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miércoles, 14 de noviembre de 2018

Viejos debates que ocultan los nuevos

(este artículo se publicó originalmente en la revista Ethic el 13 de noviembre de 2018)



Estos días en Madrid con motivo de la polémica sobre el cierre al tráfico del centro ha reverdecido el anacrónico debate sobre la población ideal para una ciudad. Hace más de 2.000 años Aristóteles ya estudió este asunto y estableció la clave en el equilibrio; los territorios debían contener un número mínimo de grupos sociales, ciudadanos libre y siervos, para poder trabajar políticamente. De manera similar, la población de una ciudad tenía que ser equilibrada con el tamaño del territorio del que extraía sus recursos para permitir que cada ciudadano  tuviera lo que el filósofo de la Antigua Grecia llamó una "buena vida".

El físico Cesare Marchetti, hace más de veinte años, en 1994, publicó un trabajo  en el que formuló lo que luego se ha conocido como “la constante de Marchetti” o “regla de los 30 minutos". El científico italiano planteó que a pesar de que la planificación urbana y los medios de transporte pueden diferir enormemente,  los individuos parecen ajustar gradualmente sus vidas –así como la ubicación de sus hogares y oficinas- de modo que el tiempo medio diario dedicado a desplazarse permanezca constante. En su investigación explicó que el promedio total de tiempo de desplazamiento entre el hogar y la oficina no excede de una hora, en todas las sociedades e incluso a través de la historia. De hecho, calculó que los primeros seres humanos que viajaban a pie a unos 5 km/h se moverían en un radio de 2,5 km, y verificó esta hipótesis mediante la observación de los individuos que viajan a pie en aldeas ubicadas en zonas rurales de Grecia. 

Este simple concepto de que el trabajo cotidiano de la mayoría de las personas, las actividades educativas, de compras o recreativas deben ubicarse a 30 minutos caminando, en bicicleta o en transporte público desde sus hogares va a regir las smart cities y nos permite introducir el tema de la nueva movilidad y sus oportunidades en las ciudades. La movilidad es una necesidad de la sociedad, hoy pero también en el pasado. En 1800, las personas recorrían una media de 3 km al día y en la mayoría de los casos no con medios de transporte sino a pie; en nuestros días recorremos una media de 20 km al día en algún medio de transporte. Pero esa necesidad tiene una serie de impactos, siendo el más importante el medioambiental lo que vincula a las smart cities con la nueva movilidad en todas sus versiones, eléctrica, compartida, autónoma y conectadadigital. Este verano, representantes de grandes empresas, administraciones, tercer sector, académicos, startups y nuevos agentes debatimos en Deusto Business School sob$re este hecho en un encuentro organizado por Mapfre. Algunas de las reflexiones que escuché ese día han inspirado estos párrafos.

Urge abrir un nuevo debate de la mano de los emprendedores y la tecnología sobre las claves y soluciones para gestionar la movilidad de una forma distinta a la que estamos acostumbrados en las grandes ciudades. En Madrid circulan a diario más de 2 millones y medio de vehículos particulares que generan el 25% de las emisiones de dióxido de carbono, los ciudadanos dedican cuatro días al año atrapados en el tráfico y no dejan de producirse accidentes. Pero aunque parezca increíble las nuevas modalidades de movilidad urbana han surgido de abajo, de la $mano de nuevos agentes, sus innovaciones trufadas con las de grandes empresas que acumulan experiencia y fiabilidad en esta industria ayudará a entender esta prioridad para las ciudades inteligentes. Dos son las grandes tendencias al respecto, en primer lugar la multimodalidad y en segundo lugar la sostenibilidad, con los vehículos electrificados, autónomos y compartidos.

La multimodalidad es ya una realidad en las ciudades inteligentes del mundo con diferentes medios de transportes público como autobús, metro o tranvía que puede combinarse con coche, motocicletas, bicicletas o a pie. El futuro diseño de las ciudades debería beneficiar a los peatones, anticipando los cambios que serán necesarios para una población cada vez más envejecida. El caso de la capital danesa, se explica en el libro “¡Copenhaguízate!”, a través de algunos datos como que el 62% de sus habitantes van en bicicleta al trabajo o que 9 de cada 10 tienen bici frente a 4 de cada 10 con coche. Esto se ha conseguido gracias a inversiones (268 millones de euros en los últimos cinco años) para lograr una red integrada para ciclistas urbanos pero también como dice el autor del libro “no intentando que la gente use bici para salvar el planeta, sino haciéndoles ver que es el mejor sistema para su salud y su bolsillo”.  La bicicleta ha dejado de ser un elemento ornamental en la ciudad para convertirse en la solución a los problemas de la movilidad urbana.

En cambio el vehículo eléctrico (en sus diferentes modalidades: coche, moto, bicicleta y hasta patinete) está muy poco extendido todavía. Dentro de 20 años, a nuestros hijos les parecerá una rareza su escasa implantación hoy, igual que para nosotros ahora es una barbaridad que hace dos décadas se pudiese fumar en todas partes. Sin duda una de las tendencias que ha llegado para quedarse es pasar de una movilidad apalancada en el vehículo particular, a una donde poco a poco se vaya eliminando el uso del vehículo particular en favor de vehículos compartidos, que serán movidos por energías no fósiles y estarán coordinados de una manera inteligente mediante plataformas. Porque el coche compartido es racional. Los usuarios de este servicio entienden que existen alternativas inteligentes para hacer un uso sensato de un bien que está infrautilizado, que se utiliza menos de una hora al día y que al final está ocupando un espacio público en las ciudades.  De hecho ya se está produciendo; solo el 1% de los jóvenes se mueve en vehículo en propiedad, frente a un 80% que utiliza nuevas fórmulas. La gran transformación vendrá asociada a su hibridación con el vehículo eléctrico y su positivo impacto medioambiental, y la implantación del coche autónomo será donde confluyan las opciones de car sharing y demás soluciones, dentro de esta gran plataforma que moverá personas de una manera mucho más eficiente. El proceso de transformación está comenzando, pero las nuevas tecnologías lo están acelerando de forma vertiginosa. El impacto será positivo en todos los sentidos: menor contaminación al reducirse las emisiones de dióxido de carbono y de dióxido de nitrógeno, menos vehículos en la calle, mayor espacio disponible (los vehículos aparcados ocupan más del 35% del espacio en las ciudades), y reducción del coste por kilómetro. No es muy conocido el dato de que el 76% de los viajes que se realizan en Europa de entre 100 y 200 km se hacen en coche y con una ocupación media de 1,6 personas por vehículo, lo cual no parece muy eficiente. Los fabricantes han creado unas máquinas estupendas con cinco asientos para trasladar a la familia y los usamos para llevar una persona. 

Lo viejo es prohibir, poner trabas a la innovación o limitar el crecimiento y la movilidad. Mientras gastamos nuestras energías en discutir sobre si la decisión del Ayuntamiento de cerrar el centro de Madrid ha de vincularse a las elecciones municipales, el Gobierno de España aprueba decretos que estrangulan a iniciativas como Cabify que está presente en más de 14 países y es el primer “unicornio” español, con una valoración que supera los 1.400 millones de dólares. A la vez otros territorios, silenciosamente, sí han afrontado el nuevo debate. Hoy nadie duda que Tel-Aviv es la nueva capital mundial de la movilidad: grandes empresas como Volkswagen o Google han situado en Israel sus centros de innovación dedicados a este asunto, y de hecho Google adquirió por cerca de 1.000 millones de dólares una de las startups de mayor éxito: Waze, aplicación móvil de tráfico y navegación por GPS. Otras empresas punteras en Israel son Mobileye, adquirida por Intel por 15.000 millones de dólares, que desarrolla sistemas de asistencia para la conducción y tecnologías avanzadas de desarrollo de vehículos autónomos, o Moovit, una aplicación de transporte público que ha sido adquirida por BMW. En los centros tecnológicos de Tel-Aviv estiman que en el año 2050, más del 80% de la población mundial vivirá en ciudades, de ahí la gran necesidad de desarrollar y optimizar proyectos relativos a la movilidad. Unos discutimos si prohibir o no, otros trabajan sin trabas para liderar el futuro.

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)

martes, 11 de abril de 2017

La moda de emprender

(este artículo fue publicado originalmente en el Diario de Yucatán de México el 7 de abril de 2017)


En lo que va de año se han conocido dos noticias muy positivas para el dinamismo de Yucatán alineadas con un movimiento global como es el apoyo a los emprendedores. En enero el Gobernador Zapata inauguró las instalaciones del HUB, un espacio para emprendedores a la altura de los mejores del mundo, promovido por el instituto yucateco de emprendimiento (IYEM) que fue reconocido ese día con la certificación del INADEM (instituto nacional del emprendedor mexicano). Un mes después el Alcalde de Mérida presentó el nuevo centro municipal de emprendedores con una interesante oferta de servicios para las nuevas empresas.

En Guatemala también celebran estas semanas que la propuesta de ley de fortalecimiento del emprendimiento ha sido aprobada en la comisión de pequeña y mediana empresa del Congreso. En Argentina, después de su paso estos días por el Senado, la nueva ley de emprendedores se acerca a su aprobación. En París, el Gobierno de Francia ha anunciado una nueva edición del programa de atracción y retención de emprendedores French Tech Ticket. Israel ha lanzado hace unas semanas Innovation Visas en el que las autoridades conceden visados a los innovadores que quieran emprender.  Son solo algunos ejemplos de las iniciativas a favor de los emprendedores que gobiernos de todo color y latitud están promoviendo. Pero este movimiento no solo afecta a las administraciones sino que ha desbordado lo público contagiando a las empresas. Un estudio reciente del Global Entrepreneurship Monitor (GEM) pone de manifiesto que una abrumadora mayoría de las grandes empresas tienen programas de fomento de intraemprendimiento. Apoyar el emprendimiento se ha convertido en una de las estrategias corporativas más habituales para adoptar el modelo de éxito de innovación de las startups, para ello han empezado a trabajar con ellas y a convertir a sus propios trabajadores en emprendedores. Telefónica en Iberoamérica o Google en todo el mundo son ejemplos de empresas que ya lo están haciendo con éxito.

No hablamos de una moda mundial sino simplemente de la constatación de un hecho, el emprendimiento estimula y genera crecimiento económico.  Frente a los que durante demasiados años sugerían que los emprendedores retardaban la actividad económica porque eran menos eficientes y estaban fuera de la actividad innovadora por falta de recursos, hoy nadie duda de los beneficios de los emprendedores. Ha hecho falta quizás la llegada a los rankings de las llamadas empresas GAFA (Google, Amazon, Facebook y Apple) y más recientemente con disruptivas startups en sectores del turismo y transporte como son  Airbnb y Uber. Pero en nuestros días es una realidad que la iniciativa emprendedora es el vehículo por el cual las ideas son implementadas. La explicación de este auge tiene su base en la globalización que ha hecho migrar la ventaja competitiva hacia actividades basadas en el conocimiento.  También los cambios tecnológicos han reducido el papel de las economías de escala, aumentado la competencia en los mercados y mejorado la capacitación de los agentes económicos lo que ha beneficiado a las nuevas empresas. Y por último, las nuevas generaciones de millennials que no están dispuestos a malgastar su vida trabajando para otros en proyectos que no les ilusionan, han encontrado en el emprendimiento su válvula de escape.

No pueden estar, por tanto equivocados los gobiernos de esos países que hemos citado u otros como Reino Unido con su programa Startup Britain o Estados Unidos que ya en los años 50 activó políticas públicas a favor del emprendimiento que hicieron posible, por ejemplo con sus préstamos blandos, que naciesen empresas como Intel o Dell. En Yucatán se está por tanto por el buen camino y con el liderazgo del Estado de Yucatán se han incorporado a este movimiento universidades como UADY y Anáhuac Mayab o la sociedad civil a través de la “red de apoyo al emprendedor de Yucatán”. Pero para que no se quede este fenómeno en una efímera  moda es preciso tener en cuenta algunas cuestiones.
Es mucha la tarea pendiente para conseguir una auténtica economía emprendedora. Para ello, son necesarios menos programas públicos de apoyo a emprendedores pero más alineados y coordinados. La política emprendedora no puede ser un elemento retórico y en cambio se necesitan programas integrales, público-privados e insistentes frente a la provisión de servicios concretos o las ayudas coyunturales. Por ello disponer de mecanismos de evaluación para conocer el retorno de las políticas y su comparación con las mejores prácticas nacionales e internacionales se hace indispensable. También hay deberes para los empresarios, ya que han de huir de polémicas al respecto de minusvalorar el término emprendedor y su reciente auge. Frente a la errónea visión de que los emprendedores son aprendices de empresarios merece la pena aprender de los territorios más dinámicos donde esa figura goza de la mayor consideración social. De hecho el uso masivo de la palabra emprendedor facilita que se rompa con los estereotipos negativos del término empresario que tanto necesita México.


El diccionario define moda como “uso o costumbre que está en boga durante algún tiempo”. No queremos eso para el emprendimiento yucateco. Pero la cuarta acepción que la Real Academia de la Lengua Española da a la palabra moda proviene de la ciencia, más concretamente de la estadística y reza así “valor que aparece con mayor frecuencia en una serie de medidas”. Y esa moda sí se necesita, que los emprendedores aparezcan con mucha mayor frecuencia en la vida económica y social de Yucatán.

Por Iñaki Ortega, doctor en economía y director de Deusto Business School en Madrid (España)