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domingo, 21 de mayo de 2023

La Gran Campaña

(este artículo se publicó originalmente el día 15 de mayo en el periódico 20 Minutos)


Ya ha empezado oficialmente la campaña electoral para las elecciones del 28 de mayo. Pero tú y yo sabemos que desde enero estamos en una campaña que durará hasta las generales de diciembre. Serán doce meses en los que el consejo de ministros y el parlamento se transformarán en mítines. Los anuncios electoralistas “okuparán” la gestión de los asuntos públicos, sea en el ámbito local o en el supranacional. Nada quedará libre de ser “manchado” por la obsesión por los votos. Será recordado este año 2023 como el de La Gran Campaña.

Antes de que empecemos a lamentarnos por ello, conviene elevar la mirada y encontrar alguna utilidad de la hipersensibilidad que los políticos van a tener este año. No quedará causa justa sin propuesta electoral, ni drama sin ser escuchado y mencionado en las intervenciones de los líderes. Una inmejorable oportunidad para convertirnos en los mejores lobistas de nuestras cuitas.

Los agricultores con la sequía están consiguiendo que sus demandas estén en el prime time pero también en los programas electorales. Los obreros de Ford en Valencia han logrado prejubilarse con 53 años y así la multinacional y el gobierno de turno podrán seguir con sus planes. Las víctimas del terrorismo han arrancado un rechazo mayoritario -inédito desde los años de plomo- a la inclusión de etarras en listas electorales. Los jueces con una incómoda huelga han visto milagrosamente un plan de inversiones en los juzgados promovido por el gobierno. Los jóvenes un descuento para viajar en interrail este verano. Todos, unas necesarias ayudas para la subida de las hipotecas fruto del encarecimiento de los tipos de interés europeos.

No quiero enfadarte con esta lista, sino lo contrario. Piensa que quizás detrás de estos anuncios hay una buena acción de influencia de algunos sectores. Los gobiernos en este año de La Gran Campaña recibirán a todo el mundo y atenderán muchas reclamaciones. Serán receptivos como nunca. No habrá llamada sin respuesta, reunión sin celebrar o movilización sin ser escuchada.  Es hora de aprovecharlo.

Un urólogo de más de 80 años ha conseguido que la todopoderosa ministra Nadia Calviño le reciba dos veces con su petición en internet “Soy mayor, pero no idiota"

Cerca de mi casa, el ayuntamiento decidió instalar unos cantones de limpieza. Son unas instalaciones destinadas a guardar los vehículos de la basura. Pero en la época de La Gran Campaña todo es susceptible de cambiar. Cuando empezaron los primeros movimientos de tierras, un vecino pintó una sábana blanca con la leyenda “No, al cantón” e inició un increíble movimiento que ha teñido de pancartas muchos barrios de mi ciudad hasta que el consistorio, temeroso del impacto en votos, ha anulado el plan de estas infraestructuras.

Toma nota de este nuevo lobismo que no va de oligarcas ni de poderosos sectores económicos. Simplemente muchos ciudadanos han decidido en esta temporada  sacar rédito al poder que las redes sociales les han otorgado. Date prisa que el tiempo pasa volando y se acabarán las elecciones.


Iñaki Ortega es doctor en economía y profesor en UNIR y LLYC

jueves, 31 de octubre de 2019

Polizones en la economía (y en la política)

(este artículo se publicó originalmente el 28 de octubre de 2019 en el diario La Información)

En economía se usa el término free rider para referirse a aquellos consumidores de determinados bienes y servicios que se benefician de su disfrute sin pagar contraprestación alguna. Generalmente pasa con lo que los economistas llamamos bienes públicos, es decir bienes provistos por el Estado cuyo consumo es indivisible y que puede ser consumidos por todos los miembros de una comunidad sin excluir a ninguno, el alumbrado de las calles o los parques son los típicos ejemplos que explicamos los profesores en clase de macroeconomía.

En español, al referirnos a estos consumidores, hablamos de parásitos o, en una traducción más informal, como gorrones.  Estos personajes han superado lo económico para introducirse en disciplinas como la psicología o la política con el llamado «problema del polizón». Surge cuando una persona trata de recibir un beneficio por utilizar algo sin pagar por ello. El gasto militar o la defensa sindical son paradigmáticos de lo anterior. Ninguna persona puede ser excluida de ser defendida por el Ejército de un país, y por ello siempre hay gente que se niega a ser corresponsable de ese gasto aunque finalmente disfrute de la Defensa en caso de una supuesta invasión. La solución política han sido los impuestos y en algunos países el servicio militar obligatorio. En el caso de los sindicatos, un polizón es un empleado que no paga cuota sindical, pero que sin embargo recibe los mismos beneficios conseguidos por la representación sindical para sus asociados que sí abonan su cuota. Por ello los sindicatos gozan de financiación pública para evitar depender en exclusiva de las cuotas de sus, cada vez más escasos, afiliados.

Un ejemplo más reciente de estos free riders lo encontramos en el auge del comercio electrónico. Las grandes cadenas de supermercados se esfuerzan ofreciendo una gran oferta de productos que los consumidores pueden tocar, ver y hasta probar en multitud de puntos de venta a lo largo y ancho de la geografía. Esto implica un gasto muy importante para esas empresas que incluye la contratación de vendedores. Pero hoy el auge de los compradores polizones hace que sean utilizadas estas tiendas como meros probadores para finalmente comprar, mas barato, en internet. Los nuevos compradores online se aprovechan vilmente del esfuerzo de esas grandes superficies. 

Estas semanas me he acordado de nuestros amigos los free riders escuchando a los políticos, en precampaña electoral, sus diferentes propuestas económicas. A pesar de que no existe  indicador o informe alguno que deje de alertar sobre la inminencia de una recesión, la mayoría de las propuestas inciden en gastar como si no hubiera un mañana. Pero, eso sí, con la tranquilidad de que Europa nos ayudará si hay problemas para evitar que nuestra economía, sistémica, arrastre al resto de los socios de la Unión. Ademas los pocos partidos responsables con sus medidas económicas ya que son conscientes de la gravedad de la situación, saben que el electorado no les premiará con su voto siendo pacatos. Pero, y esto es peor, les dará la confianza solamente cuando la situación de la economía se torne crítica, para volver a sacar al país de la crisis. 

Pero también veo free riders con motivo de la tensa situación en Cataluña. En las mismas localidades empapeladas con lazos amarillos que reclaman la salida de "las fuerzas de ocupación", si las circunstancias lo requieren como un grave incendio, unos montañeros despeñados o una terrible inundación, no se hace ascos a la ayuda de la Guardia Civil o el ejército. Por no hablar de esos comerciantes y vecinos de la Vía Laietana barcelonesa que financian las movilizaciones independentistas pero se benefician de la seguridad en la zona que otorga la presencia policial. 

La política económica resolvió el problema, como hemos visto, de los consumidores parásitos, vía impuestos o subvenciones. Pero es mucho pedir que las urnas castiguen a aquellas fuerzas políticas que se benefician de los esfuerzos de los demás. Otra opción sería un repentino ataque de sentido común de esos "gorrones" que a pesar de sus posiciones antiespañolas disfrutan de unas fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado (en las que incluyo a los Mossos y a la Ertzaintza) sin los cuales ni sus ideas secesionistas, podrían defenderse. Difícil pero no imposible.

Inaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR