miércoles, 14 de enero de 2015

Futuro empieza por la letra C

(este artículo se publicó originalmente el día 14 de enero de 2015 en el suplemento Innovadores del periódico EL MUNDO)

En los numerosos análisis que estos días se han hecho sobre lo que nos deparará el año 2015 hay dos elemento coincidentes. Todos los pronósticos reconocen la complejidad  del escenario por los cambios que acontecerán. Por ejemplo, en la geo­estrategia  con el petróleo como protagonista,  en la política con el fin del bipartidismo o en la economía fruto de las disrupciones tecnológicas. Complejidad y cambios que hay una generación que está más preparada que ninguna otra para afrontarlos. Son los millennials, aquellos que nacieron entre finales de los 70 y los 80, que han crecido con la crisis como compañera y que precisamente por eso saben cómo lidiar con ella.

Los más reputados institutos y empresas han estudiado en todo el mundo la generación del milenio concluyendo que tres son los atributos que hemos de aprender de ellos y que casualmente empiezan por la letra “c” igual que los cambios y la complejidad que pretenden explicar:

I. Ciencia que aporte luz y respuestas  a las incógnitas del momento. Será necesario por ello tener una sólida formación en especialidades técnicas que los anglosajones han resumido en el acrónimo STEM  (Science, Technology, Engineering y Mathematics).

II. Crear empresas para emplearte y aportar riqueza a la sociedad en la que vives. Los millennials no emprenden por necesidad sino porque es la forma de ser coherentes con su forma de ser.

III. Colaborar entre emprendedores para solucionar los problemas que nos rodean. No es caridad y no es solo negocio, es ser innovador para salvar el mundo a través de la economía colaborativa y los emprendedores sociales.

Esta sencilla regla de las 3c la siguen millennials como Joaquín Muñoz que le acaba de ganar desde su pequeño despacho en Madrid la demanda del derecho al olvido al todopoderoso Google; José Luis Fernández un jovencísimo ingeniero que ha seducido a Microsoft con su startup de retos fotográficos; Sergio López dirigiendo desde Zaragoza un holding de 20 empresas tecnológicas en el que el trabajador más joven es él; Ángela Borreguero que ha dejado todo para irse a vivir a un recóndito valle cántabro y montar una empresa de ayuda domiciliaria o Pedro Rincón que con su emprendimiento social de descuentos está consiguiendo desde Sevilla una mejor vida para los parados de media España.

Son los millennials que están inventándose su empleo y están llamados a sacarnos de la crisis.


Iñaki Ortega es profesor de Deusto Business School y acaba de publicar MILLENNIALS, INVENTA TU EMPLEO (UNIR ediciones)

miércoles, 12 de noviembre de 2014

"Los millennnials. Inventa tu empleo"

El profesor Iñaki Ortega opina que la nueva generación del milenio, llamada a escribir el futuro, deberá estar formada en la regla de las cuatro S para poder inventarse su empleo.

El libro Millennials, inventa tu empleo, fue presentado en CaixaForum de Madrid el día 2 de diciembre.
El profesor de economía de UNIR y director de programas de Deusto Business School, Iñaki Ortega, asegura que es importante entender bien a los llamados jóvenes del milenio o millennials, que son aquellos que han crecido con el nuevo siglo y que no han conocido otra economía que la de la crisis. Son aquellos que se han hecho mayores con el milenio, tienen entre 18 y 33 años, son nativos digitales, se sienten ciudadanos del mundo y están muy preparados. En 2025 constituirán el 75% de la fuerza laboral mundial y por ello están siendo objeto de estudio por los más prestigiosos informes, como los de McKinsey, Gartner o Deloitte.

Iñaki Ortega, doctor en economía y que acaba de publicar su nuevo libro Millennials, inventa tu empleo (editado por UNIR dentro de su colección UNIR emprende), afirma que es importante entender bien a estos jóvenes, ya que ellos son los llamados a escribir el futuro. A pesar de que a esta generación se le ha puesto todo tipo de etiquetas, desde frívolos a perezosos, son los inventores de la economía colaborativa, los actores de la nueva innovación abierta en las empresas, los emprendedores que hacen que nuestra vida sea mejor y los protagonistas de las revoluciones que demandan democracia en medio mundo, explica el director de programas de Deusto Business School.

En su libro, a través del que pretende mostrar cómo son los millennials, entenderles y comprender cuáles son sus aspiraciones, Ortega señala que éstos ya han comenzado a  inventar sus propios empleos, creando nuevas empresas; ideando nuevas profesiones y generando nuevas necesidades.

El profesor vasco, postula en su libro que para lograr sus objetivos esta generación no tendrá más remedio que tener muy en cuenta la llamada regla de las cuatro S (de STEM, Startups, Sharing Economy y Switch).

Es decir, deberán tener una sólida formación en STEM (Science, Technology, Engineering, Mathematics ?ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas). Utilizarán las Startups para inventarse su propio empleo y contratar a otros. Tendrán que aprovecharse de la Sharing Economy o economía colaborativa para tratar de solucionar los problemas sociales del mundo. Y sobre todo, tendrán que estar dispuestos a cambiar continuamente de profesión, industria o país (Switch).

El libro Millennials, inventa tu empleo, contiene los consejos de diez empresarios visionarios, los ejemplos de actuaciones de grandes empresas y administraciones que están canalizando su creatividad, gracias a los que será posible conocer mejor a esta generación del milenio y 15 retratos de millennials españoles.

Así, empresarios como Carlos Barrabés (Barrabes.com y Barrabes next), Elena Gómez del Pozuelo (Womenalia o Incipy), Juan José Azcárate (CCC) o Antonio Ucelay (ToysrUs),  entre otros, ofrecen su particular visión de las profesiones más demandadas en el futuro cercano, el intraemprendimiento o los principales valores que comparten los jóvenes del milenio.

Además, empresas como La Caixa (Caixa Capital Risc), Ferrovial (Smart Lab) o Telefónica (Open Future) desgranan algunas de sus mejores prácticas relacionadas con los millennials. Se trata de actuaciones promovidas por multinacionales españolas de diferentes sectores que se acercan a los millennials con el objetivo de generar valor para la sociedad usando las innovaciones de estos.

El libro Millennials, inventa tu empleo contiene, asimismo, las historias personales de algunos de estos millennials. Son historias como la del abogado Joaquín Muñoz (Abanlex), quien consiguió que el Tribunal de la UE le diera la razón frente a Google respecto al ?derecho al olvido? en internet, o la de Sergio López (Hiberus), que dirige un hólding de 20 empresas en el que el trabajador más joven es él. Otras millennials, como Ángela Borreguero (ESI, Cerca de ti) cuentan cómo han dejado todo para irse a vivir a un valle recóndito y montar una empresa de ayuda domiciliaria en el entorno rural.

El libro puede comprarse pinchando aqui o en las siguientes librerías de Madrid:


Librería MARCIAL PONS
c/ Bárbara de Braganza, 11, 28004 Madrid

ECOBOOK
C/ Cristo 3, 28015 Madrid 



viernes, 31 de octubre de 2014

Las nuevas empresas como clave para la creación de empleo

 (este artículo fue publicado originalmente en Nueva Revista en su número 149 de octubre de 2014)


David Birch, un profesor del MIT, demostró empíricamente en 1979 que los nuevos empleos no los creaban las grandes corporaciones, sino las pequeñas empresas. Fue sin duda uno de los grandes hallazgos de la ciencia económica del último tercio del siglo, pero pasó en gran medida desapercibido porque la segunda crisis del petróleo acabó acaparando en aquel momento la atención de políticos y estudiosos.

Afortunadamente las tesis que Birch plasmó en The job generation process  no cayeron completamente en el olvido, y otros académicos unos años más tarde han acabado siguiendo su estela con estudios que también han confirmado el mayor dinamismo de la pequeña iniciativa empresarial en la creación de puestos de trabajo.

Se trata de una línea de investigación que  ha servido de guía  a la administración de Estados Unidos en las últimos décadas. Algo que se aprecia en el importante cambio de orientación que ha protagonizado la Small Business Administration (SBA). En efecto, esta agencia gubernamental ya existía desde los años 50 con una función muy clara; atender las demandas del colectivo de los pequeños empresarios como una extensión de las políticas sociales del gobierno federal. Sin embargo,  las nuevas evidencias científicas  aportaron a la SBA un poderoso aliado para reivindicar el apoyo a los emprendedores como un instrumento de política económica.

Esta concienciación de las instituciones norteamericanas acerca del papel de las nuevas empresas ha auspiciado que este país lidere la transición hacia lo que desde algunos círculos se viene denominando 'economía emprendedora'.

Bien es cierto que al principio académicos y policymakers utilizaron un enfoque que trataba al emprendedor y al pequeño empresario de manera indiferenciada, pero con el tiempo  ambas esferas se han ido segregando en Estados Unidos primero, y en otros países avanzados después.
Como me referiré más adelante, la actuación a favor de los emprendedores exige de un enfoque mucho más amplio que el que tradicionalmente se ha empleado para respaldar a la pyme, pues implica no solo intervenir en el plano empresarial de una forma distinta, sino también hacerlo en nuevos ámbitos que afectan al individuo y la sociedad, como son las motivaciones, las capacidades y la cultura.





Contribución al empleo neto de las nuevas empresas vs las existentes en Estados Unidos
Startups-Kauffman-Foundation
Fuente: Fundación Kauffman (2011)
Nuevamente la investigación académica ha aportado datos que justifican esta atención especial y diferenciada sobre los emprendedores en las estrategias de fomento del empleo.   La Fundación Kauffman, una entidad de prestigio mundial  en el estudio del  emprendimiento, publicó hace cuatro año un trabajo que tuvo una gran repercusión. En él se analizaba  exhaustivamente los registros empresariales de Estados Unidos entre 1977 y 2005, llegando a la conclusión de que todo el empleo neto generado en ese periodo es atribuible a empresas de menos de un año de antigüedad; en particular, se señala que las firmas existentes han sido responsables de la destrucción de un millón de puestos de trabajo en cada ejercicio mientras que los nuevos negocios habrían generado, en promedio, tres millones de empleos.

Aquí en Europa apareció un año más tarde, promovido por la Comisión, un estudio en la misma línea que el de la Fundación Kauffman. Este trabajo también puso en valor el papel de la pequeña iniciativa empresarial, al analizar la relación entre la evolución del empleo con el tipo de organización que lo genera: el 85% de los nuevos puestos de trabajo en la Unión Europea han sido creados por pymes, siendo las empresas más jóvenes las que más contribuyeron a la generación de empleo en los años previos a la crisis. No deja de ser sorprendente que esta estudio haya tenido escasa repercusión, dados los altos niveles de paro que sufre el continente.

No obstante, es un error pensar que basta con ampliar la base de pequeños negocios para estimular la creación de puestos de trabajo; tan importante es auspiciar la iniciativa empresarial como favorecer su crecimiento. El reducido tamaño medio de la pyme española es una de las debilidades más acusadas de nuestra economía. A título ilustrativo, si se compara el peso en el empleo de la mediana empresa española con el del mittelstand alemán tenemos que su aportación es un treinta por ciento inferior.

De todo lo anterior, se desprende que el paso de la managed economy a la entrepreneurship economy es ya una realidad en el mercado laboral, y es preciso, por tanto que todos tengamos presentes hacia donde caminamos. En este sentido, urge que quienes se incorporan al mundo del trabajo por primera vez vean más allá de la vieja dicotomía entre mandar currículos a las grandes empresas o preparar oposiciones. Se trata no sólo de evitar que una generación especialmente preparada acabe frustrada por falta de salidas acordes a su formación, sino también de procurar que se  encamine hacia aquellas actividades que le permitan desarrollar mejor su potencial con vistas a afianzar las nuevas palancas de la competitividad.

No se puede olvidar que durante muchos años las encuestas que se hacían a los estudiantes de las universidades españolas sobre sus preferencias  laborales sistemáticamente mostraban que casi la mitad de ellos aspiraba a trabajar en una multinacional, mientras que en un porcentaje parecido manifestaban su deseo de ingresar en la administración. Lo cual muestra que la importante transformación que lleva ya décadas experimentando el mercado de trabajo en las economías avanzadas no ha sido plenamente asumida en nuestro país, ni por la sociedad ni por las instituciones.

La teoría generacional nos dice que el contexto histórico en que los individuos viven su infancia y adolescencia tiende a imprimir a éstos de una serie valores, actitudes e inquietudes comunes que marcan un punto de inflexión en el carácter del conjunto de la sociedad cuando llegan a la edad adulta. Sobre esta premisa, Strauss y Howe acuñaron el término millennials para referirse a los nacidos en esa etapa de  prosperidad relativa que cubre las dos últimas décadas del siglo pasado. Es una generación a priori muy prometedora, pues es la mejor preparada de la historia y se caracteriza en términos generales por aceptar el cambio tecnológico y la globalización como algo natural y positivo.
Y sin embargo, en lo que puede ser una anomalía en la historia  el ciclo de los babyboomers va a durar más de lo que cabría esperar porque el talento de los jóvenes no está encontrando suficientes oportunidades para brillar por sí mismo; la incorporación de los primeros grupos de edad  a  la función productiva está siendo muy problemática, especialmente en un país con altas tasas de desempleo como España, ya que la recesión económica les ha cogido  en los inicios de su carrera profesional.

Por si fuera poco, la generación del milenio ha sido maltratada moralmente desde los medios de comunicación, los académicos e incluso los propios padres simplemente por haber disfrutado de mayores niveles de bienestar que quienes les han precedido. Este desdén es injustificado porque criarse en un hogar seguro y confortable no es incompatible con  el desarrollo de una cultura del esfuerzo  que, por otra parte, difícilmente podrá ponerse en práctica mientras el sistema productivo les siga negando oportunidades.

Harto de escuchar críticas hacia quienes constituyen el pilar de las startups más exitosas de Silicon Valley, un exdirectivo de Google publicó esta primavera en la revista Forbes un artículo en el que consideraba a los millennials como la mejor generación de trabajadores de todos los tiempos. Entre las razonas que dio se encontraban las siguientes: 1) están acostumbrados a desenvolverse en entornos virtuales, algo que es especialmente útil para empresas punteras y globales; 2) son unos apasionados de las nuevas tecnologías, pueden desarrollar habilidades técnicas y adaptarse a los cambios muy rápido;3) son más tolerantes y abiertos, funcionan mejor en ambientes multiculturales;  4) muestran una mayor preocupación por el impacto que tendrá la actividad de la empresa en la sociedad; 5) finalmente, tienen una mentalidad más emprendedora, no buscan empleos fijos y muestran menos miedo al fracaso.

 La opinión de quien ha contratado a cientos de millennials para Google viene a coincidir en gran medida con los resultados que ha arrojado una encuesta que realizó Deloitte el año pasado en 26 países entre jóvenes trabajadores con título universitario. Este estudio llama la atención sobre el gran reto que tienen las empresas de adaptar sus estructuras y su cultura a las expectativas de una generación que supondrá el 75% del capital humano en 2025. De lo contrario -tal y como recoge el trabajo- les resultará muy difícil captar y retener el talento que necesitan para ser competitivos. Tal y como la encuesta apunta, probablemente el riesgo de fuga de este factor productivo no venga de los competidores o  de otras organizaciones establecidas.  Y es que el 70% de los millennials que respondieron el cuestionario se ve en algún momento de su vida montando su propia startup como alternativa al trabajo por cuenta ajena.

Si uno coge los rankings de profesiones más demandadas que periódicamente publican algunas consultoras y portales de empleo, es fácil comprobar que son muchas las que no existían hace tan solo una década. Y lo cierto es que algunas de estas ocupaciones parecen  haber surgido por y para los trabajadores del cambio de milenio; community manager, desarrollador de apps, especialista SEO, técnico de marketing digital, etc. son buenos ejemplos de ello.

Se trata de empleos que se ajustan a los que el profesor Richard Florida atribuye a las ‘clases creativas’; profesionales de altas capacidades que buscan entornos urbanos abiertos y dinámicos para desarrollar todo su potencial. No obstante, hay que precisar que dentro de estas categorías no sólo se encuentran quienes trabajan con alta  tecnología, pues Florida incluye también a todos aquéllos que desempeñan actividades con un fuerte componente creativo, tales como diseñadores, publicistas, guionistas, artistas, arquitectos, etc.
Distribución de la mano de obra
Fuente: La clase creativa (Florida, 2002)
El elevado número de personas que ejercen todas estas actividades como trabajadores freelance, cuando no como emprendedores con una organización propia, es sintomático de la penetración de la cultura empresarial entre estos trabajadores del siglo XXI.

De hecho, son  startups o empresas consagradas con espíritu de startup las que  han creado en los tiempos recientes algunos de los yacimientos de empleo más importantes. En este sentido, estas organizaciones de alto componente innovador no solo contratan nuevos perfiles para ellas mismas, sino que también abren el camino para que otras lo hagan a fin de no quedarse atrás.

No es de extrañar que los empleos del futuro surjan de negocios tecnológicos con pocos años de andadura porque son estos mismos los que han creado ex novo sectores enteros, como pueden ser las redes sociales, la publicidad online, el consumo colaborativo, el e-commerce, las aplicaciones para móviles, el crowdfunding o los agregadores de contenidos. A pesar de que los primeros millennials   en incorporarse a la vida activa apenas si llegan a los treinta años, algunas de las startups que han fundado ya poseen una enorme notoriedad; es el caso archiconocido de Zuckerberg en Facebook, pero también de los fundadores de Instagram y Tumblr. No obstante, hay muchos más: todos los años en los alrededores de Palo Alto surgen cientos de startups de la mano de emprendedores muy jóvenes de las que solo oímos hablar en el momento en que son compradas por alguna gran empresa.

Lo anterior es plenamente coherente con las teorías sobre la innovación disruptiva de Christiansen, pues, como este autor recuerda, las organizaciones consagradas tienen menos incentivos para introducir propuestas de valor para las que todavía no hay un mercado definido debido a su carácter novedoso, y es a través de la adquisición de nuevos negocios como pueden integrar tecnologías incipientes en su portfolio.

Por otra parte, merece la pena destacar que son sobre todo miembros de la también denominada ‘generación Y’ los que integran los movimientos que están recuperando las ciudades como centros de producción. Con la  tecnología como aliada,  los makers y DIYers están llamados ha protagonizar un cambio importante en la vida urbana; nuevos  locales tipo fab labs y hackerspaces van a irrumpir con tanta fuerza como ya lo han hecho las oficinas compartidas (coworkings), se sustituirá el patrón de la estandarización por el de la personalización en no pocos artículos y su canal de comercialización será el mismo que el del comercio de proximidad.

Finalmente, también conviene recordar que la innovación que poco a poco están introduciendo los emprendedores sociales en sectores tradicionales como la educación, la salud, el deporte o el trabajo social… también está llamada a abrir para las promociones de profesionales que están por llegar nuevas vías para acceder tanto al autoempleo como al trabajo asalariado.

Pese a que Estados Unidos va muy por delante en la penetración de la entrepreneurship economy, es justo decir que en esas latitudes también existe preocupación por las dificultades que está teniendo la  generación del milenio para encontrar su sitio en el mundo. Las tasas de desempleo juvenil son elevadas para sus estándares -aunque el 16% que sufren parezca irrisorio en comparación con el porcentaje próximo al 50% propio del sur de Europa- y la sobrecualificación es un fenómeno cada vez más frecuente. Sin embargo, al menos en ese país emprender existe como una opción más en la cabeza de todo aquel que termina su etapa formativa, e incluso antes. Cosa que en España todavía no ocurre, lo que resta posibilidades a los recién graduados de trabajar en aquello para lo que se han formado y, al mismo tiempo, presiona a la baja la natalidad empresarial, perdiéndose así, como se ha indicado más arriba, capacidad para generar empleo asalariado.

El problema que tenemos en nuestro país es que todavía quedan reformas pendientes para tener un auténtico ecosistema emprendedor que, por un lado, incentive a los individuos a apostar por tener su propio negocio y, por otro, facilite el despegue de las nuevas empresas.

Ciertamente ha habido en la última década muchas iniciativas públicas, y privadas también, en materia de emprendedores. Pero el nivel de actuación se ha centrado en quienes ya han tomado la decisión de iniciar su andadura empresarial en detrimento de los ámbitos que condicionan tanto la predisposición de la sociedad hacia la asunción de riesgos como las posibilidades de crecimiento de los proyectos nacientes.

El resultado es que España se ha consolidado en plena crisis como uno los países con más plataformas de apoyo a las nuevas empresas -hasta 2.800 entre el sector público y el privado contabilizó la DGPYME en 2011- sin que el número de nuevos empresarios se haya incrementado significativamente; más bien al contrario, pues durante los dos primeros años de recesión el Estado de la OCDE donde más cayó la natalidad empresarial fue el nuestro.

La creación de empresas se está recuperando desde entonces, pero aun así la tasa de actividad emprendedora se mantiene en el 20º puesto entre las economías homologables a la nuestra, tal y como señala el último informe del Global Entrepreneurship Monitor (GEM). El mismo estudio también nos sitúa en un puesto discreto en cuanto a componente innovador de las startups.

A pesar de este posicionamiento en los datos que maneja GEM, somos la tercera nación del mundo en espacios de coworking y la segunda de Europa en programas de aceleración e incubación. Si se reflexiona acerca de esta llamativo  hecho, se puede llegar a dos conclusiones: una es obvia a la luz de las casi tres mil plataformas de promoción censadas; hay que mejorar la coordinación de las iniciativas dirigidas a respaldar a las empresas de reciente creación para hacer su funcionamiento más eficiente; la otra conclusión es que conviene ampliar el enfoque de acción de las políticas públicas, ya que los resultados que se pueden alcanzar operando en un solo plano son limitarlos.

La visión ecosistémica con la que se viene estudiando el fenómeno empresarial en lugares como Silicon Valley, Holanda o Israel, aporta algunas pistas al respecto. En este sentido, el objeto de atención de la actividad de fomento no debe ser exclusivamente el empresario que empieza, sino también las condiciones en las que prende y se desarrolla la iniciativa emprendedora. Bajo este esquema, la responsabilidad de diseñar y ejecutar la política de nuevas empresas, de hecho, rebasa la propia esfera de la administración, llegando a ser necesario crear un marco colaborativo entre instituciones, medios de comunicación, grandes empresas, universidades y entidades de la sociedad civil.

Son varios los modelos teóricos que el ámbito académico ha dado recientemente sobre esta política ‘holística’ de emprendedores, aunque todos vienen a coincidir en señalar como ámbitos de intervención el acceso a los mercados, la formación del capital humano, la educación, los valores culturales, la fiscalidad empresarial, el acceso a la financiación, la seguridad jurídica y los procedimientos administrativos.

La ley de apoyo a los emprendedores aprobada el año pasado supone un hito en la adopción de esta estrategia, puesto que prevé medidas en casi todos estos capítulos.  Desgraciadamente, la norma por sí solo se queda corta, habida cuenta del retraso con el que llega y de lo mucho que hay todavía por hacer. Entre otras cosas, se echa de menos reformas tan profundas en el ámbito de la educación, la cultura empresarial o la inversión en startup  como lo ha sido en materia tributaria la adopción  del criterio de caja en el IVA  para los pequeños empresarios  o en el terreno de la seguridad social la  extensión de la ‘tarifa plana’ a los nuevos autónomos con independencia de su edad. 

Por otra parte, tenemos la tarea pendiente de facilitar que el impulso emprendedor no quede restringido a empresas de pequeña entidad y reciente constitución. Es preciso prestar más atención a los factores que hacen posible el scale-up, esto es, que los negocios bien asentados  y en sectores maduros puedan tener ambición y capacidad para experimentar crecimientos propios de una empresa tecnológica naciente.

Las cifras del registro mercantil nos indican que el ritmo al que se recupera la natalidad empresarial aumenta bastante más rápido que la economía, lo que debe interpretarse como un reflejo de que vamos en la buena dirección. Sin embargo urge mantener el pie en el acelerador de las reformas porque, además de mantener la creación de negocios, tenemos  tres difíciles tareas  por delante: una es mejorar sus tasas de supervivencia, otra  es impulsar su crecimiento y la última hacer partícipes a más jóvenes de la dinámica empresarial. Respectos a esto último, cabe recordar que actualmente el emprendedor medio en España tiene  39 años. Lo que significa que, después de los esfuerzos volcados por administraciones y centros educativos, todavía son muy pocos los que al concluir su periodo formativo barajan esa tercera opción que he mencionado antes de ser su propio jefe.


De igual manera que el agua empieza a hervir por abajo, la entrepreneurship economy  se abre paso de la mano de los millennials en la economía más avanzada del mundo. Por tanto, es lógico inferir que de las facilidades que les demos a los jóvenes de nuestro país  para orientarse hacia las nuevas oportunidades que la tecnología y la nueva cultura productiva abren, dependerá en buena medida nuestras posibilidades de afrontar la recuperación con vigor y asegurar  nuestra posición competitiva en el futuro.

domingo, 26 de octubre de 2014

Los nuevos rockeros

(este artículo fue publicado en el diario ABC el día 25 de octubre de 2014)

Los emprendedores son los nuevos rockeros. Carlos Barrabés, quizás la mente más visionaria en este momento en nuestro país, expresa con ese símil cómo para los jóvenes del milenio, emprender se ha convertido en una filosofía de vida.

Del mismo modo que en los años 60 el rock and roll supuso una rebelión contra las normas sociales y políticas de la época, hoy emprender es una suerte de inconformismo activo porque es la vía para cambiar el mundo y hacerlo mejor.





























Bill Drayton el fundador de Ashoka, la red global de emprendedores sociales, explicaba hace unos años en la revista de la universidad de Harvard su teoría de las cadenas hibridas de valor, en virtud de la cual las grandes compañías y las entidades sociales trabajando juntas con emprendedores pueden resolver los más importantes problemas del mundo sin renunciar ninguno a sus intereses. No es caridad y no es solo negocio, es ser innovador para salvar el mundo. “Los emprendedores sociales no se conforman con ofrecer un pez al que tiene hambre, ni siquiera con enseñarles a pescar sino que no descansarán hasta revolucionar la industria del pescado”

Los jóvenes millennials emprenden porque es la herramienta que les permite ser consecuentes con su forma de ser. Tecnología, libertad y creatividad se fusionan en las miles de empresas que  se crean cada año en nuestro país. Los emprendedores hoy son nativos digitales y sin esa hiperconexión no entienden las relaciones sociales pero tampoco el trabajo. Frente al estereotipo de su narcisismo y falta de compromiso están protagonizando las demandas de democracia desde el norte de África a Hong Kong. Son los inventores de la economía colaborativa que pone el acento en el uso de los bienes y servicios frente a la propiedad que está arrasando en sectores como el turismo.

Vivimos una época de cambios profundos y rápidos. Esa velocidad está causando que las soluciones sean más lentas que el crecimiento de los problemas. Por ello es necesario alinear los agentes que pueden hacer cambiar esa tendencia. Los emprendedores sociales lo llaman co-creación. Un proceso colaborativo entre iguales: grandes empresas, administraciones, instituciones financieras y emprendedores que, juntos, co-diseñen y co-implementen nuevos y mejorados bienes y servicios.

Desde que se inventó el Rock ha habido quienes pensaron que la solución era prohibirlo e incluso mandar a prisión a los rockeros, como hace unos años Putin en Rusia con las Pussy Riots. Es una opción. La otra es dejar de aplicar normas antiguas y paradigmas obsoletos asumiendo que la nueva economía exige abrir las mentes aunque para ello haya que cambiar leyes y viejas costumbres.


Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor en la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR).

jueves, 16 de octubre de 2014

De ninis, millennials y otras leyendas urbanas

(este artículo fue publicado simultaneamente en los periódicos La Rioja, Diario Hoy, El Norte de Castilla y La Verdad el día 15 de octubre de 2014)

“Ayer estuve en un bar con amigos, era como un grupo de whastapp pero nos veíamos y tomábamos copas. Es el futuro”  Twitter, septiembre 2014

Desde que en mayo de 2013 la revista Time dedicó su portada  a los millennials con la leyenda “Me Me Me Generation” rematada en su interior con afirmaciones del tipo de “son perezosos, narcisistas y todavía viven con sus padres” se desencadenó toda una serie de leyendas urbanas alrededor de la generación del nuevo milenio.


Ni estudian, ni trabajan. Son ninis que como en la película de León de Aranoa pasan “los lunes al sol” y según parece también el resto de la semana. La lacerante tasa de desempleo juvenil  y el retraso en la edad de emancipación han llevado a que muchos jóvenes terminen sus estudios y sigan viviendo en casa porque no tienen trabajo. Pero de ahí a considerar que aquellos que han nacido en los 80 y 90 no hacen nada hay un trecho.  Precisamente esta generación no es la que dejó de estudiar por trabajar al albur del boom inmobiliario; ni tampoco son ellos los que despreciaron ser emprendedores por la estabilidad de la función pública. Fueron las generaciones anteriores las obsesionadas por ser funcionarios y las del abandono escolar por el dinero fácil del ladrillo. Los millennials, no vivieron todo eso porque han crecido con la crisis, están superpreparados como ha puesto de manifiesto recientemente la Universidad de Deusto al comunicar que nunca hubo tantos doctores como ahora. Es esta la cohorte de edad que mejor asume la aventura de emprender, aseverado por el informe GEM y son ellos los que están empujando con sus startups a que las grandes empresas innoven. Es el caso de Luis Iván Cuende con 17 años explicado en su libro “ni estudio ni trabajo…monto empresas y hago lo que me gusta”.

Frívolos y egocéntricos. Bailan twerking esa modalidad de baile que consiste en mover las nalgas en distintas direcciones que practican celebrities como Miley Cyrus o Rihanna; se fotografían continuamente y cuelgan sus selfies  en redes sociales como Instragram.  La realidad es que la también llamada generación Y se divierte de un modo más sano que las anteriores con la fiebre del running o aficiones como el parkour y tribus como los surfers o rollers que exigen estar en plena forma. Son los millennials los que movidos por la necesidad y sus convicciones han inventado la economía colaborativa que  con la ayuda del internet de las cosas, como dice el economista Rifkin, nos convertirá a todos en prosumidores (productores y consumidores a la vez).

Snobs y sin compromiso social. Les preocupe estar a la última moda al extremo de convertirse en anoréxicos o en seguidores de la dietas mas cool como los paleos que comen lo mismo que el hombre en la Edad de Piedra. No les interesa la política ni participan en las ONGs como las generaciones anteriores. La verdad es que los millennials no inventaron la comida basura sino sus padres y son ellos los que están patrocinando la filosofía slow food o el “hazlo tu mismo”. Por último, nada mejor que la imagen de las calles de Hong Kong tomadas por miles de jóvenes adolescentes enfrentándose a la dictadura china para demostrar la falacia de esa supuesta pasividad social.


El mundo está cambiando mucho y muy rápido pero eso no nos puede llevar a estigmatizar a la generación del milenio solo por no entenderla. Estamos a tiempo de rectificar al igual que lo ha hecho recientemente el periodista que lo inició todo con su artículo en TIME “son la generación que nos va a salvar, son optimistas y quieren ser vistos pero no dominar a todos. Son emprendedores sin afán de poder”

Iñaki Ortega es doctor en economía y profesor de universidad.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Darwinismo laboral

(Este artículo fue publicado originalmente el diario El Heraldo de Aragón el día 9 de septiembre de 2014)


Charles Darwin, con su teoría de la evolución, demostró que todas las especies de seres vivos han ido cambiando con el tiempo mediante un proceso de selección natural. Solo sobreviven  los más dotados para afrontar el complicado día a día. Si el siglo XIX estuvo marcado científicamente por esos descubrimientos, la época que nos ha tocado vivir está tristemente protagonizada por el desempleo y por la dificultad para crear trabajo. Mientras no asumamos que el mundo laboral, como las especies de Darwin, están en plena evolución, no conseguiremos solucionar el problema de nuestra siglo.
La economía, fruto de la disrupción tecnológica, está viviendo el proceso más profundo y rápido de cambios de la historia reciente. Eso ha supuesto que el mercado laboral y sus exigencias estén cambiando vertiginosamente. Nuevas relaciones laborales, nuevas profesiones, nuevos nichos de empleo, nuevas formar de orientar las carreras profesionales y nuevas empresas son una muestra de ese darwinismo laboral.

En 1989, Hardy un economista irlandés predijo la llamada organización trébol en la empresa. Tres tipos de empleados y una sola compañía: un trébol de tres hojas, como el símbolo de su país. El empleo de las grandes empresas solo se mantendría en un tercio porque el resto pasaría a estar fuera de la compañía, bien como colaboradores puntuales bien como profesionales independientes que prestan sus servicios. Su profecía se está cumpliendo escrupulosamente.

La velocidad de las innovaciones tecnológicas está provocando, como el Departamento de Trabajo de Estados Unidos ha puesto de manifiesto, que el 65% de los trabajos de los próximos años aún no se hayan inventado. Los más prestigiosos observatorios  sitúan esos futuros nichos en la salud, en la agricultura, en la energía limpia y en las smart cities. Con nuevas profesiones como tecnobiólogos, analistas de big data, ingenieros de drones o matemáticos corporativos que se unirán al grupo de los ya muy demandados empleos, como son los especialistas en  SEO-SEM o los programadores.

A su vez las carreras profesionales evolucionarán de un modo hasta ahora desconocido. Varios empleos simultáneos, alternaremos contratos por cuenta ajena con el autoempleo y prestaremos nuestro talento a varias grandes y pequeñas empresas a lo largo de nuestra vida laboral. En muchas ocasiones priorizaremos nuestra vida personal y trabajaremos menos, desde casa, con horarios a medida o simplemente nos tomaremos un año sabático. Minijobs, freelance o startups serán términos habituales en el futuro cercano del trabajo. Para los millennials ese futuro ya está aquí. Son los jóvenes  que se han hecho mayores con el nuevo milenio. En 2025 constituirán el 75% de la fuerza laboral mundial. Las economías y las empresas más dinámicas de todo el mundo están dando pasos para que ese nuevo talento se trasforme en riqueza y empleo. Los millennials están ya inventándose sus propios empleos y no entienden de fronteras solo de oportunidades.

Aragón cuenta con una posición excelente para aprovecharse de los nuevos tiempos, la importante industria agroalimentaria, la apuesta decidida por las energías limpias tanto renovables como en el hidrógeno, así como la calidad de los investigadores y spinoffs universitarias en supercomputadores o en nuevos materiales como el grafeno. Pero es necesario que gobierno, agentes sociales, empresas y estudiantes caminen en la misma dirección y de un modo rápido; en estos momentos de vertiginoso cambio la velocidad es crítica desde un punto de vista estratégico.

Hace muy pocos años la Iglesia de Inglaterra pidió disculpas públicamente a Darwin por haber rechazado frontalmente su teoría del evolucionismo y alimentado a sus detractores. “Actuamos erróneamente desde las emociones y no desde el intelecto” dijeron los anglicanos. Les ha costado más de 150 años aceptar que el mundo y la vida es puro cambio. Ojalá que no necesitemos tanto tiempo para asumir eso mismo, que el mercado laboral está evolucionando y que hay que eliminar los obstáculos que ralentizan ese cambio.

Iñaki Ortega es doctor en economía y profesor de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR).

Ricardo Mur es CEO de Hiberus y presidente de los empresarios de Zaragoza.


viernes, 29 de agosto de 2014

Millennials

(Este artículo fue publicado originalmente en el periódico El Ideal de Granada el día 27 de agosto de 2014)

Aquellos jóvenes que en plena burbuja inmobiliaria sobrevivían al mes con mil euros que a duras penas les alcanzaba para pagar la hipoteca, fueron bautizados como los mileuristas. Eran el símbolo de una época que se llevó por delante la llegada del paro masivo  y que dio lugar a los ni-nis, ni estudio ni trabajo, el dinero fácil les llevó a dejar colgada su formación  y por tanto su futuro.

Etiquetar las cohortes de edad  no es algo nuevo y de hecho España tuvo sus niños de la guerra. En pleno desarrollismo, nosotros como el resto del mundo occidental, gozamos de una explosión demográfica que dio lugar a  los baby boom, que nacieron en los años 50 y los 60. Con la crisis del petróleo en 1973 llegó la llamada generación X porque era como la letra, una incógnita, ante los cambios y las crisis que tuvieron que afrontar.

La propia Real Academia de la Lengua Española ha introducido como sexta acepción de la palabra generación “el conjunto de personas que por haber nacido en fechas próximas y recibido educación e influjos culturales y sociales semejantes, se comportan de manera afín o comparable en algunos sentidos”.
Hoy, en plena economía digital, si se teclea en google la palabra generación aparecerán inmediatamente los millennials.  Los jóvenes del milenio más que un término que está arrasando en la red y en todos los artículos de tendencias a lo largo y ancho del mundo, es un símbolo de los nuevos tiempos en los que vamos a tener que estar, queramos o no.

Los millennials tienen hoy entre 18 y 33 años, es decir son aquellos que se han hecho mayores con el nuevo milenio, son nativos digitales, se sienten ciudadanos del mundo y están muy preparados, adoran las matemáticas,  aunque estiren como un chicle su adolescencia  En 2025 constituirán el 75% de la fuerza laboral mundial y por ello están siendo objeto de estudio por los más prestigiosos informes como los de Mckinsey, Gartner o Deloitte.

Son los hijos de la generación del baby boom y aunque no lo van a tener tan fácil como los que les precedieron, son profundamente optimistas y sobre todo piensan y actúan de un modo diferente. Apuestan por la economía compartida, huyen del individualismo usando la co-creación. Con sus startups harán temblar a las grandes compañías.

Joaquín Muñoz es un jovencísimo abogado madrileño que sin estar en un gran despacho ha ganado a Google en el Tribunal de Luxemburgo la demanda del derecho al olvido,  el periódico Times le ha nombrado el abogado de la semana. Pablo Bautista es un ingeniero de León que dejó una envidiable posición en una multinacional para montar ferias con tribus urbanas que usan para su creatividad los tatuajes, el skate, el parkour, los bloggers, los makers, … arrasa en medio mundo y todas las grandes marcas de moda le persiguen. Susana Malón es una joven  física especializada en contaminación lumínica que ha conseguido que la UNESCO y la Organización Mundial del Turismo se fijen en su empresa de smartcities radicada en Vitoria. Antonio Zugaldia es un brillante desarrollador granadino que desde Washington promueve con su startup las apps más disruptivas.

Los millennials ya están aquí y están inventando y protagonizando nuevos empleos porque como ha dicho recientemente una universidad australiana, la mitad de los empleos de nuestros hijos hoy ni siquiera existen. De hecho en estos momentos el 47% de los perfiles que demandan las empresas no se cubren por falta de capacitación de los candidatos. Algo está pasando en la economía, los millennials se están inventado su propio empleo en el ámbito del big data, del 3D, de la genómica, de las weareble tech  pero también en sectores considerados tradicionales aplicando la tecnología por ejemplo a la atención a los dependencia  o a la agricultura.

Nuevos trabajos y nuevas formas de trabajar. Desde casa, a tiempo parcial, como freelance, con joint ventures… Los millennials a diferencia de los que hoy superan los cuarenta no viven solo para trabajar, tienen una profunda conciencia social y por ello trabajarán en muchas empresas pero también la mayoría querrá gozar de la libertad de ser emprendedor o autónomo.

A nadie se le escapa que este potencial de creatividad es una oportunidad para quien sepa aprovecharlo y por eso todas las grandes compañías han puesto el foco en los millennials no solo para contratatarles o usar sus innovaciones sino para conocer mejor a los nuevos clientes de sus productos y servicios. Ningún ámbito quedará fuera de la influencia de la nueva forma de pensar de la generación del milenio. La política, como se está viendo últimamente, no será la excepción y es todo un reto para los partidos y los gobiernos saber escuchar el nuevo mensaje de los millennials, quien no lo haga se quedará antiguo.

Iñaki Ortega es doctor en economía y profesor de la universidad internacional de la Rioja (UNIR)

Carlos Rojas es portavoz de PP en el Parlamento de Andalucía y ex-alcalde de Motril.