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domingo, 21 de mayo de 2023

La Gran Campaña

(este artículo se publicó originalmente el día 15 de mayo en el periódico 20 Minutos)


Ya ha empezado oficialmente la campaña electoral para las elecciones del 28 de mayo. Pero tú y yo sabemos que desde enero estamos en una campaña que durará hasta las generales de diciembre. Serán doce meses en los que el consejo de ministros y el parlamento se transformarán en mítines. Los anuncios electoralistas “okuparán” la gestión de los asuntos públicos, sea en el ámbito local o en el supranacional. Nada quedará libre de ser “manchado” por la obsesión por los votos. Será recordado este año 2023 como el de La Gran Campaña.

Antes de que empecemos a lamentarnos por ello, conviene elevar la mirada y encontrar alguna utilidad de la hipersensibilidad que los políticos van a tener este año. No quedará causa justa sin propuesta electoral, ni drama sin ser escuchado y mencionado en las intervenciones de los líderes. Una inmejorable oportunidad para convertirnos en los mejores lobistas de nuestras cuitas.

Los agricultores con la sequía están consiguiendo que sus demandas estén en el prime time pero también en los programas electorales. Los obreros de Ford en Valencia han logrado prejubilarse con 53 años y así la multinacional y el gobierno de turno podrán seguir con sus planes. Las víctimas del terrorismo han arrancado un rechazo mayoritario -inédito desde los años de plomo- a la inclusión de etarras en listas electorales. Los jueces con una incómoda huelga han visto milagrosamente un plan de inversiones en los juzgados promovido por el gobierno. Los jóvenes un descuento para viajar en interrail este verano. Todos, unas necesarias ayudas para la subida de las hipotecas fruto del encarecimiento de los tipos de interés europeos.

No quiero enfadarte con esta lista, sino lo contrario. Piensa que quizás detrás de estos anuncios hay una buena acción de influencia de algunos sectores. Los gobiernos en este año de La Gran Campaña recibirán a todo el mundo y atenderán muchas reclamaciones. Serán receptivos como nunca. No habrá llamada sin respuesta, reunión sin celebrar o movilización sin ser escuchada.  Es hora de aprovecharlo.

Un urólogo de más de 80 años ha conseguido que la todopoderosa ministra Nadia Calviño le reciba dos veces con su petición en internet “Soy mayor, pero no idiota"

Cerca de mi casa, el ayuntamiento decidió instalar unos cantones de limpieza. Son unas instalaciones destinadas a guardar los vehículos de la basura. Pero en la época de La Gran Campaña todo es susceptible de cambiar. Cuando empezaron los primeros movimientos de tierras, un vecino pintó una sábana blanca con la leyenda “No, al cantón” e inició un increíble movimiento que ha teñido de pancartas muchos barrios de mi ciudad hasta que el consistorio, temeroso del impacto en votos, ha anulado el plan de estas infraestructuras.

Toma nota de este nuevo lobismo que no va de oligarcas ni de poderosos sectores económicos. Simplemente muchos ciudadanos han decidido en esta temporada  sacar rédito al poder que las redes sociales les han otorgado. Date prisa que el tiempo pasa volando y se acabarán las elecciones.


Iñaki Ortega es doctor en economía y profesor en UNIR y LLYC

lunes, 11 de julio de 2022

Aquellos días de julio

(este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 Minutos el 10 de julio de 2022)


Fueron seis jornadas de julio, pero yo las sentí como un único día interminable. No quiero ni pensar cómo serían para ti, Miguel Ángel. Han pasado 25 años y los recuerdos siguen muy vivos. Era un jueves nublado, como siempre en nuestra tierra, y fuiste abordado por tres terroristas en la estación de Éibar. Todos los días, a la misma hora, cogías ese tren desde Ermua para ir a trabajar. Maldita rutina. La policía nos lo había advertido mil veces, pero cómo narices dejas de ir a comer a casa o te mueves por la zona sino tienes coche. Tres etarras, el 10 de julio te metieron a punta de pistola en un maletero y te encerraron maniatado en un agujero perdido del monte, esos mismos pasajes que tanto nos gusta recorrer a los vascos. El martirio de un chico de 29 años de apellidos Blanco Garrido, había comenzado. Su delito ser concejal del Partido Popular en su pueblo. Su condena firmada por miserables chivatos, quizás una vecina o un tabernero, que le conocían bien e informaron a ETA de sus hábitos. La orden de ejecución dictada desde la comodidad de un jardín en Biarritz. Un poco antes de las 7 de la tarde, España se enteró de que los terroristas habían comunicado que o en 48 horas el Gobierno acercaba a todos los presos etarras a las cárceles del País Vasco o te matarían.

En la cabeza todos teníamos la imagen, unos pocos días antes, de Ortega Lara saliendo de su cautiverio como un reo de los campos de concentración nazis. Míguel, como te llamaban en casa, también la tenías en tu retina. La noticia de la amenaza terrorista corrió como la pólvora y yo me fui de Vitoria a Bilbao porque las juventudes de todos los partidos políticos pedimos tu inmediata liberación. Todos, menos los de siempre, entonces Herri Batasuna hoy Bildu, en eso no ha cambiado mucho el País Vasco. Llegó la noche y mientras me iba a Ermua, qué pasaría por tu cabeza. Seguro que no sabías lo del plazo de los dos días y la angustia se habría apoderado de tu cuerpo pensando en un cautiverio tan largo como el del funcionario de prisiones.

Nunca había estado en Ermua hasta esa noche de julio. Me impresionó un pueblo construido en una ladera del monte, literal. Casas de obreros con muchos pisos (como la tuya) y un ayuntamiento en un palacio que mira a una Iglesia parroquial. En el salón de plenos, todo de madera, un vigoroso alcalde, Carlos Totorica, nos enseñó tu escaño (y hasta la historia del Palacio de Valdespina), nos dio las llaves del edificio para dormir donde quisiéramos y se despidió. Nos quedamos unos pocos aprendices de políticos pasando la noche en vela, precisamente en el lugar donde tú sí ejerciste como tal y eso te costó la vida.

Quiero pensar que agotado por el pánico pudieses dormir algo esa noche. Pero tienes que saber que ninguno de tus vecinos durmió. De manera espontanea unos chavales pusieron una vela en la plaza de tu pueblo, tu familia llegó y todo el mundo salió de sus casas con cirios para turnarse y así no dejarles solos durante toda la noche. Miles de velas. Todos anónimos, todos solidarios, nadie por encima de nadie. Creo que jamás viviré algo así por muchos años que viva.  

El día 11 amaneció plomizo y Ermua teñida de sábanas blancas en todos los balcones. La manifestación por las calles que habías pateado tanto, te hubiera conmovido. Juanma Moreno vino desde Málaga con Sandra Moneo. Pero comenzó una tormenta que descargó tanta lluvia que seguro que la sentiste en tu encierro. Te dolería todo el cuerpo y recordarías las palabras que le dijiste a tu hermana Marimar unos días antes “antes me muero que estar 500 días encerrado en un zulo”. El reloj, sin tu saberlo seguía corriendo, y no se pararía -como quizás pensaste al cabo de 500 días- sino en menos de 24 horas. De todo el mundo llegaron mensajes para presionar a ETA, desde el Papa a todos los mandatarios que mereciesen tal nombre. Jaime Mayor y José María Aznar, puedes estar tranquilo que cuidaron a tu familia, así como Carlos Iturgaiz.

El fatídico día 12 de julio llegó y con él, un sol de justicia. Esos raros sábados del País Vasco en el que no se ve una nube y el verano parece que de verdad existe. Manifestaciones convocadas en toda España, pero la más importante en Bilbao. 40 grados y no cabía un alma en la calle, la mayoría con la esperanza de que llegasen las 4 de la tarde y ETA no cumpliese su amenaza. ¿Una mayoría? No. Algunos como Arnaldo Otegui, el líder de Bildu se jactó de estar a esa hora disfrutando de un día de playa. Tú en el patíbulo, el batasuno bañándose en el mar Cantábrico. Cualquier español recuerda dónde estaba el día 12 de julio, ojalá que nadie olvide jamás dónde estaba el actual socio del gobierno de España.

Mientras la manifestación se disolvía, nosotros nos fuimos a esperar noticias a la sede del partido de la Gran Vía -que tanto te gustaba visitar-. En ese momento, te metieron en un coche, desazonado de tanto llorar no te diste cuenta de los baches del camino hasta que Mujika te sacó a gritos y te tiró por un terraplén, Txapote sacó su pistola y sentiste un golpe, el suelo estaba húmedo, luego otro disparo te hizo perder el conocimiento. Amaia les esperaba con el coche en marcha mientras tú te desangrabas.

Las noticias llegaron a las 6 de la tarde. La policía vasca anunció que un joven con varias heridas de bala había sido hallado en Lasarte. Los alaridos llegaron al inmueble donde tus compañeros habíamos rezado por tu salvación. Pero alguien dijo “está vivo, camino de la clínica Nuestra Señora de Aránzazu”. Tus padres se fueron corriendo y llegaron a San Sebastián y pudieron abrazarte. Estoy seguro de que sentiste la mano de tu madre, entre tantos tubos y aparatos, antes de morir.

Al mismo tiempo, los llantos invadieron las calles de media España y en Ermua ese dolor se convirtió en rabia contra los que brindaron por tu muerte. Encerrados en sus bares, solo la policía les salvó de morir linchados. Era ya el día 13 de julio y pude volver a casa después de velar tu capilla ardiente junto a tus seres queridos. Cuando entré en casa, mi padre era Miguel y mi madre era Chelo, sentí como si tus padres fuesen los míos. En la cara de Begoña, mi madre, sentí que veinte años le habían caído encima. Todavía les quedaba, como a muchas familias de mis compañeros, años de sufrimiento. Las manifestaciones volvieron a tomar las calles el día 14 de julio y en Vitoria las carreras, por primera vez, no eran de los radicales sino de chicos normales persiguiendo a los que gritaban ¡Gora ETA! Un cordón de la Ertzaintza tuvo que proteger la Herriko Taberna y los policías vascos se quitaron el verduguillo, porque ellos ya no tenían por qué ocultarse. Nació El Espíritu de Ermua.

El día 15 fue tu funeral y a pesar de los miles de personas que asistieron, te gustará saberlo, una cabeza sobresalía en la Iglesia y subiendo al cementerio. Felipe VI, entonces Príncipe de Asturias, demostró como luego lo ha hecho en su reinado que en los momentos claves de la historia de España, nunca falla a su pueblo. Al sexto día sentimos los españoles que el final de ETA estaba ya muy cerca. Miguel Ángel no lo viviste, pero fue gracias a ti, por eso nunca te olvidaremos. Porque el día que nadie sepa quién eres y lo que víctimas del terrorismo, como tú, disteis por nuestro país, ese día España estará herida de muerte. Y algunos volverán a irse a la playa a celebrarlo.

Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC. En 1997 era presidente de las Nuevas Generaciones del PP en el País Vasco

lunes, 2 de mayo de 2022

El primo turco de Feijóo

(este artículo se publicó originalmente en el diario La Información el día de 28 abril de 2022)


Aunque no lo sepa, Feijóo tiene un primo turco.  O si no es primo, por lo menos tienen mucho en común a la luz del plan económico presentado por el gallego a Pedro Sánchez.

Alberto Núñez Feijóo nació en los años 60 en Orense, Daron Acemoğlu en esa misma década en Estambul. Uno se fue a estudiar derecho a Santiago de Compostela; el otro, economía a Londres. Al terminar, Alberto obtuvo una plaza de funcionario público en Galicia y Daron, una de profesor titular en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).  Núñez Feijóo rápidamente ascendió en la administración y Acemoğlu igualmente hasta llegar a ser catedrático en el MIT. Pero lo que les une, y lo desconocen, es que sus trayectorias han estado guiadas por la defensa de las instituciones y de la institucionalidad. Uno desde la praxis política y el otro desde la teoría académica,

Comencemos por recordar los dos conceptos. Instituciones son aquellos organizaciones que desempeñan una función de interés público. La institucionalidad es una escuela de pensamiento en la economía que defiende que las reglas del juego en una sociedad las marcan las instituciones y en función de ellas la economía prospera. Hace dos siglos John Stuart Mill dejó escrito que “las sociedades son económicamente exitosas cuando tienen buenas instituciones económicas y son estas instituciones las que causan la prosperidad”. Esas palancas de desarrollo, para este consenso académico, son la estructura de derechos de propiedad y la existencia de mercados competitivos.

Acemoğlu ha dedicado toda su vida universitaria a demostrar que la institucionalidad económica explica fuertemente las diferencias existentes en el crecimiento y el desarrollo entre países. En 2012 junto al profesor James A. Robinson publicaron el célebre libro “Por qué fracasan los países: Los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza”. Los autores analizaron numerosos aspectos de la economía, la sociología o la política para encontrar los motivos que llevan a unos lugares a prosperar frente a otros. La tesis del libro es que son las instituciones de un territorio las que lo van a hacer prosperar. Es decir, la forma en que las sociedades se organizan. Si por ejemplo son respetuosas con la propiedad privada, garantizan una separación de poderes efectiva o posibilitan el correcto funcionamiento de una economía de libre mercado, habrá una buena calidad de vida. Para Acemoğlu la clave de la prosperidad de los paises no reside en qué lugar del planeta está situado. La clave es si disfruta de instituciones inclusivas, es decir leyes, empresas, gobiernos que promueven la igualdad de oportunidades con incentivos, inversión e innovación y un ecosistema en el que la mayoría de los ciudadanos puede desarrollar su talento. En cambio, fracasan cuando las instituciones son extractivas o lo que es lo mismo buscan que todo siga igual. Corrupción, burocracia, opacidad, mal sistema judicial, ineficiencia en la gestión del gobierno, inexistentes políticas de libre competencia o pésimos manejos presupuestarios definen esas no deseables instituciones.

No es fácil construir una buena institucionalidad económica pero el “Plan de medidas urgentes y extraordinarias en defensa de las familias y la economía de España” presentado por Núñez Feijoo, va en esa dirección. Es inclusivo porque huye de las siglas políticas para que otras sensibilidades políticas puedan incorporarse. Además, establece una batería de medidas como rebajas fiscales y ayudas directas para la igualdad de oportunidades al centrarse en la parte de la población con menores ingresos. Busca reducir el gasto burocrático y las partidas superfluas del presupuesto público. Reduce ministerios y apuesta por la evaluación ex ante del gasto público Promueve la transparencia y el reforzamiento de órganos independientes de control como la AIREF. En cuanto a los fondos Next Generation, siguiendo el caso francés e italiano, defiende que se usen para reducir la carga fiscal que impacte en los más necesitados. Al mismo tiempo busca que el Mecanismo de Recuperación y Resiliencia se convierta en una herramienta de cohesión para que no solo se beneficien las grandes corporaciones y las administraciones sino también las pymes y autónomos.

Que el plan sea institucionalista no es garantía de infalibilidad debido a la diabólica situación de cuasi estanflación a la que vamos abocados, con los precios desbocados y el crecimiento bajo mínimos. Tocar una tecla para aliviar a los sectores más perjudicados por la pandemia y la guerra, como el turismo o la industria, puede alimentar la escalada del IPC. No es fácil. Pero nadie puede negar que el presidente gallego y el economista turco en esto de las instituciones están muy alineados.

Acemoğlu, aunque a estas alturas del artículo ya sepamos que no es primo de Núñez Feijóo, alerta también de esas dinámicas de cambio que hacen que todo salte por los aires en algunos momentos críticos.  Así, afirma que el "batir de las alas de una mariposa" causada por una suave "deriva institucional" pueden dar lugar a grandes consecuencias -para bien o para mal- cuando el territorio se ve afectado por una "coyuntura crítica" (como por ejemplo la crisis que vivimos acelerada por la invasión de Ucrania). España no ha recuperado -según el FMI- los niveles previos a la pandemia y la oportunidad/amenaza reside en que una gran parte de la fuerza de trabajo y la economía se transforme. En la mano de las instituciones españolas, de Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijoo también, está elegir esa "deriva institucional", el camino para tener un mejor país dentro de unos años. Los acuerdos y la cercanía a Europa lo pueden hacer posible.

Iñaki Ortega es doctor en economía en la Universidad de Internet UNIR y LLYC


martes, 5 de abril de 2022

España tiene fiebre

(este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 Minutos el día 4 de abril de 2022)





Lo sabemos porque todos hemos tenido fiebre alguna vez. No es una enfermedad, pero sí el síntoma de que algo no va bien en tu organismo. Generalmente una infección o incluso algo más grave contra lo que lucha el cuerpo. Los médicos nos dicen que al aumentar la temperatura el sistema inmunitario funciona mejor, a los virus y bacterias no les gusta ese calor. Y también el dolor de cabeza y la sensación de cansancio de la febrícula contribuyen a que permanezcamos en reposo y se dediquen esas energías ahorradas a luchar contra la enfermedad.

Esta semana hemos conocido que en España la inflación ha alcanzado el 9,8%, o lo que es lo mismo el IPC, el índice que mide lo que suben los precios de la cesta de la compra, ha subido en el mes de marzo hasta alcanzar casi diez puntos en el acumulado, el más alto en cuarenta años. Con este guarismo han saltado todas las alarmas, los precios de la energía y alimentos se han disparado. La escalada de precios se ha colado en todos los sectores y agentes de la economía española, ya que devalúa los ahorros, reduce el consumo privado, eleva los costes industriales y hace menos competitivos nuestros productos. Los cierres y despidos son cuestión de tiempo.

Los humanos mantenemos la temperatura constante gracias al hipotálamo, localizado en una parte del cerebro que funciona como un termostato. Cuando algo sucede, ese organo mandata la fiebre y se pone en marcha este proceso corporal para luchar contra la infección. La farmacología ha diseñado medicinas para bajar esa fiebre, pero de nada sirven los antitérmicos si la enfermedad sigue y es entonces cuando hay que probar soluciones más radicales como los antibióticos.

En la economía el surgimiento de una elevada inflación puede estar causado por factores exógenos puntuales, como alguien puede pensar que sucede ahora con la invasión rusa de Ucrania. Pero si antes de la guerra estábamos ya en un 7% y además a países con estructuras similares a la nuestra no les ha afectado igual la contienda, está claro que esto no es sólo un catarro estacional, sino que padecemos algo más grave. Hasta ahora el hipotálamo de la economía española podía actuar con la política fiscal (los impuestos) y con la monetaria (los tipos de interés), pero ahora eso depende de Europa. Y parece que no están dispuestos a un nuevo rescate de la economía patria sin que se acometan las reformas necesarias.

El gobierno español quiere, vencer esta fiebre solo con analgésicos como subvencionar la gasolina, prohibir las subidas de alquileres o presionar a las eléctricas y esperar que pase el tiempo. Sin embargo, los principales indicadores son implacables y todas las previsiones son más paro y menos crecimiento.

Urge huir de la pildorita mágica y poner de acuerdo al país con el gobierno, empresarios y sindicatos en un tratamiento que nos haga ser más competitivos. Reformas para una mejor educación, menos trabas a la actividad, más ayudas solo para quien de verdad las necesite, más corresponsabilidad…en definitiva más mérito y capacidad pueden ser nuestro antibiótico.

 

 

 

Iñaki Ortega es doctor en economía en La Universidad de Internet UNIR y LLYC


sábado, 18 de abril de 2020

Otro día de perros

(este artículo se publicó originalmente el día 15 de abril de 2020 en el periódico La Información)

Al parecer la expresión «hace un día de perros» que usamos cuando el tiempo es malísimo, tiene su origen en una estrella de la constelación canis. En la época del año en la que se veía esa estrella comenzaba el calor o lo que entonces se llamaba canícula. Eso fue hace miles de años y con el paso de los siglos un tiempo de canícula pasó a ser un tiempo de canes o lo que es lo mismo de perros. A su vez de calor extremo se pasó a condiciones atmosféricas extremas: frío, tormentas o calor africano. Te cuento todo esto porque tras cinco semanas de confinamiento la expresión va a tener que volver ampliar a su significado. Me explico. Un día de perros no será sólo un día de mal tiempo, sino un día malo para todos los que no tienen perro

Después de más de un mes de encierro por el coronavirus, hoy volverá a ser un día de perros. Si eres perro no existen restricciones a tu movilidad, si eres dueño de un perro puedes salir a la calle, si tienes can en casa no hay problema alguno en abandonar tu hogar varias veces al día. Pero si tienes un hijo menor de edad nada de salir. Si hoy eres un niño en España no puedes correr al aire libre ni estirar las piernas fuera de tu domicilio. Eso es sólo para perros.

Igual no extraña que alguno tomará esta decisión a la luz de estos datos. En España según el INE hay algo menos de siete millones de niños menores de 14 años frente a más de trece millones de mascotas. De hecho, hasta que llegó la pandemia en Madrid, Valencia o Bilbao había el doble de posibilidades de cruzarse por la calle con un perro que con unos padres con un bebé. Exactamente en Madrid 270.000 perros frente a 140.000 niños menores de cuatro años. Hoy las probabilidades en cualquier ciudad española son del cien por cien de salir a la calle y encontrarte con un can y de cero por cien de tropezar con un niño. 

Seguro que tampoco le extrañó al que tomó la decisión que los padres aceptarán abnegados en el primer decreto del Estado de alarma la excepción de los perros. Pero llegará el día en el que ese responsable tendrá que explicar por qué es mejor que las mascotas pisen la calle que los niños. Los perros no van al baño como los niños podría ser un argumento. O que los niños contagian el virus y los animales no. Pero acaso tener un niño cinco semanas en casa sin que le de el sol o pueda corretear no es tan peligroso como dejar a esas mascotas sin salir. ¿Es peor un perro ensuciando una casa o un niño enriqueciéndose? ¿Tienen más derecho los dueños de mascotas que los sufridores padres que tras 30 días en casa ya no saben qué hacer con sus hijos? ¿Nadie pensó que los padres podían garantizar en las salidas de sus hijos las medidas de protección? ¿o es que los que pasean perros no contagian a nadie y sí los que pasean a sus hijos?

El BOE vuelve a anunciarnos más días de perros. Otras dos semanas en las que millones de niños españoles no podrán salir de casa. De nuevo las familias cumplirán la ley a pesar de la discriminación que supone. La pandemia pasará y los mismos que no han pensado en la salud de estos niños dejándolos encerrados en sus casas, no tengo duda que se atreverán a defender en sus discursos a la infancia. Pero muchos padres ya no se quedarán impávidos como con el primer estado de alarma y entonces actuarán.

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR    

jueves, 2 de abril de 2020

La empresa en los tiempos del coronavirus

(este artículo se publicó originalmente el día 31 de marzo de 2020 en el periódico El Economista)


Una novela dedicada al verdadero amor. Así se ha definido el libro de García Márquez “El amor en los tiempos del cólera”. Un hombre espera cincuenta años para recuperar a su amada, todo ello ambientado en un lugar devastado por la epidemia del cólera. ¿Cómo era posible amar en ese momento histórico? ¿Cómo es posible hoy pensar en otra cosa que no sea la emergencia sanitaria? La respuesta a ambas cuestiones es la misma: se puede y se debe.

La crisis del covid-19 ha paralizado el mundo y de repente las prioridades son otras. Lo importante es no morir, no hacer que nadie muera, no contagiar ni contagiarse. Por eso el estado de alarma, el confinamiento y el cierre de una gran mayoría de los comercios de cara al público. En principio el sector educativo, luego la restauración y los minoristas para posteriormente en cascada ir parando prácticamente todas las industrias. Las consecuencias se sufrieron inmediatamente en los mercados financieros y por tanto en la valoración de las empresas cotizadas. En la misma semana llegaron los primeros despidos que hoy colapsan las oficinas estatales de empleo. En breve el pulmón de las empresas más frágiles se acabará y comenzarán los concursos de acreedores y los cierres patronales, porque prohibir despidos o los permisos retribuidos no pararán la hemorragia. Todo con un abrumador y cada día más frágil consenso en que las duras medidas de aislamiento son las necesarias para frenar la pandemia y evitar más muertes. La economía, como miles de españoles, en la UCI. Pero el pulso de nuestra economía sigue latiendo gracias al teletrabajo y la necesidad de seguir abasteciendo a los millones de encerrados. Hasta aquí nada nuevo. Quizás para algunos sí lo sea que empresas españolas de toda tamaño y sector han reconvertido su actividad para fabricar mascarillas o respiradores. Igualmente que emprendedores se están movilizando de manera altruista bien para digitalizar pymes que sino cerrarán, bien para dar herramientas de big data a los hospitales. Grandes corporaciones de capital español están usando sus redes logísticas y capacidad financiera para, sin pedir nada a cambio, ayudar al sistema sanitario. Directivos dedican estos días todo su tiempo a movilizar recursos para salvar empresas con herramientas financieras de impacto social.
Pero desde este fin de semana nos encontramos en una nueva encrucijada: parar definitivamente la economía endureciendo el confinamiento o permitir que la actividad económica siga bajo mínimos. Los que defienden la primera opción, la hibernación, quieren evitar contagios causados por las personas que siguen trabajando pero quizás no tienen en cuenta que gracias a muchos de esos trabajadores ninguna localidad y ningún español ha estado desabastecido o ha dejado de disfrutar servicios de energía, agua o telecomunicaciones. Igual tampoco han reparado en que este débil pulso de la actividad empresarial está permitiendo que millones de españoles sigan con empleo aunque sea en remoto. Tal vez no son conscientes de que se ha levantado toda una ola de solidaridad liderada por empresas que también sufren. 

Antes de que nos demos cuenta la Semana Santa habrá pasado y el elefante seguirá en la habitación y tendremos que responder a la gran pregunta ¿seguir o no seguir con la economía parada? Somos muchos los que pensamos que tomar el camino del cierre total es llevar la economía a un coma inducido que en medicina es siempre la última opción para un enfermo por el riesgo de irreversibilidad.

Gabriel García Márquez consiguió hacer creíble en plena epidemia del cólera una historia sobre el verdadero amor que dio lugar a su premiada novela. Hoy, a pesar de lo que piensen algunos ministros una gran mayoría de empresas están mostrando la verdadera cara de la actividad económica. Empresarios y trabajadores que cuidan de sus familias la vez que trabajan, aunque nadie se lo pida. Cientos de miles de autónomos que seguirán pagando sus cotizaciones a pesar de no tener ingreso alguno. Corporaciones que evitan los ERTEs a costa de sus dividendos, CEOS que no duermen para buscar un resquicio que permita no despedir a nadie, altos directivos que se recortan sus salarios o multinacionales que se ponen a disposición de los gobiernos. Emprendedores empeñados hasta las cejas que no pueden dejar de trabajar no para pagar sus deudas sino para buscar soluciones de emergencia para las consecuencias del covid-19.

No han pasado ni tres semanas de confinamiento pero parece ya una eternidad. Entonces el debate era cómo conseguir empresas con propósito. Desde las grandes instituciones y los foros más relevantes del mundo se nos decía que había que reinventar el capitalismo; conseguir una economía de mercado inclusiva que no dejase nadie atrás; pensar menos en el dividendo y más en el compromiso con las comunidades. Había que aspirar a ser una empresa ESG (por sus siglas en inglés: environmental, social and governance). Ha tenido que venir esta pandemia para conseguir todo lo anterior y descubrir la verdadera empres:  la que sufre a la vez que la sociedad a la que sirve o la que se sostiene nuestro bienestar en contra de sus intereses.
Ojalá dejemos que empresas y directivos españoles sigan mostrando esa verdadera cara de la actividad económica aunque sea en los tiempos del coronavirus. Esta vez les premiará la historia.

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

jueves, 26 de marzo de 2020

Pedro y el lobo


(este artículo se publicó originalmente en el diario La Información el día 26 de marzo de 2020)

Nadie puede decir que no estábamos avisados. Recientemente hemos conocido que en un informe conjunto de la Organización mundial de la salud (OMS) y el Banco Mundial, fechado en septiembre de 2019 con el título “Un mundo en riesgo”, se alertaba de una pandemia causada por un virus desconocido que traería el pánico y colapsaría la economía mundial.

Pero es que no hacía falta seguir estos papers porque en la mente de todos estaba la cercana epidemia del Ébola con once mil víctimas entre el año 2014 y 2016. Unos años antes, en 2009, la gripe Aviar causó la muerte de por lo menos medio millón de personas en todo el mundo según algunas fuentes, aunque no menos de ciento cincuenta mil para los más optimistas. ¿Alguien acaso se acuerda de las vacas locas? Más difícil aún será recordar el llamado virus SARS que en los años 2002 y 2003 en China, Singapur y Hong Kong, pero también en Canadá, se cobró setecientas vidas a causa de una neumonía hasta entonces de origen desconocido. No hablamos de lejanas pestes en la Edad Medía ni de la gripe española, pandemia de hace más de doscientos años, sino de brotes víricos mortales que han sucedido en el último quindenio. en plena era de la globalización. Cómo no pudimos darnos cuenta.

La economía del comportamiento explica los fallos de la mente humana que nos llevan a tomar decisiones estúpidas, como las que ahora padecemos por no haber actuado antes contra el coronavirus. Son los sesgos cognitivos. Varios premios nobel de economía como Thaler en 2017 o Kahneman en 2002 han formado parte de esta escuela económica conocida como economic behavioral que estudia los mecanismos heurísticos que nos llevan a tomar decisiones automáticas, en ocasiones absurdas. Son muchos los sesgos que nos hacen distorsionar la visión de la realidad y varios los que probablemente han causado que estemos en esta dramática situación. Me atrevo a elegir uno:  el sesgo cognitivo de correlación ilusoria. Este fallo cognitivo consiste en creer que dos acontecimientos están relacionados cuando en realidad no tenemos ninguna prueba de que sea así. Que la gripe Aviar causase apenas unas muertes en Occidente no era garantía alguna de que el covid19 fuese a ser igual de benigno. Que ninguna epidemia en dos siglos hubiese pasado de unos miles de muertos fuera de esta parte del mundo, no era argumento irrefutable para que sucediese lo contrario. Un castizo traduciría este sesgo como “venirse arriba”. Nuestra sociedad llegó a creerse “ilusoriamente” mejor de lo que era, que sabía más de que lo realmente se ha demostrado. Ahora estamos pagando las consecuencias.

Si hablamos de trampas mentales, el ministro Duque podría explicar también en primera persona alguna que viene al caso. Son los llamados lapsus freudianos. Fallos o errores cognitivos en los discursos que según los psicoanalistas revelan una interferencia de la parte inconsciente de la mente en el comportamiento, causados muchas veces por el cansancio. Seguro que el ministro de Ciencia cuando compareció el pasado 20 de marzo llevaba días preocupado por su salud y la de su familia -compartir Consejo de Ministros con tantos infectados no es fácil- y su mente le jugó una mala pasada. Reconocer que a principios de febrero de 2020 ya había previsto la pandemia, liberando partidas presupuestarias para una eventual vacuna, ¡un mes antes de la convocatoria de la famosa manifestación del 8 de marzo!, es todo un lapsus linguae.

Esopo vivió cinco siglos antes de Cristo y no pudo leer nada de Freud ni de Kahneman, pero dejó escrita la famosa fábula de “El pastor mentiroso” que tiene mucho de actos fallidos de la mente. Un pastor aburrido de cuidar su rebaño decide gastar una broma a sus vecinos gritando con todas sus fuerzas: ¡¡Socorro, que viene el lobo!! El pueblo, dejando a un lado todos sus quehaceres, acude a la llamada del pastor que se muere de la risa al verlos llegar. El joven vuelve a hacerlo una segunda vez y van en su ayuda, aunque nuevamente no era más que una burla. Pero en ese momento aparece el lobo y grita de nuevo, sin embargo, el pueblo ya no cree sus avisos, por lo que la fiera devora todas las ovejas. Correlación ilusionaría. Si dos veces es mentira, la tercera también ha serlo. Si no pasó nada con el Ébola o las vacas locas, tampoco con el corona. Seguro que algún lector está pensando que en este cuento, e incluso en la crisis sanitaria que vivimos en España, hay más mentiras que fallos cognitivos. Que la moraleja que nos contaron de pequeños era no mentir. Por eso antes de terminar esta columna quiero recordar que este cuento del pastor en España es conocido también como “Pedro y el lobo”. Serendipia o mera casualidad, Pedro (Sánchez) es nuestro presidente y el lobo de nuestros días es el coronavirus.

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

lunes, 10 de septiembre de 2018


Rosa María Mateo y el dataísmo. Un verano de homo sapiens, homo videns y  homo deus

(este artícul fue publicado originalmente en el diario La Información el día 3 de septiembre de 2018 en la columna #serendipia)

El científico Carlos Linneo en 1758 acuñó el término Homo Sapiens para referirse a nuestra especie humana. El botánico sueco que ha pasado a la historia por su taxonomía de los seres vivos, nos catalogó como sapiens porque ese es nuestro rasgo biológico más característico. Somos «sabios» y «capaces de conocer», es decir un «animal racional», a diferencia del resto de especies. El aumento del tamaño del cerebro y el desarrollo del lóbulo frontal del Homo Sapiens dio lugar a una capacidad de crear estructuras sociales y transmitir información y hábitos por imitación e instrucción, en vez de por herencia genética. Este verano, que parecía que informativamente iba a ser tan anodino como todos, nos ha sorprendido con dos noticias que apuestan por superar el consenso científico de tres siglos sobre el Homo Sapiens.

El nuevo libro del profesor israelí Yuval Hoah Harari presentado en castellano este mes de agosto nos ha hecho recordar a sus millones de lectores su tesis sobre el Homo Deus que sustituye al Sapiens: el hombre con la tecnología aspira a ser un dios y corremos el peligro de que el humanismo sea sustituido por el dataísmo.

A su vez el culebrón de la presidencia de RTVE y los cambios puestos en marcha con la nueva “administradora única provisional”, Rosa María Mateo, ha puesto de nuevo en la actualidad otro Homo, el Homo Videns con que el investigador italiano Giovanni Sartori tituló en 1997 su famoso libro en el que se quejaba de que la televisión estaba convirtiendo al ser humano en “una criatura que mira pero que no piensa, que ve pero no entiende”.

Vuelve el curso no sólo colegial y laboral sino también político. Con ellos también nuestra cita semanal con los hallazgos casuales que llamamos serendipia, en recuerdo de aquel cuento persa “La isla de Serendip” dónde todos los problemas se resolvían de forma casual. 

Estas últimas semanas han rivalizando por ocupar minutos, páginas y tuits informativos el nuevo libro de Harari, el pensador más famoso de nuestro tiempo y los cambios en la corporación pública española de radio y televisión conocida por su acrónimo RTVE.

Por fin el 30 de julio, tras quedarse en la cuneta varios candidatos bendecidos por Podemos, la mítica periodista de informativos, Rosa María Mateos tomó posesión como máxima responsable de RTVE. Casi al mismo tiempo que Pablo Iglesias pactaba con el presidente Pedro Sánchez la nueva televisión pública, el historiador Harari como si de una estrella de rock se tratase concedía mil y una entrevistas para presentar su nuevo libro” “21 lecciones para el siglo XXI”. Su bestseller de 2015 “Homo Deus” confirmó al joven profesor de la Universidad Hebrea  de Jerusalén como el gurú del momento. Harari explica un hombre que casi se cree Dios. De hecho ha sustituido a Dios por una suerte de nueva religión conocida como dataísmo. El dataísmo es un término nuevo, se utilizó por primera vez en un artículo del New York Times en 2013 para definir una nueva “religión” basada en una nueva deidad: el dato. En el libro “Homo Deus” Harari considera el dataísmo, como ideología emergente, casi religión, «no venera ni a dioses ni al hombre: adora los datos». El nuevo término ha sido utilizado para describir la importancia absoluta que en este momento tiene big data ya que «el flujo de información es el valor supremo y la libertad de la información es el mayor bien de todos».

Rosa María Mateo con su gestión de unas pocas semanas puja por  ejemplificar una sociedad donde la televisión aspira a moldear al hombre casi como una religión. La nueva deidad se llama el pensamiento único y si te sales de él, como una suerte de inquisidor, la nueva RTVE, te lleva al destierro (los despidos de profesionales que hemos conocido estas últimas semanas) o incluso a la tortura (así nos hemos sentido muchos españoles que no olvidamos el terrorismo de ETA cuando la presentadora en aquel funesto telediario del domingo 5 de agosto llamó “presos políticos vascos a dos terroristas etarras condenados por delitos de sangre). Para Giovanni Sartori, que recibió el premio Príncipe de Asturias en el año 2005,  a los Homo Videns, la vida les pasa por sus narices y ellos no se dan cuenta, no piensan, no ven más allá, se adaptan a su ambiente adoptando automáticamente la ideología imperante gracias a la televisión.

Esperemos que el curso que empieza esta semana nos devuelva la cordura y la sapiencia que Linneo encontró en el ser humano en el siglo XVIII. Por eso, en esta primera columna después del descanso veraniego les ánimo a que como yo no se queden ni con el Homo Deus y el dataísmo de Harari ni el Videns adoctrinador por el que parece apostar la nueva RTVE, sino que volvamos a lo esencial, el humanismo del Homo Sapiens.

lunes, 11 de junio de 2018

Pedro Sánchez, un jinete sobre un elefante


(este artículo se publicó originalmente el 11 de junio de 2018 en el diario La Información en la columna semanal #serendipia)

El profesor Jonathan Haidt de la Universidad de Nueva York es un psicólogo americano considerado por la revista Foreign Policy uno de los principales pensadores del momento. En el libro La rectitud de la mente explica su teoría de los fundamentos morales a través de un estudio muy detallado del comportamiento moral para concluir que los juicios morales basados en la rectitud del comportamiento no son una invención social, sino innatos al ser humano.

“Las intuiciones vienen primero, el razonamiento estratégico viene después”. Para explicar este principio usa la metáfora de un jinete (razonamiento) montado en un elefante (intuición). El jinete es la racionalidad consciente –la corriente de palabras e imágenes de las cuales somos del todo conscientes. El elefante es el otro 99% de nuestros procesos mentales que ocurren fuera de nuestra consciencia pero que en  realidad gobiernan la mayor parte de nuestro comportamiento.


Porque imaginémonos cómo sería nuestra vida si en cada momento, en cada situación, elegir lo correcto para hacer o decir fuese como elegir la mejor lavadora entre diez opciones, minuto a minuto, día tras día. Acabaríamos locos o dedicando tiempo increíble a decisiones que no lo merecen. Por ello el razonamiento requiere de las pasiones. Pero también, en sentido contrario, la gente sigue cometiendo estupideces como fumar o comer en exceso sabiendo que es perjudicial para la saludo. El profesor neoyorkino se inspira en  la escuela la economía del comportamiento de los premios nobeles Khaneman y Thaler para concluir que no siempre tomamos las decisiones más racionales a pesar de tener la información adecuada.

Ahora llevémoslo a la actualidad política española donde el lado emocional es un elefante (fuerte y pesado, compuesto por 171 escaños y ocho partidos unidos por su odio al PP) y por otro lado la parte racional, un jinete, de nombre Pedro Sánchez.  El jinete ha dirigido con  pericia al elefante estos días, nombrando un gobierno atractivo y capacitado. El paquidermo que es lento por naturaleza no ha reaccionado o por lo menos nadie se ha dado cuenta.

La metáfora de Haidt continúa un poco más que la hasta ahora breve historia del gabinete Sanchez y para el profesor, por muy hábil que sea el jinete que dirige al elefante, termina teniendo poco control sobre el animal, que es robusto e impulsivo.
En otras palabras, nuestras emociones suelen determinar nuestras decisiones, pero nuestro lado racional puede guiarnos en el camino correcto. La teoría de los fundamentos morales no nació para explicar las ideologías sino las variaciones en el razonamiento moral de las culturas a lo largo de la historia, pero la fascinación de Haidt sobre la política y sus análisis sobre los partidos americanos lo hicieron posible.

Jonathan Haidt se crió y educó rodeado de liberales (izquierdistas en el lenguaje político de los Estados Unidos) por eso es considerado como muy cercano al partido demócrata, sin embargo ha defendido que «hay que despertar bruscamente a los progresistas porque entienden mucho peor a los conservadores de lo que los conservadores les entienden a ellos». Haidt es un soplo de aire fresco que ayuda a ver más allá del humo del partidismo americano. La esencia de la democracia está en continuo intercambio de ideas opuestas, no con el objetivo de que una venza a la otra, sino de escuchar todas las perspectivas, respetar la pluralidad y lograr encontrar un punto medio donde todas las partes salgan satisfechas. Por eso Haidt nos pide que no perdamos el tiempo en discutir con el jinete sino más bien encontrar la manera de cautivar al elefante, porque si se mueve no hay quien lo pare, como se ha visto con la moción de censura. Hoy nos ciega todavía la destreza de Pedro Sánchez en sus primeros pasos como presidente del Gobierno pero no debemos olvidar el elefante que le ha llevado a la Moncloa. Ese elefante, como todos los de su especie, no olvida y si se pone en marcha se llevará todo por delante incluso al habilidoso jinete.