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lunes, 18 de septiembre de 2023

Se acabó

  (este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 Minutos el día 18 de septiembre de 2023)


Alexia Putellas es de Barcelona y tiene 29 años. María Jiménez nació en Triana y acaba de morir con algo más de setenta años. Una futbolista, la otra cantante. Sin embargo ambas españolas van a estar unidas de por vida por el himno “Se Acabó”. El 7 de septiembre María Jiménez murió, pero le dio tiempo a vivir cómo su mítica canción se convirtió en una tendencia mundial gracias a un mensaje el 22 de agosto en las redes sociales de la jugadora del Barca. El penúltimo servicio de la letra de una canción escrita en 1978 para denunciar el maltrato. La racial sevillana cantó la coplilla en primera persona, porque ella padeció la violencia machista durante años. En un tiempo muy diferente al actual permitió abrir el camino para que muchas mujeres se atrevieran a denunciar y acabar con los malos tratos en pareja.

Han pasado casi cuarenta años y una joven deportista -que no había nacido cuando María Jiménez escondía las palizas con maquillaje antes de salir al escenario- encontró en la canción de la trianera la mejor forma de expresar el hartazgo del mundo del fútbol femenino frente a las formas de Rubiales y la Federación. El beso a Jenni Hermoso fue la gota que colmó el vaso de la indignación contenida ante una gestión cutre y nefasta del deporte de élite de mujeres.

Pero no nos equivoquemos pensando que nada ha cambiado cuatro décadas después. En los setenta los agresores se paseaban por los platós y en los vecindarios no es que nadie llamase a la policía después de una noche de palizas, es que ni se les quitaba el saludo. Hoy siguen muriendo mujeres a manos de sus parejas y la discriminación no se ha eliminado del mundo del trabajo, pero el caso Rubiales y el #SeAcabó de Alexia Putellas demuestra que la sociedad ha cambiado, que ya no se soporta más la chulería machista y que la dignidad vence caiga quien caiga. Los de las risitas ante el beso a Jenni Hermoso, los que lo relativizaban en el contexto de la celebración, incluso los que apoyaban a Rubiales por otras razones políticas o económicas se han visto arrollados por la marea promovida por las mujeres futbolistas. Quienes intentaron resistirse desde los despachos del poder pronto tuvieron claro que el #SeAcabó se los llevaría por delante.

Ningún filósofo, ningún escritor, tampoco un político o un profesor. Unas chicas deportistas han dado una lección moral al mundo usando la canción de una cantante analfabeta que sufrió como ellas en sus carnes la violencia y la discriminación por el mero hecho de ser mujer. Lo sucedido esos días nos debe llevar a reflexionar sobre cómo conseguir que no haya más Rubiales en nuestras casas y trabajos. La conclusión a la vista de lo anterior es sencilla. Cuántas más miradas plurales haya en las empresas, cuántos más portavoces de la sociedad civil, cuántas más visibilidad al diferente, cuánta más libertad haya para expresar lo que sientes, más cerca estaremos de entonar definitivamente el #SeAcabó.

Iñaki Ortega es doctor en economía en LLYC y UNIR

sábado, 17 de diciembre de 2022

Homo economicus

(este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 Minutos el día 12 de diciembre )

Encontrar una causa al fracaso de la selección española en Qatar se ha convertido esta semana en el tema preferido de conversación. Me permito aportar mi particular teoría importada de la ciencia económica, seguramente tan peregrina como cualquier de las que he escuchado.

El homo sapiens marca el paso de primate a ser humano racional. Y el Homo economicus, simboliza la importancia que la economía ha alcanzado durante los últimos dos siglos en las decisiones de las personas. Los humanos nos comportamos de manera que podamos obtener el mayor bienestar posible con la menor cantidad de trabajo, siempre en función de las circunstancias que nos rodean.

Ahora pensemos en los futbolistas españoles. Con una edad media de 25 años se sitúan en lo que se ha definido como la generación z. Es la cohorte de edad nacida a partir de 1995, fecha en la cual internet está presente en los hogares y por tanto en la forma en que se educan y socializan todos esos chicos. Los convocados al mundial por Luis Enrique son reflejo de un mundo en el que lo que manda es el dinero y a la vez miembros de una generación, la de internet, donde además prima la gratificación inmediata.

Justo antes de que empezase el mundial de fútbol un estudio puso de manifiesto que para el 64% de los españoles entre 18 y 29 años el ocio es más importante en su vida que el trabajo. Si cuando eres un joven español que padece -según la OCDE- una de las peores situaciones económicas del mundo desarrollado por sus tasas de desempleo y precariedad, el empleo te importa un bledo, imagina la respuesta si con esa edad te dedicas al fútbol profesional en España y tienes la vida resuelta. Según mi hijo -que por las horas que dedica a ver estadísticas futbolísticas en lugar de a estudiar, puede considerarse un experto- de media los chavales de la selección ganan 5 millones de euros al año en sus clubes.

Los Asensio, Pedri y Unai Simón no lloraron en el campo tras la eliminación, tampoco entraron en un periodo de duelo por haber sumido a su país en la depresión o suplicaron clemencia por el soberano ridículo. Tampoco dieron explicación alguna de porqué permitieron que se hinchara la burbuja de las expectativas de un plantel que no ha ganado nada nunca por sí mismos. En cambio la mayoría se fueron de vacaciones a disfrutar el sol y el mar, mientras los demás nos quedamos en la niebla y la lluvia de la frustración por caer de nuevo en octavos de final de una copa del mundo.

No les culpo, como decía el filósofo madrileño José Ortega Y Gasset "yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo". Esa circunstancia para los Gavi, Ansu Fati o Morata es la economía y sobre todo el ocio.  Como homo economicus que son no tenían incentivos para ganar, son jóvenes, ricos y me dicen que consentidos por su ya ex entrenador. Su única motivación parece que era una playa paradisiaca en pleno otoño, una viral story en Instagram o la mejor partida del videojuego. O no.  Pero ya nunca lo sabremos.

Iñaki Ortega es doctor en economía en la Universidad de Internet (UNIR) y LLYC