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domingo, 9 de junio de 2024

La ventana se mueve

(este artículo se publicó originalmente en el Periódico de Cataluña el 9 de junio de 2024)


Cada país tiene sus temas tabúes. Son asuntos que es mejor no hablar de ellos, por motivos culturales o de otro tipo, porque suponen un problema. En España, la vida personal de los políticos, la eutanasia, la guerra, el despido libre, la prostitución, los pactos con EH Bildu o hasta el aborto han sido algunos de ellos, que han pasado a la historia. Eran realidades innombrables que se obviaban ya que provocaban un rechazo tácito por parte de un amplio sector de la sociedad. Sin embargo, todos aquellos temas que se encuentran disponibles para debatir pertenecen a lo que se ha bautizado como ‘ventana de Overton’, una teoría política que describe cómo se puede cambiar la percepción de la opinión pública para que las ideas que antes se consideraban descabelladas sean aceptadas.

Su ideólogo, Joseph Overton, vicepresidente de uno de los mayores institutos de investigación social de Estados Unidos, el Mackinac Center for Public Policy, desarrolló la teoría de cómo un político ganaría votantes siempre que sus propuestas se enmarcasen en el interior de una ventana que guardaba lo que la sociedad aceptaría en el momento. No obstante, la clave de esta tesis es que los líderes habilidosos pueden mover esa ventana o si se prefiere añadir temas de conversación a este marco socialmente aceptable. De este modo, el político más atrevido podría enarbolar la bandera del cambio con la garantía de saber que estos asuntos -antaño prohibidos- no serían rechazados por el pueblo. La teoría de la ventana de Overton tiene sus tiempos y no es una fórmula mágica, sino que posee diferentes fases, en primer lugar, las ideas pasan de ser impensables a radicales, y de ahí a ser aceptables, para terminar siendo sensatas y populares. Inmediatamente nos vienen a la cabeza Trump o Milei, pero también Orban o López Obrador. Artistas en ampliar la ventana para acabar convirtiendo en aceptables temas considerados antaño como anatemas. Pero yo les quiero hablar, como siempre, de economía y cómo la teoría en cuestión también ha llegado a esta disciplina.

Hace pocos días el gobierno español aprobó que pueda ser compatible cobrar el subsidio de desempleo y tener un sueldo en una empresa. Parado y con nomina al mismo tiempo. La medida se ha tomado porque el gobierno tiene claro que las personas que cobran el paro no tienen incentivos para buscar trabajo. Con este empujón desde lo público -dos ingresos en la cuenta corriente- muchos españoles abandonaran el paro. Un gobierno de izquierdas acaba con el tabú de que las ayudas sociales siempre funcionan. Casi al mismo tiempo, el mismo equipo ha promovido que pueda conciliarse pensión y empleo. De nuevo un principio inmutable como que los mayores han de descansar, se supera. Otro ejemplo es cuando se atrevieron a reducir el IVA en plena escalada de la tasa de inflación, esquivando la idea socialmente aceptada de que bajar impuestos perjudica a las clases más desfavorecidas.

En el plano europeo, Bruselas aceptó la taxonomía de energías limpias y las reivindicaciones de los agricultores. La sociedad asumió sin problemas que sus gobiernos apoyarán la energía nuclear o que se cediera al chantaje de las huelgas del agro europeo. Solo porque se supo redirigir la ventana hacia la lucha contra el cambio climático y el bienestar del continente.

Pero no siempre es tan fácil porque cuando te sales de la ventana, pasa lo que le ocurrió a Liz Truss, primera ministra de Reino Unido en 2022. Tras anunciar na agresiva bajada de impuestos sin reducir el gasto público del estado del bienestar, tuvo que presentar su dimisión.  Solamente 44 días después de tomar posesión por una inusitada caída de los mercados bursátiles ante dicha medida.  También le pueden preguntar a Joe Biden, que ve amenazada su reelección por la percepción de la mala situación económica que atraviesa el país, pese a que todos los indicadores aseguran que no es así. Si Trump consigue ganar en noviembre será porque Biden no supo enfocar el tema económico en la ventana. En España, una víctima de la ventana económica de Overton es Rodríguez Zapatero que siendo presidente lanzó el Plan E para paliar la crisis de 2008. Un documento del Banco de España reveló que el Ejecutivo gastó en total 13.000 millones de euros para crear empleo, aunque por cada millón no se generaron ni seis puestos de trabajo. Todo ello mientras negaba que los españoles estuviéramos inmersos en la mayor crisis de nuestra historia. 

Ahora, el Gobierno de España ha decidido intervenir en el libre mercado. Lo hace de dos modos: en Telefónica a través de la SEPI, su brazo económico, y en el BBVA, Talgo o Naturgy a través de la “norma antiopas” que nació en la pandemia para proteger a las empresas patrias de compradores extranjeros de gangas. El pudor se ha perdido y un tabú como participar desde lo público en las empresas privadas parece que está superado. ¿Habrá conseguido también mover esta ventana económica Sánchez?  Seguro que hay muchos indicadores para saberlo, pero el más próximo serán las elecciones europeas.

Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC

miércoles, 7 de febrero de 2024

Aquí hay tomate

(este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 Minutos el 5 de febrero de 2024)


Hacia el año 1800, Nicolas Chauvin, un joven soldado francés después de caer herido más de quince veces sirviendo a Napoleón, tiene que abandonar el ejército con una exigua pensión. Los años pasan, la época bonapartista se olvida y Nicolas sigue defendiendo, ahora con la palabra, pero con el mismo fervor, la causa imperial francesa. Por su verbo encendido a la vez que exagerado logra la celebridad en su país gracias a su defensa de una imaginaria e idílica Francia. Desde entonces su apellido es usado para describir el patrioterismo. El chauvinismo o chovinismo es la exaltación desmesurada de lo nacional frente a lo extranjero. Francia es la cuna del soldado y por tanto del término. Han pasado dos siglos, parece mucho, pero siguen ganándose a pulso ser los más chovinistas.

La que fue ministra francesa, la socialista Segolène Royal, esta semana ha criticado en un programa de televisión los tomates españoles por “incomibles” y hacerse pasar por ecológicos “falsamente”. Inmediatamente la caja de pandora se abrió, los españoles respondimos al ataque de la política y los productores galos boicotearon con más ímpetu al agro español. Chovinismo en estado puro: los productos franceses virtuosos y los españoles indignos e inferiores. Una devoción fanática unida a una parcialidad basada en prejuicios, en el mismo lapso que los agricultores europeos paralizan el centro continental. Gasolina al fuego por parte de la exministra del Hexágono para avivar los ataques contra nuestros productos y de paso alimentar el voto ultra en las elecciones de junio.

Habrá que recordar a Segolène que el tomate es originario de México y que somos los españoles los que lo introducimos en Europa en el año 1521 gracias a Hernán Cortés. De hecho “tomate” es una palabra azteca que los descubridores aprendieron y probaron en la conquista de Tenochtitlan. Las crónicas nos cuentan que en los primeros viajes de Colón ya desembarcó en Sevilla con el fruto rojo y se cultivó rápidamente por todo el territorio español, tradición que ha llegado hasta nuestros días con deliciosas variedades en Murcia, Valencia, Andalucía, País Vasco, Navarra, Rioja y las Castillas. Solo gracias a España este producto se introdujo en Francia, muchos años después, señora Royal.

En castellano tenemos una expresión que explica perfectamente lo que está pasando en Francia. Aquí hay tomate, se utiliza para explicar que detrás de algunos sucesos hay escondidas “sustanciosas” cuestiones. Las ofensas a nuestras frutas y verduras esconden la incapacidad de los gobiernos para acercarse a los verdaderos problemas de los ciudadanos, opacan también una burocracia europea obsesionada con contentar los estándares internacionales de sostenibilidad pero que arruina industrias enteras. Los insultos al vecino demuestran la impotencia de determinadas opciones políticas para reconectar con unas clases trabajadoras que se han ido alejando de estadistas de salón y sus discursos ininteligibles. Este proteccionismo trasnochado oculta un estado confiscatorio que aspira solo a distribuir riqueza, pero no a crearla. O las subvenciones imparables que desincentivan la competitividad de los territorios y el emprendimiento de sus vecinos. Ese es el tomate del que deberíamos hablar.

Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC

miércoles, 30 de noviembre de 2022

Trabajamos menos




 (este artículo se publicó originalmente en The Conversation el día 30 de noviembre de 2022)


Se dice, con razón, que los jóvenes son el futuro de un país, pero los séniores aseguran mejor ese futuro dentro del mercado de trabajo. Además, en España, a la luz de su pirámide demográfica, sin ellos, el futuro de la actividad económica va a estar muy comprometido. Sin embargo, el estudio de la situación del mercado de trabajo en España no es muy edificante para los mayores de 55 años, en comparación con Alemania, Francia, Italia, Polonia, Suecia y Portugal.

Antes de mostrar los resultados del II Mapa de Talento Sénior elaborado por el centro de investigación Ageingnomics, es importante resaltar que, frente a mitificaciones muy extendidas, los mayores no quitan puestos de trabajo a los más jóvenes, sino que ocupan algunos que estos nunca cubrirían por falta de capacitación o experiencia o por su insuficiente número.

Conforme a este estudio, España tiene una de las mayores tasas de desempleo sénior de Europa. La mitad de sus parados mayores son de larga duración y, además, es el país con más paro femenino de mayores. Además, junto a Portugal, España tiene el mayor número de empleos de baja cualificación.

La distancia en tasas de actividad con Suecia, el país a la cabeza en datos de ocupación de trabajadores séniores, es de casi 20 puntos.

En España hay menos séniores trabajando que en el país nórdico, pero también menos que en Alemania y Portugal, lo que supone que, de media, los españoles trabajan casi tres años menos que los portugueses, cuatro menos que los alemanes y están a siete años de distancia de los suecos.

Séniores y emprendedores

Pese a todo, los séniores españoles son los europeos que están más dispuestos a emprender (por oportunidad o por necesidad) y, con Polonia a la cabeza, España es uno de los países donde está más extendido el trabajo por cuenta propia en este colectivo.

Así, cerca de un millón de séniores, que ya suponen uno de cada tres autónomos españoles, ven en el trabajo por cuenta propia una vía para seguir activos.

El informe pone el foco en cómo España podría alcanzar, por ejemplo, la tasa de empleo sénior de Suecia (85 % entre trabajadores de entre 55 y 59 años), muy por encima del cerca del 65 % español, y así conseguir ganancias medidas por el PIB de entre cinco y diez puntos.

En un país en el que la mitad de los nuevos parados son séniores y uno de cada tres parados es mayor de 50 años, urge tomar cartas en el asunto.

A continuación, algunas de nuestras recomendaciones:

  1. Establecimiento de un gran pacto de país para el fomento del empleo sénior que corte de raíz el derroche de talento de los mayores españoles.

  2. Aprobación de una ley orgánica contra el edadismo laboral que mejore la fórmula para compatibilizar pensión y trabajo, penalice las jubilaciones anticipadas y las prejubilaciones y promueva un reconocimiento expreso de los derechos de igualdad generacional

  3. Medición y publicación, por parte de las empresas, de los datos sobre su impacto social no solo en los aspectos medioambientales y de género sino también en lo que concierne a la diversidad generacional.

  4. Fomento, desde las administraciones, del trabajo por cuenta propia y el emprendimiento de los séniores mediante bonificaciones fiscales, ayudas públicas y reducciones de las cuotas de autónomos.

  5. Promoción, desde las instituciones públicas y las empresas, de la formación continua de los trabajadores.

Además, los propios trabajadores séniores deben tomar conciencia de que, por muy atractivo que parezca adelantar la edad oficial de jubilación, es inviable económicamente y perjudicial para su salud física y emocional dejar de trabajar con más de treinta años por delante de vida.

Propiciar la presencia en la escena pública de trabajadores séniores que siguen aportando a la sociedad con su trabajo en campos como la ciencia, el funcionariado, la docencia o el emprendimiento, ayudaría a la tarea de dar una nueva visión de esta etapa vital en la que ha de seguir presente el trabajo remunerado

lunes, 2 de marzo de 2020

Breve historia de un político francés


(este artículo se publicó originalmente el 27 de febrero de 2020 en el diario La Información)


Un joven y dinámico analista francés es nominado como candidato a alcalde de París por otro joven y dinámico financiero del mismo país. Ambos, atractivos personajes, forman parte de un joven partido que ha jubilado a la vieja clase política gala. Usando los códigos de la generación millennial, este nuevo partido ha acabado en Francia con la tradicional forma de votar, o bien a la derecha, o bien a la izquierda. Apoyado masivamente por los nacidos a partir del año 1980 -los menores de cuarenta años- este nuevo movimiento despierta también la ilusión de un electorado harto de los desmanes de la élite política.

Benjamin Griveaux y Emmanuel Macron son los nombres de nuestros protagonistas. Ambos participaron en la creación del nuevo movimiento político “En Marcha” que ha revolucionado la política en el país vecino. Benjamin acabó formando parte del Gobierno de la República de Francia que preside, aún hoy, Emmanuel. Pero, rápidamente deja su puesto de portavoz gubernamental para preparar el asalto a la Alcaldía de Paris, feudo de los socialistas durante la última década y quizás el último reducto de la vieja política.

“En Marcha” que comparte iniciales con Emmanuel Macron (toda una declaración de intenciones) ha tenido la habilidad de conectar de un modo increíble con el pueblo francés; en apenas un año desde su creación en 2016, gana las elecciones y corona a su líder como el presidente más joven de la historia de Francia. Su secreto reside, en parte, en utilizar los códigos de los millennials franceses, precisamente porque la nueva forma digital de comunicarse es tan potente que ha acabado contagiando al resto de generaciones. Todos hoy somos un poco millennials y Macron con su equipo supieron leerlo a tiempo. Me explico.


Los millennials y más aún los jóvenes de la generación posterior, los llamados Z, han forjado su personalidad, se han educado y socializado a través de Internet. Y el uso masivo que hacen de la red de redes ha hecho que la unidad de medida del tiempo se haya acelerado de tal manera que lo que las anteriores generaciones aspirábamos a tener en un mes, ellos lo tienen en un minuto. Música, amigos, compras, viajes se consiguen ahora casi de forma inmediata. Además, son irreverentes por naturaleza y se lo cuestionan todo, porque gracias a Internet acceden de modo inmediato a un conocimiento casi infinito. Pero lo más llamativo es que millennials y Z han tenido una increíble capacidad de contagiar esa inmediatez e irreverencia a los que no pertenecemos a su generación. De modo y manera que en estos momentos una gran mayoría de la población piensa, consume y hasta vota con la mentalidad millennial, en Francia y también en el resto del mundo.

Pero volvamos a nuestra breve historia, porque cuando toda parecía que iba sobre ruedas, el brillante candidato a la alcaldía de París anuncia -este mes de febrero- su retirada de la cita electoral, a raíz de la difusión de un vídeo de contenido sexual. Para complicarlo todo es un artista ruso, Piotr Pavlenski, asilado en Francia, quien reivindica la difusión de los documentos para denunciar la hipocresía de Griveaux. "Alguien que se apoya en la permanencia de los valores familiares, que dice querer ser el alcalde de las familias y pone siempre como ejemplo a su mujer y a sus hijos, pero es todo lo contrario”. Fin de la historia y de la fugaz carrera de nuestro protagonista.

La misma semana que sucedía todo esto tuve la suerte de acudir a una conferencia de Charo Sádaba de la Universidad de Navarra. La decana explicaba a los padres asistentes cómo gestionar los conflictos con nuestros hijos ante la todopoderosa llegada de la tecnología a sus vidas. Puso de manifiesto que Internet no es un parque de atracciones para nuestros hijos, sino que son muchos los riesgos que ella resumió en las tres Cs. A saber: contenidos, contactos y conductas. Materiales de alto contenido sexual que se intercambian con el sexting; delincuentes que se ocultan tras falsos contactos con el grooming y conductas de acoso con el bulling.

Inmediatamente la serendipia se apareció con toda crudeza al recordar la noticia de la dimisión del político francés precisamente por sextear, que así recomienda la Fundéu que se use el verbo sexting o el envío de contenido sexual vía Internet. Cómo es posible que el mago de la política francesa, que es capaz de llevar a El Elíseo a Macron por su capacidad de conectar con las nuevas generaciones “muera” probando su propia medicina. Con los mensajes a su amante demostró que aunque sabía ganar elecciones usando Internet, poco había aprendido de lo realmente importante. La red de redes como recuerda Sádaba es también una potente escuela para entrenar valores como la prudencia y la fortaleza.

Hasta aquí la breve historia de un político francés que no supo gestionar los riesgos de los nuevos formatos de comunicación. Griveaux también demostró que, a pesar de su brillante estrategia digital, todavía está en párvulos en saber usar Internet racionalmente.

sábado, 31 de agosto de 2019

Todo es mentira en el G7

(este artículo se publicó originalmente el 31 de agosto de 2019 en La Información en la columna #serendipias)

He tenido la suerte este verano de estar muy cerca de Biarritz antes, durante y después de la cumbre del G7. Desde el balcón todos las noches veía el faro de la ciudad elegida por Macron para su estreno como anfitrión del grupo de los países más poderosos de Occidente. En cada resplandor del faro de Biarritz, pensando en la cumbre, me venía a la cabeza una película española de los años 90 titulada «Todo es Mentira». El protagonista de la cinta, el cantante Coque Maya, se da cuenta que todo a su alrededor es una farsa y nada es como aparenta ser. 

En la primera quincena de agosto, días antes del inicio del G7, en el País Vasco  y en sur de Francia, sólo se hablaba de dónde aterrizaría el presidente Donald Trump. Los aeropuertos franceses fueron descartados así como los de San Sebastián y Bilbao por carecer de pistas de aterrizaje suficientemente largas para el tamaño del Air Force One. El aeródromo de Vitoria-Gasteiz que cumplía las características sería el elegido. Mentira. Trump finalmente aterrizó en Biarritz. 

Unos días antes de la llegada del presidente americano los rumores se aceleraron y no pocos recibimos fotos de montajes del portaaviones JFK patrullando en la ría del Bidasoa. Mentira. Trump viajó con un discreto operativo de seguridad que se redujo a un helicóptero Marine One.

Por supuesto los veraneantes de la zona asumimos que esos días, del 16 al 26 de agosto nos avisaron las autoridades, no podríamos disfrutar de las playas de la zona. Mentira. No dejamos de pasear y bañarnos con total normalidad y además el tiempo acompañó (lo cual es mucho más milagroso). 

El tráfico en la frontera de España y Francia sería un infierno conforme a todas las previsiones. Estrictos controles aduaneros volverían décadas después de la entrada de nuestra pais en la UE. Mentira. La circulación fue fluida por mar, tierra y aire. Menos colapso que cualquier operación retorno de final de vacaciones.

Pero si revisamos las crónicas de los días previos a la cumbre veremos que Trump, al parecer. tenía la intención de sabotear cualquier acuerdo de libre comercio, en especial para perjudicar a Francia y Europa. Mentira. Trump acordó con Macron pero también con el japonés Abe y el nuevo Premier británico acuerdos para mejorar el intercambio de bienes y servicios. La imagen de la primera dama americana visitando una bodega francesa es sintomática.

La prensa de esos semanas también nos informó de que el presidente español Pedro Sánchez jugaría un papel importante en el G7 por ser aliado y amigo de Emmanuel Macron. Mentira. Su presencia se redujo a asistir a una cena protocolaria junto a invitados del nivel del presidente de Australia o Sudáfrica. 

Más noticias. La contracumbre alojada en las localidades cercanas de Bayona e Irun se movilizaría a favor de un mundo más justo con expertos de todo el mundo. Mentira. La imagen de unos encapuchados tirando piedras y de una manifestación en la que compartieron pancarta el último dirigente de ETA, David Pla, y diputados de Podemos y Bildu nos abrió los ojos sobre porqué Macron no está muy contento con Pedro Sánchez y los aliados que le llevaron a La Moncloa.

El G7 agonizaría en Biarritz por los ataques de Trump a pesar de los loables intentos de Macron. Otro titular. Mentira. Trump mantuvo una intensa agenda bilateral con destacados acuerdos y hasta asumió con deportividad la jugarreta francesa de meter por la puerta de atrás a Irán en la cumbre. Incluso Estados Unidos asumió el gesto también hacia la galería (francesa) de crear un fondo económico para frenar los incendios en el Amazonas. Con lo fácil que hubiese sido para Trump defender a su amigo Bolsonaro recordando que no muy lejos de Biarritz, en España y Portugal, sufren incendios todos los veranos igualmente de destructivos sin que se aborde el asunto en el orden del día en ninguna cumbre.

El G7 mostraría la mejor imagen de Francia al mundo en el lugar donde se inventó el veraneo. Mentira. Biarritz nace como destino turístico gracias a España y a la tradición de la realeza española y de su corte de veranear en el Norte de España (San Sebastián, Santander y Lekeitio). Esto llevó a que Eugenia de Montijo casada con Napoleón III imitase esa costumbre en la localidad costera francesa. Pocos han reparado en que las primera damas del G7 fuesen agasajadas con productos tan españoles como la sangría y alpargatas como si de inventos franceses se tratasen.  Como nadie ha comentado tampoco que desde el Hotel Du Palais donde se celebró la cumbre se puede ver en la plaza de Clemenceau una enorme bandera española, al lado de  una francesa y una ikurriña. Qué pena que Sánchez no cruzase ni una palabra con Trump porque de haberlo hecho le podría haber preguntado el mandatario americano a nuestro presidente por qué en Biarritz o en San Juan de Luz siendo Francia se ven banderas españolas y en cambio en Fuenterrabia o en Zarauz es imposible. Todo mentira, como en la película.

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

jueves, 28 de junio de 2018

Macron frente a la insolencia

(este artículo se publicó originalmente el día 26 de junio en el periódico La Información en la sección semanal #serendipia)


El monte Valerien es una colina al oeste de París sede del “Centro Memorial al Combatiente de Francia” porque en ese pequeño montículo fueron asesinados durante la segunda guerra mundial varios miembros de la resistencia francesa. El Presidente Emmanuel Macron visitó la semana pasada Mont Valerien, como lo han hecho todos sus antecesores, sin imaginarse que se iba a hacer viral su conversación con un adolescente que cantó a su paso “La Internacional” para después espetarle « ¿qué pasa Manu?».

La respuesta del Presidente de la República de Francia fue una regañina en toda regla al joven, grabada y luego tuiteada por el propio mandatario. Además de exigir respeto para su persona «a mi te diriges como Señor Presidente» le mandató tener en consideración a sus compatriotas homenajeados ese día, que dieron su vida por la libertad de Francia.

Casi a la vez conocimos que Brian Krzanich, el consejero delegado del gigante de la tecnología, Intel, había sido cesado por incumplir el código de «non fraternization» que la compañía exige en sus contratos de dirección, al igual que la gran mayoría de empresas americanas. Tras una investigación que demostró que el CEO tenía una relación afectiva con una colega de Intel, el presidente de la empresa de microprocesadores despidió inmediatamente a su primer ejecutivo. 

Es muy improbable que el insolente jovencito francés haya leído el último informe de INSEAD y Russell Reynolds sobre las características de los nuevos CEOs en el que el desafío a la autoridad aparece en primer lugar y ello le llevase a enervar a Macron.  Más factible podía haber sido que Krzanich o su pareja hubiesen ojeado ese mismo informe elaborado con técnicas de big data para concluir que los nuevos altos directivos de las empresas digitales disfrutan retando el status quo de la compañía. Sea como fuere, ambos, el muchachito y el directivo, midieron mal las consecuencias de sus actos o tomaron al pie de la letra el reputado estudio sin darse cuenta que los cambios culturales nunca son tan rápidos sino graduales.

La irreverencia es también uno de los rasgos que Deusto Business School junto a ATREVIA detectaron en su informe sobre la cohorte de edad siguiente a los millennials, la generación  z. Después de entrevistar a cientos de jóvenes nacidos entre 1994 y 2010 concluimos que ponían en cuestión lo establecido de un modo innato. Llevar la contraria a sus mayores, sean padres o madres, profesores o jefas es consustancial a su forma de ser y, no lo olviden si tienen un z cerca, no hay nada personal en ello. También la investigación argumentó que las características de estos jóvenes eran tan fuertes que estaban contagiando a las generaciones anteriores. De modo y manera que todos somos un poco z, es decir que somos más irreverentes que hace unos años.

Quién hubiera dicho hace apenas unas semanas que el Partido Popular que en 30 años de vida solo había tenido dos presidentes sin contestación alguna, hoy se enfrentase a unas primarias con siete candidatos en liza. Todos ellos, con sus candidaturas, ponen en cuestión la propia historia de su partido, pero nadie lo ha visto como tal sino como coherente con el tiempo que nos ha tocado vivir.

Otro informe universitario, en 2013, elaborado por la Universidad de California  y la London School of Economics demostró que una parte de los directivos de las más disruptivas compañías, compartían rasgos de personalidad que les llevaba a no tener miedo a romper las reglas, de hecho muchos habrían cometido comportamientos casi delictivos en su infancia.

Macron no fue objeto de ese estudio porque se elaboró 2013, año en el que acababa de entrar como polémico asesor del presidente Francoise Holland. Dejó una carrera en la banca de inversión por estar cerca del entonces Presidente de la República sin saber que le iba a sustituir. En esa fecha, hace cinco años, quizás Emmanuel no hubiera abroncado al niño porque tendría más presente al jovencito que él mismo fue y que también desafió el orden establecido iniciando un romance con una profesora casada, con la que años después se casó y hoy comparte residencia en El Eliseo. Brigitte Trogneux enseñaba literatura en un colegio de los jesuitas de Amines cuando tuvo como alumno a Emmanuel, de la edad de unos de sus hijos. La relación entre ambos no fue fácil ya que a la diferencia de edad, 24 años, se unieron las circunstancias familiares de Brigitte lo que llevó a Macron a calificarla “como incomprensible hasta para los que nos conocen”.

Incomprensibles también son muchas de las noticias de esta pasada semana que hemos repasado en este artículo si las analizamos con el prisma inadecuado, de modo y manera que para ser hijos de nuestro tiempo y entender lo que pasa a nuestro alrededor no vamos a tener más remedio que asumir algo de esa insolencia.