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sábado, 30 de septiembre de 2023

Un rinoceronte gris

(este artículo se publicó originalmente en el periódico económico La Información el día 30 de septiembre de 2023)


No hay nada que nos guste más a los economistas que descubrir una expresión omnicomprensiva. Como si fuese el santo grial, la buscamos obsesivamente y cuando la encontramos no deja de usarse en la vida. La “mano invisible” de Adam Smith a la “destrucción creativa” de Schumpeter pasando por los “clústeres de empresas” de Porter o “la cultura se come como desayuno a la estrategia” de Drucker son algunas perlas de este tipo. En pocas palabras se expresa mucho; en una memorable frase queda concentrado años de investigaciones, por eso jamás nos cansamos de utilizarla en clases, artículos y conversaciones.

En este inicio de curso tan convulso, en el que nos hemos frotado los ojos después de ver a un presidente de Estados Unidos en un piquete de huelguistas, al ganador de las primarias en Argentina defender que los empresarios pueden contaminar ríos o a una vicepresidenta española hablar de avaros millonarios que viven en cohetes, he tenido que recurrir a la bibliografía académica para explicar en una expresión tanta superchería.

Por si fuera poco, en México el presidente a López Obrador ha invitado a militares rusos para que desfilen en el día de la patria. En Eslovaquia, Hungría y Polonia líderes políticos no dejan de insultar y humillar a la invadida Ucrania. En China el ministro de asuntos exteriores ha sido apartado por una relación amorosa “inapropiada”. Tampoco las empresas se escapan de las barrabasadas, los primeros ejecutivos de McDonald’s, Ford, Ogilvy o Lazard fueron cesados al saltarse los códigos éticos por la misma razón que el diplomático chino. Hasta los fiables alemanes de Volkswagen buscaron los atajos con aquel dispositivo que falseaba emisiones. Qué decir del deporte y Rubiales investigado por confundir la final del mundial con una despedida de soltero y el Barca acusado de cohecho por querer ganar los partidos de futbol no en el campo sino en los despachos con maletines de dinero para árbitros.

Antes de que algún lector piense que el concepto omnicomprensivo que define tanta torpeza es “sujétame el cubata” he revisado la literatura del ramo para no alimentar yo mismo este chapoteo. La buena noticia es que he encontrado un concepto que permite explicar todos estos resbalones sin consumir ríos de tinta o peor aún agotar los calificativos ad hominem. El rinoceronte gris. La analista Michele Wucker lo explica como antagónico al cisne negro acuñado por Nassim Taleb, esos sucesos como la covid19 que nadie pudo prever. En cambio, un rinoceronte gris es un fenómeno que sí es altamente probable porque ya ha sucedido en el pasado, pero por alguna razón difícil de explicar el riesgo es ignorado. Cualquier manual de zoología explica que un rinoceronte gris es un fiero espécimen que vive en el Congo y con permiso del elefante, el mamífero terrestre más pesado de la Tierra. Se conoce su peligrosidad, pero, a pesar de ello, todos los años pierden la vida algunos turistas que subestiman el riesgo de acercarse al bicho únicamente para conseguir una fotografía y así presumir de safari.

Frente a cisnes negros como la tormenta Filomena en Madrid, el rinoceronte gris es un fenómeno altamente probable porque ya ha sucedido en el pasado. Es sabido que decir exabruptos en política genera odios africanos o que incumplir los códigos éticos en la empresa acaba con las carreras más exitosas. También la historia nos ha enseñado que los nacionalismos exacerbados provocan tragedias, que el odio al diferente es la antesala de la violencia y que los atajos no te hacen llegar antes sino embarrar. Aun así, se sigue minusvalorando el peligro y es demasiado habitual que personajes con altas responsabilidades institucionales, jueguen con fuego en sus intervenciones públicas.

Pero que nadie se equivoque y piense que lo mejor es ponerse un esparadrapo en la boca y estarse calladito. El desafío más difícil para muchos CEOs es cuándo involucrarse en cuestiones públicas y cuándo no opinar. Y es que ya no es posible pasar de puntillas. Si eres un líder empresarial, estás obligado a comprometerte, porque quien no defienda las causas sociales corre el peligro de que la gente (empleados, clientes o proveedores) piense que no le importan.

Hoy la sociedad no perdona. Y tan nefasto es hablar más de la cuenta como no posicionarse ante las inmoralidades. Todos sabemos que “no existe una segunda oportunidad para causar una primera impresión” y en los tiempos que nos ha tocado vivir cuesta muy poco generar una crisis de reputación, pero muchísimo que se olvide ese incidente. Dejó escrito nuestro premio Nobel Ramón y Cajal que “las ideas duran poco, hay que hacer algo con ellas”. Exactamente igual pasa con la reputación de las instituciones, dura muy poco el prestigio de una empresa si se actúa con imprudencia o desalineado con la sociedad a la que se sirve.

Termino esperando que al lector nunca le pase como a ese turista muy ufano montado en una potente camioneta empeñado en inmortalizar con su cámara al rinoceronte gris. Porque cuando la bestia se pone a correr ya no hay protección ni punta de velocidad de coche que aguante la embestida de su cuerno y solo queda lamentarse de la imprudencia o rezar para salir vivo. Ojalá tantos representantes de la cosa pública pero también de la empresa antes de ponerse delante de un micrófono o buscar soluciones rápidas a problemas complejos tuvieran muy presente este concepto del rinoceronte gris o por lo menos la imagen de la cara de pánico del imprudente turista. Mejor nos iría.

Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR Y LLYC 

lunes, 18 de septiembre de 2023

Se acabó

  (este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 Minutos el día 18 de septiembre de 2023)


Alexia Putellas es de Barcelona y tiene 29 años. María Jiménez nació en Triana y acaba de morir con algo más de setenta años. Una futbolista, la otra cantante. Sin embargo ambas españolas van a estar unidas de por vida por el himno “Se Acabó”. El 7 de septiembre María Jiménez murió, pero le dio tiempo a vivir cómo su mítica canción se convirtió en una tendencia mundial gracias a un mensaje el 22 de agosto en las redes sociales de la jugadora del Barca. El penúltimo servicio de la letra de una canción escrita en 1978 para denunciar el maltrato. La racial sevillana cantó la coplilla en primera persona, porque ella padeció la violencia machista durante años. En un tiempo muy diferente al actual permitió abrir el camino para que muchas mujeres se atrevieran a denunciar y acabar con los malos tratos en pareja.

Han pasado casi cuarenta años y una joven deportista -que no había nacido cuando María Jiménez escondía las palizas con maquillaje antes de salir al escenario- encontró en la canción de la trianera la mejor forma de expresar el hartazgo del mundo del fútbol femenino frente a las formas de Rubiales y la Federación. El beso a Jenni Hermoso fue la gota que colmó el vaso de la indignación contenida ante una gestión cutre y nefasta del deporte de élite de mujeres.

Pero no nos equivoquemos pensando que nada ha cambiado cuatro décadas después. En los setenta los agresores se paseaban por los platós y en los vecindarios no es que nadie llamase a la policía después de una noche de palizas, es que ni se les quitaba el saludo. Hoy siguen muriendo mujeres a manos de sus parejas y la discriminación no se ha eliminado del mundo del trabajo, pero el caso Rubiales y el #SeAcabó de Alexia Putellas demuestra que la sociedad ha cambiado, que ya no se soporta más la chulería machista y que la dignidad vence caiga quien caiga. Los de las risitas ante el beso a Jenni Hermoso, los que lo relativizaban en el contexto de la celebración, incluso los que apoyaban a Rubiales por otras razones políticas o económicas se han visto arrollados por la marea promovida por las mujeres futbolistas. Quienes intentaron resistirse desde los despachos del poder pronto tuvieron claro que el #SeAcabó se los llevaría por delante.

Ningún filósofo, ningún escritor, tampoco un político o un profesor. Unas chicas deportistas han dado una lección moral al mundo usando la canción de una cantante analfabeta que sufrió como ellas en sus carnes la violencia y la discriminación por el mero hecho de ser mujer. Lo sucedido esos días nos debe llevar a reflexionar sobre cómo conseguir que no haya más Rubiales en nuestras casas y trabajos. La conclusión a la vista de lo anterior es sencilla. Cuántas más miradas plurales haya en las empresas, cuántos más portavoces de la sociedad civil, cuántas más visibilidad al diferente, cuánta más libertad haya para expresar lo que sientes, más cerca estaremos de entonar definitivamente el #SeAcabó.

Iñaki Ortega es doctor en economía en LLYC y UNIR