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miércoles, 1 de mayo de 2019

Sesgos electorales


(este artículo se publicó originalmente en el diario económico La Información el día 30 de abril de 2019 )




Actualizando mis apuntes de “Economía de la Empresa” de cara al curso que viene, me he topado con el cuarto tema de la asignatura titulado “La toma de decisiones”. El manual explica que elegir es la esencia de una empresa, pero también de la vida de cualquier persona, sea o no directivo. Todos los gerentes de una compañía aspiran a tomar buenas decisiones, es decir elegir entre dos o más alternativas de un modo óptimo. Por ello intentamos enseñar a los alumnos matriculados, diferentes técnicas para la toma racional de decisiones o lo que es lo mismo herramientas para una elección entre alternativas lógicas, consistentes y que maximicen el valor. Son las llamadas reglas generales de administración y dirección de empresa o heurísticas (perdón por el palabro). La experiencia nos indica que no siempre hay tiempo para examinar todas las alternativas de un modo exhaustivo, por eso desde hace un tiempo en la empresa se habla de la racionalidad limitada. El fundador de Netflx lo llama “intuición informada”, de hecho, Reed Hasting ha llegado a afirmar que “en el crecimiento internacional invertimos muchos recursos en analizar datos pero que esa información es tan importante como la intuición”. Es decir, que la experiencia, los sentimientos y los juicios acumulados nos ayudan tanto a tomar decisiones como la mera lógica. Hemos evolucionado, por tanto, de huir de la emotividad en la toma de decisiones a incluirla junto a la racionalidad en la fórmula mágica para acertar.

Lo dicho hasta ahora sirve para dirigir empresas, pero si repasan las líneas anteriores comprobarán que este domingo los españoles hemos seguido fielmente -sin saberlo- mi asignatura. Y los electores como los directivos han de saber que tomando decisiones de modo absolutamente racional o hibridando con la intuición, no están libres de padecer los llamadas sesgos cognitivos que el premio nobel Kahneman describió magistralmente en un artículo en Harvard Business Review en 2011.

Los sesgos no son mas que errores o prejuicios que nos llevan a distorsionar la realidad o a juicios inexactos o interpretaciones ilógicas. Algunos de esos sesgos que nos llevan a la irracionalidad son los siguientes:

1. Exceso de confianza, cuando los responsables de tomar decisiones tienden a pensar que saben más de lo que realmente saben.

2. Gratificación inmediata, lo sufren aquellos individuos que siempre buscan los beneficios rápidos frente a las opciones en que la gratificación es mayor, pero en el largo plazo.

3. Efecto ancla, cuando es más importante la información primera que se recibe (aunque sea incompleta) frente a una posterior de calidad.

4. Confirmación, se busca información parcial que reafirme nuestras decisiones y se huye de los datos que nos contradicen.

5. Disponibilidad, solamente recordamos para tomar decisiones los sucesos recientes, olvidando los más antiguos, de modo y manera que distorsionamos la realidad.

6. Representatividad, o lo que es lo mismo hacer analogías o ver situaciones idénticas en donde no existen.

7. Casualidad o serendipia que da título a esta columna en La Información, que no es otra cosa que hacer categoría de una simple casualidad.

8. Egoísmo, aquellas personas que alardean de sus éxitos inmediatos y culpan a cualesquiera factores externos de sus fracasos

9. Retrospectiva o la tendencia a creer erróneamente que hubiera podido predecir con exactitud el resultado de un evento, una vez que ya se conoce el resultado.

10. Y aunque Kahneman no la menciona exactamente, no puedo dejar de citar las profecías autocumplidas, que usan los autores de las fake news. Quizás la más famosa es aquel bulo que hablaba de la insolvencia de un banco, que al propagarse genera el pánico en los clientes de la entidad financiera que retiran sus fondos provocando de ese modo la banca rota.

No siempre razonamos correctamente, por supuesto. Y ninguna de nosotros está libre de ello. Pero como nos recuerda el premio nobel de economía de 2005, simplemente si somos conscientes de esos sesgos y luchamos contra ellos por ejemplo formándonos o simplemente prestando algo de atención a esta lista corta, el desempeño de las instituciones en las que trabajamos aumentaría en el entorno del 10 por ciento. Y esto vale para las empresas, pero también para grandes decisiones colectivas como las de este domingo.

Si se han quedado con ganas de profundizar más en estos sesgos les animo a que lean el libro "Nuestra mente nos engaña. Sesgos y errores cognitivos que todos cometemos", de Helena Matute, catedrática de Psicología Experimental de la Universidad de Deusto. Pero si además tienen curiosidad de situar circunstancias concretas de estas elecciones generales en el decálogo anterior de sesgos tendrán (como en los crucigramas) que ojear esta leyenda tan particular como que solo la suscribo yo y no las instituciones que me honran siendo docente.


1. Ley D´Hondt 2. Debates electorales 3. Moción de censura 4. Programas electorales 5. Situación económica 6. Elecciones andaluzas y generales 7. El bolso de Soraya en el escaño de Rajoy 8. Clase política 9. Tertulias políticas 10. Redes sociales

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

viernes, 26 de febrero de 2016

Innovación y política: ¿un barco en una botella?

(este artículo se publicó en el periódico Cinco Días el día 26 de febrero de 2016)

La innovación se ha convertido en la palabra mágica para las grandes empresas que sufren para adaptarse a la transformación digital pero también para los territorios que aspiran a seguir generando empleo y riqueza para sus habitantes. 

Desde que el economista Schumpeter formuló su teoría de la destrucción creativa sabemos que los emprendedores son el vehículo que pone la innovación en marcha. Son ellos los que hacen posible que la ciencia se trasforme en soluciones para el gran público. Precisamente son las nuevas empresas las que hoy están cambiando todas las industrias con sus innovaciones ayudadas por el acceso universal al conocimiento y al capital que la economía de internet está haciendo posible.

Los profesores de MIT y Harvard, Acemoglu y Robinson nos recordaron en su bestseller «Por qué las naciones fallan» que el marco institucional es más importante que los recursos de los que un territorio disponga. El premio Nobel de economía Douglas North años antes puso el acento en que los cambios en las instituciones son los que mejor explican el desarrollo económico de los países.

Animados por todo lo anterior cuatro profesores de Deusto e Icade Business School nos lanzamos este otoño a analizar los programas electorales en materia de innovación y emprendimiento de los cuatro grandes partidos españoles: PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos. Con la mente puesta en el último eurobarómetro que situaba a nuestro país en el último lugar con Grecia en desconfianza social hacia los políticos, el objetivo ha sido encontrar fronteras comunes entre las cuatro sensibilidades políticas. Fronteras para el acuerdo que hagan posible que España disponga de una política de innovación y emprendimiento a aplicar sin vaivenes en los próximos años. Este estudio ha cobrado mayor virtualidad, si cabe, por la aritmética electoral y la necesidad imperiosa de acuerdos transversales.

Porque no se puede entender la democracia, principal institución del mix que garantiza el desarrollo, sin los partidos políticos, hemos analizado sus propuestas para las elecciones generales del pasado 20 de diciembre, a la vez que los sucesivos documentos para el acuerdo de estas últimas semanas. Ayer mismo pudimos conocer el texto del acuerdo PSOE-Ciudadanos que dedica, buena señal, su primer capítulo a la innovación y los autónomos.

La primera sorpresa ha sido comprobar que esos textos dedican espacio e importancia al asunto en sus programas; la calidad e incluso profundidad de las propuestas son dignas de resaltar.‎ La segunda conclusión es el apoyo sin ambages de todas las fuerzas políticas al papel de lo público en el impulso a la innovación mediante, por ejemplo, herramientas de financiación público-privadas y normas que eliminen los obstáculos creados por las propias administraciones. En tercer lugar, los grandes partidos apuestan por las nuevas empresas y las personas emprendedoras como elementos claves en nuestra economía y para ello no escatiman propuestas que les empoderen en aspectos relacionados con la financiación del emprendimiento, la fiscalidad de nuevas empresas y de sus inversores, la potenciación del I+D+i, la retención y atracción de talento o el apoyo al sistema de ciencia.

Otra dimensión a tener en cuenta, es menos positiva pero ha sido coincidente‎ en todos ellos. La falta de concreción de las propuestas, muy cercanas a la ambigüedad, la mención a eslóganes y lugares comunes como disponer de un Silicon Valley en nuestro país; por último la profusa adopción de argot que convierte el esfuerzo en ininteligible para el público no experto: startups, crowdfunding, clusters, hubs, stock options, business angels,... son solo una muestra de los innumerables anglicismos detectados. 

En cualquier caso nuestro análisis nos ha llevado a echar por tierra alguno de los estereotipos sobre los partidos de derechas e izquierdas en relación con la actividad empresarial. Ni los más liberales en España están en contra de la intervención de lo público en la actividad económica, ni tampoco los cercanos a las posiciones más izquierdistas niegan el papel de las empresas como vehículo del progreso. O al menos eso se trasluce de sus programas electorales, en un contexto en el que los programas se han trasformado en una suerte de contrato social.

Por último no podemos dejar de mencionar que nuestra sensación tras el análisis fue como estar observando esas maquetas a escala de barcos históricos introducidas en botellas de cristal traslúcido. El resultado de los cuatro programas en materia de innovación es de calidad, incluso alguno muy sobresaliente. No sabemos si han dedicado el mismo tiempo que se precisa para meter las maquetas de barcos a través de esos estrechos cuellos de botella,  de 1 a 3 años dicen, unas 1500 a 5000 horas. Pero si podemos afirmar que de poco sirve ese esfuerzo en la redacción de propuestas porque lo importante empieza ahora.

‎Olvídense los lectores de ‎intentar saber si los programas se han copiado de un manual de macroeconomía, de una conocida fundación o incluso entre ellos mismos; si son coherentes o incluso incompatibles con el resto de las propuestas de su partido. El reto es conocer si, como con esas maquetas de barcos en una botella, sirven para algo más que para admirar. Si servirían para algo al salir de la botella, del corsé del programa electoral, y en la realidad de un río o un lago serían capaces de navegar.

En el caso que nos ocupa, más pronto que tarde sabremos si esas políticas son factibles de aplicarse para conseguir que nuestro país abandone, por ejemplo, el puesto 27 del mundo en capacidad de innovar. Sabremos si son las políticas adecuadas para acelerar la capacidad de emprender e innovar de los españoles en motor de desarrollo y bienestar. Lo necesitamos.


Iñaki Ortega y Francisco González Bree son profesores de Deusto Business School; Juan Antonio Gil y Alberto Colino son profesores de Icade Business School.

sábado, 23 de enero de 2016

La Generación z

(este artículo se publicó originalmente en el diario El Correo, el día 23 de enero de 2016)

Para los que todavía se frotan los ojos de incredulidad por los nuevos inquilinos del Congreso de los Diputados les animo a que puedan leer los siguientes párrafos para que no se lleven más sobresaltos en el futuro próximo. El 20 de diciembre fueron más de un millón de jóvenes menores de 22 años que votaron por primera vez y que se decantaron masivamente por los nuevos partidos políticos, las imágenes de la constitución de las Cortes Generales no deberían, por tanto, sorprendernos en exceso si profundizamos en el cambio generacional, inédito, que estamos viviendo.

Los primeros miembros de la denominada Generación Z, la de los nacidos entre 1994 y 2009, comienzan ahora a salir de sus centros de estudio, a incorporarse al mundo laboral y a reclamar su sitio en el mundo, por ejemplo votando. Se trata de la primera generación que ha incorporado Internet en las fases más tempranas de su aprendizaje y socialización, y también aquella a la que la crisis –económica y política- ha marcado más directamente su personalidad, porque la han padecido sus familias crudamente.

Estos días, también, han llegado a las instalaciones para emprendedores de Deusto Business School los jóvenes del programa de aceleración de talento “YUZZ” del Banco Santander. Con poco más de 20 años, la mayoría son futuros STEMs, acrónimo anglosajón por el cual se conoce a los egresados en grados universitarios científico-técnicos. A diferencia de sus hermanos mayores son precoces en usar la creación de empresas como herramienta de cambio social en materias como el medio ambiente, la desigualdad o la participación ciudadana, por ello se enrolan en iniciativas como esta que les permitan lanzar sus “startups”.

Existen grandes expectativas en torno a los jóvenes Z, al ser la primera generación que ha asumido que el mundo se ha hecho pequeño, que la diversidad es consustancial a cualquier sociedad moderna, y que el desarrollo democrático, unido al tecnológico, es imparable y genera nuevos derechos humanos. Entre sus rasgos más sobresalientes, se encuentra el omnipresente uso de las herramientas digitales en toda relación social, laboral o cultural; su creatividad y adaptabilidad a los entornos laborales emergentes; la desconfianza hacia el sistema educativo tradicional, que da paso a nuevos modos de aprendizaje más centrados en lo vocacional y en las experiencias, y el respeto hacia otras opiniones y estilos de vida.

Como gran diferencia respecto a las generaciones anteriores, está el modo en que las nuevas tecnologías han condicionado su forma de aprender: gracias a Internet se han acostumbrado desde pequeños a no depender tanto de padres y docentes para adquirir el conocimiento; a utilizar de manera inmediata fuentes tan dispares en su naturaleza como indiferenciadas en la forma de acceder a ellas; a recibir cantidades ingentes de datos y a discriminarlos con arreglo a su propio criterio. Lo que se traduce en que la capacidad para organizar y transmitir la información de estos jóvenes es extremadamente flexible. Algo que les hace estar muy preparados para ser no solo ciudadanos en la era digital, sino también para ocupar las nuevas profesiones e integrarse en entornos de trabajo multiculturales y globales.

La otra cara de la moneda es que, desaparecido el principio de autoridad e instalados en la creencia de que toda voz merece ser escuchada y tenida en cuenta, es posible que estemos ante una generación peor informada que la anterior, pese a su gran facilidad de acceso a fuentes del saber de todo tipo. El conocimiento humano crece sin parar y cada vez es más evidente que los contenidos escolares ya no pueden limitarse a los de la cultura local, con la consiguiente presión al alza sobre el currículo educativo. Además, los alumnos Z parecen tener menor capacidad para la educación teórica y demandan una enseñanza más práctica y flexible, menos formal, orientada a experiencias y habilidades que les ayuden a afrontar un futuro laboral caracterizado por la incertidumbre y el cambio, con profesiones novedosas y vinculadas a proyectos colectivos de trabajo en red con la creatividad como componente principal. Por otra parte, la temprana familiaridad con la tecnología les coloca en una situación de ventaja para sacar el máximo partido a los dispositivos actuales y futuros; pero también se alerta acerca de importantes riesgos aparejados, como el autismo digital o el sedentarismo.

La particular organización del conocimiento en su mente  les llevará a alumbrar también un nuevo modelo de innovación. Ya no bastará con “pensar fuera de la caja” como nos decía el aforismo usado por los consultores del ramo, porque la caja -el acervo del conocimiento humano- se ha desbordado, está llena de informaciones confusas o erróneas, y el desorden es cada vez más acusado. Frente a eso, los miembros de la generación z se preparan para construir su propia caja, desde su propia experiencia educativa y personal; las ideas innovadoras surgirán del singular modo en que combinan información procedente de fuentes de lo más diverso.

En cuanto al futuro laboral, nadie duda que habrá que estar aprendiendo toda la vida y que la movilidad va a ser constante. Esta asunción les anima a afrontar la vida de una forma muy constructivista: cada paso supone generar competencias para los demás y para uno mismo, y su objetivo vital es el propio camino en sí, que pasa por desarrollar el espectro de habilidades necesario para participar en los proyectos que a uno le interesan o le hacen feliz. Su entrada de en el mercado de trabajo acelerará el esfuerzo que están haciendo las empresas para instarse en la cultura digital y para atraer a los mejores las organizaciones tendrán que preocuparse no solo por las condiciones que ofrezcan a los trabajadores sino también por su reputación corporativa.

Por ello en lugar de escandalizarnos por su forma diferente de comportarse hemos de hacer todo lo posible para que este relevo generacional  sea una oportunidad para toda la sociedad. Algo que solamente se alcanzará si trasformamos el entorno educativo, social y cultural de modo y manera que  les facilite la puesta en práctica de sus extraordinarias capacidades, para que lideren el siglo XXI y con el desarrollo tecnológico, reinventen la economía y el empleo para hacer un mundo más humano, y así aspirar a ser el mayor espacio de paz y prosperidad que haya visto la historia.

Iñaki Ortega es doctor en economía y profesor de Deusto Business School.


lunes, 4 de enero de 2016

Aftale

(este artículo se publicó en el Correo de Andalucía el día 4 de enero de 2016)

Existe un país en el mundo en el que la transparencia en la acción de gobierno es innegociable, a la vez que tienen la monarquía más antigua de Europa junto a la española.  Sus ciudadanos gozan de una de las mayores cotas de bienestar, como nos recuerda el índice de desarrollo humano de la ONU y aunque pagan muchos impuestos para que, por ejemplo sus universidades sean gratuitas, también se dan las mayores facilidades de la OCDE para crear una empresa, conforme al informe Doing Business del Banco Mundial . Su salario mínimo interprofesional es el más alto del mundo pero a la vez su mercado laboral es el más flexible de Europa. Tres de cada cuatro trabajadores pertenecen a a un sindicato y su tasa de desempleo es tan baja que roza el llamado paro técnico. Su agricultura tecnificada es líder global; aplican la llamada economía circular con normalidad, reutilizando sus recursos y usando energías renovables. Al mismo tiempo su economía es muy dependiente del exterior con mucha importancia de las exportaciones.

En ese país, el matrimonio homosexual fue legalizado antes que en ningún otro y los jóvenes se emancipan diez años antes que los españoles.  La corrupción política es la menor del planeta y sus habitantes aparecen en los rankings de Forbes como los más felices y satisfechos con su país. Su capital ha sido elegida este año  por la revista Monocle ‎como la mejor del planeta para vivir en ella.

Más de la mitad  van a trabajar en bicicleta pero también  son miembros activos de la OTAN participando, con apoyo ciudadano, en misiones militares en Iraq y Afganistan.  Ocho de cada diez habitantes confirman su pertenencia a la iglesia local y una aplastante mayoría están bautizados y confirmados.

Los juquetes más preciados para los Reyes Magos estos días vienen de ese país y no del sudeste asiático. Allí nació LEGO y sigue liderando la industria juguetera compitiendo no por precio sino aplicando la llamada innovación abierta, son los propios niños los que diseñan las nuevas colecciones. 

El secreto para conciliar todos esos contrastes y hacerlo de modo exitoso se llama en su lengua «aftale». Acordar, que es su traducción al castellano,  es lo habitual en sus gobiernos desde 1909, fecha de la última mayoría absoluta. ‎Pactos de partidos de centro izquierda y centro derecha son habituales porque lo importante es sostener un sistema que funciona y genera igualdad de oportunidades, progreso y a la vez es competitivo.

Ese país es Dinamarca pero podríamos ser nosotros también, por todo lo que tenemos en común con ellos: historia, estado social y de derecho, monarquía constitucional, cultura y calidad de vida. Hay otras cuestiones que nos separan, y mucho de los daneses, que han protagonizado la vida española -por desgracia- en los últimos años: corrupción, exclusión social o falta de vertebracion. Aftale -​acuerdo-​, es la fórmula mágica que aplican y en la cual, los españoles, tras el resultado de la generales, vamos a tener que doctorarnos, ​si queremos parecernos a nuestros vecinos los daneses

El acuerdo y el consenso es así, hoy, una necesidad de este tiempo que reivindica la figura de estadistas frente a la de los oportunistas, de quienes tienden puentes para construir un proyecto en común frente a quienes los dinamitan en su propia miopía del momento que hoy vive España.

Y es que, nuestro país asiste hoy a un tiempo de retos y desafíos en los ámbitos políticos, territoriales, políticos y sociales. Aspectos fundamentales para la construcción de la España del siglo XXI que marcan la apertura de un nuevo tiempo de consenso entre todos. Un tiempo alejado del cultivo del odio frentista que sirva para lo más importante: construir un espacio de progreso y bienestar en común.

Algo que ya hicimos con éxito en una transición democrática considerada como patrimonio de la humanidad por la ejemplaridad de su ejecución. Tiempo aquel protagonizado por personalidades como Adolfo Suarez, Felipe González, Santiago Carrillo, “La Pasionaria”, Tierno Galván, Solé Tura, Enrique Curiel, Manuel Fraga, Marcelino Camacho, Herrero de Miñon, Pasqual Maragall o Arzallus, todos ellos estadistas, con sus luces y sus sombras, pero que  fueron capaces desde sus diferencias construir espacios en común para todos.

Hoy cuando la renuncia al patriotismo y el sentimiento cainita vuelven a aparecer es imprescindible reivindicar, nuestros éxitos y nuestra capacidad de superación en la historia. De ese modo serviremos a la construcción de un tiempo nuevo en donde igualar lo mejor de países como Dinamarca e incluso superarlos no será una quimera sino una realidad alcanzable. 

Iñaki Ortega, es profesor de la Universidad de Deusto
Josu Gómez es presidente de la Fundación Glocal


lunes, 6 de julio de 2015

Ecosistema emprendedor



(este artículo fue publicado originalmente en América Economía el día 23 de junio de 2015)

La Real Academia de la Lengua define ecosistema como la comunidad de seres vivos cuyos procesos vitales se relacionan entre sí y se desarrollan en función de los factores físicos de un mismo ambiente. El término proviene de la biología y fue acuñado en 1930 por el botánico inglés Roy Clapham. La gran aportación del concepto residía en que los ecosistemas forman una serie de cadenas que muestran la interdependencia de los organismos dentro del sistema; si se rompe un eslabón, es muy difícil recuperarse.

Durante los últimos años la economía mundial ha vivido una mejora evidente de la estabilidad económica y política, un interés creciente por reformas económicas y un crecimiento considerable fundamentalmente centrado en las economías emergentes. Sin embargo, tanto los salarios como la calidad de vida en muchos países en vías de desarrollo todavía muestran una distancia sustancial con respecto al mundo desarrollado.

Durante mucho tiempo se pensó que la prosperidad económica en un territorio solo podría llegar a través de una gran intervención: una inversión mastodóntica, la llegada de una multinacional, la organización de un gran evento internacional, incluso mediante la promulgación de una nueva ley o un cambio de gobierno. La realidad es tozuda y la experiencia de territorios dinámicos como Corea, Dinamarca o Canadá demuestra que los cambios no vienen de arriba sino de muchas pequeñas actuaciones sistémicas, que los anglosajones llaman bottom-up.

El emprendimiento representa esa capacidad de cambiar las cosas y ha mostrado a lo largo de la historia, tal y como atestigua el informe mundial Global Entrepreneurship Monitor/GEM, el potencial suficiente para reducir esa brecha siempre y cuando sea capaz de evolucionar desde sus formas más primarias, basadas en la necesidad que caracterizan las experiencias emprendedoras de los países emergentes.

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) a través de su agencia de innovación, el Fondo Multilateral de inversiones (FOMIN), lo tiene muy claro, y por ello lleva años colaborando con los países de la región para incentivar emprendimientos dinámicos, promover una cultura ad hoc, potenciando redes de inversores ángeles, incubadoras y aceleradoras que liberen el talento innovador; sin olvidar los programas para desarrollar las fuentes de financiamiento y las inversiones en fondos de capital semilla y emprendedor (venture capital, en ingles).

Por suerte para nuestra región, el apoyo a los emprendedores es hoy una de las prioridades de prácticamente todas las instituciones públicas y privadas. Pero apoyar a las nuevas empresas no significa que todo lo que se haga en materia de emprendimiento esté bien hecho. La positiva experiencia de la capital de España, Madrid, junto con el estudio de los ecosistemas emprendedores más exitosos de todo el mundo y el riesgo de una cierta burbuja en este terreno por la inflación de actuaciones, nos lleva a recomendar el seguimiento de la regla de las cuatro Es para todos aquellos que quieran ayudar a los nuevos empresarios.

Primera E. Estorbos. El introductor de la Ilustración en lengua castellana, Melchor Gaspar Jovellanos, dejó escrito que la más importante tarea de las leyes era levantar los estorbos que impedían que la actividad económica fluyese. Más de dos siglos después de su cita, eliminar obstáculos a los emprendedores ha de ser la principal tarea de cualquier programa en la materia. Por ello la primera pregunta que se debe hacer a los emprendedores es cómo se les puede hacer la vida más fácil, eliminando estorbos que les impidan crecer.

Segunda E. Emprender ligero. La multinacional japonesa TOYOTA aplicó los principios de lean manufacturing para, a través de su productividad, convertirse en la empresa líder en automoción. Las más exitosas empresas en Estados Unidos han adaptado esos principios de Japón para hacer viables sus compañías, y lo han llamado lean startup. Podríamos traducirlo al castellano como “emprender ligero” puesto que la clave para estos visionarios es no malgastar recursos en proyectos que no se sabe si tendrán respuesta positiva por parte del mercado. Emprender ligero permite cambiar el rumbo del proyecto sin grandes trastornos. Ellos lo llaman iterar o pivotar el plan de negocio. Esa coherencia ha de aplicarse también a los recursos dedicados a los emprendedores por las instituciones: programas ligeros que solo crecen si son exitosos, es decir si tienen respuesta positiva de los beneficiarios, que es la validación del mercado.

Tercera E. Ecosistema. Como hemos mencionado los ecosistemas de la naturaleza son una serie de cadenas de interdependencia. En economía los ecosistemas emprendedores son la clave para que las nuevas empresas surjan y finalmente generen empleo. Cualquier programa de intervención en este terreno ha de fortalecer ese ecosistema y no romper el equilibrio entre sus agentes, a saber instituciones del conocimiento, administraciones públicas, grandes empresas y los propios emprendedores. Buscar el rédito a corto plazo y el protagonismo unilateral es síntoma de que no se está respetando la tercera E.

Cuarta E. Evaluar resultados. De poco servirá nada de lo anterior si no disponemos de métricas objetivas que nos permitan saber si las actuaciones de apoyo a emprendedores están eliminando obstáculos, reforzando los agentes del ecosistema y lo más importante, si están logrando retorno social en términos de empleo o bienestar social. Monetizar los resultados de los programas de apoyo a emprendedores también es imprescindible para que los financiadores de los programas de apoyo vean que son rentables socialmente.

Innovar, validar y pivotar. Esa misma filosofía lean que practican las startups es la que mejor explica la evolución de Madrid Emprende a lo largo de sus diez años de andadura. Lo que empezó siendo una pequeña agencia del Ayuntamiento de Madrid centrada en la construcción de infraestructuras empresariales, se ha convertido, gracias al aprendizaje y la iteración continua, en un referente internacional en materia de emprendedores. Un ecosistema es la suma de muchos, y en este caso han sido cerca de 150 entidades públicas y privadas las que han hecho posible que se haya apoyado a más de 150.000 emprendedores y empresarios, o que Madrid se haya convertido en una de las ciudades de la Unión Europea con más espacios dedicados a los nuevos empresarios, con una tasa de supervivencia del 90% de las empresas instaladas en sus incubadoras, teniendo muy presente que cada euro invertido en esas infraestructuras se ha recuperado multiplicado por dos en impuestos recaudados.

Es precisamente la diferencia entre ecosistemas que funcionan y los que no lo que ha propiciado nuestra búsqueda de sistematización de un proceso de transferencia de buenas prácticas. Al no ser entornos equiparables, Europa y Latinoamérica-Caribe, es imprescindible adaptar las estrategias de éxito a las particularidades concretas de cada ecosistema, ya que al tener diferentes características, la implantación de la agenda no obtendría los resultados esperados.

Las nuevas empresas de la economía digital que están cambiando hoy la economía global, ponen de manifiesto que los cambios empiezan desde abajo y que los emprendedores no han dejado de ser, como afirmó el siglo pasado el economista austriaco Schumpeter, los protagonistas de la actividad económica por su capacidad para prever el futuro.

Al igual que la biología nos habla de ecosistemas, los principios de la física nos dicen que el agua siempre empieza a hervir por abajo. En economía los emprendedores, aquellos que el FOMIN/BID busca fomentar y fortalecer, con su capacidad innovadora, perseverancia, ilusión y conciencia social, son el motor que, desde abajo, puede promover el cambio hacia una sociedad más sostenible en Latinoamérica y Caribe.

Por Iñaki Ortega Cachón, Doctor en Economía y Director de Deusto Business School en Madrid. Fue Director General de Madrid Emprende de 2005 a 2014 y Susana García Robles, Oficial Principal de Inversiones a cargo del Grupo de Financiamiento en Etapas tempranas, Fondo Multilateral de Inversiones (FOMIN)/Banco Interamericano de Desarrollo (BID)



domingo, 28 de junio de 2015

Disrupción en la política

(este artículo se publicó en el periódico La Voz de Almería el día 26 de junio de 2015)


El diccionario define disruptivo como un término que viene de la física, refiriéndose a aquellos sucesos que producen una ruptura brusca. En la nueva economía se identifican como disruptivas las innovaciones de los emprendedores que más valor generan. En el siglo pasado el economista Schumpeter bautizó la actividad de esos emprendedores con la expresión «destrucción creativa». En opinión del economista austriaco para poder crear valor era necesario romper con lo anterior. Los libros de economía ponen como ejemplo de estas innovaciones la aparición del compact disc que acabó con el hasta entonces exitoso vinilo.

Tras las elecciones de mayo alguno puede caer en la tentación de  llegar a pensar que estos sucesos económicos  tienen su espejo en la actividad política. Precisamente esa ruptura brusca que pretende enterrar el pasado es lo que buscan algunos de los nuevos actores. Pero no pueden olvidarse que la nueva economía aporta también otras lecciones que merece la pena recordar.

1. Los emprendedores que triunfan no son aquellos que lo hacen solo por la novedad de su producto sino fundamentalmente porque mejoran lo existente y lo hacen solucionando los problemas de los clientes de un modo más eficiente.‎ De hecho para ser disruptivo primero hay que demostrar que tu producto funciona y que además es más barato que los incumbentes. 

2. Las startups más valoradas por el mercado no son aquellas que no tienen en cuenta los avances puestos en marcha por sus competidoras sino al contrario, los respetan de tal modo que se apalancan en ellos para ofrecer sustanciales mejoras. Es habitual que de las históricas empresas surjan ideas que luego triunfen, el ejemplo del Post-it en la empresa 3M o el neopreno en DuPont son ejemplos de lo que se ha venido a llamar como emprendimiento corporativo. Tener un ecosistema emprendedor que funcione es el denominador común de los territorios más dinámicos del mundo, en ellos las nuevas empresas colaboran con las existentes para hacer avanzar la economía.

3. La tendencia empresarial del momento se sitúa en la llamada economía colaborativa. El ocio, el turismo, la restauración hasta el transporte se están viendo afectados por esta nueva forma de entender la economía en la que prima el servicio frente la propiedad. ‎El economista Rifkin ha vaticinado que gracias a la tecnología 3D todos seremos a la vez productores y consumidores. La economía colaborativa se basa, por tanto, en solucionar problemas mediante la cooperación entre iguales, entre todos los actores económicos. 

El mensaje desde la nueva economía para los políticos que quieren romper con todo ‎es claro: la novedad solo sirve si demuestra que aporta valor, trabajar en ecosistema es la tendencia porque el individualismo excluyente no permite que las sociedades se muevan. 

Si no fuese suficiente lo anterior las recientes elecciones danesas  nos repiten el mismo mensaje. Dinamarca es el país dónde ha tomado sentido la llamada economía circular con su apuesta por la sostenibilidad, dónde la agricultura tecnificada es líder en el mundo y dónde los pactos políticos son la norma porque desde 1909 no ha habido una mayoría absoluta. Con su PIB per cápita que casi dobla el español, es también considerado una de los mejores países para vivir además del territorio menos corrupto del mundo. La tierra donde nacieron los juguetes LEGO volverá a demostrarnos con la victoria del centro derecha tras años de gobiernos del centro izquierda que los cambios políticos no alterarán lo más importante: el respeto al adversario, ‎la confianza en un sistema que ha traído prosperidad y la necesidad de ceder para avanzar.


Iñaki Ortega es doctor en economía y director de Deusto Business School.



Carmen Crespo representa a los almerienses ‎desde el año 1991 con cargos públicos en los cuatro niveles administrativos