Mostrando entradas con la etiqueta ecoembes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ecoembes. Mostrar todas las entradas

viernes, 2 de junio de 2023

La fauna empresarial española

(este artículo se publicó originalmente en el diario económico La Información el día 1 de junio de 2023)

Esta semana ha sido presentado el informe que mide el emprendimiento de las grandes compañías españolas. En la Fundación Botín de Madrid se ha conocido el estado de salud de la colaboración de las corporaciones patrias con las startups. Usando una muestra de 95 compañías se ha confirmado que ha dejado de ser algo excepcional trabajar con los emprendedores, más bien al contrario, es una actividad ya presente en el 80% de las cotizadas en el IBEX 35 y en el 76% de los 50 mayores grupos empresariales. De ahí el subtítulo del informe “Elefantes y gacelas ya bailan juntos”


La metáfora de los animales fue acuñada por el investigador del MIT, David Birch, en la cual los elefantes se correspondían con compañías que cuentan con un tamaño que les procura seguridad y capacidad para conseguir ingentes recursos, aunque se ven lastradas por pesados organigramas y procedimientos. Las gacelas, por el contrario, son empresa minúsculas y recién creadas por tanto vulnerables, pero gozan de una agilidad a la hora de innovar que les permite dar grandes saltos y alcanzar velocidades inéditas para el elefante. De ahí que en 2017 se optase por “Gacelas y Elefantes bailan sin pisarse” como subtítulo del I Informe de emprendimiento corporativo en España.


En 2020 el II Informe de emprendimiento corporativo en España publicado consiguió demostrar con datos empíricos y casos reales que estas dos especies tan distintas podrían ensayar un baile sin que las gacelas -las startups- corriesen el riesgo de ser apisonadas por los 5.000 kilos del paquidermo -las multinacionales-. “Enseñando a bailar al elefante como una gacela” fue el subtítulo de ese informe precisamente porque demostrado que han empezado a danzar muchos elefantes con gacelas, urge enseñarle a perfeccionar su baile para evitar pisotones de consecuencias irreversibles. De nuevo la referencia se trajo de otro investigador, esta vez James Belasco de la Universidad de San Diego State, que en 1991 utilizó este símil en su libro “Enseñando a bailar al elefante” para enfatizar la necesidad de mantener vivo el espíritu de innovación en las grandes empresas. Las grandes compañías se comportan del mismo modo que los elefantes que raramente olvidan lo que aprendieron hace muchísimos años y esto en los asuntos de la innovación no ayuda precisamente.


El nuevo informe conocido estos días ha analizado exhaustivamente las herramientas que hacen posible la colaboración entre emprendedores y grandes empresas, además de actualizar con una nueva encuesta, la fotografía del fenómeno del emprendimiento corporativo en nuestro país. La buena noticia es que las corporaciones han "desaprendido” esa cultura paquidérmica de gran empresa para volver a sentir el ansia de innovación de una startup. De hecho, una mayoría aplastante de las grandes empresas españolas analizadas en este informe utilizan e invierten recursos en el emprendimiento corporativo para innovar y apuestan por seguir

así.


En la presentación de la investigación participaron varios directivos en representación de otras tantas buenas prácticas de empresas españolas de sectores tan diferentes como la salud, la energía, el medio ambiente, la energía o la distribución. La sorpresa fue que estos campeones nacionales no quieren ser lentos y robustos elefantes, pero tampoco rápidas y frágiles gacelas. Defendieron ser jirafas. Fuertes ya que pesan más de una tonelada, pero asombrosamente rápidas ya que en una carrera Usain Bolt no podría alcanzarlas. Y lo más importante, con un cuello tan alto que les permite otear los peligros y adelantarse a ellos. Las empresas españolas aspiran a tener sólidas bases en el territorio al mismo tiempo que la capacidad para moverse rápido cuando las circunstancias económicas lo exijan y siempre con la suficiente altura de miras para distinguir lo importante de lo accesorio. No estaría mal: muchas más organizaciones jirafas no solo en la empresa sino también en la vida pública.


 

 

Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC

miércoles, 8 de julio de 2020

Enseñar a bailar al elefante, el reto de las grandes empresas españolas


(este artículo se publicó originalmente el 1 de julio de 2020 en el diario La Información)


Una analogía entre el mundo animal y el de la innovación ha servido para titular el informe que se ha presentado en el mes de junio de 2020 sobre emprendimiento corporativo promovido por Santander Universidades con un equipo de investigadores de varios centros españoles de enseñanza superior.  “Enseñando a bailar al elefante como una gacela” pretende conseguir que las empresas “desaprendan” la cultura de rigidez propia de una gran corporación en favor de una gestión ágil y un espíritu de innovación.  

En 2017 se conoció el primer informe sobre este fenómeno del emprendimiento en las grandes empresas. En aquella ocasión se tituló “Gacelas y Elefantes bailan sin pisarse” y también contó con el impulso del CISE (Centro Internacional Santander Emprendimiento). Se usó la metáfora de los animales inspirándose en el trabajo del investigador del MIT, David Birch, en el cual los elefantes se correspondían con compañías que cuentan con un tamaño que les procura seguridad y capacidad para conseguir ingentes recursos, aunque se ven lastradas por pesados organigramas y procedimientos. Las gacelas, por el contrario, son empresas muy pequeñas, jóvenes y vulnerables, pero gozan de una agilidad a la hora de innovar que les permite dar grandes saltos y alcanzar velocidades impensables para el elefante. El reto de ese informe fue demostrar con datos empíricos y casos reales que estas dos especies tan distintas podrían ensayar un baile sin que las gacelas -las startups- corriesen el riesgo de ser apisonadas por los 5.000 kilos del paquidermo -las multinacionales-.

Ahora la nueva entrega -firmado por Deusto Business School, ICADE y la Universidad Autónoma de Madrid- analiza las herramientas que hacen posible la colaboración entre emprendedores y grandes empresas, además de actualizar con una nueva encuesta, la fotografía del fenómeno del emprendimiento corporativo en nuestro país. El título del informe alude de nuevo a los animales precisamente porque demostrado que han empezado a danzar muchos elefantes con gacelas, urge enseñarle a perfeccionar su baile para evitar pisotones de consecuencias irreversibles. De nuevo los profesores firmantes se han apoyado en otro investigador, esta vez James Belasco de la Universidad de San Diego State, que en 1991 utilizó este símil en su libro “Enseñando a bailar al elefante” para enfatizar la necesidad de mantener vivo el espíritu de innovación en las grandes empresas. Las grandes compañías se comportan del mismo modo que los elefantes que raramente olvidan lo que aprendieron hace muchísimos años. Las corporaciones tienen que olvidar una cultura de gran empresa para volver a sentir el ansia de innovación de una startup.

Por supuesto que los elefantes han empezado a bailar con gacelas, pero por desgracia son pocos los que han perfeccionado esta danza. Los sucesivos informes para España del Global Entrrepreneurship Monitor (GEM) que lleva años midiendo la evolución del emprendimiento corporativo siguen mostrando un tono bajo del fenómeno en nuestro país. Año a año, como incidió Adriana Tortajada directora de innovación de Santander Universidades España no supera la cota del 2% de personas activas realizando procesos intraemprendedores o lo que es lo mismo no crecen los empleados que activan sus capacidades emprendedoras en organizaciones que promueven nuevos productos o servicios, nuevas líneas de negocios o nuevas empresas con la finalidad de generar valor y llegar a ser más competitivas. Estos indicadores nos sitúan lejos de la media europea, que está por encima del 5%, o de EE. UU. con un 8% lo que exige ir más rápido. Para ello el informe ha estudiado seis herramientas de fomento de la innovación (corporate venture capital, partenariado público-privado a favor del emprendimiento, intraemprendimiento, aceleradora global y el crowdsourcing) así como seis buenas prácticas seleccionadas (Ferrovial, Enagás, Telefónica, Ecoembes, MAPFRE y Repsol) que servirán de inspiración para que muchos más elefantes aprendan, siguiendo los pasos de otros congéneres, a bailar como gacelas. De esa manera muchas empresas españolas podrán mejorar su capacidad de innovación.

El emprendimiento como vehículo para la innovación se ha convertido en uno de los vectores de la nueva economía. Conscientes de ello, cada vez mayor número de grandes corporaciones en todo el mundo están adoptando la forma de pensar y los modelos de negocio de las startups como palanca de competitividad. Incubadoras, aceleradoras o fondos de venture capital son algunas de las herramientas que los responsables de innovación deben conocer y saber gestionar para aprovechar las oportunidades de colaboración con startups. Al mismo tiempo, las organizaciones tienen en sus manos canalizar el talento intraemprendedor de sus empleados y aprovechar el impulso que el sector público está dando al emprendimiento.
Pero no conviene olvidar que a pesar de que el emprendimiento corporativo ha pasado en unos pocos años de ser una realidad desconocida en las grandes empresas a convertirse en uno de los ámbitos de actuación más recurrentes en cualquier plan estratégico, todavía queda mucho camino por explorar.  Ante un escenario cada vez más cambiante y competitivo, las empresas incumbentes han visto en el emprendimiento corporativo una vía relativamente sencilla para adoptar los exitosos modelos de innovación característicos de las startups, ya sea tendiendo puentes de colaboración con éstas, mediante fórmulas de innovación abierta, o promoviendo el espíritu emprendedor de sus propios trabajadores, pero la tarea no es fácil y los fracasos superan a los éxitos.
Para llegar a estas conclusiones además de las bases de datos del informe GEM, el estudio ha encuestado en el año 2019 a una muestra representativa de 58 grandes empresas, que supone más del 65% de la capitalización del IBEX 35 con una facturación conjunta de 379.000 millones de euros. Las respuestas han permitido concluir a los investigadores que el 84,5 % de las grandes empresas promueve activamente el emprendimiento corporativo (una subida de cinco puntos frente al 2017) o que el 86% de ellas fomentan la innovación abierta frente al 23% del anterior informe.
Las grandes compañías tienen una tendencia, casi genética, a comportarse del mismo modo que los elefantes, no solo por su tamaño, sino por ser entidades de costumbres que raramente olvidan lo aprendido en el pasado. Muchas enseñanzas de antaño hoy ya no sirven; pero se siguen cumpliendo a rajatabla en las organizaciones, sin asumir que la economía ha cambiado radicalmente hacia una actividad sin apenas barreras de entrada y en la que las ventajas competitivas ya no se derivan del tamaño sino de la capacidad de innovación. Cuando una empresa decide abandonar su ritmo cansino y ponerse a bailar, está aprendiendo a comportarse como un agente tan diferente como son las startups. Bailando, los elefantes empiezan, por tanto, a parecerse a las gacelas.
Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR. Ha sido el coordinador del II Informe de Emprendimiento Corporativo en España.

domingo, 15 de abril de 2018

Basuraleza y otros neologismos necesarios

(este artículo se publicón originamente el día 9 de abril de 2018 en el diario La Información en la columna semanal #serendipias)

Los neologismos son palabras nuevas o de reciente creación que se incorporan a un idioma. Aunque también se consideran neologismos aquellas palabras ya existentes pero que adquieren nuevos significados, así como las palabras procedentes de otras lenguas, los llamados préstamos léxicos. Hoy quiero escribir de los primeros.
Un ejemplo de neologismo es la voz aporofobia que fue cuñada por la filósofa española Adela Cortina en varios artículos de prensa en los que llamó la atención sobre el hecho de que solemos llamar xenofobia o racismo al rechazo a inmigrantes o refugiados, cuando en realidad esa aversión no se produce por  su condición de extranjeros, sino porque son pobres.

Este término se incorporó el año pasado al diccionario de la lengua española y también la Fundación del Español Urgente, Fundéu, la consideró, hace unos meses,  la palabra del año 2017 porque «pone nombre a una realidad, a un sentimiento que, a diferencia de otros, como la homofobia, y aun estando muy presente en nuestra sociedad, nadie había bautizado». La aporofobia, efectivamente, protagonizó la actualidad informativa de 2017, con el drama de los migrantes y la irrupción, a causa de la crisis, del empobrecimiento en extensas capas de la sociedad.
No todos los neologismos  son admitidos por la Real Academia de la Lengua (RAE), de hecho históricamente solo aquellos “necesarios”, es decir los que se referían a nuevos conceptos o realidades que antes no existían, se incorporaban al diccionario enriqueciendo así nuestra  lengua. Pero en lo últimos tiempos algunas palabras procedentes de otros idiomas que en teoría son innecesarias, porque ya existe una palabra para designar esa realidad, han pasado a formar parte de la oficialidad. La RAE ha optado por un criterio social y está aceptando los nuevos términos  si se ha extendido su uso en la sociedad. Un ejemplo es hacker por pirata informático.
Basuraleza espera su turno para ser reconocida por la RAE, como vaticinó hace unos días el escritor y académico Antonio Muñoz Molina en la presentación de su último libro en Bilbao. Para el novelista la nueva palabra es “extraordinaria” y hacía falta para sustituir el anglicismo littering con el que designa a los desechos abandonados. Basuraleza es, por tanto,  la invasión de basura abandonada por el ser humano en la naturaleza. Surge de la contracción de dos términos que por desgracia se han juntado no sólo en la nueva palabra sino en nuestra realidad: basura y naturaleza. Acuñada por dos entidades medioambientales y ecologistas como son Ecoembes y SEO/Birdlife fruto de un arduo trabajo con expertos en biodiversidad, la idea original era sencilla "generar concienciación”. Y para ello había que idear un término entendible que sustituyera a la voz inglesa littering, que designaba hasta ahora el problema y que, según el grupo de trabajo encargado de la búsqueda del nuevo término, complicaba las labores divulgativas.

Porque detrás del neologismo basuraleza hay una realidad lacerante. Como recordaba esta semana el consejero delegado de Ecoembes, Oscar Martín, en el año 2050 la población mundial rondará los 9.100 millones y en ese momento harán falta 3 planetas para tener los recursos naturales necesarios para mantener el modo de vida actual. Hace ya dos años la Cumbre de París reivindicó que el crecimiento será sostenible o simplemente no será. Solo en Europa, por ejemplo, cada año generamos 25 millones de toneladas de residuos plásticos y apenas reciclamos un 30%, el resto (17,5 millones de toneladas) va a vertedero o incineradora lo que quiere decir que estamos enterrando y quemando materias primas. Si hablamos ahora del total de residuos europeos, se generan cada año 2502 millones de toneladas y tan solo se recicla 900 millones de toneladas.

Pero si pensamos en los residuos abandonados al aire libre, en la basuraleza, diversos estudios estiman en más  1.400 especies marinas y acuáticas afectadas por este fenómeno. La incidencia es especialmente grave en la fauna y flora amenazada.  Es el caso, por ejemplo, de la tortuga boba o del oso marino ártico, ambas catalogadas en situación vulnerable. Las aves marinas, como la pardela cenicienta o la pardela balear, tampoco se escapan a la catástrofe ambiental que supone la basuraleza. Un reciente estudio calcula que el 90% de las aves marinas han ingerido plástico y que, de seguir así, el número llegará al 99% en 2050. Ya existen análisis que sugieren que el impacto de la basuraleza terrestre podría ser mayor que la de los océanos. No en vano, la mayor parte de los residuos que acaban en el océano provienen de  tierra firme.

Si pensamos que esto es un drama pero poco podemos hacer, no está de más recordar que la literatura científica apunta el negativo impacto de otros restos como las toallitas desechables o las colillas. De los casi 6 billones que se producen al año, 4,5 billones acaban formando parte de la basuraleza. Cada papel de aluminio o envase que abandonamos en la naturaleza es una fuente de contaminación potencial tan grave como las escombreras ilegales que vemos por televisión en otros continentes.
Volviendo  a los neologismos, los lingüistas sitúan su interés por la capacidad de estos nuevos términos para designar realidades palpables, pero a menudo invisibles. A las cosas hay que ponerles nombre para hacerlas visibles. Si no lo tienen, esas realidades no existen o quedan difuminadas. No se pueden defender ni denunciar. Recoger una lata del campo para llevarla a una papelera puede tener un efecto mínimo ante la catástrofe medioambiental que se nos viene encima. Escribir un artículo como este para defender el uso del neologismo basuraleza tampoco cambiará nada. Pero si todos lo hacemos, incluida la RAE, estaremos más cerca de la solución.
Para terminar les animo a que piensan en situaciones de estos días que les indignan y cuál sería la nueva palabra que mejor las resumiría. A los problemas, como decíamos, hay que ponerles nombre y apellidos para arreglarlos.


jueves, 16 de marzo de 2017

La empresa humanista

(este artículo fue publicado originalmente el día 16 de marzo de 2017 en el diario El Correo)

Las dos palabras que titulan este artículo han llegado a ser consideradas como un oxímoron. El fin último del humanismo, el bienestar del ser humano, ha estado muy lejos del comportamiento de algunos casos judiciales que nos vienen a la cabeza, lo que convirtió en antagónicas esas palabras. Pero si repasamos la obra de un humanista como Alfred Marshall autor en 1890 del que se considera el primer manual de economía, veremos que esas malas praxis empresariales son la excepción que confirma la regla. Para Marshall la economía de mercado conseguía maximizar el bienestar siempre que se cumpliesen fielmente algunas condiciones como disponer de muchos demandantes y oferentes, igualdad de información de esos agentes y la no existencia de barreras de entrada y salida a los mercados. En caso de que no se observen sabemos, por desgracia, lo que puede ocurrir.

Los economistas han investigado profusamente las consecuencias de la actividad empresarial, por ello hoy no hay duda de que las empresas son las responsables de la creación de empleo, la riqueza, la competitividad, la innovación y hasta la cohesión social. Estas externalidades positivas que tanto bien han causado a la humanidad, sin embargo hoy se enfrentan a un mundo donde los problemas crecen a mayor rapidez que las soluciones. El terrorismo, la pobreza o la exclusión social nos lo recuerdan a diario. 

Pero la buena noticia es que hoy disfrutamos de un auge de las llamadas empresas humanistas. El surgimiento del cuarto sector y la llamada revolución de emprendimiento lo están haciendo posible. Pero esto solamente podría haber sucedido en un momento histórico en el que han coincidido dos hechos muy relevantes. En primer lugar la mayor crisis económica de los últimos 75 años y en segundo término la disrupción de la tecnología que ha popularizado el acceso a herramientas maduras que facilitan la desaparición de barreras de entradas a la mayoría de los mercados. 

El cuarto sector, aquellos agentes económicos que no son públicos, ni empresas privadas al uso, pero tampoco ONG, son empresas que buscan conciliar sus fines sociales con la disciplina mercantil. Desde que en los años 60, Bill Drayton fundador de Ashoka, hablase de los emprendedores sociales son muchas las empresas que han puesto en práctica ese nuevo humanismo empresarial. La ONCE o Ecoembes pero también el grupo Mondragón en el País Vasco o la marca de alimentación La Fageda en Cataluña, entre muchos otros, han demostrado que se puede ayudar a colectivos en riesgo de exclusión, cuidar el medio ambiente o promover el desarrollo del territorio siendo competitivo.

La revolución de las startups basada en la resolución de viejos problemas con innovadoras soluciones apoyadas en la tecnología ha conseguido no sólo democratizar el acceso al mundo de la empresa y atraer el mejor talento al emprendimiento sino, lo que es más importante, conseguir un consenso político al respecto de esta figura y su apoyo por las instituciones públicas. 

Por todo lo anterior es muy probable que la próxima vez que alguien junte los vocablos empresa y humanismo ya no recurra a un recurso literario como el oxímoron para definir esa unión, sino a las ciencias naturales y aquel fenómeno mediante el cual dos especies se necesitan para sobrevivir, también conocido como simbiosis.


Iñaki Ortega y Jordi Albareda son profesores de Deusto Business School