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domingo, 28 de julio de 2019

España por encima de Sánchez e Iglesia

(este artículo se publicó originalmente en el diario La Información el 28 de julio de 2019)

El bochornoso espectáculo vivido en el Congreso de los Diputados no es reflejo de nuestro país. Hay que decirlo alto y claro. Es verdad que las Cortes Generales representan la pluralidad de los españoles expresada en las urnas, pero España es algo más que la reciente subasta de poltronas entre Sánchez e Iglesias. La vergüenza de esta investidura fallida no puede llevarnos, como les gustaría a algunos que precisamente se sientan en el palacete de la Carrera de San Jerónimo, a erosionar la confianza de los españoles en su país. 

Ha tenido que ser el embajador de Panamá en España en un reciente video que se ha hecho viral quien nos ha recordado que tenemos la suerte de ser compatriotas de genios de las letras como Cervantes, Calderón de la Barca o Lope de Vega, pero también de pintores universales como Velázquez y Goya. Que el idioma más hablado del mundo, después del chino, es el español o que la obra más publicada en el mundo, sin contar la Biblia, es el Quijote. Sin olvidar que la Gramática de Nebrija es la primera de cualquier lengua europea o “que la Biblioteca de Córdoba contaba con más de 400.000 volúmenes en el siglo X cuando en el resto de Europa no había en conjunto más de 4.000 libros”. Para este diplomático, España durante la época de su imperio, "por 200 o 300 años", demostró "una capacidad administrativa muy portentosa" al gestionar una enorme extensión de tierra y mar que iba "desde Alaska hasta la Patagonia, de Italia a Filipinas". Milton Henríquez mencionó que en España "surge la doctrina de los Derechos Humanos", con el padre De las Casas, o que con Francisco de Vitoria en Salamanca nace la doctrina del Derecho Internacional, por no hablar de que Fray Luis de León capitaneó el equipo que hizo todos los cálculos matemáticos para confeccionar el calendario gregoriano que usa hoy todo el mundo. Este exministro panameño explicó que España tiene "ocho premios Nobel, porque Vargas Llosa tiene doble nacionalidad", que Isaac Peral inventó el submarino o que el teniente coronel Emilio Herrera ideó el traje espacial. Además, que este país es el más longevo del mundo y con el mejor nivel de vida. O que encabezamos la lista de países con mayor número de trasplantes al año y que somos la cuarta economía de Europa o la decimotercera del mundo. Ese es el país en el que vivimos, no el que se desprende después de escuchar a una gran mayoría de portavoces en la sesión de investidura.

Hace unas semanas tuve el honor de escuchar en Madrid el discurso del presidente de Telefónica tras ser galardonado con el premio al directivo del año. José María Álvarez-Pallete, sin saberlo, ayudó a que algunos, como yo mismo, sobrellevemos mejor el lamentable debate de investidura. El primer ejecutivo de la telco española explicó cómo en los últimos 40 años, España había multiplicado por 14 su gasto en educación, por 13 el gasto social y por 15 el PIB per cápita.  En cuatro décadas ha doblado su población activa, aumentado en 7 millones las mujeres que trabajan y 8 veces el de universitarios. En tan poco tiempo España ha creado una riqueza equivalente a la economía de Holanda y Dinamarca juntas, por todo ello, terminó, somos muy afortunados de vivir aquí. 

Estos días tras cada ataque a nuestro país de esos políticos que toman la palabra en el Congreso yo recordaba uno de esos datos del presidente de Telefónica. Cada insulto a nuestra historia por los portavoces separatistas a mi cabeza venía alguna frase del embajador de Panamá. Muchas gracias a los dos. 

Agradezco también a los organismos internacionales que certifican cada año que nuestro país es el segundo más visitado del mundo o el destino preferido por los universitarios del programa Erasmus. Como también que disfrutamos de una red sanitaria universal con las mayores coberturas del mundo y de un sistema de pensiones públicas líder europeo en prestaciones, a pesar de la crisis.

Por eso quiero terminar esta reflexión uniéndome a la petición de muchos colegas, una de ellas con un escaño como diputada recién estrenado, de poner luz a los logros de estos años de España constitucional. A modo de florilegio clásico urge recapitular en un manual todos estos indicadores que demuestran las proezas también recientes de España. Y así que la fragilidad de nuestra memoria ayudada por el altavoz que en los últimos tiempos tienen los antiespañoles no nos impida recordar que España está por encima de Sánchez e Iglesias.

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

domingo, 30 de diciembre de 2018

La Constitución, "alma mater" de nuestra economía


(este artículo se publicó originalmente el día 27 de diciembre de 2018 en el diario La Información en la columna #serendipias)

Diciembre empezó con la misma protagonista que ahora termina: la Constitución. Las Cortes Generales, en los primeros días del último mes del año, celebraron el 40 aniversario de la Constitución Española con el boato que exige esta efeméride. No faltó ninguno de los grandes promotores de nuestra Carta Magna entre ellos el Rey Juan Carlos e incluso muchos de los que minusvaloran la importancia de la ley de leyes no se perdieron esta cita. Los españoles pudimos recordar con orgullo como la concordia presidió esos años de la Transición y el acuerdo entre diferentes permitió sentar las bases para conseguir el mayor grado de bienestar que nunca había gozado nuestro país en su historia.

Pero unas semanas después se apagó de golpe el eco de ese aniversario; la Constitución se convirtió repentinamente en un molesto recuerdo para los que necesitan imponer la imagen de una España que maltrata a la periferia. El 21-D en Barcelona metió en una jaula de Faraday la Constitución del 78 para que nada recordase que nuestra norma fundamental fue pactada por las derechas y las izquierdas amén de reconocer las aspiraciones de descentralización y autonomía de millones de españoles. El comunicado firmado por los presidente del Gobierno y de la Generalitat no solo habló de un “conflicto” sino que eliminó, apenas unos días después del 40 aniversario, la mención a la Constitución por un genérico “seguridad jurídica”. El mensaje del Rey Felipe VI en Nochebuena ha vuelto a poner en su lugar a la Constitución  describiéndola como “la obra más valiosa de nuestra democracia y el mejor legado que podemos confiar a las generaciones más jóvenes”.

En estas fechas cuyo origen reside en un niño que nació hace dos mil años en la intemperie únicamente atendido por unos padres que no encontraban cobijo, me viene a la cabeza con este asunto de nuestra ley, una madre. Es casi imposible en Navidad no tener muy presente a la familia y en especial a las madres. En la educación superior sucede algo parecido y usamos el término “alma mater” para referirnos a la universidad en la que has estudiado, tradición que viene desde el siglo X cuando la universidad más antigua del mundo, la de Bolonia fue creada con el lema “alma mater studiorum”; hoy podemos interpretar esa expresión latina como si la universidad fuese una madre que alimenta (con sus conocimientos) a sus estudiantes. Y por introducir otro dato,  incluso recuerdo que en mi niñez corrió el bulo de que el Presidente Felipe González había llamado a su hija María Constitución. Por todo ello me van a permitir, y presento mis disculpas por ello, que contagiado por el calendario y energizado tras escuchar la noche del 24 de diciembre al Rey, me refiera a nuestra constitución como una “alma mater progressus”. La norma del 78 ha sido como una madre que ha alimentado y permitido que el progreso llegase a nuestro país. Una ley que nutre el desarrollo económico y social patrio.

Una madre pretende dotar de estabilidad a sus hijos. La Constitución ha permitido el mayor periodo de libertad democrática de la historia de nuestro país que no puede desvincularse de la también inédita atracción de capital internacional. Estabilidad que buscan los inversores para confiar sus ahorros en territorios como el nuestro que además ha sabido devolverles la confianza con buenísimos resultados en los mercados de capitales o en los negocios implantados. Estabilidad que necesitan los emprendedores locales para germinar sus ideas y poder escalarlas desde nuestro país a todo el mundo como así lo han hecho estos años de democracia grandes empresas españolas con presencia global y cientos de miles de pymes que sostienen nuestra economía.

Una madre busca siempre el bien común y no discrimina a sus hijos. La idea del bien común tiene una larga historia vinculada a la filosofía, Platón y Aristóteles usaron el término. Tomás de Aquino lo circunscribe al gobierno de las instituciones que han de buscar que se “viva de manera buena”. El economista austriaco Christian Felber habla de una economía del bien común como aquella que beneficia simultáneamente a toda la comunidad y a cada uno de sus miembros. Si echamos un vistazo a la España de los años 70 y la comparamos con la de hoy veremos que el ideal clásico se ha cumplido y la Constitución ha hecho posible un país menos desigual, más longevo, más descentralizado y donde el progreso ha recorrido el país de norte a sur y de este a oeste. Más mujeres trabajando, más universitarios, más propietarios de casas, más ayudas sociales, más seguridad, más inclusión, más lucha contra la corrupción o más vocaciones empresariales son solo algunos ejemplos de ese bien común logrado

Una madre aspira a que sus hijos mejoren y superen a sus padres. La Constitución permite un procedimiento para ser mejorada e incluso sustituida. Ninguna madre quiere sobrevivir a sus hijos y la Constitución tampoco. No es un muro infranqueable simplemente nuestra norma exige que el nivel de consenso sea tan alto como el que la hizo posible. Reta a sus hijos a que sean mejores que ella y en ese momento es cuando tocará ceder el testigo.

Pero una madre también siempre perdona. Y por mucho que algunos defiendan su derogación e incluso la acusen de todos los males y hasta luchen contra ella, las madres (la Constitución), nunca abandonan a sus hijos y su casa (las prerrogativas constitucionales) está permanentemente abierta para que la disfruten sus vástagos sean pródigos o no.

No sin antes disculparme de nuevo por este arrebato paterno-filial navideño, quiero terminar suscribiendo la petición de mi admirada Cayetana Álvarez de Toledo para luchar contra la fascinación de lo negativo en nuestro país y poner luz a los logros de estos años de España constitucional. Cayetana, sin conocer el discurso del Rey de este año, buscaba un Hans Rosling español que ponga negro sobre blanco una serie de indicadores, de modo tan atractivo como el médico sueco lo ha hecho durante años con la web Gapminder y recientemente con su bestseller Factfulness. Cuando se promulgó nuestra ley de leyes la vía para lograr el anhelo de Cayetana (y de paso ayudar al tan necesario reconocimiento de la mater Constitución) era una cuestación popular anunciada en una página del periódico más leído, hoy en la era de internet le llamamos crowdfunding (financiación de muchos).  Lo bueno es que con el crowdfunding pronto nació el crowdsourcing que no pide dinero sino colaboración a los internautas. Yo a esto último me uno, ¿ustedes?

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR.