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jueves, 2 de abril de 2020

La empresa en los tiempos del coronavirus

(este artículo se publicó originalmente el día 31 de marzo de 2020 en el periódico El Economista)


Una novela dedicada al verdadero amor. Así se ha definido el libro de García Márquez “El amor en los tiempos del cólera”. Un hombre espera cincuenta años para recuperar a su amada, todo ello ambientado en un lugar devastado por la epidemia del cólera. ¿Cómo era posible amar en ese momento histórico? ¿Cómo es posible hoy pensar en otra cosa que no sea la emergencia sanitaria? La respuesta a ambas cuestiones es la misma: se puede y se debe.

La crisis del covid-19 ha paralizado el mundo y de repente las prioridades son otras. Lo importante es no morir, no hacer que nadie muera, no contagiar ni contagiarse. Por eso el estado de alarma, el confinamiento y el cierre de una gran mayoría de los comercios de cara al público. En principio el sector educativo, luego la restauración y los minoristas para posteriormente en cascada ir parando prácticamente todas las industrias. Las consecuencias se sufrieron inmediatamente en los mercados financieros y por tanto en la valoración de las empresas cotizadas. En la misma semana llegaron los primeros despidos que hoy colapsan las oficinas estatales de empleo. En breve el pulmón de las empresas más frágiles se acabará y comenzarán los concursos de acreedores y los cierres patronales, porque prohibir despidos o los permisos retribuidos no pararán la hemorragia. Todo con un abrumador y cada día más frágil consenso en que las duras medidas de aislamiento son las necesarias para frenar la pandemia y evitar más muertes. La economía, como miles de españoles, en la UCI. Pero el pulso de nuestra economía sigue latiendo gracias al teletrabajo y la necesidad de seguir abasteciendo a los millones de encerrados. Hasta aquí nada nuevo. Quizás para algunos sí lo sea que empresas españolas de toda tamaño y sector han reconvertido su actividad para fabricar mascarillas o respiradores. Igualmente que emprendedores se están movilizando de manera altruista bien para digitalizar pymes que sino cerrarán, bien para dar herramientas de big data a los hospitales. Grandes corporaciones de capital español están usando sus redes logísticas y capacidad financiera para, sin pedir nada a cambio, ayudar al sistema sanitario. Directivos dedican estos días todo su tiempo a movilizar recursos para salvar empresas con herramientas financieras de impacto social.
Pero desde este fin de semana nos encontramos en una nueva encrucijada: parar definitivamente la economía endureciendo el confinamiento o permitir que la actividad económica siga bajo mínimos. Los que defienden la primera opción, la hibernación, quieren evitar contagios causados por las personas que siguen trabajando pero quizás no tienen en cuenta que gracias a muchos de esos trabajadores ninguna localidad y ningún español ha estado desabastecido o ha dejado de disfrutar servicios de energía, agua o telecomunicaciones. Igual tampoco han reparado en que este débil pulso de la actividad empresarial está permitiendo que millones de españoles sigan con empleo aunque sea en remoto. Tal vez no son conscientes de que se ha levantado toda una ola de solidaridad liderada por empresas que también sufren. 

Antes de que nos demos cuenta la Semana Santa habrá pasado y el elefante seguirá en la habitación y tendremos que responder a la gran pregunta ¿seguir o no seguir con la economía parada? Somos muchos los que pensamos que tomar el camino del cierre total es llevar la economía a un coma inducido que en medicina es siempre la última opción para un enfermo por el riesgo de irreversibilidad.

Gabriel García Márquez consiguió hacer creíble en plena epidemia del cólera una historia sobre el verdadero amor que dio lugar a su premiada novela. Hoy, a pesar de lo que piensen algunos ministros una gran mayoría de empresas están mostrando la verdadera cara de la actividad económica. Empresarios y trabajadores que cuidan de sus familias la vez que trabajan, aunque nadie se lo pida. Cientos de miles de autónomos que seguirán pagando sus cotizaciones a pesar de no tener ingreso alguno. Corporaciones que evitan los ERTEs a costa de sus dividendos, CEOS que no duermen para buscar un resquicio que permita no despedir a nadie, altos directivos que se recortan sus salarios o multinacionales que se ponen a disposición de los gobiernos. Emprendedores empeñados hasta las cejas que no pueden dejar de trabajar no para pagar sus deudas sino para buscar soluciones de emergencia para las consecuencias del covid-19.

No han pasado ni tres semanas de confinamiento pero parece ya una eternidad. Entonces el debate era cómo conseguir empresas con propósito. Desde las grandes instituciones y los foros más relevantes del mundo se nos decía que había que reinventar el capitalismo; conseguir una economía de mercado inclusiva que no dejase nadie atrás; pensar menos en el dividendo y más en el compromiso con las comunidades. Había que aspirar a ser una empresa ESG (por sus siglas en inglés: environmental, social and governance). Ha tenido que venir esta pandemia para conseguir todo lo anterior y descubrir la verdadera empres:  la que sufre a la vez que la sociedad a la que sirve o la que se sostiene nuestro bienestar en contra de sus intereses.
Ojalá dejemos que empresas y directivos españoles sigan mostrando esa verdadera cara de la actividad económica aunque sea en los tiempos del coronavirus. Esta vez les premiará la historia.

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

domingo, 26 de octubre de 2014

Los nuevos rockeros

(este artículo fue publicado en el diario ABC el día 25 de octubre de 2014)

Los emprendedores son los nuevos rockeros. Carlos Barrabés, quizás la mente más visionaria en este momento en nuestro país, expresa con ese símil cómo para los jóvenes del milenio, emprender se ha convertido en una filosofía de vida.

Del mismo modo que en los años 60 el rock and roll supuso una rebelión contra las normas sociales y políticas de la época, hoy emprender es una suerte de inconformismo activo porque es la vía para cambiar el mundo y hacerlo mejor.





























Bill Drayton el fundador de Ashoka, la red global de emprendedores sociales, explicaba hace unos años en la revista de la universidad de Harvard su teoría de las cadenas hibridas de valor, en virtud de la cual las grandes compañías y las entidades sociales trabajando juntas con emprendedores pueden resolver los más importantes problemas del mundo sin renunciar ninguno a sus intereses. No es caridad y no es solo negocio, es ser innovador para salvar el mundo. “Los emprendedores sociales no se conforman con ofrecer un pez al que tiene hambre, ni siquiera con enseñarles a pescar sino que no descansarán hasta revolucionar la industria del pescado”

Los jóvenes millennials emprenden porque es la herramienta que les permite ser consecuentes con su forma de ser. Tecnología, libertad y creatividad se fusionan en las miles de empresas que  se crean cada año en nuestro país. Los emprendedores hoy son nativos digitales y sin esa hiperconexión no entienden las relaciones sociales pero tampoco el trabajo. Frente al estereotipo de su narcisismo y falta de compromiso están protagonizando las demandas de democracia desde el norte de África a Hong Kong. Son los inventores de la economía colaborativa que pone el acento en el uso de los bienes y servicios frente a la propiedad que está arrasando en sectores como el turismo.

Vivimos una época de cambios profundos y rápidos. Esa velocidad está causando que las soluciones sean más lentas que el crecimiento de los problemas. Por ello es necesario alinear los agentes que pueden hacer cambiar esa tendencia. Los emprendedores sociales lo llaman co-creación. Un proceso colaborativo entre iguales: grandes empresas, administraciones, instituciones financieras y emprendedores que, juntos, co-diseñen y co-implementen nuevos y mejorados bienes y servicios.

Desde que se inventó el Rock ha habido quienes pensaron que la solución era prohibirlo e incluso mandar a prisión a los rockeros, como hace unos años Putin en Rusia con las Pussy Riots. Es una opción. La otra es dejar de aplicar normas antiguas y paradigmas obsoletos asumiendo que la nueva economía exige abrir las mentes aunque para ello haya que cambiar leyes y viejas costumbres.


Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor en la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR).

sábado, 2 de agosto de 2014

Innovación abierta, una oportunidad

( Este artículo se publicó el día 2 de agosto de 2014 en el periódico El Norte de Castilla )

Por mucho talento y buenas ideas que haya dentro de una empresa siempre habrá más y mejores fuera de ella. No tener en cuenta este nuevo paradigma económico es desperdiciar oportunidades cuando no estar abocado a la bancarrota.

En la empresa, durante mucho tiempo, se pensó que las grandes ideas solo podían surgir en el seno de una gran compañía fruto de la acumulación de recursos y talento. En esa lógica las innovaciones debían de ser protegidas con patentes, con el secreto industrial o incluso aislando los laboratorios del resto de la organización, para mantener la exclusividad y así poder recuperar la ingente inversión


La economía de nuestros días basada en la capacidad de desarrollo de nuevos productos y servicios que permitan competir, ha demostrado lo erróneo de esa forma cerrada de pensar y actuar.

En 2003, Chesbrough, un profesor de Berkeley acuñó el término “Innovación abierta” para referirse  a una nueva concepción de la I+D que aprovecha no sólo los flujos de conocimiento de la propia empresa sino también del mercado. La idea es sencilla y, sin lugar a dudas, ha demostrado su eficacia en múltiples organizaciones y entornos: desde la generación de ideas para campañas publicitarias hasta el planteamiento de algoritmos para resolver una recomendación en una web, pasando incluso por la propuesta de tratamientos para curar la Diabetes. ¿Increíble? Pues es cierto. Emprendedores, en muchos casos ni siquiera contrastados expertos en el tema, con un bagaje diverso y con puntos de vista poco convencionales, son capaces de resolver problemas de un modo brillante y, además, con un coste que puede llegar a ser muy limitado para las organizaciones implicadas. La inteligencia colectiva es imbatible y sirve además de sumario de esta nueva forma de entender la innovación.

Son muchas las empresas en todo el mundo que se están beneficiando de este nuevo torrente de innovaciones: General Electric, 3M, Procter&Gamble y en España con Telefónica, BBVA y Ferrovial a la cabeza, son ya habituales las convocatorias abiertas al ecosistema emprendedor e innovador para que ayuden a resolver los numerosos retos a los que se enfrentan en estos momentos las grandes corporaciones.

La innovación abierta funciona. En muchos casos y de forma muy sobresaliente. Si nos centramos en la generación de ideas, parece sensato concluir que la apertura del proceso al exterior tendrá un efecto inmediato en el incremento exponencial del número de ideas lo que, por pura estadística, aumentará la calidad de la mejor idea obtenida en el proceso. Además, este tipo de procesos también fomenta la diversidad de las propuestas: la desemejanza de puntos de vista, implica esa mayor diferencia en las ideas, lo que también afecta en positivo a que la idea final sea mejor. Es la co-creación de la nueva economía que está surgiendo y es además una expresión de la llamada economía compartida o “sharing economy”.

Christensen, profesor de Harvard, afirmó en 1997 “aunque sigan los mejores métodos de gestión, las grandes empresas están abocadas a fallar si no son disruptivas; en esa tarea los emprendedores les pueden ayudar” El término disruptivo esta traído a la ciencia económica desde la física (“que produce ruptura brusca”) y no es más que una actualización del viejo pero muy actual paradigma de Schumpeter, uno de los padres de la economía moderna, que basaba en los emprendedores la supervivencia de la economía de mercado por su capacidad para innovar a través de la destrucción creativa. Algo que hoy  tienen muy presenten las grandes empresas en todo el mundo y en todos los sectores,  para no acabar destruidas por la creatividad de nuevos jugadores como Amazon, PayPal, AirBnb o Whatsapp.



Iñaki Ortega, es doctor en economía y profesor de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)

Juan José Nájera, es doctor en economía y vicerrector de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC)


domingo, 5 de enero de 2014

La economía emprendedora

(Artículo publicado originalmente en el periódico ABC el día 5 de enero de 2014)


El país más pobre de Asia a mediados del siglo pasado es hoy el líder mundial en alta tecnología. Donde hace un siglo en la costa mediterránea había un desierto, hoy se sitúa la mayor concentración de innovación y talento del planeta. La nación sudamericana con la dictadura más extractiva en los años setenta se ha convertido en la referencia global de políticas gubernamentales inclusivas a favor de las startups. El estado europeo con más impuestos a los emprendedores hacia el año 1990 goza estos días de la tasa de actividad más alta gracias a la eliminación de trabas a la creación de nuevas empresas. En una granja cerca de la costa californiana, a finales del siglo XIX, quince profesores crearon una universidad que gracias a la iniciativa emprendedora de sus alumnos, docentes y con la ayuda de los diferentes gobiernos se ha convertido en el lugar donde han nacido y siguen naciendo las mejores empresas.


Los casos de Corea, Israel, Chile, Holanda y Silicon Valley demuestran que en economía el estado de las cosas puede cambiarse y no hay determinismos basados en la geografía, la cultura o la tradición política. El conocimiento se ha convertido en el factor de producción decisivo que está reconfigurando la estructura económica mundial. Y los emprendedores son el vehículo imprescindible para que ese conocimiento se trasforme en prosperidad. Por ello los países han de garantizar un entorno, orquestado desde lo público y lo privado, con un alto grado de libertad económica que incentive la iniciativa empresarial. La literatura económica ha definido esta tarea como la búsqueda de una “economía emprendedora”.



La presidenta de Corea lo ha llamado “economía creativa” y fundamenta su modelo en una educación de excelencia como motor de desarrollo e innovación empresarial. Lo que le ha permitido a esta nación asiática multiplicar un 400% su riqueza en apenas cincuenta años. Simón Peres bautizó a Israel como “la nación emprendedora” para lo cual trasformaron las granjas en incubadoras tecnológicas y los agricultores en científicos. Chile se cansó en 2010 de que los mejores se fuesen de su territorio y unió la fuerza de un programa gubernamental de atracción de emprendedores con fortísimos incentivos a un entorno institucional y territorial atractivo para crear “Startup Chile” que ha inspirado a los gobiernos del Reino Unido o Canadá a replicarlo en sus países. Holanda veía como se desincentivaba la iniciativa emprendedora con inasumibles cargas de seguridad social a empresas que apenas facturaban. Ante esta situación, el país acometió a finales del siglo pasado varias reformas inspiradas en el aforismo “pensar primero en pequeña escala”, que supusieron la eliminación de trámites y la rebaja de cargas fiscales y de seguridad social, especialmente para los emprendedores. Hoy, los Países Bajos se sitúan como una de las naciones con menor desempleo en Europa. Francia, por cierto, en 2008 emprendió una estrategia similar basada en reducir los costes de seguridad social para los emprendedores desde la aprobación del “estatuto del autoemprendedor” y logró escalar veinte puestos en el ranking del Banco Mundial sobre facilidad para hacer negocios. En Estados Unidos, hacia 1892, el fundador de la Universidad de Stanford, el corazón de Silicon Valley, cogió como lema “sopla el viento de la libertad”. Desde entonces, ese viento ha sido generado por el talento que ha egresado de esa institución, pero también por los sucesivos gobiernos federales con sus programas públicos de financiación a pymes, por los municipios del “Valle” con sus zonas libres de impuestos para emprendedores, con las actuaciones estatales que facilitaban la inversión de las grandes empresas y con el capital financiero más inteligente que por todo lo anterior se situó allí.


Son diferentes expresiones para una misma misión que Melchor de Jovellanos, hace ya más de 200 años, exigía a las leyes “remover estorbos que impiden la libre acción de la actividad económica”. En economía los milagros no existen, y solo propiciando las mejores condiciones para que el talento emprendedor nazca y crezca conseguiremos que España esté en la lista de esas “economías emprendedoras”. La buena noticia de la aprobación de la ley de emprendedores solo será recordada como el punto de inflexión hacia esa nueva economía si se consiguen políticas públicas eficientes en este terreno y se alinean con los valiosos programas de innovación abierta de las grandes compañías españolas y con una educación que promueva actitudes emprendedoras.



Iñaki Ortega es director de Madrid Emprende y profesor de la UNIR (Universidad Internacional de La Rioja)




domingo, 29 de diciembre de 2013

Ideas

(Artículo publicado el 18 de noviembre en el periódico ABC)


Las ideas de quienes crean, montan negocios, generan valor añadido no entienden ni de nacionalidad ni de ideología. Lo que hace que unas tengan más éxito que otras son las facilidades que determinados territorios dan a las personas con talento para que pongan en marcha sus iniciativas.

La ciencia económica viene prestando en las últimas décadas mucha atención a las interrelaciones entre la iniciativa empresarial y las instituciones sociales y políticas para explicar el crecimiento económico. Para una mayoría de entendidos, el progreso a largo plazo sólo puede lograrse cuando en un territorio se dan las condiciones de libertad y estímulo para que sus empresas e individuos desarrollen actividades económicas.

Bajo este prisma, lo público -en su doble faceta de garante de los derechos fundamentales y ordenador de la economía- importa, y mucho. Mientras que en Estados Unidos los gobiernos han tenido siempre una gran sensibilidad por la labor que desarrollan los pequeños empresarios, en España sólo en los últimos tiempos se ha empezado hacer una política realmente consecuente con ellos.

Con la llegada de la democracia, el País Vasco ha tratado de ir por delante en el impulso del clima empresarial, articulando actuaciones que van desde la creación de la SPRI y de las primeras incubadoras por las diputaciones forales hasta la pionera ley vasca de la actividad emprendedora. Y todo eso a pesar del enorme lastre de la violencia de ETA, del ambiente de coacción que vivía una parte de la sociedad vasca y que, en el caso de los empresarios, con frecuencia, se convertía en extorsión, cuando no en asesinato.

Dos conocidos economistas, Acemoglu y Robinson, han puesto de relieve en el libro Why nations fail que a largo plazo sólo pueden prosperar los territorios inclusivos en los que el marco institucional es realmente participativo y no constriñe la iniciativa individual. Los países que fallan son aquéllos con instituciones que no fomentan la libertad, la igualdad de oportunidad o desincentivan la actividad empresarial con subidas de impuestos.

Ciertamente, en este terreno, hemos mejorado mucho y en relativamente poco tiempo, tanto en España como en el País Vasco; somos una sociedad democrática, plural, tolerante y cada vez más emprendedora. Pero no podemos bajar la guardia ante la magnitud del reto que tenemos por delante, que es acelerar la salida del país de la que ha sido la peor crisis económica de nuestra historia democrática.

Cuanto más grandes son las dificultades más necesitamos sumar esfuerzos. Así pues, tomemos nota de las fórmulas que están siguiendo las naciones más inclusivas para volver a crecer. Fomentar la innovación, el emprendimiento, la internacionalización y, en definitiva, todo aquello que puede ayudar a llevar lejos el potencial que reside entre nosotros es el camino a seguir. No hacerlo es no tener “ni idea” de lo que han practicado los países más dinámicos en todo el mundo.

Hoy se hace imprescindible alinear los esfuerzos de las instituciones vascas con el prestigio y fortaleza de herramientas estatales como por ejemplo el ICEX para que las pymes vascas afronten con garantías su expansión internacional. Todos los esfuerzos serán pocos.

De nada servirá que el País Vasco sea un país lleno de ideas si éstas no encuentran salida porque, como opinaba Santiago Ramón y Cajal -en un tiempo, por cierto, no menos complicado que el actual- o se hace algo con ellas pronto o pierden su valor.

Iñaki Ortega. Doctor en economía
Arantza Quiroga. Presidenta PP vasco

viernes, 27 de diciembre de 2013

Mi ranking del 2013

Estos días en los que es imposible no encontrar en internet, en un periódico, programa de radio o televisión listas de todo tipo: por ejemplo de las noticias del año, de los tipos más influyentes del 2013, de los 100 personajes mas ricos del planeta, hasta de las mayores meteduras de pata...a mi me gustaría no ser menos y hacer mi ranking particular de los cinco libros que mas me han influido los últimos 12 meses.

Allá va:



1. Por qué fracasan los países. D. Acemoglu y. J.Robinson. Editorial Deusto

Más información sobre el libro


2. El fin del poder. M. Naim. Editorial Debate

Más información sobre el libro


3. Israel.Startup Nation. S. Singer y D. Senor . Editorial Council of Foreign Relations

Más información sobre el libro


4. Crónicas de un emprendedor. G. García-Brusilovsky

Más información sobre el libro

5.Aprenda a hablar sin miedo. G. Davies. Editorial Conecta

Más información sobre el libro


6. Políticas publicas para los emprendedores. I. Ortega. Editorial Euroeditiones.

Más información sobre el libro


NOTA: Sí ya se que he dicho cinco libros y he puesto seis!!! y sí el último libro lo he escrito yo!! Pero después de pasarme todo el 2013 presentándolo por media España como para que no me haya marcado...