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martes, 15 de diciembre de 2020

Las dos Españas

 

(este artículo se publicó originalmente en el diario 20 Minutos el día 14 de diciembre de 2020)


No te preocupes, no voy a hablar de política. Pero la expresión acuñada por Machado de las dos Españas viene al caso no sólo para referirse al enfrentamiento entre la derecha y la izquierda. “Españolito que vienes al mundo te guarde Dios. Una de las dos Españas ha de helarte el corazón” dejó escrito el poeta sevillano que vivió la guerra civil y murió en Francia huyendo de sus compatriotas. Así seguimos un siglo después. En plena ola de la covid19 unos se mueren y otros se aburren. Negro o blanco. Día o noche. No nos ponemos de acuerdo nunca y menos ahora en qué hacer ante la pandemia. Cada uno hace la guerra por su cuenta.


Piensa en tus amigos que no quieren salir de casa y en esos otros que no quieren entrar. En tus familiares que teletrabajan y en los que siguen en el atasco mañanero. En los que van en el autobús con dos mascarillas y pantalla frente a los que llevan siempre la nariz fuera del antifaz. Tus hermanos que no quieren juntarse en Navidad y los padres que matan por ver a sus hijos. Los abuelos que llevan desde marzo sin abrazar a sus nietos y los que no han dejado ni un solo día de ir a la guardería para ayudar a sus hijos trabajadores. Los colegas que estornudan tapándose con el antebrazo y los que te saludan con un abrazo. Los funcionarios que no han vuelto a la oficina y los camareros que ya se les ha acabado el paro. Los que van al gimnasio por la mañana con su ERTE bajo el brazo y esos otros que madrugan más de la cuenta para evitar la hora punta del metro.


Pero en las dos Españas del coronavirus pasa algo similar que con las de la política. Es muy difícil ser coherente y permanecer en la trinchera ideológica o en la de la covid19.  Defender el confinamiento más estricto o apostar por la relajación absoluta de las medidas es más fácil de palabra que con hechos. Cuantos amigos de derechas acaban votando a la izquierda cuando se enfadan con su partido o al revés, esos que votan en secreto a la derecha para que no les suban los impuestos. Ahora piensa en esos que defienden con uñas y dientes el teletrabajo pero que en cuanto pueden se van a la casa de la playa. O los que jamás cumplen el distanciamiento, pero ahora que llega la Navidad con tal de no ver a sus cuñados se acogen a las medidas sanitarias.


Si piensas que la conclusión de todo lo anterior es que somos un desastre como país. No es verdad. O sí. Simplemente recuerda este verso, de nuevo de Machado que igual te ayuda: “Tengo un gran amor a España y una idea de España completamente negativa. Todo lo español me encanta y me indigna al mismo tiempo”

 

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

lunes, 21 de septiembre de 2020

Vida en Venus

 (este artículo se publicó originalmente el día 21 de septiembre en el diario 20 Minutos)


Esta semana se ha hecho público que la astrofísica Clara Sousa Silva ha encontrado en el planeta Venus indicios de vida. Venus, también conocido como el lucero del alba, porque puede verse al amanecer, es el planeta con mayor temperatura en el sistema solar. Y eso no es solo por su proximidad al Sol (otro planeta como Mercurio está más cerca aún) sino por la presencia de numerosos gases entre ellos azufre y ácido sulfúrico que elevan a 400 grados la temperatura en su superficie.

En realidad, la científica lo que han descubierto es que puede haber vida en las nubes del planeta. Las condiciones en la superficie de Venus hacían imposible la mera posibilidad, en cambio, en las nubes hay 30 grados y sobre todo existe un elemento de nombre fosfina. Este gas funciona como un biomarcador, es decir, que, a partir de una determinada concentración, como la que ha encontrado la investigadora, solo puede explicarse por la existencia de microorganismos. La NASA ya anunciado una misión al astro que junto a la Luna y el Sol más se ve desde la Tierra y a pesar de los prudentes mensajes de la comunidad científica, la emoción de encontrar vida extraterrestre se palpaba esta semana en las declaraciones de todos ellos.

Igual no lo recuerdas, pero Venus es de un tamaño similar al planeta Tierra. Compartimos además ser los únicos planetas con nombre femenino y los expertos también afirman que poseen parecida densidad. Además, estarás conmigo, que las condiciones de vida en la superficie de ambos planetas se han vuelto muy parecidas en los últimos meses. En esta parte del planeta, a la vista de lo acalorado de las discusiones políticas, la temperatura va camino de los 400 grados de Venus; los ataques entre las administraciones llevan tanto azufre como el de la atmósfera venusiana y las medidas contra la pandemia son tan corrosivas para nuestra convivencia y economía como el acido sulfúrico que hay en el planeta con nombre de diosa.

Por eso, estos días que todo son malos augurios para nuestro bolsillo y amenazas para nuestra salud, al devorar las crónicas sobre este descubrimiento con la ilusión de que se confirme que no somos los únicos con vida en el universo, he encontrado también un motivo de esperanza. Si los milagros son posibles y en Venus con tanto calentamiento y tanto veneno, puede surgir la vida, por qué no aquí.

Si en un planeta como Venus, donde si no te mata el calor es el azufre quien lo hace, hay indicios de vida, cómo en España no vamos a tener la esperanza de que pueda haber vida -inteligente- entre nosotros. En medio de la catástrofe, con la economía por los suelos, medio país confinado, el otro acongojado o liándola parda, hay como en Venus, posibilidad de que surja, un poco de esperanza que demuestre que todavía podemos sobrevivir como país.

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

sábado, 18 de abril de 2020

Otro día de perros

(este artículo se publicó originalmente el día 15 de abril de 2020 en el periódico La Información)

Al parecer la expresión «hace un día de perros» que usamos cuando el tiempo es malísimo, tiene su origen en una estrella de la constelación canis. En la época del año en la que se veía esa estrella comenzaba el calor o lo que entonces se llamaba canícula. Eso fue hace miles de años y con el paso de los siglos un tiempo de canícula pasó a ser un tiempo de canes o lo que es lo mismo de perros. A su vez de calor extremo se pasó a condiciones atmosféricas extremas: frío, tormentas o calor africano. Te cuento todo esto porque tras cinco semanas de confinamiento la expresión va a tener que volver ampliar a su significado. Me explico. Un día de perros no será sólo un día de mal tiempo, sino un día malo para todos los que no tienen perro

Después de más de un mes de encierro por el coronavirus, hoy volverá a ser un día de perros. Si eres perro no existen restricciones a tu movilidad, si eres dueño de un perro puedes salir a la calle, si tienes can en casa no hay problema alguno en abandonar tu hogar varias veces al día. Pero si tienes un hijo menor de edad nada de salir. Si hoy eres un niño en España no puedes correr al aire libre ni estirar las piernas fuera de tu domicilio. Eso es sólo para perros.

Igual no extraña que alguno tomará esta decisión a la luz de estos datos. En España según el INE hay algo menos de siete millones de niños menores de 14 años frente a más de trece millones de mascotas. De hecho, hasta que llegó la pandemia en Madrid, Valencia o Bilbao había el doble de posibilidades de cruzarse por la calle con un perro que con unos padres con un bebé. Exactamente en Madrid 270.000 perros frente a 140.000 niños menores de cuatro años. Hoy las probabilidades en cualquier ciudad española son del cien por cien de salir a la calle y encontrarte con un can y de cero por cien de tropezar con un niño. 

Seguro que tampoco le extrañó al que tomó la decisión que los padres aceptarán abnegados en el primer decreto del Estado de alarma la excepción de los perros. Pero llegará el día en el que ese responsable tendrá que explicar por qué es mejor que las mascotas pisen la calle que los niños. Los perros no van al baño como los niños podría ser un argumento. O que los niños contagian el virus y los animales no. Pero acaso tener un niño cinco semanas en casa sin que le de el sol o pueda corretear no es tan peligroso como dejar a esas mascotas sin salir. ¿Es peor un perro ensuciando una casa o un niño enriqueciéndose? ¿Tienen más derecho los dueños de mascotas que los sufridores padres que tras 30 días en casa ya no saben qué hacer con sus hijos? ¿Nadie pensó que los padres podían garantizar en las salidas de sus hijos las medidas de protección? ¿o es que los que pasean perros no contagian a nadie y sí los que pasean a sus hijos?

El BOE vuelve a anunciarnos más días de perros. Otras dos semanas en las que millones de niños españoles no podrán salir de casa. De nuevo las familias cumplirán la ley a pesar de la discriminación que supone. La pandemia pasará y los mismos que no han pensado en la salud de estos niños dejándolos encerrados en sus casas, no tengo duda que se atreverán a defender en sus discursos a la infancia. Pero muchos padres ya no se quedarán impávidos como con el primer estado de alarma y entonces actuarán.

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR    

jueves, 2 de abril de 2020

La empresa en los tiempos del coronavirus

(este artículo se publicó originalmente el día 31 de marzo de 2020 en el periódico El Economista)


Una novela dedicada al verdadero amor. Así se ha definido el libro de García Márquez “El amor en los tiempos del cólera”. Un hombre espera cincuenta años para recuperar a su amada, todo ello ambientado en un lugar devastado por la epidemia del cólera. ¿Cómo era posible amar en ese momento histórico? ¿Cómo es posible hoy pensar en otra cosa que no sea la emergencia sanitaria? La respuesta a ambas cuestiones es la misma: se puede y se debe.

La crisis del covid-19 ha paralizado el mundo y de repente las prioridades son otras. Lo importante es no morir, no hacer que nadie muera, no contagiar ni contagiarse. Por eso el estado de alarma, el confinamiento y el cierre de una gran mayoría de los comercios de cara al público. En principio el sector educativo, luego la restauración y los minoristas para posteriormente en cascada ir parando prácticamente todas las industrias. Las consecuencias se sufrieron inmediatamente en los mercados financieros y por tanto en la valoración de las empresas cotizadas. En la misma semana llegaron los primeros despidos que hoy colapsan las oficinas estatales de empleo. En breve el pulmón de las empresas más frágiles se acabará y comenzarán los concursos de acreedores y los cierres patronales, porque prohibir despidos o los permisos retribuidos no pararán la hemorragia. Todo con un abrumador y cada día más frágil consenso en que las duras medidas de aislamiento son las necesarias para frenar la pandemia y evitar más muertes. La economía, como miles de españoles, en la UCI. Pero el pulso de nuestra economía sigue latiendo gracias al teletrabajo y la necesidad de seguir abasteciendo a los millones de encerrados. Hasta aquí nada nuevo. Quizás para algunos sí lo sea que empresas españolas de toda tamaño y sector han reconvertido su actividad para fabricar mascarillas o respiradores. Igualmente que emprendedores se están movilizando de manera altruista bien para digitalizar pymes que sino cerrarán, bien para dar herramientas de big data a los hospitales. Grandes corporaciones de capital español están usando sus redes logísticas y capacidad financiera para, sin pedir nada a cambio, ayudar al sistema sanitario. Directivos dedican estos días todo su tiempo a movilizar recursos para salvar empresas con herramientas financieras de impacto social.
Pero desde este fin de semana nos encontramos en una nueva encrucijada: parar definitivamente la economía endureciendo el confinamiento o permitir que la actividad económica siga bajo mínimos. Los que defienden la primera opción, la hibernación, quieren evitar contagios causados por las personas que siguen trabajando pero quizás no tienen en cuenta que gracias a muchos de esos trabajadores ninguna localidad y ningún español ha estado desabastecido o ha dejado de disfrutar servicios de energía, agua o telecomunicaciones. Igual tampoco han reparado en que este débil pulso de la actividad empresarial está permitiendo que millones de españoles sigan con empleo aunque sea en remoto. Tal vez no son conscientes de que se ha levantado toda una ola de solidaridad liderada por empresas que también sufren. 

Antes de que nos demos cuenta la Semana Santa habrá pasado y el elefante seguirá en la habitación y tendremos que responder a la gran pregunta ¿seguir o no seguir con la economía parada? Somos muchos los que pensamos que tomar el camino del cierre total es llevar la economía a un coma inducido que en medicina es siempre la última opción para un enfermo por el riesgo de irreversibilidad.

Gabriel García Márquez consiguió hacer creíble en plena epidemia del cólera una historia sobre el verdadero amor que dio lugar a su premiada novela. Hoy, a pesar de lo que piensen algunos ministros una gran mayoría de empresas están mostrando la verdadera cara de la actividad económica. Empresarios y trabajadores que cuidan de sus familias la vez que trabajan, aunque nadie se lo pida. Cientos de miles de autónomos que seguirán pagando sus cotizaciones a pesar de no tener ingreso alguno. Corporaciones que evitan los ERTEs a costa de sus dividendos, CEOS que no duermen para buscar un resquicio que permita no despedir a nadie, altos directivos que se recortan sus salarios o multinacionales que se ponen a disposición de los gobiernos. Emprendedores empeñados hasta las cejas que no pueden dejar de trabajar no para pagar sus deudas sino para buscar soluciones de emergencia para las consecuencias del covid-19.

No han pasado ni tres semanas de confinamiento pero parece ya una eternidad. Entonces el debate era cómo conseguir empresas con propósito. Desde las grandes instituciones y los foros más relevantes del mundo se nos decía que había que reinventar el capitalismo; conseguir una economía de mercado inclusiva que no dejase nadie atrás; pensar menos en el dividendo y más en el compromiso con las comunidades. Había que aspirar a ser una empresa ESG (por sus siglas en inglés: environmental, social and governance). Ha tenido que venir esta pandemia para conseguir todo lo anterior y descubrir la verdadera empres:  la que sufre a la vez que la sociedad a la que sirve o la que se sostiene nuestro bienestar en contra de sus intereses.
Ojalá dejemos que empresas y directivos españoles sigan mostrando esa verdadera cara de la actividad económica aunque sea en los tiempos del coronavirus. Esta vez les premiará la historia.

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR