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martes, 9 de agosto de 2022

Los otros pinchazos del verano

(este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 Minutos el día 8 de agosto de 2022)

 

Es el tema del verano. Más de sesenta pinchazos en España y por lo menos dos mil sucesos de este tipo en Europa. Los ataques denunciados por todas esas chicas siguen un mismo patrón: fiesta, noche y gentío. En medio del jolgorio sienten en el brazo o en la pierna como un picotazo. En ocasiones es solo eso, una molestia, pero en otras parece que viene acompañado de una sensación de debilidad lo que ha llegado a concluir que pueden buscar la sumisión química. Nada nuevo más allá de la fórmula usada esta vez. El alcohol, las drogas o medicamentos han sido utilizados todos los veranos por desalmados para abusar de chicas en estos meses de ocio nocturno. Esta vez, gracias a la atención que le están dando los medios de comunicación, estamos avisados y por tanto prevenidos. Que toda la fuerza de la justicia caiga sobre los agresores.

Pero, hay otros pinchazos que están pasando desapercibidos y también son malas noticias ante las que estar alerta. Me refiero a algunas cifras económicas que por dolorosas se sienten como aguijones clavándose en la piel.

La inflación del mes de julio se situó en un 10,8% o lo que es lo mismo que tus 1000 euros de ahorros ahora valen menos de 900 euros. Una extracción de riqueza en toda regla en la economía familiar de los españoles.

Los nefastos datos de destrucción de empleo en el mes julio, en plena campaña veraniega, suponen el pinchazo de la creación de empleo en España. Hacía dos décadas que no se destruía empleo en verano y por desgracia se ha frenado la tendencia de los últimos 16 meses de crecimiento de puestos de trabajo.

El desplome de los pedidos industriales en España anunciado el primer día de agosto es otra aguja clavada en la economía española. Este indicador se elabora encuestando a los responsables de cientos de empresas manufactureras y pone de manifiesto el pesimismo de las compañías y por tanto el adelanto de una crisis.

Pero fuera de nuestras fronteras hemos conocido más pinchazos. La economía de Estados Unidos ha entrada en recesión técnica al acumular dos trimestres con crecimientos negativos. El Reino Unido se encamina a la misma situación a la luz de los informes del Banco de Inglaterra en los que se ha basado para subir los tipos de interés. Y Alemania, conforme a datos de la patronal de la industria bávara, perdería más de un 12% de su riqueza -medida por el PIB- si Rusia le corta el suministro de gas este invierno como ha anunciado Putin.

Muchos boquetes en la economía como para no preocuparse por mucho que estemos en verano. Cómo me gustaría que estos pinchazos también ocupasen los programas de televisión y las redes sociales, porque eso nos permitiría como con los ataques machistas de este verano, estar preparados para lo que viene. Cuanta más gente conozca que la economía está convirtiéndose con tantos pinchazos en un queso gruyere, tomaremos mejores decisiones. por ejemplo, con nuestros gastos- y así afrontaremos mejor la crisis a la que parece que vamos abocados.

Iñaki Ortega es doctor en economía en La Universidad de Internet (UNIR) y LLYC


lunes, 1 de agosto de 2022

Cuidado con la dosis de la medicina

(este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 Minutos el día 25 de julio 


Que la economía no va bien, lo saben todos los españoles. Igual no son capaces de recitar con exactitud el indicador que mide la inflación o la tasa de crecimiento económico, pero que la cosa está negra es un secreto a voces. Otro asunto bien diferente es que sabiendo que hay una crisis a la vuelta de la esquina, hagamos como si no pasase nada. De otro modo es difícil de explicar que el turismo y la hostelería estén batiendo récords o que según las encuestas las medidas populistas del gobierno de Pedro Sánchez contra la banca y las energéticas hayan sido recibidas con alharacas. La psicología del comportamiento económico lo ha llamado “Efecto Titanic”. Confiamos en que todo siempre saldrá bien, pero en ocasiones como con el famoso crucero, eso no sucede. El barco se hundió y algunos pasajeros optaron en lugar de salvarse por hacer que no pasaba nada y seguir levantando su copa para brindar por la orquesta.

No quiero amargar el verano a nadie, pero la semana pasada el Banco Central Europeo (BCE) anunció la mayor subida de tipos de interés en 22 años, una señal muy clara de que algo muy gordo está sucediendo en nuestro continente. La subida de cincuenta puntos básicos del precio del dinero es una dosis muy alta de la medicina con la que se quiere curar la enfermedad de la inflación que nos ha atacado con mucha fuerza. Las autoridades monetarias suben los tipos para que no gastemos. Suben los tipos para que no pidamos préstamos. Suben los tipos para que las empresas no inviertan. Suben los tipos, en definitiva, para enfriar la economía y con eso lograr parar la escalada de precios que lleva todo el año en el entorno de los dos dígitos. Pero la decisión del BCE no sólo hará que las ganas de consumir se retraigan, sino que las hipotecas de los españolitos suban, que los créditos de muchas empresas no sean refinanciados y tengan que cerrar. Al mismo tiempo, nuestro Gobierno que lleva cuatro años montado en el Titanic, con una deuda desbocada que no le preocupaba porque los tipos de interés eran de risa, verá como las tornas han cambiado. Ahora ya no será tan barato financiar lo que debemos como Estado y tendremos que pagar cada vez más por enjugar nuestro déficit. Es decir que el gasto público no podrá dedicarse a hospitales, carreteras o educación sino a pagar intereses, a compensar a los que han financiado estos años en los que el Gobierno ha gastado por encima de nuestras posibilidades, haciendo caso omiso a las autoridades económicas que no lo venían advirtiendo.

Esto es lo que viene con la decisión de política monetaria tomada en Frankfurt el jueves pasado. Una posología alta de 0,5 del medicamento contra la inflación que ojalá no nos provoque diarrea sino nos sane. Por si acaso, habrá que hacer caso al prospecto y practicar una vida normal sin excesos.

Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR, La Universidad de Internet y LLYC

miércoles, 1 de junio de 2022

La desglobalización de Davos

(este artículo se publicó originalmente en el periódico económico La Información el 31 de mayo de 2022)

Conviene tomar nota de este término porque va camino de ser una de las palabras del año, por lo menos en lo que se refiere a la economía. La desglobalización aparece en todos los informes de coyuntura y no hay analista que no la incluya en su conversación. En los pasillos de Davos era un secreto a voces: vivimos el final de tres décadas de globalización.

El economista Klaus Schwab, fundador hace más de treinta años del Word Economic Forum (WEF) ha tenido que escuchar por boca del primer ejecutivo de Procter & Gamble que la globalización está "temporalmente en pausa". La biblia que acompaña al café de los desayunos de Davos, Financial Times, ha entrevistado a una selección de directivos para titular con la muerte de la globalización.  Hasta el presidente del Bundesbank ha situado la desglobalización en la triada de palabras con la letra “d” causantes de la inflación, junto a descarbonización y la demografía. Para colmo, el número de mayo de la revista The Economist ha atragantado el Martini a los asistentes al Foro Económico Mundial con su macabra portada sobre una hambruna por la ausencia de trigo en el mundo.

Por supuesto que la evolución del comercio mundial continúa lastrada por la invasión rusa y las restricciones de movilidad en el puerto de Shanghái. La economista Alicia Coronil lo confirma con los principales indicadores de la OMC sobre la evolución y perspectivas de los intercambios comerciales de mercancías a nivel global que reflejan una pérdida de dinamismo. Pero hay algo más que no dicen esos guarismos. Keynes lo llamó los espíritus animales. O la existencia de un factor psicológico en el ser humano que le lleva a tomar decisiones con alto componente emocional que a la postre provocan variaciones en la economía.

Y los humanos ahora estamos en modo pánico. El escenario de incertidumbre presenta demasiados nubarrones. La economista jefe de Singular Bank nos los recuerda, a saber; las tensiones inflacionistas en máximos en las últimas décadas; la guerra en Ucrania, más allá de sus graves consecuencias socioeconómicas, por las implicaciones en el suministro energético y de otras materias primas; la pandemia, ante la última ola del coronavirus en China y el retraso de la normalización de las cadenas de valor; los posibles shocks financieros fruto de las subidas de tipos de interés y la reducción de balances de los bancos centrales de las principales economías; la mencionada crisis alimentaria por las disrupciones en la cadena de suministro y una menor producción a nivel global; un aterrizaje más abrupto de lo esperado del crecimiento económico global, en parte agravado por la desaceleración de la economía china; sin olvidar otros riesgos como los geopolíticos, climáticos, sanitarios y de seguridad.

Todo esto ha calado en la mente de los directivos, pero también de los gobiernos. Nadie quiere volver a la casilla de marzo de 2020. De modo y manera que en medio mundo, desde hace meses, se está repatriando la producción, nacionalizando industrias estratégicas y prohibiendo exportaciones con la excusa de la salud nacional. El resto ya lo conocemos: más aranceles, fletes más caros y más trabas a la inversión extranjera en empresas estratégicas. En Francia están felices porque llevaban años predicando en el desierto con este asunto que es consustancial a su chauvinismo. Es una mala noticia para el profesor alemán afincado en Suiza que ha hecho de la bandera de la globalización el sentido de su exitoso Foro Económico Mundial. Pero antes de que alguno empiece a preparar el entierro del octogenario presidente del WEF, el Dr. Schwab ha resucitado su vieja predicción “no tendremos nada, pero seremos felices”. En el 2030 no nos importará la ausencia de bienes porque nadie tendrá nada en propiedad, todo será gratis o casi, ya que la eficiencia de la economía habrá conseguido ese mundo ideal.  En fin, mientras llega ese 2030, los que no hemos ido a Davos ni iremos nunca, lo mejor que podemos hacer es seguir rezando para no perder el trabajo y que la hipoteca no suba mucho el mes que viene. Con o sin desglobalización.

Iñaki Ortega es doctor en economía en la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) y en LLYC


lunes, 5 de abril de 2021

Atascado

(este artículo se publicó originalmente en el diario 20 Minutos el día 5 de abril de 2021)


La imagen del enorme barco encallado en el canal de Suez ha dado la vuelta al mundo. Durante una semana la ruta que une Oriente con Occidente ha estado bloqueada, dejando a 400 cargueros sin cruzar el canal. El mega buque Evergreen trasladaba más de 20.000 contenedores de China a Europa y quedó varado en las arenas del canal por una fuerte ráfaga de viento. A pesar de su tecnología punta, una simple tormenta ha provocado decenas millones de dólares de pérdidas cada día de colapso, a causa de la paralización de la cadena de suministro de las empresas multinacionales.

Ahora te pido que reflexiones si no te has sentido alguna vez como ese carguero. Atascado. Sin poder avanzar ni retroceder. Hundido. En un problema que no te deja reaccionar. Bloqueado. Porque no puedes o no sabes salir de una situación que te deja sin capacidad de reacción. Superado. Por el peso de una persona tóxica o unos jefes ausentes. Encallado. Sabiendo que cada semana que pasas sin poder salir, estás perdiendo tú y los tuyos. Atorado. Porque te has empeñado en salvar un empleo o una relación que no lo merecía.

La vida, como a los barcos, nos lleva a navegar con el viento a favor y por aguas placenteras. Pero en ocasiones, los vientos rolan y la corriente te arrastra. El barco Evergreen estaba diseñado para todo ello, pero aun así encalló. En lo laboral pero también en lo personal, nos preparamos durante años para no fallar. Incluso sin cometer error alguno, en ocasiones factores exógenos, como la tormenta de arena de marzo en Suez, te dejan varado. Es literalmente imposible gestionar todas las eventualidades, por eso es mejor centrarte en tener un buen desempeño, no dejar de capacitarte y hacer el bien a tu alrededor porque eso te protegerá para cuando vengan malas.

En una larga carrera laboral, como las que viviremos los nacidos después de 1970, habrá tiempo para fracasos, pero también para éxitos; para velocidad de crucero de la mano de buenas empresas y naufragios promovidos por decisiones miopes. Steve Jobs al agradecer el doctorado honoris causa por la Universidad de Stanford, resumió su exitosa carrera en la frase “conectar los puntos”. Para el fundador de Apple en una vida hay sucesos que te marcan para bien o para mal que no lo sabes cuando te suceden. Solamente cuando pasan unos años y miras para atrás, te das cuenta de que todo cobra sentido y tu realidad es la que es gracias a esos sucesos pasados.

Ahora, cuando encalles en el futuro, que lo harás, recuerda cómo ha sido liberado el buque del canal egipcio. Primero eliminando el exceso de peso de la cubierta que le impedía maniobrar con agilidad, segundo con la ayuda de muchos pequeños remolcadores que lograron enderezar el rumbo y tercero gracias a sus propios medios ya que la tripulación y el propio buque disponían de la mejor preparación.

Iñaki Ortega es doctor en economía y profesor de la Universidad Internacional de La Rioja-UNIR-


martes, 26 de enero de 2021

Lola Flores y los youtubers

(este artículo se publicó originalmente en el diario 20 Minutos el día 25 de enero de 2021)


Existe la posibilidad, remota, de que no te hayas enterado de lo que ha pasado con un tipo de apodo El Rubius cuya profesión es jugar y comentar videojuegos. Este chico forma parte de una nueva élite social y económica que son los youtubers. Jóvenes simpáticos que a través de internet graban videos o comentan en directo, generalmente juegos, pero también futbol, moda o música. Gracias a la democratización de la tecnología - todo el mundo puede tener un asequible dispositivo con una barata conexión- millones de personas les siguen en las diferentes plataformas como YouTube, aunque también Instagram, Twitter y ahora Twitch. Una espectacular audiencia, muy por encima de cualquier medio de comunicación convencional y además más fiel que ha provocado la migración de los anunciantes a estos canales. De modo y manera que chavales como TheGrefg o Lolito han pasado de tener una afición gamberra que les permitía abandonar estudios a ser literalmente multimillonarios. Pero con la fortuna también han llegado las obligaciones fiscales. España dispone de un sistema tributario progresivo, cuanto más ganas, más pagas. Al parecer cuando se explicaba esto en clase los youtubers no lo escucharon o se quedaron dormidos. Ahora han decidido que los impuestos para ricos -como ellos- son confiscatorios y que mejor pagar menos en Andorra, total está muy cerca, qué bonitas las montañitas, varios colegas ya tomaron la decisión y no han bajado en seguidores (ni en ingresos).

Hasta aquí lo que ya se sabía. Por eso propongo poner el foco no en ellos, su ética ya ha quedado retratada, sino en su público. En el caso de El Rubius son 39 millones solo en YouTube. Una gran mayoría jóvenes que quizás pendientes de la nueva actualización de Fortnite les ha impedido leer esta semana que tenemos el mayor paro juvenil o que sufrimos los peores datos económicos del continente. Entre esos millones de seguidores es seguro que muchos cientos de miles estén cobrando el desempleo, o estén en un ERTE o hasta que sean beneficiarios del Ingreso Mínimo Vital. La cifra exacta, conforme a los últimos datos disponibles en España, es algo más de 6 millones de personas que viven de lo público, sin contar los trabajadores de la administración o los jubilados porque entonces las cifras de los que viven del erario alcanzarían los 20 millones. Hagamos unos cálculos sencillos, si un 40% de españoles depende del presupuesto público una gran parte de esa audiencia youtuber (o sus familias) también dependerá de los ingresos públicos que proceden de los impuestos. ¿Nadie, entre esos millones, lo habrá pensado? ¿nadie ha caído en la cuenta de que cuando sus ídolos se van, hacen más pobre y precaria a España y a sus seguidores? No hubiera sido más sencillo pedir como Lola Flores a todos sus fans una peseta para pagar a Hacienda. No. Mejor que siga la fiesta, aunque sea desde Andorra. Alguien pagará las facturas de sus seguidores.

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

martes, 12 de enero de 2021

El deshielo

(este artículo se publicó originalmente en el diario 20 Minutos, el día 11 de enero de 2021)

 

La borrasca Filomena ha paralizado la vida en muchos lugares de España y confinado a millones de ciudadanos en sus casas. La tormenta de nieve acompañada de un frío inédito ha congelado nuestra habitual actividad. Imposible comprar el pan o dar un paseo, salir a comer o quedar con un amigo. Tras la nieve ha llegado el hielo que lo ha congelado todo. Y si peligrosa es la nevada, bloqueando calles y aislando a personas, el hielo es sinónimo de accidentes y devastación.

Pero no siempre el frío es malo. La congelación natural ha sido utilizada a lo largo de la historia para conservar alimentos y de ese modo paralizar el proceso natural de descomposición.  Aunque no fue hasta el siglo pasado cuando se generalizó la congelación en la industria de productos alimenticios y a la vez en los hogares con la llegada del frigorífico. De ese modo, todos podemos conservar en casa alimentos en perfecto estado durante mucho tiempo. Pero, si la conocida como “cadena de seguridad del frio” se rompe, o lo que es lo mismo en algún momento se interrumpe el frío y se descongela la comida para volverse a congelar, el alimento se estropeará y no podrá consumirse.

Ahora piensa en cuánta similitud con los peores momentos de la pandemia. Los comercios cerrados, la preocupación por acumular alimentos y el pánico ante lo imprevisible, de nuevo disfrazarnos para salir a la calle y la sensación de miedo y fragilidad. Pero aún hay más. Confinarnos y desconfinarnos para volver al confinamiento, rompiendo imprudentemente la “cadena de seguridad” -esta vez sanitaria-. La nieve y Filomena -sin quererlo- nos recuerdan que, aunque estemos encerrados en casa, no podemos dejar de actuar para lo que venga después. Retirar la nieve de nuestras terrazas para que no se hiele y lastime a nadie; limpiar las tuberías para que no se bloqueen cuando lleguen las heladas o podar los sufridos árboles por el peso de la nieve que eviten accidentes. Por eso, esta misma semana, que hemos conocido que las ayudas, como los ERTEs, se mantendrán por lo menos hasta mayo, no podemos dejar de pensar que tarde o temprano vendrá el deshielo de la economía. El apoyo público ha congelado la actividad empresarial, pero nos tendríamos que preguntar qué estamos haciendo ahora para que cuando llegue ese deshielo económico no sea un drama. Qué decisiones están tomando los gobiernos, pero también nosotros en nuestro ámbito personal, para cuando lleguen los despidos, los cierres empresariales y la recesión. Acaso estamos aprovechando estos tiempos para reciclarnos, ahorrar o reinventar nuestros negocios. Dónde están los planes para reflotar empresas o recualificar a millones de trabajadores. No se trata de aguar la fiesta ni de ser un agorero sino simplemente ser previsor a la luz de todos los informes económicos conocidos.

Filomena con su brutalidad de extraordinario fenómeno atmosférico nos puede hacer reflexionar que en plena borrasca– o en pleno covid19- hay que actuar para evitar futuros males mayores.

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

 

 


martes, 27 de octubre de 2020

Manuales de psicología para gestionar la crisis.

(este artículo se publicó originalmente el día 27 de octubre de 2020 en el diario La Información)



La economía española no se recuperará en forma de V. China será el único país que crecerá en 2020. Pablo Casado votará “no” a la moción de censura de Vox. Los ERTEs durarán hasta final de año. El Real Madrid ganará al Barca tras sufrir dos humillantes derrotas con desconocidos equipos. Joaquín Sabina sobrevivirá a su mala vida. José Luis Martínez-Almeida sustituirá a Manuela Carmena en la Alcaldía de Madrid. Tik Tok será más popular que Instagram. Un Papa de la Iglesia reconocerá las uniones homosexuales La segunda ola de la covid19 se cebará con España. Trump se acabará poniendo mascarilla. Habrá un toque de queda a las 10 de la noche… Podría seguir con afirmaciones que eran improbables hace unos pocos meses y que han acabado sucediendo. No obstante, si las leemos ahora -y no hace un tiempo- nos parecen absolutamente normales. Así es. Nuestra mente necesita ciertas “trampillas” para no bloquearse y tiende a olvidar lo pasado para centrarse en lo presente. Los investigadores de la llamada economía del comportamiento, una suerte de campo de conocimiento entre la psicología y la empresa, llaman a esos atajos: sesgos cognitivos. Pero conviene no olvidar que son trampas y por tanto pervierten el proceso de toma de decisión.

Un sesgo es un efecto de la mente que da lugar a un juicio inexacto motivado por la interpretación no correcta de la información disponible. En demasiadas ocasiones nuestro cerebro es incapaz de procesar tantísima cantidad de información y tiende a filtrarla en base a diferentes criterios. Por desgracia este cribado puede conducir a tomar decisiones erróneas inconscientemente. Los filtros que usamos para entender nuestro mundo son variados, pero uno de ellos, muy usado por estos lares, es el de retrospectiva. Básicamente es la inclinación que tenemos para considerar los eventos pasados como predecibles y explica porqué ahora nos parecen obviedades las afirmaciones del primer párrafo de este artículo.

El sesgo retrospectivo también conocido como sesgo a posteriori no es más que una ilusión mental. Es sabido que nuestro cerebro no puede recordar todo y muchas veces solo nos acordamos de lo que nos interesa, así sucede con esta trampa cognitiva. Hay un hecho que no se sabe a ciencia cierta si va a suceder, pero cuando pasa nos inventamos retrospectivamente que eso era exactamente lo que pensábamos. El primero que logró demostrarlo fue Baruch Fischhoff. Este profesor americano realizó un experimento con motivo de una gira del presidente Nixon a China; preguntó varias cuestiones de política internacional a un grupo de voluntarios antes de la misión presidencial. Al regresar Nixon de sus viajes, pidieron a las mismas personas que recordaran la probabilidad que originalmente habían asignado a cada uno de los posibles resultados. Y lo que resultó fue muy claro. Si un posible acontecimiento se había producido, los encuestados exageraron la probabilidad que le habían asignado anteriormente. Y si el acontecimiento no se había producido, los participantes recordaron equivocadamente que siempre lo habían considerado improbable.

Pedro Sánchez ganará las primarias del PSOE. La moción de censura contra Rajoy será un éxito. Las sucesivas convocatorias electorales reforzarán al actual presidente del Gobierno. El pacto con Podemos no lesionará la popularidad presidencial. Las apariciones televisivas de Sánchez impulsarán su imagen como líder… ¿Estas afirmaciones achacadas a la gestión en bambalinas del estratega Iván Redondo son también consecuencia del sesgo retrospectivo?

Daniel Khaneman es un psicólogo que sigue ejerciendo como profesor con 84 años. En 2002 ganó el premio Nobel de economía por demostrar que los individuos cuando toman decisiones en entornos de incertidumbre se apartan de los principios de la lógica. A este tipo de decisiones las denominó atajos heurísticos; una de las manifestaciones más típicas de esos atajos es la retrospectiva. En su famoso libro “Pensar rápido, pensar despacio” expone esta interpretación, que igual te ayuda a responder a la pregunta que te acabo de hacer.

“Aunque la retrospección (…)  fomenta el temor al riesgo, también proporciona inmerecidas recompensas a quienes de manera irresponsable buscan el riesgo, como un general o un empresario que hacen una apuesta temeraria y ganan. Los jefes y dirigentes que han tenido suerte nunca son sancionados por haber asumido riesgos excesivos. Por el contrario, se piensa que gracias a su olfato y previsión anticiparon su éxito, y las personas sensibles que dudaban de ellos son vistas retrospectivamente como mediocres, tímidas y pusilánimes. Unas cuantas apuestas insensatas pueden conferir a un líder insensato un halo de audacia”.

Los países hispanohablantes no tendremos un nobel de economía como Khaneman pero sí poseemos el refranero en castellano. Y este párrafo de Khaneman sobre aquellos gurús que se benefician del sesgo de retrospectiva, nosotros en español, lo resumimos en “Crea fama y échate a dormir”.  El Instituto Cervantes sitúa en 1540 la primera vez que aparece en nuestra literatura con lo que podemos concluir que llevamos cinco siglos conociendo personajes que se crean una cierta reputación que, una vez ganada, será difícil de cambiar. No obstante, esta fama sirve no solo para un contexto positivo, es decir, si por suerte o trabajo duro las personas respetan tu trabajo, después de un tiempo no necesitarás probarlo más.  Se aplica también en sentido negativo, si transmites que careces de criterio y dices una cosa y la contraria, aunque un día ya no lo hagas va a ser difícil cambiar la opinión de la gente, porque ya creaste una reputación. Igual ahora alguien se anima en el Palacio de la Moncloa a releer los sesgos cognitivos o simplemente a hablar con sus mayores, que siempre recuerdan estos refranes.

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

lunes, 31 de agosto de 2020

¿Quién cuida a las empresas? Las catástrofes que no se ven

 (este artículo se publicó originalmente el 31 de agosto de 2020 en el diario 20 Minutos)


El final de agosto ha traído inundaciones e incendios; casas anegadas por las tormentas, pueblos desalojados por las llamas, pero por suerte también bomberos trabajando a destajo. Miedo y destrucción mitigada por policías, bomberos y miembros del ejército. Sin embargo, en las noticias de este verano además de catástrofes naturales he encontrado otros fenómenos que también están ya generando miedo en España y -si no hacemos nada- también destrucción. No pienses que hablo de los rebrotes de la pandemia, una suerte de espada de Damocles que nos ha acompañado estos meses impidiéndonos como en el mito griego disfrutar de los banquetes de Siracusa (las vacaciones) por el temor a que la afilada arma (el coronavirus) sostenida por un único pelo de la crin de un caballo (la gestión de la crisis sanitaria) se cayese sobre nuestra cabeza (un nuevo confinamiento). No. A fuerza de leer contagios y observar nuevas medidas nos hemos acostumbrado a vivir con esa amenaza porque además confiamos en que los médicos con los nuevos tratamientos y los científicos con la vacuna nos salven. Me refiero a una catástrofe quizás menos evidente pero igualmente destructiva si nadie nos ayuda. La destrucción del tejido empresarial español.

Por mi trabajo no dejo de leer la actualidad empresarial cada día y he seguido con tristeza las noticias de una gran empresa española en apuros. Duro Felguera forma parte de la historia empresarial de nuestro país. Fundada en Asturias a mediados del siglo XIX ha sido capaz de evolucionar con los tiempos, de la extracción del carbón a la siderurgia pasando por la producción de bienes de equipo y en la actualidad la gestión de complejos proyectos energéticos. No sin problemas, Duro Felguera ha sobrevivido a guerras, crisis, éxitos y fracasos. Pero ahora un virus de nombre covid19 puede acabar con mas 160 años de historia y lo que es peor dejar sin empleo a más de 2400 familias y privar a España y Asturias de una empresa multinacional e innovadora que ganaba dinero antes de la pandemia.

El coronavirus tiene a los médicos, las catástrofes a los bomberos, pero quién atiende a las empresas en apuros. Francia ha anunciado esta misma semana un plan de 100.000 millones para salvar empresas. Alemania ha aumentado estos días la dotación a su fondo billonario para salvar sus industrias nacionales. España creó a finales de julio el Fondo de Apoyo a la Solvencia de las Empresas para aquellas compañías con fuerte aportación social y económica afectadas en su continuidad por la pandemia. Tenemos la suerte de vivir, como reza nuestra Constitución, en un estado social y de derecho; o lo que es lo mismo que la ley es garante del bien común. Por eso tenemos médicos y policías, hospitales y pensiones; pagadas por los impuestos de todos los que trabajamos. Pero sin empresas en las que emplearse nada de eso sería posible. Qué buena oportunidad para consolidar nuestro Estado del Bienestar salvando empresas como Duro Felguera u otras que como las del sector aeronáutico ya no aguantarán mucho más la crisis del turismo. Qué buena oportunidad para demostrar que las empresas sí tienen quien les cuide cuando vienen malas. Qué buena oportunidad para entender que el bien común se construye desde la colaboración público-privada.

 

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)