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martes, 23 de octubre de 2018

Iberoamérica Emprende

(este artículo se publicó originalmente en America Economía el dia 21 de octubre de 2018)

¿Qué tienen en común una universidad europea fundada en el siglo XIX, una tecnológica norteamericana que lleva varias décadas entre las cinco empresas más grandes del mundo y un joven organismo internacional cuyo foco es Iberoamérica? La pregunta podría hacerse hoy para muchas otras uniones, aparentemente entre desiguales, que están surgiendo al calor de lo que se ha llamado nueva economía.

En 2006 las cinco empresas más grandes del mundo eran por este orden, la petrolera Exxon Mobil, General Electric, Microsoft, Citigroup y Bank of America. En el verano de 2018, este mismo ranking elaborado por Bloomberg, solo mantiene a Microsoft en el cuarto lugar, siendo la primera Apple, Amazon la segunda, seguida de la matriz de Google y en quinto lugar, Facebook. El cambio no es únicamente de empresas veteranas a empresa jóvenes; tampoco hablamos solo del paso de empresas financieras a tecnológicas. El cambio más importante se ha producido hacia una nueva generación de empresas que parecen haberse hecho imprescindibles en nuestra vida y en el funcionamiento de la economía.

Parece, por tanto, que las empresas y los humanos seguimos tendencias contrarias en cuanto a la edad. Los demógrafos nos confirman que las niñas que nacen hoy en Occidente vivirán más de 100 años. En cambio, profesores como Salim Ismail y Richard Foster pronostican que la edad media de las empresas líderes seguirá cayendo porque las corporaciones no solo se ven forzadas a competir con una nueva generación de empresas, sino que son incapaces de aprovechar el poder de las llamadas tecnologías exponenciales. Este será un proceso de regeneración increíble de la población de las grandes empresas en las que solo sobrevivirán unas pocas que practiquen un nuevo liderazgo y una nueva capacitación.

Salim Ismail es el director del centro de estudios superiores creado en Silicon Valley por Google y la NASA, bajo el nombre de Singularity University y es uno de los expertos que más ha defendido la necesidad de que las empresas usen las tecnologías exponenciales. Este último término, traído del álgebra, se refiere a esas curvas que tienen una forma que comienza creciendo poco pero termina siendo una asíntota al eje de ordenadas. Crecimiento exponencial es el de las empresas más importantes del momento, como las que acabamos de mencionar, precisamente porque usan esas tecnologías exponenciales, pero también practican un nuevo liderazgo. Hasta ahora las empresas se basaban en crecimientos lineales pero ahora, con la llegada de la cuarta revolución industrial (la de la inteligencia artificial), o se crece exponencialmente o será muy difícil sobrevivir.

El fundador de la Singularity University no ha sido el primero en alertar de esta tendencia. A principios del siglo pasado se publicaron los pioneros estudios de Joseph A. Schumpeter sobre la fuerza de la innovación como “destrucción creativa”, es decir aquellas empresas que innovan acaban matando a las que no lo hacen. El profesor de Harvard Business School, Clayton Christensen publicó en el año 2000 su famoso libro El dilema del innovador que predijo que las empresas diseñadas para triunfar en el siglo XX estaban abocadas a fracasar en el XXI, a no ser que se reinventasen conforme al nuevo milenio. Sin olvidar a Steve Blank y Eric Ries que han desarrollado en los últimos diez años la metodología “lean startup” para evangelizar que la forma de crecer de los emprendedores puede ayudar a las corporaciones.

Efectivamente vivimos en un momento basado en la información que se mueve exponencialmente pero muchas grandes empresas se empeñan en mantener estructuras organizativas lineales. Por ello, o incorporan la forma de pensar de los emprendedores, o cerrarán, como pronostica Ismail. Se atribuye al fundador de Netflix la frase de que “las compañías raramente mueren por moverse demasiado rápido pero con frecuencias desaparecen por actuar muy lentamente”. Quizás por eso 8 de cada 10 empresas del índice Fortune 500 han desaparecido en los últimos 50 años. Por ello es imprescindible un nuevo liderazgo en la empresa que apueste por la colaboración, más que la competición entre emprendedores, grandes plataformas y los incumbentes.

La respuesta a la pregunta que se lanzaba en el primer párrafo de este artículo encuentra el sentido del viejo adagio latino vis unita fortior (la unión hace la fuerza) y se aplica porque todos los agentes: empresas, gobiernos, ciudadanos y centros de conocimiento han de trabajar juntos para superar el momento económico actual, y una forma de hacerlo es el emprendimiento. Los emprendedores son lo que ha unido a la Universidad de Deusto, a Microsoft y al Organismo Internacional de Juventud para Iberoamérica para analizar el estado del emprendimiento para los 21 países de esa comunidad. En el año 2017 se entrevistaron a más de 500 expertos con una participación de decenas de investigadores asociados a la red más potente de estudio de este fenómeno: la Global Entrepreneurship Monitor.

Las conclusiones de este estudio nos ponen como tarea pendiente conseguir una auténtica economía emprendedora que afronte con éxito los cambios de la nueva economía. Para ello, son necesarios menos programas públicos de apoyo a emprendedores pero más alineados y coordinados. La política emprendedora no puede ser un elemento retórico y en cambio se necesitan programas integrales, público-privados e insistentes frente a la provisión de servicios concretos o las ayudas coyunturales. Por ello disponer de mecanismos de evaluación para conocer el retorno de las políticas y su comparación con las mejores prácticas nacionales e internacionales se hace indispensable. También hay deberes para los empresarios, ya que han de huir de polémicas al respecto de minusvalorar el término emprendedor y su reciente auge. Frente a la errónea visión de que los emprendedores son aprendices de empresarios merece la pena aprender de los territorios más dinámicos donde esa figura goza de la mayor consideración social. De hecho, el uso masivo de la palabra emprendedor facilita que se rompa con los estereotipos negativos del término empresario.

Pero todavía vamos muy lentos para equiparar Iberoamérica con las regiones más dinámicas del mundo. Precisamente por el unilateralismo en las actuaciones se está impidiendo que bajen las lacerantes tasas de desempleo juvenil y de informalidad o que las condiciones de vida y los salarios de los más jóvenes sigan muy lejos de lo ideal; marcos regulatorios que desincentivan el emprendimiento en los jóvenes; la persistencia y creación de grandes infraestructuras para la innovación desconectadas de los emprendedores y sus necesidades; la sobreactuación gubernamental sin el mínimo análisis previo motivada por la agenda política o económica; el autismo de las grandes empresas a la hora de colaborar en sus programas de emprendimiento corporativo; la continua promoción de espacios para emprendedores desde lo público en claro ejercicio de competencia desleal; la inexistencia de una gran fundación público-privada de ámbito regional que permita que los jóvenes iberoamericanos más brillantes aspiren a emprender en un espacio de más de 500 millones de personas; la ausencia de programas exitosos para desarrollar las fuentes de financiamiento y las inversiones en fondos de capital semilla y emprendedor (venture capital, en inglés) o la utopía de disponer de una auténtica unidad de mercado en la región son ejemplos de actuaciones en la mala dirección.

En cualquier caso, quisiera terminar esta reflexión de un modo optimista, destacando dos cuestiones. Por primera vez un informe ofrece una fotografía completa y rigurosa del emprendimiento juvenil iberoamericano, sin dejar de lado ningún país, sean cuales sean sus circunstancias. El estudio ha analizado más de 10.000 datos sobre la juventud iberoamericana y sus oportunidades para empoderarse a través del emprendimiento. Lo ha hecho usando las fuentes de la encuesta GEM, pero también indicadores ex novo y los datos del Global Entrepreneurship Index (GEI) de modo y manera que podemos afirmar que estamos ante el esfuerzo más completo que nunca se ha hecho en la región para mapear el emprendimiento juvenil.

En segundo lugar, se han identificado buenas prácticas en la región destacando que los esfuerzos público-privados acompañados de un impulso del sistema educativo ya están en los estándares de los territorios emprendedores más dinámicos del mundo. Volando casi por debajo del radar nos hemos encontrado cómo el Estado de Yucatán en México tiene unas fortalezas en materia de programas del gobierno, dinámica del mercado interno y educación emprendedora por encima de las valoraciones obtenidas por el promedio de los 10 mejores ecosistemas emprendedores del mundo, conforme a datos oficiales de 54 países de los cinco continentes. Solamente una demostración palpable de que Iberoamérica Emprende no es una quimera.

Iñaki Ortega es economista y director de Deusto Business School

jueves, 7 de junio de 2018

Las mejores empresas no envejecen, cada vez son más jóvenes.

(este artículo se publicó originalmente el 3 de junio de 2018 en el diario La Información en la columna semanal #serendipias)

La vida media de las empresas más importantes del mundo ha pasado de los cerca de 65 años en 1955 a los apenas 15 años de hoy en día. El profesor Richard Foster de la Universidad de Yale lleva años investigando este fenómeno utilizando como muestra las 500 corporaciones que pertenecen al prestigioso índice Standard&Poors. En esta particular batalla por la esperanza de vida la tendencia en las grandes empresas es inversa a la del género humano. De hecho en ese año 1955 la esperanza de vida de un español medio era como la de las grandes empresas, 65 años, y hoy en cambio supera los 83 años. Las empresas y los humanos en cuanto a la edad seguimos tendencias contrarias. Y si los demógrafos nos confirman que las niñas que nacen hoy en Occidente vivirán 100 años, en cambio los economistas como Foster pronostican que la edad media de las mejores empresas seguirá cayendo porque las corporaciones no solo se ven forzadas a competir sino que “acabaran siendo aniquiladas por una nueva generación de empresas” que aprovechan el poder de las tecnología exponenciales.
Salim Ismail es el director del centro de estudios superiores creada en Silicon Valley por Google y la NASA, bajo el nombre de Singularity University (SU) y la tesis que usa para explicar este proceso de regeneración tan radical de las multinacionales se resumen en la palabra “exponencialidad”. Este término está traído del algebra y se refiere a esas curvas que tienen una forma que comienza creciendo poco pero termina siendo casi paralela al eje de ordenadas. Este crecimiento exponencial es el de las empresas más importantes del momento como Google precisamente porque usan tecnologías exponenciales. Hasta ahora las empresas se basaban en crecimientos lineales pero ahora con la llegada de la cuarta revolución industrial, la de la inteligencia artificial y el internet de las cosas, o creces exponencialmente o cerrarás, según los expertos de esta universidad. Para los que todavía no tengan claro la diferencia entre lineal y exponencial este breve cuento hindú les ayudará.
Un rey agradecido con un súbdito que había inventado un juego, el ajedrez, que le había hecho olvidar a un hijo muerto en la guerra le ofrece el regalo que quiera. El ingenioso inventor le pide solamente un grano de trigo que ha de situarse en la primera casilla y  multiplicarse por dos en cada casilla subsiguiente. El Rey acepta no sin antes regañar al sabio por ser tan poco ambicioso. A la mañana siguiente el contable real le informa a su monarca que no pueden hacer frente a la petición porque no hay suficiente grano en todo el mundo para ello. La cifra se convierte en inasumible porque tendemos a aplicar por defecto el crecimiento lineal, lo que llevó a pensar al Rey en una cifra no muy grande fruto de ir sumando un grano en cada casilla del ajedrez. Pero el astuto siervo no hablo de sumar, crecimiento lineal, sino de doblar, de crecimientos exponenciales. De modo y manera que ese primer grano se convierte en dos en la siguiente casilla y en cuatro granos en la otra, en ocho a continuación y así sucesivamente hasta la última casilla la número 64, donde el resultado de la suma supera los 13 trillones (que se necesitarían cientos de años para conseguir sumando la producción anual de trigo del mundo). Esa exponencialidad explica la expansión de los microprocesadores y que nos estemos beneficiando hoy de avances como el big data o el internet de las cosas.
Pero el fundador de la SU no  ha sido el primero en alertar de esta tendencia. A principios del siglo pasado se publicaron  los pioneros estudios de Schumpeter con su apuesta por la innovación como la fuerza de la “destrucción creativa”, es decir aquellas empresas que innovan acaban matando a las que no lo hagan. El profesor de Harvard Business School, Clayton Christensen en el año 2000 acuñó su famoso “dilema del innovador” que predijo que las empresas diseñadas para triunfar en el siglo XX estaban abocadas a fracasar en el XXI. Sin olvidar a Blank y Ries que con sus libros desde 2005 y 2010, respectivamente, llevan evangelizan para trasplantar la forma de hacer crecer las empresas de los emprendedores hacia las corporaciones.
Salim Ismail lo tiene claro. Vivimos en un momento basado en la información que se mueve exponencialmente pero las grandes empresas  se empeñan en mantener estructuras organizativas lineales. Solo las nuevas empresas basadas en tecnología disruptivas, como las startups, han entendido este movimiento y por ello o incorporan esa forma de pensar de los emprendedores o cerrarán. Amazon lo ha entendido perfectamente y por ello si eres director en esa compañía y un subordinado se acerca con una gran idea, la respuesta ha de ser por defecto SÏ. Porque si quieres decir NO (como haría cualquier directivo en cualquier multinacional con su pensamiento lineal)  se te exige redactar un informe de dos páginas explicando las razones por las que es una mala idea.
Para saber cómo estamos en nuestro país en este viaje hacia las empresas del futuro basta, por ejemplo, echar un vistazo a la alta dirección de nuestras grandes empresas y ver si los emprendedores están llegando al poder con esa savia que pare el irreversible proceso hacia la muerte prematura. No le gustaría Salim Ismail ver cada semana que los nuevos consejeros delegados de nuestras empresas bandera no son disruptivos emprendedores sino en su mayoría exitosos consultores deMckinsey. La explicación al enfado del profesor Ismail ha quedado muy clara en esta reflexión pero para los mas incrédulos les recomiendo que lean la página 41 de su libro “Las Organizaciones Exponenciales” en la que cuenta como esa misma consultora aconsejó a la empresa de telefonía AT&T que no entrase en el negocio de la telefonía móvil, porque según sus predicciones habría menos de un millón de teléfonos móviles en uso en el año 2000. Sin embargo llegó el 2000 y eran 100 millones de celulares en uso. Hoy son 5.000 millones. La predicción no solamente estaba equivocada en un 99% sino que su recomendación provocó que la empresa dejase pasar una de las mayores oportunidades de negocio de todos los tiempos. Así que ya saben si trabajan en una de esas empresas regalen lo antes posible a su presidente o presidenta el libro del fundador de Singularity University antes de que sea demasiado tarde.