lunes, 31 de enero de 2022

Mayores (o no) pero no idiotas

(este artículo se publicó originalmente como post en la web del centro de investigación ageingnomics de la Fundación MAPFRE el día 28 de enero de 2022)


La denuncia de Carlos San Juan -médico valenciano de 78 años- ha conseguido centrar la atención en la falta de adecuación del servicio prestado al colectivo de seniors que -conviene recordarlo- suponen más de 16 millones de españoles. Los bancos con su atención telemática han dejado “indefensos” a millones de clientes que no se desenvuelven correctamente en internet. Esta campaña con cientos de miles de adhesiones en change.org reclama a los bancos “un trato más humano” con las personas mayores porque casi todas las gestiones son con una maquina. Su título ‘Soy mayor pero no idiota’” no deja lugar a ninguna duda.

Casi al mismo tiempo el gobierno -con un anteproyecto de ley sobre el particular- ha reclamado la inclusión financiera. Pero, como si de un boomerang se tratase este asunto en breve golpeará al sector público que tendrá que aplicar sus propias normas para ser amistoso con colectivos analógicos, ya que la pandemia ha derivado gran parte de los trámites administrativos a la red de redes.

Que un septuagenario use una plataforma digital para denunciar que con su edad no se desenvuelve bien en lo digital, parece una ironía. Pero no lo es tanto si profundizamos en algunos datos. El reciente II Barómetro de Consumo Senior del centro de investigación ageingnomics de la Fundación MAPFRE ha puesto de manifiesto que seis de cada diez seniors españoles están en internet. O lo que es lo mismo, diez millones de mayores de 55 años se les puede considerar población digital. En concreto más de nueve millones gestionan sus cuentas bancarias online, siete millones compran por internet y más de nueve están en Facebook y se comunican por Whastapp. ¿Cómo es posible entonces que tenga razón esa denuncia? La respuesta no es solo por lo heterogéneo de esta cohorte sino también reside en que gracias a que una mayoría son digitales saben lo que es sufrir una mala atención telemática. Por eso conviene poner el foco -no solo en la población que queda excluida de la atención presencial- sino también en la pésima calidad de algunas aplicaciones informáticas que no están pensadas para hacer la vida fácil al usuario, con independencia de su edad. ¿Acaso si no has llegado a los 55 años, hacer trámites en internet es una cosa placentera? No. Se sufre con muchas herramientas informáticas, no solo por la edad sino porque están mal diseñadas o por lo menos no facilitan la vida al que las usa.

Esta denuncia que sufren ahora los bancos, llegará a otros sectores y a la propia administración y hemos de alegrarnos por ello ya que supondrá una mejor atención a los ciudadanos (sean mayores o no). Pero aun así no puede eliminarse el foco de otra cuestión muy importante. Cuando el jubilado valenciano habla de que los mayores no son idiotas, puede referirse a la primera acepción de la RAE “corto de entendimiento” pero igual también a la quinta, a saber, “que carece de instrucción”. Y aquí también hay una batalla por luchar.

En un reciente seminario de la Fundación Edad y Vida se dieron algunos datos para reflexionar por boca del entonces director de economía del Banco de España, Oscar Arce. Los trabajadores españoles mayores  de 55 años dedican menos horas a su formación que sus pares europeos. Al mismo tiempo el porcentaje de españoles de esa edad que reciben formación no reglada es el más bajo comparado con cualquier otra cohorte patria. Son datos de Eurostat e INE. Qué contrasentido, cuando debería ser justo lo contrario, al ser los que más riesgo tienen de obsolescencia, aunque sea solo por los años que han pasado desde su educación formal.  

No conviene lamentarse, sino recordar lo que el foro de Davos ha afirmado respecto a España y la necesidad de recualificar a miles de personas. El World Economic Forum ha tasado en un aumento del PIB español de 6,7% de aquí al 2030 y una nada despreciable cifra de 230.000 nuevos trabajos si se mejorasen las competencias digitales.

Otra oportunidad, estas necesidades educativas, para la economía plateada y un nicho de actividad para emprendedores que ayuden a formar a los seniors pero también a capacitar a profesionales para que atiendan mejor la diversidad.

Si quieres leer el II Barómetro del Consumo Senior pulsa aquí

Si quieres leer el informe del World Economic Forum sobre reskilling pulsa aquí

 

Iñaki Ortega es doctor en economía y profesor de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)

miércoles, 26 de enero de 2022

La Gran Renuncia

(este artículo se publicó originalmente el periódico 20 Minutos el día 24 de enero de 2022)


En Estados Unidos solo se habla de esto. Lo mismo políticos que empresarios y por supuesto la mayoría de los mortales que dependen de una nómina. Todos tienen en la boca "La Gran Renuncia" que recuerda a otras expresiones que solo escucharlas ponen los pelos de punta como “La Gran Depresión”. Por alguna razón, de repente, más de 40 millones de personas han decidido dejar voluntariamente su trabajo.  Las estadísticas oficiales de empleo en Estados Unidos desde hace casi un año muestran que cada mes más de cuatro millones de trabajadores renuncian a sus puestos de trabajo. Por poner en escala los datos, es que como si todos los trabajadores de España e Italia -de la noche a la mañana- presentarán su dimisión, lo mismo abogados que profesores, dependientes de supermercados o cuidadores. Un caos.

Y lo que es más grave es que no hay razones para creer que las cifras mejorarán durante 2022. A la vista de estudios como el de Gallup que revela que la mitad de los trabajadores están buscando activamente hacer un cambio, mientras que otra investigación de McKinsey sitúa la cifra por encima aún, en un 58 %. Pero lo más increíble es que, al parecer, uno de cada tres de trabajadores estadounidenses que han dejado su trabajo no tenían otro donde ir.

Un mercado laboral como el americano que goza de pleno empleo hace que 10 millones de puestos de trabajo no se cubran por falta de ofertas, lo que puede explicar esa tranquilidad con la que se renuncia a un empleo. No obstante, conviene conocer algunas otras razones de este súbito fenómeno que sí pueden aplicar en nuestro país.

La pandemia ha cambiado las prioridades de la gente. La mayor parte de nuestra vida adulta la vamos a pasar trabajando, las carreras laborales serán de más de 45 años ya que empezaremos a trabajar con poco más de 20 años y estaremos activos hasta el entorno de los 70. Por eso, no queremos morir diariamente en un atasco, soportar jefes mediocres, compañeros indolentes o estar condenados a no ascender. Tampoco instituciones que dicen unas cosas, pero realmente actúan de otro modo. Meses de confinamiento y miedo a morir han llevado -según el profesor Anthony Klotz que ha acuñado el término que titula este artículo- a darnos cuenta de lo importante. Quiero atender a mis hijos; trabajar, pero no por ello ser un infeliz; sentir que en mi compañía valoran mi trabajo y no solo mi presencialidad.

Ahora piensa en tu vida y aunque estés en España, cambiar para mejorar está en tu mano. La losa del alto desempleo de nuestro mercado laboral no puede pararte. La esperanza es que junto a “La Gran Renuncia” cada vez más analistas hablan de “El Gran Despertar” de los trabajadores que quieren mejorar y ahí la clave sigue siendo la misma de hace siete siglos: la educación. Reciclarte, formarte, cualificarte y volver a estudiar es el pasaporte para encontrar la felicidad en un nuevo trabajo. Millones de personas en Estados Unidos, en su gran mayoría entre los 30 y los 50 años lo están haciendo ya y seguro que no son tan diferentes a ti.

Iñaki Ortega es doctor en economía y profesor de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)

jueves, 13 de enero de 2022

Djokovic o Pfizer

(este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 Minutos el día 10 de enero de 2022)


Es infinitamente más probable que por tu cuerpo fluya un suero de Pfizer o Moderna que haber escuchado las bases científicas del discurso de Djokovic contra de la vacunación. Por eso quiero contarte cómo surgieron ambas vacunas para que nos centremos en lo que nos afecta de verdad, por mucho que nos guste el tenis del actual número uno del mundo.

Pfizer y Moderna han sido las vacunas que más se han inoculado en nuestro país según datos del Ministerio de Sanidad puesto que a finales de diciembre del 2021 de los 264 millones de dosis disponibles, el 80% corresponden a estos dos tipos. De modo y manera que si el 90% de los que vivimos aquí estamos vacunados, aplicando un simple cálculo, siete de cada diez españolitos tenemos fluidos en nuestro organismo generados por esas farmacéuticas.  

Moderna desarrolló en Estados Unidos una de las vacunas contra el coronavirus en tiempo récord, apenas unas semanas en 2020, gracias a su técnica del ARN mensajero. Fue fundada por varios profesores universitarios que ejercían en Boston y alrededores, sede de las principales universidades del mundo en el campo de la salud. Langer, profesor en el Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT) y uno de los científicos vivos con más patentes presentadas, decidió apoyar un plan para desarrollar avances sobre terapias celulares de Rossi, un investigador de la Universidad de Harvard. A ellos se le unieron otros prestigiosos científicos también de Harvard. Inmediatamente se sumó un inversor armenio -graduado en el MIT- que puso los fondos para hacer crecer la idea y fichar a un francés -con un máster por Harvard- como consejero delegado, que venía de gestionar compañías de éxito. La ubicación de todos ellos en Boston no es casual, de hecho, es causal. Si se hubieran localizado en cualquier otro lugar del mundo, esta vacuna no existiría y 52 millones de dosis de Moderna no se habrían repartido en España.

Pfizer y BioNTech consiguieron pasar de un proyecto a una vacuna aprobada oficialmente en solo diez meses, cuando ese mismo proceso para las vacunas de la varicela, el sarampión o la hepatitis, supuso décadas, conforme a datos de Oxford. Poco se sabe que detrás de ese éxito está la diversidad. Un matrimonio de científicos de origen extranjero funda su empresa en Alemania. Sahin, médico de 55 años, hijo de un trabajador turco de la factoría de la Ford alemana y su esposa y colega Türeci, dos años más joven, igualmente de raíces turcas. Juntos fundaron BioNTech, una farmacéutica alemana que ha desarrollado la vacuna y que sus socios estadounidenses, Pfizer, han producido y distribuido a escala global. Sin ese matrimonio turco acogido en Alemania y apoyado por el sistema de innovación europeo y americano, la vacuna de Pfizer no sería realidad y 152 millones de viales no hubieran llegado a nuestro país.

Como seguimos vivos y por nuestras venas es casi seguro que corre algo de Moderna y Pfizer, es una buena noticia porque eso significa que ese talento, ciencia y diversidad vencen siempre a los mitos, la superstición y el localismo del discurso de negacionistas como Djokovic.

Iñaki Ortega es doctor en economía y profesor de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)

jueves, 30 de diciembre de 2021

2022 y los prosumidores

(este artículo se publicó originalmente en el diario económico La Información el día 28 de diciembre de 2021)


El año que empieza, si la covid19 no lo impide, puede ser el inicio de la era de los prosumidores. Aunque se le atribuye a Jeremy Rifkin, este término fue acuñado en 1980 por el futurólogo Alvin Toffler en su libro “La tercera ola”. La tesis de Toffer es que la civilización está en una tercera ola que deja atrás la primera o agrícola en la que se vivió hasta la revolución industrial que es la segunda. Esta ola permitirá pasar del autoabastecimiento preindustrial y el consumo masivo de las últimas décadas a uno nuevo posindustrial en el que se podrá producir y consumir al mismo tiempo.

Hace apenas dos años Rifkin explicaba este fenómeno en una conferencia en la Fundación Rafael del Pino de Madrid. Para este profesor de Wharton College, la economía colaborativa, es el primer sistema económico que se consolida desde el surgimiento del capitalismo y el socialismo, de hecho, ya coexiste con la economía de mercado. Este nuevo paradigma está llamado a transformar radicalmente la vida económica porque -según este sociólogo de Denver- permite el coste marginal cero, es decir que no habrá costes añadidos si se aumenta la producción de un bien o servicio. Es el sueño que siempre han perseguido las empresas y no es ciencia ficción porque es lo que está empezando a suceder. Y es en este escenario de economía colaborativa, en el que la figura del consumidor desaparece y aparece una inédita: el prosumidor. Son aquellas personas que han empezado a producir o compartir a través de internet. Desde su propia música, a sus videos en YouTube, sus conocimientos en Wikipedia o sus propias noticias en redes sociales. Todo esto comenzó hace más de un lustro, pero ya ha tenido su impacto en sectores económicos como el turismo, el transporte en las ciudades, pero también en la industria del entretenimiento con periódicos, discográficas y hasta productoras de cine quebradas.

Hasta aquí nada nuevo, pensará el lector, pero lo disruptivo viene ahora con la economía de la energía. La tecnología ya permite a millones de prosumidores producir y compartir su propia energía renovable, con un coste marginal casi nulo. Rifkin defiende que no es algo residual y que son decenas de millones los americanos que ya participan de forma activa en esta tendencia, bien compartiendo automóvil o vivienda y ahora produciendo energía.

Si las búsquedas en internet anticipan tendencias de futuro, Google España ha confirmado en un informe de la Fundación MAPFRE que casi la mitad de los mayores de 55 años en España están muy cerca de ser prosumidores porque forman parte del movimiento conocido como Do It Yourself. Son los que quieren hacer las cosas por ellos mismos, generalmente aficionados al bricolaje que tienden a construir, modificar o reparar cosas que poseen sin contar con la ayuda de un profesional. Sus actividades abarcan desde mejoras para el hogar hasta proyectos de jardinería y mantenimiento de vehículos. Están en internet viendo tutoriales o buscando herramientas para el hogar o su coche. Y crecen a ritmo de dos dígitos.

Esta nueva forma de autoconsumo al mismo tiempo que la economía circular del reciclaje, se ha acelerado con el confinamiento de la pandemia formando un cóctel que diferentes analistas han llamado neoecología. Un nuevo activismo orientado hacia una forma de consumir diferente protagonizado por el uso inteligente y sostenible de los recursos. Esta neoecología es mucho más que la mera protección de la naturaleza o la oposición contra el consumismo desaforado. Cada vez más consumidores eligen empresas que no sólo ofrecen un mero producto, sino el compromiso de hacer una contribución a la vida de sus clientes, empleados y de la sociedad en su conjunto. En el mundo anglosajón las multinacionales con propósito se han unido a este movimiento bautizado como Tech4Good y que por estos lares me he atrevido a resumir como “La Buena tecnología” título de mi último libro escrito junto al presidente del Sur de Europa de Hewlett Packard Enterprise, José María de la Torre.

La organización ecologista, WWF, habla incluso de un futuro energético descentralizado gracias a lo anterior. La generación de energía a partir del viento y el sol, pero también de otras fuentes de energía renovable, estará descentralizada. En lugar de unas pocas grandes centrales eléctricas, en el sistema energético del futuro, millones de pequeñas centrales generarán energía. Y, aquí viene lo mejor, muchas de las partes involucradas -incluso en países pobres- en este proceso serán al mismo tiempo productores como consumidores de energía, es decir prosumidores.  La empresa francesa Schneider en boca de su directivo Jordi García, defiende que la descentralización no se limitará a las fuentes de energía sino al propio control de esa red. En este sentido, los consumidores se están empezando a empoderar, convirtiéndose en prosumidores activos, capaces de generar, almacenar y redistribuir energía cuando sea necesario, es decir, capaces de gestionar activamente sus propios recursos energéticos, no solo consumir la energía que les llega de la red. Evolucionaremos de consumidores energéticos unilaterales a prosumidores energéticos multidireccionales.

Pero esto no ha hecho más que empezar. Según otro estudio de PwC y Siemens hasta los edificios de la España 5.0 serían prosumidores de energía, mucho más activos y con potestad para generar electricidad, usarla, venderla, almacenarla o distribuirla a las redes inteligentes, formando así un ecosistema integrado. En la multinacional española, Soltec, han dado un paso más con un nuevo concepto, la ecovoltaica. La generación de energía fotovoltaica y la agricultura pueden coexistir en el mismo terreno. Basándose en estudios de la Universidad de Oregón la convivencia de las dos actividades aporta beneficios recíprocos a los prosumidores. Por ejemplo, la sombra de los paneles solares ayuda a producir hasta un 12% más de cultivo que en los campos tradicionales, otra consecuencia es la reducción de la evaporación del suelo, que así mantiene el ambiente más húmedo y, por lo tanto, genera un menor consumo de agua para el riego. Finalmente, el gobierno de España se ha sumado a esa tendencia de la mano de una nueva regulación, la Orden TED/1247/2021 de 15 de noviembre regula los coeficientes de reparto variables en autoconsumo colectivo, y va a facilitar que muchos pequeños industriales y hasta agricultores pasen a ser prosumidores, en un contexto en que cualquier ahorro de la factura eléctrica será bien recibido.

Buenas noticias para cientos de miles de españoles que podrán beneficiarse y a la vez ayudar al planeta siendo prosumidores. Ahora solo necesitamos, crucemos los dedos, que la cadena de suministro global se normalice incluidos los chips y el acero chino para que florezca esta nueva industria de los prosumidores energéticos. Pero eso es otro cantar. Feliz 2022.

 

Iñaki Ortega es doctor en economía y profesor de dirección de empresas en la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)

lunes, 27 de diciembre de 2021

La reforma laboral de la Navidad

(este artículo se publicó originalmente en el periódico 20Minutos el día 27 de diciembre de 2021)

Hoy ha sonado el despertador y todavía medio dormido un esbozo de sonrisa se ha dibujado en su cara porque es el primer lunes desde hace un año que en la agenda no aparece una interminable reunión de horas para negociar. Con el café caliente en la mano, ya no ojea como en los últimos meses un farragoso dossier de legislación laboral y sorprendentemente se escucha tarareando una canción de Bob Dylan. El móvil llama su atención, pero sus ojos sin darse cuenta van a los memes navideños y no a la bandeja de correo electrónico, algo que no sucedía desde ya no sabe ni cuándo. En el coche ha hecho una llamada para reírse con ese viejo amigo al que no respondía sus mensajes desde hace demasiados días porque hoy no siente que una pesada losa le impide bromear sobre el mundo.  Entrando en el despacho no le ha importado mojarse con la inopinada lluvia de Madrid porque ningún funcionario europeo le espera con su impecable traje oscuro sino simplemente una reunión con el equipo que le ha ayudado a conseguir un acuerdo histórico para España. Elige subir por las escaleras, en lugar del ascensor, se ve con energía porque ese maldito contador de la cuenta atrás para conseguir una nueva reforma laboral por fin se ha apagado.

No tengo muy claro si Pepe, Antonio, Yolanda, Unai y Gerardo, las cinco personas que han tenido la responsabilidad de acordar un nuevo marco laboral para nuestro país, se sentirán así este lunes navideño, pero quiero pensar que sí. Me gusta creer que la alegría les invade porque han llegado a un acuerdo, aunque no sea el que ninguno de ellos deseaba cuando empezaron las negociaciones. Me sienta bien pensar que españoles tan diferentes son capaces de limar diferencias para darse la mano porque por encima de sus ideologías está un bien superior que el interés general de su país. A mí me gusta, creo que como a ti, que los que me representan como agentes sociales no se tiren los trastos a la cabeza porque lo que veo en mi día a día no es eso. Los empresarios que yo conozco no son explotadores, los trabajadores no son vagos, los autónomos no son defraudadores, los sindicalistas no solo van a manifestaciones y los que nos gobiernan -sean del color que sean- no quieren arruinar el país. La realidad es que con independencia de a quien voten o en qué territorio de España vivan los empresarios crean empleo, los trabajadores permiten que el país funcione, los autónomos nos hacen la vida más fácil, los sindicatos ayudan a mucha gente y los gobiernos quieren que la mayoría prospere.

La víspera de Nochebuena se conoció que tras años de negociaciones España tiene un nuevo marco laboral que permitirá reducir la temporalidad y seguir creando puestos de trabajo. Ojalá que este final feliz no sea un cuento de Navidad del que acabemos despertando. Por si acaso me atrevo a recordar a los negociadores cómo termina el de Dickens. El “espíritu de las navidades futuras” muestra al Señor Scrooge que por su egoísmo en un año nadie llorará su muerte. Si ante esa visión el viejo huraño pudo cambiar su destino, quizás inspire a los protagonistas de esta columna.

Iñaki Ortega es doctor en economía y profesor de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)


viernes, 24 de diciembre de 2021

Los invisibles digitales

(este artículo se publicó originalmente en el blog del centro de investigación ageingnomics de la Fundación MAPFRE el 20 de diciembre de 2021)

 

El pasado 10 de diciembre de 2021 se presentó el II Barómetro del Consumidor Sénior elaborado con una encuesta -como la edición de 2020- pero también con la información recolectada anónimamente por Google. El objetivo al igual que el año pasado es conocer los hábitos de los más de15 millones de españoles que superan los 55 años. La realidad puesta de manifiesto en este estudio se aleja de los negativos clichés sobre esta cohorte de edad y ayuda a acabar con la preocupante discriminación -edadismo- que sufren, basada precisamente en esos falsos prejuicios.

Los sénior españoles tienen más de un ingreso en su hogar (uno de cada dos), ayudan a sus familiares (cuatro de cada diez) y tienen capacidad de ahorro (uno de cada dos). En cuanto a la vivienda, son propietarios (ocho de cada diez), no quieren cambiar de casa (seis de cada diez) pero ha aumentado la incertidumbre sobre este hecho porque hace un año eran ocho de cada diez. Son optimistas respecto al futuro (seis de cada diez) aunque creen que sus gastos de vivienda y energía aumentarán (seis de cada diez). Al mismo tiempo cuidan de su salud a través de la alimentación (siete de cada diez), viajan habitualmente (siete de cada diez) y son minoría los que visitan el médico habitualmente (uno de cada diez). La mayoría está en internet (seis de cada diez), usa el comercio electrónico (cuatro de cada diez) pero también son más de nueve millones los que están en Facebook, se mensajean por WhatsApp o utilizan YouTube. Para finalizar estos titulares del II Barómetro, los seniors españoles están informados en mayor proporción que otros grupos de edad especialmente en todo lo que tiene que ver con la sostenibilidad.

Este informe mide el estado de la población mayor de 55 años en España a través de su consumo. Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española un barómetro también se ocupa de medir un proceso y evolución. Por ello, el Barómetro del Consumidor Sénior se ha vuelto a realizar en 2021 para hacer un seguimiento de sus hábitos de consumo. Así, el este nuevo informe permite conocer los cambios en el comportamiento de los mayores españoles como consumidores y corrobora algunos datos de la primera edición. Los adultos mayores españoles mantienen su alto poder adquisitivo y su capacidad de ahorro, a pesar de la crisis pandémica. Son el motor del consumo patrio ya que uno de cada dos euros gastados parte de este grupo etario, según recientes datos de CENIE y Oxford. Como novedad el II Barómetro del Consumidor Sénior ha detectado una tendencia a corroborar que es su capacidad de apoyo económico a sus círculos más cercanos. A su vez, quizás causado por el fin del confinamiento o por cuestiones estructurales, la vivienda y la energía han desplazado a la alimentación en la predicción de mayor gasto futuro para los senior.

Por primera vez, el informe con datos suministrados por Google y Comscore ha analizado monográficamente el impacto de la tecnología en el consumo sénior. Se ha constatado la falsedad de los prejuicios que asocian a los adultos mayores con personas analógicas puesto que el número de mayores activos en internet ha aumentado en casi cuatro millones desde 2017. La pandemia, como en otros ámbitos, ha sido un acicate para su digitalización, y se ha visto cómo el número de usuarios se situaba en los 10 millones, aumentando un millón en 2020 hasta suponer el 60% de todos ellos. A pesar de estos datos para una gran mayoría de las empresas, los seniors en relación con la tecnología no existen, son invisibles.

Ahora toca difundir esta realidad en el tejido económico español de cara a que surjan nuevos bienes y servicios para los seniors que generen empleo y riqueza, pero que también resuelvan sus necesidades, todavía hoy insatisfechas. De este modo, España se beneficiará de este nuevo bono demográfico que desde las instituciones comunitarias se ha bautizado como el ‘euro plateado’. Si nos ayudas a difundir estos datos, estarás ayudando a tu país.

 

Si quiere leer el resumen ejecutivo del II Barómetro, pulse aquí

Si quiere leer el informe completo del II Barómetro, pulse aquí

 

Iñaki Ortega es doctor en economía y profesor de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)

sábado, 18 de diciembre de 2021

California en el Mediterráneo

(este artículo se publicó originalmente en el periódico La Verdad de Murcia el día 18 de diciembre de 2021)


El día 10 de noviembre en Madrid volvió a escucharse el clamor de la mitad de España que reclama un corredor a la altura de la riqueza que se genera en las comunidades que recorre, uno de cada dos euros del país. Ese día también se puso de manifiesto que Murcia es el cuello de botella para disponer de una línea ferroviaria desde La Junquera hasta Algeciras. Habrá que esperar hasta 2025 para que ese flujo de riqueza recorra el Mediterráneo español porque en Murcia, como en las viejas películas del Oeste, las vías -inopinadamente- están sin terminar y solo queda polvo por delante.

Pero, décadas de retrasos no pueden nublarnos la vista, y Murcia está hoy en la mejor posición para ser el corazón de ese corredor de prosperidad. La calidad y cantidad de las empresas con base en la región, la apertura al mundo de su tejido productivo, el talento STEM egresado en sus universidades y un marco fiscal favorable a la inversión acompañado de una envidiable calidad de vida. 

El caso de California en Estados Unidos puede ayudar a inspirar a Murcia en estos momentos de zozobra. De hecho, ya son muchos economistas que hablan de que el desempeño del estado californiano está detrás de la ambición económica del mandato del presidente norteamericano, Joe Biden. En el primer trimestre de 2021, la economía estadounidense creció el 6,4 por ciento (el ritmo más acelerado desde 1984), debido al estímulo monetario y fiscal. Un componente fundamental es el poderío en investigación para respaldar la innovación en sectores de crecimiento globales. Estos sectores son los que impulsan el crecimiento de la productividad, crean empleos de calidad y alimentan las exportaciones y la creación de riqueza de todo Estados Unidos. En este sentido no puede olvidarse que California ha liderado la innovación global desde la Segunda Guerra Mundial. Es sede de un sistema universitario de primera con universidades de referencia mundial y seis laboratorios federales de investigación, junto con cientos privados. Los indicadores así lo demuestran. En 2020, más de 440.000 californianos iniciaron una nueva empresa, un 22 por ciento más que en 2019. Asimismo, y son datos de la consultora McKinsey, en 2020 la mitad de toda la financiación de capital de riesgo del país fue a California. De aproximadamente 750 rondas de financiación de capital riesgo superiores a los 1.000 millones de dólares, casi el 70 por ciento han sido en California. Y cerca del 80 por ciento de las startups americanas valoradas en más de 10.000 millones de dólares están radicadas en la zona de San Francisco. Por si fuera poco, Silicon Valley sigue siendo la mayor concentración de empresas de éxito siendo la sede de Google, Facebook, Intel o Apple entre otras muchas. De nuevo el poder de la acumulación.

Pero no siempre fue así. Durante décadas ni siquiera llegaban los trenes y si lo hacían era tras muchas penalidades. El impulso nace a inicios del siglo XX, cuando desde la Universidad de Stanford se promovió una agrupación de empresas de base tecnológica, frente a la tradicional ubicación de la costa Este de Estados Unidos. La acción orquestada de universidades, gobiernos y empresas obró el milagro en apenas unas décadas.

Desde Murcia no podemos convertirnos de la noche a la mañana en California, pero con una ambiciosa promoción del espíritu emprendedor que ya ha conseguido grandes logros en sectores locales como la industria agroalimentaria; con una mentalidad startup en nuestras compañías; buscando la colaboración con las provincias limítrofes en sectores como el calzado, juguete, muebles o logística pero también en inteligencia artificial o turismo sostenible; evitando los colapsos administrativos y apostando por la trasformación digital y la sostenibilidad favoreceríamos este milagro.

Estamos lejos de tener el PIB de California, que es más del doble que toda España, pero tenemos similitudes sobre la que apalancarnos, por ejemplo, una agricultura eficiente que ha abrazado la tecnología para ser más productiva o una aglomeración en el entorno de 60 kilómetros que nos permite ser el tercer mayor cinturón poblacional en España. A California se le conoce como el estado dorado por las horas de sol que disfrutan, tantas como las de Murcia, una oportunidad que ya se está aplicando por emprendedores murcianos con ambición global para producir y exportar energía limpia y que in incluso permitirá convertir a esta parte de España en la capital del hidrogeno verde que descarbonizará la industria europea.

Tenemos que aprovechar que hoy la tecnología nos permite mirar más allá de nuestras fronteras, trabajar a distancia, asumir con naturalidad la irreverencia de las nuevas generaciones, encontrar valor en los datos o competir con cualquiera. Y además abrirnos más al mundo con políticas migratorias capaces de atraer el talento global. Por si alguien no lo sabe, es obligado recordar que aproximadamente la mitad de todas las empresas del Fortune500 en Estados Unidos fueron fundadas por inmigrantes o por sus vástagos. California se ha beneficiado enormemente de su liderazgo en la economía de la innovación en el pasado ¿por qué no Murcia pueden hacerlo usando todas las palancas que acabamos de citar?

En los westerns el tren se para porque no había ya más vías sobre las que circular, unas veces porque los indios impiden las obras otras porque el dinero de los vaqueros se acaba, pero siempre acaba lográndose el milagro y el convoy llegaba hasta una California que entonces era un erial. Ese mismo Estado que hoy es la quinta economía del mundo. Ojalá que este corredor acabe también con final feliz, convirtiéndonos en la California del Mediterráneo. Está en nuestra mano.

Iñaki Ortega es doctor en economía y profesor de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)

Eduardo de San Nicolás es ingeniero industrial y jefe de estrategia e innovación en SOLTEC