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viernes, 4 de noviembre de 2022

Para que lo entienda todo el mundo

 (este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 Minutos el día 31 de octubre de 2022)

Europa está enferma, vive una crisis económica que tiene por síntomas una inflación desbocada y crecimientos en el entorno de cero. Estanflación lo llamamos en la doctrina económica. Se han probado desde el Banco Central Europeo (BCE) tratamientos para bajar la fiebre de los precios y no han funcionado. Por eso hay que endurecer la terapia: de las aspirinas y antibióticos usadas hasta ahora con leves efectos secundarios se ha pasado a una agresiva quimioterapia (intereses que se han cuadruplicado en unos pocos meses y encarecimiento del crédito a los bancos) que puede frenar la inflación, pero que tiene un gravísimo efecto secundario. La consecuencia no deseada es parar la economía, porque con los préstamos caros se cae la inversión y el consumo privado, se desploman las hipotecas y y comenzarán las dificultades para las familias que verán como no pueden pagar sus obligaciones con los bancos o peor aún los despidos llegarán porque las empresas ya no aguantarán más.

Pero en España estamos a otra cosa. Solo en la semana pasada tres ejemplos para demostrar que en nuestro país hemos decidido hacer caso omiso de lo anteriores

Los precios siguen subiendo, un 7% es el dato de octubre, pero se traslada a la opinión pública como si fuese una buena noticia porque ya no estamos en dos dígitos de inflación. cuando lo que habría que celebrar sería que no crezcan los precios, no que aumenten menos que el mes anterior.

La economía española se arrastra por los suelos con una pírrica subida trimestral del 0.2% y el gobierno habla de la gran fortaleza de nuestra economía, ¿fuertes, cuando si se desglosa el dato se ve el desplome de la inversión y las exportaciones.

En verano, hemos disfrutado de una excelente campaña turística que no ha sido capaz de crear empleo neto y los ministros, a pesar del aumento del desempleo, nos cuentan que son positivos estos datos para el país ¿60.000 nuevos parados cada verano es lo que queremos?

Año tras año la educación financiera aparece como uno de los grandes lastres de nuestro bienestar. Una reciente encuesta demostró que más de la mitad de los españoles suspendemos en un sencillo examen sobre qué es la inflación o el interés compuesto. Estamos a la cola de los países desarrollados en este campo y eso tiene graves consecuencias porque aquí estamos menos preparados para afrontar las crisis ya que tomamos decisiones en épocas de bonanza, como endeudarnos o consumir en exceso, sin tener en cuenta que en el futuro habrá cambios de coyuntura y no seremos capaces de asumir esos compromisos. No entendemos nada de economía y acabamos tomando decisiones erróneas.

Pero qué podemos esperar si desde el gobierno y otros altavoces que priman más la ideología que las noticias veraces, se sigue alimentando la desinformación y lo que es más preocupante las falsedades al respecto del rumbo económico del país. La realidad es que hace unos pocos días el BCE ha anunciado la medida más dura de política monetaria de su historia, una decisión que a nadie le gustaría tomar. Esa quimioterapia que puede curar o matar.

Y entonces, cuando llegue ese momento que todos tememos, las sonrisas, la vestimenta desenfadada y los mensajes edulcorados de nuestros líderes se tornarán en gestos adustos, corbatas negras, trajes oscuros e impostadas declaraciones, pero será tarde y pagarán los de siempre, los que no saben diferenciar un tipo de interés simple de uno compuesto.

Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC

lunes, 4 de julio de 2022

Lo que vino con Biden

(este artículo se publicó originalmente en el diario La Información el día 1 de julio de 2022)

La deseada instantánea con el presidente americano por fin ha llegado, pero a la vez otras cosas han desembarcado desde el otro lado del Atlántico que a Pedro Sánchez no le van a suponer tanta alegría.

El álbum de fotos de la Moncloa se va a quedar pequeño con tantos retratos que incluir, Sánchez con Biden, Begoña con la primera dama y también con Joe, nuestro presidente posando en el Prado, de anfitrión supervisando los trabajos en IFEMA o bromeando en el Palacio Real y hasta las nietas del mandatario en chándal tendrán su hueco… Lo que, me temo, no le va a gustar tanto son las noticias que han llegado al mismo tiempo con la delegación americana.  

En Torrejón aterrizaba el Air Force One y los dosieres en las mesas del avión destacaban las palabras de Jerome Powell de la Reserva Federal reconociendo su incapacidad en estos meses para frenar la inflación, todo ello tras la mayor subida de tipos desde hace tres décadas. El riesgo de que la inflación se cuele en la primera economía del mundo provocando destrucción de empleo, es ya una realidad. A ningún político le gusta el paro y menos a uno americano tan acostumbrado al pleno empleo.

Mientras la limusina de Biden conocida como “La Bestia” circulaba por el Paseo de la Castellana, los asesores del presidente le ponían al día de las últimas noticias de la comisión de investigación de la Cámara de Representantes sobre el ataque al Capitolio. Un miembro del gabinete de Trump había reconocido que el anterior presidente ordenó quitar los detectores de metales porque los alborotadores armados “no me van a atacar a mí”. Lejos de provocar un hundimiento de Trump en las encuestas, le cuentan a Biden sus asistentes a punto de llegar al Paseo de Recoletos, estas noticias hacen que aumente la popularidad del empresario hotelero, en una suerte de sima que se agranda, la mitad de la nación le odia y la otra le idolatra.

Dos crisis, a cuál peor, se han enquistado en Estados Unidos y avanzan peligrosamente hacia esta parte del mundo. La economía americana sufre una inflación inédita que tiene su origen -a diferencia de la europea- en un shock de demanda o lo que es lo mismo un aumento voraz del consumo que las empresas no pueden atender y que lleva a que los compradores paguen más por satisfacer sus necesidades. Pero como si de un ser vivo se tratase, la inflación allí ha ido mutando y ahora es tan importante la originada por la demanda como la tiene su origen en la oferta. Si quieren entender un poco mejor esta realidad los animo a seguir al economista de ING, Paco Quintana. Básicamente, el alza de los precios de la energía, el trasporte internacional pero también la falta de trabajadores (la archiconocida “Gran Dimisión”) han tensionado los precios provocando un nuevo shock, ahora de oferta. Para llorar sin trabajas en la Reserva Federal, cuyo único mandato es política monetaria para mantener precios estables.

La división irreconciliable de la sociedad americana no se ha difuminado con la llegada de Biden a la Casa Blanca. La penúltima demostración ha sido la decisión del Tribunal Supremo de anular la sentencia de 1973 que garantizaba el derecho al aborto. Para unos un retroceso en los derechos de la mujer, para otros se fortalece la democracia representativa ya que los jueces dejan en manos de las cámaras estatales la decisión última. Citando a Adolfo Corujo desde su atalaya de Miami, en Estados Unidos se vive la realidad como si el pueblo estuviese en dos salas de cine diferentes. Unos, que pueden ser votantes demócratas, luchan por la igualdad y defienden la cultura de la cancelación (boicotear a todos los que osen ir en contra de lo políticamente correcto). Otros, que apoyan un neoconservadurismo, se apalancan en el descontento social para derribar consensos como la libre circulación de personas y mercancías. Cada uno ve, lee y escucha sus noticias y la brecha entre ambos no deja de aumentar.

Cuando el bedel de la Moncloa guarde la última bandera de las barras y estrellas, Sánchez hará un respingo porque sabe lo que viene ahora. Biden se ha ido, pero ha dejado en España dos problemas que no dejan de crecer y que sufre el amigo americano. La inflación y el adanismo. Los precios están desbocados en nuestro país y ninguna de las medidas del gobierno son capaces de frenar la escalada.  Para colmo la subida de tipos del Banco Central Europeo aprieta más la soga a los españoles por el encarecimiento de las hipotecas. El verano será el más caro de la historia y a nuestra inflación basada en un shock de oferta (los productos se han encarecido porque las materias primas y la energía que utilizan las empresas son más caras por la Guerra y la reseca pandémica) se retroalimentará porque estamos agotados de tantas malas noticias y vamos a gastar en vacaciones como si no hubiese un mañana (shock de demanda).

Adán, dice la Biblia, fue el primer hombre en la faz de la Tierra. Y así se sienten algunos en Estados Unidos, pero también en España. Como si fuesen los primeros que defienden la democracia o los pioneros en escuchar a los desfavorecidos.  Ese adanismo que divide al pueblo americano ha fructificado en España. Despreciamos las ideas de los demás, se gobierna sin tener en cuenta la experiencia de los que te precedieron, hasta llegamos a pensar que hemos inventado la democracia o pensamos que somos los únicos que pueden gestionar los problemas y, por supuesto, la culpa de todo siempre la tienen los demás. Ese adanismo patrio, alimenta un populismo en tus seguidores y al mismo tiempo el de tus adversarios. Si las cosas van bien, no hay mayor problema, pero ¡ay! si la coyuntura es mala como la actual.  Gobernar creyéndose Adán y con la economía en contra, tiene un final conocido que no es otro que ser expulsado del jardín del Edén, como en las sagradas escrituras. Sánchez tiene un año por delante para enmendarlo sino enfilará la carretera de La Coruña en dirección a Madrid, eso sí con su álbum de fotos bajo el brazo.

 

Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC

domingo, 19 de junio de 2022

Si no entiendes nada

(este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 Minutos el día de 13 junio de 2022)


Año tras año, la educación financiera en España aparece como una asignatura pendiente. Esta disciplina no supone ser un experto economista sino tener unos conocimientos básicos sobre conceptos como el ahorro, la inversión, el crédito, los gastos y el presupuesto familiar. Aquellos países con ciudadanos bien educados en estas lides soportan mejor las crisis. Veamos porqué.

La pandemia supuso que muchos de los afectados por el cierre de la actividad tuviesen que recurrir a la hucha del cerdito para sobrevivir. La guerra en Ucrania está haciendo que las inversiones de los ahorros de una vida se estén desplomando. La subida del precio del gas la notamos los que tenemos coche al pasar por la gasolinera y sin excepción la inflación de dos dígitos se sufre en la cesta de la compra A todos nos atañen los conceptos de la educación financiera.

Por ello conocer el significado de la última subida del IPC del 8,7% es importante no solo para los macroeconomistas sino para cualquier paisano que viva en un país con inflación. Las cosas cuestan más, los sueldos no suben los mismo, pagamos impuestos de más, el resultado es que somos más pobres debido a ese guarismo del IPC y encima sin darnos cuenta.

Entender una subida de 0,25% de los tipos de interés anunciada en Frankfurt por el BCE, es clave para los banqueros, pero sobre todo para los que tenemos una hipoteca. Europa sube el precio del dinero y por tanto los bancos cobrarán más por habernos prestado el dinero para nuestra casa. Con un presupuesto familiar muy ajustado en el que apenas ahorramos, un cambio en una de las partidas más importantes -la hipoteca- puede hacer que las pasemos canutas.

Estar al día de la prima de riesgo -también conocida como el diferencial respecto al bono alemán- es un dato esencial para los gestores públicos y por supuesto para los que reciben una beca por estudios, una pensión por jubilación o una baja por maternidad. Un país que gasta mucho más de lo que ingresa tiene déficit y esa diferencia -acumulada año tras año- ha de pedírsela a alguien que es la deuda. A cambio se les paga unos intereses por ello. Si eres fiable (como Alemania) pagas x, si eres menos fiable pagas algo más, por eso se llama prima. En la actual coyuntura cada vez pagaremos más intereses, por ello habrá menos dinero para los gastos públicos de los que nos beneficiamos.

Si no entiendes nada de lo que te estoy contando, piensa que formas parte de una mayoría de españoles, según los datos de la encuesta global Standard&Poor de educación financiera. Pero al mismo tiempo con muy poca dedicación podrías estar en el otro grupo de españoles (45%) que gestionará mejor las incertidumbres económicas. Hay margen para ello. Cada año pasamos más de 1500 horas delante del televisor y por lo menos 700 horas en las redes sociales. Nuestra vida depende de nuestros ingresos, ahorros y gastos, por eso no estaría mal dedicar alguna horilla a estar al día de la economía que tanto nos afecta.

Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC

miércoles, 1 de junio de 2022

La desglobalización de Davos

(este artículo se publicó originalmente en el periódico económico La Información el 31 de mayo de 2022)

Conviene tomar nota de este término porque va camino de ser una de las palabras del año, por lo menos en lo que se refiere a la economía. La desglobalización aparece en todos los informes de coyuntura y no hay analista que no la incluya en su conversación. En los pasillos de Davos era un secreto a voces: vivimos el final de tres décadas de globalización.

El economista Klaus Schwab, fundador hace más de treinta años del Word Economic Forum (WEF) ha tenido que escuchar por boca del primer ejecutivo de Procter & Gamble que la globalización está "temporalmente en pausa". La biblia que acompaña al café de los desayunos de Davos, Financial Times, ha entrevistado a una selección de directivos para titular con la muerte de la globalización.  Hasta el presidente del Bundesbank ha situado la desglobalización en la triada de palabras con la letra “d” causantes de la inflación, junto a descarbonización y la demografía. Para colmo, el número de mayo de la revista The Economist ha atragantado el Martini a los asistentes al Foro Económico Mundial con su macabra portada sobre una hambruna por la ausencia de trigo en el mundo.

Por supuesto que la evolución del comercio mundial continúa lastrada por la invasión rusa y las restricciones de movilidad en el puerto de Shanghái. La economista Alicia Coronil lo confirma con los principales indicadores de la OMC sobre la evolución y perspectivas de los intercambios comerciales de mercancías a nivel global que reflejan una pérdida de dinamismo. Pero hay algo más que no dicen esos guarismos. Keynes lo llamó los espíritus animales. O la existencia de un factor psicológico en el ser humano que le lleva a tomar decisiones con alto componente emocional que a la postre provocan variaciones en la economía.

Y los humanos ahora estamos en modo pánico. El escenario de incertidumbre presenta demasiados nubarrones. La economista jefe de Singular Bank nos los recuerda, a saber; las tensiones inflacionistas en máximos en las últimas décadas; la guerra en Ucrania, más allá de sus graves consecuencias socioeconómicas, por las implicaciones en el suministro energético y de otras materias primas; la pandemia, ante la última ola del coronavirus en China y el retraso de la normalización de las cadenas de valor; los posibles shocks financieros fruto de las subidas de tipos de interés y la reducción de balances de los bancos centrales de las principales economías; la mencionada crisis alimentaria por las disrupciones en la cadena de suministro y una menor producción a nivel global; un aterrizaje más abrupto de lo esperado del crecimiento económico global, en parte agravado por la desaceleración de la economía china; sin olvidar otros riesgos como los geopolíticos, climáticos, sanitarios y de seguridad.

Todo esto ha calado en la mente de los directivos, pero también de los gobiernos. Nadie quiere volver a la casilla de marzo de 2020. De modo y manera que en medio mundo, desde hace meses, se está repatriando la producción, nacionalizando industrias estratégicas y prohibiendo exportaciones con la excusa de la salud nacional. El resto ya lo conocemos: más aranceles, fletes más caros y más trabas a la inversión extranjera en empresas estratégicas. En Francia están felices porque llevaban años predicando en el desierto con este asunto que es consustancial a su chauvinismo. Es una mala noticia para el profesor alemán afincado en Suiza que ha hecho de la bandera de la globalización el sentido de su exitoso Foro Económico Mundial. Pero antes de que alguno empiece a preparar el entierro del octogenario presidente del WEF, el Dr. Schwab ha resucitado su vieja predicción “no tendremos nada, pero seremos felices”. En el 2030 no nos importará la ausencia de bienes porque nadie tendrá nada en propiedad, todo será gratis o casi, ya que la eficiencia de la economía habrá conseguido ese mundo ideal.  En fin, mientras llega ese 2030, los que no hemos ido a Davos ni iremos nunca, lo mejor que podemos hacer es seguir rezando para no perder el trabajo y que la hipoteca no suba mucho el mes que viene. Con o sin desglobalización.

Iñaki Ortega es doctor en economía en la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) y en LLYC


lunes, 2 de mayo de 2022

El primo turco de Feijóo

(este artículo se publicó originalmente en el diario La Información el día de 28 abril de 2022)


Aunque no lo sepa, Feijóo tiene un primo turco.  O si no es primo, por lo menos tienen mucho en común a la luz del plan económico presentado por el gallego a Pedro Sánchez.

Alberto Núñez Feijóo nació en los años 60 en Orense, Daron Acemoğlu en esa misma década en Estambul. Uno se fue a estudiar derecho a Santiago de Compostela; el otro, economía a Londres. Al terminar, Alberto obtuvo una plaza de funcionario público en Galicia y Daron, una de profesor titular en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).  Núñez Feijóo rápidamente ascendió en la administración y Acemoğlu igualmente hasta llegar a ser catedrático en el MIT. Pero lo que les une, y lo desconocen, es que sus trayectorias han estado guiadas por la defensa de las instituciones y de la institucionalidad. Uno desde la praxis política y el otro desde la teoría académica,

Comencemos por recordar los dos conceptos. Instituciones son aquellos organizaciones que desempeñan una función de interés público. La institucionalidad es una escuela de pensamiento en la economía que defiende que las reglas del juego en una sociedad las marcan las instituciones y en función de ellas la economía prospera. Hace dos siglos John Stuart Mill dejó escrito que “las sociedades son económicamente exitosas cuando tienen buenas instituciones económicas y son estas instituciones las que causan la prosperidad”. Esas palancas de desarrollo, para este consenso académico, son la estructura de derechos de propiedad y la existencia de mercados competitivos.

Acemoğlu ha dedicado toda su vida universitaria a demostrar que la institucionalidad económica explica fuertemente las diferencias existentes en el crecimiento y el desarrollo entre países. En 2012 junto al profesor James A. Robinson publicaron el célebre libro “Por qué fracasan los países: Los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza”. Los autores analizaron numerosos aspectos de la economía, la sociología o la política para encontrar los motivos que llevan a unos lugares a prosperar frente a otros. La tesis del libro es que son las instituciones de un territorio las que lo van a hacer prosperar. Es decir, la forma en que las sociedades se organizan. Si por ejemplo son respetuosas con la propiedad privada, garantizan una separación de poderes efectiva o posibilitan el correcto funcionamiento de una economía de libre mercado, habrá una buena calidad de vida. Para Acemoğlu la clave de la prosperidad de los paises no reside en qué lugar del planeta está situado. La clave es si disfruta de instituciones inclusivas, es decir leyes, empresas, gobiernos que promueven la igualdad de oportunidades con incentivos, inversión e innovación y un ecosistema en el que la mayoría de los ciudadanos puede desarrollar su talento. En cambio, fracasan cuando las instituciones son extractivas o lo que es lo mismo buscan que todo siga igual. Corrupción, burocracia, opacidad, mal sistema judicial, ineficiencia en la gestión del gobierno, inexistentes políticas de libre competencia o pésimos manejos presupuestarios definen esas no deseables instituciones.

No es fácil construir una buena institucionalidad económica pero el “Plan de medidas urgentes y extraordinarias en defensa de las familias y la economía de España” presentado por Núñez Feijoo, va en esa dirección. Es inclusivo porque huye de las siglas políticas para que otras sensibilidades políticas puedan incorporarse. Además, establece una batería de medidas como rebajas fiscales y ayudas directas para la igualdad de oportunidades al centrarse en la parte de la población con menores ingresos. Busca reducir el gasto burocrático y las partidas superfluas del presupuesto público. Reduce ministerios y apuesta por la evaluación ex ante del gasto público Promueve la transparencia y el reforzamiento de órganos independientes de control como la AIREF. En cuanto a los fondos Next Generation, siguiendo el caso francés e italiano, defiende que se usen para reducir la carga fiscal que impacte en los más necesitados. Al mismo tiempo busca que el Mecanismo de Recuperación y Resiliencia se convierta en una herramienta de cohesión para que no solo se beneficien las grandes corporaciones y las administraciones sino también las pymes y autónomos.

Que el plan sea institucionalista no es garantía de infalibilidad debido a la diabólica situación de cuasi estanflación a la que vamos abocados, con los precios desbocados y el crecimiento bajo mínimos. Tocar una tecla para aliviar a los sectores más perjudicados por la pandemia y la guerra, como el turismo o la industria, puede alimentar la escalada del IPC. No es fácil. Pero nadie puede negar que el presidente gallego y el economista turco en esto de las instituciones están muy alineados.

Acemoğlu, aunque a estas alturas del artículo ya sepamos que no es primo de Núñez Feijóo, alerta también de esas dinámicas de cambio que hacen que todo salte por los aires en algunos momentos críticos.  Así, afirma que el "batir de las alas de una mariposa" causada por una suave "deriva institucional" pueden dar lugar a grandes consecuencias -para bien o para mal- cuando el territorio se ve afectado por una "coyuntura crítica" (como por ejemplo la crisis que vivimos acelerada por la invasión de Ucrania). España no ha recuperado -según el FMI- los niveles previos a la pandemia y la oportunidad/amenaza reside en que una gran parte de la fuerza de trabajo y la economía se transforme. En la mano de las instituciones españolas, de Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijoo también, está elegir esa "deriva institucional", el camino para tener un mejor país dentro de unos años. Los acuerdos y la cercanía a Europa lo pueden hacer posible.

Iñaki Ortega es doctor en economía en la Universidad de Internet UNIR y LLYC