(este artículo fue publicado originalmente en el periódico El Mundo el domingo día 18 de octubre 2015, en el suplemento Mercados)
No es nueva la influencia de la matemática en nuestras vidas, de hecho un algoritmo, entendiéndolo como un conjunto de órdenes que permiten realizar una actividad mediante pasos sucesivos, es lo que hemos usado siempre para resolver problemas cotidianos apoyándonos en divisiones o multiplicaciones. El cambio reside en que internet y la disrupción tecnológica han convertido a la programación informática y las ciencias de la computación en el “patrón oro” de nuestro tiempo. El algoritmo que está detrás de Airbnb le ha convertido en la primera empresa hotelera del mundo sin tener un solo establecimiento. Uber es hoy la más importante empresa de trasporte privado del planeta por un algoritmo que funciona en los cinco continentes para moverte por las grandes ciudades. La misma situación de liderazgo que disfrutan en sus respectivos sectores empresas como Amazon o Facebook sin tener ni tiendas físicas y ni una sola línea impresa en papel.
La buena noticia es que la democratización del acceso al conocimiento y a los nuevos medios de producción está consiguiendo no solo que las empresas de los emprendedores sean las más innovadoras sino, como nos recuerda en un reciente informe la Fundación Kauffman, las únicas que crean empleo neto en Estados Unidos. Esas startups además tienen por empleados y fundadores fundamentalmente a jóvenes STEM, es decir científicos, tecnólogos, ingenieros y matemáticos. Ellas, en solitario, suponen ya más del 60% de toda la I+D privada de los Estados Unidos.
No está de más recordar estos datos precisamente ahora que la OCDE nos ha puesto colorados con la precariedad y debilidad del mercado laboral español entre los más jóvenes. Hace unos años la Universidad de Nueva York alertó de las consecuencias de caer en la brecha tecnológica. Una sociedad dual, sin apenas clase media, con trabajadores hipercualificados en ciencia y tecnología en la cúspide, frente a una base de la pirámide con trabajo precario y en riesgo de exclusión repleta de empleados legos en tecnología.
La clave para evitar esos negros augurios la encontramos, de nuevo, en un algoritmo, en la matemática que los desarrolla y sobre la que se apoyan los avances técnicos. La ciencia, que nunca debió de abandonarse, nos permite entender mejor el mundo en que nos ha tocado vivir y también garantizará el empleo que disfrutarán nuestros hijos.
Iñaki Ortega es doctor en economía, Director de Deusto Business School y profesor de la UNIR
Iñaki Ortega es doctor en economía, Director de Deusto Business School y profesor de la UNIR
De ahí la necesidad de cambiar el actual modelo educativo que, en mi opinión, es del siglo XIX por uno propio del siglo XXI (propuesta que hice al Gobierno del PSOE hace unos años). Por otro lado, en España tenemos añadido el problema del Inglés (lengua propia de las STEM), que es enseñado con metodología muy ineficiente. Con un sistema educativo eficiente podríamos acortar la diferencia con el mundo anglosajón.
ResponderEliminar