viernes, 28 de octubre de 2011

Asimetrías de información, el peor enemigo

En Madrid Emprende, hemos constatado que muchos emprendedores tienden a ver la actitud de inversores y entidades de crédito como caprichosa o aprovechada porque les deniegan o encarecen en exceso la financiación solicitada, cuando, a menudo, es puramente racional, habida cuenta de la percepción que tienen desde el lado de la oferta del mercado financiero. 




Para dar cuenta de esta particularidad, propia de los mercados de capitales, los economistas desarrollaron hace años el concepto de 'información asimétrica'. Su conocimiento puede servirle al emprendedor para afrontar la ardua tarea de la búsqueda de financiación con mayores posibilidades de éxito gracias a una mayor comprensión de la posición de quienes financian empresas. 

Grosso modo, la asimetría de información es un fallo del mercado que se fundamenta en el menor conocimiento que tiene una de las partes, la que tiene el dinero, en relación a la otra, la que lo necesita, lo que produce el efecto indeseado de endurecer las condiciones bajo las que se ofrece financiación. 

En el caso de las start-ups, la información es especialmente asimétrica debido a la gran incertidumbre que rodea a todo proyecto empresarial de nueva creación, máxime si se basa en una tecnología novedosa o se dirige a un mercado incipiente. Por ello, conviene que el futuro empresario se familiarice con las tres principales consecuencias de la información asimétrica: 
  • La selección adversa: hace referencia a la insuficiente información de que dispone la parte capitalista sobre el sector de actividad de la futura empresa, el valor del modelo de negocio propuesto y la habilidad del emprendedor para ejecutarlo. El emprendedor puede combatir la selección adversa a través de múltiples acciones encaminadas a reducir el riesgo percibido: dirigirse a inversores especializados en su sector; cuidar al máximo la comunicación del proyecto y tratar de generar confianza en la otra parte; elaborar un esquema de financiación progresivo cuyo desarrollo esté condicionado a la consecución de ciertos hitos, etc. 
  • El riesgo moral: motivado por la preocupación del inversor de que, consciente o inconscientemente, el emprendedor sea prudente a la hora de desarrollar la idea empresarial con su dinero que si lo hiciera con su propio patrimonio. Para rebajar esta inquietud, hay que demostrar que es el primero que está dispuesto a asumir riesgos. La dedicación absoluta del emprendedor al proyecto y la aportación de sus ahorros al mismo son, por esta razón, comportamientos valorados, cuando no exigidos, por potenciales socios o acreedores. 
  • Los costes de transacción: son aquellos en que incurre la parte que financia al analizar la inversión, formalizar la operación o velar por el cumplimiento del contrato. Son inevitables y una de las pocas cosas que puede hacer el emprendedor es averiguar qué umbrales mínimos de financiación suele manejar cada inversor o entidad de crédito de cara a no perder ni hacer perder el tiempo. Por lo general, la deuda tiene costes de transacción inferiores a los aportes de capital y normalmente cuanto menor es la cuantía de la operación más pesa este esfuerzo. 
Estas tres asimetrías no son los únicos factores que explican por qué el maná financiero no llega a los emprendedores en su travesía por el desierto en un momento económico tan complicado, pero, sin duda, conocerlas les evitará tropezar con alguna de las piedras que existen en su difícil camino. 


Publicado originalmente en Dossier Empresarial.
Imagen de Thomas Hawk

martes, 19 de julio de 2011

Holanda golea a España


En las economías de referencia, los emprendedores son la clave de la recuperación económica y la creación de empleo. Sus esfuerzos están centrados en conseguir ecosistemas que ayuden a las startups.
En Europa, son muchos los países que están liderando esta particular competición por favorecer a microempresas y autónomos. Start-Up Britain en Reino Unido o el Estatuto del Autoemprendedor en Francia. Pero si hay un país que destaca es Holanda.
Los Países Bajos registran la tasa de paro más baja de la Unión Europea –5,1% actualmente– precisamente porque los trabajadores por cuenta propia han experimentado uno de los incrementos más elevados entre los Estados miembros, ganando en los últimos cinco años más de 150.000 efectivos. Una cifra muy significativa si tenemos en cuenta que su población activa es un tercio de la española y más aún si la contrastamos con los 375.000 autónomos que han cesado su actividad en nuestro país desde que empezó la crisis.
Cabe preguntarse la razón de este dinamismo empresarial y la respuesta es que Holanda constituye el paradigma opuesto al de España en lo que se refiere a apoyo al autónomo. Ciertamente, hay mas aspectos que explican las diferencias, pero hay que poner en valor los esfuerzos realizados por los gobiernos de La Haya desde mediados de los 90 por mejorar el marco jurídico de los empresarios individuales y eliminar obstáculos administrativos.


Cotizaciones sociales

Las reformas han ido encaminadas a flexibilizar el régimen de Seguridad Social, consolidando un modelo en el que la obligación de cotizar del autónomo queda modulada por su nivel de ingresos. Las cargas fijas en este sistema se limitan al pago de la prima del seguro médico obligatorio, mientras que la cotización por el resto de contingencias –vejez, incapacidad y maternidad– que son cubiertas por el sistema público de protección social varían en función de la facturación del empresario y son satisfechas a posteriori, coincidiendo con la declaración anual del IRPF.
Estas mutaciones del régimen holandés de Seguridad Social responden a su concepción del Estado del Bienestar, fruto de las particularidades socioeconómicas del país del tulipán. Por ello, es difícilmente exportable a otros Estados, sobre todo a los más alejados de la tradición nórdica.
Sin embargo, la experiencia holandesa sirve para cerciorarnos de que reducir las cargas sociales a los trabajadores por cuenta propia que ingresan poco o nada tiene un efecto positivo en la natalidad empresarial.
Y es que nuestra Seguridad Social presupone que todo autónomo ingresa al menos 850 euros al mes; un importe que parece bajo si pensamos en trabajadores por cuenta ajena, pero que no lo es tanto si hablamos de empresarios que, bien por estar arrancando su actividad, bien por estar sufriendo las consecuencias de la crisis, apenas facturan.
Esta absoluta desvinculación entre las cotizaciones sociales y los ingresos de la actividad empresarial actúa como barrera de entrada para quienes se plantean emprender –sobre todo si parten con pocos recursos– y contribuye a expulsar del mercado a los que han dado el paso sin mucha fortuna. El resultado se traduce en menos empresas creadas, más autónomos que cierran y un aumento de la economía sumergida.
La solución pasaría por flexibilizar el RETA, siguiendo las recomendaciones que hace la Unión Europea en su Libro Verde, a fin de dar facilidades a quienes más lo necesitan, como en Holanda, aunque siendo fieles a la esencia de nuestro modelo en el que todos, ya sean asalariados o autoempleados, gozan de un alto grado de protección por parte del Estado.
Algunas medidas impulsadas en los últimos tiempos, como la ley vasca de emprendedores, que permite a los autónomos capitalizar el 100% del desempleo o, en la Ciudad de Madrid, las ayudas de hasta un 50% de las cuotas de autónomos a los menores de 30 años van en la buena dirección. Sin embargo, es difícil que por sí solas puedan frenar la sangría de autónomos y propiciar la creación de las 500.000 nuevas empresas que España precisa para salir de la crisis.
La ley de emprendedores anunciada por Mariano Rajoy en el ultimo debate sobre el estado de la Nación, en trámite en el Congreso, es un claro avance en este terreno previendo, entre otras medidas, la reducción de la fiscalidad a los creadores de empleo y la consagración del criterio de caja frente al de devengo en el IVA de los autónomos.
Con esta iniciativa, el PP marca el camino de la ingente tarea reformista que un nuevo Gobierno de España ha de iniciar para lograr un marco económico proemprendedores. España tiene las ideas, las mejores personas y el talento para llevarlo a cabo. Si a eso añadimos las mismas herramientas de que disponen las grandes naciones emprendedoras, venceremos sin duda nuestra particular lucha contra el desempleo.
Artículo escrito por: Antonio Basagoiti, presidente PP vasco; Lorenzo Amor, presidente ATA; Iñaki Ortega, profesor Universidad Rey Juan Carlos.


Publicado originalmente en Expansión.

jueves, 1 de abril de 2010

Ambiente para emprender

El entorno en el que creas tu empresa puede ser determinante para su éxito o fracaso. Y no sólo por razones técnicas y legales. Está demostrado que las personas con talento se vuelven mas creativas cuando están rodeadas de otras semejantes. Los espacios urbanos, cosmopolitas y abiertos son los idóneos para montar negocios innovadores.

Que casi cualquier sitio puede valer para empezar a trabajar en tu proyecto es algo que poca gente pone en duda. Aunque un tanto manidos, ahí están los casos de HP y Apple, nacidas en garajes. Sin embargo, el contexto en el que se encuentre el lugar que hayas convertido en tu oficina sí puede ser determinante.

De hecho, lo fue para esas dos multinacionales y para todas las demás que han surgido en esa excepcional macroincubadora de empresas llamada Silicon Valley. De igual manera que las oportunidades laborales varían enormemente en función del país o la región, las perspectivas para montar un negocio con éxito también pueden ser muy diferentes de un territorio a otro. Así, un proyecto puede estar abocado al fracaso simplemente porque el emprendedor ha elegido para su materializaci6n el lugar donde reside y no el lugar que ofrece las mejores condiciones para el emprendimiento.

En este sentido, existe una pluralidad de factores "ambientales" que debes tener muy en cuenta como son, por ejemplo, el marco jurídico y fiscal, el nivel de desarrollo tecnológico y el dinamismo económico. Ahora bien, el más importante de todos, especialmente si se trata de una idea innovadora, es la presencia de personas que puedan ayudarte en la andadura empresarial; principalmente, emprendedores con planteamientos complementarios, profesionales de alta cualificación y business angels.

Es lo que Richard Florida, profesor de la Universidad de Toronto, llama "el poder de la concentración" y que parte de la tesis de que los individuos dotados de talento se vuelven más creativos y productivos cuando están cerca unos de otros. Florida demuestra en sus trabajos que los espacios urbanos cosmopolitas, abiertos y dinámicos ejercen un fuerte poder de atracción sobre este tipo de personas y que su presencia en ellos constituye, a su vez, un fuerte estimulo para quienes buscan un ambiente propicio para poner en marcha nuevas ideas.

Publicado originalmente en la revista Emprendedores

lunes, 1 de diciembre de 2008

Talento, clave del éxito para las economías modernas

Introducción

Hoy día abundan en la literatura relativa a los recursos humanos los artículos y manuales que tratan de la atracción, retención o gestión del talento. Dichos trabajos subrayan la necesidad que tienen las empresas de contar con directivos y profesionales de alta cualificación que, con su trabajo, hagan más competitiva la organización.

Asimismo, algunos de los economistas y estudiosos afines más influyentes del momento utilizan el término talento para referirse al capital humano más emprendedor e innovador de una economía. De acuerdo con sus tesis, la dotación de talento de un territorio condiciona, en gran medida, su futuro desarrollo económico.

El talento, por tanto, es reconocido desde ambos puntos de vista, empresarial y económico, como un factor de competitividad, determinando su abundancia o escasez relativa el éxito, en la economía global, de organizaciones y territorios. Se trata de un tema que en el momento actual está muy en boga, debido a que la crisis económica internacional obliga a los diferentes actores económicos a desarrollar estrategias que contribuyan a acelerar su adaptación a la nueva economía.

Sin embargo, el talento concebido como un recurso productivo al servicio de la actividad económica no es algo totalmente novedoso, puesto que representa la última etapa de una tendencia iniciada en la segunda mitad del siglo XX hacia la revalorización del factor trabajo y que está estrechamente vinculada con la transición –aún inacabada – hacia la sociedad del conocimiento.

La sociedad del conocimiento y el talento

Ya en los años 70 del siglo pasado, autores como Daniel Bell en Estados Unidos o Alaine Touraine en Francia constataron que el capitalismo moderno estaba experimentando unas profundas transformaciones que lo alejaban progresivamente del modelo de sociedad surgido de la revolución industrial. Para referirse a la nueva realidad que iba implantándose en el mundo desarrollado, se acuñó, en un primer momento, el término de “sociedad post-industrial”, aunque posteriormente se le han dado otras denominaciones –con algunas diferencias de matiz- como sociedad de la información y sociedad del conocimiento.

Y es que, pese a existir diferencias significativas entre Bell, Touraine y los demás estudiosos que han continuado sus investigaciones, todos ellos subrayan la creciente importancia que tiene, tanto en la economía como en la sociedad contemporánea, la información o el conocimiento. De acuerdo con sus tesis, mientras que el catalizador de desarrollo en la economía industrial era el capital físico y la organización productiva, siendo las fábricas su materialización más paradigmática; en la nueva economía, el conocimiento es la base principal del sistema productivo. Tal y como observaron, a medida que va penetrando la sociedad del conocimiento, la industria pierde peso tanto en el PIB como en el empleo en favor de las actividades terciarias. De hecho, son los servicios más intensivos en conocimiento –la  investigación científica y técnica, la alta gestión empresarial, la ingeniería o el diseño, entre otros –los nuevos motores de la economía. Ello se debe principalmente a que estas actividades producen externalidades positivas que inciden en la productividad, eficiencia y sostenibilidad de las demás, incluidas las industriales. Por consiguiente, una de las principales consecuencias del proceso de introducción del conocimiento en la economía y la consiguiente terciarización de ésta es el incremento de su competitividad.

No obstante, tal y como señaló Bell, el advenimiento de la sociedad del post-industrial constituye un verdadero cambio de paradigma que afecta a la práctica totalidad de elementos que participan en el sistema productivo, por lo que la terciarización y aumento de la competitividad no son sus únicos efectos.

Precisamente uno de esos efectos es el que constituye el objeto de este artículo y no es otro que la revalorización del trabajo como factor productivo. En efecto, la terciarización de la economía, que ha corrido paralela a la aceleración del progreso científico y tecnológico, al aumento de los niveles de concurrencia y de exigencia del mercado, a la interdependencia económica, a la extensión de la educación superior y a la creciente complejidad del marco regulativo, ha obligado a las unidades productivas a depender cada vez más de la cualificación y competencia de los trabajadores. Un reflejo de ello es el hecho de que ya no se habla exclusivamente de “mano de obra” para referirse al factor trabajo –término que hace referencia fundamentalmente al coste de este factor productivo y que lo integra en el proceso productivo al mismo nivel que el capital o la tierra –sino que cada vez se utiliza más el concepto de “capital humano” que, además de los aspectos cuantitativos, tiene en cuenta la calidad de formación y la productividad de los trabajadores. En palabras de los teóricos del post-industrialismo, el trabajador de cuello azul ya no constituye la espina doral de la fuerza de trabajo de una empresa o de un territorio, sino que lo son los trabajadores de cuello blanco, siendo las ocupaciones profesionales y técnicas las que crecen más rápidamente.

Por otra parte, en las dos últimas décadas la transición hacia la nueva sociedad del conocimiento parece haberse acelerado como resultado de la cada vez más intensa globalización, que fuerza a las empresas a buscar constantemente la competitividad mediante la inversión en I+D, la adopción de modernas técnicas de gestión empresarial, la implantación comercial y productiva en el exterior o la apuesta por la mejora continua de la calidad y de la sostenibilidad.

Una vez más, las circunstancias que configuran el entorno productivo han repercutido sobre el factor trabajo haciendo que, para las empresas punteras, el trabajador pase a ser, con diferencia, el principal activo por ser el único elemento de todos los que integran la actividad empresarial capaz de producir no sólo bienes y servicios sino también innovación -que no es sino la aplicación práctica del conocimiento en el proceso productivo.

Como consecuencia de lo anterior, en el lenguaje empresarial junto a los conceptos de mano de obra y capital humano ha aparecido otro nuevo, esto es, el talento. Bajo el nuevo paradigma, no basta con que los trabajadores tengan una cualificación académica o profesional que les permita desempeñar su trabajo de manera óptima; es además necesario que sean creativos para poder participar en el diseño del modelo de negocio y/o en la realización de tareas que, como el I+D, tengan un valor estratégico por ser fuente de ventajas competitivas. En este sentido, el factor trabajo no sólo ha de aportar valor al producto sino también a la propia organización productiva.

Por último, hay que añadir que el talento se manifiesta también –de hecho con mayor intensidad –fuera de las organizaciones ya constituidas, es decir, en las nuevas iniciativas empresariales. Al ser su principal virtud la creatividad el individuo dotado de talento se ve inclinado a trabajar en su propio proyecto en que puede explotar todo su potencial sin otros límites que los que le ponga el mercado. Así, no es de extrañar que sea una práctica cada vez más habitual entre las grandes multinacionales recurrir a empresas de reciente creación para liderar los proyectos más innovadores.

Necesidad de políticas que favorezcan el talento

Del apartado anterior se colige que los territorios que concentren talento serán los que presenten mayores posibilidades de prosperar conforme se avance hacia la nueva economía, mientras que aquellos en los que éste escasee verán comprometido su futuro desarrollo. Así, cabe esperar que la geografía económica que conocemos se altere debido a la diferente dotación de este recurso estratégico entre los distintos países –y dentro de éstos, entre las regiones que los integran –de igual manera que se alteró en el pasado durante la primera y segunda revolución industrial por la desigual distribución y acceso al carbón y al petróleo.

No obstante, el talento, a diferencia de esos recursos no es un elemento “natural”, algo que surja espontáneamente o que resulte de las características del espacio físico en el que se asienta la economía. Ni siquiera viene necesariamente determinado por el tamaño de la población. La disponibilidad de talento depende de que se den en la sociedad y economía las condiciones que favorezcan su desarrollo; es producto de la cultura y de los valores imperantes, de la estructura y organización social, de la regulación de la actividades económicas, de los incentivos que ofrezca el modelo productivo existente, de la calidad del sistema educativo etc. Es decir, de elementos “sociales” que las instituciones configuran o pueden contribuir a configurar a través de su actuación.

Es por tanto responsabilidad de los poderes públicos velar por que el entorno económico, social y cultural sea favorable para el talento debiendo desempeñar un papel activo en su fomento, ya que, de ello, dependerá en buena medida la adopción de la economía del conocimiento.

La necesidad de que las instituciones hagan una prioridad de la generación de unas condiciones que fomenten el talento es máxima si se tiene en cuenta que éste es extraordinariamente móvil, como ha observado Richard Florida, profesor de la Universidad de Toronto y uno de los principales estudiosos de la evolución reciente de la nueva economía. Para Florida, las empresas no son las únicas que protagonizan la “guerra por el talento” sino también las economías. Éstas pueden experimentar salidas o entradas en su stock de talento en función de su atractivo respecto a las de otros territorios.

Algunas políticas destinadas a promover el talento tienen que ver con la formación del capital humano; tal es el caso de la implantación de un sistema educativo de calidad, meritocrático y adaptado a las necesidades del mercado. Otras no buscan tanto formar como cambiar la actitud y predisposición de los individuos hacia la innovación, la asunción de riesgos y la actividad empresarial. También son muy destacadas las actuaciones llamadas a poner el talento en relación con la tecnología y las empresas a fin de que pueda encontrar oportunidades para desarrollarse plenamente. Por último, tal y como recuerda Florida, es imprescindible que el entorno no sólo ofrezca oportunidades académicas, profesionales o empresariales sino también personales; el talento debe sentirse a gusto y, para ello, es necesario que exista tolerancia, mentalidad abierta, oferta de ocio y entretenimiento, así como otros atractivos que satisfagan los estilos de vida de lo que él llama clases creativas.

Partiendo de los factores que atraen el talento, el profesor Florida llega a la conclusión de que las clases creativas con las que identifica el talento son urbanitas por definición, ya que sólo una ciudad puede poner a disposición de los individuos con talento un entorno dinámico en el que se conjugue cosmopolitismo, tecnología, entretenimiento, tolerancia y, por supuesto, otros individuos con talento. Precisamente por ser polos de atracción de talento, las ciudades cobran cada vez más protagonismo en la economía globalizada en detrimento de los países o regiones.

Un ejemplo de territorio atractivo para el talento: la ciudad de Madrid

En España nunca ha faltado creatividad, ingenio o aptitud para detectar las oportunidades; sin embargo, el talento no ha podido desarrollarse al mismo nivel que en otras latitudes debido, por un lado, a la deficiente capacidad del mercado para integrarlo y, por otro, a los escasos estímulos que ha recibido desde las instituciones y la propia sociedad. Muchos individuos con carácter emprendedor y/o ideas innovadoras tradicionalmente se han visto obligados a elegir entre emigrar a otros países para no renunciar a sus proyectos o permanecer y orientar su potencial hacia actividades más “convencionales”.

Afortunadamente, como consecuencia del impresionante desarrollo experimentado por la economía española en los últimos tiempos así como de las políticas que desde algunas instancias se han impulsado en España poco a poco se van dando condiciones cada vez más propicias para el talento. En este contexto, son determinadas áreas metropolitanas las lideran el cambio. Prueba de ello es que la primera del país, la conformada por la ciudad de Madrid y los núcleos urbanos circundantes, se encuentra entre los territorios más pujantes en materia de talento del continente europeo junto a Paris-Île de France o Greater London.

El PIB de Madrid ha registrado desde el cambio de siglo hasta 2007 un crecimiento medio anual del 3,56%, esto es 16 décimas por encima del crecimiento nacional – que ya se encontraban significativamente por encima de la media de los países europeos. En el momento actual Madrid no escapa a los efectos de la crisis internacional ni a los del agotamiento del patrón de crecimiento de los últimos años. Sin embargo, su economía está experimentando una desaceleración mucho menos brusca. La clave de este mejor comportamiento tanto en momentos de bonanza como de crisis se encuentra en que la ciudad de Madrid está más preparada para afrontar los retos de la economía del conocimiento, lo cual es algo que se refleja en su capacidad para generar, retener y atraer talento.

En este sentido las fortalezas de la ciudad de Madrid son:

- El dinamismo de su economía, que ofrece atractivas oportunidades para profesionales, empresarios y emprendedores: las mayores cifras de crecimiento registradas por la ciudad y su región tanto en la anterior coyuntura como a día de hoy son un reflejo de ese dinamismo. Madrid se concentra el 15% de las empresas del país y es también la ciudad, tanto en términos absolutos como relativos, en la que más iniciativas emprendedoras se ponen en macha – casi el 12% de toda España. Los flujos de inversión extranjera con destino a Madrid, que representaron el 73% en 2007 confirman el atractivo de la economía madrileña.

- La calidad de su sistema educativo en la que se forman profesionales y directivos de todo el país e incluso del extranjero: Madrid y su área metropolitana albergan, entre públicas y privadas, 16 universidades en las que estudiaron en el curso pasado cerca de 275.000 alumnos. Además de las universidades existen numerosas escuelas de negocio en la ciudad, encontrándose algunas de las cuales entre las mejores del mundo. Con un tejido educativo tan desarrollado no es extraño que sean muchos los estudiantes de otras partes de España y del extranjero –es la ciudad de la UE que más universitarios Erasmus acoge –los que se trasladen  a Madrid para cursar sus estudios.

- La fuerte implantación de la economía del conocimiento: la inversión en I+D en la región de Madrid supera el 1,98% de su PIB –por encima de la media comunitaria – siendo áreas metropolitanas más innovadoras de Europa. No en vano el número de trabajadores del sector tecnológico industrial es aproximadamente de 193.000.

- El carácter abierto y tolerante de la ciudad, que confiere la condición de madrileño a quien vive en ella y no sólo al que nace en su término municipal. A título de ejemplo cabe señalar que el 50% de los habitantes de Madrid han nacido fuera del municipio, el 16,9% fuera de España.

- Por último, de acuerdo con Florida también hay que valorar la amplia oferta cultural y de ocio que ofrece la ciudad. Dicha oferta ha llevado a la prestigiosa revista británica Monocle a referirse a Madrid como “una ciudad ideal para comenzar un nuevo negocio y no perderse una buena vida”.

El Ayuntamiento de Madrid es consciente de que es preciso seguir trabajando para fomentar el talento puesto que constituye la clave para acelerar la transición hacia la economía del conocimiento y así asegurar éxito económico. Tal fue uno de los motivos en los que se inspiró el Consistorio madrileño cuando creó en 2005 la Agencia de Desarrollo Económico “Madrid Emprende”. Este organismo autónomo desde entonces viene poniendo en marcha, en colaboración con asociaciones representativas de colectivos de interés para la economía de la ciudad como ASSET, diversas actuaciones relacionadas con la búsqueda de la competitividad a través del fomento del talento. Los programas de formación en aspectos clave de gestión empresarial para trabajadores y autónomos unidos a los de sensibilización, formación, incubación y acompañamiento de emprendedores se inscriben dentro de esa estrategia. En el medio y corto plazo la actuación de la Agencia en este ámbito se verá reforzada con dos grandes proyectos: la ampliación de la Red Municipal de Viveros de Empresa, de la que ya hay tres centros en funcionamiento, y la construcción del Parque Científico y Tecnógico de la Ciudad de Madrid.

El objetivo es que estas iniciativas de Madrid Emprende unidas a las de otras áreas del Ayuntamiento acaben por consolidar la condición de Madrid como una de las ciudades más creativas, dinámicas y avanzadas del mundo.


Iñaki Ortega es Director-Gerente de Madrid Emprende

Publicado originalmente en la revista de la Asociación Española de Financieros y Tesoreros de Empresa. Edición especial 50 aniversario.

lunes, 3 de noviembre de 2008

A Euskadi le falta una T


“A Euskadi le falta una T”




El pasado viernes 31 de octubre “Expansión” publicó un especial sobre la economía vasca titulado  “Listos para la carrera contra la crisis”. Entre las personalidades entrevistadas se encontraba Miguel Lazpiur, presidente de la patronal vasca Confebask, que afirmó textualmente que “Con todos los respetos al problema vasco, ahora mismo la solución al problema económico es prioritaria”.  Con mi mayor consideración  al señor Lazpiur y especialmente a todas las empresas que representa no puedo dejar de expresar mi desacuerdo con su afirmación.

El profesor americano, Richard Florida, uno de los gurús económicos del momento considera que en la sociedad post-industrial o del conocimiento los innovadores, “the creative class”; como les llama; son el principal motor económico. La clase creadora incluye intelectuales, artistas, ingenieros, directivos etc. En su libro “cities and creative class” incluye datos estadísticos que respaldan su idea de que las ciudades que atraen y retienen miembros de la clase creadora (talentos) prosperan mientras que las que no lo hacen se estancan. De acuerdo con sus conclusiones la mano de obra yo no sigue a las empresas sino que son las propias empresas las que siguen a la mano de obra. Tolerancia atrae a talento y el talento a empresas tecnológicas. El estudio de Cushman&Wakefield “European Citéis Monitor” de 2007 confirma que el factor más relevante para decidir el emplazamiento de una empresa es la disponibilidad de mano de obra cualificada y su importancia va en aumento pues en 2006 aparecía en segundo lugar. En consecuencia es esencial que exista un clima propicio para el éxito económico de los países que implica lo que el profesor Florida denomina 3 Ts: Talento (capital humano de calidad), Tolerancia (diversidad, calidad de vida...) y Tecnología (acceso a infraestructuras que faciliten los flujos de conocimientos, ideas y aprendizaje).


Lo más novedoso del profesor Florida no es señalar que la clave del éxito está en la Tecnología y el Talento ya que su aportación al desarrollo económico de las sociedades ya había sido estudiado por buen número de autores. Lo más original es que a diferencia del factor productivo tradicional, la tierra, no constituyen una simple dotación, un stock que viene dado por las características de una determinada sociedad sino un flujo. Se trata de elementos altamente móviles que se desplazan de un lugar a otro. La clave para atraer y retener tecnología y el talento está en la tolerancia y la calidad de vida. De esta manera las ciudades, las regiones abiertas, diversas, respetuosas y tolerantes serán las mas exitosas.
La clave, por tanto, según Lazpiur para afrontar con éxito los retos que impone la globalización a través de la mejora de la competitividad está en promover la libertad, la convivencia y la tolerancia en los territorios, en este sentido es alarmante la deriva que el País Vasco está siguiendo con ejemplos como la continuada “fuga de cerebros” o el éxodo de los mejores profesionales formados aquí hacia otras regiones de España y Europa.



Efectivamente la educación es fundamental y es una palanca de cambio de competitividad pero antes que ello ha de ser escuela de libertad y el propio Gobierno Vasco que en ese suplemento de Expansión vanagloria de su plan para acelerar el crecimiento económico                                                                                                     es el mismo gobierno que está impulsando una reforma educativa que fomenta un País cerrado en si mismo y atenta contra libertades fundamentales.

Hoy en plena crisis podemos seguir afirmando que La mayor amenaza para economía vasca es la misma que ha sufrido la sociedad vasca durante los últimos 40 años, el terrorismo de ETA. El coste del terrorismo para nuestra economía ha sido estudiado por importantes economistas vascos, simplemente quiero aportar un dato y abundar en la tesis de este articulo, en un tema en el que tradicionalmente los vascos a los largo de la historia hemos sido referentes: la capacidad de emprender. El informe GEM (Global Enterpreneurship Monitor) subvencionado por el propio Gobierno Vasco, pone de manifiesto como Euskadi es menos emprendedora que el resto de España y desde 2004, esta tendencia se ha venido incrementando medida a través de índice TEA (Total Entrepeneurial Activity).

Euskadi, como todos los territorios que aspiran a liderar el futuro, ha de migrar hacia un modelo económico donde prime el talento y la tecnología. Pero nada de ello se logra sin tolerancia y es a esa “T” a la que el presidente de Confebask no da importancia en su entrevista.

No tengo la menor duda de lo que el señor Lazpiur llama “el problema vasco” preocupa mucho a los mayores creadores de riqueza y empleo que son los empresarios. Esta falta de libertad ha taponado el crecimiento de nuestras empresas, provocando la huida de nuestros mejores profesionales y cortocircuitando la atracción de inversión. Aún así hemos resistido y por ello estoy seguro que cuando la tolerancia se instale en nuestro país nada podrá parar la economía vasca.


Iñaki Ortega Cachón
Es economista y secretario de innovación del PP País Vasco