuperar los niveles de bienestar de hace diez años.

Revelarse contra las injusticias, sin duda, está en las motivaciones de los llamados emprendedores sociales. En un reciente informe de Ashoka, se pone de manifiesto como la innovación social de estas personas es capaz de cambiar políticas nacionales y resolver problemas que parecían insalvables. Satyarthi en  la India luchando contra el trabajo infantil, Weetgens entrenando a ratas para detectar tuberculosis o minas antipersona. Jimmy Wales con Wikipedia, democratizando la información y abriendo las puertas al conocimiento colaborativo. Son todos ejemplos de cómo el inconformismo acompañado de talento, hoy, permite un mundo mejor.

De hecho, en los últimos años la llamada generación Y, los nacidos entre finales de los años setenta y finales de los ochenta, han ido cambiando todas las industrias con sus startups. Las finanzas, los medios de comunicación, el ocio o el trasporte están mejorando gracias a sus ideas disruptivas. Los millennials no quieren trabajar en grandes compañías, prefieren probar fortuna y crear ellos mismos las empresas de éxito del futuro, lo que está aportando una gran cantidad de nuevos emprendedores que están refundando los negocios hacia la llamada economía digital. En un mundo en el que muchas cosas son gratis o muy baratas, el tiempo y coste de transformar una idea en una realidad se ha reducido enormemente, lo cual permite a los emprendedores testar rápidamente en el mercado sus productos o servicios con prototipos de bajo coste sin hipotecar el resto de su vida. El salto al vacío que supone lanzar cualquier empresa se suaviza con el paracaídas de la tecnología que permite emprender en pequeño pero pensando a lo grande y sin grandes desembolsos. Esta nueva manera de ver las cosas, basadas en el inconformismo e inmediatez, está igualmente transformando la forma en la que las corporaciones  buscan crear valor, a través de la llamada innovación abierta que ha acelerado procesos de cambio en todo los sectores de la economía.

Ese inconformismo que se percibe en la sociedad y la economía proviene de personas que se salen fuera de la dinámica de la comodidad y que prefieren buscar nuevas formas de pensar y hacer. En un estudio reciente de la Universidad de Deusto sobre la generación z, llamada así porque son aquellos jóvenes que  van detrás de los millennials, nacidos entre mediados de los noventa y la primera década del nuevo siglo, son el grupo con mayores posibilidades de informarse y de transmitir información, de desarrollar proyectos de toda índole gracias a su conectividad global, de expresar su creatividad y de colaborar en proyectos sin que las distancias supongan una barrera.

Y es en el tratamiento de la información en lo que encontramos una de las mayores diferencias intergeneracionales. La Generación Z no ha sido entrenada para reconocer el principio de autoridad de los emisores de información. Han crecido en un entorno igualitario en el que todo tipo de voces discordantes tienen igual altavoz. Dan igual jerarquía a todos los emisores. Y a la vez, entienden la información como algo modificable y fusionable, y no conocen límites a la hora de transmitir información de forma masiva. Todo ello, unido a la masiva cantidad de información que reciben puede paradójicamente llevarles a ser una generación más desinformada en términos objetivos que la anterior.

Pero, en definitiva, estamos ante una generación que, con las oportunidades adecuadas, está en disposición de mejorar el mundo y sacar lo mejor del imparable desarrollo tecnológico. Están más preparados para trabajar globalmente en equipo, para aportar y trabajar en entornos diversos, para innovar y emprender desde su propia experiencia. Son tolerantes y más éticos y generosos por naturaleza, más abiertos a compartir el conocimiento y defensores del acceso generalizado a la información. Son conscientes de que deberán estar aprendiendo toda su vida, y de que es posible aprender de todo y de todos. El mundo, muy pronto, estará en sus manos. Su inconformismo hará posible un mundo mejor.

Iñaki Ortega es profesor, director de Deusto Business School


Pedro Irujo es consultor, Vicepresidente de Neoris

miércoles, 16 de diciembre de 2015

COP21. Empezar es la mitad del camino

(este artículo se publicó en el Diario Cinco Días el día 16 de diciembre de 2015)

‎Horacio, es considerado el principal poeta de la Roma clásica. Su influencia desde el año 35 a.C. ha llegado hasta nuestros días, de modo y manera, que una de las expresiones que este lírico latino acuñó, puede resumir las conclusiones de la conferencia del cambio climático de París. «Empezar es la mitad del camino».

El acuerdo que han firmado este sábado 195 países de todo el mundo, sitúa en el 2020 el inicio de los compromisos para frenar la emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera. Pero gracias a la atención generada en los meses previos y a los debates celebrados en la capital francesa desde el 30 de noviembre, en la llamada conferencia de participes (COP21), gran parte del camino está ya andado, aunque todavía falten cuatro años para la fecha de implementación  del nuevo pacto climático.

París nos ha hecho abrir los ojos ‎y ya nadie duda, ni en la ciencia ni en la ciudadanía, de que tenemos un problema, causado por la propia acción humana. La eyección de dióxido de carbono fruto de los combustibles fósiles captan la radiación infrarroja produciendo calentamiento global. Si no hacemos nada por parar este uso, cuando termine el siglo XXI la temperatura del planeta habrá aumentado cuatro grados con efectos devastadores para la humanidad. Aun ejecutando planes como el de París, bajar a dos grados el aumento del calentamiento global, traería desequilibrios que harían desaparecer miles de poblaciones costeras y bosques en medio mundo.

Ahora, parar esa tendencia esta en nuestra mano y ya no podemos escudarnos en la falta de acuerdo de los Estados, la inoperancia de los políticos o la codicia del capitalismo de las multinacionales. El acuerdo de la cumbre de París junto con las oportunidades que hoy ofrece la tecnología, son las palancas sobre las que impulsar un nuevo activismo ciudadano, que no responde a ideologías, y que empieza por nosotros mismos, en nuestras casas y en nuestras ciudades.

El cambio climático no está causado solo por las chimeneas de grandes industrias en China o India, sino que tiene su base en nuestro desaforado consumismo, nuestra indolencia para reciclar o nuestro complejo cuando no egoísmo para usar más el transporte público‎. De hecho el 50% de las emisiones de gases de efecto invernadero se producen en nuestra actividad diaria.  Tenemos al alcance de nuestra mano el poder de contribuir a su freno a través de pequeños gestos cotidianos pero a la vez poderosos como, por ejemplo, los 15 millones de toneladas de CO2 no emitidas gracias al reciclado de los envases del contenedor amarillo y azul en España. En 2030 seremos nueve mil millones de habitantes en el planeta, por ello es imprescindible repensar, como nos recuerda el Papa Francisco en su encíclica “Laudato si” sobre el cuidado de la casa común, la forma que tenemos de producir y consumir cuando los recursos serán cada vez más escasos. El ecodiseño, la economía circular, el reciclado y el consumo responsable sin olvidar la acción de los emprendedores, en un momento en el que se ha democratizado el acceso al capital y al conocimiento, son las heramientas que tendremos que usar. El ya mítico emprendedor en serie, Elon Musk, con Tesla, está acercando, por fin, el coche eléctrico a los consumidores gracias a sus nuevas baterías que harán posible también un menor consumo en nuestros hogares. También, desde España, estamos ayudando con los disruptivos contadores eléctricos de los emprendedores de Green Momit, catalogados como una de las 50 startups de mayor impacto en Europa, puesto que con sus dispositivos smart, alineamos compromiso mediombiental y ahorro en la factura de la luz.

Es también el momento de las energías limpias y la movilidad sostenible. En París unos de los temas recurrentes en las sesiones ha sido el papel de las ciudades como agentes del cambio para alcanzar una economía baja en carbono. Ya existen buenas prácticas para seguir, el caso de Islandia, por ejemplo, con el 100% de su energía de origen renovable a través de la geotermia. Adelaida desde Australia explicó cómo una ciudad puede apostar por las energías limpias y por la innovación para conseguir que el 40% de su energía proceda de fuentes renovables, recortando sus emisiones un 20% mientras que ha incrementado su PIB en un 28% y todo ello con un incremento de población de un 27%. Bristol en el Reino Unido ha pasado de ser una de las ciudades más industrializadas del planeta a convertirse en un modelo de sostenibilidad como ha puesto de manifiesto su titulo este año de European Green Capital, cogiendo el testigo de las modélicas Vitoria en España y Copenhague en Dinamarca. 

Convivimos con alertas por contaminación que pensábamos que  no nos afectaban porque estábamos lejos de Beijing, Delhi o México DF pero ya no sólo Madrid sino hasta Oviedo sufren protocolos anti-polución. El problema está aquí pero la solución también está en nuestras manos. En el MIT hablaron hace unos años del Gran Desacople, una coyuntura diabólica en la cual los problemas crecían rápidamente y en cambio las soluciones iban muchísimo más despacio. Hoy, en cambio, conocemos bien los problemas que causa el cambio climático pero también, con una economía digital en que los ciudadanos en todo el mundo se están empoderando frente a las injusticias, tenemos las soluciones en nuestras casas y en nuestros propios hábitos. Por ello, comencemos  a cambiar, porque si lo hacemos, ya sabemos desde hace 2000 años, que «empezar es la mitad del camino».


Iñaki Ortega es director de Deusto Business School.
Oscar Martin es consejero delegado de Ecoembes.


domingo, 17 de mayo de 2015

De los ninis a la generación Z

(este artículo fue publicado originalmente en el Diario Montañés el día 17 de mayo de 2015)


El término "ni-ni" saltó a la opinión pública española hace más de seis años de forma paralela al estallido de la crisis económica. Muchos jóvenes estaban abocados a no poder estudiar ni trabajar. En ese contexto de rápida destrucción de empleo, y ante la perspectiva de una larga recesión, no fueron pocas las voces que alertaban del grave riesgo de perder a toda una generación de españoles que iba a tener muy difícil no sólo incorporarse al mercado laboral, sino sobre todo, avanzar hacia la madurez carentes de ilusión y sin ningún proyecto de vida.



Ha pasado mucho tiempo desde 2008 y la crisis ha cambiado nuestra economía, no sin un importante coste para las familias. Muchas de las amenazas siguen ahí, pero España exporta más que nunca -en diversas universidades europeas vuelven a hablar  del "milagro español"-, el crecimiento se consolida  y volvemos a ser atractivos para invertir.

Y sin hacer ruido, buena parte de estos indicadores positivos están directamente relacionados con el constante acceso de integrantes de la generación del milenio -milennials- a puestos y espacios de responsabilidad en la economía española. Ese conjunto de españoles nacidos en los 80 y primeros 90 forman la primera generación que ha convivido con la crisis y la disrupción tecnológica, la más emprendedora y la que mejor ha sabido entender los cambios que nuestro tejido productivo necesitaba para retomar la senda del crecimiento.

Muchos de ellos se han curtido en empleos para los que estaban sobrecualificados; otros no dudaron en inventar su propio puesto de trabajo incluso más de una vez, sin desaliento; y han obligado a las multinacionales a entender su concepto de economía colaborativa y de gestión del talento.

Hace unas semanas en un seminario sobre esta generación impartido en la Fundación Botín, se nos recordó que en su día las grandes compañías incorporaban a sus filas a los trabajadores que entendían más cualificados para hacer crecer sus cifras de negocio dentro de su sector de actividad. Hoy los más demandados son aquellos que aportan ideas para diversificar la empresa, para sumar a nuevos grupos de clientes y para renovar procesos que el propio peso de la compañía había dejado obsoletos. Y a la hora de atraer ese talento, las empresas han tenido que cambiar también determinadas actitudes: por encima del sueldo cuenta el entorno de trabajo, la sensación de pertenecer a un proyecto común y las posibilidades de seguir aprendiendo y desarrollándose.

Los milennials están llevando a cabo en todo el mundo la máxima de que el crecimiento económico actual se genera en espacios de emprendimiento pequeños en los que se unen personas de origen y cualificación diversa. Y en Cantabría, territorio de pymes, pueden ser el estímulo que necesitamos para dejar atrás definitivamente la crisis, renovando nuestra realidad productiva de abajo hacia arriba. Pymes más tecnológicas, más capaces de internacionalizarse y más resistentes a los vaivenes económicos. Los milennials están creando las empresas que darán trabajo a nuestros hijos mientras llevan a España al nivel de I+D+i que el tamaño de nuestra economía exige (el ranking Global Innovation Index nos sitúa aún en el puesto 27).

Además, la segunda mitad de esta década va a ser la de la incorporación masiva de los milennials a los puestos de responsabilidad en la política y en las empresas públicas. Veremos si los nuevos aires que ya han traído a nuestra economía se trasladan a la res pública y obtenemos como resultado un país más proclive al emprendimiento, a la innovación y a la igualdad de oportunidades en el mercado laboral, para afianzar la recuperación que ellos mismos han iniciado desde el sector privado.

Y por último, no podemos olvidar a los que llegan por detrás: la que diversos autores norteamericanos han denominado "Generación Z" (los nacidos aproximadamente entre 1994 y 2002), y cuya principal característica es la de haber llegado a un mundo en el que la World Wide Web estaba ya plenamente desarrollada. Por lo tanto, carecen del concepto -tanto mental como académico- de libros, archivos y orden bibliotecario: desde la infancia han recibido miles de estímulos informativos sin filtrar -todo cabe en Internet- y siempre en forma de ceros y unos.

Sus integrantes de más edad están accediendo ya a universidades y al mercado laboral, destacando por su facilidad para adaptarse a entornos cambiantes, su pluralidad de opiniones y su necesidad de dedicar su tiempo solamente a aquellas cosas que les interesan. Una generación que ya está siendo objeto de estudio entre analistas y universidades de todo el mundo, porque entenderla es clave para vislumbrar el futuro plenamente digital que se desarrollará a lo largo del siglo XXI.

El reto para lo público, la academia y las empresas será alinear sus estrategias para tener muchos “jóvenes z” y en cambio los “ni-nis” sean ya sólo un triste recuerdo del pasado.


Leticia Diaz es Consejera de Presidencia y Justicia del Gobierno de Cantabria
Iñaki Ortega es doctor en economía y profesor de la Universidad de Deusto.

NOTA: Este artículo se inspiró en la presentación del libro Millennials, inventa tu empleo (ediciones UNIR) en Santander en la Fundación Botín el día 24 de mayo.