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lunes, 24 de junio de 2024

Fuzbol

(este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 Minutos el día 24 de junio de 2024)

En el año 2000 la mayoría de las estrellas de la Eurocopa de fútbol masculino no habían nacido. Ni el inglés Bellingham (21), ni el turco Arda Guler (19) y por supuesto tampoco los españoles Lamine Yamal (16) y Nico Williams (21) saben lo que es vivir en el siglo pasado. Toda su vida ha estado marcada por la red de redes ya que han comprado, hecho amigos y jugado por internet. Son la generación z, que ahora ha disrumpido en el fútbol, y que hace que este artículo se titule así, hibridando el deporte rey con la letra de la generación de estos chavales.

Cuando el rey Felipe IV la semana pasada bajó al vestuario para felicitar a los jugadores tras el inapelable triunfo ante el vigente campeón, Italia, no pudo más que llevarse las manos a la cabeza en señal de sorpresa al saber la edad de Yamal. Así estamos la mayoría de los aficionados al seguir este campeonato con tantos miembros de la generación z arrasando en el campo. Y es que no podemos evitar hacer el cálculo de los años que nos separan y comprobar que somos de siglos diferentes.

Pero lo que ahora vemos en el fútbol lleva un tiempo pasando en la economía. El experto en comercio electrónico Jesús Moradillo ha presentado, coincidiendo con el inicio de la Copa América y la Eurocopa de fútbol, un estudio en el que defiende las nuevas reglas del marketing que ha traído la generación z. Si no quieres llevarte las manos a la cabeza, pero esta vez porque te has quedado sin empleo, te aconsejo que leas las siguientes líneas.

Solamente uno de cada cuatro de los miembros de esta generación es fiel a una marca específica; rechazan los mensajes largos e irrelevantes del estilo del siglo pasado; exigen contenidos breves, facilones, visuales y con humor además detectan con facilidad el postureo social y son implacables para criticarlo. Las redes sociales son su principal canal de consumo porque viven prácticamente allí lo que les ha acostumbrado a la inmediatez y a la investigación de reseñas y opiniones antes de comprar. Ya no usan, como tú, los buscadores tradicionales ni se mensajean con tus aplicaciones, para ellos todo pasa por Tik Tok, YouTube o Instagram. Y para colmo la llegada de las plataformas de venta chinas, con sus superdescuentos, ha hecho que dos de cada tres zetas compren allí y además sean sus mayores defensores sin importarles de dónde vienen o qué reglas se saltan.

Nico Williams está siendo imposible de frenar estas semanas en Alemania cuando coge el balón por la banda, sus coetáneos de generación son igual de imparables cuando compran. Así que, si hemos conseguido acabar con la nostalgia del tiki taka de los mejores años de nuestro fútbol, también podemos adoptar las nuevas reglas de los zeta a la hora de comprar...aunque nos suponga abrir una cuenta en Tik Tok ya mismo.

Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC

domingo, 4 de febrero de 2024

Espejo roto

(este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 Minutos el 22 de enero de 2024)

Son muchos, más de 16 millones, uno de cada tres españoles, que no entienden nada.  Se miran en el espejo y la imagen que les devuelve no es la suya. Tienen buen ánimo. salud y dinero, pero se ha instaurado un estereotipo sobre ellos de fragilidad y tristeza.

El filósofo José Luis Aranguren defendía que los medios de comunicación, la opinión publicada, son un espejo de la sociedad. Hoy la imagen que recibe la sociedad de los mayores de cincuenta y cinco años es muy diferente de la realidad. El espejo se ha roto y así lo sienten millones de mayores que no dan crédito a lo que ven. Cumplir años en nuestro país es una condena en el imaginario social que no se compadece con la realidad. Me explico.

Si pensamos en personas mayores inmediatamente nos viene a la cabeza obsolescencia tecnológica, enfermedad y miseria. Cuando lo cierto y verdad es que nunca en la historia de nuestro país los mayores han tenido mejor salud, más ingresos y más ganas de comerse el mundo. Hace unas semanas se conoció una nueva edición del barómetro de consumo sénior en la que se ha demostrado como el 78% de los mayores tienen una presencia activa en internet, 12 millones de internautas con canas que compran, se informan y socializan con amigos y familias en la red de redes. Cada año, desde hace cuatro, un millón más de mayores se digitalizan lo que llevará a cerrar la brecha digital en un lustro. Pero seguimos viendo a los mayores como incapaces de afrontar los cambios tecnológicos, vencidos por el progreso.

La misma encuesta explicaba que apenas van al médico porque se cuidan. El 79,7% van menos de una vez al mes a un centro sanitario y una mayoría cuida su alimentación y practica ejercicio físico. Muy coherente con el dato de que somos uno de los países del mundo con mayor esperanza de vida que ronda ya los ochenta y cinco años.  En cambio, la publicidad nos devuelve una imagen de mayores enfermos cuando no impedidos. Pero los gimnasios se abarrotan de mayores y es el grupo de edad que más ganas tiene de viajar.

Si hablamos ahora de su capacidad económica los datos vuelven a ser muy diferentes al mantra que se ha instalado sobre la precariedad de los mayores. Tienen casa en propiedad y pagada -qué sueño para el resto de generaciones-, dos ingresos en el hogar, lo que les lleva a poder ahorrar y ayudar generosamente a sus descendientes. Esta fortaleza en lo económico se ha trasladado en un optimismo abrumador de los mayores con su futuro con un 68% que cree que su situación será igual o mejor.

Por eso cada mañana al levantarse y ven ese espejo roto, piensan que la imagen que se refleja de ellos nada tiene que ver con lo que ellos sienten. Amanece un nuevo día y sin mirarse en ese cristal se lanzan a la calle con la idea en la cabeza de saber que viven en un país envidiado en todo el mundo por la calidad de vida de sus mayores.

Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC

martes, 26 de diciembre de 2023

London Calling

(este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 Minutos el día 25 de diciembre de 2023)


El título de esta canción del grupo The Clash escrita en 1979 hacía referencia a la manera en la que los locutores de la BBC durante la Segunda Guerra Mundial comenzaban los boletines informativos “aquí Londres llamando al mundo”. Una especie de alerta, de SOS al resto del planeta desde un país bombardeado por los nazis.  El guitarrista de la banda británica cuenta que el mismo año que sacaron la canción, un periódico  había alertado sobre la posibilidad de que el río Támesis se desbordara e inundara Londres. El miedo a esta distopía inspiró la letra de esta melodía que en 2024 muchos millones de ciudadanos del mundo tendrán muy presente ante tanta guerra y despropósito.

El profesor sueco Rudolf Kjellén acuñó en 1899 el término geopolítica para explicar la influencia sobre la política de los estados de las cuestiones geográficas. Una disputa por una frontera, la lucha por acceder al mar o el dominio de una ruta, son ejemplos que en el 2024 seguirán muy vivos y marcarán la agenda de las corporaciones. El conflicto en la franja de Gaza continuará impactando en el precio del petróleo, la Guerra en Ucrania cumplirá en febrero de 2024 dos años distorsionando el mercado de los alimentos; por último los ataques de los hutíes contra barcos mercantes en el Mar Rojo amenazan con estrangular el comercio internacional.  La geopolítica para las empresas de todo el mundo es geoeconomía y será una de las grandes preocupaciones en 2024.

En una encuesta realizada estos días por LLYC a los primeros ejecutivos de un centenar de empresas, el contexto económico internacional es el principal desafío que afrontar en el nuevo año que empieza. Las derivadas de este escenario tan volátil se traducen para las empresas en que en opinión de un 75% el auge de los precios en 2024 afectará negativamente a sus márgenes y ventas; un 58% cree que la hiper regulación fruto de la inestabilidad del mundo impactará en su actividad mercantil y para el 57% ante tanta incertidumbre habrá muchas más dificultades para financiar las inversiones y por tanto para el crecimiento de su actividad empresarial.

Parece mentira que hace muy pocos años pensáramos con Fukuyama que la historia había llegado a buen puerto y que nos esperaba una época de abundancia y paz. Ahora nos frotamos los ojos al releer las crónicas de hace nafa del triunfo de la globalización y el auge de la liberalización del comercio internacional. Porque estamos en el proceso contrario desde que la pandemia nos encerró en casa. Vivimos si no en una desglobalización en una ralentización de la globalización (slowbalitation) que ha despertado en todas las naciones un proteccionismo inédito en este siglo que recuerda a los peores momentos de nuestra historia económica. Ahora le llamamos de una manera eufemística como soberanía industrial (homeland economics), pero no es otra cosa que volver a la autarquía, a no depender de los de fuera en tus necesidades básicas. A las empresas europeas acostumbradas a exportar la mayor parte de sus producciones, esto les suena como la distopía de la canción que titula este artículo.

Y mientras tanto zombis del pasado vuelven a ocupar la escena internacional con la Rusia de la guerra fría, la China de la república popular o el Irán que atacaba embajadas; también viejos sátrapas como Maduro en Venezuela o Ortega en Nicaragua ciscándose diariamente en los derechos humanos. Una alerta para las empresas y por tanto para todos nosotros.

Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC

viernes, 31 de marzo de 2023

La inflación. Un monstruo que viene a verte

 (este artículo se publicó originalmente en el diario La Información el día 31 de marzo de 2023)


Ya lo había dicho anteriormente, pero esta vez Christine Lagarde eligió el momento en el que más repercusión podía tener. Alto y claro, en la rueda de prensa del 16 de marzo tras subir los tipos de interés y en plena tormenta financiera con bancos quebrando a ambos lados del Atlántico. «La inflación es un monstruo que golpearemos hasta que baje al 2%». Un monstruo que se ha hecho fuerte, a la vista de las cifras del último IPC armonizado europeo de un 8,5%. La alimaña, a pesar de las actuaciones de Frankfurt, no da muestras de debilidad con la inflación subyacente resistiéndose a bajar del 7%. Para colmo unos días después de la amenaza de la presidenta del BCE, el monstruo ha contratacado con los precios que más duelen a los gobiernos, los de la cesta de la compra. Los alimentos en el último año han subido de media en Europa un 20.7% y aquí el Banco de España alerta de que seguirán subiendo por lo menos un 12.2% este año. Millones de europeos que verán como sus euros cada vez valen menos en el supermercado y que volcaran su enfado en sus respectivos gobernantes.

No son pocos los economistas que se han abonado a la teoría de que la política monetaria de la última década ha alimentado al monstruo. Hace años se atribuyó al entonces presidente del PNV una frase que puede ayudar a entender la tesis de que los bajos tipos de interés han cebado esta inflación, así como el retraso en acabar con el dinero gratis. Xabier Arzallus defendía -refiriéndose al nacionalismo radical- que si entrenas a una bestia para atacar, un día te acaba mordiendo a ti. El BCE ha cebado a la inflación durante más de diez años con su política monetaria y ahora quien sufre sus ataques son ellos mismos. Porque el arma para matar al bicho, subir los tipos de interés, se ha revuelto contra el propio BCE. Un endeudamiento más caro, unas hipotecas más altas y más problemas para los bancos que han visto como sus bonos referenciados a los tipos de hace un año se convertían en pura dinamita.

El monstruo ha tomado posiciones por todo el territorio del euro. Por ejemplo, en España, los datos de consumo ya se están viendo afectados con un preocupante desplome, al mismo tiempo que el ahorro embalsado en la pandemia se agota, son datos de BBVA Research ratificados por Funcas. Nuestro país padece, por ello, el mayor proceso de empobrecimiento continental (Eurostat. PIB per cápita en paridad).

En Francia, la excusa de la reforma de las pensiones, ha sido el acicate para que el malestar ciudadano contra la economía, tome las calles y arda medio país. El monstruo está detrás de las barricadas porque con inflaciones de dos dígitos, la historia nos ha enseñado especialmente en Europa, que el populismo se hace fuerte. El Hexágono afronta una primavera con la congoja de saber que el gobierno de Emmanuel Macron está muerto pero la alternativa sería la muerte de la V República.

En Alemania, país que acoge la residencia de la señora Lagarde, han visto como los sagrados postulados de su gobierno se convertían en papel mojado, y el monstruo ha tenido algo que ver. El ecologismo de poco vale en epoca de crisis y menos si acaba con la industria nacional del automóvil y hace perder millones de puestos de trabajo. La lucha contra el cambio climático no puede hacerse sin contar con quien mantiene la economía alemana y el canciller Olaf Scholz ha tenido que parar los planes comunitarios para acabar con el coche movido por combustibles fósiles, si no quería ver como el que tenía que irse era él.  

En Bélgica estos días se ha reunido el Consejo de Europa y todos los líderes han apoyado la declaración de Lagarde sobre la fortaleza del sector bancario al mismo tiempo que se desplomaba la cotización del Deutsche Bank. El monstruo seguía haciendo de las suyas y atacaba un símbolo de Alemania, el mismo país que lleva más de diez años oponiéndose a completar la unión bancaria con la creación de un fondo de garantía de depósitos común. Qué ironía, con lo bien que le hubiera venido al país germano ese escudo europeo ahora en plena tormenta financiera.

Concentrados en seguir donde nos lleva el monstruo, los europeos no le hemos prestado atención a cómo Putin ha respondido a la orden de detención de un tribunal internacional con sede en los Países Bajos, anunciando que desplegará armas nucleares en Bielorrusia. Tampoco a China le ha preocupado mucho la resolución de La Haya y se han fotografiado en el Kremlin los presidentes de ambos países. Les preocupa poco el monstruo, con una economía intervenida y una opinión pública anestesiada, y la seguridad de que en esta parte del mundo seguiremos poniendo desde los gobiernos pero también desde las grandes empresas, la alfombra roja al gigante chino. Risa le habrá dado a Xi Jinping la prohibición francesa de no poder descargarse Tik Tok en los móviles de la administración, mientras sigue siendo el proveedor que más crece.

“Un monstruo viene a verme” fue una exitosa película dirigida por el español Juan Antonio Bayona en 2016.  Todas las noches un monstruo se aparece a un niño que está pasando un drama familiar. El monstruo finalmente le ayuda a recuperar la fortaleza con sus enseñanzas. Ojalá, como en la película, Europa aprenda del monstruo de la inflación y consigamos vencer los problemas que nos azotan.


Iñaki es doctor en economía en La Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) y LLYC

viernes, 18 de diciembre de 2020

La economía de las canas

(este artículo de opinión se publicó originalmente el día 17 de diciembre de 2020 en el blog de vida silver)

Las canas son el resultado del paso del tiempo, el primer síntoma externo de que nos hacemos mayores. Surgen por la pérdida de melanina en el pelo y, aunque la genética e incluso algún shock pueden provocar su aparición precoz, a la mayoría nos brotan discretamente en la frontera de los 40 y al superar los 55 todos peinamos canas. Nadie se libra, ni siquiera Barack Obama, que entró por primera vez en la Casa Blanca con el pelo negro y abandonó la presidencia de Estados Unidos con la cabeza casi blanca a los 56 años. Por lo tanto, todos hacia los 55 años, con el pelo gris, comenzamos a formar parte de la cohorte que se conoce como generación plateada, precisamente por el color plata de las canas.

La inercia de siglos en los que superar los sesenta años era prácticamente la antesala de la muerte ha provocado que estos individuos hayan sido casi invisibles para la economía y, por tanto, para los medios de comunicación. Para acabar con este sinsentido es indispensable cuantificar su peso en la sociedad. Cuántos son y cuánto aportan a la economía. Hoy los mayores de 55 años son 1.300 millones de personas en el mundo y 15 millones en España, o lo que es lo mismo, más del 30% de la población en nuestro país.

El conjunto de las oportunidades que derivan del impacto de las actividades realizadas y demandadas por los mayores de 55 años se ha bautizado como economía plateada o silver economy. Actualmente ya representa el 25% del PIB, pero esto no ha hecho más que empezar, ya que en 2025 la previsión es que el peso de los mayores de 55 en la economía de la Unión Europea sea del 31,5% del PIB y del 37,8% del empleo. En Francia, los mayores de 55 años ya suponen mucho más de la mitad de todo el consumo nacional y en España se estima que son dueños del 50% del patrimonio.

Con la invisibilidad corremos el riesgo no solo de ignorar las oportunidades, sino de pasar a la estigmatización. Pero qué poco se conocen estos datos y en cambio qué rápido se propagan otros. No olviden a aquel ministro japonés que pidió a los nonagenarios que, por el bien de su país, hiciesen el favor de morirse porque el gasto sanitario causado por el envejecimiento era inasumible. Si alguien considera una rareza la afirmación del mandatario nipón, lo animo a que revise la cantidad de “expertos” que piden confinar estos meses a los ancianos para así no parar la economía. Con la invisibilidad corremos el riesgo no solo de ignorar las oportunidades, sino de pasar a la estigmatización.

“Delante de las canas te levantarás y honrarás el rostro del anciano”. Esta frase de la Biblia nos sirve también para recordar que los mayores de 60 años representan en España uno de cada tres votantes, cuya tasa de abstención es la más baja, y que pueden hacer ganar o perder elecciones. Por si los argumentos económicos no convencen, quizás este otro pueda servir para impulsar en nuestro país la economía plateada.

Iñaki Ortega, director de Deusto Business School y profesor de la UNIR.

domingo, 21 de junio de 2020

La economía plateada, una nueva industria nacional

(este artículo se publicó originalmente el día 21 de junio de 2020 en el diario ABC)

La esperanza de vida en España en 1959 era de 62 años; hoy de media una persona en nuestro país vive hasta los 82. En muy poco tiempo le hemos ganado a la vida 20 años. Esto ha sucedido tan deprisa que no hemos sido capaces de asimilarlo como sociedad. En 1919, solo alcanzaban los 65 años uno de cada cien españoles; hoy 95 de cada 100 cumplen esa edad. Pero no siempre fue así. De hecho, lo normal en la historia de la humanidad ha sido morir joven. Si estudiamos la demografía comprobaremos que durante miles de años la edad media se situó en el entorno de los cuarenta años, en el Paleolítico, en la Grecia clásica o en el Renacimiento y solo hasta la irrupción de los avances médicos e higiénicos en el siglo XIX se superaron los cincuenta años.
Eso no quiere decir que no hubiera personas que llegasen a los setenta u ochenta años. Por supuesto, pero eran una minoría. Hoy, en cambio, son mayoría. En España cerca del 20% de la población, en concreto más de ocho millones, tienen más de 65 años. Y además la ciencia nos confirma que les quedan por delante, como mínimo, más de 20 años.
El resumen de lo anterior es que sin darnos cuenta la vida humana ha cambiado mucho. Disponemos de 20 años extra de vida que no esperábamos y que las instituciones han sido incapaces de asimilar. Todo ha sido tan rápido que éstas no se han adaptado a los cambios. Douglass North Premio Nobel de economía definía las instituciones como las organizaciones -públicas y privadas- pero también incluía las reglas del juego (formales o informales) y los medios disponibles para su aplicación. La pandemia ha demostrado que nuestras instituciones, en ese sentido de North, no estaban preparadas ni habían comprendido la profundidad del cambio demográfico descrito hasta ahora.
Hoy el foco está puesto en las residencias y ha irrumpido, por desgracia, en la lucha partidista, pero no podemos olvidar que nueve de cada diez fallecidos por la covid19 eran adultos mayores, que muchos fallecieron solos en sus casas o que nuestro sistema sanitario, del que estamos tan orgullosos, aplicó el triaje en perjuicio de muchos septuagenarios. Son ejemplos que demuestran la debilidad de las instituciones que han de servir a la longevidad. Alojamientos para mayores, pero también en términos más amplios los sistemas de cuidados y por supuesto el sistema sanitario.
Las residencias son solamente la punta del iceberg de los cambios que no hemos sido capaces de afrontar. No puede olvidarse que en nuestro país apenas tienen una cobertura del 4%. Pero con el 100 % de los casi 9 millones de personas mayores tenemos una deuda pendiente: adecuar nuestra sociedad a la longevidad. Profesionales y empresas cualificadas para ofrecer cuidados que no estén en la informalidad y que soporten con solidez circunstancias adversas. Nuevas opciones para elegir cómo y con quién vivir a partir de los 60 años, es decir fórmulas que hagan posible vivir en comunidad o en casa con apoyo o alternando lo asistencial y el hogar. Tecnologías que democraticen los cuidados y garanticen mayor calidad de vida. Recursos públicos suficientes para la atención a la dependencia, a la que inexorablemente la edad nos conducirá a todos. 
La envergadura de los retos incapacita su ejecución desde el unilateralismo. Solamente desde la colaboración público-privada se conseguirá una oferta de calidad para atender con garantías la longevidad. Pero además, como país tenemos una oportunidad para convertir lo que la pandemia ha demostrado que es una debilidad, en una gran industria nacional. La economía plateada o silver economy resume las nuevas actividades empresariales para servir a una cohorte de edad cada vez más numerosa que está claramente desatendida. España es uno de los países más visitados del mundo, pero también el más longevo después de Japón, uno de los mejores para retirarse y de los más saludables del planeta. ¿Por qué no dar los pasos para ser el mejor país para envejecer en el mundo?
Iñaki Ortega es profesor de Deusto Business School