lunes, 14 de noviembre de 2022

Torturas en la contabilidad nacional

(este artículo se publicó originalmente en El Periódico el día 11 de noviembre de 2022)

Se atribuye al economista británico Ronald Coase la repetida frase de que «si torturas los datos por suficiente tiempo, confesarán lo que sea». A este insigne miembro de la escuela de Chicago no le concedieron el Premio Nobel de Economía en el año 1991 por su ocurrente sentencia sino por demostrar la importancia de las instituciones en las transacciones.

Pero cómo no acordarse de Coase estas semanas en las que, para un mismo dato económico, la interpretación del gobierno difiere radicalmente de la del consenso de todos los analistas.

Los precios en octubre siguen al alza con un 7,3% y aunque llevamos 13 meses con subidas que superan el 5%, los mensajes triunfalistas desde las tribunas oficiales equiparan subir menos con bajar. Para el gobierno, España no tiene un problema de precios, pero sí Alemania e Italia, obviando que las medidas para luchar contra la inflación son europeas con la política monetaria del BCE.

La economía española arrastra los pies con una escuálida subida trimestral del 0.2% y el gobierno habla de la gran fortaleza de nuestra economía. Pero, aun así, el dato no es malo para el ministerio, porque a pesar de la guerra de Ucrania “la resistencia de la actividad española es sorprendente”. Del frenazo de las exportaciones y de la caída de la inversión no se habla porque para qué estropear un buen titular.

La tasa de desempleo aumenta hasta alcanzar un 12,6% o lo que es lo mismo casi 3 millones de españoles que quieren trabajar, pero no encuentran empleo. Y desde el Gobierno lo celebran porque justifican el aumento de la tasa de paro por mor de la matemática, ya que la tasa es un cociente y no solo aumenta el denominador -los parados- sino también el numerador - “fuerte incremento de la población activa”-. Eso significa que hay más personas buscando un empleo porque ha aumentado “la confianza de los trabajadores” en el mercado de trabajo.

El premiado economista con su flema inglesa, ante esta situación, hubiese bromeado con que alguien en el Ministerio de Economía está torturando al IPC, a la EPA y al PIB. Casi estoy viendo la imagen que tanto haría reír a Coase. En un remoto despacho del Paseo de la Castellana, técnicos comerciales del estado, nombrados por la vicepresidenta Nadia Calviño, aplicando electrodos, luces cegadoras y música ensordecedora a los pobres indicadores de contabilidad nacional que exhaustos acaban firmando una declaración sobre la buena situación de la economía patria. Ese siempre riguroso IPC, después de horas sin dormir, reconoce que, en España, con un 7,3% de inflación y una subyacente del 6,2%, no tenemos problemas con los precios por mucho que se haya aprobado una agresiva subida de los tipos de interés para toda la zona euro. El viejo pero confiable PIB no tiene otro remedio que confesar, ante la amenaza de más descargas, que, aunque no hemos recuperado los niveles pre-COVID el año que viene con una aumento -que nadie se cree- del 2% estaremos ya como en 2019. Y la pobre tasa de desempleo, agotada tras el interrogatorio, tiene que asumir el papelón de minusvalorar los más de 60.000 parados de este verano y poner en cambio el foco en los miles de empleos que se han creado por el sector público.

A Coase ya no le hubiera hecho tanta gracia los cambios en la dirección de instituciones como el Instituto Nacional de Estadística (INE) que emiten los principales indicadores económicos de nuestro país. Ni tampoco que instituciones como la AIREF haya puesto en solfa los informes económicos sobre los que se diseñan los presupuestos. No en vano el premiado economista fue el fundador de la conocida como Nueva Economía Institucional que defiende el papel clave de las instituciones sociales (leyes, contratos reguladores, supervisores y administraciones públicas entre otras) en el comportamiento de los agentes económicos. Imagino su cara de desagrado al contarle que en España el responsable del organismo público CIS es un militante del partido del gobierno que emite encuestas electorales que no coinciden con las de ningún instituto demoscópico. Pero ya le hubiera indignado sobremanera, a la luz de sus estudios sobre las leyes contractuales, conocer que las instituciones españolas no son capaces de desbloquear el gobierno de los jueces que sigue dependiendo de los partidos políticos.

Torturando la contabilidad nacional, los argumentarios de los consejos de ministros están consiguiendo mantener la vana ilusión de que la economía española está libre de problemas. Igual que los martirios del señor Tezanos a las encuestas acaban generando mayorías incontestables para su jefe de partido. Pero, esos suplicios a los datos, tarde o temprano se acaban descubriendo. Las medidas aprobadas por el Banco Central acabarán congelando definitivamente la economía continental; empezarán los despidos y ya no podrán pagar las hipotecas muchas familias. Al mismo tiempo llegarán las elecciones y las urnas dirán verdades y no deseos. Y los indicadores de contabilidad nacional recuperarán su tranquilidad y su fiabilidad.

Iñaki Ortega es doctor en economía en la UNIR y LLYC

 

 

 


viernes, 4 de noviembre de 2022

Los dueños del tiempo

 (este artículo se publicó originalmente en el blog del centro de investigación ageingnomics de Fundación Mapfre el 1 de noviembre de 2022)


El profesor americano Robert Pogue ha acuñado el término «juvenescencia». El investigador de la Universidad de Stanford pretende con esa nueva palabra acabar con la tradicional percepción negativa que hay sobre el proceso de alargamiento de la vida que vivimos en todo el planeta.  “No seremos viejos más tiempo, sino jóvenes más años”. El masivo envejecimiento de la población, en realidad supone una buena noticia que muchas veces se esconde en los titulares catastrofistas como los de estos días con motivo del debate de la subida de pensiones.  

Sin darnos cuenta, ha surgido un nuevo grupo social a medio camino entre la edad adulta y ser un anciano. Un proceso imparable de rejuvenecimiento de la población.  Los números no son complicados de hacer. Si cada año -nos dicen los demógrafos- ganamos tres meses a la muerte, porque eso es lo que, grosso modo, viene aumentando la esperanza de vida en las últimas décadas, podría calcularse exactamente cuánto es ese suplemento de vida y, de paso, obtener algunas conclusiones. Una persona de 60 años que se ha beneficiado de este extra durante las últimas cuatro décadas tendrá 120 meses nuevos a su disposición; es decir, 10 años de media para restar a la edad cronológica. 

Por eso cada vez son más los científicos que diferencian la edad cronológica (la edad que se tiene por el calendario o la suma de años que han transcurrido desde el nacimiento) de la biológica (la edad que tienen los sistemas, tejidos y células de un organismo con relación a su normal funcionamiento). Por lo tanto, en un mundo en el que la ciencia no duda de que haya mayor calidad de vida, la edad cronológica se está convirtiendo en una rémora del pasado.

Hay algunos científicos, como el profesor de la Universidad Harvard e ingeniero molecular George Church que incluso creen que seremos jóvenes hasta la muerte. Si ya podemos revertir una célula en el laboratorio, pronto lo podremos hacer dentro del organismo. En su libro Regénesis afirma que estamos en condiciones de afirmar que al menos hasta los 55 años, el ser humano se ha independizado de la edad como causa probable de fallecimiento. Es más, en las próximas décadas veremos que esta disociación será cada vez más elevada, y en el medio plazo, en términos de evaluación de riesgo de fallecimiento será indiferente tener 30 o 65 años; y, a largo plazo, podríamos incluso hablar de 85 años. 

En Japón, la Sociedad Gerontológica y Geriátrica ha puesto sobre la mesa nuevos datos que cuestionan el umbral fijo de los 65 desde el punto de vista de la biología y ofrecen argumentos a favor de redefinir el concepto de vejez. Los gerontólogos nipones han analizado datos objetivos sobre el estado físico de las personas mayores y han comprobado que las personas de 75-79 años presentan la misma velocidad de marcha y la misma fuerza de agarre en la mano que las de 65-69 años de veinte años antes, por lo que no ven apropiado considerar como viejos a los sexagenarios actuales. 

Antonio Abellán, investigador del CSIC, junto a otros demógrafos y estadísticos, suscribe la tesis de que la entrada en la vejez esté marcada por un umbral móvil vinculado a la esperanza de vida, de modo que ser o no ser viejo no depende de la edad que pone en el carné de identidad, sino de la edad prospectiva, de los años que teóricamente a uno le queden por vivir. En este sentido, y usando la línea argumental de los japoneses de que no hay razones biológicas para que la vejez comience a los 65 años, Abellán sostiene que, según las tablas de mortalidad oficiales, a los españoles de 65 años, por ejemplo, les quedaban 21 de vida en 2015, exactamente los mismos que a quienes tenían 58 en 1976, que eran personas a las que nadie osaba considerar como «viejas».

A nadie se le escapa que mantener el umbral fijo de la vejez a los 65 años o sustituirlo por uno dinámico en función de la edad prospectiva tiene importantes consecuencias económicas y jurídicas, también complicaría algunos análisis comparativos, económicos y poblacionales. En esta reflexión no quiero ir tan lejos sino simplemente poner negro sobre blanco estos datos para resaltar la oportunidad que puede suponer para algunos sectores tractores de la economía española, entre ellos el turismo. Quitar carga negativa al envejecimiento proporcionaría una imagen más realista de un amplio colectivo de personas que además como los sucesivos informes del centro de investigación ageingnomics han demostrado, disfrutan de una muy relevante capacidad económica acompañada de un profundo optimismo.

En España el sector turismo ha sido este año 2022 fuente de buenas noticias. Gracias a su dinamismo nuestro país terminará este año con crecimiento en el PIB porque han sido capaces de volver a los guarismos previos a la pandemia.  Ahora se abre un nuevo nicho para seguir creando empleo en el sector turístico español y es esta juvenescencia de la que estamos hablando.

Oxford Economics ha estudiado para España este potencial y ha aportado algunos datos sobre los que merece la pena reflexionar. Ya casi el 40% de todos los turistas que visitan España tiene más de 50 años y uno de cuatro directivos en nuestro país superan esa edad. Al mismo el catedrático Rafael Puyol en sus mapas del talento senior recuerda que son más de 4 millones de senior los que siguen trabajando y por lo menos hay un millón de profesionales autónomos que superan los 50 años en España. Al mismo tiempo y en gracias al acelerón que supuso el confinamiento pandémico y según diferentes analistas, en 2025, el 45 por ciento de las personas trabajará en remoto. Personas mayores que siguen viajando, tienen ingresos y además cada vez mayor libertad de movimientos, porque la salud, la tecnología y la independencia económica y profesional se lo permite. 

En el mundo anglosajón les han llamado los “time owners”. Los seniors son dueños de su tiempo, ya no dependen de servidumbres profesionales o familiares De estas cuestiones se debatió hace justo un año en el seminario de la Fundación MAPFRE Guanarteme dedicado al turismo senior con diferentes especialistas. La buena noticia es que las iniciativas pioneras en este campo ya no vienen de fuera de las fronteras de nuestro país, sino que ha sido Canarias quien ha lanzado una campaña para atraer a profesionales mayores de 55 años del Reino Unido, Alemania, Francia, Italia y Bélgica en otros. El argumento de Turismo de Canarias es el efecto antienvejecimiento del que gozan las islas y que para beneficiarse de ello se pueden pasar largas estancias en la que se concilie ocio, trabajo y salud. El anuncio de televisión que ilustra la campaña defiende que allí la vida se alarga y el reloj se detiene. La ciencia, como se ha demostrado en este artículo les da la razón porque estamos ganando años a la vida y frenando el envejecimiento; esperemos -por el bien de nuestra economía- que también consigamos demostrar con realidades que este proceso tiene consecuencias igual de positivas en nuestras empresas y en el empleo.

Iñaki Ortega es doctor en economía y consejero asesor del centro de investigación ageingnomics de la Fundación MAPFRE



Frankfurt dice la verdad

(este artículo se publicó originalmente en el periódico La Información el día 4 de noviembre de 2022)

La semana pasada desde Frankfurt se anunció la medida más dura de política monetaria de la historia del Banco Central Europeo (BCE), una decisión que a ningún político del mundo le gustaría tomar, pero por estos lares estamos celebrando nuestros datos de coyuntura.

Ministros, vicepresidentas y hasta el propio presidente del gobierno, han ocupado las tribunas mediáticas para, sin quitarse la sonrisa de la boca y la ropa desenfadada, trasladar que en España todo va bien. Nada que preocuparse. La excepción ibérica de la energía también lo es en los precios que, según ellos, están controlados; el desempleo no ha de ocuparnos y nuestra economía crece más que ninguna. Alemanes, franceses e italianos nos envidian, nos dicen desde el gobierno.

La realidad es que, desde la ciudad alemana sede del BCE, en apenas 90 días, se ha multiplicado por cuatro el precio del dinero y encarecido las condiciones para dar liquidez a los bancos continentales. Una dura e inédita decisión que solamente se explica por la gravedad de la situación económica. La inflación se ha instalado en la economía y es lo peor que podía pasarnos.

En una economía de mercado los precios están sujetos a cambios, en ocasiones aumentan y otras veces disminuyen. Pero solamente cuando se produce un aumento generalizado y sostenido en el tiempo de los precios es cuando se habla de inflación. La consecuencia de la inflación para una persona es que con el mismo presupuesto puede comprar menos cantidad de bienes; igualmente sucede con los ahorros que acaban perdiendo valor, por tanto, todos esos ciudadanos se empobrecen. A nivel macroeconómico los países que sufren la inflación tienen monedas que cada vez valen menos, les cuesta más dinero importar bienes y se pierde competitividad y por tanto ventas, si el alza de precios se mantiene en el tiempo.

Aunque al gobierno no le guste que se recuerde, una inflación alta como la que tenemos (muy lejos de la asumible del 2%) es considerada como el peor impuesto de los más pobres, ya que siempre afecta más a las rentas más bajas. Por ejemplo, una inflación del 8% significa que, de media, el precio de un producto que hace un año costaba 100 euros ahora has de pagar 108. Al mismo tiempo supone que con un sueldo de 1000 euros o con unos ahorros de 1000 euros puedes comprar menos bienes y servicios ya que el “coste de la vida” ha subido un 8%.

Tampoco les hará gracia a nuestros economistas gubernamentales mencionar que la inflación es considerada el veneno de la economía ya que se cuela lentamente en el sistema productivo para acabar matándolo. Un país con precios descontrolados no puede mantener su producción y ni mucho menos invertir en su futuro; al mismo tiempo su balanza de pagos se resiente y se destruye empleo. Así ha sido a lo largo de la historia económica y seguirá siendo, les guste o no, a quienes llevan los mandos de nuestras finanzas públicas.

Los países por todo lo anterior utilizan herramientas de política económica para luchar contra sus efectos. Las más conocidas son la deflactación de los impuestos -rebajar las tarifas de los impuestos para evitar que por el efecto inflación los contribuyentes paguen más- y los pactos de rentas -acuerdos entre empresas y administraciones para evitar efectos de segunda ronda a través de la contención de precios, salarios y beneficios-. Ambas han sido una quimera en nuestro país porque el gobierno ha primado sus intereses y pactos electorales a la ortodoxia económica.

Pero ahora el gobierno español ya no tiene margen porque ha entrado en juego la política monetaria. Todos los bienes y servicios de la economía tienen precio, incluso también el dinero. Cuando se presta dinero se cobra un precio que viene a explicar el valor que el propietario del dinero otorga a dejar de disfrutarlo o si se prefiere, lo que está dispuesto a pagar quien no tiene dinero por poseerlo. Ese valor es el tipo de interés, es decir el precio del dinero. Los bancos centrales establecen los tipos de interés para propiciar las mejores condiciones económicas que se conocen como política monetaria. Si se aumenta el tipo de interés, la cantidad de dinero baja porque el crédito se encarece y por eso se habla de política monetaria restrictiva. En cambio, con tipos de interés bajos, el dinero es barato y aumenta su cantidad, en lo que se conoce como política monetaria expansiva.

El control de estos resortes monetarios con motivo de la globalización de la economía y con nuestra incorporación plena a Europa ya no nacional. De hecho, en Europa la política monetaria está controlada por el BCE, organismo supranacional no sujeto a vaivenes electorales y con un mandato claro, los precios no pueden superar el 2%. Por eso, cuando ha estado claro que Europa terminará el año con un 8% de inflación, todo un drama, en Frankfurt han decidido actuar sin contemplaciones. Así de claro, porque cuando se suben tanto los tipos de interés, hemos pasado de un 0,5% en julio al 2% en octubre, es una política monetaria restrictiva. Y es catalogada así no sólo porque reduce el dinero en los mercados sino porque ralentiza la actividad económica, perjudicando a las familias, empresas y gobiernos endeudados que verán cómo suben los pagos por intereses y a toda la sociedad en general por el parón económico que causa dificultar el crédito.

Por si fuera poco ayer se conoció el dictamen del Banco Central Europeo sobre el nuevo impuesto a la banca que están tramitando en el Congreso los partidos que apoyan al gobierno. Desde Frankfurt se ha hecho una enmienda a la totalidad al mismo. Básicamente porque contradice las normas comunitarias, añade incertidumbre y perjudica a la competencia, a la economía (ya que provocará disminuciones del crédito) y lesiona la política monetaria del propio BCE.

Nos guste o no en esta parte del mundo, esta política monetaria ha comenzado y sus efectos no tienen marcha atrás. España no será una excepción como ha expresado Fernando Monar, el jefe de riesgos del BCE “la recesión es inevitable fruto del enfriamiento económico (…) también en España”. Y entonces cuando ya no pueda ocultarse la crisis, los mismos que por estas latitudes nos han contado que todo iba bien, cambiarán el discurso triunfalista y nos dirán circunspectos, ya vestidos muy formales y de oscuro, que los culpables no están en su gobierno sino a miles de kilómetros en Alemania, Ucrania o Rusia. Lo verán estos ojos.

Iñaki Ortega es doctor en economía en La Universidad de Internet (UNIR) y LLYC

Para que lo entienda todo el mundo

 (este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 Minutos el día 31 de octubre de 2022)

Europa está enferma, vive una crisis económica que tiene por síntomas una inflación desbocada y crecimientos en el entorno de cero. Estanflación lo llamamos en la doctrina económica. Se han probado desde el Banco Central Europeo (BCE) tratamientos para bajar la fiebre de los precios y no han funcionado. Por eso hay que endurecer la terapia: de las aspirinas y antibióticos usadas hasta ahora con leves efectos secundarios se ha pasado a una agresiva quimioterapia (intereses que se han cuadruplicado en unos pocos meses y encarecimiento del crédito a los bancos) que puede frenar la inflación, pero que tiene un gravísimo efecto secundario. La consecuencia no deseada es parar la economía, porque con los préstamos caros se cae la inversión y el consumo privado, se desploman las hipotecas y y comenzarán las dificultades para las familias que verán como no pueden pagar sus obligaciones con los bancos o peor aún los despidos llegarán porque las empresas ya no aguantarán más.

Pero en España estamos a otra cosa. Solo en la semana pasada tres ejemplos para demostrar que en nuestro país hemos decidido hacer caso omiso de lo anteriores

Los precios siguen subiendo, un 7% es el dato de octubre, pero se traslada a la opinión pública como si fuese una buena noticia porque ya no estamos en dos dígitos de inflación. cuando lo que habría que celebrar sería que no crezcan los precios, no que aumenten menos que el mes anterior.

La economía española se arrastra por los suelos con una pírrica subida trimestral del 0.2% y el gobierno habla de la gran fortaleza de nuestra economía, ¿fuertes, cuando si se desglosa el dato se ve el desplome de la inversión y las exportaciones.

En verano, hemos disfrutado de una excelente campaña turística que no ha sido capaz de crear empleo neto y los ministros, a pesar del aumento del desempleo, nos cuentan que son positivos estos datos para el país ¿60.000 nuevos parados cada verano es lo que queremos?

Año tras año la educación financiera aparece como uno de los grandes lastres de nuestro bienestar. Una reciente encuesta demostró que más de la mitad de los españoles suspendemos en un sencillo examen sobre qué es la inflación o el interés compuesto. Estamos a la cola de los países desarrollados en este campo y eso tiene graves consecuencias porque aquí estamos menos preparados para afrontar las crisis ya que tomamos decisiones en épocas de bonanza, como endeudarnos o consumir en exceso, sin tener en cuenta que en el futuro habrá cambios de coyuntura y no seremos capaces de asumir esos compromisos. No entendemos nada de economía y acabamos tomando decisiones erróneas.

Pero qué podemos esperar si desde el gobierno y otros altavoces que priman más la ideología que las noticias veraces, se sigue alimentando la desinformación y lo que es más preocupante las falsedades al respecto del rumbo económico del país. La realidad es que hace unos pocos días el BCE ha anunciado la medida más dura de política monetaria de su historia, una decisión que a nadie le gustaría tomar. Esa quimioterapia que puede curar o matar.

Y entonces, cuando llegue ese momento que todos tememos, las sonrisas, la vestimenta desenfadada y los mensajes edulcorados de nuestros líderes se tornarán en gestos adustos, corbatas negras, trajes oscuros e impostadas declaraciones, pero será tarde y pagarán los de siempre, los que no saben diferenciar un tipo de interés simple de uno compuesto.

Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC

martes, 18 de octubre de 2022

Las otras pensiones

(este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 Minutos el día 17 de octubre de 2022)


Todos los días 1 de octubre se celebra el día de la persona mayor. La ONU en 1990 pensó que era bueno fijar un día al año para recordar que las personas, aunque envejezcan, siguen teniendo derechos.  La lucha contra la discriminación laboral, el mantenimiento de los servicios públicos presenciales, el trato digno en los últimos años de la vida o la denuncia de los triajes en la pandemia, han aparecido en la agenda otros años por estas fechas.

Pero en este octubre de 2022, las pensiones de los mayores han sido el monotema. No parece que el gobierno haya querido hacer coincidir la presentación de los presupuestos con el mes de los mayores, pero la realidad es que estos días se ha conocido que las pensiones subirán un 8,5%. Sea o no por lo anterior, ha surgido una polémica que en poco ayuda a defender los derechos de los mayores, a saber: los pensionistas están drenando ingresos del sistema que corresponderían a los jóvenes. Toda una batalla intergeneracional, inédita en nuestro país y que atenta contra las bases de nuestro actual bienestar, basado en la convivencia solidaria.

Lo curioso es que, al mismo tiempo, a unos pocos kilómetros, otro gobierno, el portugués, aprobaba sus presupuestos con una menor subida de las pensiones en especial para las más altas, pero con un paquete fiscal muy atractivo para que personas -mayores o no- de todo el mundo fijen su residencia en el país luso. Portugal daba un paso más para convertirse en el territorio del mundo más amable con los que vienen de fuera sobre la base de un sencillo argumento económico: si se quiere seguir creciendo, con tan bajas tasas de natalidad, ha de contarse con más mano de obra y personas que tributen en el país.

El plan busca atraer a profesionales que quieran trabajar en remoto desde Portugal ofreciendo un visado y un país estable con una presión fiscal menor que la española, por ejemplo. La medida se une a las que tomó en el pasado para atraer a retirados de todo Europa con bajos impuestos o aquella que busca que grandes patrimonios se instalen en la república portuguesa con una presión fiscal de risa comparada con la que por estos lares se quiere promover. Grecia ha seguido su estela y quiere beneficiarse de que cada vez hay más mayores de 55 años en Europa -150 millones- que tienen ahorros y ganas de ocio, mediante un plan de incentivos fiscales.

Por aquí seguimos pensando en los mayores como un grupo de edad a los que proteger en lugar de considerarlo una fuente de desarrollo económico. Ya hoy los que superan los 55 años son el 30% de la población, tienen más de la mitad del patrimonio patrio, quieren consumir y muchos -gracias a la tecnología que lo permite- seguir trabajando. Por suerte en España, no todos piensan así, esta misma semana el Gobierno de Canarias ha presentado un plan turístico enfocado solo a los seniors, mayores europeos que puedan pasar largas estancias en las islas, descansando, pero también trabajando. Su argumento es que los cincuentones son el 40% de los directivos continentales. Esos ingresos que buscan Canarias, Portugal y Grecia, pagarán las nuevas jubilaciones, pueden ser ya las otras pensiones que necesitamos.

Iñaki Ortega es doctor en economía en La Universidad de Internet (UNIR) y LLYC

miércoles, 5 de octubre de 2022

No son ricos

(este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 Minutos el día 3 de octubre de 2022)


Esa abogada que parece que vive en el despacho porque a la hora del día que vayas, hasta los sábados, está impecable con su carmín y su traje de chaqueta. Ya ha contratado a varios graduados en derecho, mucho mayores que ella y a una docena de auxiliares, al mismo tiempo que está cursando por las noches su enésimo máster sobre fiscalidad. Los domingos los dedica a viajar a las seis ciudades donde ha abierto delegaciones.

Ese amigo del colegio que por las tardes estudiaba alemán mientras los demás estábamos callejeando, acabó graduándose en ingeniería, aunque la mayoría de sábados no le veíamos por la noche porque siempre tenía que “empollar”. Pidió un crédito para estudiar en MBA en la mejor escuela de negocios y le fichó muy pronto una empresa americana. Se casó y empezó a viajar por todo el mundo, los niños llegaron y él seguía viviendo en un avión. Ahora, es directivo de esa compañía. Pasa más noche al año fuera de casa que con su familia.

Ese zapatero a punto de jubilarse que te sigue atendiendo con una sonrisa, pese a que ya casi no le visitas. Empezó con un almacén de calzado, repartiendo por toda la ciudad género que traía desde Alicante. Madrugar con los pedidos y trasnochar con las devoluciones fue su vida durante cuarenta años. La primera tienda la abrió con los nuevos barrios de la ciudad, luego llegaron una docena más, que ahora gestionan sus hijos.

Esa doctora de la seguridad social que ha curado todos los catarros de tus hijos y ahora los achaques de tus padres. De joven, empezó por las tardes en una consulta privada que le hacía llegar a casa muy tarde. Los fines de semana, atendía guardias en varias clínicas, para ahorrar y tener su propia consulta. Hoy sigue trabajando más de 12 horas, seis días a la semana, pero tiene su negocio en propiedad.

Ese bisabuelo que harto de la miseria de su pueblo, se enroló como polizonte en un carguero hacia América. En México entró de aprendiz con un herrero que hacía cajas de caudales. 15 años de ferrería le sirvieron para conocer el oficio y empezar a vender ese producto por todo el país. Cada hotel nuevo disponía de cientos de esas cajas, 50 años en la carretera le convirtieron en el principal proveedor de cajas de seguridad de los hoteles de esa parte del mundo. Sus hijos, nietos y bisnietos heredaron su patrimonio; con prudencia y ahorro lo mantienen hoy en día.

Dentistas, arquitectos, industriales, comerciantes, ganaderos… esas historias y muchas más que seguro conoces, tienen un denominador común: esfuerzo, riesgo y ahorro. No son personas ricas, son españoles que generaron riqueza e hicieron mejor su vida y la de mucha gente a su alrededor. Por eso cuando oigas eso de que hay que subir los impuestos a los ricos, no te fíes. Piensa si no sería más importante dedicar los debates a cómo tener menos pobres, a cómo conseguir más biografías de éxito y no a poner trabas a los que generan riqueza con su dedicación. Pero si, aun así, crees que esos ricos no merecen lo que tiene, te animo a que lo intentes tú mismo. Verás que no es tan fácil.

Iñaki Ortega es doctor en economía en La Universidad de Internet (UNIR) y LLYC

domingo, 2 de octubre de 2022

El poder para las trabajadoras

(este artículo se publicó originalmente en el periódico La Información el día 1 de octubre de 2022)

Las niñas españolas tienen una ratio de fracaso escolar mucho menor que sus compañeros de clase, lo ha certificado un informe de ESADE que hemos conocido estos días. Llueve sobre mojado porque desde hace años las universitarias superan en número y en expediente académico a los hombres. Inopinadamente la cosa cambia cuando las chicas empiezan a trabajar. Hay menos mujeres que hombres trabajando en números absolutos, su tasa ocupación y actividad también es menor. El trabajo autónomo y el emprendimiento femenino se comportan, por desgracia, de la misma manera.


Esta brecha de género no solo es padecida en todas las cohortes de edad, sino que aumenta conforme cumplen años las mujeres. Al mismo tiempo el agujero crece conforme la responsabilidad profesional es mayor, hasta alcanzar un diferencial máximo en la alta dirección, como nos recuerdan los informes promovidos por la directiva española Mirian Izquierdo desde la Fundación Woman Forward.


No hay un techo de cristal, esa expresión tantas veces utilizada para referirse a la ausencia de mujeres en las posiciones de alta responsabilidad en las empresas. Son muchos techos y no uno único en los consejos de administración. Porque, como acabamos de ver, no es una situación que afecta exclusivamente a las mujeres directivas, sino que la sufren todas las mujeres, de todas las edades y en todo el nivel jerárquico. Por ello, desde hace un tiempo se habla de “peldaños rotos” en la escalera de la igualdad. Esa escalera social funciona en la enseñanza obligatoria y en la superior, los datos lo certifican, pero una vez que se inicia el tramo profesional, comienzan los escalones rotos que dificultan que las mujeres sigan ascendiendo hacia la igualdad plena.


Algunos de esos peldaños en los que no pueden apoyarse las mujeres, son conocidos, otros no tanto. Por eso te animo a que subamos juntos -en este artículo- esa escalinata para darte cuenta que el problema del talento desaprovechado no reside en el consejo de administración o en los comités ejecutivos, sino que comienza aguas abajo.

 
Efecto flip se le ha llegado a bautizar, por la drástica reversión de las cifras, desde una mayoría de mujeres que entran a trabajar en la parte baja del escalafón hasta que se convierten en clara minoría en la alta dirección. En concreto, el estudio elaborado por McKinsey descubrió para Estados Unidos que de cada 100 hombres que promocionan a mandos intermedios, únicamente son 72 mujeres las que lo hacen. Y esta tendencia se acentúa al ascender en el organigrama; según Gender Diversity Index en 2022, las mujeres ocupaban únicamente el 27,3% de los puestos directivos. Si miramos a España, este dato -para la CNMV- es más bajo todavía, únicamente un 19% de directivas mujeres.


Estamos ya en la escalera y nos encontramos un primer peldaño roto, el de la ambición. Las profesionales no pueden apoyarse en este escalón porque la sociedad ha comprado la idea contraria: las mujeres son menos ambiciosas. Por eso si no alcanzan funciones de máximo poder no es porque no se les presente la oportunidad, sino porque no quieren desempeñarlas.  Pronto llega el peldaño roto del trabajo no remunerado. No por conocido deja de ser lacerante un escalón en el que lejos de impulsar, ancla a las mujeres evitando promocionar. La cantidad de tiempo que las mujeres dedican a las tareas no remuneradas -cuidados de la familia y atención al hogar- es muy superior al que dedican los hombres. El de los sesgos es otro escalón estropeado. La sociedad atribuye a la mujer atributos teóricamente opuestos a los que debe reunir un buen líder; por eso se les exige demostrar un rendimiento superior para poder ascender. De modo y manera que no únicamente tienen las mujeres escalones rotos sino la meta más lejana que los hombres.


Y quedan más trampas en este viaje por la escalinata que estamos haciendo, por ejemplo, el del salario. Aunque parezca increíble sigue siendo así. Por el mismo trabajo, los hombres cobran más que las mujeres. Funcas lo ha analizado para nuestro país y aunque la buena noticia es que se redujo a la mitad en la década previa a la pandemia, la retribución media por hora trabajada de los hombres sigue superando en un 8,5% a la de las mujeres en 2020. También tropezaremos con el peldaño roto de la autoestima. Resumido perfectamente en el conocido “síndrome de la impostora” que afecta a las mujeres, pero no a los hombres. Un estudio publicado en Harvard Business Review demostró que ellos optan a un puesto si cumplen el 60% de las habilidades requeridas, pero las mujeres no lo hacen si no cuentan con el 100%. Y finalmente el peldaño roto de la visibilidad. Luisa García de LLYC lleva tiempo analizando este lastre del diferencial de notoriedad que la sociedad -medios de comunicación y redes sociales- les otorga. Estudiando conversaciones en Twitter ha demostrado la escasa visibilidad de las mujeres en el ámbito empresarial que ha acabado provocando un vacío importante de referentes.

 
Así está nuestra escalera de la igualdad en España, a pesar de los avances en la educación de las mujeres, en el mundo laboral la velocidad es lenta. Como si hablásemos de un embudo, en la base son mayoría las mujeres tituladas y que ingresan en el mercado laboral, pero al final solo una minoría alcanza las máximas responsabilidades.
Así que cuando te cuenten eso del techo de cristal recuerda que no vale con mirar los datos del final de la escalera, el consejo, y con eso quedarnos satisfechos por el avance. La realidad es que ocultan lo importante, los nefastos datos desde las primeras promociones en el escalafón hasta las últimas. De hecho, el esperanzador dato que aporta la CNMV, de un 29% mujeres consejeras en las cotizadas españolas, no puede ocultar que la brecha salarial no existe cuando las mujeres tienen menos de 35 años, pero luego se agranda hasta dispararse cuando se alcanzan los sesenta. El impacto en nuestra economía de esta pérdida de talento es un drama que no nos podemos permitir. Si la herramienta de la educación ha funcionado para alcanzar la igualdad entre las profesionales menores de la treintena, consigamos que haga ese mismo efecto en las mayores de esa edad. Educación a lo largo de la vida o upskilling -como se dice ahora- es una de las fórmulas mágicas para tener mejores y más empleos. Es el verdadero poder para las trabajadoras.


Pero seguro que no verás nada de esto en las campañas de las ministras que tienen esta responsabilidad en el gobierno.  Esto de esforzarse está mal visto y es mejor hablar de hombres blandengues y niños sexualizados. Así nos va.

Iñaki Ortega es doctor en economía en La Universidad de Internet (UNIR) y LLYC