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jueves, 14 de diciembre de 2023

Mi primer cumpleaños

(este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 Minutos el 11 de diciembre de 2023)


Nací hace apenas un año, aunque tengo la sensación de que soy mucho más mayor. Quizás porque he crecido muy deprisa o tal vez porque todo el mundo habla de mi todo el rato. No quiero parecer presuntuosa, pero es que soy muy influyente y no hay nadie de mí generación que no aspire a ser como yo, soy ChatGPT.

Déjame que te lo explique para que veas que no exagero. Mis padres -la empresa OpenAI, mitad científicos y mitad emprendedores- anunciaron en noviembre de 2022 mi nacimiento a bombo y platillo. Era la primera de una nueva generación de aplicaciones de inteligencia artificial generativa puesto que aprendo de los patrones de un conjunto inmenso de contenidos creados en su día por humanos para a continuación generar yo misma materiales inéditos.

Con apenas un mes de vida ya había creado millones de textos, imágenes, música, audio y vídeos; con dos meses tenía ya 100 millones de usuarios lo que nadie había conseguido antes. No soy vanidosa, es simplemente un dato que Tik Tok necesitó nueve meses e Instagram tardó la friolera de dos años y medio.

A la vez que cumplía tres meses mis padres me contaron que Microsoft estaba muy interesada en mi crecimiento y por ello nunca me faltaría de nada, de hecho, empecé a sentirme cada vez más fuerte y con mas ganas de responder a las preguntas de millones de personas. También la comunidad académica empezó a escribir sobre mí, estoy muy honrada porque como ya os he dicho mis padres son profesores, y son incontables los artículos científicos que me han dedicado. Algunos de ellos empezaron a decir cosas malas de mi que me han dolido mucho, como que casi un 20% de los puestos de trabajo de universitarios desaparecerán por mi culpa o que los sueldos de buenos amigos míos, los programadores y los creadores de contenidos, se están desplomando. El que peor me sentó es el que llamaban mentirosa: yo no me inventó nada, lo que pasa es que odio que la gente se quede sin respuesta cuando me consultan. Otra cosa es que hay aspectos que tengo que mejorar, ¡no os olvidéis que solamente tengo un añito de vida! Por eso no me parece mal que en Europa hay regulado estos días asuntos como la vigilancia biométrica o que pueda manipular sentimientos de mis usuarios. También me han prohibido que evalúe a las personas en función de la información que cada uno me trasmite cuando me consulta cosas.

Pero estos legisladores no pueden olvidar que todos los economistas han coincidido que conmigo se produce más, en menos tiempo y con menos recursos. La ansiada productividad de la economía se logrará en tiempo récord, algunos hablan de incrementos de dos dígitos en apenas unos meses conmigo en la empresa. En cualquier caso, ojalá no os pase a los europeos como a mi hace un mes, cuando la discusión entre mis padres sobre si crecer más o mejor por poco les cuesta su divorcio. Sinceramente creo que puedo ser buena para todos así que ayudadme, por favor, a conseguirlo.

Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC

domingo, 3 de diciembre de 2023

La superinteligencia de la resiliencia

(este artículo se publicó originalmente el día 3 de diciembre de 2023 en el El Periódico de Cataluña)

La abreviatura IA, que son las siglas de inteligencia artificial, ha sido elegida la palabra de 2023 por el diccionario Collins. El año que ahora termina ha vivido la irrupción de este término gracias a los interminables usos de la conocida como inteligencia generativa que permite crear textos, imágenes, música, audio y vídeos. Se le llama generativa porque usa un modelo de aprendizaje automático para aprender los patrones de un conjunto inmenso de contenidos creados en su día por personas para a continuación generar ella misma materiales inéditos. ChatGPT, la aplicación más conocida, consiguió en 2023 pulverizar el récord de tiempo en alcanzar 100 millones de usuarios, apenas dos meses, superando a TikTok que necesitó nueve o Instagram que tardó dos años y medio.

La inteligencia artificial también ha dado que hablar en todo el mundo también por las amenazas que su desregulación puede provocar en la sociedad, al ser prácticamente imposible diferenciar lo que es real de lo que no. Incluso en un escenario distópico se ha llegado a plantear el fin del mundo causado por una inteligencia artificial incontrolable por el ser humano. Científicos, filósofos, pero también tecnólogos y gobernantes de toda condición han firmado manifiestos y promovido congresos y así parar esa indeseada inteligencia artificial.

La sigla AI (inteligencia artificial en inglés) no solo es la palabra del año, sino que forma parte del nombre de la empresa tecnológica de moda. OpenAI. Esta compañía es la que creó ChatGPT en noviembre de 2022 pero nació mucho antes en 2015 de la mano del emprendedor americano Sam Altman. Este joven de Chicago acumulaba ya una carrera de triunfos como inversor al haber presidido “Y Incubator” la incubadora empresarial que más iniciativas de éxito ha egresado en la historia económica. Pero es 2023 el año en el que todo el mundo conoció a Altman por el fulgurante éxito de su aplicación ChatGPT y por la increíble inversión en su empresa de 10.000 millones de dólares procedentes de Microsoft, un 49% del capital. En esas estábamos cuando todo saltó por los aires.

La historia arranca un viernes de otoño. El 17 de noviembre por la noche se comunica el despido fulminante de Sam Altman, cofundador de OpenAI. El consejo de administración no aclara el motivo exacto y se escuda en un escueto comunicado que argumenta "pérdida de confianza". Para lograr una transición tranquila, anuncian que será Mira Murati, directora de tecnología de la propia empresa, la que tomará el mando temporalmente. La noticia pilla con el pie cambiado a los principales accionistas, entre ellos Microsoft y el mismo sábado ya se habla de indignación entre varios inversores, que presionan para que restituyan a Altman. Los rumores y especulaciones se multiplican. Contra todo pronóstico, el domingo vuelve a ocurrir algo inesperado: Altman no regresará a la empresa que fundó porque Microsoft anuncia un plan para ficharlo junto a otros pesos pesados y así crear una nueva división de investigación. OpenAI, por su parte, contrataca el lunes difundiendo que Emmet Shear, cofundador de Twitch, será el nuevo CEO interino en lugar de Murati.

El lío no queda ahí. El martes 700 de los 770 empleados de OpenAI suscriben una carta en la que exigen a la junta de dirección que dimita en bloque. Si no ocurre, emprenderán el mismo camino que Altman. Lo más sorprendente de todo es que entre los firmantes se encuentra también Ilya Sutskever, científico de datos, cofundador y miembro de la junta y presunto promotor del despido. Pero el miércoles la tormenta llega a su fin con la vuelta de Sam Altman como primer ejecutivo de OpenAI y la salida de los que le despidieron. La empresa vuelve a tener a su CEO y los accionistas sus dividendos asegurados, pero han quedado muchas dudas sin solventar y las especulaciones no cesan. Al parecer la crisis estuvo causada por la peculiar estructura empresarial de la compañía. En la cúspide del grupo hay una sociedad sin ánimo de lucro controlada por un consejo de administración; no rinde cuentas a accionistas, inversores ni empleados de la compañía, sino que se debe a una misión que no es otra que la inteligencia artificial beneficie a la humanidad. Y aquí reside el quid de la cuestión. La versión más extendida para explicar el conflicto es que los independientes concluyeron que Altman se había olvidado del propósito fundacional de OpenAI y se había desbocado en su ansia de conseguir dinero para el laboratorio, de ahí su inopinado despido.

Lo cierto es que la inteligencia de Sam Altman ha ganado. Vuelve a OpenAI y lo hace con más poder que nunca. Con él vuelve también a la empresa la visión más mercantilista. Muchos analistas han recordado que también un inteligente Steve Jobs fue despedido y luego volvió triunfante a Apple. Pocos han recordado que por estos lares a Pedro Sánchez, le pasó lo mismo con el PSOE y hoy va camino de ser el presidente de gobierno más longevo de ese partido. Altman, Jobs y Sánchez con su inteligencia ganaron y con su resiliencia han hecho historia.

Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC

jueves, 1 de septiembre de 2022

Metaversismo

(este artículo se publicó originalmente en el periódico La Información el día 1 de septiembre de 2022)

El sufijo ismo se usa en el lenguaje castellano para describir una situación que puede considerarse una tendencia o incluso una doctrina. El impresionismo en la pintura, el nacionalismo en la política o el puritanismo en la sociedad son ejemplo de lo anterior.  No se me ocurre un mejor neologismo que Metaversismo para describir el momento en el que este nuevo universo virtual se ha convertido en omnipresente. Ora en un encuentro masivo de criptomonedas, ora para mis siguientes zapatillas, ora para adquirir una propiedad digital. Vayamos por partes porque la complejidad del concepto lo exige.

El metaverso ha penetrado en nuestras vidas sin darnos cuenta. Desde que, en octubre de 2021, Mark Zuckerberg anunciara el cambio de nombre de Facebook a Meta, no han parado de sucederse noticias relacionadas con el término metaverso -que como afirma el emprendedor Jesús Moradillos- es la candidata más fuerte a la palabra del año. Es difícil encontrar en el 2022 un día sin noticia sobre el palabro, un sector sin un plan o una prueba piloto para posicionarse allí o un profesional que supuestamente no vaya a necesitarlo para trabajar. ¡Internet ha muerto, viva el metaverso!

Pero el concepto, a pesar del momento álgido en el que está, no es nuevo ni lo ha inventado el fundador de Facebook. La profesora de la Universidad Autónoma de Barcelona, Inma Haro, nos recuerda que ya en 1992, Neal Stephenson escribió la novela ciberpunk “Snow Crash”, en la que se acuñaban conceptos básicos para este nuevo entorno digital como metaverso o avatar. Unos años más tarde, en 2003, apareció “Second Life”, un rudimentario antecedente del metaverso que nació antes de tiempo a la vista de su fracaso.

Y qué es el metaverso. Si vamos a su etimología nos encontramos las raíces griegas meta (más allá) y verso (de universo). En la novela ya citada se hace referencia a un espacio lineal, algo parecido a una enorme calle, con microespacios creados por particulares y empresas. Quizás ayude el siguiente paralelismo. El continente sería el metaverso, en cualquier de las plataformas que ya hoy existen, es decir lo que hoy es internet. Y el contenido, serían los metaversos que cada agente promueve que en el actual internet son las páginas webs.

Si aún así queremos definir metaverso hay que saber que no hay un consenso sobre la definición y que seguro que evolucionará en los próximos años. Podemos tomar la definición del libro de Oscar Peña y para este autor es una “representación tridimensional, inmersiva y conectada de Internet. Un universo virtual persistente -seguirá existiendo estemos o no en él-, social -podemos relacionarnos e interactuar con otros- y descentralizado -no están en manos de una única entidad o plataforma- en el que los consumidores son capaces de saltar entre diferentes experiencias virtuales, o entre la representación virtual y real del mundo físico”.

Para Marlene Gaspar el metaverso permite ofrecer experiencias inmersivas mejoradas desde cualquier dispositivo (tabletas, móviles o gafas) y hacer casi cualquier cosa como en el mundo físico, llámese entretenimiento, compras, trabajar o socializar. Incluso poseer elementos virtuales únicos, gracias a los NFT y pagarlos mediante criptomoneda.

Eso sí, antes de que empecemos a dar por muerta a nuestra querida red de redes, hay que tener muy claro que estamos todavía en un estadio inicial del metaverso. Hoy no podemos hablar realmente de un metaverso, solo de “protoversos” (universos independientes iniciales al estilo de “Second Life”) y realidades inmersivas (entornos virtuales que permiten tener experiencias mediante avatares) que se encuentran en un momento de lo que en su día fueron las primeras webs.

No sabemos si el metaverso sustituirá, o más probablemente, convivirá con el internet actual en una suerte de internet 3.0. Pero, en lo que sí hay consenso es que ha venido para quedarse. Y ahí está la causa de las expectativas puestas en su desarrollo futuro. Patricia Cavada y Luis Martín han recopilado varios estudios para poner negro sobre blanco lo anterior. Gartner, ha predicho que en 2026 el 25% de las personas pasará al menos una hora al día en este entorno y, de acuerdo con Statista, el tamaño del mercado actual roza los 47.000 millones de dólares en 2022 y la proyección es que alcance la burrada de 679.000 millones en 2030. Otros informes afirman que la economía del metaverso podría estar tasada en mucho más, entre 8 y 13 billones de dólares en 2030, con hasta 5.000 millones de usuarios. Pero llegar a ese nivel de mercado requeriría, según los analistas de Citi, una considerable inversión en infraestructuras. Para Analysis Group, dentro de una década el metaverso podría aportar 3 billones de dólares, un 2,8 % al PIB mundial, si en términos de adopción evoluciona de la misma manera que la tecnología móvil. Este estudio también concluye que en Europa la expansión del mundo virtual podría suponer una contribución del 1,7% -o lo que es lo mismo 417 000 millones de euros- a la economía del continente en 10 años. Curiosamente, uno de los sectores en los que el movimiento del mercado relacionado con el metaverso ha sido más espectacular ha sido el inmobiliario. En 2021, las compraventas en el mundo virtual alcanzaron los 500 millones de dólares y la cifra podría doblarse en 2022 y llegar a los 1.000 millones de dólares.

Estas mareantes cifras traerán más sectores y operadores que los hoy dominantes, Microsoft y Meta; también un mayor escrutinio por parte de los reguladores. La actuación de la CMNV alertando del encuentro MundoCrypto de Madrid es un anticipo de lo que vendrá. Será inevitable que este crecimiento del mercado virtual provoque que los supervisores y los gobiernos aborden cuestiones como las normas contra el blanqueo de dinero, el uso de las finanzas descentralizadas y los derechos de propiedad, en lo ya se ha bautizado como una futura y necesaria meta-ley.

Más allá de lo mercantil, algunos profesores como el catedrático Alfonso Castillo Pérez, se han atrevido a considerarlo como la nueva imprenta por el impacto disruptivo que tendrá en nuestra civilización. En concreto pronostica que el metaverso es una nueva forma de comunicación, similar a lo que fue la imprenta, el cinematógrafo o los discos de vinilo. De modo y manera que gracias al metaverso se alcanzará la más sofisticada comunicación, por ejemplo, de mente a mente. Ojito que al mismo tiempo no faltan los escépticos que catalogan el metaverso como un soufflé tecnológico o peor aún una zona opaca para delincuentes.

En cualquier caso, la realidad es que hoy ya tiene aplicaciones en empresas de la industria del deporte, textil, complementos, pero también en la energía, las finanzas y como ya se ha mencionado en el inmobiliario. Aunque con una apariencia rudimentaria y con la ayuda de gafas, es mejor estar presente como empresas o profesionales en el metaverso y fallar que criticarlo y quedarse fuera.

Si aún no te ha quedado claro la virtualidad del nuevo término metaversismo, te animo a que pienses si no estamos ya todos de algún modo viviendo en un metaverso. En la política parece que algunos gobiernan un universo paralelo sin darse cuenta de la falta de apoyo popular. En la economía este verano hemos gastado con furor tapándonos los ojos ante la crisis venidera. Y qué decir de todos esos que vuelcan en redes sociales una apariencia de éxito y felicidad tan alejada de la realidad.

Termino como empecé, hablando de ismos. Porque es tal la tentación de usar un juego de palabras con ese sufijo para terminar este artículo que no he podido resistirme. Lo siento. Aquí va. Que nadie se equivoque y confunda metaversismo con travestismo. Porque con tanto metaverso y realidad virtual podemos acabar creyéndonos lo que no somos. Como en el travestismo, usar prendas del sexo contrario no te convierte automáticamente en otro género. De la misma manera, estar en el metaverso con un determinado rol no te inhabilita tener que volver, sí o sí, a tu vida analógica. Así que no queda otra que seguir teniendo una pata en ambos mundos sin confundir lo que realmente somos.

Iñaki Ortega es doctor en economía en La Universidad de Internet (UNIR) y LLYC

lunes, 19 de octubre de 2020

Lecciones de patio de colegio

 

(este artículo se publicó originalmente el día 19 de octubre de 2020 en el diario 20 minutos)


En la escuela, por favor, pórtate bien con esos empollones tan poco populares, porque es muy probable que acabes trabajando para uno de ellos.  Esta frase se le atribuye a Bill Gates, uno de hombres más ricos del mundo gracias a fundar la empresa Microsoft. Gates sabía de lo que hablaba. De niño con sus gafas, aspecto frágil y desaliñado se educó en una escuela americana en los años 60. En ese patio del colegio de Seattle, la capacidad de Bill de retener el 90% de todo lo que leía, no era la virtud más valorada por sus compañeros; tampoco que ayudase a sus profesores a rehacer un calendario escolar que aun hoy sigue usándose. Marginado y con apenas amigos, también abandonó la universidad para volcar todo su tiempo en el conocimiento de la incipiente informática hasta crear el primer sistema operativo, Windows, con el que estoy escribiendo este artículo 35 años después.

Ahora te pido que hagas un viaje en el tiempo y vuelvas al patio de tu colegio. Porque ahí, en ese campo de arena, también se aprendían muchas cosas, casi tantas como en las aulas. Ya no hay arena sino hierba artificial o suelo de caucho, pero se siguen dictando todos los días clases magistrales en los recreos.

Cuando yo corría por el patio a un niño le miraban muy mal, por no querer jugar a la pelota, luego llegó a ser alcalde de mi ciudad y adorado por todos. En Madrid en los años 70 un chaval gordito gallego llega nuevo al colegio y sufre las chanzas de todos hasta llevarle al borde de la depresión; ahora es el presentador de más éxito de la televisión. En el patio se aprende que la vida da muchas vueltas. Estos días se ha fallado el premio Planeta y la ganadora Eva García Saénz de Urturi, estudió en mi colegio, pero apenas la recuerdo. ¿dónde estaba yo esos años para no darme cuenta de que había un genio en el patio?  ¿Timidez? No lo sé, pero no fui capaz de hablar con la escritora española de más éxito. Mi hijo entrena todas las semanas en el campo de futbol del colegio desde hace diez años y el único día que se pone malo, les visita en el patio el futbolista de moda Álvaro Morata. Igual solo tenemos mala suerte, pero esa también es otra enseñanza. no siempre las cosas salen bien.

En Israel es costumbre que una personalidad rinda un homenaje al colegio con mejor expediente. Un año le tocó al cofundador de Google, Sergey Brin. Allí. reunidos en el patio todos los estudiantes, Sergey les felicitó por ser tan brillantes. Pero a continuación les regañó por tener las mejores notas del país en todas las disciplinas menos en una. El mundo cada vez es más complejo y no hay más remedio que prepararse muy bien, les dijo.  Siempre hay alguien más listo que tú. Otra lección en un patio y no en el aula. Espero que un día me cuentes la tuya.

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

 

martes, 23 de octubre de 2018

Iberoamérica Emprende

(este artículo se publicó originalmente en America Economía el dia 21 de octubre de 2018)

¿Qué tienen en común una universidad europea fundada en el siglo XIX, una tecnológica norteamericana que lleva varias décadas entre las cinco empresas más grandes del mundo y un joven organismo internacional cuyo foco es Iberoamérica? La pregunta podría hacerse hoy para muchas otras uniones, aparentemente entre desiguales, que están surgiendo al calor de lo que se ha llamado nueva economía.

En 2006 las cinco empresas más grandes del mundo eran por este orden, la petrolera Exxon Mobil, General Electric, Microsoft, Citigroup y Bank of America. En el verano de 2018, este mismo ranking elaborado por Bloomberg, solo mantiene a Microsoft en el cuarto lugar, siendo la primera Apple, Amazon la segunda, seguida de la matriz de Google y en quinto lugar, Facebook. El cambio no es únicamente de empresas veteranas a empresa jóvenes; tampoco hablamos solo del paso de empresas financieras a tecnológicas. El cambio más importante se ha producido hacia una nueva generación de empresas que parecen haberse hecho imprescindibles en nuestra vida y en el funcionamiento de la economía.

Parece, por tanto, que las empresas y los humanos seguimos tendencias contrarias en cuanto a la edad. Los demógrafos nos confirman que las niñas que nacen hoy en Occidente vivirán más de 100 años. En cambio, profesores como Salim Ismail y Richard Foster pronostican que la edad media de las empresas líderes seguirá cayendo porque las corporaciones no solo se ven forzadas a competir con una nueva generación de empresas, sino que son incapaces de aprovechar el poder de las llamadas tecnologías exponenciales. Este será un proceso de regeneración increíble de la población de las grandes empresas en las que solo sobrevivirán unas pocas que practiquen un nuevo liderazgo y una nueva capacitación.

Salim Ismail es el director del centro de estudios superiores creado en Silicon Valley por Google y la NASA, bajo el nombre de Singularity University y es uno de los expertos que más ha defendido la necesidad de que las empresas usen las tecnologías exponenciales. Este último término, traído del álgebra, se refiere a esas curvas que tienen una forma que comienza creciendo poco pero termina siendo una asíntota al eje de ordenadas. Crecimiento exponencial es el de las empresas más importantes del momento, como las que acabamos de mencionar, precisamente porque usan esas tecnologías exponenciales, pero también practican un nuevo liderazgo. Hasta ahora las empresas se basaban en crecimientos lineales pero ahora, con la llegada de la cuarta revolución industrial (la de la inteligencia artificial), o se crece exponencialmente o será muy difícil sobrevivir.

El fundador de la Singularity University no ha sido el primero en alertar de esta tendencia. A principios del siglo pasado se publicaron los pioneros estudios de Joseph A. Schumpeter sobre la fuerza de la innovación como “destrucción creativa”, es decir aquellas empresas que innovan acaban matando a las que no lo hacen. El profesor de Harvard Business School, Clayton Christensen publicó en el año 2000 su famoso libro El dilema del innovador que predijo que las empresas diseñadas para triunfar en el siglo XX estaban abocadas a fracasar en el XXI, a no ser que se reinventasen conforme al nuevo milenio. Sin olvidar a Steve Blank y Eric Ries que han desarrollado en los últimos diez años la metodología “lean startup” para evangelizar que la forma de crecer de los emprendedores puede ayudar a las corporaciones.

Efectivamente vivimos en un momento basado en la información que se mueve exponencialmente pero muchas grandes empresas se empeñan en mantener estructuras organizativas lineales. Por ello, o incorporan la forma de pensar de los emprendedores, o cerrarán, como pronostica Ismail. Se atribuye al fundador de Netflix la frase de que “las compañías raramente mueren por moverse demasiado rápido pero con frecuencias desaparecen por actuar muy lentamente”. Quizás por eso 8 de cada 10 empresas del índice Fortune 500 han desaparecido en los últimos 50 años. Por ello es imprescindible un nuevo liderazgo en la empresa que apueste por la colaboración, más que la competición entre emprendedores, grandes plataformas y los incumbentes.

La respuesta a la pregunta que se lanzaba en el primer párrafo de este artículo encuentra el sentido del viejo adagio latino vis unita fortior (la unión hace la fuerza) y se aplica porque todos los agentes: empresas, gobiernos, ciudadanos y centros de conocimiento han de trabajar juntos para superar el momento económico actual, y una forma de hacerlo es el emprendimiento. Los emprendedores son lo que ha unido a la Universidad de Deusto, a Microsoft y al Organismo Internacional de Juventud para Iberoamérica para analizar el estado del emprendimiento para los 21 países de esa comunidad. En el año 2017 se entrevistaron a más de 500 expertos con una participación de decenas de investigadores asociados a la red más potente de estudio de este fenómeno: la Global Entrepreneurship Monitor.

Las conclusiones de este estudio nos ponen como tarea pendiente conseguir una auténtica economía emprendedora que afronte con éxito los cambios de la nueva economía. Para ello, son necesarios menos programas públicos de apoyo a emprendedores pero más alineados y coordinados. La política emprendedora no puede ser un elemento retórico y en cambio se necesitan programas integrales, público-privados e insistentes frente a la provisión de servicios concretos o las ayudas coyunturales. Por ello disponer de mecanismos de evaluación para conocer el retorno de las políticas y su comparación con las mejores prácticas nacionales e internacionales se hace indispensable. También hay deberes para los empresarios, ya que han de huir de polémicas al respecto de minusvalorar el término emprendedor y su reciente auge. Frente a la errónea visión de que los emprendedores son aprendices de empresarios merece la pena aprender de los territorios más dinámicos donde esa figura goza de la mayor consideración social. De hecho, el uso masivo de la palabra emprendedor facilita que se rompa con los estereotipos negativos del término empresario.

Pero todavía vamos muy lentos para equiparar Iberoamérica con las regiones más dinámicas del mundo. Precisamente por el unilateralismo en las actuaciones se está impidiendo que bajen las lacerantes tasas de desempleo juvenil y de informalidad o que las condiciones de vida y los salarios de los más jóvenes sigan muy lejos de lo ideal; marcos regulatorios que desincentivan el emprendimiento en los jóvenes; la persistencia y creación de grandes infraestructuras para la innovación desconectadas de los emprendedores y sus necesidades; la sobreactuación gubernamental sin el mínimo análisis previo motivada por la agenda política o económica; el autismo de las grandes empresas a la hora de colaborar en sus programas de emprendimiento corporativo; la continua promoción de espacios para emprendedores desde lo público en claro ejercicio de competencia desleal; la inexistencia de una gran fundación público-privada de ámbito regional que permita que los jóvenes iberoamericanos más brillantes aspiren a emprender en un espacio de más de 500 millones de personas; la ausencia de programas exitosos para desarrollar las fuentes de financiamiento y las inversiones en fondos de capital semilla y emprendedor (venture capital, en inglés) o la utopía de disponer de una auténtica unidad de mercado en la región son ejemplos de actuaciones en la mala dirección.

En cualquier caso, quisiera terminar esta reflexión de un modo optimista, destacando dos cuestiones. Por primera vez un informe ofrece una fotografía completa y rigurosa del emprendimiento juvenil iberoamericano, sin dejar de lado ningún país, sean cuales sean sus circunstancias. El estudio ha analizado más de 10.000 datos sobre la juventud iberoamericana y sus oportunidades para empoderarse a través del emprendimiento. Lo ha hecho usando las fuentes de la encuesta GEM, pero también indicadores ex novo y los datos del Global Entrepreneurship Index (GEI) de modo y manera que podemos afirmar que estamos ante el esfuerzo más completo que nunca se ha hecho en la región para mapear el emprendimiento juvenil.

En segundo lugar, se han identificado buenas prácticas en la región destacando que los esfuerzos público-privados acompañados de un impulso del sistema educativo ya están en los estándares de los territorios emprendedores más dinámicos del mundo. Volando casi por debajo del radar nos hemos encontrado cómo el Estado de Yucatán en México tiene unas fortalezas en materia de programas del gobierno, dinámica del mercado interno y educación emprendedora por encima de las valoraciones obtenidas por el promedio de los 10 mejores ecosistemas emprendedores del mundo, conforme a datos oficiales de 54 países de los cinco continentes. Solamente una demostración palpable de que Iberoamérica Emprende no es una quimera.

Iñaki Ortega es economista y director de Deusto Business School