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lunes, 19 de junio de 2023

Decálogo para el liderazgo

(este artículo se publicó originalmente en la revista Economía XXI el 19 de junio de 2023)

Todo el mundo habla de liderazgo, no solo en las escuelas de negocios sino también en las redes sociales, pero es más difícil resumir en un decálogo algunos aspectos clave para liderar una empresa en un momento tan convulso como el actual. A riesgo de caer en alguna ausencia o de inexactitudes por la falta de espacio, me he arriesgado como profesor de dirección de empresas, a proponer diez elementos imprescindibles para el actual liderazgo. Y para rizar el rizo, sin usar ningún anglicismo. Aquí están para ser practicadas:


  1. Humanismo. Liderar una empresa pensando que lo primero son las personas: tus clientes, tus proveedores, tus empleados pero también tus accionistas. Aristóteles o Tomás de Aquino lo aplicaron a la filosofía, pero la empresa de exige poner en el centro a las personas
  2. Mente abierta. Flexibilidad para no anclarse en lo que siempre se ha hecho de una manera y asumir que no siempre las ideas correctas son las tuyas. La capacidad de aprender de los mejores, aunque no sean de tu empresa o de tu sector, es algo que han practicado los mejores directivos
  3. Estar al día. El dinamismo de los mercados es tal que es imposible responder a las necesidades de los clientes sin volver a las aulas periódicamente para reciclarse. Los conocimientos que te hacen triunfar en un momento no siempre valen unos años más allá.
  4. Es la economía, estúpido. Esta famosa frase que le hizo ganar las elecciones a Bill Clinton puede aplicarse también al liderazgo empresarial. Conocer qué está pasando con las principales variable macroeconómicas (tipos de interés o inflación) es clave para un buen directivo
  5. Conocimiento Experto. En tu sector y con tu servicio has de atesorar el mayor dominio. Nunca es suficiente y siempre hay que saber más de tu industria y de tu producto. Los lideres exitosos siempre han cultivado un altísimo grado de excelencia técnica y así se lo premiaron los mercados.
  6. Oratoria. Si no eres capaz de expresarte con total garantía en entornos profesionales masivos, estás renunciando a tu potencial y al de tu empresa. El considerado mejor inversor de todos los tiempos, Warren Buffet ha dejado escrito que “una persona puede aumentar su valor en un 50 por ciento solo aprendiendo a hablar en público”.
  7. Equipo. Las empresas con mejores resultados en todo el mundo están gestionadas por equipos de alto rendimiento. El individualismo de las empresas del siglo pasado ha dado pasado a compañías gestionadas por equipos que hacen posible que 1 + 1 = 3
  8. Emprendedor. Hay que mantener la mentalidad de los inicios. Esa humildad de saber que estás empezando y por tanto ni puedes gastar lo que quieras ni puedes ser el absoluto referente. Desde la modestia de considerarse siempre un aprendiz, conseguirás vencer la soberbia de la autosuficiencia.
  9. Colaboración con lo público. En España la mitad de la riqueza generada en un año tiene su origen en el sector público y las regulaciones afectan a todos los negocios. La pandemia ha traído, nuevos programas públicos que no pueden ser desaprovechados como palanca de crecimiento
  10. Sociedad civil. Participar en redes profesionales como CEAJE o ATA permite que tus demandas puedan llegar a buen puerto además de mantener una relación con colegas de los que siempre se puede aprender. El asociacionismo no solamente te da ventajas en tu gestión empresarial, sino que te hace mejor profesional al pensar más allá de tu empresa.

Iñaki Ortega es doctor en economía, profesor de la Universidad Internacional de La Rioja y director del curso de liderazgo de CEOE Campus


lunes, 19 de diciembre de 2016

Hablar de trasformación digital no es suficiente

(este artículo fue publicado originalmente el domingo 18 de diciembre de 2016 en el diario ABC)

Pocos quedan que se resistan a asumir que el hasta ahora mundo estático de la economía y la empresa está moviéndose y cada vez más rápido. Pero que la trasformación digital se haya convertido en la muletilla oficial de las conversaciones corporativas no impide que muchos directivos sigan actuando como si nada hubiese cambiado.

La aparición de tres fenómenos ineditos que además se retroalimentan entre sí permite entender porqué la trasformación digital en las empresas no es un slogan sino el cambio más profundo en el mundo empresarial desde la primera revolución industrial.

Primeramente, la mayoría de las industrias de nuestra economía están reventándose  por su base. No hay sector que quede libre de la desaparición de las barreras de entrada, nuevas empresas de jóvenes innovadores están cambiando los modelos de negocio de todos los verticales: el turismo, el transporte o las telecomunicaciones son solo ejemplos de lo que está por llegar con las fintech o la industria 4.0. Las startups buscando mejores productos y servicios compiten sin complejos con las grandes corporaciones.

En segundo lugar,  la democratización en el acceso a la tecnología y la madurez de muchas disciplinas técnicas están reinventado todos los empleos.‎ En pocos años, como ha alertado el presidente Obama, la mitad de los empleos de los americanos serán sustituidos por máquinas. Ya sucede en la venta minorista, donde el comercio electrónico en pocos años ha explotado; o en las finanzas, por ejemplo en Bankia ya solo el 8% de sus operaciones son en oficinas;  o en el mundo jurídico con plataformas e-litigationcomo la de Ebay que resuelve millones de disputas legales sin abogados.  Para reinventarnos como profesionales solo nos quedará la hibridación. Mezclar habilidades  tecnológicas con conocimientos de tu sector es ya la clave en especialidades como la enseñanza universitaria donde los moocs campan por sus respetos o el marketing con el big data sin olvidarnos de la policía y la ciberseguridad. 

Nada de lo anterior tendría sentido sin la tercera variable a tener en cuenta. La crisis llegó en 2007 para no abandonarnos. De hecho desde entonces se ha reivindicado una nueva sociedad con ciudadanos empoderados usando las nuevas formas de comunicarsepara convertirse en micropoderes. Como nos recuerda Moisés Naim el poder ya no es lo que era y la energía iconoclasta de esos micropoderes no perdona la mentira, puede derrocar a políticos corruptos, acabar con los monopolios, apostar por lo políticamente incorrecto y abrir nuevas e increíbles oportunidades.

En un reciente estudio académico que he tenido el honor de coordinar hemos entrevistado sobre este nuevo momento a cuarenta empresas con sede en España que representan la mayor parte del PIB. Todas ellas coinciden en que han de cambiar sus culturas organizacionales para incluir la mentalidad transgesora de los emprendedores. De hecho no hay ni una de esas grandes corporaciones que no haya puesto en marcha programas para atraer ideas de startups porque son conscientes que ya no surgen los mejores proyectos de sus laboratorios. El 91% de estas empresas coinciden en que su actividad de búsqueda de intraemprendedores, empleados que crean empresas, se va disparar en los próximos tres años. Ya se habla sin complejos de tener que promover en los comités de dirección la figura del Chief Corporate Entrepreneur, un director general para promover el emprendimiento corporativo.

Lewis Carrol inventó en su célebre Las aventuras de Alicia, el país de la Reina Roja. Alicia lo visita y la Reina le agarra de la mano y se ponen a correr a toda velocidad, la sorpresa de la niña es que a pesar de su esfuerzo no se mueven de su sitio. La Reina le explica que en su país no basta con correr para avanzar porque como su tierra se mueve hay que hacerlo pero mucho más rápido para no quedarse atrás o en el mismo sitio. Hoy negar el cambio del paradigma de la economía es estar abocado al fracaso más rotundo. Asumir que la disrupción tecnológica ha llegado pero no trasladarla al corazón de las corporaciones y simplemente convertirlo en algo estético o reputacional es como en Alicia en el país de las maravillas quedarse en  el mismo sitio.


Iñaki Ortega Cachón,  Doctor en Economía y Director de Deusto Business School en Madrid.

martes, 10 de febrero de 2015

Cambio de escala

(este artículo se públicó en el suplemento Innovadores del diario El Mundo el 10 de febrero de 2015)

«Sigamos el ejemplo del anuncio de Martini, tenemos que estar en cualquier momento y en cualquier lugar, para ganar a lo‎s cuatro grandes» Estas palabras que firmaría el fundador de cualquier startup para convencer a un inversor, fueron formuladas la semana pasada por la presidenta del Banco Santander, Ana Botín en la presentación de las nuevas líneas estratégicas del banco rojo.

Recientemente en las aulas de Deusto Business School un directivo del BBVA nos alertó que sus rivales ya no son los bancos chinos o los americanos sino las nuevas empresas tecnológicas con sus modelos disruptivos y por ello están trasladando los vehículos inversores del Banco a Silicon Valley.

Ferrovial no sólo ha sido noticia estos días por el premio otorgado a su CEO sino por haber lanzado un programa, Madrid Smart Lab, para atraer a su ecosistema a los emprendedores más activos en ciudades inteligentes. También en España, CAF,  la ferroviaria con sede en Andoain‎ compite sin complejos con Siemens o Alstom. Ha creado un venture capital que invierte en startups en medio mundo para completar las innovaciones internas; lo dirije un joven ingeniero vasco tras cursar un Máster in Business Innovation y no un MBA, otra demostración de la necesidad de actualización también en las escuelas de negocios.

Las nuevas big four han pasado de ser históricas consultoras como  EY, Deloitte, KMPG o Price a, como nos recordaba la señora Botín,  las empresas de emprendedores Google, Amazon, Facebook y Apple. 

Este cambio de escala en las grandes corporaciones fijándose en las actuaciones y la forma de pensar de las microempresas es una tendencia global que supera lo coyuntural para convertirse en nueva norma.

El fenómeno lo bautizó hace unos cuantos años el profesor de Berkeley, Chesbrough para referirse  a una nueva concepción de la I+D que aprovecha no sólo los flujos de conocimiento de la propia empresa sino también del mercado. ‎ Christiansen, investigador de Harvard, va más allá y augura que aquellas empresas diseñadas para triunfar en el siglo XX están abocadas a fracasar en el siglo XXI sino se convierten en disruptivas, en esa tarea sólo  los emprendedores les pueden ayudar.

Es la co-creación que practica la nueva generación del milenio, los millennials, y es además una expresión más  de la llamada economía compartida.‎ Aceleradoras, incubadoras, smart money, bootcamp, lean startup o canvas son, por tanto, las nuevas palabras mágicas que ya están aprendiendo las grandes corporaciones ‎para sobrevivir a la nueva economía.


Iñaki Ortega es doctor en economía y director de programas de Deusto Business School.


sábado, 2 de agosto de 2014

Innovación abierta, una oportunidad

( Este artículo se publicó el día 2 de agosto de 2014 en el periódico El Norte de Castilla )

Por mucho talento y buenas ideas que haya dentro de una empresa siempre habrá más y mejores fuera de ella. No tener en cuenta este nuevo paradigma económico es desperdiciar oportunidades cuando no estar abocado a la bancarrota.

En la empresa, durante mucho tiempo, se pensó que las grandes ideas solo podían surgir en el seno de una gran compañía fruto de la acumulación de recursos y talento. En esa lógica las innovaciones debían de ser protegidas con patentes, con el secreto industrial o incluso aislando los laboratorios del resto de la organización, para mantener la exclusividad y así poder recuperar la ingente inversión


La economía de nuestros días basada en la capacidad de desarrollo de nuevos productos y servicios que permitan competir, ha demostrado lo erróneo de esa forma cerrada de pensar y actuar.

En 2003, Chesbrough, un profesor de Berkeley acuñó el término “Innovación abierta” para referirse  a una nueva concepción de la I+D que aprovecha no sólo los flujos de conocimiento de la propia empresa sino también del mercado. La idea es sencilla y, sin lugar a dudas, ha demostrado su eficacia en múltiples organizaciones y entornos: desde la generación de ideas para campañas publicitarias hasta el planteamiento de algoritmos para resolver una recomendación en una web, pasando incluso por la propuesta de tratamientos para curar la Diabetes. ¿Increíble? Pues es cierto. Emprendedores, en muchos casos ni siquiera contrastados expertos en el tema, con un bagaje diverso y con puntos de vista poco convencionales, son capaces de resolver problemas de un modo brillante y, además, con un coste que puede llegar a ser muy limitado para las organizaciones implicadas. La inteligencia colectiva es imbatible y sirve además de sumario de esta nueva forma de entender la innovación.

Son muchas las empresas en todo el mundo que se están beneficiando de este nuevo torrente de innovaciones: General Electric, 3M, Procter&Gamble y en España con Telefónica, BBVA y Ferrovial a la cabeza, son ya habituales las convocatorias abiertas al ecosistema emprendedor e innovador para que ayuden a resolver los numerosos retos a los que se enfrentan en estos momentos las grandes corporaciones.

La innovación abierta funciona. En muchos casos y de forma muy sobresaliente. Si nos centramos en la generación de ideas, parece sensato concluir que la apertura del proceso al exterior tendrá un efecto inmediato en el incremento exponencial del número de ideas lo que, por pura estadística, aumentará la calidad de la mejor idea obtenida en el proceso. Además, este tipo de procesos también fomenta la diversidad de las propuestas: la desemejanza de puntos de vista, implica esa mayor diferencia en las ideas, lo que también afecta en positivo a que la idea final sea mejor. Es la co-creación de la nueva economía que está surgiendo y es además una expresión de la llamada economía compartida o “sharing economy”.

Christensen, profesor de Harvard, afirmó en 1997 “aunque sigan los mejores métodos de gestión, las grandes empresas están abocadas a fallar si no son disruptivas; en esa tarea los emprendedores les pueden ayudar” El término disruptivo esta traído a la ciencia económica desde la física (“que produce ruptura brusca”) y no es más que una actualización del viejo pero muy actual paradigma de Schumpeter, uno de los padres de la economía moderna, que basaba en los emprendedores la supervivencia de la economía de mercado por su capacidad para innovar a través de la destrucción creativa. Algo que hoy  tienen muy presenten las grandes empresas en todo el mundo y en todos los sectores,  para no acabar destruidas por la creatividad de nuevos jugadores como Amazon, PayPal, AirBnb o Whatsapp.



Iñaki Ortega, es doctor en economía y profesor de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)

Juan José Nájera, es doctor en economía y vicerrector de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC)