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miércoles, 1 de mayo de 2019

Sesgos electorales


(este artículo se publicó originalmente en el diario económico La Información el día 30 de abril de 2019 )




Actualizando mis apuntes de “Economía de la Empresa” de cara al curso que viene, me he topado con el cuarto tema de la asignatura titulado “La toma de decisiones”. El manual explica que elegir es la esencia de una empresa, pero también de la vida de cualquier persona, sea o no directivo. Todos los gerentes de una compañía aspiran a tomar buenas decisiones, es decir elegir entre dos o más alternativas de un modo óptimo. Por ello intentamos enseñar a los alumnos matriculados, diferentes técnicas para la toma racional de decisiones o lo que es lo mismo herramientas para una elección entre alternativas lógicas, consistentes y que maximicen el valor. Son las llamadas reglas generales de administración y dirección de empresa o heurísticas (perdón por el palabro). La experiencia nos indica que no siempre hay tiempo para examinar todas las alternativas de un modo exhaustivo, por eso desde hace un tiempo en la empresa se habla de la racionalidad limitada. El fundador de Netflx lo llama “intuición informada”, de hecho, Reed Hasting ha llegado a afirmar que “en el crecimiento internacional invertimos muchos recursos en analizar datos pero que esa información es tan importante como la intuición”. Es decir, que la experiencia, los sentimientos y los juicios acumulados nos ayudan tanto a tomar decisiones como la mera lógica. Hemos evolucionado, por tanto, de huir de la emotividad en la toma de decisiones a incluirla junto a la racionalidad en la fórmula mágica para acertar.

Lo dicho hasta ahora sirve para dirigir empresas, pero si repasan las líneas anteriores comprobarán que este domingo los españoles hemos seguido fielmente -sin saberlo- mi asignatura. Y los electores como los directivos han de saber que tomando decisiones de modo absolutamente racional o hibridando con la intuición, no están libres de padecer los llamadas sesgos cognitivos que el premio nobel Kahneman describió magistralmente en un artículo en Harvard Business Review en 2011.

Los sesgos no son mas que errores o prejuicios que nos llevan a distorsionar la realidad o a juicios inexactos o interpretaciones ilógicas. Algunos de esos sesgos que nos llevan a la irracionalidad son los siguientes:

1. Exceso de confianza, cuando los responsables de tomar decisiones tienden a pensar que saben más de lo que realmente saben.

2. Gratificación inmediata, lo sufren aquellos individuos que siempre buscan los beneficios rápidos frente a las opciones en que la gratificación es mayor, pero en el largo plazo.

3. Efecto ancla, cuando es más importante la información primera que se recibe (aunque sea incompleta) frente a una posterior de calidad.

4. Confirmación, se busca información parcial que reafirme nuestras decisiones y se huye de los datos que nos contradicen.

5. Disponibilidad, solamente recordamos para tomar decisiones los sucesos recientes, olvidando los más antiguos, de modo y manera que distorsionamos la realidad.

6. Representatividad, o lo que es lo mismo hacer analogías o ver situaciones idénticas en donde no existen.

7. Casualidad o serendipia que da título a esta columna en La Información, que no es otra cosa que hacer categoría de una simple casualidad.

8. Egoísmo, aquellas personas que alardean de sus éxitos inmediatos y culpan a cualesquiera factores externos de sus fracasos

9. Retrospectiva o la tendencia a creer erróneamente que hubiera podido predecir con exactitud el resultado de un evento, una vez que ya se conoce el resultado.

10. Y aunque Kahneman no la menciona exactamente, no puedo dejar de citar las profecías autocumplidas, que usan los autores de las fake news. Quizás la más famosa es aquel bulo que hablaba de la insolvencia de un banco, que al propagarse genera el pánico en los clientes de la entidad financiera que retiran sus fondos provocando de ese modo la banca rota.

No siempre razonamos correctamente, por supuesto. Y ninguna de nosotros está libre de ello. Pero como nos recuerda el premio nobel de economía de 2005, simplemente si somos conscientes de esos sesgos y luchamos contra ellos por ejemplo formándonos o simplemente prestando algo de atención a esta lista corta, el desempeño de las instituciones en las que trabajamos aumentaría en el entorno del 10 por ciento. Y esto vale para las empresas, pero también para grandes decisiones colectivas como las de este domingo.

Si se han quedado con ganas de profundizar más en estos sesgos les animo a que lean el libro "Nuestra mente nos engaña. Sesgos y errores cognitivos que todos cometemos", de Helena Matute, catedrática de Psicología Experimental de la Universidad de Deusto. Pero si además tienen curiosidad de situar circunstancias concretas de estas elecciones generales en el decálogo anterior de sesgos tendrán (como en los crucigramas) que ojear esta leyenda tan particular como que solo la suscribo yo y no las instituciones que me honran siendo docente.


1. Ley D´Hondt 2. Debates electorales 3. Moción de censura 4. Programas electorales 5. Situación económica 6. Elecciones andaluzas y generales 7. El bolso de Soraya en el escaño de Rajoy 8. Clase política 9. Tertulias políticas 10. Redes sociales

Iñaki Ortega es director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

jueves, 1 de septiembre de 2016

Son los emprendedores, estúpido

(este artículo se publicó originalmente en el diario económico CINCO DÏAS el día 1 de septiembre de 2016)

Se cuenta que durante la campaña electoral de 1992 que enfrentó a George Bush y Bill Clinton en el  cuartel general de los demócratas había un cartel bien visible que mandó colocar James Carville y que fue clave para el desenlace final. El asesor del marido de Hillary Clinton asumió el reto de luchar contra el entonces invencible presidente texano usando unas armas modestas frente a los grandes éxitos en política exterior de Bush padre. Modestas porque se referían a la vida cotidiana de los votantes americanos y sus necesidades más inmediatas. “Es la economía, estúpido” era la frase puesta en ese cartel que se convirtió en una especie de eslogan no oficial de la campaña de Clinton que inopinadamente le llevó a la Casa Blanca al identificarse precisamente con las preocupaciones más acuciantes de los votantes americanos. Desde entonces la frase se ha instalado en la cultura electoral de todo el mundo para referirse en los debates políticos a poner la atención en lo esencial de determinados momentos históricos.

Hace unos meses unos profesores de las universidades de Deusto e ICADE Business School analizamos los programas electorales de los cuatro principales partidos españoles. Las conclusiones de este estudio fueron explicadas en un artículo en las páginas de este mismo periódico (26-2-16) y mostraban, sorprendentemente,  coincidencias mayúsculas en lo referido a las materias de emprendimiento e innovación en dichos programas y en los posteriores documentos base para los eventuales pactos. Los partidos de Rajoy, Sánchez, Iglesias y Rivera apostaban por mejorar las condiciones de los emprendedores usando los resortes de lo público para ello y reconocían que sin la capacidad de innovación de los pequeños y nuevos empresarios no hay posibilidad de aumentar el bienestar en nuestro país.

Ahora la historia se ha vuelto a repetir y el debate de investidura del Congreso de los Diputados ha estado precedido por un acuerdo de 150 compromisos entre el Partido Popular y Ciudadanos en el que los emprendedores han sido los absolutos protagonistas con más de 40 medidas puestas negro sobre blanco. Pero es que el PSOE unos meses antes pactó con  el partido de Albert Rivera un similar acuerdo para la investidura de Pedro Sánchez que en una clara declaración de intenciones comenzaba con un capítulo dedicado al emprendimiento y la innovación.

Por si fuera poco, ayer en el hemiciclo, el único nexo común en las broncas intervenciones de los representantes de PP, PSOE, Unidos Podemos y Ciudadanos fueron sus menciones a los emprendedores, al esfuerzo de ser autónomo en  nuestro país y a la necesidad de apoyar más la ciencia y la innovación desde lo público. Repasen los documentos suministrados por los partidos con las transcripciones de los discursos de sus líderes y verán que no me equivoco.  Si James Carville  escuchase los ecos de la Carrera de San Jerónimo reformularía hoy su mítica frase para decir “son los emprendedores, estúpido”.

Porque los emprendedores son los creadores de la mayoría del empleo neto creado en nuestro país. Porque emprender es la vía para innovar y mejorar los mercados haciéndolos más eficientes. Porque emprender es generar riqueza para la sociedad y la forma de sostener el Estado de Bienestar. Porque emprender es luchar contra las injusticias de los oligopolios. Porque emprender es sinónimo de cohesión social y la vía para empoderar a muchísimos jóvenes españoles. Porque emprender es el vehículo más idóneo hoy para promover cambios sociales y estar preparado para el nuevo empleo que está llegando con la tercera revolución industrial.

“Espíritus animales” es un término acuñado en 1936 en el libro Teoría General de la ocupación, el interés y el dinero. John M .Keynes utilizó en el manual ese símil para explicar que en ocasiones las decisiones de los agentes económicos están basadas en una irracional espontaneidad por actuar, en detrimento de un estudio ponderado de los beneficios o perdidas de esa decisión. Siguiendo la estela de ese consenso tácito por los emprendedores de las cuatro fuerzas políticas ahora toca no sucumbir a los espíritus animales que piden -como aquellos tambores de guerra- venganzas o desenterrar viejos odios. Más bien al contario toca usar lo que nos diferencia de los animales que es el sentido común. Hoy ese sentido común pide a los partidos políticos españoles de nuevo pensar en lo esencial, en lo que realmente importa que es mantener y mejorar las condiciones que hagan posible que España cree empleo y por tanto pueda ser un país donde vivir dignamente.


Iñaki Ortega es doctor en economía y Director de Deusto Business School