lunes, 23 de septiembre de 2019

¿Quién es Greta?



(este artículo se publicó originalmente en el diario 20 minutos el día 23 de septiembre de 2019)

No exagero si te digo que hoy en el mundo existen solamente dos clases de personas, las que adoran a Greta y las que la odian. Para muchos una superheroína que salvará a nuestro planeta y para otros simplemente un producto de marketing, un juguete al servicio de los lobbys. Una valiente niña que se ha enfrentado al poder establecido por una buena causa o bien una bandera facilona que levantar para lavar conciencias de acomodados ciudadanos del primer mundo.

Si no tienes ni idea de qué estoy hablando y el nombre de Greta te suena a chino me temo que contigo aparece un tercer grupo de personas en el mundo, los que no ven la televisión, ni la prensa, ni las redes sociales. Supongo que te habrás despistado esta temporada y quiero pensar que por ello se te ha escapado el fenómeno mundial de Greta así que te voy a recordar quién es esta chica. Greta Thumberg saltó a la fama hace algo más de un año en Suecia, poco antes de las elecciones de ese país, Greta con 15 años, dejó de ir al colegio y se puso en huelga para que los políticos suecos, en campaña electoral en ese momento, hiciesen algo más para luchar contra el cambio climático. La imagen de una débil niña con una pancarta para frenar el calentamiento global se hizo icónica y pasadas las elecciones decidió seguir todos los viernes con su protesta a la que se unieron cientos de niños en su país pero también en el resto de Europa. Así nació, este pasado otono, el movimiento FFF (fridays for futuro) que se extendió como una mancha de aceite por todo el mundo convirtiendo a Greta en la niña más famosa del planeta en este momento. Asistió a la cumbre de Davos, ocupó la tribuna de oradores en el Congreso de Estados Unidos y en la Asamblea de la ONU. Se ha reunido con Barack Obama y con el presidente Macron. Hasta está nominada para el premio Nobel de la paz. Estos días ha convocado una gran huelga mundial por el clima, verás las imágenes de sus movilizaciones a lo largo y ancho del mundo. Todos nos preguntamos cómo es posible si sólo tiene 16 años y además es una niña que padece el síndrome de asperger, una especie de autismo.

Un compañero profesor que viaja habitualmente a Noruega me ha contado que el fenómeno ya ha superado a Greta y muchos nórdicos han dejado de viajar en avión por turismo. Un reciente estudio ha puesto de manifiesto que el 5% de las emisiones de CO2 tiene por origen los combustibles fósiles quemados por los vuelos comerciales; este año en Suecia por primera vez en la historia han bajado los viajeros de las compañías aéreas. La canciller Angela Merkel, esta misma semana ha aprobado un ambiciosos plan para reducir hasta en un 55% las emisiones de CO2; Alemania dedicará 54.000 millones de euros para acelerar la transición hacia una economía más sostenible. La influencia de Greta se deja sentir. Unos dicen que detrás de ella solamente hay grupos de interés para desestabilizar Occidente porque mientras tanto China sigue aprovechándose en términos de competitividad de saltarse todos los compromisos en este campo; otros que las criticas a la niña vienen bien financiadas por la industria del petróleo. 

En cualquier caso ahora que ya sabes quién es Greta puedes elegir en qué grupo quieres situarte. Yo ya lo he decidido.

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

viernes, 13 de septiembre de 2019

Historias (tristes) de verano

(este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 minutos el día 9 de septiembre de 2019)

Quizás este verano se te pasó leer las crónicas del aniversario de la matanza de la isla de Utoya. En julio de 2011 Anders Breivik asesinó a más de 70 personas en Noruega para dar a conocer al mundo su manifiesto en contra del feminismo, el Islam y por un nacionalismo europeo. Primero puso un bomba cerca de la oficina del primer ministro en Oslo que mató a 8 personas y tras sembrar el pánico en la capital, se desplazó a la cercana isla de Utoya donde todos los años se celebraba un campamento de las juventudes socialistas. Haciendose pasar por un policía congregó a todos los campistas para informales de un supuesto protocolo tras el atentado de Oslo, en ese momento y durante una hora, abrió fuego contra la multitud con un numeroso arsenal que llevaba encima. 69 chicos murieron. 

Quizás este verano la noticia pasó desapercibida para ti porque estabas siguiendo las andanzas de la niña sueca Greta Thunberg reclamando más actuaciones para frenar el cambio climático. Quizás las informaciones sobre el culebrón del verano respecto a las denuncias de acoso a Plácido Domingo te lo impidieron o te enganchaste a las negociaciones del PSOE y Unidas Podemos con la esperanza de terminar el verano con un gobierno estable para Pedro Sánchez. Quizás en estos meses de estío no prestas atención a las noticias pero hay algo que sí deberías saber y es el lugar donde más tiempo han pasado este verano mucha gente cercana a ti. Me refiero a tus hijos, sobrinos o primos.

Ese lugar es una isla muy parecida a la de Utoya, en la que también hay muchos niños y jóvenes que viajan en autobuses escolares  como los que murieron ese día en Noruega y lo que es peor, hay un Breivik que no para de disparar con todo tipo de armas a su disposición. Ese sitio es Fortnite. El videojuego de moda en todo el mundo que ha enganchado a una gran mayoría de chavales de menos de 30 años. Quizás no te has dado cuenta hasta ahora de las similitudes y quizás tampoco recuerdas que este mismo año en Nueva Zelanda un adolescente enganchado a Fortnite y admirador de Breivik y su fanatismo, causó una masacre matando a más de 50 personas en dos mezquitas. Él mismo reconoció que aprendió a disparar gracias al videojuego. Quizás ahora, sabiendo todo esto, puedas hacer algo más que dar un like a modo de solidaridad cuando llegue, que llegará, el siguiente atentado juvenil.


Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

sábado, 31 de agosto de 2019

Todo es mentira en el G7

(este artículo se publicó originalmente el 31 de agosto de 2019 en La Información en la columna #serendipias)

He tenido la suerte este verano de estar muy cerca de Biarritz antes, durante y después de la cumbre del G7. Desde el balcón todos las noches veía el faro de la ciudad elegida por Macron para su estreno como anfitrión del grupo de los países más poderosos de Occidente. En cada resplandor del faro de Biarritz, pensando en la cumbre, me venía a la cabeza una película española de los años 90 titulada «Todo es Mentira». El protagonista de la cinta, el cantante Coque Maya, se da cuenta que todo a su alrededor es una farsa y nada es como aparenta ser. 

En la primera quincena de agosto, días antes del inicio del G7, en el País Vasco  y en sur de Francia, sólo se hablaba de dónde aterrizaría el presidente Donald Trump. Los aeropuertos franceses fueron descartados así como los de San Sebastián y Bilbao por carecer de pistas de aterrizaje suficientemente largas para el tamaño del Air Force One. El aeródromo de Vitoria-Gasteiz que cumplía las características sería el elegido. Mentira. Trump finalmente aterrizó en Biarritz. 

Unos días antes de la llegada del presidente americano los rumores se aceleraron y no pocos recibimos fotos de montajes del portaaviones JFK patrullando en la ría del Bidasoa. Mentira. Trump viajó con un discreto operativo de seguridad que se redujo a un helicóptero Marine One.

Por supuesto los veraneantes de la zona asumimos que esos días, del 16 al 26 de agosto nos avisaron las autoridades, no podríamos disfrutar de las playas de la zona. Mentira. No dejamos de pasear y bañarnos con total normalidad y además el tiempo acompañó (lo cual es mucho más milagroso). 

El tráfico en la frontera de España y Francia sería un infierno conforme a todas las previsiones. Estrictos controles aduaneros volverían décadas después de la entrada de nuestra pais en la UE. Mentira. La circulación fue fluida por mar, tierra y aire. Menos colapso que cualquier operación retorno de final de vacaciones.

Pero si revisamos las crónicas de los días previos a la cumbre veremos que Trump, al parecer. tenía la intención de sabotear cualquier acuerdo de libre comercio, en especial para perjudicar a Francia y Europa. Mentira. Trump acordó con Macron pero también con el japonés Abe y el nuevo Premier británico acuerdos para mejorar el intercambio de bienes y servicios. La imagen de la primera dama americana visitando una bodega francesa es sintomática.

La prensa de esos semanas también nos informó de que el presidente español Pedro Sánchez jugaría un papel importante en el G7 por ser aliado y amigo de Emmanuel Macron. Mentira. Su presencia se redujo a asistir a una cena protocolaria junto a invitados del nivel del presidente de Australia o Sudáfrica. 

Más noticias. La contracumbre alojada en las localidades cercanas de Bayona e Irun se movilizaría a favor de un mundo más justo con expertos de todo el mundo. Mentira. La imagen de unos encapuchados tirando piedras y de una manifestación en la que compartieron pancarta el último dirigente de ETA, David Pla, y diputados de Podemos y Bildu nos abrió los ojos sobre porqué Macron no está muy contento con Pedro Sánchez y los aliados que le llevaron a La Moncloa.

El G7 agonizaría en Biarritz por los ataques de Trump a pesar de los loables intentos de Macron. Otro titular. Mentira. Trump mantuvo una intensa agenda bilateral con destacados acuerdos y hasta asumió con deportividad la jugarreta francesa de meter por la puerta de atrás a Irán en la cumbre. Incluso Estados Unidos asumió el gesto también hacia la galería (francesa) de crear un fondo económico para frenar los incendios en el Amazonas. Con lo fácil que hubiese sido para Trump defender a su amigo Bolsonaro recordando que no muy lejos de Biarritz, en España y Portugal, sufren incendios todos los veranos igualmente de destructivos sin que se aborde el asunto en el orden del día en ninguna cumbre.

El G7 mostraría la mejor imagen de Francia al mundo en el lugar donde se inventó el veraneo. Mentira. Biarritz nace como destino turístico gracias a España y a la tradición de la realeza española y de su corte de veranear en el Norte de España (San Sebastián, Santander y Lekeitio). Esto llevó a que Eugenia de Montijo casada con Napoleón III imitase esa costumbre en la localidad costera francesa. Pocos han reparado en que las primera damas del G7 fuesen agasajadas con productos tan españoles como la sangría y alpargatas como si de inventos franceses se tratasen.  Como nadie ha comentado tampoco que desde el Hotel Du Palais donde se celebró la cumbre se puede ver en la plaza de Clemenceau una enorme bandera española, al lado de  una francesa y una ikurriña. Qué pena que Sánchez no cruzase ni una palabra con Trump porque de haberlo hecho le podría haber preguntado el mandatario americano a nuestro presidente por qué en Biarritz o en San Juan de Luz siendo Francia se ven banderas españolas y en cambio en Fuenterrabia o en Zarauz es imposible. Todo mentira, como en la película.

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

lunes, 29 de julio de 2019

Manías y maniáticos


(este artículo se publicó originalmente en el diario 20 minutos el día 29 de julio de 2019)

Hace unas semanas el veterano cantante Roberto Carlos presentó su último disco en Madrid. Después de 35 años sin visitar España, el autor brasileño de «Yo quiero tener un millón de amigos» convocó una masiva rueda de prensa en la que la única condición para asistir era que todo el mundo fuese vestido de blanco o azul, además alertó a los que ese día calzasen zapatos marrones que no podrían entrar en la sala.          

Las manías son un medio, según los psicólogos, para ganar confianza y control sobre lo que nos rodea. Mientras realizamos un ritual tenemos la sensación de que estamos ordenando el caos que nos rodea y nuestra ansiedad se reduce. Así se explica, por ejemplo, porqué muchos nos empezamos a morder las uñas (onicofagia para los especialistas) en aquellos estresantes días de colegio y exámenes.

El corredor de Fórmula 1, Niki Lauda, murió en mayo de este año y en una necrológica leí que tras su grave accidente desarrolló una serie de manías que a modo de ritual le ayudaron a sobrevivir las secuelas. Por ejemplo, se compraba quince vaqueros Levi's 501 para todo el año. Siempre los mismos. No usaba otra prenda y cada temporada repetía el ritual. 

Podría hablarte de famosos maniáticos, sería muy fácil recordar que Madonna exige en los hoteles un inodoro sin estrenar o que Jennifer López viaje con sus propias sábanas hechas de 250 hilos. Rafa Nadal no puede hacer un saque en un partido de tenis sin seguir una complicada rutina con las manos, el pantalón, y la cinta del pelo. Y qué decir del aprensivo Woody Allen que se toma la temperatura cada dos horas. 

Pero prefiero que pienses en tus propias manías ¿No puedes ponerte a trabajar sin que tu mesa este absolutamente ordenada? ¿Clasificas por colores la ropa en tu armario? ¿Te molesta romper tu rutina mañanera cuando vas a trabajar? ¿Te levantas de la cama siempre con el mismo pie? Los que te rodean tampoco se libran, un primo que se ducha compulsivamente cinco veces al día o esa amiga incapaz de salir de una habitación sin encender y apagar siete veces el interruptor de la luz, por no hablar de una tía que no puede dejar de pasar por el quirófano para retocarse la cara, aunque se esté convirtiendo en una desconocida. 

Llámales rituales, si quieres supersticiones o incluso cuando rozan lo patológico TOCs (trastornos obsesivos compulsivos) pero la lista de manías y maniáticos es interminable. Es nuestra defensa ante un entorno VUCA tal y como definió hace años la armada americana. El acrónimo surge de las características en ingles del mundo que nos ha tocado vivir, a saber: volátil, incierto, complejo y ambiguo. Si el mundo se complica, nosotros nos complicamos. Solamente te pido que pienses si tus manías te ayudan de verdad a capear con este nuevo mundo o si lo único que consiguen es hacerte más difícil la vida.

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR


domingo, 28 de julio de 2019

España por encima de Sánchez e Iglesia

(este artículo se publicó originalmente en el diario La Información el 28 de julio de 2019)

El bochornoso espectáculo vivido en el Congreso de los Diputados no es reflejo de nuestro país. Hay que decirlo alto y claro. Es verdad que las Cortes Generales representan la pluralidad de los españoles expresada en las urnas, pero España es algo más que la reciente subasta de poltronas entre Sánchez e Iglesias. La vergüenza de esta investidura fallida no puede llevarnos, como les gustaría a algunos que precisamente se sientan en el palacete de la Carrera de San Jerónimo, a erosionar la confianza de los españoles en su país. 

Ha tenido que ser el embajador de Panamá en España en un reciente video que se ha hecho viral quien nos ha recordado que tenemos la suerte de ser compatriotas de genios de las letras como Cervantes, Calderón de la Barca o Lope de Vega, pero también de pintores universales como Velázquez y Goya. Que el idioma más hablado del mundo, después del chino, es el español o que la obra más publicada en el mundo, sin contar la Biblia, es el Quijote. Sin olvidar que la Gramática de Nebrija es la primera de cualquier lengua europea o “que la Biblioteca de Córdoba contaba con más de 400.000 volúmenes en el siglo X cuando en el resto de Europa no había en conjunto más de 4.000 libros”. Para este diplomático, España durante la época de su imperio, "por 200 o 300 años", demostró "una capacidad administrativa muy portentosa" al gestionar una enorme extensión de tierra y mar que iba "desde Alaska hasta la Patagonia, de Italia a Filipinas". Milton Henríquez mencionó que en España "surge la doctrina de los Derechos Humanos", con el padre De las Casas, o que con Francisco de Vitoria en Salamanca nace la doctrina del Derecho Internacional, por no hablar de que Fray Luis de León capitaneó el equipo que hizo todos los cálculos matemáticos para confeccionar el calendario gregoriano que usa hoy todo el mundo. Este exministro panameño explicó que España tiene "ocho premios Nobel, porque Vargas Llosa tiene doble nacionalidad", que Isaac Peral inventó el submarino o que el teniente coronel Emilio Herrera ideó el traje espacial. Además, que este país es el más longevo del mundo y con el mejor nivel de vida. O que encabezamos la lista de países con mayor número de trasplantes al año y que somos la cuarta economía de Europa o la decimotercera del mundo. Ese es el país en el que vivimos, no el que se desprende después de escuchar a una gran mayoría de portavoces en la sesión de investidura.

Hace unas semanas tuve el honor de escuchar en Madrid el discurso del presidente de Telefónica tras ser galardonado con el premio al directivo del año. José María Álvarez-Pallete, sin saberlo, ayudó a que algunos, como yo mismo, sobrellevemos mejor el lamentable debate de investidura. El primer ejecutivo de la telco española explicó cómo en los últimos 40 años, España había multiplicado por 14 su gasto en educación, por 13 el gasto social y por 15 el PIB per cápita.  En cuatro décadas ha doblado su población activa, aumentado en 7 millones las mujeres que trabajan y 8 veces el de universitarios. En tan poco tiempo España ha creado una riqueza equivalente a la economía de Holanda y Dinamarca juntas, por todo ello, terminó, somos muy afortunados de vivir aquí. 

Estos días tras cada ataque a nuestro país de esos políticos que toman la palabra en el Congreso yo recordaba uno de esos datos del presidente de Telefónica. Cada insulto a nuestra historia por los portavoces separatistas a mi cabeza venía alguna frase del embajador de Panamá. Muchas gracias a los dos. 

Agradezco también a los organismos internacionales que certifican cada año que nuestro país es el segundo más visitado del mundo o el destino preferido por los universitarios del programa Erasmus. Como también que disfrutamos de una red sanitaria universal con las mayores coberturas del mundo y de un sistema de pensiones públicas líder europeo en prestaciones, a pesar de la crisis.

Por eso quiero terminar esta reflexión uniéndome a la petición de muchos colegas, una de ellas con un escaño como diputada recién estrenado, de poner luz a los logros de estos años de España constitucional. A modo de florilegio clásico urge recapitular en un manual todos estos indicadores que demuestran las proezas también recientes de España. Y así que la fragilidad de nuestra memoria ayudada por el altavoz que en los últimos tiempos tienen los antiespañoles no nos impida recordar que España está por encima de Sánchez e Iglesias.

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

jueves, 25 de julio de 2019

El trabajo (con edad) dignifica

(este artículo se publicó originalmente en el periódico económico Cinco Días el día 25 de julio de 2019)

Fue Karl Marx quien acuñó la expresión «el trabajo dignifica al hombre». Un empleo es algo más que un medio para obtener unos ingresos, sino que gracias a una actividad laboral nos integramos en la sociedad, mejoramos nuestra autoestima y podemos transformar nuestro entorno, entre otras muchas externalidades. 

Pero a la vista de algunos datos que hemos recopilado en nuestro libro LA REVOLUCIÓN DE LAS CANAS, los beneficios que ocasionan a las personas disfrutar de un trabajo digno no aplican a partir de los sesenta años.  En España menos de la mitad, exactamente el 44 por ciento de la población activa de entre 60 y 64 años trabaja, frente al 54 por ciento de Reino Unido, el 58 por ciento de los Países Bajos, el 59 por ciento de Alemania o el 72 por ciento de Suecia. 

Sin darnos cuenta, en medio siglo, hemos pasado de apenas un lustro de esperanza de vida a partir de los 65 años a superar los 20 en ese momento. Pero las instituciones, las leyes, los gobiernos y muchas empresas, siguen ancladas en una mentalidad fraguada en miles de generaciones que consideraba que la vida activa finalizaba al superar la cincuentena. Quizás eso explica que en España haya cerca de un millón y medio de desempleados mayores de 50 años y que la mitad de los CV de esta cohorte de edad directamente no pasan el primer corte de los reclutadores únicamente por su fecha de nacimiento. 

Pero si estudiamos los territorios del mundo donde viven las personas más longevas, como lo hizo el periodista de Nacional Geographic, Dan Buettner, nos daremos cuenta de que uno de los rasgos comunes es seguir activo y sentirse útil prestando un servicio a la sociedad.

Durante los años de la crisis, muchas empresas tuvieron que realizar programas de ajustes laborales, para poder sobrevivir y garantizar el empleo a la mayor parte de sus trabajadores. En estos casos, los mayores suelen ser los que primero se incorporan a estas listas, por ser los que mayores costes laborales significan para las empresas.

Por otro lado, culturalmente en muchos sectores de nuestro país, al superar los 55 años de edad, muchos trabajadores entran “emocionalmente” en esa fase de prejubilables, porque se ven incapaz de competir con fuerzas con las nuevas generaciones.  

Hay que reducir el efecto de ambas situaciones, bien con reformas laborales, que permitan atenuar el coste para las empresas de los mayores, a través de programas de ahorro para la jubilación y el despido -tipo mochila austriaca- y, por otro, ayudar a trabajadores y empresas a crear la cultura interna adecuada para fomentar la convivencia generacional, el desarrollo de nuevas capacidades y la adaptabilidad de los mayores a los nuevos entornos de trabajo.

Es imprescindible abordar cambios tanto legales como también culturales, para que aquellos mayores de 55 años que quieran seguir trabajando puedan hacerlo. No solo porque la discriminación por edad es una injusticia, sino porque nuestro tejido empresarial no puede prescindir de valores que nadie mejor que los séniors atesoran.

Nos referimos a su capacidad de superar las crisis, a la fidelidad que guardan a sus empleadores o a sus habilidades para tejer contactos, sin olvidar que en muchas compañías son los guardianes del legado que las hizo grandes.

Algunos datos ya nos dan la razón y, por ejemplo, parece que la actitud de los españoles se va modificando en este sentido. De hecho, en estos momentos ya al menos un 36 por ciento de los trabajadores cree que continuará trabajando después de la jubilación con contratos a tiempo parcial o temporal. Pero no es una situación aislada sino una tendencia mundial revertir la jubilación y volver a trabajar.

En el Reino Unido, el 25 por ciento de los jubilados vuelve a trabajar a los cinco años de retirarse y en Estados Unidos se están generando porcentajes muy similares desde 2010. Según la Oficina Nacional de Estadística del Reino Unido, la proporción de personas entre 50 y 64 años en activo ha crecido del 60 al 71 por ciento desde el año 2000; los datos para los mayores de 65 años han pasado del 5 al 10 por ciento. El fenómeno se repite con tasas de crecimiento de la población activa estadounidense mayor de 65 años superiores al resto de las cohortes de edad. Las causas de esa vuelta no son solo pecuniarias, sino que no puede obviarse la necesidad de mantener los estímulos intelectuales que supone una vida laboral. 

Si hoy el filósofo alemán pudiese actualizar su célebre expresión sobre el trabajo, sin duda habría de incorporar la cuestión de la edad. No se trata de priorizar unas generaciones sobre otras sino simplemente, como reza el punto número 10 de los Objetivos de Desarrollo Sostenibles (ODS) 2030 de Naciones Unidas, que la igualdad de oportunidades deje de ser una utopía. Pero es que, además, las empresas que apuesten por la diversidad generacional estarán más preparadas para servir a un mundo en el que la llamada generación de las canas no deja de crecer en número y capacidad de consumo.



Iñaki Ortega es director de Deusto Business School 

Antonio Huertas es presidente de MAPFRE      

lunes, 15 de julio de 2019

Que 22 años no es nada

(este artículo se publicó originalmente en el diario 20 minutos el día 15 de julio de 2019)


Seguro que recuerdas algún tango de Carlos Gardel. Hoy quiero hablarte de uno en concreto. Te lo cantaría, pero por suerte para tu oído, 20Minutos en papel no tiene esa funcionalidad. Si eres más de Rosalía que de tangos no te preocupes basta con que sepas que esta mítica canción de Gardel habla del paso del tiempo. Escuchando el estribillo entenderás este artículo y porqué millones de españoles cada mes de julio nos ponemos nostálgicos. “Volver…con la frente marchita, las nieves del tiempo platearon mi sien. Sentir…que es un soplo la vida, que veinte años no es nada (…) Vivir… con el alma aferrada a un dulce recuerdo que lloro otra vez”

La locución “veinte años no es nada” del tango Gardel se ha incorporado a nuestro lenguaje para expresar que, en ocasiones, aunque pase mucho tiempo, no lo parece porque algunos sentimientos vuelven a vivirse como el primer día. La semana pasada se han cumplido 22 años del secuestro y posterior asesinato de Miguel Ángel Blanco por parte de la banda terrorista ETA. Todos los españoles que superamos la treintena tenemos un nítido recuerdo de aquellos horribles días de julio del año 1997, todos recordamos dónde estábamos aquel 12 de julio en el que el joven concejal del PP de Ermua apareció descerrajado, de rodillas y maniatado en un descampado de Lasarte. Han pasado 22 años y no son nada. Los mismos sentimientos vuelven a aparecer como si el crimen hubiese sido ayer. La frustración, la rabia, la impotencia ante una banda de asesinos que acabaron con la vida de un joven simplemente porque pensaba diferente y se atrevió a representar sus vecinos siendo concejal del PP en un pueblo como Ermua.

Pero 22 años después otros nuevos sentimientos, igualmente tristes, han aparecido. Casi al tiempo que recordamos a Miguel Ángel Blanco o el infernal secuestro de Ortega-Lara, la televisión pública ha entrevistado al líder del partido que apoyó a los terroristas esos días. Arnaldo Otegi con sus infames declaraciones nos recordó que la semilla del odio sigue muy viva, que la reconciliación está muy lejos si no hay sincero arrepentimiento y resarcimiento moral a las víctimas. Más allá de la ausencia de ética o si prefieres amnesia de la televisión pública todos tenemos una deuda con las víctimas del terrorismo en nuestro país y por mucho que pasen los años no podemos olvidar el sufrimiento de esas personas y sus familias. Hace dos años la Universidad de Deusto a través de una encuesta puso de manifiesto que la mitad de los jóvenes vascos no sabían quién fue Miguel Ángel Blanco. Qué rápido se olvida todo cuando algunas instituciones se empeñan en que se borre el recuerdo.

22 años no son nada para los que vivimos aquella angustia de 48 horas, pendientes de si una banda de criminales asesinaba a un joven con toda la vida por delante. Pero para 14 millones de españoles que o no habían nacido en el 1997 o que entonces no tenían uso de razón, las víctimas del terrorismo empiezan a ser un recuerdo muy difuso. Ninguno de ellos vivió que hubo un partido, hoy llamado Bildu, que aplaudía los asesinatos; que unos políticos -Otegi- justificaban en público la violencia sin sonrojarse; que cada concentración en repulsa de los atentados en el País vasco había de ser escoltada por la policía porque los amigos del líder entrevistado en TVE querían reventarla por la fuerza. Mala idea blanquear nuestro pasado porque como dijo el filósofo “los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla”.

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR